ANÁlisis histórico del modelo de crecimiento hacia afuera: neoliberalismo, de los ‘80s a la actualidad, según josé valenzuela feijóO



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  1. ANÁLISIS HISTÓRICO DEL MODELO DE CRECIMIENTO HACIA AFUERA: NEOLIBERALISMO, DE LOS ‘80S A LA ACTUALIDAD, SEGÚN JOSÉ VALENZUELA FEIJÓO.

PRIMERA PARTE. EL PAQUETE NEOLIBERAL. DIMENSIONES BÁSICAS.
En América Latina, por lo menos en los países de mayor nivel de desarrollo relativo, ya hacia finales de los 60 se comienza a observar la crisis del patrón de acumulación tradicional vigente en la posguerra, el que la CEPAL denominara de “desarrollo hacia adentro basado en la industrialización sustitutiva de importaciones”. Las contradicciones internas de dicho estilo dan lugar a la emergencia de lo que hemos denominado patrón de acumulación “secundario-exportador” 1.

La transición y los rasgos centrales del nuevo modelo no tienen nada de casual. Responden a una necesidad interna y podríamos hablar de “coerción estructural” del cambio. Es decir, son las contradicciones del patrón antiguo las que condicionan los rasgos del nuevo, cuya misión o necesidad histórica no puede sino radicar en la superación de tales contradicciones.

Los rasgos que juegan como premisas del nuevo patrón son la mayor tasa de plusvalía, el mayor grado de monopolio y el autoritarismo político.

2.1.2.1. Liberalismo económico, apariencias y realidades.


Si la ideología fondomonetarista se consolida como principio rector de largo plazo la economía experimenta un cambio estructural, aunque de signo contrario a los que usual y explícitamente se han definido –en la tradición latinoamericana- como reordenamientos estructurales. El modelo social implícito es diferente, y los intereses sociales a los cuales responde lo son también.

Es decir la ideología del FMI recubre un proyecto político específico y busca un reordenamiento económico estructural acorde con tal proyecto y los intereses que lo sustentan. Es en este contexto que debe evaluarse la eventual funcionalidad o racionalidad social de la ideología FMI.

La ideología del FMI se asienta en principios walresianos tales como que: a) la economía capitalista tiende espontáneamente a una situación de equilibrio estable; b) tal equilibrio se corresponde con una plena utilización de los recursos productivos; c) la asignación de los recursos es óptima y da lugar a la maximización del dividendo social. Tales principios no han resistido la prueba de la contrastación empírica. Si se insiste en ellos no es por consideraciones científicas sino por afanes político-doctrinarios.

Los principios antes mencionados se traducen en la propuesta de liberación económica. Es decir, la asignación económica de los recursos debe ser la resultante de la operación espontánea de las fuerzas del mercado. En la tradición clásica esto se entiende en el sentido de aceptar a la ley del valor como mecanismo central de regulación económica. En el plano más abstracto, a este principio se opone el de la planificación.

Y como la operación espontánea del mercado estimula la diferenciación económica, el afán de liberalización no puede sino contribuir al proceso de oligopolización.

La presencia por el intervencionismo oligopólico respecto al estatal es reveladora del partidismo militante y de los escasos afanes democráticos del monetarismo.

El intento de aplicar coherentemente la doctrina neoliberal ha conducido a “olvidar” el consenso, y a instalar regímenes autoritarios; donde el estado funciona como aparato organizado de represión.

Puesta la doctrina en el espacio económico internacional, opera a favor de los grandes conglomerados transnacionales. Con ello se intentan crear las condiciones para un nuevo sistema de división internacional del trabajo, regulado por las grandes corporaciones, adecuado a las condiciones actuales, y funcional al proyecto de hegemonía estadounidense global. En estos afanes, agencias como el FMI y otras similares –consideradas como una especie de “segundo brazo” de la política exterior estadounidense- juegan un papel fundamental. Es decir el “paquete neoliberal” impulsado por el FMI esta asociado al plano de recuperación hegemónica y de reestructuración global impulsado por los sectores dominantes de Estados Unidos.

La concreción de tal proyecto en tal o cual país de la región no depende en exclusivo de los afanes estadounidenses. Estos necesitan una base de apoyo interno, y, por ende, de clases o fracciones de clases cuyos intereses sean convergentes con los de la potencia imperial.

2.1.2.2. Sobre el estado y su papel económico subsidiario.


Se postula una reducción drástica del Estado: i) reducir el gasto público como por ciento del PIB; ii) finanzas públicas equilibradas; y iii) reducir el peso de las empresas públicas productivas.

Kalecki aduce que el Estado como productor de empleo no debe de buscar el pleno empleo; ya que el desempleo constituye una parte integral del sistema capitalista normal, debido a que disciplina en las fábricas (con el uso del despido) y da estabilidad política. Así mismo dice que el gasto público para crear empleo debe de ser considerado como peligroso, de lo contrario el “estado de confianza” en el cual debe de basarse la inversión privada para generar empleo, se deteriora.

Pensando en América Latina Prebish apunta: “los economistas neoclásicos que profesan la fe monetarista aconsejan persistir en la política restrictiva hasta que la fuerza de trabajo se resigne a aceptar la reducción de sus remuneraciones reales, no insistiendo en resarcirse en todo o en parte del alza de precios. Es posible que el riesgo de que se extienda el desempleo a quienes están todavía ocupados termine convirtiéndose en un factor de flexibilidad en las negociaciones de salarios”2 .

En otras palabras la propuesta de liberación económica encubre la necesidad de restaurar las funciones clásicas del ejército de reserva industrial. En la posguerra tales funciones se debilitaron y fueron en parte remplazadas o complementadas por cierta inflación gradual. Pero ya a fines de los 60, el mecanismo comienza a mostrarse disfuncional. En uno y otro polo (en los países centrales y en la periferia latinoamericana) se agotan los respectivos patrones de acumulación de la posguerra y las necesidades del reordenamiento estructural ponen a la orden del día una drástica astringencia salarial. De aquí el rebrotar monetarista, el cual opera como una racionalización pseudocientífica bastante adecuada a tales propósitos. Para el caso que nos preocupa se trata de un prerrequisito imprescindible para la consolidación del patrón secundario-exportador. Si tal tónica se preserva a largo plazo, el modelo secundario-exportador se “ladea” hacia la variante neoliberal. Es decir, como efectos probables y de largo plazo tendríamos mayor inestabilidad, más subutilización de recursos y menor crecimiento.

La política estatal nunca es neutral, y ello se puede entender en un doble sentido: a) el impacto diferencial que tienen estas políticas en las diferentes clases y capas sociales; b) la modificación que provocan en el comportamiento del sector privado. En tanto la naturaleza del sistema económico y del estado se corresponda, la modificación es relativa y no puede afectar la lógica más esencial del sistema, la de la valorización de los capitales.

La crisis tiene como origen fundamental una tasa de plusvalía insuficiente. Por lo mismo, la emergencia de un nuevo auge largo presupone la recomposición de la tasa de plusvalía.

Antes de la posguerra, el problema era el de una tasa de plusvalía excesivamente alta aunada a gastos sobre el excedente insuficientes, con los consiguientes problemas de realización. En tales circunstancias, el ideario Roosevelt-Keynes era obviamente funcional y posibilitó un reajuste estructural con un contenido relativamente democrático y que consideraba, en algún grado, los intereses del sector asalariado. No se trataba de elevar la tasa de plusvalía tanto como de impulsar los gastos capaces de absorber (realizar) el excedente. En la actualidad el problema es diferente: hay que elevar la tasa de plusvalía y de aquí la dificultad para impulsar políticas progresistas-liberales y de constituir bloques socio-políticos del tipo de los frentes populares europeos o roosveltianos. Asimismo, esto explica el descrédito de las políticas keynesianas y el auge de las doctrinas monetaristas.

En los países latinoamericanos de mayor nivel de desarrollo relativo el problema es análogo más no idéntico. En tales países en la posguerra domina el patrón de acumulación que la CEPAL denomina “desarrollo hacia adentro basado en la industrialización sustitutiva de importaciones”. Hay dos factores claves en dicho estilo: i) la industrialización es parcial en el sentido de no cubrir el decisivo rubro de los bienes de capital; ii) se aboca casi exclusivamente a abastecer el mercado interno y revela una nula vocación exportadora (de productos industriales). Se provoca entonces una aguda desproporcionalidad centrada en la baja capacidad material de acumulación, lo que se manifiesta en el desequilibrio externo y el consiguiente estrangulamiento de la acumulación y del crecimiento. La crisis de base, por lo tanto, reside en una desproporcionalidad como la indicada y no en una tasa de plusvalía insuficiente. Ahora bien, la resolución de tal desproporcionalidad exige impulsar la sustitución de importaciones en máquinas y equipos e impulsar las exportaciones manufactureras. Esto, a su vez, exige reconversiones tecnológicas que al elevar la composición de valor del capital amenazarían con un desplome de la tasa de ganancia. Para evitarlo se necesita ajustar drásticamente hacia arriba la tasa de plusvalía. La secuencia causal es diferente pero similar a la vigente en las economías más desarrollada. Otras similitudes son: el contenido socialmente retrógrado de las políticas estatales y el auge del ideario monetarista.

Por lo menos en el caso latinoamericano, la pura elevación de la tasa de plusvalía no asegura la emergencia de un nuevo auge largo. Esta es una condición necesaria más no suficiente.

El FMI no hace de la prescindencia del Estado un fenómeno circunstancial sino que la predica para el largo plazo. O sea, se trata de un componente estructural del patrón de funcionamiento que impulsa. Esto conduce a la variante “neoliberal” del patrón secundario exportador.

Es decir, el paquete neoliberal funciona como una racionalización ad-hoc, adecuada a las tareas de reconstrucción y de emergencias de un nuevo patrón de acumulación. Basado en una mayor tasa de plusvalía y los mecanismos que se privilegian son la ampliación del ejército de reserva industrial y la coacción extraeconómica.

2.1.2.3. La liberalización y su impacto en los agentes de crecimiento y el tipo de e especialización internacional.


El inversionista privado nacional funciona con un horizonte de planificación reducido, con escasa capacidad de innovación tecnológica, y su inversión responde a una demanda insatisfecha presente y no se adelanta a ella. Al revés de lo que sucede en un modelo de inversión schumpeteriano, dicho patrón de comportamiento no genera desequilibrios “virtuosos” sino más bien cuellos de botella paralizantes, los que provocan fuertes presiones inflacionarias, efectos negativos sobre la balanza de pagos, etc.

El enunciado de cualquier manual de macroeconomía dice que de los grandes componentes del gasto agregado se pueden considerar como autónomos a la inversión privada, al gasto público y a las exportaciones. En América Latina es muy escaso el componente autónomo de la inversión privada. Si el Estado se rige por la doctrina de “subsidiariedad” parece que como único componente autónomo significativo quedan las exportaciones. El esquema de liberalización termina por adjudicarle a un solo elemento del gasto global -las exportaciones- el rol de propulsor o agente autónomo de crecimiento. ¿Estamos entonces volviendo al modelo primario exportador y a la industrialización inducida y ramplona que le es propia?

Respecto a los países más industrializados el diferencial de productividades de América Latina es muy alto y sólo puede compensarse por la vía de salarios muy bajos o de recursos naturales excepcionales (renta diferencial). El problema que se encierra en tal situación radica en el tipo de especialización internacional al que puede conducir una visión estática y aperturista de la política económica: en las ramas económicas de mayor dinamismo, con más capacidad de arrastre y de irradiación tecnológica, la incidencia de tales factores (como la baratura de la fuerza de trabajo) tiende a diluirse cuando no a desaparecer del todo. Dicho de otro modo, si las tecnologías de producción son muy poco utilizadoras de mano de obra, los bajos salarios poco influirán en el abaratamiento de los costos de producción. Consecuentemente, si el país acepta el veredicto del actual sistema de precios “liberado”, se verá obligado a especializarse en ramas tradicionales, poco dinámicas y que en el polo desarrollado han sido desechadas por la ola del progreso.

Por lo que el proceso de liberalización fondomonetarista genera un sesgo a favor de: a) un estilo de crecimiento centrado en la dinámica exportadora; b) exportaciones principalmente de tipo primario o semimanufacturero; y c) un creciente papel del capital extranjero.

El esquema de crecimiento implícito resulta bastante parecido a los que tipificaron al viejo modelo primario-exportador. El ideario neoliberal promueve una inserción en la economía mundial por la vía de los productos primarios. Esta canasta opera con una dinámica de crecimiento que se sitúa muy por debajo de los ritmos medios con que crece el comercio mundial. Además, como en el esquema son las exportaciones el único elemento propulsor de la economía, no cabe esperar –salvo coyunturas particulares- ritmos globales de crecimiento elevado y satisfactorio para los países subdesarrollados.

2.1.2.4. Salarios, distribución del ingreso y reproducción equilibrada. 


En el recetario FMI la liberación de precios es un objetivo central, excepto el de la fuerza de trabajo, que en ocasiones se congela de manera directa, legal y coactiva; en otras por la vía más indirecta de alterar la correlación de fuerzas disminuyendo el poder de regateo salarial.

En los países subdesarrollados la purga salarial exigida por el Fondo es conocida: los salarios reales pueden tener que caer y los beneficios reales elevarse con el fin de estimular mayores flujos de capital extranjeros y de inversión privada nacional.

La reducción salarial usualmente se mueve en un sentido que le permite recuperar al sistema capitalista sus valores de tendencia. El ajuste busca redefinir los patrones de tendencia de la distribución del ingreso. Es decir, se trata de redefinir el valor de la fuerza de trabajo (aumentar la tasa de plusvalía) y el mecanismo fundamental aplicado es el de una drástica reducción de los salarios reales. Esto se logra por las vías de coacción extraeconómica y económica (desocupación estructural). Dicho de otro modo la distribución del ingreso más regresiva constituye un componente estructural del nuevo patrón.

La distribución más regresiva viene a ser equivalente a un aumento de la tasa de plusvalía. Y si la masa de trabajo vivo productivo no desciende, la mayor tasa también debería de conducir a una mayor masa de plusvalía. A primera vista, parecería que el potencial de acumulación del sistema se elevaría. Es decir, la purga distributiva funcionaría como palanca de crecimiento. Tal es la apuesta neoclásica usual. Los problemas involucrados en dicha apuesta son variados.

Primero, el problema de la crisis de subconsumo que podría emerger: A) en un primer momento, la mayor regresividad eleva el excedente; b) para que éste sea vendido los gastos sobre el excedente deben subir en la medida adecuada; de lo contrario, surgirán problemas de realización, la tasa de ganancia efectiva caerá y con ello se verá arrastrado el nivel de actividad económica. Lo cual provoca un efecto recesivo, explicable por la tasa de plusvalía demasiado alta o por un crecimiento insuficiente de los gastos sobre el excedente.

La clave pasa a residir en la dinámica de los gastos sobre el excedente, en la elasticidad con que éstos responden a la mayor tasa de explotación. La inversión privada, el gasto público y las exportaciones explican mejor el problema.

La inversión privada extranjera opera como variable exógena y autónoma. Si el tamaño del país no es grande o sus recursos naturales atractivos, difícilmente funcionara con un alto dinamismo. Además si el país avanza a una apertura externa amplia e indiscriminada el capital extranjero preferirá aprovechar el mercado nacional por la vía comercial: exportando desde la matriz o filiales aledañas. Y opta por la inversión sólo si tal mecanismo peligra, como por la amenaza de un competidor o de medidas adoptadas para restringir dicho mercado a los productores nacionales; la mejor forma de evitar las barreras comerciales es estar dentro de ellas. De aquí la paradoja: los regímenes aparentemente más abiertos a la inversión extranjera, en muchas ocasiones la atraen en menor grado que los regímenes más cerrados o más restrictivos.

Entonces se da un sesgo a favor de las importaciones y en contra de la inversión extranjera directa. Y si esta arriba lo hará a partir de condiciones de costos muy favorables, usualmente ligados a la explotación de recursos naturales. Es decir, también se tiende a reproducir el patrón de inversión extranjera predominante en el esquema primario-exportador.

La inversión privada nacional opera como un gasto más bien inducido, que responde a una demanda previa existente en vez de adelantarse a ella, y por lo mismo creándola de hecho. Es decir, el componente autónomo de la inversión privada nacional es relativamente menor, debido al monto más elevado de la inversión mínima, el periodo de maduración más largo, etc. Por lo mismo, la restricción salarial y el menor gasto público la deben desestimular.

Los flujos del comercio mundial muestran un comportamiento muy dispar para las manufacturas y los productos primarios. De aquí que una inserción dinámica en tales flujos exige industrializar las exportaciones. Pero este proceso se dificulta porque uno de los rasgos decisivos del modelo neoliberal radica en su notorio sesgo en contra de los procesos de sustitución de importaciones, especialmente a nivel de las ramas industriales más pesadas.

Con las políticas del FMI el gasto público como factor de absorción del excedente no juega un papel determinante.

Lo dicho indica que la acumulación productiva no es el único gasto sobre el excedente. Hay otros, como el consumo capitalista y otros gastos improductivos, que también funcionan como factores de absorción-realización. Y estos dos últimos han actuado como factores de estabilización, desde el ángulo de los problemas de realización. En este contexto se puede ensayar una hipótesis un poco heterodoxa: son las dificultades y obstáculos que enfrenta la acumulación productiva los que provocan la estampida del consumo suntuario y de otros gastos improductivos, y no al revés. Es decir, al contrario de lo que postula la ortodoxia usual, el alto nivel del consumo y de otros gastos improductivos, funcionarían como un mecanismo de ajuste (estabilizador) ante la caída de inversión.

Con el modelo neoliberal se tiene entonces: i) fuerte elevación del potencial de reproducción ampliada (excedente sobre producto); ii) decrecimiento del coeficiente de inversión (inversión sobre excedente); iii) la posible crisis de realización se suaviza o elimina elevando el coeficiente de gastos improductivos (gastos improductivos sobre excedente); iv) tal mecanismo evita un colapso o derrumbe, pero a costa de congelar el crecimiento económico. En suma, mucho excedente, escasa acumulación, bajo crecimiento y gran despilfarro. Este es el contenido parasitario del esquema neoliberal.

2.1.2.5. Liberalización y apertura financiera.



  1. Los propósitos y los resultados.

El aperturismo y el liberalismo financiero constituyen uno de los ingredientes sustantivos del paquete neoliberal.

Los objetivos de la eliminación de la denominada “represión financiera”, se pueden sintetizar en dos aspectos básicos: a) elevar los niveles de ahorro nacional, en especial del privado; b) mejorar la eficiencia con que se utilizan tales ahorros en el proceso de inversión. De acuerdo a esto, la tasa de interés libre remunera adecuadamente los ahorros, por lo que estos tienden a aumentar, posibilitando un crecimiento del crédito mayor con el desarrollo de la producción consiguiente. Una tasa de interés adecuada incentiva, también, el ahorro externo que es fundamental para un crecimiento más rápido. Además de que mejora la calidad de la inversión. En suma, un buen mercado de capitales permite un crecimiento más rápido al mejorar la productividad y aumentar la oferta de ahorro.

Pero en la realidad con tales medidas, el ahorro privado neto no solamente no es estimulado sino que llega a ser ampliamente negativo; se genera una tendencia al estancamiento de la inversión y del ingreso; y se estimula el crecimiento del consumo suntuario. En suma: despilfarro del excedente, y a la vez estancamiento.


  1. Inflación y estancamiento.

El paquete neoliberal llega y asume relevancia en un contexto económico muy crítico: desequilibrio externo, presiones inflacionarias, etc. En este marco se sustenta un mejoramiento mixto del balance de pagos, a través de la reducción de las importaciones. Pero la reducción de las importaciones resulta más de la reducción de la actividad económica que de algún cambio en los precios relativos.

En la fase recesiva las condiciones de la demanda resultan desfavorables por definición. Las ventas se reducen y de acuerdo a una óptica convencional, los precios deberían caer y también las ganancias. En la terminología de Marx, la situación daría lugar a una menor velocidad de rotación del capital y a un margen más reducido; por lo tanto debería de caer la tasa de ganancia. No obstante en condiciones de predominio de estructuras oligopólicas la situación se altera. Los núcleos oligopólicos -por las mismas posibilidades que engendra su posición estructural- tratan de preservar sus ganancias elevando el margen y los precios: es decir, se tiende a generar una situación que combina inflación y estancamiento (estanflación).



  1. Oligopolio, centralización y precios.

La elevación de precios que puede exigir el intento de preservar la tasa de ganancia puede resultar considerable. E incluso imposible.

Cuanto más aumente la centralización –en un contexto recesivo y oligopólico- mayor será la estabilidad de los precios. Los precios preservan la rentabilidad de la empresa líder a costa de la expulsión de las firmas más atrasadas. A su vez esto genera un problema ocupacional: las empresas más atrasadas y abocadas a la quiebra dado su menor nivel de productividad son más absorbedoras de mano de obra por unidad de producto. Esta menor ocupación en un contexto recesivo, que de por sí inclina a limitarla, puede a su vez disminuir el poder de regateo salarial y precipitar una reducción de los salarios reales. Y ello por su lado, atemperar las presiones inflacionarias.

El impacto inflacionario de las estructuras oligopólicas se puede suavizar con cargo a dos mecanismos fundamentales: a) una mayor centralización de capitales; y b) la consabida vía de las reducciones salariales, en este caso funcionando a través de la palanca neoclásica usual de ampliaciones del ejército de reserva industrial.

En cuanto a las connotaciones socio-políticas: asalariados, capitalistas pequeños y medianos, y pequeños productores independientes, pagan las consecuencias.



  1. Papel de la competencia externa.

El impacto de la mayor competencia externa en precios y márgenes es diferenciado. Afecta más al sector de bienes transables. Esto a su vez provoca dos efectos gruesos a recalcar: i) de destrucción de buena parte del parque industrial; ii) de reasignación de los recursos a favor del sector de no transables.

La competencia obliga a dinamizar la productividad (lo que a su vez puede disminuir las presiones inflacionarias) pero no todos lo pueden hacer. El resultado global se asemeja no tanto a una reconversión industrial (válida para los sobrevivientes), sino a un proceso de destrucción o desmantelamiento industrial.

Se da una tendencia irónica en la estrategia aperturista del neoliberalismo, debido a que aumenta el peso relativo de los sectores económicos relativamente ajenos al sector externo.

En el sector de no transables se concentran el grueso de las actividades improductivas. A nivel de cuentas nacionales las ramas que integran el sector de no transables son: electricidad, gas y agua; construcción; transportes y comunicaciones; comercio; sector financiero; propiedad de vivienda; educación; salud; otros servicios; y administración pública.

Las actividades improductivas no contribuyen a la generación del producto y del excedente. De hecho, viven del excedente y constituyen una de las formas posibles de su utilización. En este caso al revés de lo que sucede con la acumulación productiva, el excedente no es “reciclado” sino que es “desviado” del ciclo productivo; utilizado en actividades diferentes a las de producción. El impacto que esto tiene en el crecimiento es obviamente negativo.

En el contexto de una sociedad capitalista, no es posible eliminar todos los gastos improductivos. Entonces el problema es: cómo minimizar al máximo la utilización improductiva del excedente, y como maximizar la acumulación.

Buena parte de los alegatos de Smith y Ricardo giran en torno a esos problemas. En este sentido, el neoliberalismo contemporáneo tiene que ver muy poco con sus ilustres antecesores y más bien se sitúa en sus antípodas: al revés de aquellos, desestimula la acumulación y fomenta los gastos improductivos.


  1. El papel de las expectativas.

Si las expectativas inflacionarias son superiores a las metas inflacionarias programadas o previstas por la autoridad pública (fenómeno bastante usual) el resultado más probable será la caída en los niveles de actividad económica.

El inadecuado crecimiento de la oferta monetaria, al menos en un corto o mediano plazo, no dará lugar a una menor tasa de inflación sino a una profundización de la recesión. Esta no responde a fenómenos monetarios aunque estos sí la agravan. Como surgen restricciones al financiamiento, el gasto cae arrastrando al empleo y a los niveles de producción del periodo siguiente. Entretanto, la oferta actual disponible no podrá vaciarse a los precios planeados por los empresarios.

Si las expectativas inflacionarias del sector empresarial superan a las oficiales, el precio de oferta global será incapaz de despejar el mercado, dado el gasto global efectivo.

La tasa de interés opera como factor de desencadenamiento y propagación de la inflación por el lado de las expectativas. Por lo que es un referente básico en la fijación de las expectativas. Otro referente es el tipo de cambio.

SEGUNDA PARTE.
2.1.2.6. Sobre la liberalización y la apertura financiera.


  1. La tasa de interés y sus determinantes internos.

En la fase de prosperidad, la producción y los precios tienden a elevarse; la demanda de dinero se eleva. En la fase recesiva se da el fenómeno inverso: si se produce una baja general de los precios de las mercancías, el dinero sobrante refluirá a los bancos en forma de aumento de los depósitos, la plétora de dinero inactivo hará bajar a un mínimo la tasa de interés.

En condiciones de predominio oligopólico, la situación se altera en virtud de la rigidez a la baja de los precios. En el caso que nos preocupa, los precios se elevan y en proporción bastante superior a aquella en que pudiera caer la producción. El sistema, entonces, puede pasar a operar en términos de reproducción simple o incluso regresiva (lo que nulifica el impacto del motivo financiamiento), pero igual crecerá la demanda de dinero en virtud de los precios incrementados.

La crisis no se elimina con una política de dinero “fácil” aunque tal política las podría suavizar. Es decir una política monetaria restrictiva agrava la crisis, y con una expansiva se impiden los efectos secundarios y superpuestos que engendra una política de astringencia monetaria y crediticia, más de esto no se deduce que la política monetaria elástica pueda eliminar la crisis.

En breve: A) en la fase de recesión oligopólica (estanflación) se expande la demanda de dinero en cuanto medio de compra. Es el crecimiento de los precios el factor clave. B) Las demoras, interrupciones o parálisis del curso de la reproducción (del proceso D-M-D’) dificultan la recuperación o reflujo monetario del capital avanzado y aumentan la demanda de capital-dinero. C) La mayor demanda de fondos prestables, en la recesión, no responde a la acumulación y reproducción dinámicas sino al revés, a su deterioro. De aquí el fenómeno de “contraer deudas para pagar deudas”. D) La contrastación del crédito comercial (letras) propia de la fase recesiva, presiona al crédito bancario, pero éste no puede ampliarse, ya que la reducción de los precios pone en duda la seguridad sobre la capacidad de pago de los capitalistas productivos. E) La conclusión sería: en épocas de crisis llega a su máximo la demanda de capital de préstamos, y por lo tanto el tipo de interés. Y es que son fuerzas condicionadas por el mismo curso de la reproducción las que tienden a elevar la tasa de interés.

Las políticas anticrisis keynesiana y monetarista: i) coinciden en la necesidad de componer la tasa de ganancia por la vía de la reducción del salario real, ii) para lo anterior los keynesianos se apoyan en la inflación; los monetaristas en la ampliación del ejercito industrial de reserva, por lo mismo este método es socialmente más conflictivo iii) el esquema keynesiano favorece al capital industrial, el monetarista al capital de préstamo o rentista, iv) el esquema monetarista profundiza la recesión; el keynesiano la suaviza.


  1. La tasa de interés y sus determinantes externos.

La recesión se da en un contexto de problemas de balance de pagos –de hecho, son estos problemas los que usualmente provocan u ocasionan un manejo contraccionista de la política económica- que el mismo proceso inflacionario no ayuda a atemperar. En el contexto de una política cambiaria flexible, el ritmo devaluatorio, aproximadamente equivalente a la diferencia entre la inflación interna y la externa resulta alto, y ello contribuye a elevar la tasa de interés interna (lo que a su vez realimenta las expectativas inflacionarias y da lugar a consolidar cierto “piso” o tasa inflacionaria inercial). Si la tasa de interés interna resulta superior a la externa más la devaluación esperada, convendrá endeudarse afuera e invertir financieramente en el país. Lo contrario sucederá con una tasa de interés menor a la externa más la tasa de devaluación esperada. Es decir los movimientos de capital a corto plazo (especulativo, hot-money) serán negativos. Las implicaciones son que los mejores talentos y energías se canalizan a juegos financieros especulativos en desmedro de las tareas de producción con el consiguiente impacto negativo en el crecimiento económico.

Por lo tanto en un régimen de apertura financiera externa, el cuidado del balance de pagos obliga a elevar drásticamente las tasas de interés.

En los últimos años los países industrializados han venido experimentando una recesión bastante larga amén de que en ellos se ha entronizado una política económica de tono conservador o monetarista.


  1. Circuitos financieros, confianza y fugas de capital.

El déficit financiero del sector público (DFSP) significa que los gastos totales del gobierno superan a sus ingresos. Si el monto del DFSP no coincide con el monto de plusvalor no realizado por los otros factores de absorción, se generan tendencias al estancamiento (si el DFSP es deficiente) o a los desbordes inflacionarios (si el DFSP es excesivo).

El propósito del pensamiento monetarista es ampliar el monto relativo al excedente, o sea elevar la tasa de plusvalía. La apuesta es que los gastos capitalistas que absorben son capaces de cumplir a cabalidad su misión. Estos gastos serían la inversión, el consumo capitalista y la exportación de capital (igual a la diferencia entre exportaciones e importaciones).

El keynesianismo, o más bien Keynes, no rechaza el primer aspecto (aunque no lo enfatiza tan crudamente como los neoclásicos) pero es tremendamente escéptico en relación al segundo.

El incremento del endeudamiento externo se explica por las fugas de capital. Es decir el gobierno se endeuda para financiar tales fugas. El proceso de endeudamiento no se explica solo a partir de tales fugas. Pero estas pueden llegar a jugar un papel importante. Las fugas al sustraer fondos prestables del mercado nacional, contribuyen a elevar las tasas de interés.

En el esquema FMI, “neoliberal” o “monetarista”, se encuentra una orientación no solamente que aplasta los intereses del grueso de los sectores asalariados y populares. También arrasa con buena parte de los intereses de la burguesía autóctona. De ésta, sólo se salvan aquellos escasos segmentos con posibles ventajas exportadoras que pueden resistir o asociarse al capital extranjero. A corto y mediano plazo los beneficiarios son el capital dinero de préstamos autóctono y foráneo. Por lo que tales políticas no son sino la expresión –en el tercer mundo y en América Latina, en particular- de un proyecto más global y de dimensiones intersectoriales: el de reestructuración del capitalismo mundial que impulsa la potencia capitalista aún hegemónica: Estados Unidos.

2.1.2.7. La perversión neoliberal y su sustento político.



  1. Balance de rasgos.

El mercado no discrimina, es “objetivo” y aplica “idéntico” rasero a todos los que a él concurren. Dicho enunciado hace abstracción de las diferentes condiciones de producción con que funcionan las diversas empresas que a él concurren y las mide con el mismo rasero.

La igualdad (como en el derecho) al ser aplicada a entes desiguales, es por lo tanto aparente y solo lleva a profundizar las diferencias. Ya que las leyes del mercado operan de modo espontáneo, discrimina a favor de los más fuertes, en este caso el capital foráneo.

Además la apertura drástica (plazos cortos), o indiscriminada o no selectiva, provoca 1) desmantelamiento industrial, 2) crecimiento de las importaciones y muy pocas exportaciones, 3) un agudo déficit comercial externo y proclividad a la inversión extranjera directa, y 4) un sesgo a favor de una canasta de exportaciones con un alto contenido primario o tradicional; y por lo mismo de escaso potencial dinámico.

En cuanto a la capacidad de acumulación y crecimiento existen múltiples factores que contribuyen a generar una gran disparidad, entre capitales nacionales y extranjeros:



  1. Las diferentes tasas de ganancia. Usualmente las compañías extranjeras se sitúan en las ramas más oligopolizadas, y por eso tienden a obtener una tasa de ganancia superior a la media.

  2. El factor riesgo, provoca disparidades adicionales.

  3. El diferente tamaño de las plantas, medido por el total de activos.

  4. La empresa extranjera, a través de su matriz, tiene capacidad de control y de innovación tecnológica. En tanto la nacional suele ser muy débil. Las incertidumbres en torno al futuro se reparten de modo muy desigual, inhibiendo a las empresas nacionales.

  5. Unas y otras empresas funcionan con un horizonte temporal muy diferente. Para el caso de inversiones pesadas y de largo periodo de maduración, solo un horizonte largo –propio de las compañías extranjeras- puede descubrir su alta rentabilidad.

  6. Las posibilidades de acceso al crédito o financiamiento externo a la empresa, también son muy dispares. El “riesgo creciente” también juega por el lado de los prestamistas, y las compañías extranjeras son consideradas como mejores sujetos de crédito.

  7. El radio de ventas posibles de la empresa extranjera puede incluir más fácilmente a los mercados externos: su acceso a los canales de comercialización internacionales esta dado. La empresa nacional los debe de construir y desarrollar.

La acumulación es el proceso mediante el cual la plusvalía se transforma en capital. La producción capitalista, a su vez, es producción de plusvalía. Ambos procesos -producción y acumulación- están obviamente concatenados. Si la producción se realiza en gran escala y en los sectores más rentables (lo que supone capacidad de acumulación), la plusvalía producida y apropiada será alta. Lo que dará lugar a un potencial de acumulación más elevado y así sucesivamente. Es decir, el capital se reproducirá en forma ampliada y con altos ritmos. La mayor capacidad de acumulación la tendrá el capital extranjero si no se tiene un proyecto nacional.

En síntesis, las posibilidades e incentivos para la acumulación –entre capitales nacionales y extranjeros- se distribuyen en forma muy desigual.

Asimismo al modelo que propone el FMI le son inherentes algunas contradicciones: 1) combina una alta tasa de plusvalía con un bajo coeficiente de acumulación productiva. Por lo mismo, genera una tendencia casi permanente a las crisis de realización, las que se pretenden evitar elevando el coeficiente de gastos improductivos. 2) El afán por elevar la tasa de plusvalía combinando a la baja la tasa de acumulación, dificulta la operación del mecanismo de la plusvalía relativa y lleva a privilegiar los métodos más regresivos. Dicho de otro modo: el débil ritmo de la acumulación productiva debilita el crecimiento de la productividad del trabajo y la expansión de las fuerzas productivas. Por lo mismo, la expansión del excedente se debe apoyar en salarios reales que caen o crecen en ínfima proporción. 3) Debido a que el estilo neoliberal funciona como una muy eficaz palanca de bombeo de excedentes a favor de los grandes centros imperialistas, a Estados Unidos en especial, la debilidad productiva que ello provoca pone límites insalvables a la masa del excedente apropiable y transferible.

En conclusión: el esquema neoliberal llega a brutalidades políticas debido a su debilidad productiva; y por lo tanto dicho esquema opera con escasas posibilidades de consolidación relativa en el largo plazo.

En un contexto histórico se podría hablar de la impotencia histórica, siendo la resultante de su incapacidad productiva, y por lo mismo de generar procesos de desarrollo reales.


  1. Las bases de sustentación política.

Los sectores favorecidos por el modelo del FMI son:
i) las compañías que poseen inversiones directas en el país. Usualmente a éstas se les proporcionan mayores facilidades de operación, condiciones más ventajosas (tributarias, por ejemplo), libre remisión de utilidades, etcétera; ii) aquellas compañías que son capaces de aprovechar y explotar el mercado nacional por la vía de las importaciones que realiza el país. La mayor apertura externa y el significativo crecimiento de las importaciones que provoca el modelo pueden representar un mercado potencial –para tales empresas- de considerable magnitud; iii) dado que el modelo usualmente se apoya en un fuerte endeudamiento externo, también representa un pingüe negocio para el capital financiero internacional.

Además el esquema neoliberal tiende a reprimir el esfuerzo de industrialización en la región, evita la posible competencia de núcleos manufactureros latinoamericanos con algunos sectores estadounidenses. En este sentido, facilita los procesos de reconversión industrial en Estados Unidos, permitiendo un ajuste más gradual y moderado y da lugar a que los procesos de redespliegue industrial –entendiendo por éstos los procesos de transferencia de ciertas industrias o ramas desde los centros hacia la periferia- operen con cargo a una lógica que responda y respete en mayor grado los intereses de la economía estadounidense. Dicho de otro modo, los eventualmente nuevos patrones de división internacional del trabajo deberían emerger y consolidarse en función de las necesidades internas del desarrollo de la economía imperial. Serían la lógica del cambio estructural y de los ritmos y modos de acumulación en Estados Unidos los que dictarían los reajustes de la economía internacional y el papel que en ella deberían de jugar las economías periféricas. O sea, se acentúa el carácter pasivo y dependiente de nuestras economías, y se borra de cuajo todo posible proyecto de desarrollo nacional.

La ausencia de una vocación mínimamente nacionalista no borra la presencia de fuerzas sociales internas proclives e impulsoras del estilo neoliberal. Al margen de esta base de sustentación interna el esquema no podría funcionar.

¿Cuáles son los grupos o fracciones clasistas que por su posición objetiva pueden cumplir tal papel? Primero los grupos exportadores nacionales. Es decir, aquellos sectores capaces de orientar su expansión en función de los mercados externos. Estos sectores se ven favorecidos por una apertura externa indiscriminada: su nivel de ventas es independiente de la situación interna, y por el lado de las compras pueden abastecerse con bienes importados (bienes de capital, intermedios y de consumo personal) usualmente más baratos y de mejor calidad. Junto a los mencionados, podría existir una capa, probablemente delgada, de capitales localizados en el sector manufacturero y con una capacidad exportadora consolidada. Estos serían los beneficiarios de los procesos de redespliegue industrial y funcionan estrechamente asociados al capital extranjero.

De los capitales localizados en la esfera productiva sólo aquellos que cuentan con un poder competitivo externo ya consolidado son los que manifiestan una actitud favorable al modelo. Pero el grueso de los capitales industriales o productivos operan con intereses objetivos que no concuerdan con las metas programáticas del modelo neoliberal.

En el espacio de la circulación la situación es más favorable al modelo. El gran capital comercial, en especial el dedicado al negocio de las importaciones, constituye una de las fracciones burguesas más beneficiadas por el estilo. Y esto en grado tal, que es común observar que antiguos capitalistas industriales cambian el giro de sus actividades y se dedican a las operaciones propias del comercio exterior. La otra y muy decisiva fracción impulsora del modelo es la de los capitalistas dinerarios. Y son las condiciones estructurales del modelo las que llevan a privilegiar el espacio circulatorio.

Si se considera la inestabilidad del mercado de productos primarios, se verá claro que tales grupos en el esquema neoliberal operan con una base material muy frágil. Es decir, sus funciones de producción de plusvalía son estrechas, inestables y poseen un potencial dinámico o de reproducción ampliada a largo plazo que es menor o exiguo. Debilidad que no se resuelve con una mayor tasa de explotación.

El problema es que a nivel macroeconómico la plusvalía producida constituye el límite de la plusvalía apropiada, y si la primera es inestable o se reproduce a bajos ritmos, más tarde o temprano arrastra a la segunda. La contradicción de largo plazo es: la voracidad y dinamismo con que funciona el momento de apropiación de la plusvalía, para nada se condice con la forma en que funciona y se expande el momento de producción de plusvalía.

El esquema se trata de una lógica subsumida a la de los grandes conglomerados transnacionales, en donde la cabeza y hegemonía es la oligarquía financiera.

Los grandes excluidos del esquema son, por mencionar los más importantes, la burguesía industrial manufacturera y el proletariado industrial.



1 Se refiere al modelo, que dadas las contradicciones internas de acumulación del modelo de sustitución de importaciones, emerge para superar tales contradicciones. Cuya misión histórica es elevar el nivel de acumulación.

2 Raúl Prebish, ob. cit. P. 149.


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