Arl XXII domingo del Tiempo Ordinario c pagola, sin esperar nada a cambio domingo 22 Tiempo Ordinario C



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Contiene:

  • ARL XXII Domingo del Tiempo Ordinario C

  • PAGOLA, SIN ESPERAR NADA A CAMBIO

  • Domingo 22 Tiempo Ordinario C

  • Semana del 28 de agosto al 3 de septiembre de 2016

  • 6 HOMILIAS



ARL Domingo XXII del Tiempo Ordinario C

Nos dice el Sirácide en el breve pasaje de la primera lectura de hoy: “Hijo mío, en tus asuntos procede con humildad y te amarán más que al hombre dadivoso. Hazte tanto más pequeño cuanto más grande seas y hallarás gracia ante el Señor…”; un consejo sabio, en el aspecto humano y en el de la relación con Dios; a nadie le agrada una persona presuntuosa, arrogante y llena de sí, que no pierde la ocasión para llamar la atención de los demás, a los que juzga inferiores y no dignos de consideración. Conocemos tantos… los hay ahora, como los había ayer, en tiempos del Sirácide y en tiempos de Jesús, quien, como nos relata el Evangelio de este domingo, “había entrado en casa de uno de los jefes delos fariseos para comer y la gente lo observaba…” pero, en realidad, era él quien observaba el comportamiento de los invitados, que competían por ocupar los primeros lugares, cosa que sucede frecuentemente cuando, para tener brillo y visibilidad, se entra a codazos para superar a los demás a costa de hacer el ridículo y hasta de ser humillados si los primeros lugares están reservados para personas más importantes. Jesús, como muchas otras veces, había aceptado la invitación a comer en casa de un fariseo, no una persona cualquiera, sino un jefe; así había aceptado otras invitaciones, como a casa de Mateo, a casa de Lázaro el hermano de Marta y María, hasta él mismo se había invitado a casa de Zaqueo; Jesús está presente y comparte toda situación humana, alegre o triste, y ahí obra, ahí enseña, abriendo el horizonte terreno y cotidiano del hombre al más alto de la relación con Dios, que ilumina y da sentido pleno a toda la existencia.

Entonces, Jesús participa en esta comida; el Evangelio no nos dice si era por una boda o una comida como tantas; es una comida, o sea, una ocasión feliz de encuentro, y en toda la Escritura, sabemos que tiene un importante valor simbólico; es un signo de comunión, y no tanto a nivel humano sino en relación con Dios: baste pensar en las parábolas del Reino, equiparadas a un rico banquete de bodas para el hijo del rey.

Jesús observa lo que sucede ante sus ojos, advierte esa constante ansia del hombre por adelantarse; o tal vez esté pensativo por la torpeza de quienes buscan en cualquier modo sobresalir, sobrepasar, acaparar, sin importar cómo o a qué precio; de hecho, la competencia por los primeros lugares no se refiere solo a una comida sino a tantas otras situaciones en las que, atropellando al prójimo, se puede aventajar, sea económicamente como en el ejercicio del poder.

Hijo mío, en tus asuntos procede con humildad y te amarán más que al hombre dadivoso. Hazte tanto más pequeño cuanto más grande seas y hallarás gracia ante el Señor…”; así advertía el Sirácide, y Jesús agrega: “Cuando alguno te invite a una fiesta de bodas, no te sientes en el lugar principal, no sea que haya otro invitado más importante que tú y el que te invitó venga y te diga: Cédele el lugar. Tendrás, con vergüenza, que ocupar el último lugar. En cambio, cuando seas invitado, ve y ocupa el último lugar para que, viniendo el que te ha invitado, te diga: amigo, pasa más adelante. Entonces serás honrado ante todos los comensales. Porque quien se exalta será humillado y quien se humilla será enaltecido”.

El que se humilla será enaltecido…”; no es sólo una frase de efecto, y Jesús lo sabe bien: de hecho, es él, el Manso y Humilde por excelencia, y san Pablo lo afirma en el himno cristológico, que dice: “Cristo Jesús, siendo de condición divina… se despojó a sí mismo tomando la condición de siervo… apareció en forma humana y se humilló a sí mismo haciéndose obediente… por eso Dios lo ha exaltado…” (Cfr. Fil 2, 6-11); y esta es la gloria que cuenta, la que no tiene ocaso; pero es la gloria que necesariamente pasa por el camino del sacrificio, de la humillación y de la cruz. Jesús lo sabe y nos exhorta a ella mientras comenta con una sutil ironía el comportamiento de aquellos comensales; siempre pues, Jesús conduce a los hombres por el camino de la Verdad tomando la oportunidad de un contexto de vida normal y cotidiano como el que hoy el Evangelio nos describe: una comida, ocasión de fraternidad, de amistad y de alegría, que la soberbia y el egoísmo pueden transformar y degenerar.

Una comida, una cena, un banquete. Jesús ha participado en ello tantas veces, como huésped y como amigo, como hombre y como Hijo de Dios, él que en la última cena nos habría dejado como don a sí mismo, en el signo del pan y del vino: Cuerpo partido y Sangre derramada para la salvación de todos. Detrás de toda comida, detrás de cada cena de que nos habla el Evangelio, se entrevé siempre esa última cena de Jesús, la que podemos releer en el relato de san Juan, quien en lugar de la consagración del pan y del vino, nos habla del gesto sorprendente de Jesús que “se levanta de la mesa, se quita el manto, y toma una toalla que se ciñe. Pone agua en el balde y comienza a lavar los pies de los discípulos y a secarlos…” Una acción de esclavo o siervo que él mismo comenta con estas palabras: “¿Comprenden lo que he hecho? Ustedes me llaman Señor y Maestro y dicen bien, porque lo soy. Si pues, yo, que soy el Señor y el Maestro les he lavado los pies, también ustedes deben lavarse los pies los unos a los otros. Les he dado ejemplo, para que también ustedes hagan como yo he hecho…” (Cfr. Jn 13, 4-15).

La grandeza del hombre no está pues, en el dominio sobre los demás, sino en el servicio, en el don de sí, en el amor simple y generoso que se inclina sobre los últimos; la verdadera grandeza no está en el sobresalir, sino en el saberse abajar, con humildad y amor, hasta los más pequeños; en el hacerse don gratuito para los demás, a imitación de Cristo que se ha dado todo él mismo para la salvación y la felicidad nuestras.

La grandeza del hombre no viene de las personas que le acompañan, sino de la apertura a los pobres, a los marginados y a todos aquellos que, en la sociedad, parecen no contar nada pero son preciosos a los ojos de Dios; es por esto que Jesús nos exhorta diciendo: “Cuando ofrezcas una comida o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a los vecinos ricos, pues ellos pueden invitarte a su vez y tú tendrás tu recompensa. Al contrario, cuando des un banquete, invita a los pobres, tuertos, tullidos, ciegos; y serás bienaventurado porque no tienen con qué recompensarte. Recibirás tu recompensa en la resurrección de los justos”. Esta es la verdadera gloria, la grandeza auténtica hecha de amor que, en Cristo, nos hace agradables a Dios y nos asemeja a él.
Fr. Arturo Ríos Lara, OFM

28 de agosto de 2016



SIN ESPERAR NADA A CAMBIO

Jesús está comiendo invitado por uno de los principales fariseos de la región. Lucas nos indica que los fariseos no dejan de espiarlo. Jesús, sin embargo, se siente libre para criticar a los invitados que buscan los primeros puestos e, incluso, para sugerir al que lo ha convidado a quiénes ha de invitar en adelante.

Es esta interpelación al anfitrión la que nos deja desconcertados. Con palabras claras y sencillas, Jesús le indica cómo ha de actuar: «No invites a tus amigos ni a tus hermanos ni a tus parientes ni a los vecinos ricos». Pero, ¿hay algo más legítimo y natural que estrechar lazos con las personas que nos quieren bien? ¿No ha hecho Jesús lo mismo con Lázaro, Marta y María, sus amigos de Betania?

Al mismo tiempo, Jesús le señala en quiénes ha de pensar: «Invita a los pobres, lisiados, cojos y ciegos». Los pobres no tienen medios para corresponder a la invitación. De los lisiados, cojos y ciegos, nada se puede esperar. Por eso, no los invita nadie. ¿No es esto algo normal e inevitable?

Jesús no rechaza el amor familiar ni las relaciones amistosas. Lo que no acepta es que ellas sean siempre las relaciones prioritarias, privilegiadas y exclusivas. A los que entran en la dinámica del reino de Dios buscando un mundo más humano y fraterno, Jesús les recuerda que la acogida a los pobres y desamparados ha de ser anterior a las relaciones interesadas y los convencionalismos sociales.

¿Es posible vivir de manera desinteresada? ¿Se puede amar sin esperar nada a cambio? Estamos tan lejos del Espíritu de Jesús que, a veces, hasta la amistad y el amor familiar están mediatizados por el interés. No hemos de engañarnos. El camino de la gratuidad es casi siempre duro y difícil. Es necesario aprender cosas como estas: dar sin esperar mucho, perdonar sin apenas exigir, ser más pacientes con las personas poco agradables, ayudar pensando solo en el bien del otro.

Siempre es posible recortar un poco nuestros intereses, renunciar de vez en cuando a pequeñas ventajas, poner alegría en la vida del que vive necesitado, regalar algo de nuestro tiempo sin reservarlo siempre para nosotros, colaborar en pequeños servicios gratuitos.

Jesús se atreve a decir al fariseo que lo ha invitado: «Dichoso tú si no pueden pagarte». Esta bienaventuranza ha quedado tan olvidada que muchos cristianos no han oído hablar nunca de ella. Sin embargo, contiene un mensaje muy querido para Jesús:

«Dichosos los que viven para los demás sin recibir recompensa.
El Padre del cielo los recompensará».

José Antonio Pagola

Domingo XXII Tiempo Ordinario (C)

(Domingo 28 de Agosto de 2016)

 

 

LECTURAS



 

Debes ser humilde para obtener el favor del Señor

Lectura del libro del Eclesiástico     3, 17-18. 20. 28-29

Hijo mío, realiza tus obras con modestia y serás amado por los que agradan a Dios.
Cuanto más grande seas, más humilde debes ser, y así obtendrás el favor del Señor, porque el poder del Señor es grande y él es glorificado por los humildes.
No hay remedio para el mal del orgulloso, porque una planta maligna ha echado raíces en él.
El corazón inteligente medita los proverbios y el sabio desea tener un oído atento.

Palabra de Dios.
 
 
SALMO     Sal 67, 4-5a. c. 6-7b. 10-11 (R.: cf. 11b)
 
R. Señor, Tú eres bueno con los pobres.

Los justos se regocijan,


gritan de gozo delante del Señor y se llenan de alegría.
¡Canten al Señor, entonen un himno a su Nombre!
Su Nombre es «el Señor». R.
 
El Señor en su santa Morada
es padre de los huérfanos y defensor de las viudas:
Él instala en un hogar a los solitarios
y hace salir con felicidad a los cautivos. R.
 
Tú derramaste una lluvia generosa, Señor:
tu herencia estaba exhausta y Tú la reconfortaste;
allí se estableció tu familia,
y Tú, Señor, la afianzarás por tu bondad para con el pobre. R.

Ustedes se han acercado a la montaña de Sión, a la ciudad del Dios viviente

Lectura de la carta a los Hebreos     12, 18-19. 22-24
 
    Hermanos:
    Ustedes no se han acercado a algo tangible: «fuego ardiente, oscuridad, tinieblas, tempestad, sonido de trompeta, y un estruendo tal de palabras», que aquéllos que lo escuchaban no quisieron que se les siguiera hablando.
    Ustedes, en cambio, se han acercado a la montaña de Sión, a la Ciudad del Dios viviente, a la Jerusalén celestial, a una multitud de ángeles, a una fiesta solemne, a la asamblea de los primogénitos cuyos nombres están escritos en el cielo. Se han acercado a Dios, que es el Juez del universo, y a los espíritus de los justos que ya han llegado a la perfección, a Jesús, el mediador de la Nueva Alianza y a la sangre purificadora que habla más elocuentemente que la de Abel.
 
Palabra de Dios.
 
 
ALELUIA     Mt 11, 29ab

Aleluia.
«Carguen sobre ustedes me yugo y aprendan de mi,
porque soy paciente y humilde de corazón», dice el Señor.
Aleluia.

 


EVANGELIO

El que se eleva será humillado, y el que se humilla será elevado

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas     14, 1. 7-14
 
    Un sábado, Jesús entró a comer en casa de uno de los principales fariseos. Ellos lo observaban atentamente. Y al notar cómo los invitados buscaban los primeros puestos, les dijo esta parábola:
    «Si te invitan a un banquete de bodas, no te coloques en el primer lugar, porque puede suceder que haya sido invitada otra persona más importante que tú, y cuando llegue el que los invitó a los dos, tenga que decirte: "Déjale el sitio", y así, lleno de vergüenza, tengas que ponerte en el último lugar.
    Al contrario, cuando te inviten, ve a colocarte en el último sitio, de manera que cuando llegue el que te invitó, te diga: "Amigo, acércate más", y así quedarás bien delante de todos los invitados. Porque todo el que se eleva será humillado, y el que se humilla será elevado».
    Después dijo al que lo había invitado: «Cuando des un almuerzo o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a los vecinos ricos, no sea que ellos te inviten a su vez, y así tengas tu recompensa.
    Al contrario, cuando des un banquete, invita a los pobres, a los lisiados, a los paralíticos, a los ciegos.
    ¡Feliz de ti, porque ellos no tienen cómo retribuirte, y así tendrás tu recompensa en la resurrección de los justos!»
 
Palabra del Señor.







GUION PARA LA MISA

 

Domingo XXII Tiempo Ordinario

Ciclo C

 

Entrada    



 

Hoy es el día del Señor. Por eso nos reunimos para celebrar el Santo Sacrificio de la Misa. En él se nos da el Sacrificio del Señor, su Presencia real y sustancial, la Comunión de su Cuerpo y una prenda de la vida eterna.

 

Primera lectura  Si (Ecclo) 3, 17-18.20.28-29

Los humildes de corazón obtienen el favor de Dios.

 

Segunda lectura   Heb 12, 18-19. 22-24a

Por Jesucristo, mediador de la nueva alianza, nos hemos acercado a la Jerusalén celestial, ciudad del Dios viviente.

 

Evangelio Lc 14, 1. 7-14 

La humildad atrae a Dios, y al humilde de corazón el Señor lo ensalza.

 

Preces  

            Cristo es el Mediador entre Dios y los hombres. Acudamos a Él llenos de confianza para continuar su obra, intercediendo por nuestros hermanos.

 

A cada invocación respondemos…

+ Por el Santo Padre, el Papa Francisco, para que Dios lo fortalezca en su misión de ser Padre y Pastor universal. Oremos

 

+ Por los obispos, para que unidos al Magisterio de Pedro, respondan con fidelidad a las exigencias de su vocación: apacentar el rebaño de Cristo en la verdad y el amor. Oremos.



 

+ Por el apostolado que se realiza en las parroquias, para que se viva un auténtico espíritu de familia que atraiga a muchas almas a  la recepción de los sacramentos y a la práctica de la caridad fraterna. Oremos.

 

+ Por todos los matrimonios cristianos, para que den un vigoroso testimonio de unidad en el amor, siendo signos de tu desposorio con la Iglesia. Oremos.



+ Para que al participar de la Eucaristía dominical crezcan nuestros deseos de imitar la humildad y la bondad del Sagrado Corazón de Jesús. Oremos.

 

            Señor Jesucristo, que a todos nos llamas a la comunión con Dios, escucha nuestra oración y haz que enseñados por tu palabra y alimentados con tus sacramentos, seamos ante el mundo testigos creíbles de tu redención. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.


 
Ofertorio   Ante el altar de Señor presentamos:

-          Cirios, que simbolizan la fe viva de la Iglesia peregrina

 

-          Al llevar el pan y el vino ante el altar, manifestamos nuestra disposición de participar del anonadamiento de Cristo.



 

Comunión   Acerquémonos a recibir a Nuestro Señor, con espíritu humilde y llenos de confianza.

 

Salida   Que Nuestra Señora nos alcance la gracia de poder vivir este día en acción de gracias, consagrados al servicio del Señor.

 

(Gentileza del Monasterio “Santa Teresa de los Andes” (SSVM) _ San Rafael _ Argentina)










 Exégesis 
·          Alois Stöger



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