Alturas de maccu picchu: VI



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ALTURAS DE MACCU PICCHU: VI

Entonces en la escala

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Entonces en la escala de la tierra he subido

entre la atroz maraña de las selvas perdidas

hasta tí, Macchu Picchu.

Alta ciudad de piedras escalares,

por fin moradad del que lo terrestre

no escondió en las dormidas vestiduras.

En ti, como dos líneas paralelas,

la cuna del relámpago y del hombre

se mecían en un viento de espinas.

Madre de piedra, espuma de los cóndores.

Alto arrecife de la aurora humana.

Pala perdida en la primera arena.

Ésta fui la morada, éste es el sitio:

aquí los anchos granos del maíz ascendieron

y bajaron de neuvo como granizo rojo.

Aquí la hebra dorada salió de la vicuña

a vestir los amores, lost túmulos, las madres,

el rey, las oraciones, los guerreros.

Aquí los pies del hombre descansaron de noche

junto a los pies del águila, en las altas guaridas

carniceras, y en la aurora

pisaron con los pies del trueno la niebla enrarecida,

y tocaron las tierras y las piedras

hasta reconocerlas en la noche o la muerte.



Miro las vestiduras y las manos, 
el vestigio del agua en la oquedad sonora, 
la pared suavizada por el tacto de un rostro 
que miró con mis ojos las lámparas terrestres, 
que aceitó con mis manos las desaparecidas 
maderas: porque todo, ropaje, piel, vasijas, 
palabras, vino, panes, 
se fue, cayó a la tierra.

Y el aire entró con dedos 
de azahar sobre todos los dormidos:
mil años de aire, meses, semanas de aire, 
de viento azul, de cordillera férrea, 
que fueron como suaves huracanes de pasos 
lustrando el solitario recinto de la piedra.


HEIGHTS OF MACCHU PICCHU: VI

And then on the ladder

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And then on the ladder of the earth I climbed

through the atrocious thicket of the lost jungles

up to you, Macchu Picchu.

High city of scaled stones,

at last a dwelling where the terrestrial

did not hide in its sleeping clothes.

In you, like two parallel lines,

the cradle of the lightning-bolt and man

rocked together in a thorny wind.

Mother of stone, spume of the condors.

High reef of the human dawn.

Shovel lost in the first sand.

This was the dwelling, this is the place:

here the wide kernels of maize rose up

and fell again like red hail.

Here the gold thread was fleeced off the vincuña

to clothe the love affairs, the tombs, the mothers,

the king, the prayers, the warriors.

Here in the high carnivorous lairs the feet of man

rested at night next to the feet of the eagle,

and at dawn

tread with thunderous feet through the rarefied fog,

and touched the soil and the stones

until they could recognize them at night or in death.

I stare at the clothes and the hands,

the trace of water in the echoing hollow,

the wall worn smooth by the touch of a face

that with my eyes stared at the terrestrial lamps,

that with my hands oiled the vanished

timbers: because everything, clothing, skin, jars,

words, wine, bread,

was gone, fallen to the earth.

And the air came in with orange-blossom fingers

over all those asleep:

a thousand years of air, months, weeks of air,

of blue wind, or iron cordillera,

that were like soft hurricanes of footsteps

polishing the lonely boundary of the stone.



Translated by Mark Eisner. Original poem first published in 1950. From Canto General


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