Antología poética de rosalía de castro



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ANTOLOGÍA POÉTICA

DE

ROSALÍA DE CASTRO

BIOGRAFÍA .

Rosalía de Castro nació el 24 de febrero de 1837 en Santiago de Compostela. Fue hija de un sacerdote y una muchacha de origen noble pero empobrecida, por lo cual no fue reconocida como hija legítima y vivió su infancia cuidada por las tías paternas, sin conocer a sus padres. Vivió en un ambiente rural donde aprendió a hablar el gallego de la gente sencilla, lo cual marcará su obra posterior. A los catorce años, su madre se hará cargo de ella y se irán a vivir a Santiago. Durante toda esta etapa tendrá que soportar las críticas a su madre por su relación con el sacerdote y haber sido madre soltera en una sociedad tan intransigente.
En 1856 se traslada a Madrid y empieza a escribir sus primeros poemas. En 1858 se casa con Manuel Murguía, historiador, político, intelectual y propulsor del nacionalismo gallego (es el creador del mito del celtismo gallego). El matrimonio tuvo siete hijos, de los cuales uno nació muerto y otro murió al poco de nacer (poema 2 de la antología).

La muerte de su madre le inspirará un libro de poemas en castellano, una elegía muy emotiva.


Debido a las actividades políticas y profesionales de su marido, trasladará su residencia a Extremadura, La Mancha, Levante, Simancas, hasta que finalmente fijarán su residencia en Galicia.
Rosalía murió en Padrón, el 15 de julio de 1885, como consecuencia de una larga enfermedad, un cáncer, que la hizo sufrir mucho en sus últimos años. Fue enterrada en Adina y, diez años más tarde, sus restos fueron trasladados a Santiago, convertida ya en un símbolo de Galicia.


OBRAS Y CONSIDERACIÓN CRÍTICA.



A pesar de destacar, sobre todo, en la poesía, su actividad literaria se extendió a otros géneros. Rosalía escribió novelas como: La hija del mar , de corte romántico y con tintes autobiográficos; Flavio ; El caballero de las botas azules, novela ambientada en Madrid y que critica la frivolidad e hipocresía de su tiempo; El primer loco ; relatos costumbristas, como El Cadiceño y Ruinas ; y cuentos, como Conto gallego.
Su obra poética comienza con el libro La Flor, poemas juveniles que imitan al poeta romántico Espronceda; continúa con la elegía A mi madre; en 1863 publica Cantares gallegos, donde utiliza por primera vez esta lengua en su poesía, para denunciar la injusticia que se comete contra el pueblo y la cultura gallega; en 1880, Follas novas, donde ofrece una visión pesimista y desesperanzada de la vida; y en 1884, la que será su obra maestra en castellano, En las orillas del Sar, donde continúa con los temas del libro anterior y de los cuales hay una buena muestra en esta selección.
En su época, fueron apreciados sus Cantares gallegos, por los que la consideraron una poeta local y popular. No tuvieron, en cambio, una buena acogida sus dos libros de poemas posteriores. La crítica no los valoró hasta principios del siglo XX, gracias a autores como Azorín, Machado y otros autores de la generación del 98 y posteriormente de la generación del 27, que la consideraron una de las mejores voces de la poesía moderna. Si bien en sus primeras obras tiene influencias de Espronceda, será Bécquer la influencia más notable en sus principales obras poéticas. Gustavo Adolfo Bécquer fue amigo personal de Rosalía y su marido, y como en la poesía de aquel, pueden encontrarse también en la de Rosalía huellas del gran poeta alemán Herinrich Heine. Se considera a Rosalía, igual que a Bécquer, una escritora del Romanticismo tardío, intimista, alejada del posromanticismo grandilocuente y prosaico de sus contemporáneos como Núñez de Arce o Campoamor.
En algunas de sus obras vemos una fuerte conciencia social, la denuncia de la injusticia, sobre todo las que tienen que ver con las gentes de su tierra: temas como la emigración, el abuso de los poderosos contra los pobres, la miseria en que viven los campesinos y los marineros. También vemos una defensa de la mujer, un inconformismo ante el papel secundario que la mujer tenía en la sociedad de su tiempo, víctima de una sociedad injusta.
Por otro lado, Rosalía es la gran figura del Rexurdimento, el resurgir nacionalista de la cultura gallega, y una de las impulsoras del gallego como lengua literaria.
En muchos aspectos puede considerársela como una precursora, una adelantada de su tiempo. Su visión desolada de la vida, su desesperanza, la falta de fe ante el “silencio de Dios” y el “dolor de los inocentes”, sus angustiadas preguntas sobre el sentido de la vida, la convierten en una precursora del existencialismo, corriente literaria y filosófica que gozó de gran prestigio tiempo después. También puede considerársela como una adelantada del Modernismo, tanto por sus innovaciones métricas y estilísticas, como por su sentido estético.Un ejemplo podría ser la importancia de las impresiones sensoriales, de las sensaciones visuales y sonoras que pueden observarse en algunos de sus poemas.
Su influencia en otros poetas y escritores es indiscutible: en la generación del 98, sobre todo en Machado y Unamuno; en Juan Ramón Jiménez; en la generación del 27, sobre todo en García Lorca, en Luis Cernuda, en Dámaso Alonso; y también en poetas posteriores como Blas de Otero.

SELECCIÓN DE POEMAS

de En las orillas del Sar (1884)


1
Ya que de la esperanza, para la vida mía,


triste y descolorido ha llegado el ocaso,
a mi morada oscura, desmantelada y fría,
        tornemos paso a paso,
porque con su alegría no aumente mi amargura
        la blanca luz del día.

Contenta el negro nido busca el ave agorera;


bien reposa la fiera en el antro escondido,
en su sepulcro el muerto, el triste en el olvido
        y mi alma en su desierto.
2

  Era apacible el día


     y templado el ambiente,
     y llovía, llovía
    callada y mansamente;
    y mientras silenciosa
    lloraba y  yo gemía,
    mi niño, tierna rosa
    durmiendo se moría.

Al huir de este mundo, ¡qué sosiego en su frente!


Al verle yo alejarse, ¡qué borrasca en la mía!
  Tierra sobre el cadáver insepulto
antes que empiece a corromperse... ¡tierra!
Ya el hoyo se ha cubierto, sosegaos,
bien pronto en los terrones removidos
verde y pujante crecerá la hierba.
  ¿Qué andáis buscando en torno de las tumbas,
torvo el mirar, nublado el pensamiento?
¡No os ocupéis de lo que al polvo vuelve!...
Jamás el que descansa en el sepulcro
ha de tornar a amaros ni a ofenderos.

        ¡Jamás! ¿Es verdad que todo


        para siempre acabó ya?
No, no puede acabar lo que es eterno,
ni puede tener fin la inmensidad.
  Tú te fuiste por siempre; mas mi alma
te espera aún con amoroso afán,
y vendrá o iré yo, bien de mi vida,
allí donde nos hemos de encontrar.

  Algo ha quedado tuyo en mis entrañas


        que no morirá jamás,
y que Dios, porque es justo y porque es bueno,
        a desunir ya nunca volverá.

En el cielo, en la tierra, en lo insondable


        yo te hallaré y me hallarás.
No, no puede acabar lo que es eterno,
Ni puede tener fin la inmensidad.
       

Mas... es verdad, ha partido


       Para nunca más tornar.
Nada hay eterno para el hombre, huésped
De un día en este mundo terrenal,
En donde nace, vive y al fin muere
Cual todo nace, vive y muere acá.
3
Un manso río, una vereda estrecha,
un campo solitario y un pinar,
y el viejo puente rústico y sencillo
completando tan grata soledad.

¿Qué es soledad? Para llenar el mundo


basta a veces un solo pensamiento.
Por eso hoy, hartos de belleza, encuentras
el puente, el río y el pinar desiertos.

No son nube ni flor los que enamoran;


eres tú, corazón, triste o dichoso,
ya del dolor y del placer el árbitro,
quien seca el mar y hace habitar el polo.
4

Moría el sol, y las marchitas hojas


de los robles, a impulso de la brisa,
en silenciosos y revueltos giros
sobre el fango caían:
ellas, que tan hermosas y tan puras
en el abril vinieron a la vida.

Ya era el otoño caprichoso y bello.


¡Cuán bella y caprichosa es la alegría!
Pues en la tumba de las muertas hojas
vieron sólo esperanzas y sonrisas.

Extinguióse la luz: llegó la noche


como la muerte y el dolor, sombría;
estalló el trueno, el río desbordóse
arrastrando en sus aguas a las víctimas;
y murieron dichosas y contentas...
¡Cuán bella y caprichosa es la alegría!

5
Sedientas las arenas, en la playa


sienten del sol los besos abrasados,
y no lejos, las ondas, siempre frescas,
ruedan pausadamente murmurando.
Pobres arenas, de mi suerte imagen:
no sé lo que me pasa al contemplaros,
pues como yo sufrís, secas y mudas,
el suplicio sin término de Tántalo.

Pero ¿quién sabe...? Acaso luzca un día


en que, salvando misteriosos límites,
avance el mar y hasta vosotras llegue
a apagar vuestra sed inextinguible.
¡Y quién sabe también si tras de tantos
siglos de ansias y anhelos imposibles,
saciará al fin su sed el alma ardiente
donde beben su amor los serafines!

6
Torna, roble, árbol patrio, a dar sombra


cariñosa a la escueta montaña
donde un tiempo la gaita guerrera
alentó de los nuestros las almas
y compás hizo al eco monótono
del canto materno,
del viento y del agua,
que en las noches del invierno al infante
en su cuna de mimbre arrullaban.
Que tan bello apareces, ¡oh roble!
de este suelo en las cumbres gallardas
y en las suaves graciosas pendientes
donde umbrosas se extienden tus ramas,
como en rostro de pálida virgen
cabellera ondulante y dorada,
que en lluvia de rizos
acaricia la frente de nácar.

¡Torna presto a poblar nuestros bosques;


y que tornen contigo las hadas
que algún tiempo a tu sombra tejieron
del héroe gallego
las frescas guirnaldas!

7

Alma que vas huyendo de ti misma,


¿qué buscas, insensata, en las demás?
Si secó en ti la fuente del consuelo,
secas todas las fuentes has de hallar.
¡Que hay en el cielo estrellas todavía,
y hay en la tierra flores perfumadas!
¡Sí!... Mas no son ya aquellas
que tú amaste y te amaron, desdichada.

8
Ya siente que te extingues en su seno,


llama vital, que dabas
luz a su espíritu, a su cuerpo fuerzas,
juventud a su alma.

Ya tu calor no templará su sangre,


por el invierno helada,
ni harás latir su corazón, ya falto
de aliento y de esperanza.

Mudo, ciego, insensible,


sin goces ni tormentos,
será cual astro que apagado y solo,
perdido va por la extensión del cielo.

9
Cenicientas las aguas, los desnudos


árboles y los montes cenicientos;
parda la bruma que los vela y pardas
las nubes que atraviesan por el cielo;
triste, en la tierra, el color gris domina,
¡el color de los viejos!

De cuando en cuando de la lluvia el sordo


rumor suena, y el viento
al pasar por el bosque
silba o finge lamentos
tan extraños, tan hondos y dolientes
que parece que llaman por los muertos.

Seguido del mastín, que helado tiembla,


el labrador, envuelto
en su capa de juncos, cruza el monte;
el campo está desierto,
y tan sólo en los charcos que negrean
del ancho prado entre el verdor intenso
posa el vuelo la blanca gaviota,
mientras graznan los cuervos.

Yo desde mi ventana,


que azotan los airados elementos,
regocijada y pensativa escucho
el discorde concierto
simpático a mi alma...
¡Oh, mi amigo el invierno!,
mil y mil veces bien venido seas,
mi sombrío y adusto compañero.

¿No eres acaso el precursor dichoso


del tibio mayo y del abril risueño?

¡Ah, si el invierno triste de la vida,


como tú de las flores y los céfiros,
también precursor fuera de la hermosa
y eterna primavera de mis sueños...!

10
En sus ojos rasgados y azules,


donde brilla el candor de los ángeles,
ver creía la sombra siniestra
de todos los males.
En sus anchas y negras pupilas,
donde luz y tinieblas combaten,
ver creía el sereno y hermoso
resplandor de la dicha inefable.

Del amor espejismos traidores,


risueños, fugaces...
cuando vuestro fulgor sobrehumano
se disipa... ¡qué densas, qué grandes
son las sombras que envuelven las almas
a quienes con vuestros reflejos cegasteis!

11
En el alma llevaba un pensamiento,


una duda, un pesar,
tan grandes como el ancho firmamento
tan hondos como el mar.

De su alma en lo más árido y profundo,


fresca brotó de súbito una rosa,
como brota una fuente en el desierto,
o un lirio entre las grietas de una roca.

12
Dicen que no hablan las plantas, ni las fuentes, ni los pájaros,


Ni el onda con sus rumores, ni con su brillo los astros,
Lo dicen, pero no es cierto, pues siempre cuando yo paso,
De mí murmuran y exclaman:
                                                            —Ahí va la loca soñando
Con la eterna primavera de la vida y de los campos,
Y ya bien pronto, bien pronto, tendrá los cabellos canos,
Y ve temblando, aterida, que cubre la escarcha el prado.
—Hay canas en mi cabeza, hay en los prados escarcha,
Mas yo prosigo soñando, pobre, incurable sonámbula,
Con la eterna primavera de la vida que se apaga
Y la perenne frescura de los campos y las almas,
Aunque los unos se agostan y aunque las otras se abrasan.
Astros y fuentes y flores, no murmuréis de mis sueños,
Sin ellos, ¿cómo admiraros ni cómo vivir sin ellos?

13
      A la luna


            I
¡Con qué pura y serena transparencia
brilla esta noche la luna!
A imagen de la cándida inocencia,
no tiene mancha ninguna.

De su pálido rayo la luz pura


como lluvia de oro cae
sobre las largas cintas de verdura
que la brisa lleva y trae.

Y el mármol de las tumbas ilumina


con melancólica lumbre,
y las corrientes de agua cristalina
que bajan de la alta cumbre.

La lejana llanura, las praderas,


el mar de espuma cubierto
donde nacen las ondas plañideras,
el blanco arenal desierto,

la iglesia, el campanario, el viejo muro,


la ría en su curso varia,
todo lo ves desde tu cenit puro,
casta virgen solitaria.

14
      Las campanas


Yo las amo, yo las oigo
cual oigo el rumor del viento,
el murmurar de la fuente
o el balido del cordero.

Como los pájaros, ellas,


tan pronto asoma en los cielos
el primer rayo del alba,
le saludan con sus ecos.

Y en sus notas, que van repitiéndose


por los llanos y los cerros,
hay algo de candoroso,
de apacible y de halagüeño.

Si por siempre enmudecieran,


¡qué tristeza en el aire y el cielo!,
¡qué silencio en las iglesias!,
¡qué extrañeza entre los muertos!

15
En la altura los cuervos graznaban,


los deudos gemían en torno del muerto,
y las ondas airadas mezclaban
sus bramidos al triste concierto.

Algo había de irónico y rudo


en los ecos de tal sinfonía;
algo negro, fantástico y mudo
que del alma las cuerdas hería.

Bien pronto cesaron los fúnebres cantos,


esparcióse la turba curiosa,
acabaron gemidos y llantos
y dejaron al muerto en su fosa.

Tan sólo a lo lejos, rasgando la bruma,


del negro estandarte las orlas flotaron,
como flota en el aire la pluma
que al ave nocturna los vientos robaron.
16
Aún otra amarga gota en el mar sin orillas
donde lo grande pasa de prisa y lo pequeño
desaparece o se hunde, como piedra arrojada
de las aguas profundas al estancado légamo.

Vicio, pasión, o acaso enfermedad del alma,


débil a caer vuelve siempre en la tentación.
Y escribe como escriben las olas en la arena,
el viento en la laguna y en la neblina el sol.

Mas nunca nos asombra que trine o cante el ave,


ni que eterna repita sus murmullos el agua;
canta, pues, ¡oh poeta!, canta, que no eres menos
que el ave y el arroyo que armonioso se arrastra.
17
No va solo el que llora,

no os sequéis, ¡por piedad!, lágrimas mías;

basta un pesar del alma;

jamás, jamás, le bastará una dicha.


Juguete del Destino, arista humilde,

rodé triste y perdida;

pero conmigo lo llevaba todo:

llevaba mi dolor por compañía.


18
Hora tras hora, día tras día,


Entre el cielo y la tierra que quedan
        Eternos vigías,
Como torrente que se despeña
        Pasa la vida.

  Devolvedle a la flor su perfume


        Después de marchita;
De las ondas que besan la playa
Y que una tras otra besándola expiran
Recoged los rumores, las quejas,
Y en planchas de bronce grabad su armonía.

  Tiempos que fueron, llantos y risas,


Negros tormentos, dulces mentiras,
¡Ay!, ¿en dónde su rastro dejaron,
        En dónde, alma mía?

19


de Cantares Gallegos (1863)



Campanas de Bastabales,
cando vos oio tocar,
mórrome de soidades.

Campanas de Bastabales,
cuando os oigo tocar,
me muero de añoranzas.

I

I

Cando vos oio tocar,
campaniñas, campaniñas,
sin querer torno a chorar.

Cando de lonxe vos oio


penso que por min chamades
e das entrañas me doio.

Dóiome de dór ferida,


que antes tiña vida enteira
e hoxe teño media vida.

só media me deixaron


os que de aló me trouxeron,
os que de aló me roubaron.

Non me roubaron, traidores,


¡ai!, uns amores toliños,
¡ai!, uns toliños amores.

Que os amores xa fuxiron,


as soidades viñeron...
de pena me consumiron.

Cuando os oigo tocar,
campanitas, campanitas,
sin querer vuelvo a llorar.

Cuando de lejos os oigo


pienso que por mí llamáis
y de las entrañas me duelo.

Me duelo de dolor herida,


que antes tenía vida entera
y hoy tengo media vida.

Sólo media me dejaron


los que de allá me trajeron,
los que de allá me robaron.

No me robaron, traidores,


¡ay!, unos amores locos,
¡ay!, unos locos amores.

Que los amores ya huyeron,


las soledades vinieron...
de pena me consumieron.

II

II

Aló pola mañanciña
subo enriba dos outeiros
lixeiriña, lixeiriña.

Como unha craba lixeira,


para oir das campaniñas
a batalada primeira.

A primeira da alborada


que me traen os airiños
por me ver máis consolada.

Por me ver menos chorosa,


nas suas alas ma traen
rebuldeira e queixumbrosa.

Queixumbrosa e retembrando


por antre verde espesura,
por antre verde arborado.

E pola verde pradeira,


por riba da veiga llana,
rebuldeira e rebuldeira.

Allá por la mañanita
subo sobre los oteros
ligerita, ligerita.

Como una cabra ligera


para oir de las campanas
la campanada primera.

La primera de la alborada


que me traen los aires
por verme más consolada.

Por verme menos llorosa,


en sus alas me la traen
retozona y quejumbrosa.

Quejumbrosa y temblando


entre la verde espesura,
entre la verde arboleda.

Y por la verde pradera,


sobre la vega llana,
juguetona y juguetona.



III

III

Paseniño, paseniño
vou pola tarde calada
de Bastabales camiño.

Camiño do meu contento;


i en tanto o sol non se esconde
nunha pedriña me sento.

E sentada estou mirando


como a lua vai saíndo,
como o sol se vai deitando.

Cal se deita, cal se esconde


mentras tanto corre a lua
sin saberse para donde.

Para donde vai tan soia


sin que aos tristes que a miramos
nin nos fale nin nos oia.

Que si oira e nos falara,


moitas cousas lle dixera,
moitas cousas lle contara.

Despacito, despacito
voy por la tarde callada
de Bastabales camino.

Camino de mi contento;


y en tanto el sol no se esconde
en una piedrita me siento.

y sentada estoy mirando


como la luna va saliendo,
como el sol se va poniendo.

Cual se acuesta, cual se esconde


mientras tanto corre la luna
sin saberse para dónde.

Para dónde va tan sola


sin que a los tristes que la miramos
ni nos hable ni nos oiga

Que si oyera y nos hablara


muchas cosas le dijera,
muchas cosas le contara.

IV

IV

Cada estrela, o seu diamante;
cada nube, branca pruma;
triste a lúa marcha diante.

Diante marcha crarexando


veigas, prados, montes, ríos,
onde o día vai faltando.

Falta o día e noite escura


baixa, baixa, pouco a pouco,
por montañas de verdura.

De verdor e de follaxe,


salpicada de fontiñas
baixo a sombra do ramaxe.

Do ramaxe donde cantan


paxariños piadores,
que ca aurora se levantan.

Que ca noite se adormecen


para que canten os grilos
que cas sombras aparecen.

Cada estrella, su diamante;
cada nube, blanca pluma;
triste la luna marcha delante.

Delante marcha clareando


vegas, prados, montes ríos,
donde el día va faltando

Falta el día y noche oscura


baja, baja, poco a poco,
por montañas de verdor.

De verdor y de follaje,


salpicada de fuentecillas
bajo la sombra del ramaje.

Del ramaje donde cantan


pajarillos piadores,
que con la aurora se levantan.

Que con la noche se adormecen


para que canten los grillos
que con las sombras aparecen.

V

V

Corre o vento, o río pasa.
Corren nubes, nubes corren
camiño da miña casa.

Miña casa, meu abrigo,


vanse todos, eu me quedo
sin compaña nin amigo.

Eu me quedo contemprando


as laradas das casiñas
por quen vivo sospirando.
..............................

Ven a noite..., morre o día,


as campanas tocan lonxe
o tocar do Ave María.

Elas tocan pra que rece;


eu non rezo que os saloucos
afogándome parece
que por mín tén que rezar.

Campanas de Bastabales,


cando vos oio tocar,
mórrome de soidades.

Corre el viento, el río pasa.
Corren nubes, nubes corren
camino de mi casa.

Mi casa, mi abrigo,


se van todos, yo me quedo
sin compañía ni amigo.

Yo me quedo contemplando


las llamas del hogar en las casitas
por las que vivo suspirando.
................................

Viene la noche..., muere el día,


las campanas tocan lejos
las notas del Ave María.

Ellas tocan para que rece;


yo no rezo que los sollozos
ahogándome parece
que por mi tienen que rezar.

Campanas de Bastabales


cuando os oigo tocar,
me muero de añoranzas.

20



Adiós, ríos; adios, fontes;
adios, regatos pequenos;
adios, vista dos meus ollos:
non sei cando nos veremos.
Miña terra, miña terra,
terra donde me eu criei,
hortiña que quero tanto,
figueiriñas que prantei,
prados, ríos, arboredas,
pinares que move o vento,
paxariños piadores,
casiña do meu contento,
muíño dos castañares,
noites craras de luar,
campaniñas trimbadoras,
da igrexiña do lugar,
amoriñas das silveiras
que eu lle daba ó meu amor,
camiñiños antre o millo,
¡adios, para sempre adios!
¡Adios groria! ¡Adios contento!
¡Deixo a casa onde nacín,
deixo a aldea que conozo
por un mundo que non vin!
Deixo amigos por estraños,
deixo a veiga polo mar,
deixo, en fin, canto ben quero...
¡Quen pudera non deixar!...
.........................................
Mais son probe e, ¡mal pecado!,
a miña terra n'é miña,
que hastra lle dan de prestado
a beira por que camiña
ó que naceu desdichado.
Téñovos, pois, que deixar,
hortiña que tanto amei,
fogueiriña do meu lar,
arboriños que prantei,
fontiña do cabañar.
Adios, adios, que me vou,
herbiñas do camposanto,
donde meu pai se enterrou,
herbiñas que biquei tanto,
terriña que nos criou.
Adios Virxe da Asunción,
branca como un serafín;
lévovos no corazón:
Pedídelle a Dios por min,
miña Virxe da Asunción.
Xa se oien lonxe, moi lonxe,
as campanas do Pomar;
para min, ¡ai!, coitadiño,
nunca máis han de tocar.
Xa se oien lonxe, máis lonxe
Cada balada é un dolor;
voume soio, sin arrimo...
¡Miña terra, ¡adios!, ¡adios!
¡Adios tamén, queridiña!...
¡Adios por sempre quizais!...
Dígoche este adios chorando
desde a beiriña do mar.
Non me olvides, queridiña,
si morro de soidás...
tantas légoas mar adentro...
¡Miña casiña!,¡meu lar!




COMENTARIO DE LOS POEMAS.

1. En este poema, Rosalía combina versos alejandrinos (de catorce sílabas) divididos en dos hemistiquios, con versos heptasílabos. La rima es consonante. Los versos quinto, séptimo y décimo parecen no rimar, pero en realidad sí lo hacen con una rima interna que hay en hemistiquios cercanos: amargura rima con oscura, agorera con fiera y desierto con muerto.



Los versos corresponden a la parte VII del poema inicial del libro cuyo título es Orillas del Sar. En las seis primeras partes, Rosalía contempla el paisaje de su tierra; sale al campo en busca del sosiego, paz y felicidad. Pero no lo consigue: la naturaleza le recuerda el fracaso humano. Se da cuenta de que, mientras la naturaleza se renueva constantemente, el hombre nunca puede recobrar su juventud. En esta séptima parte, acepta la realidad y se aísla del mundo. Considera que para ella ya no existe esperanza alguna. Es tan grande su desolación, que hasta la blanca luz del día es capaz de aumentar su amargura. El único lugar donde refugiarse es su propia alma, un desierto sin vida.

Hay que destacar la correlación de significados negativos: negro nido, antro escondido, sepulcro, olvido y desierto, por un lado, con el ave agorera, la fiera, el triste y mi alma, por otro. Entre las figuras retóricas destaca el epíteto, la enumeración y el paralelismo final.


2. Podemos ver aquí una buena muestra de su originalidad en la búsqueda de nuevos ritmos, combinando versos de distintas medidas (polimetría). Los ocho primeros son heptasílabos y los dos siguientes, alejandrinos divididos en hemistiquios. Hasta aqui usa la rima consonante. Luego continúa con dos estrofas de cinco versos endecasílabos con rima asonante en el segundo y quinto versos, sin que los demás rimen. Por último, cinco estrofas donde se combinan versos octosílabos y endecasílabos, con rima asonante en los versos pares. Estas últimas cinco estrofas parecen una silva arromanzada (con rima de romance), pero la silva clásica en vez de octosílabos usa heptasílabos.

El poema lo inspiró la muerte de su hijo Adriano en 1876. Rosalía es consciente de la fragilidad de la vida y acepta la muerte como un fenómeno natural. Sin embargo, tras la muerte queda el dolor, su amor de madre por el hijo muerto, porque este amor es (o quiere que sea) eterno. Rosalía muestra su necesidad de creer en una vida tras la muerte, necesita aferrarse a esa idea para convencerse a sí misma de que, cuando muera, volverá a encontrarse con su hijo. Pero la duda planea sobre ella: la esperanza en un más allá queda aplastada por el convencimiento de que se trata sólo de eso, un deseo, una esperanza vana, porque no hay nada tras la muerte. Y en el final acentúa su desesperanza, resaltando lo frágil y efímero de la vida.

Es un poema conmovedor que va cambiando de tono: lento y pausado al principio, con la descripción del lluvioso día, usando repeticiones y polisíndeton; sigue rompiendo el ritmo monótono y triste con otro más desesperado, lleno de exclamaciones e interrogaciones retóricas; pasa luego a un ritmo más tranquilo, consolándose con la idea de la otra vida, dialogando con el hijo muerto al que interpela con cariño; y acaba, en la última estrofa, rompiendo ese tono esperanzado con unas frases lapidarias en las que parece aceptar la dura verdad de la muerte.
3. Está compuesto de tres estrofas de versos endecasílabos con rima asonante en los pares en cada una de ellas ( á, éo y óo).

En la primera estrofa se observa la identificación entre el alma de la autora y el paisaje. Es una enumeración de elementos calificados con sencillos adjetivos. El paisaje es solitario porque ella también se siente sola, lo que le lleva a reflexionar sobre esa soledad y sobre la influencia de los propios sentimientos en nuestra percepción de la realidad. La belleza, la alegría y el dolor no está en las cosas externas, sino dentro de nosotros mismos. Nuestros pensamientos, nuestros estados de ánimo, determinan lo que vemos: nuestra subjetividad lo impregna todo. Es esta una idea plenamente romántica.


4. Todos los versos de este poema son endecasílabos, menos el cuarto, que es heptasílabo. La estrofa es, por lo tanto, una silva arromanzada, con rima asonante en los versos pares (ía), quedando sueltos los impares.

También aquí se desarrolla el tema romántico de la visión subjetiva de la realidad, también a partir de la descripción de un paisaje al atardecer. En la primera estrofa, se centra en la caída de las hojas secas de los robles, lo que lleva a reflexionar sobre la fugacidad de la vida y la rápida llegada de la muerte. La personificación de las hojas en las ramas le sirve para contrastar la belleza del paisaje, que parece transmitir esperanza y alegría, con la crueldad de su destino, el mismo de las hojas muertas que ya están en el suelo. Esa esperanza de la última luz de la tarde, desaparece ante la oscuridad de la noche y la tormenta. Las hojas mueren alegres,engañadas por la belleza del otoño.

Cabe destacar el campo semántico de la muerte (morían, marchitas, caían, tumba, muertas, extinguióse, la noche, la muerte y el dolor, sombría, las víctimas, murieron), así como el verso exclamativo repetido, que parece una cruel ironía o sarcasmo.
5. Este poema consta de dieciséis versos endecasílabos, distribuidos en dos estrofas de ocho versos cada una. Los versos pares riman en asonante (áo, íe) quedando sueltos los impares.

En la primera estrofa la poetisa se identifica con las arenas de la playa, abrasadas por el sol y a las que no acaban de llegar las olas, que retroceden antes de mojarlas. Compara la sed de estas arenas con su propia ansiedad y a la vez con el suplicio de Tántalo, personaje de la mitología griega que sufría un suplicio eterno en el Hades por sus crímenes, el suplicio de tener muy cerca agua y comida y no poder llegar nunca a alcanzarlas.

En la segunda estrofa, con un “quién sabe” primero en forma de pregunta y luego en forma exclamativa, muestra primero una duda y luego un ferviente deseo de que algún día las arenas y ella misma logren saciar su sed inextinguible. Esta sed, puesto que la palabra serafines nos remite a los ángeles y al mundo celestial, parece relacionarse con los anhelos de la naturaleza humana: Dios, la eternidad...

Entre las figuras retóricas destacaremos los epítetos, las comparaciones, la aliteración de la ese al principio y en otras partes del poema, y la interrogación, puntos suspensivos y exclamación de la segunda estrofa, que marcan los cambios del estado de ánimo, de la duda a la esperanza.


6. Esta es la cuarta parte y última del poema titulado Los robles . El contenido, globalmente, muestra las inquietudes sociales de Rosalía: es una protesta contra la tala de bosques que el gobierno gallego realizó en 1882. La denuncia de la autora tiene en cuenta a los más desfavorecidos, a quienes afecta gravemente esta tala, pues la destrucción de los bosques lleva a la miseria a los campesinos gallegos que viven de la madera.

Es un poema muy variado por lo que respecta a la métrica, en todo él se combinan versos decasílabos y hexasílabos de forma irregular, con rima asonante, en esta cuarta parte la rima es (áa).

En la primera parte, recuerda cómo, desde tiempo inmemorial, el fuego era la riqueza del pobre y realiza una poética e idealizada descripción del hogar, donde la familia vive y trabaja al amor de la lumbre. Después, la situación ha cambiado: encinas y robles han sido cortados y la cima del monte aparece calva. Con la tala llega la desolación al paisaje, el pesimismo lo invade todo.

En esta cuarta parte, Rosalía clama por que vuelvan a poblarse de robles las montañas gallegas. Así, los montes volverán a ser lo que eran: lugares frondosos, llenos de vida y de misterio. El hogar del campesino volverá a revivir. Las cumbres y las ladera, pobladas de robles, parecerán el rostro de una virgen con el cabello largo, rubio y ondulado. Y con la recuperación de los robles, verdadero emblema nacional, tornará el pasado glorioso de Galicia. Las imágenes guerreras del héroe gallego son una referencia épica que defiende el derecho del pueblo a rebelarse contra el abuso de los poderosos.


7. La estrofa tiene estructura de silva, ya que todos los versos son endecasílabos menos uno, que es heptasílabo. Riman en asonante el segundo y el cuarto verso en –á , y el sexto y el octavo en –áa.

En forma de diálogo con su propia alma, hablando pues en segunda persona, parece querer desengañarse: no podrá encontrar consuelo en los demás porque en sí misma ya no hay esperanza. Obsérvese que la subjetividad romántica aparece otra vez aquí, como en muchos otros poemas: si ella se siente desdichada, fuera de ella no puede existir la alegría ni la felicidad.

En cuanto a los recursos lingüísticos señalaremos: la interrogación y la exclamación retórica, la suspensión, los apelativos insensata, desdichada. Todos estos recursos contribuyen a darle un tono coloquial pero enfático, es decir, se habla a sí misma con rabia, por ser tan ingenua de creer que puede encontrar algo positivo fuera de sí misma. La metáfora de la fuente, el paralelismo (hay en el cielo estrellas...hay en la tierra flores), políptoton (secó...secas, amaste...amaron), son diferentes repeticiones que sirven para remarcar la idea principal: está sola y sin esperanza, pero fuera de sí misma, en los otros, tampoco hay ya esperanza.
8. El poema tiene también estructura de silva, pero, igual que el anterior, con cambio de rima. De esta forma tendríamos que las dos primeras estrofas serían dos silvas con rima (en los versos pares) asonante en –áa, y la última con rima asonante en –éo.

Rosalía habla en este poema del amor (o de las ganas de vivir), dirigiéndose a él en segunda persona, como si le hablara. Hay por tanto una personificación del amor en las dos primeras estrofas. Y le dice que ese amor (esas ganas de vivir) está desapareciendo. Como consecuencia, ella pierde su luz, su fuerza, su juventud, su aliento, su esperanza, su vida. Para decir esto utiliza la enumeración y el paralelismo. En la última estrofa, la enumeración de adjetivos (mudo, ciego, insensible) parecen referirse a su corazón o a su amor perdido, por lo que continúa la personificación. La soledad, la oscuridad y el vacío (sin goces ni tormentos) aparecen en una espléndida imagen con la que compara a su corazón sin amor: será cual astro que apagado y solo/ perdido va por la extensión del cielo.

9. El poema consta de cinco estrofas irregulares en las que se combinan versos endecasílabos y heptasílabos, con rima asonante -éo en todos los versos pares. Se trata pues de una silva arromanzada.

Una vez más el tema romántico de la identificación del alma y del paisaje sirve para desarrollar las reflexiones y expresar los sentimientos de la autora.

En las tres primeras estrofas predomina la descripción, lo que contempla desde su ventana, tal como dice al principio de la cuarta estrofa. A partir de esta, Rosalía habla en primera persona y nos dice, de forma directa, que se siente identificada con esa tristeza, que le gusta incluso ese invernal paisaje de lluvia tan melancólico. Hay una reflexión: el invierno, a pesar de su dureza y de todo lo negativo que representa, tiene algo bueno puesto que precede al buen tiempo, anuncia la primavera. Ese razonamiento le lleva a expresar ese deseo inalcanzable de que la vejez, el invierno triste de la vida, la tristeza en la que se ve sumida, sea también una etapa a la que le siga una nueva juventud, una nueva alegría. Es decir, el deseo en el que no acaba de creer, por más que quiera, de una vida más allá de la muerte, hermosa y eterna primavera de mis sueños.

Es notable la utilización de colores, sonidos y otras sensaciones para describir el paisaje invernal y asociarlos con la tristeza. Fijémonos en el campo semántico del color gris: cenicientas, cenicientos, parda bruma , pardas nubes, tierra gris, el color de los viejos, los charcos que negrean. Luego en los sonidos tristes: el sordo rumor de la lluvia, el viento que silba o finge lamentos, hondos y dolientes que llaman por los muertos, graznan los cuervos, mi ventana que azotan los airados elementos, el discorde concierto. Después la sensación de frío y soledad: helado tiembla el labrador envuelto en su capa, el campo está desierto.



En cuanto a las figuras retóricas cabe reseñar en la primera estrofa: la enumeración descriptiva; la repetición a principio y final de verso (epanadiplosis) en cenicientas...cenicientos, parda...pardas; los epítetos y encabalgamientos, y la exclamación retórica. Todos estos elementos contribuyen a resaltar la tristeza. En la segunda, también para resaltar la tristeza se usa la enumeración y el epíteto, el encabalgamiento y la comparación. En la tercera, siguen los encabalgamientos y epítetos, el hipérbaton (del ancho prado entre el verdor intenso); y es curioso observar como los elementos aparentemente positivos de la figura humana y el perro resaltan aún más la idea de soledad, de la misma manera que el color blanco de la gaviota contrasta aún más fuertemente con la negrura de los cuervos. En las dos últimas estrofas aparece la subjetividad plenamente con la primera persona y el uso de exclamaciones, interrogaciones, suspensión, que nos indican claramente que estamos ante la expresión directa de los sentimientos y deseos. Una figura retórica que contribuye a reforzar esa subjetividad de la primera persona es la aliteración de mi: ¡Oh, mi amigo el invierno!, /mil y mil veces bienvenido seas, / mi sombrío y adusto compañero.

10. Este poema tiene una métrica original que parece una variante de la silva, aquí utiliza versos decasílabos y hexasílabos, el último es dodecasílabo, pero eso no rompe la regularidad métrica porque a fin de cuentas es como dos hexasílabos juntos. La rima es asonante en los pares en –áe.

El amor no es un tema preferente en Rosalía, y menos aún el amor feliz. Tal vez esta concepción negativa del amor tenga mucho que ver con su vida personal y las penalidades que tuvo que sufrir, ya desde su infancia.

En las dos primeras estrofas nos habla de cómo el amor nos engaña y distorsiona la realidad (ver creía). En la primera la mirada angelical nos hace sospechar y rechazarla, y en la segunda en cambio, la mirada diabólica nos atrae y creemos que en ella está la felicidad. Usa para ello el paralelismo, la antítesis, los epítetos, la estructura bimembre (elementos agrupados de dos en dos).

En la última estrofa, que empieza con un hipérbaton y una enumeración, nos dice que el amor crea espejismos, falsas aparencias de felicidad. Y el final, utilizando la suspensión y la exclamación retórica, nos lleva a la fatal conclusión: cuando se disipa ese resplandor que rodea al amor, sólo quedan las sombras, la tristeza que envuelve a las almas engañadas.
11. Otra vez la silva, combinando heptasílabos y endecasílabos, pero en esta ocasión con rima consonante en la primera estrofa (A,b,A,b) y asonante en los versos pares de la segunda, en –óa.

El tema parece ser uno de los más recurrentes: el pensamiento le lleva a la duda y la duda al pesar, es decir, la falta de fe en la eternidad, la muerte como final. La primera enumeración anuncia el tema y las comparaciones dan idea de la magnitud del problema, como el firmamento, como el mar. En la segunda estrofa, con dos hipérbatos nos presenta lo que parece ser un signo positivo, la rosa fresca, normalmente símbolo de vida, que brota en lo más seco y profundo de su alma. Pero las comparaciones finales no dejan mucho lugar a la esperanza, porque no tienen mucho futuro ni la fuente en el desierto ni el lirio entre las grietas de una roca.


 12. Los versos hexadecasílabos u octonarios (de 16 sílabas, con cesura que los divide en dos hemistiquios de ocho) están distribuidos en tres estrofas monorrimas en asonante: la primera de siete versos en –áo, la segunda de cinco en –áa y la tercera de dos en –éo.

Vemos aquí una original variante de uno de los temas más recurrentes, la identificación del paisaje con el alma del poeta. En esta ocasión, al personificar a los elementos de la naturaleza (enumerados tras una oración impersonal) y darles voz, son éstos los que opinan sobre la poetisa, murmuran de ella, la consideran una loca soñadora. De esta manera es la naturaleza, es decir, la realidad, la que desengaña a Rosalía de sus ensoñaciones, de sus deseos de trascendencia, de sus esperanzas de eternidad. La naturaleza le dice que la vida pasa, que envejecerá, utilizando una correlación metafórica que asocia la escarcha del prado con las canas de la cabeza, o sea, identificación del paisaje con el estado de ánimo de la poetisa.

En la segunda estrofa Rosalía contesta a esas murmuraciones, admitiendo que se hace vieja, igual que llega el invierno (nótese la repetición de la correlación anterior entre canas y escarcha), pero ella sigue soñando con la eterna primavera (fijémonos en los epítetos eterna, frescura que también correlacionan la vida con el paisaje), es decir, con la regeneración, la nueva vida, la esperanza de algo más.

La estrofa final concluye con una especie de ruego a esos elementos de la naturaleza que la critican, enumerándolos con una polisíndeton que le da más énfasis al final: una pregunta retórica que plantea la imposibilidad de vivir sin sueños, sin ilusiones. Obsérvese que también aparece el tema de la subjetividad: no se puede admirar la naturaleza, la belleza, sin sueños, es decir, son los sentimientos, la perspectiva de quien mira lo que convierte la mirada en admiración.

En cuanto a las figuras retóricas, aparte de las mencionadas, hay que destacar el uso de la polisíndeton (ni,ni, y, y) que ayudan a estructurar las partes del poema en las enumeraciones, dándole un tono más pausado y solemne, en definitiva, más triste. También es curioso el uso del paralelismo con quiasmo, o sea, invirtiendo el orden de las partes que lo forman:

ni el onda con sus rumores, ni con su brillo los astros.

SN SPrep SPrep SN

Hay canas en mi cabeza, hay en los prados escarcha

N SPrep SPrep N
13. Las cinco estrofas iguales que constituyen el poema son, una vez más, una variante de la silva. Pero esta vez, en lugar de la combinación de versos endecasílabos y heptasílabos, estos últimos se sustituyen por octosílabos, una mezcla realmente rara en la poesía castellana. La rima es consonante y alterna (11A, 8b, 11A, 8b). Cuando la silva (con las libertades que se toma en ella Rosalía) repite su estructura, como sucede aquí, las estrofas pasan a denominarse estancias.

El poema, dedicado a la luna, contiene muchos de los motivos tópicos del Romanticismo: paisaje nocturno, el pálido rayo de luna, el mármol de las tumbas, la melancólica lumbre, el mar de espuma cubierto, las ondas plañideras, el blanco arenal desierto, la iglesia, el campanario, el viejo muro, la virgen solitaria. En conjunto forman un decorado magnífico para la ambientación de un drama romántico.

Todo el poema es una descripción admirativa (de ahí la exclamación) de un paisaje nocturno, bañado por la blanca luz de la luna. Siempre que haya descripción encontraremos enumeraciones y epítetos, abundantes en este caso. Muchos de los adjetivos y de las imágenes, a pesar de la noche, se refieren a la blancura, porque la luna llena baña todo con su luz, esto es, la mirada de Rosalía le da esa palidez a todo lo que ve ( pura transparencia, cándida inocencia, no tiene mancha, pálido rayo, lluvia de oro, mármol, agua cristalina, mar de espuma cubierto, blanco arenal, y la casta virgen solitaria que es la luna). Porque, como sucede siempre en la poesía romántica, la subjetividad del poeta se refleja en el paisaje. El punto de vista que domina toda la panorámica es la “casta virgen solitaria”, es decir, la luna. Es un momento de paz, de tranquila belleza, en el cual Rosalía se identifica con la luna.

14. El poema Las campanas consta de cuatro estrofas que siguen la estructura del romance, o sea, versos octosílabos con rima asonante en los pares (-éo) quedando sueltos los impares, excepto en dos versos: el noveno es un verso decasílabo y el decimocuarto es un verso endecasílabo.

En la primera estrofa nos confiesa su amor (en primera persona) por el sonido de las campanas, que compara en una enumeración paralelística con otros sonidos de la naturaleza, de su paisaje gallego. En la segunda, compara a las campanas con los pájaros, que también anuncian el amanecer, signo positivo de vida. En la tercera, con el alargamiento de verso y la polisíndeton, nos dice que su música se extiende por todo el paisaje como algo inocente, que produce paz y felicidad, usando otra vez la enumeración paralelística. En la última estrofa, al imaginarse en una frase condicional que la campanas dejaran de sonar para siempre, expresa en una enumeración paralelística de exclamaciones el efecto que produciría: tristeza, silencio,extrañeza.

¿Cómo se ha de interpretar este poema? El sonido de las campanas está tan ligado a su tierra que se identifica plenamente con el paisaje, y ya sabemos que los poetas románticos tienen una estrecha relación sentimental con el paisaje. El último verso tiene una interpretación ambigua. Las campanas son una llamada a lo religioso y la religión es lo que salva al creyente de la muerte. De alguna manera, las campanas son lo que une a vivos y muertos en una misma creencia de inmortalidad. También puede interpretarse que Rosalía concibe que la presencia de los muertos sigue ligada a la tierra donde vivieron haciendo compañía a los vivos, y que las campanas forman parte de ese mundo tanto como cualquier otro elemento de la naturaleza.

15. Es este un poema muy irregular en el aspecto métrico. Combina versos dodecasílabos ( 2, 9, 13,14,16) con decasílabos (todos los demás), dispuestos en estrofas de cuatro versos que riman en consonante alternadamente (A,B,A,B).

Rosalía describe la escena de un entierro. Para ello se centra principalmente en los sonidos y, en menor medida, en el color negro del luto. En la primera estrofa, en una enumeración, aparecen los diferente sonidos que forman el triste concierto: los graznidos de los cuervos, los gemidos de los familiares y los bramidos de las olas. En la segunda, opina que en esa sinfonía había algo discordante, ridículo y grosero, que hiere al alma sensible (enumeración, metáforas, encabalgamiento). En la tercera, finalizada la ceremonia, se disgrega el cortejo, se acaban los llantos y queda el silencio y el muerto en su soledad (enumeración de verbos que convierten la estrofa en una secuencia narrativa). En la última, sólo queda una imagen en movimiento, las orlas del negro estandarte funerario, que compara con la pluma de un ave nocturna (oscura). Hay que destacar el ritmo ceremonioso, propio de los cantos funerarios que presenta el propio poema desde el principio hasta el final, conseguido mediante la repetición de esquemas acentuales: a cada sílaba tónica le siguen dos átonas.

El sentido del poema parece ser la hipocresía de este tipo de ceremonias: la gente exterioriza un dolor que seguramente no siente, de forma convencional, porque es lo que hay que hacer. Por eso la sensación que causa toda la escena es de absurdo, como una representación sin sentido. Al final, a pesar de tanto llanto y dolor aparente, la verdad es que el muerto se queda solo y la gente se va.

16. Tres estrofas de cuatro versos alejandrinos, con cesura que divide en dos hemistiquios de siete sílabas, componen el poema. La rima es asonante en los pares (-éo, -ó y –áa, respectivamente), quedando sueltos los impares.

El tema en esta ocasión es la propia actividad del poeta, la poesía. Rosalía parece lamentarse en la primera estrofa, con metáforas y comparaciones, de que escribir poesía sea como añadir otra “amarga gota en el mar sin orillas”, algo insignificante, sin sentido. Que aunque lo que se escriba sea grande, se olvidará enseguida, y si no es tan importante (antítesis) , se hundirá inmediatamente como la piedra en el barro.

En la segunda estrofa, con enumeraciones y comparaciones trata de descubrir cuál es el origen de la poesía (vicio, pasión, enfermedad del alma). Y destaca lo efímero del mismo hecho de escribir (paralelismo).

En la última estrofa, llega a la conclusión, después del mas adversativo, de que componer poesía no nos debe asombrar puesto que es algo tan natural como el canto del ave o el murmullo del agua; y anima al poeta a cantar, con un apóstrofe exclamativo, se anima pues a sí misma, puesto que se equipara a esos elementos de la naturaleza.
17. Otra vez una silva arromanzada, distribuida en dos estrofas de cuatro versos endecasílabos y heptasílabos, con rima asonante en –ía.

El tema del poema es una paradoja: no está sola porque siempre la acompaña el dolor. Por eso invoca a las lágrimas, metonimia que representa el dolor, pidiéndoles con una exclamación que no se sequen, es decir, que no la abandonen. Luego con la antítesis pesar-dicha, nos dice que al alma nunca le será suficiente la felicidad, en cambio con un solo pesar ya es suficiente.

En la segunda estrofa, utiliza dos metáforas para referirse a sí misma (juguete del destino, arista humilde) para resaltar la angustia existencial del ser humano (no sabemos por qué estamos en el mundo ni qué sentido tiene nuestra vida). Y en los dos versos finales, como consuelo a tanta tristeza y sinsentido, sólo encuentra el dolor que la acompaña, el dolor de estar viva.

La soledad y tristeza de la que siempre habla Rosalía es un sentimiento que va ligado estrechamente al hecho mismo de vivir sin saber por qué ni para qué. Este sentimiento se corresponde en gallego con la palabra saudade. La saudade no es una soledad física, no tiene que ver con la ausencia de las personas queridas, es un sentimiento más existencial y profundo, es sentirse perdido, sin objetivos, desvalido y desesperanzado.


18. La métrica de este poema es muy irregular, la mayoría de los versos son decasílabos, pero también hay uno pentasílabo, dos dodecasílabos y tres hexasílabos. De todas maneras hay cierta compensación, puesto que los versos cortos tienen exactamente la mitad de sílabas que los largos, es decir, son como sus hemistiquios. Los versos se distribuyen en tres estrofas que riman en asonante también de forma irregular: en la primera, los pares en –éa y los impares en –ía; en la segunda, los pares en –ía quedando sueltos los impares; y en la tercera, riman en –ía todos los versos menos el tercero que queda suelto.

El tema es un tópico de gran tradición en la literatura grecolatina Tempus fugit irreparabile , es decir, la fugacidad de la vida.

En la primera estrofa, con la repetición de palabras con significado de tiempo, se contrasta la eternidad de los vigías, el cielo y la tierra, con la brevedad de la vida humana, fugacidad que se compara con el despeñarse de un torrente. La imagen del cielo y la tierra como dos vigías entre los que fluye la vida es de una gran plasticidad.

En la segunda estrofa, con formas verbales en imperativo, se pone de manifiesto la imposibilidad de recuperar lo que se ha perdido, con las metáforas del perfume de la flor marchita y los rumores y quejas de las olas que mueren en la playa. No pueden permanecer, no pueden grabarse en planchas de bronce para la eternidad.

En la última estrofa, con las antítesis que resumen la vida en momentos de tristeza y de felicidad, a los que califica con epítetos demostrando su constante pesimismo puesto que los momentos de felicidad son dulces mentiras, da paso a una exclamación de dolor y una pregunta retórica, apostrofando a su propia alma, con otro tópico latino, el ubi sunt?

19. Campanas de Bastabales apareció publicado en los Cantares gallegos en 1863. Rosalía hace aquí una glosa a una canción popular, los tres versos octosílabos con rima asonante en los pares y suelto el impar con que se inicia y concluye el poema. Esta estrofa es una soleá, y lo que añade Rosalía es la glosa de la canción, que utiliza igualmente las soleares como estrofas, pero con rima consonante.

Es un poema que parece tener argumento, en la primera parte, una muchacha lejos de su pueblo, oye las campanas y siente nostalgia y añoranza (morriña) y finalmente, saudade. Se hace referencia a la pérdida del amor, para aumentar el sentimiento de soledad y de dolor. En la segunda parte, junto a la descripción del paisaje, tenemos cómo el sonido de las campanas le sirve de consuelo, y se sube a la montaña para oírlas mejor. En la tercera, la joven regresa a su casa en Bastabales, a su “contento”. De paso se detiene y se sienta a contemplar la puesta de sol y la salida de la luna, y habla Rosalía de los tristes, como ella misma, predestinados al dolor. La cuarta parte es una descripción del paisaje nocturno, con los elementos típicos de estas descripciones de su paisaje gallego. En la última parte encontramos a la mujer en su casa, frente al hogar, sola. Las campanas parece que la inviten a rezar, pero no lo hace, pues los sollozos la ahogan, y se considera tan desgraciada que piensa que, más bien, han de rezar por ella. El poema en su conjunto es la expresión poética, en la vida de esta muchacha solitaria, del sentimiento de la saudade.




20. También incluido en los Cantares gallegos, este poema es una glosa a una copla popular (la copla es una estrofa de cuatro versos octosílabos que riman los pares en asonante quedando sueltos los impares). La glosa se compone de otras coplas y también de quintillas (8a,8b,8a,8b,8a con rima consonante).

El tema es una de las lacras de la Galicia de la época: la emigración. Rosalía pone voz al joven emigrante que se despide de su tierra y de su amada, al verse obligado a buscar trabajo lejos de su hogar.

Además de la tristeza y del dolor que le causa tener que despedirse de todo lo que ama, también hay una nota social, reivindicativa. El hombre se ve obligado a abandonar su tierra porque es pobre, y los pobres campesinos no tienen nada, ni siquiera la tierra ni la senda por la que caminan son suyas, las tienen prestadas. Por eso han de emigrar, en este caso a América, para huir de la miseria.

El pesimismo y la desesperanza ante la imposibilidad de volver son patentes en todo el poema. En las dos últimas estrofas se dirige a su amada, diciéndole que tal vez nunca vuelvan a verse. Le pide que no le olvide e insinúa que tal vez muera de nostalgia, allá, en alta mar. Es un canto de despedida y también vemos la saudade, esa soledad del alma tan patente siempre en Rosalía.



Entre las figuras retóricas más destacadas están todas aquellas que enfatizan el dolor: exclamaciones, suspensión, repeticiones de todo tipo: aliteraciones, anáforas, paralelismos, anadiplosis (se repite la última palabra del verso, en la primera del siguiente), epanadiplosis (repetición al principio y al final del verso), reduplicaciones (repeticiones de palabras o sintagmas seguidos)... Las repeticiones son de todo aquello que evoca su tierra y sus gentes, de los que se despide con emoción.




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