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Corrupción: tumba de la democracia


El futuro de América pasa por cambiar la tolerancia hacia esta práctica

Antonio Navalón 26 OCT 2014 - 20:57 CET29

En el momento de depositar el voto en la urna para elegir a nuestros gobernantes, pesa mucho lo que sabemos pero debemos olvidar, es decir, que la condición humana es imperfecta y demasiadas veces corrupta. Por esa razón, la simulación y ciertas elecciones son hermanas de sangre.

La corrupción en Brasil ha gravitado durante estas elecciones presidenciales: el 3% de comisiones que la estatal Petrobras pagaba a los partidos aliados del gobernante Partido de los Trabajadores, que también se distribuían entre sus propias filas, o la desviación de los costes de la construcción del metro de São Paulo que mostraron cómo Aécio Neves también tenía un techo de cristal. Al fin y al cabo, pese a la atomización del Parlamento en Brasilia, la corrupción es el único elemento que une a todos los partidos políticos.

En el caso español, sorprende que la corrupción rampante no haya tenido repercusión electoral. Por eso, ejemplos como el de Valencia o el de Madrid, gobernados por el Partido Popular (PP) señalado por el llamado caso Gürtel, como antes ocurrió con el PSOE y el escándalo Filesa, pesan definitivamente sobre la identidad democrática. ¿Cómo esperan los Gobiernos que los pobres contribuyentes deseen cumplir con sus obligaciones fiscales cuando, por ejemplo, en España hay cerca de 1.700 causas judiciales abiertas con unos 500 imputados por corrupción? Parece que lo normal —al menos en los países que hablan español o portugués— es que los mandatarios usen el poder para robarnos a todos.



El futuro de América pasa por acabar con la tolerancia a los sobornos, lo que no depende de grandes leyes

La corrupción corroe todo el sistema político. Pero más allá de las declaraciones grandilocuentes, hay que saber que el mensalão brasileño, el Gürtel español o el enriquecimiento de los Kirchner en Argentina, unidos a los milagros de algunos de los exsecretarios mexicanos que, tras una vida de trabajo en la función pública, dejaron al morir una fortuna superior a los 3.000 millones de dólares, están creando un rechazo que no sólo afecta al mismo concepto de democracia, sino al de todo el sistema de partidos.

Pero si se quitan los signos externos, resulta difícil saber cómo las formaciones alternativas que están surgiendo en todas partes —cuyo único denominador es que no pertenecen a lo que Podemos en España denomina “la casta”—, pueden proteger a las sociedades frente a la mayor contradicción del mundo democrático.

Me explico. Según Churchill, y yo comparto su afirmación, la democracia es el menos malo de todos los sistemas conocidos, pero el problema es que se basa en y para los partidos políticos. ¿Cuándo estos fallan, también fracasa la democracia o sólo lo que la sostiene?

El PT brasileño ha sido —y previsiblemente lo será—, un jugador muy importante para Brasil. Gracias a él, un obrero metalúrgico consiguió de la nada vencer a la Historia y sentarse por primera vez en el Palacio de Planalto en Brasilia. En España resulta difícil encontrar un partido que no tenga varios imputados en sus filas. Naturalmente, quienes están en el poder suscitan más morbo, pero el problema de la corrupción en los países latinos es un mal endémico.

En el caso mexicano, el entonces candidato Enrique Peña Nieto prometió un cambio legal que permitiera combatir este fenómeno. A dos años de su llegada al poder (consumido el 33% de su mandato), aparte de hacer las reformas y de luchar contra la inseguridad heredada del calderonismo para la que no ha encontrado una solución propia, México aún espera encontrar un sistema anticorrupción que funcione. El consuelo de que se trata de un mal mundial, es solo eso: un consuelo.

Hace sólo dos años, el Latinobarómetro mostraba un bajo aprecio por los valores democráticos en el subcontinente. En ello, intervenían muchos factores: errores de los respectivos Gobiernos, la repercusión de la crisis internacional o la desigualdad social, pero había un factor que era y es general y que habla en portugués, español, incluso italiano, en toda América Latina y Europa: la corrupción.

El ejemplo de Mani pulite (Manos Limpias) en Italia, el mayor caso de corrupción colectiva que se recuerda desde la época de la ley seca de Al Capone, y que acabó paradójicamente dando el poder a Silvio Berlusconi, ha sido superado hace tiempo por Brasil, uno de los Estados más corruptos del mundo, según el Índice de Transparencia Internacional. Por su parte, Argentina vive en una permanente sospecha y España ostenta en este momento un récord de políticos procesados por corruptelas, prevaricaciones o especulación a cambio de favores económicos o políticos.

El futuro de esa América que acaba de votar en Brasil y que, dentro de poco, lo hará en otros países de la región, pasa por cambiar la tolerancia hacia la corrupción. Esa decisión no depende tanto de grandes estudios o leyes, sino de la creencia generalizada de que como ocurre con la lucha frente a la piratería, cada vez que se compra a un político y eso queda impune, estamos, sin saberlo, cavando la tumba de la democracia. Ya no son las venas abiertas de Latinoamérica, como quería Eduardo Galeano, ahora son lazos de sangre.



Venezuela en un viaje

(AGOSTO 2014)

La radiografía de la inmensidad de un país, que revela sus diversos problemas y confirma que no es el mejor destino

Es la historia de un venezolano común, y las dificultades que padeció, durante las pasadas vacaciones escolares.

La primera opción que se planteó, fue viajar al exterior. Sin importar el destino, no logró conseguir pasajes aéreos para las fechas que podía viajar y los pocos destinos encontrados, fuera de fecha, habían subido su precio a más del triple que el año anterior. Es la primera dificultad que se encontró, pues las líneas aéreas habían reducido su disponibilidad, lo que le obligó a considerar el turismo nacional.

Llegada la temporada vacacional, su primera parada fue en el centro-occidente, donde pasaría dos días. Al tratar de conseguir hospedaje en su hotel habitual, se encontró que no estaban trabajando porque en la zona tenían varios días sin agua. Sus tanques vacíos, esperaban por el camión cisterna.

Luego, sigue al norte, donde reservó en una posada toda la semana. Durante el viaje, el carro se tambalea por la vía en mal estado.

Ya en su destino y tratándose de un sitio muy cercano a la naturaleza, habían muchos mosquitos. Conseguir un repelente era obligatorio y fue imposible. En su estadía, le tocaron tres apagones, uno de ellos de más de 24 horas. Sin luz, el calor se sentía al máximo.

Llega el primer día de playa, alquila un toldo por Bs.100. Todo bien. Al día siguiente, vuelve al mismo sitio, el toldo subió a Bs.150 y discute con el señor que los alquilaba, por el alza del 50%, y éste le dice que si no va alquilar que se fuera a otro sitio. Decide irse más adelante, y lo atiende una señora muy amable que le alquila un toldo por Bs. 100, pero le hace una advertencia: “Debe irse antes de las 4 pm, porque hay mucha delincuencia”.

Otro día decide pasear por un centro comercial reconocido, y se encuentra con varios locales cerrados. Como era poca la mercancía que ver, comienza a contar los comercios que no estaban abiertos, llegando a los 62 y observando avisos que decían “cerrados por falta de inventario”.

Llegan las 5 pm, y de repente comercios que estaban abiertos comienzan a cerrar. Sus horarios cambiaron hace tiempo. El centro comercial se sentía inhóspito, sus grandes tiendas no tenían los productos que normalmente ofrecían.

Al continuar su paseo por la zona, la situación era la misma: Tiendas cerradas, otras con pocos productos y grandes colas en las entradas de supermercados.

Emprende el viaje de vuelta a casa. Al llegar, se percata que el carro tiene fallas en el tren delantero. No aguantó la dura prueba que representó transitar por las vías del país. Entra a su casa, donde se siente aliviado por haber terminado la travesía y expresa con ironía e indignación: ¡Qué vacaciones tan chéveres!


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