Alejandra Niedermaier La fotografía: una forma de conocimiento de la pluralidad



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Alejandra Niedermaier


La fotografía: una forma de conocimiento de la pluralidad

La fotografía ha sido siempre una forma de conocimiento de la pluralidad. Los procesos inmigratorios también. Es por eso que resulta tan interesante aunar ambos conceptos.

La problemática de la inmigración es recurrentemente abordada por las artes visuales como así también desde lo teórico. La mirada hacia el pasado de este fenómeno no se agota, tal vez, porque justamente a través de esa mirada, se puede tratar de comprender los fenómenos actuales que en todo el mundo vuelven a ser sumamente vigentes.

Estos dos pensamientos influyeron en mí a la hora de decidir el tema de la ponencia de hoy. Pero también otros dos: por un lado, yo soy hija de inmigrantes, por otro desde que comencé a embarcarme en la investigación sobre las primeras mujeres fotógrafas y las primeras mujeres fotografiadas en Latinoamérica, el fenómeno de la inmigración aparecía recurrentemente, atravesando las vidas y anécdotas de todas las historias relevadas.

La fotografía desde su aparición y en sus diversas modalidades, acompaña permanentemente los derroteros de la humanidad.

Este lenguaje al desplegarse tanto por dentro como por fuera de búsquedas artísticas, conlleva una especificidad histórica y cultural notable y no pertenece a un espacio único.

Los fenómenos inmigratorios han sido tomados por fotógrafos internacionalmente reconocidos dentro del campo autoral así como por estudios y fotógrafos ligados a la cotidianeidad de distintas ciudades, provincias y países.

Estos textos visuales, productores y difusores de sentido, están inmersos ontológicamente en una búsqueda de representación. En el momento de su nacimiento, la fotografía es una nueva forma de representación, una representación metonímica y no mediatizada.

El momento del arribo

Desde el campo autoral e internacional, encontramos que en 1913 se efectúa en la galería 291 de Alfred Stieglitz, llamada así por encontrarse en el 291 de la Quinta Avenida, una Exposición Internacional de Arte Moderno denominada The Armory Show que introdujo el arte moderno en Estados Unidos. El proyecto era exponer pintura y escultura de artistas contemporáneos europeos y norteamericanos. Esta exposición tuvo un alto impacto para el desarrollo del arte en Norteamérica. Stieglitz expuso sus fotografías, entre ellas se encontraba The Steerage o sea El entrepuente. Esta foto fue realizada en 1907, el mismo año que Pablo Picasso pintó “Las señoritas de Avignon” que muchos consideran el punto de partida del arte moderno. Esta imagen contenía para Stieglitz todas sus aspiraciones para la nueva América y a su vez para el arte moderno. La significación pregnante que se le adjudica es la de ser la imagen de la inmigración. En ella habitan dos fotos: la de arriba y la de abajo con fondos diferentes, respondiendo a dos clases sociales diferentes. En la película y novela de Elia Kazan “América América”, The Steerage es evocada. Esto hay que inscribirlo también en el momento histórico que Estados Unidos estaba viviendo, el comienzo de su protagonismo mundial Tal vez por ser coincidente el año de creación de“Las señoritas de Avignon” y esta fotografía, Picasso, al verla, declararía “Este hombre trabaja en la misma dirección que yo”.

Lewis Hine fue otro fotógrafo que desde el campo autoral y su permanente mirada sobre la sociedad, también posó su cámara sobre los fenómenos inmigratorios.

La foto tamaño carnet en los distintos documentos preparatorios para el viaje muestran rostros de distintas edades, crispados por la tensión que estaban viviendo. La pequeña foto que habita en un documento, forma parte de un archivo social/ritual que se convierte en una memoria social colectiva. Es interesante observar las diferencias entre los documentos de cada país. Desde los habituales pasaportes a directos certificados de emigración como es el caso de España. En esos momentos, los migrantes del período temprano (objetos de esta pequeña


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investigación) tenían una noción de un destino platense más que una clara idea de un país en particular.

Justamente por ser la fotografía, una representación metonímica, se hizo cargo desde un punto de vista documental, de mostrar las circunstancias con las que los individuos arribaban, cuando aún se encontraban fuera de su inclusión en la sociedad receptora, y al mismo tiempo, fuera de su sociedad, que por distintos motivos, les había sido expulsiva.

El mítico Hotel de Inmigrantes en la ciudad de Buenos Aires nos ratifica su condición de haber sido un espacio de pasaje, de tránsito, primer instancia para varias generaciones de inmigrantes cargados de emociones dilemáticas tales como desilusiones/ilusiones, tristezas/esperanzas. proyectos abandonados/proyectos futuros.

El 19 de octubre de 1876, durante la presidencia de Nicolás Avellaneda, se sanciona la Ley de Inmigración y Colonización. Finalizando el siglo XIX, Guillermo Wilcken, encargado de inmigración advertía sobre la urgencia de poseer un lugar que pudiese albergar la inmigración masiva de aquella época, en un todo de acuerdo con el pensamiento político que entrañaba la frase de Alberdi “Gobernar es poblar”. Asimismo insistía en la necesidad de llamarlo hotel y no asilo, por las connotaciones depresivas que esa palabra implicaba. Convivían al mismo tiempo, aproximadamente 6.000 inmigrantes de diferentes lenguas.

Las imágenes que responden a este momento de la inmigración son solidarias pero no tienen un tono intimista. Mantienen cierta distancia con el sujeto. Las fotografías del Estudio Witcomb como así también de la Sociedad de Fotógrafos Aficionados y otros denotan esta estética. Más que nunca son un recorte de tiempo y de espacio.

El momento de la inserción

La necesidad de retratarse existe desde la Antigüedad, sin embargo, durante el SXIX surge una fuerte necesidad de singularidad, de contemplarse a sí mismo y que los hijos puedan conservar esa imagen para siempre. El fenómeno de individuación significa un cambio de la relación del individuo con el grupo y de las relaciones de los grupos entre sí. Esto adquiere una especial significación a medida que los inmigrantes buscaban insertarse en sus nuevos destinos.

Los retratos en estudio responden a esa necesidad, para formar una autoimagen, para mostrar una imagen a sus compañeros de ruta y muy especialmente para enviar una imagen a sus allegados en los países de origen.

Margarita Bachur, hija de Abud José Bachur cuenta que en su estudio en la provincia de Tucumán llamado Luz y Sombra, la principal clientela que tenían en los primeros años, es decir desde 1913 en adelante, eran inmigrantes, a los que les gustaba retratarse con su familia para poder presentársela a través de la fotografía, a sus parientes y amigos de su país madre.

Como otras representaciones visuales, que integran un modo cognitivo, estas fotografías utilizaban en buena medida, recursos que conformaban el imaginario artístico de su época: composición, proporción, ritmo y colocación de elementos iconográficos.

En la búsqueda de delegación que conformaba el hecho de irse a retratar a un estudio, encontramos un escenario particularmente montado que daba origen a una escenificación ficcional donde se decidían las posturas, la vestimenta, el encuadre y la iluminación. Estos aspectos estaban absolutamente vinculados a los supuestos culturales del momento. En estos términos, podemos analizar el dilema que plantea Peter Burke en su libro “Visto y no visto, el uso de la imagen como documento histórico” sobre si el retrato es un espejo o una forma simbólica, ya que las poses y los objetos representados están cargados del sistema simbólico de su tiempo. A menudo los retratos recogían una cierta “ilusión social”, lo cual proporciona un testimonio sobre las modificaciones que se iban produciendo en el imaginario de las distintas épocas. Era asimismo, una forma de solemnizar la cotidianeidad.


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Una cotidianeidad a compartir en diferentes orillas. De los países latinoamericanos a Europa pero también el esfuerzo de los que habían quedado en sus países de origen, por mantener el vínculo familiar y mostrar su descendencia.

El retrato navega entre las esferas pública y privada, conformando la historia colectiva e individual. Desde la esfera privada, cada retratado porta, carga, con su historia de inmigración y, su retrato aparece como una síntesis biográfica, plena de densidades concentradas en sus rostros. Nos muestran de algún modo, las causas de la inmigración, los recuerdos de lo dejado, la adaptación al nuevo medio, la inserción en el campo laboral, la solidaridad, la melancolía, etc. Desde la esfera pública, el significado de cada retrato era, para cada ciudad, una forma de autoreconocimiento y pertenencia. La vida de un pueblo, de una ciudad, además de sus atributos urbanos y geográficos, es la suma de las relaciones personales y del entramado social que lo vincula con el mundo. La sumatoria de cada uno de los retratos otorga un retrato comunal.

Por otra parte la búsqueda identitaria siempre conlleva el reconocimiento de la alteridad y es un lugar de enunciación donde se pone de manifiesto la subjetividad propia de cada lugar.

La exploración de varios conjuntos de imágenes y figuras simbólicas muestran las posibilidades de inserción de los distintos grupos a los colectivos existentes.

Otro aspecto analizable es la construcción de afinidades sin perder su propia identidad de origen. Y sin someterse al olvido. El interior del rancho también nos muestra el permanente acompañamiento de la imagen fotográfica, casi convirtiéndola en un objeto fetiche.

Encontramos algunos relatos que resultan una muestra de los distintos aspectos que circulaban por distintas ciudades y por distintas colectividades: Si bien la urbanización de Buenos Aires es totalmente diferente a la ocurrida en New York por ejemplo, en la medida que no se establecieron barrios cerrados, en los que se concentraban con exclusividad una u otra colectividad. Toda la ciudad se caracterizó por una mezcla de nacionalidades. De todos modos, hubo algunos barrios y/o ciudades del interior del país, donde se agruparon más homogéneamente, tal vez por una búsqueda identitaria y familiar más circunscripta.

A fines de 1877 muchos italianos procedentes de Udine al noreste de Italia, se embarcaron en Génova y arribaron a Resistencia, Chaco.

En la zona denominada “Barrio del Carmen” de la ciudad de Buenos Aires, se instalan principalmente familias provenientes de Agnone, una pequeña ciudad rural italiana, que se encuentra a mitad de camino de Nápoles y Roma. Desde 1870, centenares de familias la abandonaron y se radicaron en la Argentina y en Estados Unidos.

El censo de 1895 arroja que los hombres se desempeñaban en variados oficios y que pocas mujeres declaraban ocupación alguna. Las pocas que reconocían alguna actividad, la centraban en la costura y en el bordado.

Los orígenes de la ciudad de Moisesville en Santa Fé se remontan a 1889. Ciento treinta y seis familias judías desembarcaron del vapor Wesser el 14 de agosto provenientes de Rusia. Su sueño era convertirse en agricultores. Tras el arribo a Buenos Aires, donde permanecieron doce días en el Hotel de los Inmigantes, su destino era Palacios, provincia de Santa Fé. Pese a tener un contrato de colonización firmado, allí los abandonaron hasta que el Dr. Guillermo Löwenthal, médico higienista que pasó por ahí por casualidad, intervino y logró que comenzara el asentamiento en Moisésville, que queda a 18 km de Palacios. Ahí se establecieron aprox. cincuenta familias. Habían fallecido sesenta niños en una peste. En ese momento, aparecen también sólidos rasgos de solidaridad entre familias piamontesas ya instaladas en Palacios desde hacía un tiempo. Dos años después, la empresa colonizadora del Barón Mauricio de Hirsch denominada Jewish Colonization Association, compró las tierras del casco urbano. Suceden entonces nuevas corrientes inmigratorias. Surgen así, dos instituciones fundantes: la Cooperativa Agrícola de Consumo llamada La Mutua y la Sociedad Kadima.

A través de las imágenes podemos ver justamente la inserción pero también la férrea defensa de sus aspectos culturales.


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La colonia finlandesa que se estableció en Misiones llegó en 1906 de la mano de Arthur Thesleff quien trasladó un grupo de más de cien finlandeses con el propósito de colonizar las selvas de esa provincia. Se dedicaron mayoritariamente al cultivo del tabaco. Comenzaron a comer maiz, a asistir a escuelas primarias argentinas, a falta de médicos necesitaron conocer los yuyos de la zona para ayudar la curación de los enfermos. Pero como todas las comunidades, necesitaban mantener su identidad. Así es como en 1924 construyeron su propia sociedad, donde organizaban fiestas.

Los distintos modelos de inmigración condicionaron fuertemente la forma y el ritmo adoptados para la integración a la nueva sociedad. La observación de fotografías que muestran inmigrantes que ya hace varios años habitan en alguna ciudad latinoamericana, y que deciden realizar alguna actuación política y/o cultural y social, nos deja entrever una doble preocupación: demostrar una activa participación dentro de la sociedad que habita, pero también demostrar una respetable reputación adquirida en su pueblo madre. Surgen así, aprox. desde 1852, instituciones comunitarias. De algún modo, la mutual configuraba en el imaginario, la comunidad originaria perdida.

La percepción del “inmigrante”, “extranjero”, “viajero”, “exiliado”, “pasajero”, todos términos con los cuales se designaba a las personas ingresantes, era disímil. La categoría inmigrante cambia a lo largo del tiempo y sobre todo en las imágenes y en las autoimágenes que se construyen.

Los distintos modos de percepción también tienen una directa relación con los orígenes y con las formas de inserción. Podemos citar el caso del Ing. Carlo Pellegrini, padre del futuro presidente, originario de Niza, quien arribó en la década de 1820 contratado por el gobierno. En ese mismo sentido, podemos nombrar también, a Paul Groussac y a Amadeo Jacques por ejemplo (que a su llegada, incursionó laboralmente en la fotografía).

A modo de ejemplo, me detendré en el caso de Aarón Pavlovsky y su hermana Rosa Pavlovsky. Aarón Pavlovsky, llega a la Argentina en 1883. Era ingeniero agrónomo de origen judío ruso. Nacido en Rusia, él y su hermano mayor, Isaac, estuvieron presos muchos años y finalmente fueron expulsados de Rusia por la policía zarista, por haber hecho propaganda en contra de los zares, en la Universidad. En Francia, fueron ayudados por el célebre escritor Tourneguiev. Conoce en Bélgica a Domingo Faustino Sarmiento, en un viaje que éste realiza por Europa. Sarmiento le propone desarrollar su especialidad en vitivinicultura en las provincias cuyanas. Llega invitado por el gobierno argentino y pronto recibe el reconocimiento de la Sociedad Rural. En Mendoza, se casó en 1885 con María Luisa Molina y Videla Correas.

Los especialistas en el fenómeno de la inmigración, dan cuenta que las distintas formas de contraer matrimonio, es decir: el casamiento entre personas del mismo origen o el matrimonio con una persona ya nacida en los países de adopción, marcan profundas diferencias en los modos de adaptación, inclusión y sentido de pertenencia.

Director de la Escuela de Agricultura, durante su gestión se diplomaron los primeros ingenieros agrónomos. También fue delegado del gobierno argentino y sus conferencias en Europa contribuyeron mucho a la inmigración temporaria a la región de Cuyo. Fundó la bodega “La Purísima” y la primera cabaña de animales finos de Mendoza. También fue un gran forestador. Falleció en Buenos Aires en 1918.

En el sello de la bodega podemos observar, una nostálgica mención a su país natal. Esto nos muestra que la pertenencia primera del inmigrante estaba ligada a su hacer, es decir, sus actividades laborales, mientras que la integración en el sentir y el pensar mantenía aspectos duales.

Rosa por su parte, llega a Buenos Aires, por un pedido que le hiciera Sarmiento a su hermano Aarón, durante una epidemia de cólera en Mendoza. Rosa nació en 1863 y era una avanzada estudiante de medicina. Trabaja incansablemente como enfermera hasta controlar la epidemia. Vuelve a Francia en 1887 a completar sus estudios. 4 años más tarde regresa e ingresa en el Hospital Francés. Allí ocupa la jefatura del servicio de niños durante 40 años. Es condecorada con la legión de honor.


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Roland Barthes considera que la fotografía extiende un certificado de existencia. En muchas fotos, a este certificado, se le adhiere un valor evocativo, un ejercicio de la memoria de los momentos transcurridos. Las imágenes reconstruyen, en un rectángulo, los fragmentos de lo vivido, impulsando a las siguientes generaciones a establecer correspondencias y deducciones.

Una vez más, la fotografía es el resultado de una condensación de sentido, de una densidad de significaciones. La imagen juega con el sentido de su materia, sentido como sensualidad (en términos de su palpable vivacidad y seducción), sentido como significación (tanto para el emisor como para el receptor).

La densidad de sentido que hallamos en las fotos relativas al tema que me ocupa hoy, conllevan conceptos tales como exclusión, desarraigo, integración y pertenencia, entre tantos otros y conforman un imaginario basado en la conformación de una entidad en la diversidad.


Bibliografía

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Cien años de vida mendocina, 1982", Centenario Diario Los Andes, 1992

Museo Histórico Comunal y de la Colonización Judía Rabino “Aarón Goldman”, Moisesville

Fotografías de la Colección María Graciela y Luis Montero
Fotografías de la Colección de la autora


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