Antología poética del siglo de oro. Literatura castellana



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La noche oscura. San Juan de la Cruz.
Canciones del alma que se goza de haber llegado al

alto estado de la perfección, que es la unión con Dios,

por el camino de la negación espiritual.

En una noche oscura,

con ansias en amores inflamada,

(¡oh dichosa ventura!)

salí sin ser notada,

estando ya mi casa sosegada. 5


A oscuras y segura,

por la secreta escala disfrazada,

(¡oh dichosa ventura!)

a oscuras y en celada,

estando ya mi casa sosegada. 10
En la noche dichosa,

en secreto, que nadie me veía,

ni yo miraba cosa,

sin otra luz ni guía

sino la que en el corazón ardía. 15
Aquésta me guïaba

más cierta que la luz del mediodía,

adonde me esperaba

quien yo bien me sabía,

en parte donde nadie parecía. 20
¡Oh noche que me guiaste!,

¡oh noche amable más que el alborada!,

¡oh noche que juntaste

amado con amada,

amada en el amado transformada! 25
En mi pecho florido,

que entero para él solo se guardaba,

allí quedó dormido,

y yo le regalaba,

y el ventalle de cedros aire daba. 30
El aire de la almena,

cuando yo sus cabellos esparcía,

con su mano serena

en mi cuello hería,

y todos mis sentidos suspendía. 35
Quedéme y olvidéme,

el rostro recliné sobre el amado,

cesó todo, y dejéme,

dejando mi cuidado

entre las azucenas olvidado. 40

En estas liras, San Juan de la Cruz explica de forma alegórica, como si se tratara del encuentro entre dos amantes, las tres etapas o vías de la experiencia mística: vía purgativa (limpiar el cuerpo de sentimientos materiales), vía iluminativa (elevación del entendimiento hacia Dios) y vía unitiva (fusión del alma con Dios).

La noche oscura, propicia para el encuentro amoroso, simboliza la negación de los sentidos, así el alma puede escapar del cuerpo (la mujer escapando de la casa para ir al encuentro del amado). La luz simboliza el alma y la divinidad, la luz guía por tanto a los enamorados. En la quinta lira, llena de exclamaciones y anáforas, se produce el encuentro, el éxtasis místico, la unión. El quiasmo y la aliteración con que se cierra la estrofa, refuerza el sentido de unión y confusión entre el alma y Dios, entre los dos amantes.

En las tres últimas estrofas, con referencias al Cantar de los Cantares de la Biblia, y por tanto a la versión que hizo del mismo el propio San Juan en su Cántico espiritual, se recrea la escena amorosa entre el alma y el Esposo, que descansan como dos enamorados después del encuentro amoroso. El éxtasis, el olvido de sí mismo, dejándose en la voluntad de Dios, el Amado, se expresa con una enumeración de verbos y una imagen erótica que significan el estado de beatitud en que ha quedado el alma, que ya pertenece a Dios (símbolo de las azucenas, la pureza y la “virginidad” olvidada)



Llama de amor viva. San Juan de la Cruz.
¡Oh llama de amor viva

que tiernamente hieres

de mi alma en el más profundo centro!

Pues ya no eres esquiva

acaba ya si quieres, 5

¡rompe la tela de este dulce encuentro!


¡Oh cauterio süave!

¡Oh regalada llaga!

¡Oh mano blanda! ¡Oh toque delicado

que a vida eterna sabe 10

y toda deuda paga!

Matando, muerte en vida has trocado.


¡Oh lámparas de fuego

en cuyos resplandores

las profundas cavernas del sentido, 15

que estaba oscuro y ciego,

con estraños primores

color y luz dan junto a su querido!


¡Cuán manso y amoroso

recuerdas en mi seno 20

donde secretamente solo moras,

y en tu aspirar sabroso

de bien y gloria lleno,

cuán delicadamente me enamoras!

La estrofa utilizada es una modificación de la lira tradicional compuesta por seis versos de rima consonante siguiendo el paradigma 7a 7b 11c 7a 7b 11c.

Se trata de otro poema místico de San Juan en que expresa con gran exaltación la felicidad de la unión mística del alma y Dios. El fuego y la luz de la llama simbolizan el amor y el conocimiento divino. Las paradojas (cauterio suave, regalada llaga, tiernamente hieres, matando muerte en vida has trocado) realzan el sufrimiento que es a la vez placer, porque la muerte del cuerpo y los sentidos dan la vida superior, la experiencia mística que él quisiera ya permanente, por eso pide la muerte, para no tener que retornar ya más al mundo material (rompe la tela de este dulce encuentro), como si la muerte fuera el propio acto amoroso del alma con Dios.

Es de notar también la alusión platónica en la antítesis de oscuridad y luz de la tercera estrofa, las cavernas del sentido se contraponen a las lámparas de fuego del amado.

Como es habitual en San Juan el lenguaje erótico sirve para representar la experiencia mística, por eso en la última estrofa hay una imagen de encuentro amoroso entre el alma y Dios representados como la mujer y su amante, que despierta en su seno.



San Juan de la Cruz. Tras de un amoroso lance...

Tras de un amoroso lance


y no de esperanza falto
volé tan alto tan alto
que le di a la caza alcance. (cabeza o estribillo)

Para que yo alcance diese


a aqueste lance divino
tanto volar me convino
que de vista me perdiese
y con todo en este trance
en el vuelo quedé falto (mudanza, los 6 versos)
mas el amor fue tan alto (enlace)
que le di a la caza alcance. (estribillo)
Cuanto más alto subía
deslumbróseme la vista
y la más fuerte conquista
en escuro se hacía
mas, por ser de amor el lance
di un ciego y oscuro salto
y fui tan alto tan alto
que le di a la caza alcance.
Cuanto más alto llegaba
de este lance tan subido
tanto más bajo y rendido
y abatido me hallaba
dije: No habrá quien alcance.
Abatíme tanto tanto
que fui tan alto tan alto
que le di a la caza alcance.
Por una extraña manera
mil vuelos pasé de un vuelo
porque esperanza de cielo
tanto alcanza cuanto espera
esperé solo este lance
y en esperar no fui falto
pues fui tan alto tan alto,
que le di a la caza alcance.
La estrofa utilizada es la redondilla, se repite la estructura 8a 8b 8b 8a, en rima consonante. A partir de la segunda estrofa se usan redondillas dobles. El poema tiene forma de villancico, canción tradicional de origen medieval que se compone de una cabeza (la primera estrofa) y un pie que consta de estrofas nuevas en las que repite el estribillo al final de cada una; el estribillo se engarza a la mudanza (estrofas nuevas) con un verso de enlace. El estribillo se cantaba a coro, mientras que el resto del poema lo cantaba una voz solista.

Aquí San Juan utiliza el lenguaje de la cetrería (la caza con aves rapaces como halcones) para representar la experiencia mística. Él mismo convertido en una especie de halcón, vuela a lo más alto para cazar la presa, pero en seguida vemos que la caza simbólica es un acto de amor divino, lo dice en los epítetos (amoroso lance) y más tarde con el adjetivo detras (lance divino). La hipérbole o exageración está plenamente justificada porque su propósito es también exagerado, llegar a lo más alto, a Dios. Por eso vemos que hay momentos en que pierde de vista el suelo (lo material, pérdida de los sentidos o vía purgativa), y cuanto más alto llega más cansado se halla (el desfallecimiento del éxtasis).

Es de notar la paronomasia del estribillo (caza, alncance) que pone énfasis en la unión, puesto que alcanzar la caza es conseguir llegar al amor divino.

La más bella niña. Luis de Góngora
La más bella niña
de nuestro lugar,
hoy viuda y sola
y ayer por casar,
viendo que sus ojos
a la guerra van,
a su madre dice
que escucha su mal:
Dexadme llorar,
orillas del mar.

Pues me distes, madre,


en tan tierna edad
tan corto el placer,
tan largo el penar,
y me cautivastes
de quien hoy se va
y lleva las llaves
de mi libertad.
Dexadme llorar,
orillas del mar.

En llorar conviertan


mis ojos de hoy más
el sabroso oficio
del dulce mirar,
pues que no se pueden
mejor ocupar
yéndose a la guerra
quien era mi paz.
Dexadme llorar,
orillas del mar.

No me pongáis freno


ni queráis culpar,
que lo uno es justo,
lo otro por demás.
Si me queréis bien
no me hagáis mal;
harto peor fue
morir y callar.
Dexadme llorar,
orillas del mar.

Dulce madre mía,


¿quién no llorará,
aunque tenga el pecho
como un pedernal,
y no dará voces
viendo marchitar
los más verdes años
de mi mocedad?
Dexadme llorar,
orillas del mar.

Váyanse las noche,


pues ido se han
los ojos que hacían
los míos velar;
váyanse, y no vean
tanta soledad
después que en mi lecho
sobra la mitad.
Dexadme llorar,
orillas del mar.
La estrofa utilizada es el romancillo, versos hexasílabos que riman en asonante los pares quedando sueltos los impares, dispuestos en grupos de ocho versos rematados por un estribillo que forma un pareado.

Góngora imita las canciones tradicionales medievales al utilizar un estribillo y una estrofa típica de las historias cantadas en verso. Se nota sin embargo que es un poema culto, no folcklórico, en la perfección de la métrica y de la estructura interna, así como en el uso de figuras retóricas. Es muy habitual en el Barroco componer letrillas y romances a la manera medieval, pero con los recursos más cultos de la época.

En la primera estrofa encontramos la presentación del tema, la hermosa niña que se desahoga ante su madre por su casamiento. En las siguientes desarrolla el tema, en forma de soliloquio, la voz de la protagonista se queja de que la hayan casado tan joven y de la perspectiva de vivir sola toda la vida porque su marido se va a la guerra.

Las figuras más destacadas serían: la elipsis del verbo (hoy viuda y sola, ayer por casar), paralelismo (tan corto el placer, tan largo el penar), antítesis (placer/penar, guerra/paz, bien/mal, viuda/por casar, ayer/hoy), sinécdoque o metonimia (sus ojos), comparación (como un pedernal), metáforas (me cautivastes por me casatéis, llaves de mi libertad por matrimonio).


Luis de Góngora: Ándeme yo caliente y ríase la gente.


Ándeme yo caliente
y ríase la gente.
Traten otros del gobierno
del mundo y sus monarquías,
mientras gobiernan mis días 5
mantequillas y pan tierno;
y las mañanas de invierno
naranjada y aguardiente,(1)
y ríase la gente.


Coma en dorada vajilla 10
el Príncipe mil cuidados,
como píldoras dorados;(2)
que yo en mi pobre mesilla
quiero más una morcilla(3)
que en el asador reviente, 15
y ríase la gente.


Cuando cubra las montañas
de blanca nieve el enero,
tenga yo lleno el brasero
de bellotas y castañas, 20
y quien las dulces patrañas
del Rey que rabió me cuente,(4)
y ríase la gente.


Busque muy en hora buena
el mercader nuevos soles,(5) 25
yo conchas y caracoles
entre la menuda arena,
escuchando a Filomena (6)
sobre el chopo de la fuente,
y ríase la gente. 30


Pase a medianoche el mar
y arda en amorosa llama
Leandro por ver su dama,(7)
que yo más quiero pasar
del golfo de mi lagar 35
la blanca o roja corriente,(8)
y ríase la gente.


Pues Amor es tan cruel
que de Píramo y su amada
hace tálamo una espada, 40
do se juntan ella y él,(9)
sea mi Tisbe un pastel
y la espada sea mi diente,
y ríase la gente.

ACLARACIONES SOBRE VOCABULARIO


1. naranjada: mermelada de naranja.
2. Las mil preocupaciones (cuidados) del príncipe, no tendrán solución
(como píldoras dorados) por comer con vajilla dorada.
3. quiero más: prefiero.
4. Por las patrañas o cuento del Rey que rabió se entiende cualquier cuento antiguo o de tradición oral.
5. Nuevos continentes o países, para comerciar y amasar fortunas.
6. Filomena: el ruiseñor.
7. Leandro pasaba cada noche a nado el estrecho de Dardanelos para encontrarse a su amada Hero, hasta que una noche muere ahogado y ella se suicida tirándose al mar también. Góngora se burla de estos desgraciados amantes y de los que vienen a continuación.
8. Tragarme el vino blanco o tinto.
9. Las ropas ensangrentadas de Píramo hacen suponer a Tisbe que ha muerto, por lo que se suicida clavándose una espada, en la que también se ensarta él cuando la ve.Por eso la espada es el lecho conyugal (tálamo) de los amantes. Góngora se burla de ello en la conclusión del poema.

En esta letrilla, podríamos decir que lo que Góngora lleva a cabo es, en definitiva, una versión satírica del tópico del Beatus ille, sirviéndose para ello de un motivo tradicional, del cual provienen los versos que encabezan la composición: “Ándeme yo caliente/ y ríase la gente“.


En efecto, el contenido fundamental del poema, no es otro que una deformación burlesca de aquellos motivos con los cuales solía desarrollarse convencionalmente ese tópico clásico cuya fuente última suele ser Horacio y su poema del mismo título, Beatus ille, que había versionado fray Luis de León en su celebérrimo poema “Oda a la vida retirada”.
Ahora bien, lo que Horacio elegantemente expone en su ÉpodoII “Beatus ille qui procul negotiis…“, es una exaltación del ideal epicúreo (lindante con el estoicismo) de la sobriedad y la austeridad de una vida sencilla alejada de todo afán o preocupación.
Tan nobles ideales, en la irreverente letrilla de Góngora dan paso a un desenfadado canto hedonista que debemos poner en relación con los contrastes del barroco. Frente a la reflexión pesimista sobre la vida, un vitalismo burlón, aunque también nihilista, como el que le da tono a este poema.
Góngora es universalmente conocido por ese elaborado arte cubierto con la etiqueta de culteranismo, pero no es menos cierto que posee otra faceta: la de cultivador y revitalizador de la poesía tradicional. Tuvo un papel destacado en la revitalización del romance que se llevó a cabo en el barroco. También participó en la renovación del villancico y la letrilla.
Hasta que llegó a sus manos, esta forma métrica había sido un género menor limitado a temas religiosos o rústicos y vulgares. Góngora empezó a cultivar la letrilla en 1581 y la convirtió en un vehículo idóneo para expresar la sátira burlesca. Observemos en el poema que comentamos, cómo Góngora funde elementos tradicionales y cultos, aunando ambos para redoblar su intención burlesca. Parte, como hiciera en otras letrillas, de un refrán, pero a lo largo del poema la chispa humorística salta por la colisión entre elementos populares y alusiones más o menos zafias y grotescas a referentes mitológicos. El propio tema elegido es culto y Góngora lo pasa por el filtro de la poesía tradicional, lo que en sí mismo es una propuesta provocadora.
Recordemos que la letrilla, básicamente, no era otra cosa que un villancico de tono satírico. El villancico era una forma estrófica derivada del zéjel, que había sido inventado en el siglo X por el poeta hispanomusulmán Mucáddamben Muafa.
La estructura métrica común a todos ellos, reducida a su esencia, consiste en concebir el poema como formado por un estribillo y un píe. En el pie es donde están la mudanza, la vuelta y la repetición del propio estribillo.
Originalmente, todo ello estaba pensado para el canto y el baile. El solista cantaba la mudanza y el verso de vuelta.El coro, tras el verso de vuelta, intervenía cantando el estribillo, entero o en parte, según los casos. La diferencia entre el zéjel y el villancico viene marcada, esencialmente por la diferente extensión de cada una de las partes.
Pero, como decimos, la letrilla, básicamente, no es más que una variante satírica del villancico. En el caso del poema que nos ocupa, la mudanza la forma una sextilla, seis versos octosílabos, cuya rima, consonante, debe seguir ciertas pautas: todos los versos deben tener rima, no pueden rimar más de dos seguidos y los dos últimos no pueden formar pareado. Teniendo todo esto en cuenta, esta es la disposición métrica de la letrilla de Góngora:

Ándeme yo caliente
y ríase la gente. (Estribillo)

Traten otros del gobierno


del mundo y sus monarquías,
mientras gobiernan mis días
mantequillas y pan tierno, (Cuatro versos de mudanza)
y las mañanas de invierno (Enlace)
naranjada y aguardiente, (Vuelta)
y ríase la gente, (Estribillo)

En cuanto al contenido, lo singular de la letrilla es precisamente la conjunción entre lo tradicional y lo culto. El poeta toma un refrán popular y a partir de él desarrolla el poema de forma jocosa deformando un tópico de la literatura culta.


La estructura del poema se organiza en torno a los diversos motivos de este tópico, el Beatus ille, que el poeta satiriza. De manera que, tras el estribillo inicial, el primer apartado (veros 3 a 16) tienen como núcleo significativo el desprecio burlón del poder y del lujo. El poeta desprecia la pompa del poder y prefiere una vida humilde, apegada a los placeres sencillos.
En el segundo apartado se podrían integrar las dos siguientes series (versos 16 a 30), si entendemos también que la segunda, se antepone a la primera y la complementa. Prefiere estar entretenido ya salvo de los rigores del clima, y renuncia desdeñosamente a la ambición, el enriquecimiento o las grandes empresas en general.
En el tercer apartado, la dos últimas series (vv.31 a 44), ridiculiza el amor y lo cambia por los placeres de la mesa.
En cuanto al estilo, evidentemente estamos muy lejos de la poesía hiperculta que Góngora, como sabemos, llevó a extremos insuperables.
La letrilla destaca por la sencillez expresiva. Merece la pena destacarse en el apartado léxico, la presencia en el poema de palabras como “morcilla, mantequilla, bellotas, castañas”, etc. Es el resultado lógico de elevar a ideal de vida esa dorada medicocridad de lo cotidiano.
Sobresale también el uso de la metonimia, pues el poeta se sirve de ella a lo largo de todo el poema para ir acentuando el contraste entre las dos actitudes ante la vida que contrapone.”Morcilla, mantequilla, bellotas, castañas” y otros elementos similares, concretan así el atractivo contenido del modo de vida que resulta mejor valorado en la letrilla.
Como ya señalaran Dámaso Alonso y Robert Jammes, el contraste entre los valores ideales de la sociedad y el mundo real marca todas las letrillas de Góngora y esta es un buen ejemplo pues está articulada en torno a él.
La letrilla recoge perfectamente el espíritu de la poesía tradicional, revitalizado, como decimos. El empleo de giros y expresiones del lenguaje coloquial es otra muestra de ello. Así lo vemos en diversos momentos como en la alusión a “el Rey que rabió” o “muy en hora buena”".
En cuanto a las metáforas, estamos lejos del esplendor metafórico del Góngora característico en poemas de registro culto. Hay pocas metáforas y forman parte del apartato humorístico del poema. Así “el golfo” de su lagar, del cual mana el vino o la burlona equiparación del tálamo de los enamorados a la espada y, por supuesto, la hilarante transformación del pastel en Tisbe.
Podría añadirse la graciosa personificación según la cual gobiernan sus días “mantequillas y pan tierno”.
En definitiva, es un estilo en el que domina la sencillez y el gracejo, igual que en otros aspectos del texto, con lo cual se integra perfectamente en la tradición poética que pretende recrear.

Amarrado al duro banco. Luis de Góngora.


...Amarrado al duro banco
de una galera turquesca,
ambas manos en el remo
y ambos ojos en la tierra,
un forzado de Dragut
en la playa de Marbella
se quejaba al ronco son
del remo y de la cadena:
«¡Oh sagrado mar de España,
famosa playa serena,
teatro donde se han hecho
cien mil navales tragedias!,
pues eres tú el mismo mar
que con tus crecientes besas
las murallas de mi patria,
coronadas y soberbias,
tráeme nuevas de mi esposa,
y dime si han sido ciertas
las lágrimas y suspiros
que me dice por sus letras;
porque si es verdad que llora
mi cautiverio en tu arena,
bien puedes al mar del Sur
vencer en lucientes perlas.
Dame ya, sagrado mar,
a mis demandas respuesta,
que bien puedes, si es verdad
que las aguas tienen lengua,
pero, pues no me respondes,
sin duda alguna que es muerta,
aunque no lo debe ser,
pues que vivo yo en su ausencia.
¡Pues he vivido diez años
sin libertad y sin ella
siempre al remo condenado,
a nadie matarán penas!»
En esto se descubrieron
de la Religión seis velas,
y el cómitre mandó usar
al forzado de su fuerza.
Este poema forma parte de los llamados romances nuevos, es decir, los que se compusieron a imitación de los medievales, siguiendo su métrica y su estructura dramática, pero compuesto por autores de renombre y con elementos cultos (los romances viejos pertenecen a la tradición popular de la Edad Media y son anónimos).

El romance es también el nombre de la estrofa, una tirada indefinida de versos octosílabos que riman en asonante los pares mientras quedan sueltos los impares.

En su origen los romances eran épicos, pero también acabarán tratando temas líricos, como en este caso, en que el relato es lo menos importante, un mero pretexto para exponer los sentimientos de amor y nostalgia del cristiano forzado a galeras por los turcos.

En la estructura interna vemos una introducción en la que el narrador nos describe la situación del forzado a remar en un barco turco, es un cristiano prisionero que puede ver desde el barco en que está preso las costas españolas. A partir del noveno verso, el protagonista se queja de su triste destino y pregunta al mar de su tierra por su esposa, concluyendo con la triste sospecha de que tal vez haya muerto, aunque él sobreviva en esas condiciones tan lamentables. En la última parte del poema vuelve la voz del narrador a situarnos en la acción, unos barcos cristianos se disponen a atacar la embarcaciòn turca y el cómitre golpea al forzado para que reme. Hay otras versiones del romance en que continùa la historia y las quejas del forzado, con la consiguiente batalla.

Es típico de los romances la utilización de elementos narrativos, dramáticos (como los diálogos, en este caso monólogo) y líricos.

Las figuras retóricas más destacadas son: el epíteto (duro banco, sagrado mar), el paralelismo (ambas manos en el remo y ambos ojos en la tierra), el encabalgamiento en los primeros versos que da sensación de oleaje, la invocación o apóstrofe al mar, así como la personificación de este mismo, la estructura bimembre (del remo y de la cadena, coronadas y soberbias, las lágrimas y suspiros, sin libertad y sin ella), la polisíndeton de que y pues, la exclamación, la derivación (forzado, fuerza).


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