Análisis de Redes y estudio de las organizaciones. Un caso de estudio interorganizacional



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Análisis de Redes y estudio de las organizaciones. Un caso de estudio interorganizacional

Belzunegui, Ángel y Dueñas, David (Universitat Rovira i Virgili)
Resumen
El texto presenta dos partes relacionadas: en primer lugar, una propuesta de aplicación teórico-práctica del análisis de redes en el contexto organizativo y en segundo lugar, un análisis de caso de la red de asociaciones de vecinos de la ciudad de Tarragona (España). La propuesta teórica se orienta a analizar el potencial del análisis de redes sociales en relación con la comprensión del funcionamiento de organizaciones sociales. El análisis de redes plantea un modelo analítico mesosociológico en que se estudian las relaciones estructurales e interorganizacionales, de modo que a los atributos específicos de cada organización se añade su posición en la red de relaciones que configura o de la que participa, aportando información estructural que permite profundizar en la comprensión de las relaciones entre organizaciones. Para reforzar la explicación teórica, el texto incluye una aproximación práctica al análisis del caso de la red de asociaciones de vecinos de la ciudad de Tarragona, planteando como se entrelazan los elementos internos y relacionales de dichas organizaciones. En este caso concreto, la voluntad de incidencia política de las entidades vecinales las convierte en actores relevantes para la aplicación del análisis de redes, en tanto que el poder explicativo del nivel estructural añade una información determinante para comprender el modo en que dichas entidades funcionan como organizaciones, influyendo en sus actitudes, acciones y objetivos.


1. Introducción
El análisis de redes representa una propuesta teórico-metodológica que incorpora el análisis relacional y estructural a las tradicionales aproximaciones cuantitativas o cualitativas del objeto de estudio en diversas disciplinas como la sociología, la antropología, la psicología social, la economía o la epidemiología, por citar solo algunas de las disciplinas que aparecerán referenciadas en este artículo. Si asumimos que el ser humano es un animal social y que en los distintos procesos de creación y transformación de actores sociales que nos plantea la teoría sociológica su base de funcionamiento reviste en el contacto con otros individuos, el análisis sociológico de la realidad debe intentar incorporar, en la medida de lo posible, elementos que permitan aproximarse a la comprensión acerca de cómo se dan estas interacciones o qué elementos resultan de las mismas. En este texto abordamos la utilización de esta aproximación en el campo del análisis organizativo mediante la explicación de sus bases teóricas y un ejemplo práctico vinculado con una investigación acerca de la red de relaciones de las asociaciones vecinales de una ciudad mediana del estado español.
El objetivo de la aplicación del análisis de redes al estudio de las organizaciones es describir la estructura relacional de una determinada organización (o de un conjunto de organizaciones), esto es, de un determinado sistema social. En primer lugar es necesario identificar los actores y posteriormente conocer las relaciones que se establecen entre los mismos. El diagrama resultante de estas relaciones nos ofrece un conocimiento intuitivo de la forma y de la densidad de la red intraorganizacional o interorganizacional. La posición de los actores dentro de la red informa también de la segmentación de los “actores estructuralmente equivalentes”, hecho que denota la existencia de una jerarquía de posiciones dentro de la red. El análisis de redes o análisis estructural es un útil eficaz para abrir nuevas perspectivas en el análisis organizacional y su utilización puede ser aplicada tanto a escala interna a la propia organización (estudios intraorganizacionales) como a escala de las relaciones entre organizaciones (estudios interorganizacionales), y en ambos casos en problemáticas sustantivas muy diversificadas. Hay que tener en cuenta que, en la actualidad, el descubrimiento y la innovación son atributos de grupos, de organizaciones, antes que de individuos aislados. Tal y como afirma Uzzi (1996), los grandes avances derivan del trabajo dentro de los círculos cooperativos.
En este artículo nos centramos en la aplicación del análisis de redes a una red interorganizacional, la que conforman las entidades vecinales de una ciudad. Por tanto, nos atenemos a las restricciones y características propias del análisis interorganizacional, aunque a veces será necesario referirse a los rasgos específicos de las organizaciones que forman parte de la red y a las redes egocentradas de cada una de las entidades.
El universo de estudio ha incluido todas las entidades vecinales reconocidas por la autoridad municipal, un total de 43 entidades repartidas por el territorio. El volumen de entidades ha posibilitado el estudio de todas ellas, con lo cual en este caso la muestra coincide con el universo poblacional, hecho que hace innecesario realizar contrastes de hipótesis clásicos con carácter inferencial. En el apartado 3 presentamos algunos datos situacionales de las entidades objeto de estudio.
En términos comparativos la ciudad que observamos presenta un elevado número de entidades vecinales. Este hecho nos llevó a plantearnos la pregunta inicial de ¿cuáles son los motivos de esta proliferación de entidades vecinales? Al observar la mayor presencia de entidades vecinales, parecía sensato esperar que las entidades formaran redes y estructuras de relaciones claramente diferenciadas, motivo que explicaría dicha fragmentación. Sin embargo una primera aproximación al diagrama de las redes de las entidades nos obligó a plantearnos otra posible explicación: la diversidad de entidades vecinales es probable que no responda a diferencias en la estructura de las relaciones (o a la morfología de las redes estructurales), sino a otro tipo de factores como, por ejemplo, los de influencia política.
Bien al contrario, como exponemos en las conclusiones de este trabajo, las estructuras de las redes de las distintas entidades son muy similares. Esto nos llevó a considerar la oportunidad de realizar una lectura desde la teoría del isomorfismo institucional, esto es, analizar las entidades vecinales y sus estructuras de relaciones como resultado de procesos de homogeneización de dichas estructuras sujetas a presiones similares por efecto del ambiente institucional. Estos aspectos teóricos son abordados en el apartado segundo.
La metodología empleada para realizar este estudio fue la encuesta a través de cuestionario. Se realizaron entrevistas de aproximadamente dos horas de duración con un cuestionario semiabierto, en el que se recogió información de tres grandes ámbitos: 1) las características de la entidad, 2) las relaciones que mantiene la entidad y 3) la percepción o percepciones acerca de diversos temas como la vinculación y movilización social, las relaciones con las instituciones y las otras organizaciones de representación vecinal. Los datos extraídos fueron tratados con el programa estadístico SPSS, para los análisis multivariantes y con el programa GEPHI para el análisis de redes.

2. Redes, isomorfismo y diversidad organizacional
La aportación del análisis de redes a los sistemas intraorganizacionales ha arrojado luz sobre diversos aspectos como la diferente distribución de capital social entre los miembros de la organización (Agneessens y Wittek, 2012), las relaciones informales y el papel que juegan en la estructura formal (Barker, 1992; Brass, 1992; Lazega, 1992b), las formas de transmisión de la información y la filtración de la misma (Monge y Eisenberg, 1987), sobre el intercambio de recursos (Stevenson, 1990; Stevenson y Gilly, 1991), el análisis de las relaciones de padrinazgo para el reclutamiento de miembros de la organización (Burt y Ronchi, 1990; Weesie y Flap, 1990), los mecanismos relacionales de refuerzo de las desigualdades entre hombres y mujeres en la organización (Ibarra, 1992; 1993) o las relaciones de desigualdad o las desigualdades invisibles dentro de la organización (Kearns, Suri y Monfort, 2003), las desigualdades sociales y el impacto de las redes en los microcréditos (Christakis y Fowler, 2010), las respuestas de contagio en el mercado (Nelly y O’Grada, 2000), las resistencias al poder programado en las redes (Arquilla y Rondfeldt, 2001), o el comportamiento del voto en las elecciones (Beck, 2002), la respuesta en red de las organizaciones locales frente a las redes de corporaciones multinacionales (Juris, 2008), las estructuras de las redes en entornos educativos (Lubbers, 2003; Lubbers y Snijders, 2007), las relaciones y redes en las comunidades migratorias (Vermeij, Van Duijn, Baerveldt, 2008).
Otro ámbito explorado de forma diversificada en cuanto a la elección del objeto de estudio ha sido el referido al análisis de las relaciones interorganizativas y las estructuras económicas. En este ámbito se han estudiado el intercambio de capitales, de personal y de información entre organizaciones (Aldrich y Marsden, 1988), las relaciones entre intercambios, dependencia y poder, como en el caso de la importancia de los intercambios no económicos (Stokman, Ziegler y Scott, 1985), las redes de colaboración científica y la eficacia de dicha colaboración (Uzzi y Spiro, 2005), la influencia de las redes interorganizativas en la definición de las políticas públicas (Stokman y Van den Bos, 1992), la toma de decisiones a nivel internacional (Stokman y Van Oosten (1994), la supervivencia de las organizaciones en función de su posición en la estructura informal de relaciones en las redes de negocios (Burt y Talmud, 1993), el análisis de redes y el comportamiento estratégico así como la creación de alianzas estratégicas (Barley, Freeman y Hybels, 1992), las redes y la acción colectiva (Flores, Koster, Lindler y Molina, 2012).
Como hemos señalado en el apartado introductorio, utilizamos algunos aspectos de la nueva teoría institucionalista de DiMaggio y Powell (1991), en concreto lo referente al análisis del isomorfismo estructural, para llegar a poder explicar las semejanzas observadas en las estructuras de red de las entidades. El isomorfismo institucional se remite a los sistemas culturales compartidos (o contextuales) que empujan a procesos de homogeneización que puede originarse o bien a través de isomorfismo competitivo (adecuación de las organizaciones a los cambios del mercado a través de la competición), o bien de la competición por diferentes factores como la influencia política, la búsqueda de legitimación, las aspiraciones personales o de grupos reducidos, etc. En la literatura organizacional se contemplan dos formas de desarrollo de este segundo tipo de isomorfismo: la primera derivaría de la imposición de pautas de conducta, procedimientos y estructuras de las grandes organizaciones hacia la sociedad en general1; la segunda es la imposición de los mismos parámetros a sus colaboradores más cercanos (por ejemplo, en el caso de empresas proveedoras) (Meyer y Rowan, 1991). Sin embargo, desde nuestro punto de vista es necesario completar este panorama con un nuevo desarrollo, el que atañe a la influencia política y a la gestión y transferencia de recursos que realizan las instituciones (como por ejemplo, el ayuntamiento en una ciudad media). Instituciones como los ayuntamientos se convierten directamente en fuentes de financiación para las entidades que quedan sujetas a los procesos de influencia política y a una manera determinada de gestión y de trasvase de recursos. Este encadenamiento puede explicar, desde nuestro punto de vista, el proceso de isomorfismo y la tendencia a la replicación de estructuras y conductas. En cualquier caso, siempre estamos ante una respuesta de la estructura organizacional al ambiente institucional. Los efectos de la interacción de las entidades con el entorno hacen que los elementos de dichas organizaciones se estructuren de una manera determinada y que la forma de interacción acabe siendo, asimismo, muy similar.

A medida que se conforma un campo organizacional, las nuevas organizaciones suelen replicar las estructuras y las conductas de las ya existentes y exitosas. En concreto, en las entidades vecinales que analizamos se observan equivalentes patrones organizacionales que garantizan la legitimidad, haciendo que las organizaciones sean cada vez más homogéneas. Los procesos isomórficos aportan a las organizaciones reconocimiento ante el resto de organizaciones y ante las instituciones y reducción de la incertidumbre, al replicar estructuras y procedimientos que se esperan en el contexto de funcionamiento o de relaciones, en nuestro caso, entre la institución política y las propias entidades. En el caso de las entidades vecinales hay dos centros sobre los que pivota la reducción de incertidumbre de manera especial: a) la financiación y b) la influencia en las decisiones públicas. Estaríamos ante lo que Powell y DiMaggio (1991) denominan un “isomorfismo mimético”, esto es, una respuesta adaptativa de las organizaciones a través de la réplica de estructuras, de modelos de gestión, de uso de las tecnologías, de innovaciones, etc.

2. Redes sociales en las organizaciones y organizaciones en redes.
El análisis de redes utiliza como objeto analítico las redes sociales que se tejen alrededor de un individuo, grupo u organización a partir de sus relaciones, haciendo hincapié en su posición dentro del sistema y la estructura social (Giner, 2002). Una red social, siguiendo la definición clásica de Mitchell (1969), puede ser entendida como una serie de relaciones que se dan entre un conjunto de actores o nodos, con el añadido que las características que definen estos enlaces pueden ser utilizadas para interpretar el comportamiento social de dichos actores. En este sentido, el ARS plantea un giro en el análisis sociológico, centrándose en el poder de las relaciones (y sus ausencias) para aproximarse al conocimiento del individuo, a la vez que asumiendo la importancia de la interdependencia de los actores para la configuración de la vida social. El agrupamiento social y la transmisión de conducta son dos procesos que se retroalimentan en el seno de las redes sociales. En el caso de las redes sociales en las organizaciones, en su periferia pueden encontrarse individuos con débiles lazos y con menor propensión a imitar las conductas que predominan en la organización, pero también pueden ser individuos que conectan esta red con otras redes sirviendo de nexo (Belzunegui et al. 2011).
En esta misma línea, Molina (2001) plantea cinco razones por las que el conocimiento de la estructura social que subyace al individuo permite una mejor comprensión de la realidad social:
- Las estructuras sociales tienen un poder explicativo más importante que los atributos individuales de los miembros que forman el sistema. Las aproximaciones cualitativas y cuantitativas tradicionales ofrecen un abanico de datos de análisis relevantes para la comprensión del funcionamiento individual del actor social, así como para generar pautas de funcionamiento relativas a otros actores que comparten sus características, a partir de la generalización de los resultados. El ARS, por su parte, aporta un potencial análisis externo al funcionamiento individual, añadiendo a los datos anteriormente recientemente comentados, la información que se obtiene de la red que se configura alrededor de un actor social determinado, permitiendo incorporar variables explicativas relativas a la interacción entre actores a las explicaciones tradicionales,
- Las pautas de funcionamiento emergen en función de la localización en la estructura de relaciones. La comprensión del funcionamiento de una red es incompleta si uno no se plantea cómo funcionan las relaciones entre los nodos que la forman. Uno puede entender algunos elementos de funcionamiento de un nodo en particular (o de aquellos nodos o actores que comparten características) a partir de entender sus características internas, pero no puede plantear-se la comprensión general de la red, o, ni tan siquiera, la proyección de un nodo/actor sobre su red, sin disponer de información que transcienda lo individual. Así pues, muchos de los elementos que conducen a la comprensión del comportamiento de los nodos o actores no se hallan en los elementos individuales como en los colectivos.
- Las estructuras sociales determinan el funcionamiento de las relaciones. Las posiciones ocupadas en la red social acaban por permitir la creación y el mantenimiento de roles y posiciones de poder que, finalmente, acaban teniendo importancia en, por ejemplo, la creación de nuevas relaciones con unos actores y no con otros. De este modo, la comprensión del comportamiento del actor descansa en las relaciones que los distintos actores desarrollan.
- El mundo está formado por redes, no por grupos. La estructura social se configura a partir de la existencia de una red social que agrupa todo aquello que forma parte de la sociedad, creando agrupaciones o redes internas por motivo de intereses, poder, acceso a unos determinados recursos,… El funcionamiento de la sociedad en red permite, pues, a unos actores acceder, en función de sus características, a algunos grupos y colectivos, pero al no tratarse de grupos cerrados o estancos, niegan la posibilidad que se puedan atribuir unas características únicamente válidas para sus miembros, de modo que los motivos de su acceso deben ser hallados en el propio funcionamiento de la red social y no en el mismo grupo, añadiendo importancia a la existencia de vínculos o contactos con ciertos nodos o actores. En este sentido, avanzar en la comprensión de las estructuras de relaciones permite mejorar el conocimiento acerca de la sociedad misma.
- Los métodos relacionales complementan los análisis individuales. La aplicación del ARS permite analizar el funcionamiento conjunto de los nodos que forman una red, de modo que abre la puerta al análisis de una serie de elementos que resultarían inaccesibles a partir del análisis individual de los actores. Los datos obtenidos del ARS, pues, complementan la información disponible para cada actor y dotan de sentido al funcionamiento conjunto de la red y de las relaciones que en ella se tejen. Cabe mencionar, por otro lado, que la disposición de los actores en la red no es azarosa, sino que deriva de procesos vinculados a la centralidad de los sujetos en relación con los distintos campos sociales (económicos, políticos, culturales,…) en los que desarrollan sus actividades, así como de cada posición concreta y sus potencialidades. Una posición determinada en la red, pues, permite el acceso a unos recursos, informaciones y/o oportunidades, pero también genera unas constricciones o limitaciones para acceder a otros, dotando de sentido la idea de capital social planteada por Putnam (1995).
Así pues, el ARS plantea un modelo analítico que trabaja en el espacio mesosociológico, planteando enlaces entre las relaciones estructurales o macrosociales y los posicionamientos individuales o microsociales a partir de la relaciones que se desarrollan entre los individuos, y representando una posibilidad de resolución de la tradicional dualidad micro-macro de las ciencias sociales. Esta aproximación teórica rompe con la concepción reificada de estructura social, para dotarla de un poder analítico y explicativo que añade profundidad al análisis sociológico.
Las organizaciones, entendidas en sociología como efectos de la acción humana que estructuran, ordenan y distribuyen actividades en el tiempo y el espació y que, a la vez, disponen de un conjunto de normas en función de los fines a conseguir
(Brunet, Belzunegui y Pastor, 2012), aparecen como elementos susceptibles de ser analizados mediante el ARS. A nivel organizativo se plantean dos niveles de análisis diferenciados, igualmente orientados a la comprensión de la organización, en función de si consideramos al individuo como actor (procediendo a desarrollar el análisis de redes hacia dentro de la organización) o si consideramos la organización misma como actor (desarrollando el análisis de redes hacia fuera).

A nivel general, uno de los pilares sobre los que se desarrolla el ARS se centra en el análisis de los procesos comunicativos y del flujo de información. La lógica de funcionamiento de las redes sociales privilegia algunos nodos que se encuentran en posiciones importantes, bien sea porque disponen de muchos contactos o porque disponen de contactos relevantes. En este sentido, en el clásico artículo de Granovetter (1973) se plantea la idea que cuánto mayor es la relación existente entre dos o más nodos, más tienden éstos a parecerse entre sí, de modo que las relaciones fuertes sirven para homofilizar los actores de la red.
En el mismo artículo se recoge la teoría del balance cognitivo de Haider (1958) y Newcomb (1961), que explica la tendencia de los actores a tener buena relación con aquellos otros actores que tienen una fuerte relación con aquellos actores con los que uno tiene una buena relación, revistiendo de teoría sociológica la expresión “los amigos de mis amigos, son mis amigos”. Al respecto, Christakis y Fowler (2010: 178-179) añaden que “la velocidad con que se alcanza el consenso en los distintos grupos está en función de la estructura de la red. En las redes donde ciertas personas tenían más vecinos que otras, aquellos con más vecinos necesitan un mayor poder de convencimiento. Los investigadores llaman a esto «efecto del poder de la minoría». Unos pocos individuos situados en posiciones de influencia pueden salirse con la suya todas las veces que quieran. Por otra parte, un grupo así también puede facilitar la unidad global y evitar el resultado según el cual nadie gana nada. De manera que aunque las redes sociales pueden ayudarnos a hacer lo que no conseguiríamos solos, también pueden dar poder a personas que estén bien conectadas. Y como resultado, aquellos con mayor número de conexiones a menudo obtienen las mejores recompensas”.
El argumento de Granovetter en relación con la circulación de la comunicación y la información se centra en plantear la importancia de los vínculos débiles en las relaciones sociales, bajo la idea que las relaciones fuertes conducen a la homofília, de modo que son los enlaces débiles los que actúan como transmisores de nueva información. Por lo tanto, la lógica de funcionamiento de las redes sociales no premia al que más enlaces fuertes tiene sino a aquel que dispone de los enlaces débiles, y, por tanto, distintos, que son necesarios para ser un agente importante en la transmisión de información y comunicación y, por lo tanto ocupar un papel central en la red. En la misma línea, recientemente se ha incrementado el interés por los efectos negativos de las relaciones sociales (Labianca, 1998; Takács, 2008) planteando qué impactos tiene sobre el funcionamiento de una red social concreta la existencia de relaciones negativas entre los nodos que las forman, siguiendo la versión inversa de la teoría del balance cognitivo anteriormente comentada, “los enemigos de mis amigos, son mis enemigos”, sin restar valor a la importancia de los enlaces débiles, pero otorgándoles un papel de limitadores de la difusión de información o de generadores de conflictos. Castells (2009), se posiciona de modo parecido planteando que el poder es la capacidad relacional para imponer la voluntad de un actor sobre otro y que se ejerce a partir de dos mecanismos básicos, la capacidad de construir y transformar redes, a partir de los objetivos que se asignan en la red, y la capacidad para conectar diferentes redes y asegurar su cooperación.
Blasche et al. (2012) plantean una clasificación en relación con la aplicación del ARS para el estudio de las organizaciones que resulta muy clarificadora. En ella dividen las distintas experiencias de ARS en tres grupos en función de qué aspecto o elemento ocupa la centralidad de la red:

  • Redes de individuos: Aproximación más seguida en el análisis interno de organizaciones, señalando las redes de relaciones interindividuales por las que circula la información y la comunicación dentro de las organizaciones. Consiste en colocar a los individuos en los nodos, de modo que la existencia o ausencia de relación entre ellos de forma a la red y permita identificar qué individuos ocupan papeles más centrales o relevantes. Un ejemplo de esta aproximación lo podemos encontrar en el trabajo de Csaba & Pál (2010), dónde analizan los procesos de creación y transformación de las relaciones negativas a partir de las redes sociales individuales en el contexto educativo.

  • Redes de individuos t actores no-humanos: Aproximación consistente en incorporar agentes no-humanos a las redes de relación, facilitando el análisis externo a la organización. Aunque para la ejecución del ARS los actores humanos y no-humanos pueden ser tratados del mismo modo, en tanto que agentes de la red, esta aproximación requiere de una mayor profundidad de análisis para la definición de los actores no-humanos. Una propuesta similar ha sido aplicada en la aproximación de Belzunegui et al. (2010) en analizar el tejido asociativo de la ciudad de Tarragona (España), tal y como será presentado posteriormente en este mismo documento.

  • Redes de conceptos: Esta aproximación coloca la comunicación en el centro del análisis, posicionando los conceptos en los nodos de la red y convirtiendo los enlaces en individuos, que, mediante su uso o conocimiento de los conceptos, quedan enlazados con ellos. Las redes de conceptos resultan particularmente útiles para trabajar ámbitos relacionados con la comunicación intraorganizativa y la construcción del sentido, tal como sugieren los resultados de Oliver y Montgomery (2005) acerca de la creación de los límites de una profesión.


El análisis de redes aplicado al estudio de las organizaciones se ocupa también de cómo se produce y reproduce el haz de relaciones entre sus miembros y qué grado de interdependencia podemos encontrar. En principio una hipótesis lógica que nos podemos plantear sería que a mayor densidad en la red, mayor grado de interdependencia habrá entre sus miembros. Sin embargo esta densidad puede obedecer también a procesos de densificación heterodeterminados y en este caso las interdependencias pueden ser exclusivamente formales y no denotarían una situación real de trabajo en múltiples direcciones. Los actores no contribuirían apenas a construir la estructura sino que la estructura les vendría dada.
El análisis de redes para el estudio de las organizaciones se centra en tres procedimientos: 1) La reconstrucción de la morfología de la red (o sistema) por medio de la descripción de las relaciones entre los actores. Esta mirada de la organización no elimina el nivel individual sino que al contrario permite un feedback entre el nivel individual y el nivel estructural. 2) El análisis del posicionamiento de los actores dentro de la estructura. Este análisis tiene una doble dimensión: a) una dimensión cualitativa que describe la centralidad o no del actor dentro de la estructura a través de información añadida que se haya obtenido, y b) una dimensión cuantitativa que cuantifica a través de medidas individuales la centralidad, la marginalidad, la densidad y la relacionalidad de los actores dentro de la estructura. 3) El análisis de la estructura de relaciones entre los actores y la simulación de otras posibles estructuras en ausencia de la mediación de determinados actores.
De este tercer procedimiento se deduce que una proporción considerable de actores no tienen un perfil relacional único, sino que es variable como consecuencia de los cambios en el entorno de la estructura y los cambios en el interior de la misma. De aquí el principio fundamental en el análisis de redes de que el dinamismo de las redes y de las estructuras que conforman, muestra el propio dinamismo de la acción social.
Una de las nociones importantes para la aplicación del análisis de redes al ámbito organizacional es el concepto de rol. A parte de la acepción clásica del término como “posición” dentro de la red, es de interés destacar el concepto rol como expresión del resultado de la participación de los individuos en distintas redes (Lazega, 1994). A propósito de esta acepción, Christakis y Fowler (2010: 169-171) aseguran que las conexiones entre los roles “actúan como puentes entre un grupo y otro y por tanto tienen un papel decisivo. Los lazos fuertes pueden unir a individuos dentro de los grupos, pero los débiles unen a los grupos con el resto de la sociedad y son determinantes para la difusión de la información de los beneficios (…). Una de las implicaciones de esto es que a las personas que tienen numerosos vínculos débiles se les pide consejo a menudo y se les ofrece oportunidades a cambio de información o acceso. En otras palabras, las personas que actúan de puentes entre grupos pueden terminar siendo centrales para el funcionamiento general de la red y por tanto tienen más posibilidades de verse recompensadas económicamente y de otras maneras”. Este hecho podría sugerir que, en el análisis interorganizacional, el aumento de los vínculos entre las organizaciones les ayudaría a sincronizar sus conductas, hecho que encajaría, al menos desde una posible interpretación, con el isomorfismo estructural de DiMaggio y Powell (1983).
El análisis de redes propone medidas del poder como resultado de la posición de los individuos en el sistema de relaciones. Por consiguiente, el poder no es una propiedad individual sino una propiedad del sistema relacional donde el actor ocupa una determinada centralidad o bien un lugar periférico, y de donde se puede deducir también su grado de autonomía o de dependencia. Así entendido, el poder es una ventaja estructural que se hace valer como fuente de reparto de recursos y oportunidades. La posición de un nodo también es indicativa de la cantidad de incertidumbre que un determinado actor puede llegar a controlar. Para Lazega (1994) la cuestión sustantiva consiste sobre todo en conocer cómo y en qué medida los actores centrales tienen la capacidad de convertir su centralidad en poder. Sin embargo, a nuestro entender no solo es ésta la cuestión primordial, sino que forma parte de un conjunto de cuestiones sustantivas ante las que se encuentran la propia forma estructural, la cadena de relaciones y el flujo de información, la conducta colectiva o el compromiso social de la organización. En este último sentido, podemos establecer la hipótesis de que a mayor interconexión de la red con otras redes externas (a la organización interna), mayor probabilidad de que la organización se comprometa responsablemente con la sociedad. Las redes muy endogámicas y/o cerradas al exterior suelen tener patrones de funcionamiento ajenos a la realidad que les envuelve.
Por otra parte, diferencias pequeñas en los patrones de conexión generales dentro de una red pueden influir mucho en el rendimiento del grupo, de tal manera que puede ser útil crear vínculos explícitos dentro de las redes.
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