Alejandro von Rechnitz el genesis: de la creación a la vocación de abraham



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Alejandro von Rechnitz
EL GENESIS:

DE LA CREACIÓN A LA VOCACIÓN DE ABRAHAM

Sumario
EL CAPITULO 1

CONCLUSIONES A ESTE PRIMER RELATO

EL SEGUNDO RELATO DE LA CREACION. EL RELATO POPULAR DEL YAVISTA.

CONCLUSIONES DEL SEGUNDO RELATO DE LA CREACION

CAPITULO TERCERO DEL GENESIS. EL ORIGEN DEL PECADO

NOTA A LOS PRIMEROS CAPITULOS DEL GENESIS

CONCLUSIONES SOBRE ESTE CAPITULO TERCERO DEL GENESIS

APENDICE: EL PECADO ORIGINAL

EL PECADO AVANZA

BIBLIOGRAFIA

EL GENESIS: DE LA CREACION A LA VOCACION DE ABRAHAM

El Génesis es el libro colocado en las Sagradas Escrituras en primer lugar aunque no fue el primer libro escrito. ¿Por qué se colocó como libro primero de las Sagradas escrituras? Para una mentalidad primitiva el comienzo de algo: una casa, un altar, un año, una vida, un reinado, repetía el comienzo de toda la creación (la "cosmogonía"). Cada vez que empezaba alguna de esas realidades se re-leía el "mito" del origen del universo. Las acciones del hombre, que convertían un lugar salvaje en civilizado, repetían y representaban, de alguna manera, esa lucha primordial entre el caos y el orden y sólo así tenían valor.


El libro que, en Israel, relataba el "mito" cosmogónico fue colocado, lógicamente, pues, al comienzo de todas las Sagradas Escrituras puesto que debía ser re-leído al comienzo de todo y, así, todo, incluidas las Sagradas Escrituras, debía comenzar como había comenzado todo .
En los doce primeros capítulos del Génesis encontramos un entreverado de dos escritores totalmente distintos. El primero que aparece es uno a quien llamamos "el sacerdotal" (P=Priestercodex). Durante el siglo VI o V antes de Cristo, un teólogo (probablemente sacerdote) desterrado en Babilonia, reflexiona sobre la historia de Israel, su elección, su engrandecimiento, su caída y su castigo y, para levantar el ánimo de sus compañeros de cautiverio y preparar la vuelta a la patria, demuestra que la palabra de Dios se cumple infaliblemente. La palabra de Dios que había triunfado del caos primordial, realizará, una vez más, las promesas de una descendencia numerosa y de la posesión de la tierra de Canaán.
El que aparece en segundo lugar es un teólogo a quien llamamos "el Yavista". Durante el siglo décimo antes de Cristo, un teólogo de la corte de Jerusalén recoge las tradiciones más antiguas acerca del origen del mundo y del pueblo de Israel e interpreta tales tradiciones para mostrar después que en la monarquía de David se cumplían las antiguas promesas hechas a los grandes padres del pueblo.
Leamos, versículo a versículo, los dos relatos de los dos primeros capítulos y vayamos explicando cosa por cosa.

Capítulo 1
Este capítulo es el primer mandamiento (Yo soy el Señor tu Dios, que te saqué de Egipto, de la esclavitud. No tendrás otros dioses frente a mí. No te harás ídolos-figura alguna de lo que hay arriba en el cielo, abajo en la tierra o en el agua debajo de la tierra. No te arrodillarás ante ellos, ni les darás culto; porque yo el Señor tu Dios, soy un Dios celoso: castigo el pecado de los padres en los hijos, nietos y biznietos, cuando me aborrecen. Pero actúo con piedad por mil generaciones cuando me aman y guardan mis mandatos. Exodo 20, 2-6) hecho narración, como el salmo 103 es el primer mandamiento hecho canto de alabanza. Es posible que este primer capítulo fuera utilizado como instrucción que se diera en el templo a quienes se preparaban para el sacerdocio.
Al principio: Es la expresión típica para introducir un "mito". Se trata de decir que todo esto ocurrió en el tiempo ideal antes del tiempo en que nosotros vivimos.
Fijémonos en que a la mentalidad hebrea no le importa qué era DIOS en sí mismo antes de crear nada. Al hebreo le interesa Dios sólo en la medida en que se relaciona con el hombre, en la medida en que Dios interviene en su historia. La preocupación esencialista (qué es Dios en sí mismo) sólo aparecerá cuando la mentalidad griega se haya infiltrado entre los hombres de fe judía.
Vale la pena leer en paralelo el comienzo del Evangelio de Juan. Para Juan lo primero es la Palabra de Dios, un Dios que puede comunicarse, poner su ser en común y, para Juan, esta Palabra (que es Dios mismo comunicado y por medio de la cual ha sido creado todo) se ha hecho visible, palpable y tocable en Jesucristo.
"Creó Dios el cielo y la tierra". Si el orden empieza sólo en el versículo tercero, lo que existe antes de toda creación (que comenzará en el versículo tercero) es el caos, el desorden. Según la mentalidad hebrea, la creación consiste en que Dios empieza a poner orden en el caos. Por ejemplo, es como si Dios hubiera encontrado un montón de ropa sucia y hubiera empezado a poner: aquí los pantalones, allí las camisas, aquí los calcetines, allí los pañuelos. El verbo crear (bará) no significa necesariamente para los hebreos la producción de una cosa sacándola de la nada. El hebreo es absolutamente incapaz de concebir una idea tan abstracta como "la nada" previa a todo ser. La idea de la creación desde la nada sólo aparecerá en la Sagrada Escritura en la época en que los griegos dominaban a Israel (2 Macabeos 7, 28).
1, 2: "La tierra era un caos informe; sobre la faz del abismo, la tiniebla. Y el espíritu de Dios se cernía sobre la faz de las aguas".
Lo más desordenado que un hebreo puede imaginarse es el mar, de noche, cuando lo azota una tormenta.. Así se imagina el caos del origen. Recordemos que, en el idioma de la Biblia, la palabra "viento" y la palabra "espíritu" son la misma expresión (rúaj). Recordemos que en hebreo no existen los superlativos y para decir un viento fuerte se puede decir: un viento Elohim (Señor). La traducción puede ser, pues: "la tierra era un caos informe; sobre la faz del abismo, la tiniebla y el Espíritu de Dios se cernía sobre la faz de las aguas" o: "la tierra era un caos informe; sobre la faz del abismo, la tiniebla. Un viento fuerte se cernía sobre las aguas".
1, 3: "Y dijo Dios": Dios crea mediante la palabra. Para otros pueblos, los dioses tienen que intervenir con todas sus fuerzas para destrozar el cuerpo de la gran serpiente primitiva (el caos personificado) y con él crear todas las cosas. Para el pueblo hebreo basta la palabra de Dios. La palabra, para un hebreo, tiene fuerza en sí misma, la palabra realiza lo que expresa. Una palabra expresada queda, se mantiene, se realiza. Por eso, para el hebreo, las maldiciones, las bendiciones y los nombres tienen una importancia que para nosotros no tiene. El nombre, la expresión, indica la esencia y la misión de un ser. Conocer el nombre de algo es tener, de alguna manera, dominio sobre él; darle nombre a algo es expresar el dominio que uno tiene sobre eso. De allí que Dios se niegue (en Exodo 3, 13-14) a dar su nombre, no sea que el hombre crea que puede de alguna manera manipular a Dios. De allí también que Dios haga que el hombre dé nombre a los animales (Génesis 2, 19-20); no por gusto el hombre es el lugarteniente de Dios y señor de la creación en nombre de Dios.
1, 3-4a: "Y dijo Dios: que exista la luz. Y la luz existió. Y vio Dios que la luz era buena".
Este esquema se va a repetir ocho veces:

- Y dijo Dios...

- Y la cosa se hizo

- Y vio Dios que la cosa era buena.


A Dios le basta con decir. Lo que Dios dice se cumple. La palabra de Dios es infalible. Dios lo hizo todo bueno. El mal no tiene origen en Dios.
• Lo primero que Dios crea es la luz. Yavé es, pues, el dios que mora en la obscuridad (1 Reyes 8, 12); El existe antes de la luz. ¿No procederá de allí la idea de que el sanctasanctorum del templo (lugar de la presencia de Dios) estuviera en absoluta obscuridad?
1, 4b-5a: "Y separó Dios la luz de la tiniebla: llamó Dios a la luz "día"; a la tiniebla "noche".
Crear, ordenar, significa separar las cosas y colocarlas cada una en el lugar que le corresponde. Dios asigna a la luz la misión de ser el día y a las tinieblas la de ser la noche, y eso se expresa dando nombre a cada cosa.

1, 5b: "Pasó una tarde, pasó una mañana: el día primero-".


Mientras los ciclos anuales son ciclos lunares, la luna es la que tiene importancia para contar el nuevo día. Por eso, para los hebreos, el día comienza a las seis de la tarde, hora en que "sale" la luna.
1, 6-8: "Y dijo Dios: que exista una bóveda entre las aguas, que separe aguas de aguas. E hizo Dios una bóveda y separó las aguas de debajo de la bóveda de las aguas de encima de la bóveda. Y así fue. Y llamó Dios a la bóveda "cielo", pasó una tarde, pasó una mañana, el día segundo".
El autor de este pedacito ha tenido en cuenta el mito babilónico de creación llamado "Enuma Elis". Marduk entra en combate con Thiamat, la serpiente acuática primordial (personificación del océano como símbolo de caos). Marduk vence a Thiamat y lo parte en dos. Entre las dos partes queda un vacío que Marduk llena con todas las criaturas que irá después sacando del cuerpo de Thiamat (el agua). Es una observación popular elevada a reflexión teológica. La lluvia cae del cielo, luego encima de la bóveda celeste hay un océano. Debajo de la tierra se encuentra agua (los pozos, los lagos, etc.); luego la bóveda celeste separa el océano que hay debajo de la tierra del océano que hay encima de la bóveda del cielo. En el diluvio, Dios dejará que se vuelvan a juntar las aguas todas y con ello se volverá al caos del origen del universo. Dios decidió re-crear la humanidad.
1, 9-13: "Y dijo Dios: Que se junten las aguas de debajo del cielo en un solo sitio, y que aparezcan los continentes. Y así fue. Y llamó Dios a los continentes "tierra"; y a las masas de aguas la llamó "mar". Y vio que era bueno. Y dijo Dios: produzca la tierra hierba verde que engendre semillas y árboles frutales que den fruto según su especie y que lleven semilla sobre la tierra. Y así fue. La tierra produjo hierba verde que engendraba semilla según su especie y árboles que daban su fruto y llevaban semilla según su especie. Y vio Dios que era bueno, pasó una tarde, pasó una mañana: el día tercero".
Dios sigue creando; ordenando el caos; colocando cada cosa en su lugar. El relator hace notar que debe diferenciarse a la hierba verde de los campos, y su forma de reproducirse, de los árboles frutales y su correspondiente forma de reproducción.
La creación sale "buena" de las manos de Dios, pero no perfecta. No es un todo terminado de una vez para siempre, sino un conjunto en evolución. Las plantas producen semilla para asegurar la continuación, por ejemplo.

1, 14-19: "Y dijo Dios: Que existan lámparas en las bóvedas del cielo, para separar el día de la noche, para señalar las fiestas, los días y los años; y sirven de lámparas en la bóveda del cielo para dar luz sobre la tierra. Y así fue. E hizo Dios dos lámparas grandes: la lámpara mayor para regir el día, la lámpara menor para regir la noche; y las estrellas. Y las puso Dios sobre la bóveda del cielo para dar luz sobre la tierra; para regir el día y la noche, para separar la luz de la tiniebla, y vio Dios que era bueno. Pasó una tarde, pasó una mañana: el día cuarto".


¿Qué luz es la que creó Dios el día primero si los astros, el sol y la luna aparecen hasta el día cuarto? No le importa un bledo al redactor. Lo que a él le interesa es decir algo mucho más importante desde el punto de vista de la teología: el sol, la luna y las estrellas son criaturas de Dios y el hombre será colocado por encima de ellas. Los tiempos quedan fijados y esto es parte de la idea de "justicia" en el Antiguo Testamento. Justicia significa que todo se desarrolla según el plan de Dios desde el principio. Es la armonía de la creación tal como Dios la quiso. Injusticia es desarmonía en todos los niveles de la creación. El hombre y la creación entera son solidarios en el bien y en el mal. Cuando el hombre rompa la armonía, por su pecado, toda la creación quedará desequilibrada.
El redactor nos muestra cómo cada noche penetra en el mundo algo de la oscuridad caótica primigenia. La oscuridad de cada noche sólo se diferencia de la original en que la oscuridad cotidiana Dios ha querido sujetarla a un límite cósmico benévolo.
1, 20-23: "Y dijo Dios: llénense las aguas de seres vivientes, y vuelen pájaros sobre la tierra y bajo el firmamento del cielo. Y creó Dios los grandes monstruos marinos y los demás seres que viven en el agua y las aves según sus especies. Y vio Dios que era bueno. Y Dios los bendijo diciéndoles: crezcan, multiplíquense, llenen las aguas del mar: que las aves se multipliquen en la tierra. Pasó una tarde, paso una mañana: el día quinto.
• Los monstruos marinos siguen siendo para los hebreos, en la época en que se redacta este pasaje, un recuerdo de Thiamat, la gran serpiente primordial (personificación del caos) (Ver: Job 3, 8-40, 25; Isaías 27, 1; Salmos 74, 14; 104, 26). A esta serpiente los hebreos la llaman "Leviatán".
• Todo regalo, todo don de Dios, es una misión. Dios da a los vivientes la misión de multiplicarse, ellos deben llenar el espacio que les corresponde. Pero la fecundidad es una bendición de Dios, no una obligación; es la capacidad que el ser ese lleva en sí para cumplir su misión.

1, 24-25: "Y dijo Dios: produzca la tierra vivientes según sus especies: animales domésticos, reptiles y fieras según sus especies. Y así fue. E hizo Dios las fieras según sus especies, los animales domésticos según sus especies y los reptiles según sus especies. Y vio Dios que era bueno".


Todo animal es creatura de Dios, ningún animal puede ser adorado como Dios y más bien el hombre ha sido colocado por encima de todos ellos.
Fijémonos bien: Dios ha creado todos los reptiles, también la serpiente que luego aparecerá, y Dios vio que eran buenos. Guardemos este dato para cuando, más adelante, nos encontremos con el relato de la caída.
1, 26-31: "Y dijo Dios: hagamos al género humano a nuestra imagen y semejanza; que domine a los peces del mar, las aves del cielo, los animales domésticos, los reptiles de la tierra y creó Dios al ser humano a su imagen; a imagen de Dios lo creó; macho y hembra los creó. Y los bendijo Dios y les dijo: crezcan, multiplíquense, llenen la tierra y sométanla; dominen los peces del mar, las aves del cielo, los vivientes que se mueven sobre la tierra. Y dijo Dios: Miren, les entrego todas las hierbas que engendran semilla sobre la faz de la tierra; y todos los árboles frutales que engendran semilla les servirán de alimento; y a todas las fieras de la tierra, a todas las aves del cielo, a todos los reptiles de la tierra -a todo ser que respira- la hierba verde les servirá de alimento. Y así fue. Y vio Dios todo lo que había hecho: y era muy bueno. -Pasó una tarde, paso una mañana: el día sexto".
La fórmula que el redactor utiliza, "hagamos", implica la idea de que Dios va ahora a hacer algo especial. Es como si Dios se revistiera de toda su majestad para emprender la labor de hacer el género humano. El hombre, el ser humano, es colocado como lugarteniente de Dios ante toda la creación precedente. El ser humano es colocado como rey de la creación en el lugar de Dios; por eso Dios dice: a nuestra imagen y semejanza. En la literatura egipcia anterior al cristianismo se le llama "imagen del faraón" a su primer ministro, al ministro que hace las veces del faraón ante el pueblo.
Dios ha hecho al hombre "a su imagen y semejanza"; para saber, pues, lo que el hombre es con mayor propiedad, lo que el hombre es en realidad, hay que saber lo que Dios es. La idea de que el hombre es "la imagen y semejanza de Dios" basará todo el lenguaje antropomórfico que luego todo el Antiguo Testamento aplica a Dios y que tanto recelo le provocará al autor llamado “ el Deuteronomista”.
Dios crea al ser humano en la variedad macho y en la variedad hembra. Los dos son ser humano, los dos son "Adam" (en hebreo) , los dos tienen la misma dignidad de ser imagen de Dios.

En Génesis 5, 1, 2 se expresa todavía más claramente esta idea: "En el día en que Dios creó al ser humano, a su imagen de Dios lo creó. Los creó macho y hembra, los bendijo y les puso por nombre “Adán". La imagen de Dios, y con ella la dignidad esencial del hombre, está impresa de la misma manera en la mujer que en el varón, y, por lo mismo, ambos tienen, en el cosmos, la misma igualdad esencial de derechos .


El Talmud dirá después que el hombre ha sido el último ser creado para que nadie se crea de mucho valor: hasta la pulga ha sido creada antes que él y sabe más de la vida.
Que domine: Dios hace al hombre rey de la creación; le da la capacidad de llegar a serlo. Como siempre en Dios: todo don es tarea, todo don es una misión.
Los bendijo diciéndoles: crezcan, multiplíquense. No es un mandato, es una bendición; la fecundidad fue siempre en la antiguedad considerada una bendición de Dios; de allí que la esterilidad fuera siempre vista como un signo de maldición. La fecundidad es uno de los medios que el hombre empleará para llegar a dominar la tierra y toda la creación. Fijémonos muy bien en que el uso de los genitales y todo lo sexual viene bendecido por Dios antes del pecado. ¿O es que Dios no sabía para qué eran esos órganos tan buenos (todo lo hizo bueno) que El había hecho?
Capítulo 2, 1-4: "Y quedaron concluidos el cielo , la tierra y todo lo que contienen. y concluyó Dios para el día séptimo todo el trabajo que había hecho ; y descansó el día séptimo de todo el trabajo que había hecho. Y bendijo Dios el día séptimo y lo santificó porque en él descansó de todo el trabajo que había hecho cuando creó. Esta es la historia de la creación del cielo y de la tierra".
Al autor no le importa si cada día de ésos que ha puesto duraba 24 horas o un millón de años. Su intención no es la de instruirnos en arqueología, biología; su intención no es excluir o revelar la teoría de la evolución. Lo único que le interesa al autor, en este momento de su relato, es que Dios pueda descansar de la creación un día séptimo para que el hombre, "a imagen y semejanza" de Dios, pueda hacer lo mismo. El sábado quedará así consagrado al descanso y eso será la primera forma de santificarlo. Fijémonos, en que alrededor del año 500 antes de Cristo, no se pone todavía ninguna otra cosa prescrita para el día sábado que la de descansar a imitación de Dios. El sábado adquirió toda su importancia religiosa posterior precisamente durante la época del destierro babilónico. Y eso porque, junto con la circuncisión y la asistencia a la sinagoga, será una de las pocas formas de mantenerse fiel y confesar su fe públicamente cuando no se puedan ofrecer sacrificios porque en el destierro no existe templo, ni puede haberlo.
Descanso, en Dios, no es dejar de hacer, por eso Jesús dice: "Mi Padre trabaja hasta ahora y yo también trabajo" (Juan 5, 17). Descanso, en Dios, es llevar a plenitud lo creado, irlo llevando a su consumación.

CONCLUSIONES A ESTE PRIMER RELATO
¿Qué pretende decirnos este primer relato de la creación?

• Que sólo Dios es dios.

• Que todo lo demás es creatura y ha sido creado por Dios.
• Que el hombre debe dominarlo todo.
• Que todos los seres humanos son iguales entre sí, pues todos tienen el mismo origen.
• Que la palabra es algo poderosísimo, puede crearlo todo o puede destruirlo todo.
Que todo ha sido creado bueno, que, por lo tanto, Dios no es el origen del mal.
• Que el uso de la sexualidad es una bendición de Dios, una misión confiada al hombre.
En un tiempo en el que el hombre todavía adoraba los astros, la tierra, la fecundidad, la lluvia, los rayos, el sol, la luna, la vegetación, los reyes, etc, un teólogo genial se atreve a decirle al hombre que dios hay sólo uno y que todo lo demás es creatura. Que el hombre no debe adorar nada, sino a Dios; que no sólo eso, sino que, más bien, el hombre está por encima de todo, sometido solamente a Dios; que el hombre ha recibido la misión de someterlo todo a su dominio. Es toda una concepción secularizadora de la realidad; toda una concepción escandalosa y revolucionaria. No nos extrañemos de que los demás pueblos hayan llegado a pensar que los judíos eran ateos.

EL SEGUNDO RELATO DE LA CREACION. EL RELATO POPULAR DEL YAVISTA.
2, 4B-5:"Cuando el Señor Dios hizo el cielo y la tierra, no había aún matorrales en la tierra, ni brotaba hierba en el campo, porque el Señor Dios no había enviado lluvia sobre la tierra, ni había hombre que cultivara el campo."

Este relato traduce una evidente mentalidad popular, en contraste con el primer relato de la creación, que más bien corresponde a una mentalidad culta de la época.


Un hombre que llega del desierto a la población sedentaria sabe que en donde no hay agua de lluvia no hay vegetación y que, aunque haya agua de lluvia en un lugar, si no hay un hombre que cultive, no hay huerta.
Un hombre sencillo puede imaginarse muy bien que mientras Dios no haya creado la lluvia ni al hombre, la tierra es como un desierto, absolutamente vacía, no tiene nada.
Fijémonos, además, en que, casi como sin querer, este autor ya va diciendo que el hombre es para cultivar el campo, o sea, para trabajar. El hombre dominará la tierra, según este relato, por medio de su trabajo.
2, 6:"Sólo un manantial salía del suelo y regaba la superficie del campo".
Según este relato, la fuente original de fertilidad es puesta por Dios.
2, 7:"Entonces el Señor Dios modeló al hombre de tierra del suelo, sopló en su nariz un aliento de vida, y el hombre se convirtió en ser vivo."
Hombre, en hebreo, se dice "Adam" y tierra:"Adama". Dos palabras que se parecen tienen una evidente conexión, según la mentalidad hebrea. El hombre ha sido hecho de la tierra. Adam es un nombre colectivo, equivale a "humanidad", a "ser humano". Y este nombre colectivo será después (Génesis 4, 25;5, 1 y 3) dado como nombre propio al primer ser humano.
• Tierra y hombre son absolutamente solidarios puesto que de la tierra ha sido tomado Adán, el hombre.
• También este relato de la creación del hombre trasluce la mentalidad popular: cuando un hombre se muere, la carne se deshace y sólo quedan los huesos, luego los huesos se hacen polvo y vuelven a ser polvo de la tierra. Si el hombre al deshacerse se convierte en polvo es que está hecho de polvo.
• Pero el hombre no está hecho sólo de polvo de la tierra, sino también de aliento soplado por Dios. El hombre está hecho de polvo y aliento, no como dos cosas distintas que pueden separarse; el hombre es polvo alentado. Esta concepción de que es el aliento de la divinidad el que da vida al hombre no es exclusiva del pueblo israelita. Muchos siglos antes de este redactor ya

aparece tal idea en las inscripciones egipcias en las que se dice que es el aliento del dios Ra o Chepre o del padre de los dioses, otorgado a las narices de fulano o de mengano, el que le ha dado vida. Esta misma idea aparece retratada varias veces en Job y en el libro de Isaías, en los Salmos y en Eclesiastés.


El hombre es barro alentado; todo hombre. Es decir, no hay nadie de casta distinta, todos somos iguales porque todos somos barro alentado. Imaginemos la fuerza que este versículo tenía en un tiempo en que se consideraba a los reyes seres divinos, especiales.
• Reflexionemos en dos cosas: a) Dios ha creado al hombre a su imagen y semejanza (relato primero) y Dios ha hecho al hombre de tierra y aliento...b) Para crear todo lo demás, a Dios le basta con decirlo, le basta su palabra (primer relato), para crear al hombre Dios crea primero la tierra entera (primer relato), hace intervenir su palabra (primer relato), emplea sus manos, sopla su aliento. Dirá después el salmo 143, 3: ¿Qué es el hombre para que de él te acuerdes?
• El hombre­:de barro alentado por Dios. ¿No será por eso que luego San Pablo va a decir que llevamos nuestro tesoro (el Espíritu Santo, el aliento de Dios), en vasos de barro (2 Corintios 4, 7)?
• Más tarde, el pueblo dirá que la vida reside en la sangre, que la sangre es la sede de ese aliento divino que alienta al hombre. ¿Por qué? Porque al perder la sangre un hombre pierde la vida. Porque al parir un animal, se ve salir de la sangre caliente vaho que es, según el pueblo, es el mismo aliento del que hablamos más arriba.
2, 8: "El Señor Dios plantó un jardín en Edén, hacia oriente, y colocó en él al hombre que había modelado".
Al autor bíblico le importa muy poco localizar geográficamente el paraíso. En los versículos 10-14 dirá que estaba en él la fuente de cuatro ríos: Pisón, Guijón, Tigris y Eufrates. El Tigris y el Eufrates eran los dos grandes ríos que formaban la fertilísima Mesopotamia. Los judíos sabían que el Egipto era fertilísimo gracias al río Nilo. Lo que el autor quiere decir es que el paraíso era un lugar fertilísimo, el más fértil imaginable. No lo riega el Tigris y el Eufrates y un río como el Nilo; es la fuente de cuatro ríos como ésos la que lo riega, no puede, pues, haber una tierra más fértil.
• El hombre no es creado en el paraíso. El hombre es creado fuera y es llevado allí por Dios. Nada de lo que hay en el paraíso le corresponde por derecho de nacimiento, todo se debía a la bondad de Dios.

2, 9: "El Señor Dios hizo brotar del suelo toda clase de árboles hermosos de ver y buenos de comer; además el árbol de la vida en mitad del jardín, y el árbol del conocimiento del bien y el mal".


• Atención: el árbol que está en medio del jardín es el árbol de la vida (o sea, el de la inmortalidad); luego Génesis 3, 3 dirá que el árbol que está en medio es el del conocimiento.
• Esos dos árboles no son, sino un símbolo de los dos atributos que el pueblo asigna a la divinidad: la inmortalidad y el poder decidir qué es bueno y qué es malo (o sea­:la facultad de hacer las leyes). La inmortalidad y el hacer leyes son dos atributos de Dios y sólo de Dios. Recordemos que este relato se pone por escrito en el tiempo en que por primera vez en Israel un rey (David) se atreve a dar leyes en nombre propio. El hombre, dice el escritor, se apropia con ello de un atributo propio de la divinidad y Dios lo va a castigar quitándole lo que le ha dado para que no vaya a atreverse a querer arrebatarle a Dios el otro atributo propio de la divinidad: la inmortalidad, es más­:con el relato se amenaza a David y su dinastía con que Dios los sacaría del trono y los devolvería a la tierra de donde los había sacado.
• El hombre que se apropie de los frutos de esos dos árboles será como Dios.
2, 15: "El Señor Dios tomó al hombre y lo colocó en el jardín de Edén, para que lo guardara y lo cultivara".
El trabajo no es, pues, un castigo por el pecado. Ya el hombre en el paraíso, antes de pecar, tenía que trabajar.
2, 16-17: "El Señor Dios dio este mandato al hombre: puedes comer de todos los árboles del jardín, pero del árbol del conocimiento del bien y el mal no comas; porque el día en que comas de él tendrás que morir".
• Según este relato sólo al varón se le prohíbe comer del árbol porque la mujer, según este relato, no ha sido aún creada.
• Según este relato, sólo se le prohíbe a Adán comer del árbol del conocimiento del bien y del mal, no del árbol de la vida. Quizá porque corresponde a una constatación histórico-política: David acababa de dar leyes en nombre propio. Alguien se había atrevido a apropiarse de uno de los atributos divinos (dar leyes) simbolizados en esos dos árboles.
2, 18: "El Señor Dios se dijo: No está bien que el hombre esté solo; voy a hacerle alguien como él que le ayude".
La creación no está completa, aunque ya esté creado el varón, porque Dios encuentra que el hombre necesita alguien como él que le ayude.

2, 19: "Entonces el Señor modeló de arcilla todas las bestias del campo y todos los pájaros del cielo, y se los presentó al hombre, para ver qué nombre les ponía. Y cada ser vivo llevaría el nombre que el hombre le pusiera".


• Poner nombre es asignarle el oficio correspondiente. El hombre aparece aquí puesto por Dios para que señoree a todo el reino animal. Cambiar el nombre es un indicio de que se va a cambiar de oficio porque el nombre en Israel no es algo convencional, como entre nosotros, sino que es la esencia, el oficio, de la persona o cosa. Por eso cuando Jesús va a cambiar de oficio a Simón (Pedro) le cambia de nombre. El hombre es puesto, pues, por Dios mismo en este relato, como rey y señor de la creación, sometido sólo a Dios.
2, 20: "Así el hombre puso nombre a todos los animales domésticos, a los pájaros del cielo y a las bestias del campo; pero no encontraba ninguno como él que le ayudara".
El hombre ejercita el puesto de lugarteniente de Dios imponiendo a cada uno de los animales el oficio=nombre. Pero entre los animales el hombre no encontrará jamás su complemento necesario. La mujer no puede nunca ser reducida al papel de animal. Cuando un hombre impone a una mujer el papel, puramente animal, de una función fisiológica, deja de encontrar en ella "la ayuda semejante a él" que necesita. En el fondo de la expresión de este versículo quizás haya también una velada alusión al culto de la fecundidad en el que se empleaban serpientes, frutos y mujeres.
2, 21: "Entonces el Señor Dios dejó caer sobre el hombre un sueño profundo y el hombre se durmió. Le saco una costilla y le cerró el sitio con carne. Y el Señor Dios trabajó la costilla que le había sacado al hombre haciendo una mujer, y se la presentó al hombre".
No se trata de descubrir el origen, cómo está hecha la mujer, sino solamente de enunciar lo que la mujer es: Un ser igual al varón por su naturaleza y dignidad.
En la poesía sumeria "Dilmun" se cuenta cómo el dios Enki se enfermó de su "costilla" (ti). La diosa creada para sanar la costilla se llamó "Nin-ti", esto es: "Mujer de la costilla". Pero la palabra sumeria "ti" significa, al mismo tiempo "vivificar" (dar vida). De esta manera se acabó por equiparar en sumerio a la "mujer de la costilla" con la "mujer que vivifica". Probablemente el redactor bíblico conocía esta leyenda sumeria y la empleó en los dos significado de la palabra "ti": costilla; vivificar (dar vida). Y así se creó, para expresar el sentido de la mujer respecto del hombre, un pasaje que hablaba de la mujer como "costilla" del hombre (2, 21) y de la mujer como aquella que da la vida (vivifica) en Génesis 3, 20.
• Eva sale del costado de Adán y Eva es carne de la carne de Adán (2, 23). San Pablo dirá después (Efesios 5, 29) que "el que ama a su mujer, a sí mismo se ama, y nadie aborrece jamás a su propia carne, sino que la alienta y la cuida". (Recordar el mito que aparece en "El Banquete", de Platón, en boca de Aristófanes. El famoso mito del andrógino creado por Júpiter, partido por él en dos y cuyas dos mitades se buscan una a la otra para volver a ser uno).
• Si el hombre ha llegado a oprimir y rebajar a la mujer no es precisamente porque haya algo en su naturaleza que lo amerite, sino que tal opresión es un fruto del pecado (Génesis 3, 16).
• De ese trozo se podría también concluir algo más: el hombre ha sido creado fuera del paraíso, la mujer dentro. ¿Es ella parte del paraíso para Adán? ¿Implica este versículo que la mujer es mejor que el hombre? Lo cierto es que la mujer es colocada, por este trozo, como el culmen de la creación. La creación no está completa, aun habiendo sido ya creado el hombre, sino hasta que aparece la mujer. La mujer es "el broche de oro" de la creación.

- Las mismas manos que crean al hombre crean a la mujer­;y para que nadie pueda decir que la mujer es creada por el mismo Dios, pero de una materia inferior, Dios saca a la mujer de un costado del hombre. Si nos ponemos muy necios­: el hombre ha sido hecho de tierra y la mujer ha sido hecha de hombre, ¿cuál de los dos ha sido hecho de peor materia­?


2, 23: "El hombre dijo: Esta sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne. Su nombre será "hembra" porque ha salido del hombre".
La expresión "hueso de mis huesos", "carne de mi carne" es (como "cantar de los cantares" y "Santo de los santos") un superlativo hebreo para decir: a) pariente cercanísimo mío, mi consaguíneo muy cercano; b) algo propiísimo mío; c) algo igualito a mí; d) exactamente lo que hace falta. Aparece con ese sentido en versículos como Génesis 29, 14; Jueces 9, 2; 2 Samuel 5, 1; 1 Crónicas 11, 1.
• La mujer es un encontrarse del varón fuera de sí. En el momento en que aparece la mujer ante el hombre, éste toma conciencia de su ser de varón. En esta primera confrontación con la mujer, el hombre se reconoce como algo diferente de ella, que por lo demás le es tan semejante.

La mujer, viene a decir el relato, es un sueño del varón, sale de un sueño de todo varón.


2, 24: "Por eso un hombre abandona a su padre y a su madre, se junta a su mujer, y se hacen una sola carne".
Si algo quiere decir este versículo es que los lazos conyugales son más fuertes que los lazos filiales, y deben ser más fuertes que esos lazos . El impulso sexual es más fuerte que todo otro lazo de unión.

Hombre y mujer eran originalmente uno, según este relato; por eso buscan de nuevo convertirse en uno. Ante la diferencia de la naturaleza de la mujer, el hombre sólo puede sacar la conclusión de que ella está llamada a una misión distinta de la suya, pero la misión de los dos es plenamente humana, porque los dos eran uno "en el principio" y están destinados a volver a "unirse".


• ¡Qué fácil resulta a Adán decirle a Eva todo eso la primera vez que la ve­!. ¿Se lo habría dicho, igualmente, después de 25 años de casados? ¿No habría tenido tal declaración mucho más mérito y sentido entonces?
2, 25: "Los dos estaban desnudos, el hombre y su mujer, pero no sentían verguenza uno de otro".
Antes del pecado no tenían de qué avergonzarse aun cuando estuvieran desnudos. Después del pecado (Génesis 3, 10) Adán dirá que tiene verguenza de presentarse ante Dios desnudo. ¿Debemos avergonzarnos de andar desnudos o del pecado? Recordemos, además, que la desnudez no tenía entre los judíos la connotación “sexual-genital” que tiene entre nosotros, sobre todo desde la época victoriana­;entre los judíos la desnudez era el signo de la extrema pobreza­;los esclavos andaban desnudos. Lo que el relato quiere decir es, pues, que Adán y Eva pretendieron ser como Dios y, oh ironía, quedaron reducidos a la extrema pobreza de un esclavo.
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