Año: 28, Abril 1986 No. 604 N. D. Acusado de traidor y de



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Año: 28, Abril 1986 No. 604

N. D. Acusado de traidor y de «sacrílego», el Cardenal Miguel Obando y Bravo sigue en la mira del régimen de Managua. Este artículo apareció originalmente en LOSSERVATORE ROMANO, fue traducido y publicado por la revista HOY, de Chile, en la edición marzo-abril. 1986.

El Asedio Sandinista

Por Paolo Defani

El 21 de enero de 1986, el Cardenal Miguel Obando y Bravo, Arzobispo de Managua, lanzó un llamamiento público al Secretario General de las Naciones Unidas en relación con la persecución desencadenada contra la iglesia en Nicaragua.

En el curso de una conversación en el edificio de cristal en Nueva York, el Cardenal denunció el objetivo perseguido por el régimen Sandinista de «neutralizar la actividad religiosa» y reducir al silencio a la Iglesia con el pretexto de que se dedica a hacer política.



Esta campaña antirreligiosa ha sido llevada a cabo durante años y se fundamenta en la limitación progresiva de la libertad de acción reservada a la Iglesia para su labor pastoral y caritativa entre los pueblos, y también en silenciar sus medios ya inadecuados de comunicación social.

Estas acusaciones requieren cierta documentación.

Desde el pasado mes de octubre, como resultado de las leyes de emergencia, se prohibe oficiar sin autorización ninguna clase de ceremonia al aire libre, como si fueran reuniones sediciosas. El 11 de enero, las autoridades ordenaron el cierre de radio Católica, que ya estaba sometida a una férrea censura, privando de esta forma al pueblo de su derecho a ser informado sobre las actividades de la Iglesia. Durante el verano de 1984, diez sacerdotes extranjeros que habían sido asignados a la Diócesis de Managua fueron expulsados del país. Antes de ello, habían sido expulsados otros sacerdotes extranjeros.

La Campaña

El gobierno Sandinista no permite la sustitución de los sacerdotes expulsados por otros. Por el contrario, amenaza continuamente con su expulsión del país. El valor de esta decisión puede medirse por el número insuficiente de clérigos que trabajan allí.

Al propio tiempo, elgobierno trata constantemente de desacreditar a la Iglesia y destruir la unidad eclesiástica basada en los obispos, favoreciendo la formación de una llamada «Iglesia Popular», representada sólo por una reducida minoría de clérigos y basada en una «Teología de la Liberación» altamente dudosa.

Este plan comprende la inclusión en el poder político de los miembros del clero (que no siempre pueden comprender el daño que ocasionan a la Iglesia, tanto local como universal).

Por el contrario, el régimen Sandinista tiene incluso la desvergüenza de alabar la iniciativa de los sacerdotes que ocupan cargos de ministros. En realidad sostienen ¿qué otro país respeta y honra a la Iglesia hasta el punto de hacer que miembros del clero formen parte del gobierno? Esta tesis no requiere mucho debate.

Baste recordar que hace unas semanas el ministro del Exterior, Miguel DEscoto sacerdote de la Orden Maryknoll suspendido de su actividad a divinis debido a haberse negado a abandonar su actividad política conforme a las disposiciones establecidas por el Código Canónico, tuvo la temeridad de definir al cardenal Obando como «un traidor sacrílego».

Las limitaciones establecidas por al gobierno y la administración van acompañadas a menudo de actos reales de violencia por jóvenes Sandinista que irrumpen en las iglesias durante la celebración de la misa, y a menudo producen daños en los edificios parroquiales e insultan, tanto al clero como a los creyentes.

Pudiéramos preguntarpor qué son los sandinista tan encarnizados enemigos de la Iglesia. Se debe a que, aunque lo niegan, los sandinista desean realmente establecer un régimen izquierdista totalitario, y el totalitarismo (de cualquier clase) no puede tolerar la existencia de grupos sociales y humanos, salvo los de un solo partido.

La ideología política totalitaria no permite opciones externas o distintas. Al descartar a priori un pluralismo político, el ciudadano queda sin espacio privado en el que practicar su fe y su religión. En dicha perspectiva exclusivista, los blancos inmediatos de ataque son los partidos políticos, el poder económico y luego las iglesias.

Sin embargo, cabe advertir que en Nicaragua hay todavía cierta libertad política, económica y religiosa, aunque limitada.

Pero según la opinión de observadores informados de los asuntos internacionales el país va inevitablemente en la dirección antes indicada. Los expertos pudieran describir el sistema político nicaragüense como un sistema totalitario imperfecto: ya sea debido a que el sandinismo no tiene todavía la fuerza suficiente para tragarse a la sociedad, o a que Managua ha mantenido convenientemente una fachada de libertad democrática para impresionar favorablemente a la opinión pública exterior y aprovechar la generosa ayuda financiera suministrada por el mundo occidental.

Después de todo, el experimento sandinista sólo tiene siete años de vida y no se puede construir un sistema totalitario en un día.

La Tempestad

La Iglesia de Nicaragua es una Iglesia en medio de una tempestad.

Sintomática en este respecto es la experiencia personal del Cardenal Obando.

Durante la década de 1970, fue un defensor valiente de su pueblo contra la violencia de la dictadura en realidad, fue llamado irónicamente por Anastasio Somoza el «General Miguel», comparándole con los guerrilleros Sandinista. El 9 de julio, apoyó a la revolución Sandinista como movimiento de emancipación orientado a promover la justicia social con respeto de los derechos humanos. Había sido un sacerdote ejemplar, un patriota y un progresista; ahora que ha adoptado una actitud crítica hacia el régimen, se le describe como reaccionario, como «agente de la CIA» y como «sacerdote sacrílego».

Quienes le calumnian hoy deberían recordar un episodio ocurrido no hace muchos años.

El 22 de agosto de 1978, el famoso «Comandante Cero» (Edén Pastora, que hoy se ha unido a la resistencia antisandinista) irrumpió en el Palacio Nacional de Managua tomando como rehenes a dos mil personas, entre ellos ministros y otros miembros del gobierno de Somoza; para liberarlos, se pidió la puesta en libertad de 60 prisioneros Sandinista y un millón de dólares. Estas peticiones fueron aceptadas por Anastasio Somoza sólo ante las presionas del arzobispo Obando, quien después acompañó a los hombres de Pastora y los prisioneros políticos liberados a Costa Rica. Uno de estos últimos fueTomás Borge, uno de los fundadores del movimiento Sandinista y el actual ministro del Interior, quien en realidad debe su vida al cardenal.

«La llamada de atención de Pablo VI (Octogesima advenies) sigue siendo hoyplenamente actual: a través del marxismo, tal como es vivido concretamente, se pueden distinguir diversos aspectos y diversas cuestiones planteadas a los cristianos para la reflexión y la acción. Sin embargo, ‘sería ilusorio y peligroso llegar a olvidar el íntimo vínculo que los une radicalmente, aceptar los elementos del análisis marxista sin reconocer sus relaciones con la ideología, entrar en la práctica de la lucha de clases y de su interpretación marxista dejando de percibir el tipo de sociedad totalitaria a la cual conduce este proceso».

INSTRUCCIÓN SOBRE ALGUNOS ASPECTOS DE LA «TEOLOGIA DE LA LIBERACION» El Vaticano, 1984

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