Alcances y desafios de los procesos de recomposicion hegemonica y las resistencias emancipatorias



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AMERICA LATINA, UNA REGION EN CONFLICTO.

ALCANCES Y DESAFIOS DE LOS PROCESOS DE RECOMPOSICION HEGEMONICA Y LAS RESISTENCIAS EMANCIPATORIAS

Dr. Nayar López Castellanos (México)

Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM)

América Latina atraviesa por un complejo proceso de transformaciones sociales, políticas y económicas que varían en sentido y profundidad. Mientras el modelo neoliberal se amplía en algunos países, las alternativas institucionales de corte pos-neoliberal y sus procesos de integración avanzan en el marco de agresivos planes de desestabilización por parte de los sectores conservadores y tradicionalmente hegemónicos, apoyados por Estados Unidos. Se trata de una disputa entre proyectos de nación por el control del Estado, de la economía y la política, en un contexto de expansión del capital mundial a través de mercados, recursos estratégicos y nuevas alianzas políticas y/o configuraciones regionales, proceso con el cual el imperialismo estadounidense pretende mantener su histórica supremacía en la región latinoamericana y caribeña. La consolidación de espacios propios de interlocución política, experiencias y mecanismos de poder popular y la fortaleza de los movimientos sociales anti-capitalistas, han constituido una oposición creciente al avance de esa ofensiva económica, política y militar.



Introducción

Este trabajo forma parte de una investigación en curso en torno a la reconfiguración política de América Latina, los procesos de integración regional, la crisis del neoliberalismo y la pérdida de hegemonía de Estados Unidos como potencia, tanto en el ámbito continental como mundial. Se utiliza un enfoque histórico estructural, respaldado en conceptos como geopolítica, imperialismo, re-colonización, hegemonía, democracia, neoliberalismo, relaciones sur-sur, multipolaridad, resistencias anti-sistémicas y autonomías. La metodología también se deriva de los estudios comparativos, análisis empíricos y de coyuntura, en el marco de la cuestión nacional.

Las actuales resistencias latino-caribeñas al sistema capitalista, en su versión neoliberal, no son resultado exclusivo de lo sucedido en las últimas dos décadas, tomando como punto de partida el levantamiento zapatista de 1994 en México, por un lado, y la llegada de Hugo Chávez a la presidencia de Venezuela en 1998, por el otro, sino también como parte de una larga historia de luchas y resistencias emprendidas por los pueblos de la región para alcanzar una plena emancipación.

Además de la continuidad de la revolución cubana, como una ruptura contra-hegemónica, es importante hacer una diferenciación entre los proyectos de cambio que hay en la región. En un primer grupo, situamos a Venezuela, Bolivia y Ecuador, que se distinguen por la profundidad de las transformaciones sociales, económicas y políticas, esto es, haber realizado congresos constituyentes que refundaron el Estado con algunos puentes hacia un socialismo con características por definir, cambio sustancial si lo comparamos con el resto de los países que se catalogan como progresistas: Argentina, Brasil, Uruguay y El Salvador, entre otros. En éstos, las acciones se han caracterizado por el impulso de políticas sociales, el fortalecimiento del papel del Estado en la economía y un protagonismo activo en el proceso de integración regional.

Con todo y sus diferencias, estos procesos han repercutido en la hegemonía estadounidense por la desarticulación de algunas cadenas económicas de la globalización neoliberal que históricamente han estado bajo su control, sobre todo a partir de políticas de nacionalización, rearticulación de las dinámicas del comercio regional y creación de nuevas empresas estatales, o recuperación de las privatizadas, como en el caso de Argentina. Aunado a ello, el ámbito de mayor impacto radica en el impulso de las relaciones sur-sur, a partir de las cuales se ha dado paso a una inversión sin precedentes de países como China, Rusia e Irán, o la participación de Brasil en el BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica).

Tanto en países de cambios radicales, como en los de nivel moderado, las viejas oligarquías han perdido el control de los aparatos de Estado, privilegios, acceso a recursos y mecanismos de sus históricamente ilimitadas tasas de ganancia y acumulación que tenían gracias al control del poder político, el monopolio de la violencia del Estado y el ejercicio de una corrupción sistémica. En Venezuela, la oligarquía ha utilizado todas las estrategias posibles para desestabilizar el proceso conocido como revolución bolivariana. Lo mismo un golpe de Estado, que una guerra económica, boicots electorales o las llamadas “guarimbas”, y, últimamente, las acciones concertadas de paramilitares colombianos y el crimen organizado, que han provocado la muerte de decenas de personas y la profundización de la incidencia delictiva como métodos clandestinos y violentos de desestabilización del gobierno. También, en países bajo procesos de cambio moderado, los grupos oligárquicos se han movilizado de diferentes formas para proteger sus intereses y sus parcelas de poder.

En este contexto, resulta preciso reflexionar sobre estos procesos para tener mayor claridad no sólo del momento que vive la región, sino también de la complejidad y el alcance de la contraofensiva hegemónica, apoyada abiertamente por Estados Unidos, principal desafío que tienen las resistencias emancipatorias latino-caribeñas.

La transformación política en la región

La democracia liberal o representativa se encuentra en una profunda crisis, como lo demuestran diversos diagnósticos sobre su práctica y hechos concretos en diferentes latitudes del ámbito planetario. Mayores niveles de abstencionismo, pérdida de credibilidad de los partidos entre los electores, altos niveles de corrupción en las clases políticas tradicionales, incluso en agrupamientos y gobiernos de izquierda, emergencia de nuevos actores políticos e indefinición y asepsia ideológicas, son algunos rasgos característicos de la crisis de este sistema de representación política. Durante los primeros años del siglo XXI, este sistema ha dejado de cumplir con sus objetivos de dominación por dos grandes razones: el nivel de legitimidad ya no alcanza para imponer un eficiente sistema de hegemonía, y amplios sectores de la sociedad resultan cada vez más demandantes y combativos.

Precisamente, una de las experiencias a nivel mundial con mayor avance en una práctica alternativa de democracia es, sin duda, la República Bolivariana de Venezuela, aún en medio de las graves tensiones ocasionadas por una oposición que no respeta el marco jurídico y la constitucionalidad vigente, y a pesar de una campaña mediática permanente en contra de los gobiernos chavistas. Avalada por fundaciones como el Centro Carter y observadores europeos presentes en los numerosos comicios celebrados desde 1998, la estructura electoral del país sudamericano, que incluye el voto electrónico en todas las etapas del proceso, rebasa por mucho las consideradas como modelo de democracia, entre ellas, la estadounidense o la española.

James Carter señala (2012)

Aunque el ex presidente expresó su desacuerdo con la política de Hugo Chávez, afirmó que en 2006 ganó los comicios de una manera totalmente honesta. “De hecho, de las 92 elecciones que hemos monitoreado, yo diría que el proceso electoral en Venezuela es el mejor del mundo”, señaló Carter. Según él, la mayor ventaja del sistema venezolano es el hecho de que sea totalmente automático, lo que facilita la verificación de los resultados de las elecciones. (http://actualidad.rt.com/actualidad/view/54145-jimmy-carter-sistema-electoral-venezolano-mejor-mundo)

En esta transición venezolana hacia formas avanzadas de la democracia, más allá del voto, se constituye en un eslabón esencial el poder comunal que Hugo Chávez impulsó con tanto ímpetu, y que vislumbró como la principal garantía de continuidad de la revolución bolivariana. Formalmente constituidas y funcionando, se contabilizan para fines de marzo de 2015, 1,026 comunas y 44,415 Consejos Comunales, una forma de organización y poder popular que va creciendo como uno de los pilares fundamentales del chavismo pero, sobre todo, como la construcción de una estructura política de participación directa y protagónica de los ciudadanos que intervienen en su entorno político, económico, social y cultural. Desde el Ministerio del Poder Popular para las Comunas y los Movimientos Sociales, se canalizan recursos, apoyos y programas que nutren la labor comunal, en manos de la gente que debate y decide sobre el destino de esos recursos. (http://www.mpcomunas.gob.ve/el-ministerio/)

Por ejemplo, de acuerdo al boletín N° 3, Comuna o Nada, del Ministerio del Poder Popular para esta área, la Comuna Socialista Alicia Benítez, ubicada en el Estado de Miranda y fundada el 23 de noviembre de 2013, está integrada por 22 consejos comunales y atiende a 16 mil familias. Esta comuna posee tres empresas de producción: 1. Empresa de Propiedad Social Directa de Gas: manejada a través de la autogestión. 2. Empresa de Propiedad Social Directa de Transporte: cuenta con 6 unidades que cubren diversas rutas que permiten fortalecer las existentes y cubrir la demanda, además de contar con una ruta especial directa a los centros hospitalarios. Su sistema es por autogestión. 3. Empresa de Propiedad Social Indirecta de Producción de Chocolate: busca rescatar valores y tradiciones culturales de la comunidad a través del cacao.

Estas nuevas estructuras son la base de instituciones propias que reconfiguran el significado y la práctica de la política, y buscan ajustarla a valores olvidados en casi toda la región: la ética, la honestidad, la transparencia, la equidad de género, la convicción de que los cargos públicos son una responsabilidad y no una oportunidad de enriquecimiento personal o de grupo, códigos que guían las prácticas de los gobiernos autónomos entre los mayas-zapatistas en México. En este caso, ícono de la lucha planetaria contra el neoliberalismo a nivel mundial, destaca el principio esencial de gobierno denominado mandar obedeciendo, que se expresa en los siguientes principios derivados: 1. Servir y no servirse. 2. Representar y no suplantar. 3. Construir y no destruir. 4. Obedecer y no mandar. 5. Proponer y no imponer. 6. Convencer y no vencer. 7. Bajar y no subir. (Gilberto López y Rivas, 2013)

Además, la concepción democrática del mundo zapatista sigue una lógica integral de la democracia, que rebasa los límites procedimentales del modelo representativo. Al respecto, Roberto Regalado (1997) plantea: “democracia es mucho más que elecciones. Es el ejercicio del gobierno por el pueblo, que no puede limitarse sólo a su participación política plena y activa, sino que necesita incluir la democracia económica y social.”

Esta nueva visión de la política, que se encuentra en la construcción y el fortalecimiento del poder popular, incluye un cambio conceptual de la democracia que se expresa en la adopción de mecanismos propios del modelo participativo y en la superación de la vertiente meramente representativa. La existencia de la revocación del mandato, la elección de las autoridades por medio de asambleas comunales, el principio de la rotación de esas mismas autoridades y la rendición de cuentas, la participación equitativa y visible de mujeres y jóvenes, representa una renovada concepción de la democracia que modifica sustancialmente los valores de la política, según el clásico sistema de representación en Occidente.

Para Miguel Mazzeo (2014)

El poder popular hace posible la utopía libertaria y no a la inversa. Porque el poder popular es la forma que asume la tendencia presente hacia la sociedad futura. Esta utopía, así emplazada, deja de ser simétrica, uniforme, hipertradicional, dirigida de manera centralizada, deja de ser orden externo y comienza a ser una construcción alimentada por la calidad de los vínculos sociales y por el mito revolucionario de los que quieren cambiar el presente de opresión e injusticia y construir un futuro de libertad e igualdad. (p.110)

La transformación y evolución del modelo democrático no puede entenderse sin una plena y directa participación popular, sin mecanismos reales y tangibles en los que la misma sociedad no sólo sea protagonista de un desarrollo justo y equitativo sino en el que el poder político se ejerza bajo una perspectiva colectiva de dimensión nacional. Esto es lo que se busca construir en Venezuela y Bolivia, en experiencias regionales de alcance mundial, como las de los zapatistas y el MST en Brasil, entre otras tantas, coadyuvando a la edificación de otra democracia posible, desde estas dos vías o esferas del ejercicio del poder popular, como la principal garantía de continuidad para éstos procesos de transformación, lo que también explica las ofensivas del imperio, en la medida en que valoran el peligro que representan para sus intereses, los pueblos empoderados.

Alcances de la integración latinoamericana

Desde que Bolívar planteó la importancia estratégica de la integración en el contexto de las independencias latinoamericanas, la región no había alcanzado el nivel y los espacios de organización existentes. Y es que nuestra historia económica ha estado marcada por la llamada división internacional del trabajo, plataforma del capitalismo mundial, en la que América Latina siempre ha sido proveedora de recursos naturales y mano de obra para las metrópolis.

El camino ha sido difícil. Ni siquiera la etapa de la industrialización que experimentaron algunas naciones a mediados del siglo XX logró romper con esta relación de dependencia estructural. Por ello, resultan trascendentales los esfuerzos que se han hecho por modificar este orden de cosas desde que inicia la oleada de gobiernos progresistas y revolucionarios en la región, en 1998.

Uno de los principales legados que dejó Hugo Chávez, es la construcción de estructuras fundamentales para la unidad e integración de América Latina y el Caribe, bajo los parámetros históricos de la Patria Grande. Destacan la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América-Tratado de Comercio de los Pueblos (ALBA-TCP), la Unión de Naciones del Sur (UNASUR) y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC). Además, Banco del Sur, Petrosur, PetroCaribe y, en el terreno ideológico-político de los medios informativos, Telesur.

En esta misma dirección se encuentran los mecanismos de cooperación económica y acuerdos comerciales bajo la perspectiva sur-sur. El fortalecimiento del Mercosur, la iniciativa del BRICS, los acuerdos bilaterales con otras naciones, como Irán, las grandes inversiones de China y ahora Rusia en la región latinoamericana, y en particular en Cuba, la compra de armamento a Rusia por parte de Venezuela, representan una recomposición geopolítica y geoeconómica de carácter estratégico que debilita la tradicional hegemonía estadounidense en el ámbito continental, fortaleciendo al mismo tiempo la capacidad soberana de las naciones que han optado por este camino.

Pero el proyecto de integración actual que se encuentra a la vanguardia en la región, y tal vez a nivel mundial, es el ALBA-TCP, ya con una década de existencia, pues ha marcado una diferencia fundamental frente a los intereses del capital: se concibe para disminuir las asimetrías entre países, promueve el desarrollo social, sobre todo en salud y educación, impulsa la cultura y consolida la idea de la unidad latinoamericana y caribeña.

El ALBA-TCP en ocasiones se interpreta de forma errónea o dolosa. No es un simple mecanismo de trueque o intercambio de petróleo por médicos, como se da en particular entre Cuba y Venezuela, sino un acuerdo que los países miembros consideran necesario para alcanzar la justicia social y el desarrollo económico.

Frente a esta vertiente emancipadora de la integración latinoamericana y caribeña, aparece un nuevo intento de imponer el ALCA a través de un mecanismo creado desde Washington para mantener su hegemonía neoliberal: la Alianza del Pacífico. Conformada por México, Colombia, Perú y Chile, constituye un espacio para garantizar en América Latina las relaciones económicas y comerciales bajo los parámetros neoliberales, con lo que sólo se profundizan los niveles de pobreza y desigualdad en estos países.

De igual forma, la Alianza del Pacífico pretende sabotear la otra visión de la integración latinoamericana, la soberanista y emancipadora, y profundizar la división del subcontinente en dos grandes bloques, utilizando esta estructura fundamentalmente comercial para consolidar incondicionalidades políticas, y mantener bajo su control a gobiernos proclives a los intereses estadounidenses como son los de México y Colombia, además de los centroamericanos, Panamá, Guatemala y Honduras, que buscan incorporarse a este mecanismo.

Recomposición hegemónica y perspectivas de la resistencia emancipatoria

La recomposición de las oligarquías latinoamericanas constituye una realidad de considerable importancia para entender la coyuntura actual de la región, y lograr dimensionar los desafíos para los proyectos de transformación en marcha.

La derecha no sólo ha continuado con sus tradicionales formas de agresión y desestabilización, como los golpes de Estado (Venezuela 2002, Honduras 2009 y Paraguay 2012), sino que ahora se producen ofensivas en los combates de calle, que ha incorporado a su repertorio táctico, el uso de para-militares y el crimen organizado, una mayor e intensa manipulación mediática, sabotajes económicos para desprestigiar a los gobiernos progresistas, ampliación en el número de bases militares e instalación de nuevos centros de operación y espionaje estadounidenses.

La pérdida de los gobiernos nacionales, espacio central para la práctica de la corrupción, ha implicado para buena parte de estas oligarquías latinoamericanas una reducción sustancial de sus ganancias y sus capacidades de operación. El desmantelamiento de los principales mecanismos del Estado neoliberal, sobre todo a partir de las refundaciones constitucionales de Venezuela, Bolivia y Ecuador, también han repercutido en la disminución de las ventajas oligárquicas dentro de los sistemas capitalistas prevalecientes.

Estamos presenciando campañas cada vez más sólidas y coordinadas por las oligarquías, incluso a nivel internacional y con el respaldo abierto de Estados Unidos, que tienen como principal objetivo crear la idea de que las alternativas de transformación no son más que proyectos populistas trasnochados, de tendencia dictatorial, que perjudican las perspectivas regionales del libre comercio y que se caracterizan por coartar la libertad de expresión, violar los derechos humanos y reducir los mecanismos de la democracia. Esto es, las derechas latinoamericanas acusan a las izquierdas en el gobierno de todo aquello que históricamente las ha identificado, y sobran los ejemplos.

A pesar de las contradicciones y persistencia de prácticas de corrupción, como se han dado en Brasil, y de la continuidad de políticas extractivistas, los avances sociales y las políticas redistributivas de los proyectos alternativos están a la vista, reconocidos desde múltiples ópticas a nivel mundial. Los procesos de integración han avanzado y están dando resultados alentadores guiados por la idea de la Patria Grande, mismos que enfrentan a la derecha internacional organizada y a la intervención permanente de Estados Unidos.

En este sentido, no sólo está en juego el futuro y la consolidación de los diversos procesos de transformación, sino también la propia estabilidad regional y el fortalecimiento de los mecanismos de integración. Las fuerzas progresistas y revolucionarias latinoamericanas y caribeñas deberán profundizar la construcción del poder popular en todas sus estructuras comunales y regionales, la participación creciente de los de abajo en el poder, y sobre todo, resolver la contradicción madre tierra–extractivismo transnacional, como la garantía más significativa para que continúen las políticas que prioricen el desarrollo social y el intercambio solidario entre pueblos y gobiernos, para que no terminen siendo procesos revertidos en cualquier coyuntura electoral.

Para Mabel Thwaites y Hernán Ouviña (2014)

Se trata de que cada una de esas resistencias, devengan mecanismos de ruptura y focos de contrapoder, que aporten al fortalecimiento de una visión estratégica global y reimpulsen, al mismo tiempo, aquellas exigencias y demandas parciales, desde una perspectiva emancipatoria y contra-hegemónica. Esta dinámica de combinar las luchas por las reformas con el horizonte estratégico de la revolución, se constituye en el eje directriz para modificar la correlación de fuerzas en favor de las clases subalternas. La articulación consciente de las luchas apunta a que se vayan abriendo brechas que impugnen los mecanismos de integración capitalista y prefiguren espacios emancipatorios, convirtiendo así, en la senda gramsciana, el futuro en presente. (p.77)

También resulta necesario que estos proyectos emancipatorios promuevan un debate sistemático en torno a la perspectiva del desarrollo económico, ubicando los parámetros históricos de la región. Ello implica, en primera instancia, valorar el lugar de América Latina en la división internacional del trabajo, como exportadora de materias primas y mano de obra, y romper estas viejas y renovadas dependencias estructurales. Las estructuras extractivistas (o el llamado neo-extractivismo progresista) no fortalece un camino propio y soberano, ni la posibilidad de una integración necesaria para alcanzar la autosuficiencia económica y el fin de las asimetrías entre los países de la región. Es evidente que en el mediano plazo no resulta tan sencillo, ni se puede en lo inmediato, decretar el fin de este modelo de producción, y por eso mismo es tan importante el debate que genere alternativas viables. Aún y con la recuperación del Estado como actor central de la economía, la dependencia sigue siendo una realidad en la medida en que no se diversifiquen las áreas productivas y persista el carácter mono-exportador de muchos países de la región.

Pero también hay que señalar que ese modelo neo-extractivista, con todo y sus contradicciones, es el que ha permitido en Venezuela, Bolivia y Ecuador una redistribución social de las ganancias como nunca se había dado en estos países, y que ha reducido la pobreza a sus mínimos históricos. Estas son las cuestiones que no pueden quedar fuera de la discusión.

Así, los debates actuales en torno a neo-desarrollismo, anticapitalismo, pos-neoliberalismo y socialismo, en realidad demuestran la ausencia de un consenso para alcanzar ese equilibrio entre independencia económica y justicia social, bajo un contexto de emancipación frente a las hegemonías imperiales.

Para Fernando Martínez Heredia (2015)

Le hemos quitado el traspatio al imperialismo. Ya se acabó su panamericanismo, de él solo queda un cascarón vacío. El edificio secular del poder de los Estados Unidos sobre este continente se va a caer, pero no se caerá solo: hay que derribarlo. Los pueblos que se liberan a sí mismos y liberan a sus países aprenden a manejar la geopolítica, en vez de ser manejados por ella. La geopolítica es una ciencia de medir correlaciones de fuerza, conocer intereses en juego y actuar de acuerdo a los que es posible. (p.7)

En la medida en que los proyectos políticos de estas diversas izquierdas ahonden en las transformaciones sociales, contando con el apoyo, la participación activa y la vigilancia de sus pueblos, así como el avance y la consolidación de los socialismos latino-caribeños, la pretendida restauración hegemónica seguirá encontrando una resistencia emancipadora capaz de defender las conquistas alcanzadas.

La fuerza de esta resistencia depende de la capacidad de fortalecer la integración regional, a pesar de la adversidad económica internacional reflejada en la drástica caída de los precios de las principales materias primas de la región. Como lo planteaba el presidente Chávez, la integración latinoamericana debe ser la punta de lanza de una nueva etapa planetaria que dé lugar a la multipolaridad bajo la dinámica de las relaciones sur-sur. No más imperios, metrópolis ni mecanismos financieros expoliadores. La ruta de la emancipación definitiva debe prevalecer en nuestras patrias históricamente explotadas y dominadas.



Bibliografía

Fernando Martínez Heredia (2015). “Entorno geopolítico latinoamericano y posición de Cuba”, en Archipiélago, no. 88. México: CIALC-UNAM.

Gilberto López y Rivas (2013). “Apuntes del curso ‘La libertad según l@s zapatistas’”. La Jornada, 31-08-2013. www.jornada.unam.mx/2013/08/30/opinion/019a1pol

Mabel Thwaites Rey y Hernán Ouviña (2012). “La estatalidad latinoamericana revisitada. Reflexiones e hipótesis alrededor del problema del poder político y las transiciones”, en Mabel Thwaites Rey (editora) (2012). El Estado en América Latina: continuidades y rupturas. Santiago de Chile: Arcis-CLACSO.

Miguel Mazzeo (2014). Introducción al Poder Popular. El sueño de una cosa. Chile: Tiempo Robado Ediciones.

Roberto Regalado (1997). “América Latina: crisis del capitalismo y vigencia del socialismo”, en América Libre, edición especial (Buenos Aires), núm. 10. http://www.nodo50.org/americalibre/anteriores/10/index.htm





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