Ante la Segunda Ronda Electoral Vladimir de la Cruz



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Ante la Segunda Ronda Electoral

 

Vladimir de la Cruz



 

El escenario de la final electoral del primer domingo de abril está formalmente establecido, dos partidos políticos, Restauración Nacional y Acción Ciudadana y dos candidatos, Fabricio Alvarado y Carlos Alvarado. Esto no va a cambiar. Entre ellos hay que decidir. Aquí no juega ya el 40% de los votos válidos para escoger. Gana el 1 de abril quien tenga más votos, que en cualquier caso siempre será la mitad más uno de los votantes. Este método hace funcional el sistema electoral existente, porque siempre producirá un ganador, un Presidente.  De aquí la mayor responsabilidad que tenemos todos los ciudadanos no solo de ejercer el derecho de voto sino el deber de hacerlo, con conciencia de la grave situación que en este sentido, y en esta ocasión, enfrenta el país.

Funciona, para este proceso electoral, igualmente que para la primera ronda que acaba de terminar, la regla de que si quedasen empatados, gana el de mayor edad, en este caso Gerardo Fabricio Alvarado Muñoz, 43 años, de Restauración Nacional y no Carlos Andrés Alvarado Quesada, 38 años, de Acción Ciudadana.

La experiencia de las segundas vueltas que hemos tenido en el país, en el 2002 y en el 2014 indican que hay menos votantes en la segunda vuelta que en la primera, lo que en este caso puede perjudicar más a Acción Ciudadana que a Restauración Nacional.

Así, en las elecciones del 2002 hubo, en febrero, una participación del 68% de los electores del padrón nacional, y un 32% de abstencionistas, y en la segunda vuelta, abril del 2002, hubo  60%  de votantes, con un 40% de abstencionistas. 

En las elecciones del 2014, donde volvió a darse la segunda vuelta, tuvimos en las elecciones de febrero un número de votantes del 69% del padrón nacional, con un abstencionismo del 31% y en la segunda vuelta el abstencionismo alcanzó el  43%.

En las elecciones actuales del 2018 participó un 65% del padrón nacional, con un 35% de abstencionismo, con lo cual si se mantiene el mismo patrón, el abstencionismo de la segunda ronda, abril del 2018, podría alcanzar a cifras superiores al 45%, además de que se inscribe esta segunda ronda en la Semana Santa, siendo el día de votación el último de la Semana Mayor, el Domingo de Resurrección, con el “sanguche” que provoca el Jueves y Viernes Santo, feriados por ley, anteriores a ese domingo, y la desmovilización general que la misma Semana Santa genera por el desplazamiento de miles de personas a disfrutar de esos días, como días no laborables, o días de vacaciones, según se tomen y se disfruten, siendo que quienes así los pueden disfrutar son las clases medias, medias bajas, medias medias y medias altas, y altas, sectores sociales radicados  en la Gran Area Metropolitana, que en el interior del país, lo que probablemente pueda incidir directamente en mayor abstencionismo el primer domingo de abril

Pero, ¿quién se beneficia de este nivel de participación, tanto de votantes como de abstencionistas? Lo más seguro que el nivel de abstencionismo perjudique más, por lo anteriormente dicho, al partido Acción Ciudadana que a Restauración Nacional.

Los votantes de Acción Ciudadana, ha quedado demostrado con el resultado del 4 de febrero, están en el interior del país, no en las zonas y provincias periféricas, no en las zonas marginales y pobres del país, no en los cantones alejados, excluidos y abandonados de las políticas públicas, y hasta de las políticas sociales públicas, donde la acción de las iglesias cristianas no católicas resuelven, en la práctica, y en la inmediatez de las necesidades, las solicitudes y ayudas que los ciudadanos requieren, con más prontitud y eficacia.

3276 iglesias o templos cristianos no católicos, distribuidos por todo el país, especialmente, en estas regiones y poblaciones marginales y de población pobre, sin olvidar la base social que les significa el  22% de pobreza general y el 6% de pobreza extrema existente, que tiene el país, donde estos grupos religiosos actúan. Pero, también actúan en los sectores medios y altos, y hasta en el sector empresarial, que tienen organizado, y éste, en vínculo estrecho con el sector empresarial internacional, también identificado cristianamente. 

En la estructura organizativa de los templos los hay mega templos, que logran reunir desde 5.000 hasta 10.000 feligreses por actividad religiosa, y los restantes. Hay distritos  donde en una distancia de menos de 3 kilómetros hay 18 templos no católicos, disputando y organizando las almas.

Pero no solo los templos. Cerca de 10 canales de televisión nacional y regional, más de 20 radioemisoras, con sus repetidoras, dos periódicos y varios medios digitales, de carácter cristiano no católico hacen la diferencia con cualquier partido político, y hasta con la misma Iglesia Católica. Ni el gobierno tiene este grado de influencia con el Sistema Nacional de Radio y Televisión, que de paso no le da ningún uso oficial importante. Ni siquiera el Tribunal Supremo de Elecciones lo aprovechó para, en este Sistema, haber establecido una franja horaria política de opinión para todos los partidos que acaban de participar en las elecciones de febrero.

Ningún partido político tiene un periódico importante propio. Algunos partidos políticos, especialmente de izquierda, tienen mensuarios de escasísima circulación. Ni hojas sueltas hacen circular. Información de páginas electrónicas mal diseñadas, sin claros objetivos políticos, insulsas,  inodoras e incoloras doctrinariamente, es lo que algunos partidos políticos tienen. Ni los sindicatos tienen una buena prensa política gremial. El Eco Católico, de la Iglesia Católica, para leerlo hay que irlo a buscar a las iglesias, o a algunas casas curales, y aún así resulta difícil su obtención. No tiene buena difusión, y comparado con esos otros medios poco tiene de presencia real y efectiva por sus contenidos, muy espirituales o doctrinales.

En las mediciones tradicionales de encuestas  se ha señalado un voto llamado “duro” que corresponde de manera específica al de los votantes que se identifican con un determinado partido. Así, por ejemplo, el Partido Liberación Nacional es el que mejor posicionado tiene este electorado. En estas elecciones, en general, las encuestas ubicaban ese voto “duro” en un 23%, mientras la simpatía por su candidato no llegaba al 20%, lo que se expresó en el voto a diputados  que recibió  este partido, igual que en la campaña electoral del 2014, y le produjo la fracción parlamentaria más grande, en la campaña del 2014, y en la próxima Asamblea Legislativa, 17 diputados, aun cuando pierde uno con relación a la actual.  Los partidos que han perdido militancia han perdido sus votos “duros”.

Las iglesias no católicas que han ido creciendo, especialmente desde 1980, un 28% de la población nacional se identifica con ellas, han ido fortaleciendo sus militantes, sus adherentes, sus afiliados,  sus “votos duros”. Los asistentes a estas iglesias son disciplinados, obedientes, seguidores fieles de lo que los pastores y guías espirituales digan. Son más sólidos en estos aspectos que la grey católica, y más sólidos aún que los militantes de los partidos políticos, que se “enredan” con la “libertad” de discutir, con la “democracia” intra partido, con la posibilidad de “disentir” de las líneas partidarias, con la existencia de microgrupos bastantes autónomos, con movimientos sociales bastante autónomos que participan a su interior, o como sucedió en la actual campaña electoral, que el grupo ganador de la convención de Liberación Nacional, con Antonio Alvarez, excluyó de la participación real y efectiva al grupo perdedor, jefeado por José María Figueres, que representó en esa Convención un 38% de los votantes.

Basta señalar que la sola posibilidad de que Antonio Alvarez, Liberación Nacional, haya insinuado la posibilidad de un acuerdo con Restauración Nacional, sus seguidores y votantes se dividieron y su propio partido también, en torno a esta posibilidad.

Lo que decía antes el líder político hoy ya no es tan de acatamiento obligatorio por sus seguidores, como sí es de acatamiento y obediencia lo que señale el Pastor o el guía espiritual de estos cristianos no católicos. Esta es una diferencia sustantiva en este proceso electoral de la segunda ronda.

En materia religiosa no hay estas libertades ni poses democráticas, ni ultra democratistas, como sucede en algunos partidos políticos. Los problemas de la fe no se discuten, se acatan. Y se acata la directriz de ir a votar por Fabricio Alvarado como ya se está instruyendo, en estas iglesias y templos no católicos, incluso advirtiendo de que estos feligreses no deben desplazarse en la Semana Santa de sus sitios de residencia y oración. Fabricio Alvarado es presentado casi como un designio divino, como el “Rey” esperado que “gobernará”.

Los temas que ocuparon la prioridad en la campaña electoral inteligentemente manejados y expuestos, con acción de masas, lograron levantar a Fabricio Alvarado sobre cualquiera de los otro candidatos que no pudieron posesionarse ni abanderarse en ellos, especialmente los de familia, matrimonio no igualitario, el del fallo de la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

Para el caso de los partidos Restauración Nacional y Acción Ciudadana, que terminaron finalistas, las encuestas no les daban un voto “duro” significativo. Apenas iban levantándose los candidatos sobre sus partidos. Igual sucedía con la Unidad Social Cristiana, su candidato superaba en mucho al partido, en apoyo, según lo que indicaban las encuestas, y en la realidad también así sucedió, mientras en Liberación Nacional el partido era el que sostenía al candidato. 

Así, también, si en Liberación Nacional el partido elige los diputados, manteniendo casi los existentes, en la Unidad Social Cristiana el candidato eligió los diputados, aumentado su número para la próxima Asamblea Legislativa.

No fue así para los partidos Restauración Nacional y Acción Ciudadana. Restauración Nacional como partido era débil en el conjunto electoral. De los partidos finalistas era quizá el más débil, con un solo diputado, de la actual Asamblea Legislativa, que era a la vez su candidato presidencial, mientras Liberación Nacional era el partido más poderoso, con 18 diputados, y la Unidad Social Cristiana con 8 diputados actuales, colocado éste en el cuarto lugar parlamentario, detrás de Acción Ciudadana que tiene 13 diputados y el Frente Amplio que tiene 9 diputados actuales.

En el caso de Restauración Nacional, que fue la sorpresa victoriosa, remontó su candidato y eligió 14 diputados. Acción Ciudadana, Partido que ejerce el Gobierno de la República, superó a la Unidad Social Cristiana y a Liberación Nacional, perdiendo 3 diputados. El Frente Amplio, que casi desapareció al elegir un solo diputado, sufrió una debacle electoral causada por su propio trabajo político y parlamentario, por su mal desempeño y proyección en este sentido, por su mala conducción partidaria, y por su miopía política que les impide hacer una correcta valoración de lo sucedido y sobretodo una correcta autocrítica. La miopía de su 
Comité Político le ha conducido a justificar su catástrofe a factores externos.

El caso del Partido Integración Nacional es aparte. Efervescente artificialmente al principio se deshizo, aunque logró elegir diputados, pero al día siguiente de la elección ya estaba enfrascado en una división y pleito público que traerá cola. Otra crisis se dio con el partido Renovación Costarricense, cuya candidata a la presidencia al día siguiente de las elecciones anunció su retiro partidario.

La Unidad Social Cristiana por cuarta vez consecutiva, 2006, 2010, 2014 y 2018, no  finaliza como partido gobernante, y Liberación Nacional por segunda vez consecutiva, 2014 y 2018, tampoco termina como partido gobernante. Ya había tenido Liberación Nacional una situación similar en 1998 y 2002, cuando en ese período gobernó el país la Unidad Social Cristiana de manera consecutiva. Comete un error garrafal Liberación Nacional si en el balance electoral se contenta con haber elegido más diputados que los otros partidos políticos, y no analiza más fríamente las causas de su derrota.

Para la Unidad Social Cristiana no ha sido una derrota este final. Desde el 2006, cuando se expresó la crisis de la situación que sufrieron sus expresidentes, ha ido levantándose poco a poco, y con las candidatura destacada de Rodolfo Piza en el 2014 y ahora en el 2018 se ha recuperado, y ha remontado con éxito proyectado hacia el 2022.

Pero, para ambos partidos, Liberación Nacional y la Unidad Social Cristiana, por primera vez, no disputan la final, quedando excluidos de esa posibilidad. En la segunda ronda del 2002, la final fue entre Liberación Nacional, Rolando Araya, y la Unidad Social Cristiana, Abel Pacheco. En la segunda ronda del 2014 la final fue entre Liberación Nacional, Johnny Araya, y Acción Ciudadana, Luis Guillermo Solís. En esta ocasión, 2018, la final será entre Acción Ciudadana, Carlos Alvarado y Restauración Nacional, Fabricio Alvarado. Esto es lo más novedoso políticamente. Los elementos partidarios clásicos del bipartidismo tradicional, Liberación Nacional y la Unidad Social Cristiana,  quedaron fuera. Nuevos partidos, Acción Ciudadana y Restauración Nacional, surgidos en el siglo XXI, disputan hoy el Gobierno de la República.

El comportamiento de los electores en las segundas rondas del 2002 y del 2014 fue por la libre. Esto significa que ante el escenario de la segunda ronda, con los dos partidos y candidatos finalistas, los electores de los otros partidos políticos  que quedaron fuera,  por la libre decidieron a quien darle su voto, de la misma manera que en ambos procesos electorales de segunda ronda,  se retiraron de votar un grupo de ciudadanos aumentando el número y el porcentaje de abstencionistas.

En ambas segundas rondas pesó el sentimiento anti candidatos de Liberación Nacional, que era bien marcado, así como  el sentimiento anti partido Liberación Nacional que también estaba muy definido. Así, de manera natural, el electorado se inclinó por Abel Pacheco, de la Unidad Social Cristiana, en el 2002, y por Luis Guillermo Solís, en el 2014. En esta segunda ronda del 2018 no hay un sentimiento anti Liberación Nacional que se pueda expresar en la final, pero si hay un sentimiento trasladado anti gobierno y por ello anti partido Acción Ciudadana, y anti Carlos Alvarado, que puede pesar.

Los partidos excluidos de participar en la segunda ronda, en estos procesos, del 2002 y 2014, ninguno de ellos, llamó a votar a sus electores por una u otra opción que se presentaba como finalista. De hecho se dejó en “libertad” de conciencia la emisión del voto. Pero esto respondió también a que en el país no tenemos cultura política, ni cultura ciudadana de esta naturaleza, de que los votantes de un partido sean llamados, por sus partidos o por sus candidatos derrotados, o por sus dirigentes partidarios, a votar por tal o cual partido o candidato en la segunda vuelta.

No hay tampoco cultura política de pactos o coaliciones electorales en estas segundas vueltas, como se estila en los sistemas parlamentaristas y europeos. Responde esto a que los partidos políticos hoy son frágiles organizaciones partidarias y débiles organizaciones electorales, carentes de una base militante sólida, que pueda responder a estas “líneas” de partido.

La demanda que hoy se trata de imponer sobre los finalistas de estas elecciones, hacia abril, de posibilidades de coalición, de pactos intra partidarios, de acuerdos políticos, de que exhiban sus inmediatos colaboradores de gabinete o ministros posibles, son igualmente débiles y frágiles, en posibilidad de materializarse realmente.  Igualmente los mismos partidos políticos finalistas y sus candidatos sienten que es como meterse en una camisa de fuerza.

La poca cultura política y ciudadana en este sentido, con estos finalistas, Restauración Nacional y Acción Ciudadana, un pacto de esta naturaleza, castigaría a esos partidos, que podrían darles apoyo, en sus bases electorales. Por otro lado, por parte de estos grandes partidos opera la idea de que sin pactos ni coaliciones se resuelva el resultado electoral, de modo que el partido que entre a gobernar asuma la totalidad de la responsabilidad, quedando estos partidos atrincherados en sus parcelas legislativas afinando y apuntando las armas del control político, y de la crítica pública, que se iniciará prácticamente de inmediato a la toma del Poder, y la instalación del nuevo Gobierno, el mismo 8 de mayo.

De los partidos políticos, que recién han participado, solo el Frente Amplio ha dado su apoyo a Acción Ciudadana y ha llamado a sus electores a sumarle sus votos en esta segunda ronda. De hecho, desde su ascenso al gobierno en el 2014 habían establecido una débil alianza estratégica con este partido Acción Ciudadana, que fue también su carlanca, expresada así en el apoyo constante a las políticas impulsadas por el gobierno, en el trabajo legislativo, en el esfuerzo que hicieron para las elecciones municipales, sin éxito alguno. Personalidades destacadas de Liberación Nacional también le están sumando apoyo.

El escenario de los partidos Restauración Nacional y Acción Ciudadana, como  finalistas, pone al electorado en la disyuntiva de apoyar un proyecto de características religiosas atrevido, osado, desafiante, por su naturaleza no católica, con una población mayoritariamente católica, o de apoyar un partido de gobierno, que no está bien visto en esta etapa final por  el electorado.  Es una definición que adquiere las características de conservadurismo versus progresismo, de fanatismo religioso versus liberalismo político, de fanatismo religioso rayando en un Estado fundamentalista evangélico contra el liberalismo clásico anticlerical del siglo XIX, de posiciones anti todo lo que vaya contra los “preceptos” bíblicos y la misma Biblia, contra los libertinos, es la sensación de que puede llegar una talibanismo evangélico recalcitrante al Ejecutivo Nacional. Solo falta que se proclame un Santo Oficio por parte del Partido y de los partidarios extremos y fanatizados del Partido Restauración Nacional.

Es la disyuntiva también de mantener un Estado de características liberales, de ejercicio cada vez más amplio de libertades y derechos humanos, de respeto a conductas y derechos de ciudadanos que son minorías, o de impedirlas, restringirlas y hasta de reprimirlas brutalmente, con castigos bíblicos, como se han manifestado partidarios de Fabricio Alvarado, pidiendo “pena de muerte” contra opositores y gays.

Es la discusión de disminuir el peso del Estado en la conducción de la educación pública, que así viene siendo desde 1882, de otorgarle a los padres de familia un derecho de veto sobre lo que los niños y jóvenes deben recibir de contenidos educativos, y de exigir, exageradamente, como se han manifestado algunos padres de familia impidiendo el inicio del ciclo escolar, con amenaza no solo de no enviar sus niños a las escuelas, que serían los directamente perjudicados, sino de cerrarlas, de mantenerse ciertos programas educativos, y de que la Biblia deba ser el principal texto de estudio en las escuelas.

Estos temas están levemente apareciendo en el escenario de discusión de esta segunda ronda electoral. No así los grandes temas nacionales, que están establecidos en los lineamientos programáticos de gobiernos de ambos partidos.

Los encuentros que han empezado a hacer los candidatos Fabrico Alvarado y Carlos Alvarado con la Iglesia Católica y con los partidos políticos, especialmente con los que eligieron diputados, así como los que tienen programados con cámaras empresariales y otras organizaciones, son absolutamente válidos y correctos. No hay por qué demonizarlos. Esto es parte de la política nacional, es propio de la necesidad y de la cultura política. Cuando no hay segundas vueltas electorales, los partidos ganadores acostumbran inmediatamente a realizar este tipo de encuentros con el resto de los partidos políticos, los sectores activos de la sociedad, y hasta con los candidatos electos de otros partidos.

El encuentro de Fabricio Alvarado y de Carlos Alvarado con la Jerarquía de la Iglesia Católica fue determinante e importante. ¿Qué es lo qué más le interesaba a la Iglesia asegurar? No era solo  la cuestión de la familia, del no al matrimonio homosexual, del no a a la interrupción del embarazo. En esto la Iglesia Católica tiene la misma agenda que Restauración Nacional y sus iglesias. Ya desfilaron juntos el 3 de diciembre. Lo que le interesaba a la Iglesia asegurar, con Fabricio Alvarado, en caso de que él gane, es que no se afecten las temporalidades de la Iglesia Católica en sus distintas arquidiócesis o diócesis, que no se afecten las celebraciones  religiosas católicas que tienen carácter público, que no se afecten las celebraciones de los santos de las diferentes comunidades, los días de San José, de la Virgen María, de la Virgen de los Angeles, y otras vírgenes, las procesiones y romerías distintas que hay en el país, así como el conjunto de bienes o temporalidades que tiene la Iglesia, y los apoyos financieros o económicos que el Estado le da a la Iglesia, a sus sacerdotes y a los colegios y escuelas católicas. Al año el Gobierno le da a la Iglesia Católica alrededor de ¢500 millones de colones. Solo entre los años 2010-2012 el gobierno le dio ¢1.652 millones de colones.

Está en la Asamblea Legislativa el Proyecto de Ley 19.099, “Para la Libertad religiosa y de culto”, con el cual lejos de fortalecer el secularismo, o de orientarse hacia un Estado laico, se plantea un refortalecimiento hacia varias religiones por parte del Estado, dejando de ser la Iglesia Católica la única beneficiaria de este tipo de apoyos. Este proyecto lo impulsó, en este Gobierno, el primer Ministro de la Presidencia, el Obispo luterano Melvin Jiménez, proyecto apoyado entonces por el diputado y actual candidato presidencial Fabricio Alvarado. Además, le interesa a la Iglesia Católica asegurar que con el nuevo gobierno se van a mantener las exenciones tributarias que la Iglesia Católica tiene, y que no se vayan a restar fondos a las ayudas que la Iglesia recibe para  proyectos de bienestar social, como el apoyo que también el Estado da a los Obispos.

Esto quedó garantizado con Fabricio Alvarado, en la reunión de Paso Ancho, con la jerarquía católica, fortaleciendo el manto religioso de objetivos estratégicos comunes, de ambas congregaciones, la católica  y la no católica. 

A su vez, las iglesias no católicas, en caso de ganar Fabricio Alvarado, se acogerían por iguales a los beneficios que recibe la Iglesia Católica por parte del Estado, donde el Estado y el Gobierno “evangélico” de Costa Rica definirían cuáles son las religiones que se aprobarían para recibir dichas ayudas. De hecho el proyecto de Ley propuesto por el Gobierno de Acción Ciudadana haría que el Estado dejara de ser uniconfesional para pasar a uno multiconfesional.  En parte, tras bambalinas, esto se está jugando en esta segunda ronda electoral.

En esta relación de “prelados”, y estas agendas de temas comunes, entre el candidato de Restauración Nacional y los líderes de  la Iglesia Católica, queda más débil Carlos Alvarado. De consolidarse esta situación casi está asegurado el triunfo de Fabricio Alvarado en esta segunda ronda.

Curiosamente, en el Partido Acción Ciudadana, se ha planteado como un elemento estratégico para esta segunda ronda fortalecer en sus elementos distintivos, de orden propagandístico, el color blanco sobre el amarillo y rojo de su bandera, que por lo demás no lo pueden cambiar como símbolo partidario ni electoral, porque así está inscrito.

Quien impulsa esto en el Partido Acción Ciudadana ha perdido de vista que este color blanco es el que han utilizado los grupos religiosos, católicos y no católicos, para realizar sus marchas pro vida, antiaborto, anti matrimonio igualitario, anti guías educativas, y ha perdido su orientación política de entender que eso es contribuir más a esas otras aguas religiosas que a las propias del Partido Acción Ciudadana, como alternativa electoral en la segunda ronda. 

Si fuera un asunto de colores, deberían impulsar el color blanco y amarillo, usando el amarillo de la bandera del Partido Acción Ciudadana, con el blanco, con lo cual utilizarían los colores que tradicionalmente usa la Iglesia Católica, lo cual podría darle mayores beneficios políticos electorales, si de ello se tratara, a este Partido, en la segunda ronda, y pondría el énfasis en la diferencia religiosa, católicos y no católicos, que está marcando al país en este momento histórico, porque al final, así va a suceder. De ganar Fabricio Alvarado, el país se marcará más por orientaciones religiosas católicas y no católicas, los espacios de lucha y de crecimiento y decrecimientos de estas organizaciones religiosas se llevarán al seno del Estado, del Gobierno, de sus instituciones y de las políticas públicas.

Finalmente, aparecen los grupos paralelos a los partidos políticos, tanto de Restauración Nacional como de Acción Ciudadana. Los de Restauración, los de carácter cristiano, que ya han empezado a operar en barrios marginales y poblaciones pobres, con prácticas de asistencialismo social y económico, que no están al margen de lo que realizan muchas de sus iglesias, pero que en este momento cobran relevancia por su impacto electoral,  y a nivel de Acción Ciudadana lo que se ha llamado la Coalición Por Costa Rica, procurando atraer en un solo haz el grueso del electorado alrededor de la propuesta de gobierno de Carlos Alvarado, para evitar la ruptura institucional democrática que se ha logrado constituir y construir del Estado costarricense, desde 1821,  y asegurar que las libertades y derechos no se disminuyan, y puedan ampliarse y enriquecerse.

Este es el escenario  electoral que está a la vista en este momento de inicio de la segunda ronda. La tramoya electoral ha empezado a funcionar. Procuremos que el movimiento de esta máquina electoral no provoque una trampa, un embuste, un enredo a los electores.

La tarea política inmediata y urgente que nos debe ocupar es que de esta segunda ronda electoral los costarricenses debemos salir mejor.



 

(Artículo publicado en la Columna Pizarrón del periódico La República, en su edición digital, larepublica.net, el 14 de febrero del 2018)



 


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