Antonio enríquez gómez a la ambición humana



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ANTONIO ENRÍQUEZ GÓMEZ

A la ambición humana

¿Qué incendio sin espíritu se sube

a la eminencia del discurso, cuando

ser presumí lucero, derribando

el muro denso desta hinchada nube?

¿En qué volcán me abraso, si yo anduve 5

en mi primera edad siempre vagando

simples regiones, dócil alentando

la infancia alegre que en mis años tuve?

¡Oh hidrópica ambición!, ¡sin duda alguna

tú eres la llama que me abrasa el pecho, 10

sedienta de los bienes de Fortuna!

Déjame ya con el agravio hecho,

vuélveme a la inocencia de la cuna,

pues por hacerme grande, me has deshecho.

ANÓNIMO


“Tenéis, señora, en la graciosa boca”
Tenéis, señora, en la graciosa boca

tan bella y soberana compostura,

que es de mi alma la mayor cordura

vivir por ella rematada y loca.

¡Mil veces dichosísimo quien toca 5

lugar tan bello y goza su dulzura!,

pues a mí la paciencia y la cordura

con sólo contemplarlo se me apoca;

y es esto en tanto extremo, que, aunque el hombre

que en una cosa honesta, santa o bella 10

pone la boca tiene infame nombre,

vuestra boca me obliga a apetecella;

de suerte que, aunque cobre este renombre,

yo quisiera poner mi boca en ella.



GABRIEL BOCÁNGEL

Hablando con su dama ya difunta

Cobróte el cielo en tu primer mañana,

humana flor, no muerta, interrumpida,

en fe de que viviste aquí ofendida

ese instante, no más, que fuiste humana.

¡Qué temprano quedó tu nieve en grana 5

de las iras del viento sacudida!;

¡qué tarde a mi esperanza con tu vida

has enseñado a escarmentar de vana!

Si es que a la patria de la luz que pisas


ruego mortal de amante voz alcanza, 10

en mérito de amar lo que no veo;

si tu poder en tu piedad avisas:

pues sabe que moriste mi esperanza,

haz que sepa que faltas mi deseo.
FRANCISCO DE BORJA Y ARAGÓN

“No me canses de hoy más, doña Lucía”


No me canses de hoy más, doña Lucía,

hila, y no hables necio culterano,

ni asientes en el rostro más la mano,

sirviéndote de tez toda Turquía.

¿Quién te mete en si el Sol, padre del día, 5

es primo de la Luna, o si es hermano,

y si es nieto el Amor del reino cano,

naciendo el fuego de región tan fría?

¿A qué Sibila antigua correspondes,

creyendo que te influyen las deidades 10

aquestos disparates?, ¿qué respondes?

¿Quién te parló tan fieras necedades?:

que tú no las entiendes, aunque rondes

la noche de las cultas Soledades.




BERNARDA FERREIRA DE LA CERDA

Jardín cerrado”

Jardín cerrado, inundación de olores;

fuente sellada, cristalina y pura;

inexpugnable torre, do, segura

de asaltos, goza el alma sus amores;

intactas guardas tus hermosas flores; 5

matas la sed, destierras la secura;

ostentas majestad, y desa altura

penden trofeos siempre vencedores.

El verdor tuyo nunca el lustre pierde,

ni se enturbia el candor de tu corriente; 10

firme está tu invencible fortaleza:

que es el jardín cerrado siempre verde,

es siempre clara la guardada fuente,

y es propia de la torre la firmeza.

LUIS DE GÓNGORA Y ARGOTE

“Cuatro o seis desnudos hombros”


Cuatro o seis desnudos hombros

de dos escollos o tres

hurtan poco sitio al mar,

y mucho agradable en él.

Cuánto lo sienten las ondas 5

batido lo dice el pie,

que pólvora de las piedras

la agua repetida es.

Modestamente sublime

ciñe la cumbre un laurel, 10

coronando de esperanzas

al piloto que lo ve;

verdes rayos de una palma

(si no luciente, cortés

norte frondoso) conducen 15

el derrotado bajel.

Este ameno sitio breve,

de cabra, apenas, montés

profanado, escaló un día

mal agradecida fe; 20

joven, digo, ya esplendor

del palacio de su rey,

el hueco anima de un tronco

nueve meses habrá, o diez,

a quien, si lecho no, blando 25

sueño le debe fïel,

brame el austro y de las rocas

haga lo que del ciprés.

Arrastrando allí eslabones

de su adorado desdén, 30

hierbas cultiva, no ingratas,

en apacible vergel.

¡Oh cuán bien las solicita

sudor fácil, y cuán bien

émulas, responden ellas, 35

del más valiente pincel!

Confusas entre los lilios

las rosas se dejan ver,

bosquejando lo admirable

de su hermosura crüel, 40

tan dulce, tan natural,

que abejuela alguna vez

se caló a besar sus labios

en las hojas de un clavel.

Sierpe de cristal, vestida 45

escamas de rosicler,

se escondía ya en las flores

de la imaginada tez,

cuando velera paloma,

alado, si no, bajel, 50

nubes rompiendo de espuma,

en derrota suya un mes,

le trajo, si no de oliva,

en las hojas de un papel,

señas de serenidad, 55

si al arco de Amor se cree.



JUAN DE JÁUREGUI

A Mucio Cévola




Librar del fuego la engañada mano


manda Pórsena, y el acero agudo,

que Mucio abrasa, de temor desnudo,

y del castigo de sí mismo ufano.

La propia diestra, que el varón romano 5

ardiendo pudo ver, immoble y mudo,

ésa mirar intrépido no pudo

el ofendido príncipe toscano.

En alta admiración cambia la saña,

la vida al enemigo reservando, 10

que para darle muerte armó la diestra.

Feliz error, que mejoró la hazaña.

Mano siempre feliz, pues pudo, errando,

ser ejemplos de tantas y maestra.

JUAN DE JÁUREGUI


Un amante abrasando las prendas de su dama
Pasó la primavera y el verano

de mi esperanza, y el agravio mío

en la estéril sazón del seco estío

entrega estos despojos a Vulcano;

bien que el sagaz Amor intenta en vano 5

oponer al incendio un yelo frío,

donde el turbado pecho pierde el brío

y se entorpece la cobarde mano.

Mas la razón que mi derecho ampara

quiero fomente el fuego merecido: 10

reliquias mueran de memorias mías.

Y el desengaño (como Fénix rara),

que estuvo de mi llama consumido,

vivo renazca entre cenizas frías.




LOPE DE VEGA

A una dama que hilaba

Hermosa Parca, blandamente fiera,

dueño del hilo de mi corta vida,

en cuya bella mano vive asida

la rueca de oro y la mortal tijera;

hiladora famosa a quien pudiera 5

rendirse Palas y quedar vencida;

de cuya tela, Amor, de oro tejida,

si no fuera desnudo, se vistiera;

déte su lana el vellocino de oro,


Amor su flecha para el huso, y luego, 10


mi vida el hilo que tu mano tuerza;

que a ser Hércules yo, tanto te adoro

que rindiera a tu rueca, atado y ciego,

la espada, las hazañas y la fuerza.



FRANCISCO DE QUEVEDO

Canción de don Francisco Gómez de Quevedo a la muerte de don Luis Carrillo
1

Miré ligera Nave,

Que con alas de lino en presto vuelo

Por el aire süave

Iba segura del rigor del Cielo,

Y de tormenta grave. 5

En los Golfos del Mar el Sol nadaba

Y en sus ondas temblaba;

Y ella, preñada de riquezas sumas,

Rompiendo sus cristales,

Le argentaba de espumas, 10

Cuando en furor iguales,

En sus velas los vientos se entregaron.

Y dando en un bajío,

Sus leños desató su mismo brío,

Que de escarmientos todo el Mar poblaron, 15

Dejando de su pérdida en memoria

Rotas jarcias, parleras de su historia.

2

En un hermoso prado



Verde laurel reinaba presumido,

De pájaros poblado 20

Que, cantando, robaban el sentido

Al Argos del cuidado.

De verse con su adorno tan galana

La Tierra estaba ufana,

Y en aura blanda le adulaba el viento, 25

Cuando una nube fría

Hurtó en breve momento

A mis ojos el día;

Y arrojando del seno un duro rayo,

Tocó la Planta bella 30

Y juntamente derribó con ella

Toda la gala, Primavera y Mayo.

Quedó el suelo de verde honor robado,

Y vio en cenizas su soberbia el prado.

3

Vi, con pródiga vena 35



De parlero cristal, un Arroyuelo

Jugando con el cielo,

Y enamorando de su risa al Cielo.

A la margen amena,

Una vez murmurando, otra corriendo, 40

Estaba entreteniendo;

Espejo guarnecido de esmeralda

Me pareció, al miralle,

Del prado, la guirnalda.

Mas abrióse en el valle 45

Una envidiosa cueva de repente;

Enmudeció el Arroyo,

Creció la oscuridad del negro hoyo,

Y sepultó recién nacida fuente,

Cuya corriente breve restauraron 50

Ojos, que de piadosos la lloraron.

4

Un pintado Jilguerillo,



Más ramillete que ave parecía;

Con pico lisonjero

Cantor del Alba, que despierta al día; 55

Dulce, cuanto parlero,

Su libertad alegre gozaba;

Cuando en un verde y apacible ramo,

Codicioso de sombra, 60

Que sobre varia alfombra

Le prometió un reclamo,

Manchadas con la liga vi sus galas;

Y de enemigos brazos

En largas redes, en nudosos lazos, 65

Presa la ligereza de sus alas,

Mudando el dulce, no aprendido canto

En lastimero son, en triste llanto.

5

Nave tomó ya puerto;



Laurel se ve en elCielo trasplantado, 70

Y de él teje corona;

Fuente, hoy más pura, a la de Gracia corre

Desde aqueste desierto;

Y Pájaro, con tono regalado,

Serafín pisa ya la mejor Zona, 75

Sin que tan alto nido nadie borre.

Así que el que a Don Luis, llora, no sabe

Que Pájaro, Laurel y Fuente y Nave,

Tiene en el Cielo, donde fue escogido,

Flores y Curso largo y Puerto y Nido. 80

CATALINA CLARA RAMÍREZ DE GUZMÁN

A la ausencia de una amiga, hablando con ella

Cuando quiero deciros lo que siento,

siento que he de callaros lo que quiero:

que no explican amor tan verdadero

las voces que se forman de un aliento.

Si de dulces memorias me alimento, 5

que enfermo del remedio considero,

y con un accidente vivo y muero,

siendo el dolor alivio del tormento.

¿Qué importa que me mate vuestra ausencia,

si en el morir por vos hallo la vida 10

y vivo de la muerte a la violencia?

Pues el remedio sólo está en la herida…

mas, si no he de gozar vuestra asistencia,

la piedad de que vivo es mi homicida.


BERNARDINO DE REBOLLEDO

Dedica esta primera parte de sus Ocios a la dama por quien se escribió lo más della


Estos suspiros, Lisi, estos acentos,

desnudos de arte, de dolor vestidos,

lisonjas debían de ser de tus oídos,

puesto que indicio son de mis tormentos.

Mas a mover digna piedad atentos, 5

no bien fueron del alma despedidos

cuando vuelven a ser, por desvalidos,

querelloso embarazo de los vientos.

Segunda vez a ti se han atrevido;

si no fueren del todo despreciados, 10

en fe de haver tal dueño merecido,

del tiempo vivirán previlegiados,

venciendo, ya qu’el tuyo no han podido,

el olvido a qu’estaban condenados.


JUAN DE TASSIS Y PERALTA, CONDE DE VILLAMEDIANA

“Podré ya, voluntario desterrado”

Podré ya, voluntario desterrado


en esta felicísima ribera,

si no aplausos de Amor, lograr [siquiera]

ocio sin culpa, sueño sin cuidado.

Quizá será desdén solicitado 5


el conortado olvido que me espera,

y con alas de aviso, y no de cera,

seguro volaré, si no envidiado.

Mares contrarios, ni contrarios vientos,

poco afligen la entena que, varada, 10

se niega ya a las ondas inconstantes.

De[n] luz a quejas ciegos escarmientos;

deje la razón, muda de avisada,

este golfo a mejores navegantes.

MARÍA DE ZAYAS Y SOTOMAYOR


“¿Quién pensara que mi amor”

¿Quién pensara que mi amor,

escarmentado en mis males,

cansado de mis desdichas,

no hubiera muerto cobarde?

¿Quién le vio escapar huyendo 5

de ingratitudes tan grandes

que crea que en nuevas penas

vuelva de nuevo a enlazarme?

¡Malhayan de mis finezas

tan descubiertas verdades, 10

y malhaya quien llamó

a las mujeres mudables!

Cuando de tus sinrazones

pudiera, Celio, quejarme,

quiere Amor que no te olvide, 15

quiere Amor que más te ame.

Desde que sale la aurora,

hasta que el sol va a bañarse

al mar de las playas Indias,

lloro firme y siento amante; 20

vuelve a salir y me halla

repasando mis pesares,

sintiendo tus sinrazones,

llorando tus libertades.

Bien conozco que me canso 25

sufriendo penas en balde,

que lágrimas en ausencia

cuestan mucho y poco valen.

Vine a estos montes huyendo

de que ingrato me maltrates, 30

pero más firme te adoro,

que en mí es sustento el amarte.

De tu vista me libré,

pero no pude librarme

de un pensamiento enemigo, 35

de una voluntad constante.

¿Quién vio cercado castillo?,

¿quién vio combatida nave?,

¿quién vio cautivo en Argel?:

tal estoy y sin mudarme. 40

Mas, pues te elegí por dueño,

¡matadme, penas, matadme!,

pues por lo menos dirán:

“Murió, pero sin mudarse”.

¡Ay bien sentidos males!, 45

poderosos seréis para matarme,

mas no podréis hacer que amor se acabe.




MARÍA DE ZAYAS Y SOTOMAYOR

“Un corazón de araña al sol secado”


Un corazón de araña al sol secado,

y sacado en creciente de la luna;

tres vueltas de la rueda de Fortuna,

cuando tenga un dichoso levantado;

ha de estar todo aquesto preparado 5

con el licor de aquella gran laguna,

donde, por ser Salmacis importuna,

fue Troco en Hermafrodita trocado;

en sangre de Anteón muy bien cocido,

revuelto en quejas de los ruiseñores, 10

y entre pelos de ranas conservado.

Cuando un amante esté muy afligido,

sahume con aquesto a sus amores,

que será de sus penas remediado.



MARÍA DE ZAYAS Y SOTOMAYOR


“A pesar de la Fortuna”
A pesar de la Fortuna,

que su vista me quitó,

sin ser Aurora, en mis brazos

ayer Febo amaneció.

Vertiendo risa en las flores 5

con su divino esplendor,

dando perlas a las fuentes,

lustre, ser y admiración.

¿Quién vio, entre celajes rojos,

salir gobernando el Sol 10

los flamígeros caballos

que descompuso Faetón?

¿Quién vio decretar a Jove

el castigo que se dio

al mozo mal entendido 15

que por soberbio cayó?

¿Y quién vió al sabio Mercurio

adormecer al pastor

que velaba con cien ojos

a la desdichada Io? 20

¿Quién vio sujetando a Marte,

con su extremado valor,

las belicosas escuadras

de quien es dueño y señor?

¿Quién le vio rendir a Venus 25

la soberbia condición,

animoso entre soldados,

tierno tratando de amor?

¿Quién vio conquistando al mundo

aquel magno emperador 30

que alcanzó en el tanto monta,

glorias, título y blasón?

¿Quién vio vencer imposibles

aquel mozo que abrasó

por castigar su flaqueza 35

su brazo con tal valor?

Así, selvas, a mis ojos

un bello sol ofreció,

y de haberle visto, selvas,

mi dicha alabando estoy. 40

Envídieme la Fortuna,

si oriente soy de tal sol,

siendo diamante que alcanzo

a sus rayos más valor.

Mas ¡ay! que tal favor 45

en sueños la Fortuna me ofreció;

porque nunca mi amor,

si no es durmiendo, aquesto mereció.



MARÍA DE ZAYAS Y SOTOMAYOR

“Toma tu acero cortador”

Toma tu acero cortador, no seas

causa de algún exceso inadvertido,

que puede ser, Salicio, que sea Dido,

si por mi mal quisieses ser Eneas.

Cualquiera atrevimiento es bien que creas 5

de un pecho amante a tu valor rendido,

muy cerca está de ingrato el que es querido;

llévale, ingrato, si mi bien deseas.

Si a cualquiera rigor de aquesos ojos

te lloro Eneas y me temo Elisa, 10

quítame la ocasión de darme muerte,

que quieres la vida por despojos.

Que me mates de amor, mi amor te avisa:



tú ganarás honor, yo dulce suerte.


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