Al viento del Espíritu (plegarias para nuestro tiempo) Florentino ulibarri Ed. Verbo Divino Estella (navarra) 2004



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Al viento del Espíritu

(plegarias para nuestro tiempo)

Florentino ulibarri

Ed. Verbo Divino

Estella (navarra) 2004

Presentación


La oración cristiana surge del anhelo, de la necesidad, del amor., o de todo ello a la vez. Sólo donde hay deseo y esperanza, donde hay hambre y sed, donde hay ternura y pasión, donde hay gozo y entrega, puede haber oración. Y todo proceso de oración, sea cual sea su origen y raíz, si se cuida y práctica, termina siendo encuentro de dos gratuidades: la de Dios, que siempre nos coge la delantera, y la nuestra, que nace como respuesta a todo lo que vamos descubriendo y experimentando, a su lado, en la vida.

Vivir nuestra vida de forma atenta y consciente desde Dios, creyendo que de Él hemos nacido y en Él tiene pleno sentido nuestra existencia y cada acontecimiento de nuestra historia: eso es orar Desde Dios, nuestra vida recobra impulso, esperanza, libertad, anhelo de justicia y fraternidad, capacidad de decisión y sufrimiento, responsabilidad, alegría... para vivir creando vida.

Estar, permanecer, poner toda nuestra vida bajo la presencia de Aquel que sabemos que nos quiere: eso es orar La oración es esa dimensión de nuestra vida que busca y cultiva la relación exclusiva y consciente con Dios y que hace posible que Él baje a mi vida, que mi vida se alce a El y que yo pueda vivir en contacto con Él a lo largo del día.

Escuchar y hablar con entera confianza a Aquel que sé que me quiere: eso es orar Antes de que yo le hable, me ha hablado Él. Me habló al darme la vida, al darme amor y hacerme persona. Me está hablando continuamente a través de la creación entera, del mundo y la historia y a través de la Biblia, esas notas marginales puestas a pie de página para no perderse en la vida.

Por eso, la oración empieza por el silencio, el recogimiento, la atención y la escucha. Pero la oración no puede quedarse en la escucha; es diálogo, encuentro, respuesta... Puedo hablarle a Dios de mi realidad, de mi verdad, desde mis entrañas, desde dentro de mí mismo. Puedo hablarle, sobre todo, de eso que Él me ha comunicado. Puedo hablarle con silencios, con miradas, con gestos y, también, con palabras. Puedo hablarle con la cabeza, el corazón y la voluntad. Puedo hablarle palabra a palabra, sacándolas del fondo de mí mismo, sentidamente y sin ser palabrero. Y aunque sepa poco de Dios -todos sabemos poco de Él-, y aunque se me rompan todas las imágenes y representaciones suyas, y aunque siga siendo un misterio -no por ser algo incomprensible, sino hondura de amor y entrega-, puedo orar, escucharle y hablarle con entera confianza, porque lo que sí sabemos de Él es que nos quiere.

Mirar cara a cara a Jesús y dejar que Él me mire; mirar lentamente, con hondura y amor, y ver su rostro, sus sentimientos, sus movimientos, sus acciones, sus palabras; dejarme mirar abiertamente, permitir que los ojos de Jesús se claven en los míos y lleguen hasta mis entrañas, que Él me vea tal cual soy: eso es orar. La oración está hecha de largas miradas y hondos silencios.

Las miradas que sean limpias y serenas, expresión de lo que se tiene y de lo que se anhela. Los silencios que sean sonoros, llenos de encuentros y buena noticia. Las palabras que sean sentidas y que vayan marcadas con la fuerza del que se da todo entero en cada una de ellas. Los gestos que nazcan de nuestras entrañas y de la vida, y que expresen lo que somos, tenemos y anhelamos. Y el tiempo que corra... sin prisas.

La oración cristiana es el gemido, el canto, el grito... la expresión del Espíritu en nosotros, cuando le dejamos que aletee sobre nuestra oscuridad y caos, como al inicio de la creación; cuando nos dejamos conducir por El, como los profetas en tiempos de crisis; cuando, como Elias, salimos al umbral y nos ponemos de pie para sentir su paso y escuchar su susurro; cuando, como María, aceptamos que baje y repose en nuestras entrañas; cuando, como Jesús, vivimos llenos de Él; cuando abrimos nuestros sentidos a su brisa; cuando salimos de nosotros y nos exponemos a su novedad; cuando optamos, aunque no se estile, por vivir al viento del Espíritu.

Estas plegarias que hoy comparto contigo han nacido al viento del Espíritu. Antes de ser lo que ahora son, palabra escrita, han sido vivencia, sentimientos, historia personal, encuentro, gritos, susurros, confesiones...

Recopiladas en más de veinticinco grupos, quieren ser expresión de la diversidad de la vida y de la propia oración. De cualquier circunstancia, hecho y vivencia puede surgir la oración. Unas veces, como necesidad de presentarse, de acción de gracias, de conversión, de súplica, de perdón; otras como alabanza, anhelo, encuentro, justicia, aceptación, desahogo, ofrecimiento, bendición...

A veces, tienen de trasfondo palabras e imágenes que otras personas han usado y me ofrecen gratuitamente. Son, por tanto, deudoras a muchos hombres y mujeres que han dejado huella en mí, me han enriquecido, me han enseñado a orar y me hacen ser lo que soy. Gracias a todos ellos.

Hoy, también yo me atrevo a ofrecértelas a ti, no sin cierto pudor. ¡Ojalá te ayuden a orar y a vivir al viento del Espíritu! Y si puedes mejorarlas, no dudes en hacerlo.



1.- Inicio y presentación




AIRE PURO


El aire puro de la mañana

anuncia su presencia

y proclama su derecho a entrar en cada casa.

Ábrele las puertas.

Quítate las escamas.

Levanta tu frente.

Rinde tu pecho.

Abrázalo con tus manos humanas.

Deja ese tufo ácido que te sofoca,

olvida mortajas pasadas,

enjuga tus lágrimas,

habla,


canta,

arroja la desesperanza.

No dejes que te corten, planta.

Piensa en las albas que vendrán.


Pon cerco a los recuerdos que te atan.
Deja entrar la mañana clara en tu casa,
y que Dios se sienta a gusto
diciéndote su fresca palabra.

AL ENCUENTRO DE TU ABRAZO


Me acercaré a tu morada

con mis hambres y mi pobreza;

tocaré tu puerta, hasta que me oigas,

con las esquirlas de mi alma;

entraré en tu silencio de puntillas,

y con ansia, nada más que se abra;

seguiré la brisa y el aire

que delatan tu presencia;

levantaré mis ojos, una vez más,

en busca de los tuyos que siempre me están mirando;

y, así, me quedaré sereno y vigilante

a la escucha de tu Palabra,

al encuentro de tu abrazo.

Ellos me darán la luz que necesito,


calmarán mi sed de todo lo humano
y me dirán mi nombre verdadero.

ALGUIEN VIENE


Sin llamarle,

sin haber pensado siquiera en él,

sin saber muy bien quién es,

sin tener ojos para verle...,

alguien viene,

pasa junto a nosotros,

se fija

y se sienta a nuestro lado



para estar con nosotros, los hombres.

Alguien viene,

y tiene tantas cosas

que cambiar dentro de nosotros

y en nuestro entorno...

No viene para que todo siga igual

ni para hacer silencio a nuestro lado;

viene porque es posible ser de otra manera,

tener vista y vida,

levantarse y caminar,

ser personas nuevas,

dejar la ceguera

y dar testimonio del Reino

acogiendo sus semillas.

Alguien viene,

nos dirige su palabra,

una palabra que comprendemos

porque es clara,

alumbra nuestras miserias,

cura viejas heridas

y deshace tantos insoportables esfuerzos y montajes.,

Viene desde la cercanía de Dios


a encontrarse con nosotros
y a abrimos los ojos
para que conozcamos su rostro
y nunca más tengamos miedo.

Viene


y sólo nos pide lavamos,

creer en él

y cambiar de bando,

para tener lo que más anhelamos.


AQUÍ ESTOY, TÚ SABES CÓMO


Aquí estoy, Señor, a tu puerta,
entre estremecido y asustado,
aturdido y expectante;
sin saber cómo he llegado,
sintiendo que avivas, en mi corazón,
las cenizas del deseo y la esperanza
y despiertas, con un toque de gracia,
mis entrañas yermas.

Aquí estoy, Señor, a tu puerta,


con el anhelo encendido,
con el deseo disparado,
con los ojos atentos y los pies prestos,
aguardando lo que más quiero -tu abrazo-,
luchando contra mis fantasmas y miedos,
desempolvando mi esperanza olvidada,
nuestras promesas y encuentros.

Aquí estoy, Señor, a tu puerta,

medio cautivo, medio avergonzado,

necesitado, enamorado..;

queriendo despojarme de tanta inercia y peso,

rogándote que cures las heridas de mi alma

y orientes mis puertas y ventanas

hacia lo que no siempre quiero

y, sin embargo, es mi mayor certeza.

Aquí estoy, Señor, a tu puerta,


¡Tú sabes cómo!

ASI


Señor,

ya está...

Ya estoy dispuesto;

ya están mis puertas

y mis ventanas abiertas.

Abre las tuyas

y entremos en el mundo...

Ya estamos dentro

los dos

Ya estamos soñando,



viviendo,

navegando...

Ahora,

¡a abrimos



cara al viento'

Gritando,

pero en silencio;

sembrándonos,

para ser fecundos;

gozando


de todo encuentro;

respirando,

si es posible, al unísono.

Así...

BUSCO Y PIDO SILENCIO


Hoy, Señor, siguiendo tu consejo

busco y pido silencio:

no para dormirme en plácidas nubes,

ni para olvidarme de tantos gritos y clamores,

ni para descansar en mis soledades.

Lo pido, Señor, porque quiero vivirme,


porque busco tus huellas y quereres,
porque quiero escucharte y hablarte,
porque quiero entrar en las soledades
de los que sufren, claman o enmudecen,
porque quiero orarte sin distracciones...

Hoy, Señor, busco y pido silencio.


CALLAR, ESPERAR, GOZAR


Quiero callar un momento,

y serenar el torbellino de mis ideas y sentimientos,


para estar ante Ti atentamente
con todos mis sentidos despiertos.

Quiero vaciar mi casa


de tantos objetos y antojos de relleno,
y estar despejado y libre
aguardando tu venida.

Quiero hacer un alto en el camino,


mirar hondo y otear el horizonte,
para caminar a tu encuentro
y, contigo, al encuentro de tus preferidos.

Quiero permanecer en silencio


y escuchar el susurro de tu voz
que trae buenas nuevas, cada día,
para todos los que andamos por la vida.

Quiero estar solo contigo


para sentir el ritmo de tu corazón
y aprender a vivir como Tú
en el corazón del mundo.

Quiero verte y conocerte,


fijar mis ojos en tu rostro,
sentir tu mano sobre la mía,
y callar y esperar y gozar.

EN MOMENTOS COMO ÉSTE


Sabes quién soy.

Sabes cómo he venido.

Sabes cómo estoy.

Conoces mis ansias y anhelos,

mis dificultades y miedos,

mis proyectos...

Conoces mis entrañas,

el ritmo de mis glándulas

y todos los botones de mi cuerpo...

En momentos como éste, si te place,

dame unos minutos de silencio,

una música que me calle y serene,

un banquito para sentarme como Tú sabes,

y la paz imprescindible...

Ata mis demonios comunes,
tiéndeme cariñosamente tu mano,
déjame acurrucarme en tu regazo,
sopla tu brisa para que no me duerma,
y dime tu palabra de Padre/Madre
para que viva, crezca y madure.

Ábrete, Señor,


y ábreme.

FIJA MI DESEO SOLO EN TI


Acógeme, Señor, en tu casa
y regálame con tu presencia.
Unifica en Ti todas mis dispersiones.

Sana las rupturas de mi espíritu y de mi cuerpo.

Refresca mi mente y mis entrañas.

Apaga las seducciones que me precipitan al vacío.

Disuelve los miedos que me paralizan.
Aligérame de leyes y cargas.
Lava mis ojos y mi corazón.

Fija mi deseo sólo en Ti.

Y acoge en tu regazo lo que soy y lo que fui,

para que tenga vida y florezca.


LA SORPRESA


Llega de día, llega de noche.
Se le espera por la puerta, llega por la ventana.
Le buscamos con alegría, llega con su cruz.
Estamos de guardia, nos llama de dentro.
Rastreamos huellas, llega por senderos nuevos.

Llega en abundancia

y todavía más en la pobreza.

Llega cuando triunfamos

y nos acompaña en los fracasos.

Llega cuando es deseado

y se presenta cuando no se le espera.

Llega en el silencio y en el áspero y abrasador viento.


Llega también en la multitud y el ruido.
Llega para dormimos y para despertarnos.
Llega a través de todas las caras que encontramos
a lo largo del día en nuestro camino.

Llega en el desierto de manantiales mciertos,

en las estepas de desconocidos pozos,

en los bosques frondosos en que nos perdemos,

en las altas cumbres que hollamos,

y en los valles que nos dan vértigo.

Llega a cada instante.
Llega en cada lugar
Allí donde estamos, está.

Fiel a tu palabra

ya estás esperándonos.

PARA ESTAR CONTIGO


Para estar contigo,

me libero de la alforja (mis preocupaciones);

me quito las gafas (mis visiones);

olvido mi agenda (mis negocios);

guardo la pluma en el bolsillo (mis planes);

arrincono el reloj (mi horario);

me despojo de mi ropa (mis ambiciones);

me desprendo de mis joyas (mis vanidades);

renuncio a mi anillo (mis compromisos);

me quito los zapatos (mis ansias de huida);

dejo, también, mis llaves (mis seguridades);

para estar sólo contigo,

el único verdadero Dios.

Y, después de estar contigo...

Tomo las llaves, para poder abrir tus puertas.

Me calzo los zapatos, para andar por tus caminos.

Me coloco el anillo, para comprometerme contigo.

Me adorno con las joyas, para asistir a tu fiesta.

Me visto con mi mejor ropa,

para salir a tu amplio mundo.

Recupero mi reloj, para vivir al compás de tu tiempo.

Cojo mi pluma, para escribir tus pensamientos.

Recobro la agenda, para no olvidar tus citas conmigo,

-mis citas contigo- a lo largo del día y del camino.

Me pongo las gafas, para poder ver el mundo a tu modo.

Y cargo con mi alforja, para llevar y sembrar tus promesas.


PASA, ENTRA


Una y otra vez,

sin cansarte,

cuando me acerco a tu puerta, me susurras:

Pasa, entra,

aquí hace menos frío que en la calle

y hay leña para el fuego;

¡un poco de calor no viene mal!

Pasa, entra,

aquí hay una canción que descansa
y unas viandas para recuperar fuerzas;
¡te sentirás como en casa!

Pasa, entra,

y siente que hay quien duda como tú
y se levanta con la fuerza que le queda,
sin avergonzarse de su condición humana!

Pasa, entra,

aquí hay brazos para abrazarte,

labios para besarte y oídos para escucharte;

¡encontrarás lo que realmente te hace falta!...

Y yo, venciendo mis resistencias,

con la cabeza baja, lleno de dudas y fantasmas, entro

y salgo lleno de esperanza...

¡sin avergonzarme de haber escuchado tu Palabra!

Paráfrasis de Pedro Guerra


PLEGARIA SILENCIOSA


Permaneceré en silencio,

todo el tiempo que sea necesario,

atento y con las ventanas abiertas,

a la espera de tu Palabra


por si me invitas y llamas.

Sólo entonces


abriré mis labios.

Acallaré otras voces y ecos,

haré oídos sordos a todos los ruidos,

e iré tras tu voz,

la que pronuncia mi nombre

dándole vida y camino.

Sólo entonces
pronunciaré tu nombre.

No opinaré de Ti

hasta que no entres en mí,

hasta que no calientes mi corazón,

hasta que no recrees mi mente,

hasta que tu luz no deslumbre mi espíritu.

Sólo entonces
hablaré de Ti.

Antes de continuar tu tarea y empeño,

antes de trabajar la tierra y el Reino,

antes de responsabilizarme

dejaré que el fuego de tu amor

imprima su marca en la palma de mis manos.

Sólo entonces
nos abrazaremos.

Y, juntos, iremos al mundo.


PRONUNCIARÉ TU NOMBRE


Pronunciaré tu nombre
sentado en este rincón
que Tú has preparado con amor
para que descanse sin agobiarme.

Lo pronunciaré

en medio de mis silenciosos pensamientos,

levantando las manos,

mirando tu rostro.

Lo pronunciaré


serenamente, sin prisas,
gustando sus sílabas,
absorbiendo su perfume.

Pronunciaré tu nombre

sin razonamientos,

como un niño

que llama a su madre mil veces,
feliz de poderla llamar ¡madre!

QUIERO ESTAR SOLO


Quiero detener mis pasos

y serenar el ritmo acelerado de mi vida,

para contemplar todo lo que me has dado

serenamente.

Quiero callar un momento

y silenciar el torbellino de mis ideas y sentimientos,


para estar ante Ti con todos mis sentidos
atentamente.

Quiero romper todas las murallas


que se alzan en torno a mí,
para dejarte entrar a cualquier hora
tranquilamente.

Quiero vaciar mi casa

y despojarme de todo lo que se me ha apegado,

para ofrecerte estancia a Ti

dignamente.

Quiero estar solo contigo

y llenarme de tu Espíritu y querer,

para marchar luego al encuentro de todo

alegremente.

Quiero sentir tu aliento


dándome paz, vida y sentido,
para vivir este momento contigo
positivamente.

SENCILLAMENTE SÉ


Deja que el sol brille y las nubes pasen;
deja que el agua corra y las flores crezcan;
deja que la montaña esté y que el valle duerma...
Sencillamente sé.

Deja que las ardillas jueguen y las tórtolas amen;


deja que el viento silbe y las plantas dancen;
deja que las estrellas parpadeen y que los sueños pasen...
Sencillamente sé.

Deja que el mar brame,

que el aire salga y entre,

que las pasiones se calmen.

Deja que te hablen,

que te acunen,

que te despierten...

Sencillamente sé.

Deja que la gente sea.

Deja que el tiempo sea.

Deja que Dios sea

y que arda sin quemarse.

Deja que la música suene

y que la paz reine...

Sencillamente sé.

SI PUEDO.


Detenerme junto al camino
y, en silencio, escuchar,
sí puedo, tu Palabra.

Sentarme sobre la tierra

y, con ternura, calmar,

sí puedo, sus dolores de parto.

Dejarme invadir por la vida

y, con pasión, acoger,

si puedo, sus yemas y frutos.

Meterme en el corazón del mundo

y, con franqueza, orarte,

si puedo, por sus alegrías y penas.

Y después...

esperarte sin prisas,

serenar mis ansias,

llamarte con calma,

abrirme sin pausa,

recibir lo que traigas

y estar, estar, estar...

SIETE VELAS


Vamos a encender siete velas, siete,

para recordar que no estamos en tinieblas,

ya que Dios es luz y buena noticia

por encima de nuestras ideologías y creencias.

Primera vela y buena noticia:

Dios se ha hecho amor

para quienes tienen el corazón roto

y sólo han conocido orfandades y odios.

Y con ellos, para todos.

Segunda vela y buena noticia:

Dios se ha hecho libertad

para los que están cautivos

y para los esclavos de sí mismos o de otros.

Y con ellos, para todos.

Tercera vela y buena noticia:
Dios se ha hecho consuelo
para los que sufren y esperan
y lloran al borde del camino.

Y con ellos, para todos.

Cuarta vela y buena noticia:
Dios se ha hecho justicia
para los que están marginados
y tienen hambre y sed de vida.

Y con ellos, para todos.

Quinta vela y buena noticia:
Dios se ha hecho pan y vino
para quienes se han vaciado
dándose sin reserva, enteros,
en sendas y caminos.

Y con ellos, para todos.

Sexta vela y buena noticia:

Dios se ha hecho arlequín

para desmantelar el tinglado

de normas y leyes que hemos montado

para conseguir su beneplácito,

nosotros, vosotros, todos.

Séptima vela y buena noticia:
Dios se ha hecho uno de nosotros
para que nosotros no olvidemos
ahora, en este momento, y luego,
que somos hijos suyos,
y con ello, hermanos entre nosotros.

SOLO PARA TI


Por necesidad
por convicción
por responsabilidad,
por descanso,
por costumbre,
por compromiso,
por un poco de todo...
¡este momento, sólo para Ti!

Me detengo y entro en tu casa;

dejo fuera mis preocupaciones,

mi agenda, mi móvil...,

y me siento a tu vera

atento como un centinela,

confiado como un amigo,

feliz y enamorado,

fijos los ojos en tu rostro

para verte mirar,

dejarme mirar,

mirar en la misma dirección

y aprender a oran

¡Este momento, sólo para Ti!


TRANSPARENCIA


Un cuenco formo con mis manos.

Quiero que sea pozo de remanso,

espejo claro de ambos.

Y, cuando estoy a punto de ver el milagro,

las aguas se agitan,

mil brazos chapotean;

oigo gritos, risas y llantos,

y todo mi ser se altera.

Empapado, miro en mi espejo roto

y veo que es tu Espíritu

aleteando sobre mí,

ahogando mis pesadillas

y refrescándose feliz.

VEN


Ven a recrear nuestra vida,
ven a dar optimismo a nuestro porvenir,
ven a dar alegría a nuestro caminar,
ven a dar fuerza a nuestra debilidad,
ven a dar savia nueva a nuestra sequedad.

Ven a empujar nuestro conformismo,


ven a auxiliar nuestro cansancio,
ven a rejuvenecer nuestro cristianismo,
ven a abrimos nuevos horizontes,
ven a llenar nuestros vacíos.

Ven a dialogar con nosotros,

ven a enseñarnos tus esperanzas,

ven a mostramos tus conquistas,

ven a desnudarnos de nuestras justificaciones,

ven a borrar la desconfianza en Ti.

Ven a crearnos inquietudes,

ven a afianzar nuestros ideales,

ven a obligamos a la autenticidad,

ven a pedirnos cuenta de la guerra y el odio,

ven a examinarnos de dos mil años de Evangelio.

Ven a darnos altura y profundidad,

ven a preguntamos por la verdad,

ven a poner en crisis nuestra escala de valores,

ven a regar nuestra tierra baldía,

ven a buscar nuestro amor.

Ven a derribar nuestras murallas,
ven a acrisolamos con tu fuego,
ven a despertarnos de nuestro sueño,
ven a curar nuestras heridas,
ven a estar con nosotros.

Ven despacio, sin prisas;


ven sin parar, no retrocedas;
ven como Tú sabes;
ven, pues eres necesario;
ven, te necesitamos.

Ven, pues el mundo depende de Ti.


Ven, que lo tenemos carcomido y roto.
Ven, ¡pues está en tus manos!, ¡es tuyo!
Ven, somos pecadores, torpes y zafios.
Ven y enséñanos a vivir como hermanos.
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