Apariciones y mensajes



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APARICIONES Y MENSAJES

DE MARÍA


Nihil Obstat

P. Fortunato Pablo

Prior Provincial

P. José Miguel Lerena

Vic. Provincial O.A.R.

Imprimatur

Mons. Emiliano Cisneros

Obispo de Chota (Cajamarca)

P E R Ú

ÁNGEL PEÑA O.A.R.



LIMA – PERÚ

2001



ÍNDICE GENERAL

INTRODUCCIÓN


PRIMERA PARTE: APARICIONES APROBADAS POR LA IGLESIA
Virgen del Pilar. Virgen del Carmen. Virgen de Guadalupe.

Virgen de la Medalla Milagrosa. Virgen de La Salette.

Virgen de Lourdes. Virgen de Fátima.

Otras apariciones: Roma, Loreto, Mariazell, Trois Epis,

Kazan, Siluva, Guanare, Czestochowa,

Pontmain, Pellevoisin, Knock,

Beauraing, Banneux, Olawa.

Virgen de la Revelación.


SEGUNDA PARTE: APARICIONES APROBADAS POR EL OBISPO
Apariciones masivas (Valenciennes, Arras, Tournai, Monte Gubel,

Constanza, Potschaiw, La Vang, Buu-Chau, Caspeltroso, Tilly-Sur-Seulles,

Dong Lu, Pekín, Quito, Asís, Varsovia, Líbano, Belén, Belpasso,

Manila, Mulevala, Bilychi). Virgen de Zeitun. Virgen de Gruschew (Hrushiv).

Otras apariciones (Roverano, Guadalupe, Monte Berico, Bovegno,

Montallegro, Vailankami, Prenessaye, Le Laus, Tinos, Porzus, S. Luca,

Gietrzwald, Heede, Marienfried, Canadá, Amsterdam, Betania, Kibeho,

S. Nicolás de los Arroyos, Litmanova).

Virgen de Damasco. Virgen de Akita.
TERCERA PARTE: APARICIONES EN PROCESO DE INVESTIGACIÓN
Ntra. Sra. de Kerizinen. Virgen Dolorosa de Umbe.

Virgen de la Familia. Virgen de Cuapa.

Virgen de Medjugorje. Virgen Guardiana de la Fe.

Otras apariciones (La Codosera, Hasznos, Lipa, Sabana Grande,

Eisenberg, San Damiano, Montichiari, Porto S.Stefano,

Raccuja, Oulx, El Escorial, Schio, Oliveto Citra,

Casavatore, Puerto Príncipe, Conyers, Mammaledi).
CUARTA PARTE: MENSAJES MARIANOS
Mensajes de María. Movimiento Sacerdotal Mariano. Lágrimas de Nuestra Madre.

El Secreto de Fátima. a) Tercera Parte del Secreto b) Algunas Reflexiones.

Promesas del Rosario. Reflexión Final. Poesía a María.
CONCLUSIÓN. Canción a María.
INTRODUCCIÓN

Nuestra Madre Santísima se ha aparecido, muchas veces, en diversos lugares a lo largo y ancho del mundo durante los dos mil años de historia cristiana. Estas apariciones de María se circunscriben casi exclusivamente al marco de la Iglesia Católica. En la Iglesia ortodoxa se han dado muy pocas. Ahora bien, con respecto a las apariciones, la Iglesia siempre ha adoptado un comportamiento prudente. Algunas pocas apariciones han sido oficialmente aceptadas por la Iglesia. Pero, aun en este caso, nunca aplica un juicio de infalibilidad, no se consideran dogmas de fe y, por tanto, los fieles no están obligados a creer en ellas. Sin embargo, sería muy poco razonable de nuestra parte, olvidarnos de ellas y de sus mensajes o no creer en ellas.


A este respecto, decía el P. René Laurentin, famoso teólogo y mariólogo francés: “Si sabemos que una persona ha tomado el avión para venir a encontrarnos, normalmente vamos al aeropuerto en vez de decir: No creo que sea cierto, puede ser una noticia falsa o el vuelo pudo ser cancelado y no quiero arriesgarme a recibir una desilusión. Estas palabras no tienen sentido para el que ama... Por eso, las opiniones negativas, cuando se habla hoy de apariciones, parecen extrañas al verdadero amor a María y, además, cultivan la indiferencia con respecto a Dios, a Cristo y a la Virgen”.(1)
Las apariciones bien documentadas son más de mil. Solamente en el siglo XX son cerca de cuatrocientas. Esto sin contar las muchas apariciones privadas y personales a muchas almas santas. Hablando más en concreto, diremos que, hasta el año 1400, las apariciones documentadas son relativamente pocas: ciento sesenta y ocho aproximadamente. Esto se debe, no a que no hayan existido en mayor cantidad, como en los siglos posteriores, sino a la falta de documentos que las acrediten. Desde 1400 a 1600 hay 209 apariciones bien documentadas en veintiséis países, especialmente en Europa. Entre 1600 y 1800 hay 131 apariciones en veinticuatro países. Entre 1800 y 1900 las apariciones bien conocidas son 118 en diecinueve países. Sólo en el siglo XX hay información de 395 y, seguramente, hay muchas más. Lo cual significa que, aun considerando que algunas puedan no ser verdaderas, de hecho, María se ha aparecido más de mil veces en la historia de la Iglesia. ¿Para qué?
Los motivos han sido diversos según las circunstancias. Muchas veces, se ha aparecido para sostener a los cristianos durante las persecuciones y a los mártires para darles fortaleza ante el martirio. También se ha aparecido para defender a los fieles contra las herejías, incluso para defenderlos en las batallas. A veces, lo ha hecho para asegurarlos en la fe católica. En Lourdes, por ejemplo, ha querido confirmar el dogma de la Inmaculada Concepción, proclamado cuatro años antes por el Papa. En estos últimos tiempos, sus apariciones son más frecuentes, porque la humanidad, según dice Ella, está al borde de un cataclismo y urge un cambio de vida; ya que, de otro modo, vendrán graves desgracias para todo el mundo. Y Ella como Madre, nos avisa y nos pide conversión, oración y penitencia.
Normalmente, en las apariciones se presenta como una Madre, Madre de todos sin excepción. Viene con vestidos de distinto color. El manto que viste, símbolo de su protección maternal, es también de diferentes colores. El color de su rostro también es distinto según los lugares. Juan Diego, en México, la vio con rostro mestizo. En otros lugares, aparece con rasgos árabes, chinos, indios o africanos. ¿Por qué? Porque quiere asemejarse a todos sus hijos, ya que quien se aparece, no es tanto la María histórica, sino la “persona” celeste de María, que es Madre de todos. A los videntes les habla en su propio idioma o dialecto, les da confianza hasta para jugar con Ella y les hace sentir su amor de Madre, sobre todo, a los niños.
A menudo se presenta sola, pero también, muchas veces, viene con el niño Jesús. En ocasiones, aparece con San José o ángeles que la acompañan. Su presencia suele venir acompañada de fenómenos luminosos: luces, rayos, truenos, perfumes, fenómenos prodigiosos en el sol... En muchísimos casos, deja un manantial de agua para la curación de los enfermos y consuelo de los afligidos. Siempre se presenta muy joven, unos quince años, pero no más de treinta. A veces, llora, cuando habla de la gravedad de los pecados y de los castigos que amenazan al mundo, pero también sonríe con amor de madre.
Las apariciones no son siempre a niños, también se aparece a adultos de todas las edades y condiciones sociales. A veces, se presenta a unas pocas personas; pero, otras veces, se presenta a miles de personas, incluso ateos y de otras religiones. Tampoco faltan manifestaciones calladas y mensajes claros a través de sus imágenes, que lloran hasta lágrimas de sangre o transpiran aceite perfumado. Muchos grandes santuarios han tenido su origen en alguna aparición mariana, pero en todos los lugares se ha erigido, al menos, una capilla para no olvidar su visita y recordar los milagros y conversiones, que han sucedido.
Para apreciar mejor la validez o importancia de las apariciones y sus mensajes, vamos a dividir el tema en cuatro partes:


  • Apariciones explícita o implícitamente aprobadas por la Iglesia.

  • Apariciones aprobadas por el obispo local.

  • Apariciones que están aún en proceso de investigación.

  • Mensajes de la Madre del cielo.


PRIMERA PARTE

APARICIONES APROBADAS POR LA IGLESIA
En esta primera parte, vamos a presentar algunas apariciones aprobadas por la Iglesia. No sólo consideraremos las que han sido explícita y oficialmente aprobadas, sino también las que lo han sido implícitamente, al ser aceptado su culto o al ser reconocidas por algunos Papas.

VIRGEN DEL PILAR
El primer santuario mariano del mundo es El Pilar de Zaragoza en España. Allí se aparece nuestra Madre el año 40 de nuestra Era, cuando todavía vivía en la tierra. Se aparece al apóstol Santiago a orillas del río Ebro, viniendo rodeada de ángeles y trayendo su imagen sagrada sobre un pilar de jaspe de unos 50 cms. de alto, que todavía se conserva. Durante siglos, generaciones de católicos españoles y de todo el mundo han besado este pilar bendito, que ya tiene un pequeño hueco de tantos besos recibidos del amor de sus hijos. Yo también he tenido este privilegio.
Veamos lo que la beata Ana Katharina Emmerich, famosa santa agustina, que tuvo visiones sobrenaturales de la vida de Jesús y de María, nos dice al respecto por revelación divina: “He visto a Santiago rezando en Zaragoza, vi venir un resplandor del cielo sobre él y aparecieron ángeles que entonaban un canto muy armonioso, mientras traían un pilar de luz. En el resplandor del pilar vi a María Santísima de nívea blancura y transparencia, de mayor hermosura y delicadeza que la blancura de una fina seda. Estaba de pie, resplandeciente de luz... Entonces, vi que Santiago se levantó del lugar donde estaba rezando de rodillas y recibió internamente de María el aviso de que debía erigir de inmediato una iglesia allí”.
De esto mismo habla también la Venerable Madre María de Agreda en la “Mística Ciudad de Dios”. “Manifestósele a Santiago la Reina del cielo desde la nube y trono donde estaba rodeada de los coros de los ángeles. El dichoso apóstol se postró en tierra con una profunda reverencia y vio la imagen y columna o pilar en mano de algunos ángeles. La piadosa Reina le dio la bendición en nombre de su Hijo y le dijo: El Altísimo y Todopoderoso Dios del cielo ha señalado y destinado este lugar para que le consagréis y dediquéis un templo y casa de oración. Yo, en nombre del Todopoderoso, prometo grandes favores y bendiciones de dulzura y mi verdadera devoción y amparo. Y en testimonio de esta verdad y promesa, quedará aquí esta columna y colocada mi propia imagen, que en este lugar donde edificaréis mi templo, perseverará y durará con la santa fe hasta el fin del mundo... Dio humildes gracias nuestro apóstol a María Santísima y Ella, dándole la bendición, la volvieron los ángeles a Jerusalén con el mismo orden que la habían traído. Pero antes, a petición suya, ordenó el Altísimo que, para guardar aquel santuario y defenderlo, quedase en él un ángel santo encargado de su custodia, y desde aquel día hasta ahora persevera en este ministerio y lo continuará cuanto allí durare y permaneciere la imagen sagrada y la columna. De aquí ha resultado la maravilla que todos los fieles y católicos reconocen de haberse conservado aquel santuario ileso y tan intacto por mil seiscientos y más años... Éste fue el origen del santuario de Nuestra Señora del Pilar de Zaragoza” (III, libro 7, cap. 17 Nº 352-354).
Se tiene conocimiento que ya en el siglo II existía allí una pequeña iglesia, dedicada a María. Esta Iglesia se amplió en el siglo IV con la libertad de Constantino. En 1434 un incendio destruyó el templo románico, pero se salvó milagrosamente la imagen y el pilar. Allí se edificó una iglesia gótica. El 25 de julio de 1681 se comenzó la actual Iglesia de 15 torres y 130 metros de largo, por el arquitecto Francisco de Herrera.
Por supuesto que el santuario del Pilar de Zaragoza es el santuario mariano más importante de España. Allí se realizan constantemente grandes milagros. El más famoso fue el ocurrido el 29 de marzo de 1640 a Miguel Juan Pellicer, natural de Calanda. Hacía dos años y cinco meses que le habían amputado una pierna y la habían enterrado en el cementerio del hospital. Todos los días pedía limosna a la puerta de la basílica del Pilar y se ungía su muñón con el aceite de la lámpara de María. La noche del 29 de marzo de 1640 se despertó con la pierna totalmente entera y nueva. Era su misma pierna, porque aparecían las huellas de la mordedura de un perro de años atrás. Este milagro fue certificado por las principales autoridades de la época. El notario de Mazaleón, Don Miguel de Andreu, tomó nota en un acto público con la firma de muchos testigos y este documento se conserva en el Despacho del alcalde de Zaragoza. El arzobispo de aquel tiempo, Don Pedro Apaolaza, aquel mismo año, dictó sentencia en estos términos: “Pronunciamos y declaramos que a Miguel Juan Pellicer le ha sido restituida milagrosamente la pierna que antes le habían cortado”. Lo mismo declaró el jefe de la Diplomacia, conde de Peñaranda, Don Gaspar de Bracamonte.
Durante la guerra civil española ocurrió otro gran milagro. El coronel Sandino ordenó al alférez Villa Ceballos bombardear el templo del Pilar. Era el 3 de agosto de 1936. La primera bomba cayó en el río y la cuarta en la puerta principal de entrada, las otras dos cayeron sobre la basílica, pero ninguna de las cuatro estalló. Después del incidente, comprobaron que estaban en perfecto estado y tuvieron que desactivarlas fuera de la ciudad. Actualmente, el casco de las dos bombas, que cayeron en la basílica, se encuentra en dos columnas del templo para recordar el milagro de nuestra Madre.
En este santuario se encuentran las banderas de todas las naciones hispanoamericanas, pues, no por casualidad, el doce de octubre de 1492, fiesta de la Virgen del Pilar, se descubrió América y llegó la fe católica a aquellas tierras en alas de la nao “Santa María”. A Ella, todos los días al atardecer, los marineros le cantaban la Salve, pidiendo éxito en su empresa, como así fue, para gloria de Dios.

VIRGEN DEL CARMEN
La devoción a la Virgen del Carmen es una de las más populares de la Iglesia. La Virgen del Carmen o del monte Carmelo hace referencia a este monte de Palestina. Carmelo, en hebreo Karmel, significa jardín. Este monte marca el límite entre Galilea y Samaría y es un monte verde, que en primavera se cubre de flores. Según la tradición, allí vivió el profeta Elías y sus discípulos, considerados los fundadores de la Orden de los carmelitas. En tiempos de los primeros cristianos, las cavernas del monte se llenaron de muchos monjes y ermitaños. Ya en el siglo VI había allí un pequeño monasterio y en el año 1185, después de la invasión árabe, el monje griego Juan Foca rehizo con varios compañeros la comunidad monacal en la gruta del profeta Elías. Sin embargo, las persecuciones de los musulmanes dieron lugar a que los ermitaños del monte Carmelo se dispersaran en el siglo XIII por Europa, llevando así su espiritualidad. Hasta que el 16 de julio de 1251, en Cambridge (Inglaterra) la Virgen se aparece al general de la Orden San Simón Stock y le da el escapulario, señal de su protección y característica de su Orden. Por eso, su fiesta se celebra el 16 de julio. Nuestra Madre le dijo a San Simón Stock: “Recibe, hijo mío muy amado, el escapulario de tu Orden, privilegio para ti y para todos los carmelitas. Quien muriere vistiéndolo no padecerá el fuego del infierno”. A partir de entonces, el escapulario del Carmen se extiende incontenible por toda Europa y ha sido promovido por los Papas. Lleva consigo la promesa de salvación para quienes lo lleven con devoción en la hora de la muerte. Y, según otra promesa de la Virgen para los cofrades, Ella vendrá a sacarlos del purgatorio el sábado siguiente a su muerte. Éste es el llamado privilegio sabatino.
En las apariciones de La Salette en Francia, se aparece en 1878 como Virgen del Carmen, con el escapulario. La última aparición de Lourdes es el 16 de julio de 1858, fiesta de la Virgen del Carmen. En Fátima, en la última aparición del 13 de octubre de 1917, se presenta también como Virgen del Carmen. Y lo mismo en otras apariciones como Garabandal.
Hay muchos milagros que Dios ha hecho por medio de María para proteger a los que llevan con fe el escapulario. Uno de ellos lo cuenta el beato Manuel González, obispo de Palencia. En 1903, siendo capellán del Asilo de ancianos de Málaga, “había un anciano, a quien todos le llamaban el “judío” por su carácter reservado y hosco. Siempre se estaba quejando y estaba molesto con todo el mundo. Tampoco asistía a misa ni comulgaba nunca. Pero una mañana, después de tanto hablarle, conseguí que me aceptara el escapulario de la Virgen del Carmen y que siempre lo llevara consigo.
Un buen día recibo aviso urgente de que el “judío” se había tirado por las escaleras y miro hacia arriba, al último piso, y veo a un grupo de ancianos, tirando de un hombre, amarrado a la cintura y colgando sobre el hueco de la escalera. ¿Qué había pasado? El “judío” en un arranque de desesperación, se había tirado de la parte más alta de la escalera; pero, cuando ya su cuerpo estaba todo en el aire, se salió el cordón del escapulario y, como si fuera una cadena, se enredó entre sus dedos y la muñeca, formando un círculo con el brazo alrededor de uno de los hierros de la baranda y lo había retenido y dejado colgado en el vacío del último piso de la escalera. Entonces, empezó a gritar y acudieron todos a ayudarlo, admirados por el gran prodigio que su celestial protectora la Virgen María había realizado. No hay que decir que el “judío” dejó de serlo y el poco tiempo que después vivió fue un buen cristiano”.
Para llevar el escapulario hay que hacerlo bendecir por un sacerdote y que lo imponga la primera vez. Después, puede uno colocárselo por su cuenta, previa bendición. Yo siempre lo llevo y puedo decir que es una gracia muy grande y una gran protección contra el maligno. El Papa Juan Pablo II lo llevaba, cuando lo fueron a operar después del atentado, y el médico no quiso quitárselo como señal de consideración.
El Papa Pío XII decía que el escapulario debe ser signo de nuestra consagración a María y que es garantía de su protección. Lucía de Fátima, que es carmelita descalza, ha dicho que el rosario y el escapulario están íntimamente unidos.

VIRGEN DE GUADALUPE
Se aparece en México al indio Juan Diego. El escritor indígena Antonio Valeriano en su obra “Nicán Nopohua”, escribió a los doce años de las apariciones en náhualt, la lengua de los aztecas, el relato de estas maravillosas apariciones de la Virgen. He aquí un extracto del relato:
“Un sábado de 1531 a pocos días del mes de diciembre, un indio de nombre Juan Diego iba muy de madrugada del pueblo en que residía a Tlatelolco, a tomar parte en el culto divino. Al llegar junto al cerrillo llamado Tepeyac, amanecía y escuchó que le llamaban de arriba del cerrillo: Juanito, Juan Dieguito. Él subió a la cumbre y vio a una Señora de sobrehumana grandeza, cuyo vestido era radiante como el sol, la cual con palabra muy cortés le dijo: Juanito, el más pequeño de mis hijos, sabe y ten entendido que yo soy la SIEMPRE VIRGEN MARIA, MADRE DEL VERDADERO DIOS POR QUIEN SE VIVE. Deseo vivamente que se me erija aquí un templo, para en él mostrar y prodigar todo mi amor, compasión, auxilio y defensa a todos los moradores de esta tierra y a los demás amadores míos que me invoquen y en mí confíen. Ve al obispo de México a manifestarle lo que mucho deseo. Anda y pon en ello todo tu esfuerzo.
Cuando llegó Juan Diego a la presencia del obispo Don fray Juan de Zumárraga, religioso de San Francisco, éste pareció no darle crédito y le respondió: Otra vez vendrás y te oiré más despacio. Juan Diego volvió a la cumbre del cerrillo, donde la Señora del Cielo le estaba esperando y le dijo: Señora, expuse tu mensaje al obispo, pero pareció que no lo tuvo por cierto. Por lo cual, te ruego que encargues a uno de los principales que lleve tu mensaje para que le crean, porque yo soy un hombrecillo. Ella le respondió: Mucho te ruego, hijo mío, a que otra vez vayas mañana a ver al obispo y le digas que yo en persona, la SIEMPRE VIRGEN SANTA MARIA, MADRE DE DIOS, soy quien te envío. Pero al día siguiente, domingo, el obispo tampoco le dio crédito.
El lunes Juan Diego ya no volvió. Su tío Juan Bernardino se puso muy grave y le rogó que fuera a Tlatelolco a llamar a un sacerdote para que fuera a confesarle. Salió Juan Diego el martes, pero dio vuelta al cerrillo para llegar pronto a México y no lo detuviera la Señora del cielo. Pero Ella le salió al encuentro y le dijo: Hijo mío, el más pequeño, no se turbe tu corazón ni te inquiete cosa alguna. ¿No estoy yo aquí que soy tu madre? ¿No estás bajo mi sombra?¿No soy yo tu salud? ¿No estás por ventura en mi regazo? ¿Qué más necesitas? No te aflija la enfermedad de tu tío, está seguro que ya sanó. Sube ahora, hijo mío, a la cumbre del cerrillo, donde hallarás diferentes flores, córtalas y tráelas a mi presencia. Cuando lo hubo hecho, le dijo: Hijo mío, ésta es la prueba y señal que llevarás al obispo. Tú eres mi embajador muy digno de confianza. Juan Diego se puso en camino ya contento y seguro de salir bien.
Al llegar a la presencia del obispo, le dijo: Señor, hice lo que me ordenaste. La Señora del cielo condescendió con tu recado y lo cumplió. Desenvolvió luego su blanca manta y así que se esparcieron por el suelo las diferentes rosas de Castilla, se dibujó en ella y apareció de repente la preciosa imagen de la SIEMPRE VIRGEN SANTA MARIA, MADRE DE DIOS, de la manera que está y se guarda hoy en su templo de Tepeyac. La ciudad entera se conmovió y venía a ver y admirar su devota imagen y a hacerle oración y se le nombró como bien había de nombrársele: la SIEMPRE VIRGEN SANTA MARIA DE GUADALUPE”.
Hasta aquí las palabras textuales del escritor Antonio Valeriano. Pero el milagro va más allá del relato antedicho. Algunos enemigos de la Iglesia han querido destruir la imagen, que tuvo que estar oculta por cierto tiempo. El 14 de noviembre de 1921 consiguieron colocar una carga de dinamita junto al altar, sobre el que estaba colocado el cuadro de la Virgen... Se destruyó el altar, algunas gradas de mármol, imágenes y hasta un crucifijo de latón, pero el cuadro de la Virgen quedó intacto y ni siquiera se rompió el vidrio que lo protegía.
Hablando de la imagen en sí, llama la atención de los expertos textiles la milagrosa conservación del tejido de la túnica de Juan Diego, en la que se imprimió la imagen de la Virgen. La túnica está tejida de fibra de ayate (de la especie mejicana llamada “agave potula zac”) que se desmorona a los 20 años, como se ha comprobado en repetidas reproducciones hechas a propósito. Sin embargo, la túnica de Juan Diego, después de tantos años, sigue sin desgarrarse ni descomponerse, a pesar de haber estado expuesta por más de un siglo sobre una pared húmeda, entre el humo de miles de velas y tocada por manos de muchedumbres de indios.
¿A qué se debe esta cualidad maravillosa como si fuera una tela inmortal, refractaria al polvo y a la humedad? Algunos pensaron que podía deberse a la clase de pintura que cubre la tela. A este respecto, se envió una muestra para que la analizase el sabio alemán, premio nóbel de Química, Dr. Richard Kuhn. Su respuesta dejó atónitos a los científicos. Dijo que los colorantes de la imagen no pertenecían al reino vegetal, mineral ni animal. Como si dijera: es algo tan extraordinario que parece sobrehumano.
Otros científicos estudiaron la imagen (el Dr. Callagan del equipo científico de la NASA y el profesor Jody Smith) y sus conclusiones fueron que la imagen había sido pintada directamente sin tanteos ni rectificaciones. No había pinceladas. La técnica empleada era desconocida en la historia de la pintura. Pero hay algo más inexplicable todavía. El peruano Dr. Aste Tonsmann, aplicando la técnica de la digitalización a los ojos de la Virgen, es decir, fotografiando los ojos de la Virgen y aumentándolos 2,500 veces, se dio con la sorpresa de que en el iris de la imagen aparecía: un indio en el momento de desplegar su túnica ante un franciscano; el propio franciscano en cuyo rostro se ve una lágrima; un paisano joven con la mano puesta sobre la barba en ademán de sorpresa; un indio con el torso desnudo en actitud casi orante; una mujer de pelo crespo (probablemente una mujer negra de la servidumbre); un varón, una mujer y unos niños con la cabeza medio rapada y otros religiosos franciscanos. Es decir, el mismo episodio relatado por Antonio Valeriano en el momento del milagro y que queda como un milagro permanente a los ojos de la ciencia, que sólo puede decir que es inexplicable que en un espacio tan pequeño como la córnea del ojo de la imagen, de siete milímetros, se haya podido pintar en miniatura unas 15 personas.
Incluso, según las últimas investigaciones del oculista mexicano Dr. Escalante, hasta aparece pintada en el párpado superior del ojo derecho una red venosa. Algo sorprendente que ningún pintor de la época hubiera podido hacer microscópicamente y, además, para que nadie pudiera verlo en aquel tiempo.
La Virgen de Guadalupe es mestiza (la morenita) y su rostro mestizo, ni indio ni blanco, es un rostro que invita a la paz entre vencedores y vencidos, entre blancos e indígenas, porque Ella es la Madre de todos. El color de su manto es verde-azul. Entre los aztecas sólo el emperador podía vestir ese color. Al presentarse con este color es como si dijera que es la Emperadora, la Reina del Universo. Ella está embarazada y los rayos de sol rodean su persona, como si procedieran de ese hijo divino que es un sol (el sol era un dios para los indígenas). Ella es, por tanto, llena de sol, llena de gracia.
Por otra parte, se ha descubierto que las estrellas del manto de la Virgen corresponden a las estrellas del cielo tal y como estaban aquel día de la aparición, vistas desde México. Como si nuestra Madre hubiera querido dejarnos su firma, fecha y hora exacta de su aparición: 16,40 horas del día 12 de diciembre de 1531.
Otro dato importante. En los ojos de la Virgen aparece el obispo con algunos sacerdotes y laicos de distintas razas: indios, negros y españoles, formando una sola Iglesia. Y a todos nos dice, como al beato Juan Diego: “Hijo mío, no se turbe tu corazón ni te inquiete cosa alguna ¿No estoy yo aquí que soy tu Madre?”. Otra cosa curiosa es anotar que, en la pupila o niña del ojo, se encuentra una familia (el papá, la mamá y tres hijos), algo que sólo podría verse en el siglo XX. En este siglo en que la familia ha sido tan amenazada por el divorcio, la infidelidad y el aborto, María ha tenido un mensaje para todos los hombres. La familia está en el centro de su atención. Ella puso fin a la costumbre brutal azteca de los sacrificios humanos y hoy, como ayer, quiere poner fin también a tantos sacrificios humanos que tienen lugar por el aborto. Escuchemos este mensaje de nuestra Madre, Madre de todos, que nos lleva a Cristo (tiene al cuello una cruz) y quiere la unidad y la fidelidad de la familia, y que sea siempre defensora de la vida por nacer.
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