Arte Africano Contemporáneo



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Anexo y destrucción

Se sabe que desde el principio la biblioteca fue un apartado al servicio del Museo. Pero más tarde, cuando esta entidad adquirió gran importancia y gran volumen, hubo necesidad de crear un anexo cercano. Se cree que esta segunda biblioteca (la biblioteca hija) fue creada por Ptolomeo III Evergetes (246 adC-221 adC). El lugar donde se estableció esta parte nueva fue en la colina del barrio de Racotis (hoy se llama Karmuz), en un lugar de Alejandría más alejado del mar, en el antiguo templo erigido por los primeros Ptolomeos al dios Serapis, llamado el Serapeo. Esta segunda biblioteca debió ser sin duda la que resistió el paso de algunos siglos, conquistando como la anterior la fama y el prestigio del mundo conocido. En la época del Imperio Romano, los emperadores la protegieron en gran manera. La modernizaron incorporando calefacción central por tuberías con el fin de mantener los libros bien secos en los depósitos subterráneos.

Esta biblioteca-hija sustituyó a la primera durante bastantes años. Después del desastroso incendio de Alejandría, cuando pelearon las naves de Julio César y las naves egipcias, Cleopatra VII se refugió en la ciudad de Tarso (en la actual Turquía) junto con Marco Antonio. Fue entonces cuando le ofreció los 200.000 manuscritos traídos desde la biblioteca de Pérgamo (en Asia Menor) pertenecientes a la Biblioteca del rey Attalo. Cleopatra los entregó a la nueva biblioteca. Fue una especie de recompensa por las pérdidas ocasionadas en el incendio.

Pero la nueva biblioteca corrió el mismo designio de tragedia y destrucción. En el siglo III después de Cristo, el emperador Diocleciano quien —según cuentan los historiadores— era muy supersticioso, ordenó la destrucción de todos los libros relacionados con la alquimia. Más tarde, en el año 391, el patriarca de Alejandría Teófilo atacó la biblioteca al frente de una muchedumbre enfurecida con ardores religiosos. El Serapeo fue entonces demolido piedra a piedra y sobre sus restos se edificó un templo cristiano.

Seguramente se salvaría una buena parte de los libros de la biblioteca y seguramente pusieran también a salvo el sepulcro de Alejandro Magno. Los arqueólogos no pierden la esperanza de encontrar ambas cosas enterradas quizás en el desierto de Libia. Pero en la colina donde estaba el templo de Serapis nunca se volvió a reconstruir la biblioteca. En el año 416, Orosio (teólogo e historiador hispanorromano) vio con mucha tristeza las ruinas de aquella ciudad que había sido magnífica y las ruinas de la colina. Los arqueólogos que emprendieron su trabajo en el siglo XIX dan fe de la violencia que debió desatarse en aquel lugar. Sus testimonios científicos no salieron nunca a la luz de la divulgación.

En el siglo VI hubo en Alejandría luchas violentas entre los cristianos monofisitas y los melquitas y más tarde aún, en el 619 los persas acabaron de destruir lo poco que quedaba en esta ciudad. La historia que se cuenta de la destrucción ocasionada por el emir musulmán Amr ibn al-Ass no cuadra con las fechas de la destrucción. Los historiadores aseguran que cuando este caudillo entró en Alejandría no encontró más que desolación y ruinas. Sin embargo la leyenda dice que cuando el comandante musulmán Amr ibn al-Ass terminó la conquista de Egipto, comunicó a su jefe el califa Omar I todo lo que había encontrado en la mítica ciudad de Alejandría, y le habló de la biblioteca para pedirle las instrucciones sobre qué hacer con esa cantidad de libros. A lo que el califa, según cuentan, respondió: Si los libros contienen la misma doctrina del Corán, no sirven para nada porque repiten; si los libros no están de acuerdo a la doctrina del Corán, no tiene caso conservarlos. Lo cierto según los hechos históricos es que no existía entonces ya tal biblioteca.



Testimonios

Todo lo que se sabe en la actualidad sobre la historia de la antigua biblioteca se debe a algunas referencias de posteriores escritores, a veces de gente que incluso la llegó a conocer, pero son informes de paso, no hay nada dedicado en exclusiva a comentar y describir ni el edificio ni la vida que en ella se desarrollaba.

Así tenemos al geógrafo griego Estrabón (c. 63 adC-c. 24 adC), gran viajero, que hace una pequeña descripción, pues parece ser que estuvo en Alejandría a finales del siglo I adC. Habla del Museo y dice que consta de una exedra (εξεδρα), es decir una obra hecha al descubierto, circular y con unos asientos pegados a la parte interior de la curva. Cuenta que también vio una estancia muy amplia donde se celebraban las comidas de los sabios y los empleados. Y habla también de la biblioteca, de la gran biblioteca, algo "obligatorio" en el Museo.

Aristeas, en el siglo II adC (mencionado anteriormente), en las cartas dirigidas a su hermano Filócrates habla de la biblioteca y de todo el asunto de la traducción de los LXX (ver Curiosidades y anécdotas, más abajo).

Marco Anneo Lucano, historiador, natural de Hispania, sobrino de Séneca, del siglo I, cuenta en su obra Farsalia cómo ocurrió el incendio, cómo se propagaron las llamas ayudadas por el viento que no cesaba, desde los barcos también incendiados y anclados en el gran puerto oriental.

Tito Livio dice en sus referencias que la biblioteca de Alejandría era uno de los edificios más bellos que él había visto. Con muchas salas llenas de estantes para los libros y con habitaciones donde sólo los copistas podían estar sin que fueran molestados. Incluso apunta el hecho de que cobraban a tanto por línea copiada.

Lucio Anneo Séneca, filósofo cordobés y tío de Lucano (poeta cordobés), en el siglo I, escribió un libro llamado De tranquilitate animi. En él cuenta, a través de una cita de Tito Livio, que en aquel incendio se llegaron a quemar 40,000 libros.

El biógrafo Plutarco (c. 46-125), viajó en varias ocasiones a Egipto. En Alejandría debió escuchar muchas historias sobre el famoso incendio. Escribió una biografía sobre Julio César y al tratar sobre la batalla en el mar en ningún momento cuenta el incendio de la biblioteca, ya que en el desastre estaba implicado César y parece ser que no quiere manchar su nombre con aquel hecho. El mismo Julio César en su obra Bellum civile en que habla de aquella batalla, omite por completo el incendio de la biblioteca. Otros escritores de la misma época también silencian la relación de César con el incendio de Alejandría.

Mucho más tarde, en el siglo IV de nuestra era, san Juan Crisóstomo hace una relación del estado en que se encontraba en aquellos años la brillante ciudad de Alejandría y dice que la desolación y la destrucción son tales que no se puede adivinar ni el lugar donde se encontraba el Soma (el mausoleo de Alejandro) ni la sombra de la Gran Biblioteca.

En el siglo XV, un escriba se molestó en traducir al latín los comentarios de Juan Tzetzes (c.1110-c.1180), que fue un filólogo bizantino. Dichos comentarios estaban tomados de la obra Prolegómenos a Aristófanes. Tzetzes habla en ellos sobre la Biblioteca.

La enciclopedia Suda de la Universidad de Kentucky ha recopilado un conjunto de informaciones según las fuentes heredadas de la época de Alejandro Magno y posterior.

Los bibliotecarios

A finales del siglo XIX se encontraron en el yacimiento de Oxirrinco en el pueblo de El-Bahnasa (pequeño pueblo a 190 km al sur de El Cairo, en Egipto) miles de papiros que fueron estudiados a fondo por los eruditos. En parte de ellos se hablaba de la famosa Biblioteca y se daba una lista de nombres de algunos de sus directores o bibliotecarios a partir del año de su fundación:

Demetrio de Falero. 297?-282 aC

Zenódoto de Éfeso. 282-260? aC

Calímaco de Cirene. 260?-240? aC

Apolonio de Rodas. 240?-230? aC

Eratóstenes de Cirene. 230?-195 aC

Aristófanes de Bizancio. 195-180 aC

Apolonio de Alejandría. 180-160? aC

Aristarco de Samotracia. 160?-131 adC

Más allá del año 131 adC, las fechas se tornan bastante inciertas.

Curiosidades y anécdotas

En la literatura apócrifa judía existe un libro que lleva el título de Cartas de Aristeas a su hermano Filócrates, que se supone escrito entre los años 127 adC a 118 adC. En esta obra se narra un hecho histórico: En el reinado de Ptolomeo II (285-247 adC) trabajaba en el Museo un bibliotecario llamado Demetrio de Falerio (o Falero), un entusiasta de la biblioteca que luchó toda su vida por su engrandecimiento. Demetrio rogó al rey que pidiera por medios diplomáticos a la ciudad de Jerusalén el libro de la ley judía y que también hiciera venir a Alejandría a unos cuantos traductores para verter al griego los cinco volúmenes de dicho texto hebreo de la Torá (llamado después de la traducción Pentateuco, en griego), es decir los cinco primeros libros del Antiguo Testamento. Eleazar, el sacerdote de Jerusalén, envió a Alejandría a 72 sabios traductores que se recluyeron en la isla de Faros (frente a Alejandría) para hacer el trabajo, se dice que en 72 días. Se considera que esta fue la primera traducción de la Historia, a la que se llamó la Septuaginta o Biblia de los Setenta o de los LXX, porque redondearon el número de 72 traductores a 70.

En otra ocasión, Demetrio de Falerio (que además era un gran viajero), estando en Grecia, convenció a los atenienses para que enviasen a Alejandría los manuscritos de Esquilo (que estaban depositados en el archivo del teatro de Dionisos en la ciudad de Atenas), para ser copiados. Cuando se hacía una petición como ésta, la costumbre era depositar una elevada cantidad de dinero hasta la devolución de los textos. Los manuscritos llegaron al Museo, se hicieron las copias correctamente, pero no volvieron a su lugar de origen, sino que lo que se devolvió fueron las copias hechas en la biblioteca. De esta manera Ptolomeo Filadelfos perdió la gran suma del depósito hecho, pero prefirió quedarse para su biblioteca el tesoro que suponían los manuscritos.

En el Concilio de Nicea (año 325) se decidió que la fecha para la Pascua de la Resurrección fuera calculada en Alejandría, pues por aquel entonces el Museo de esta ciudad era considerado como el centro astronómico más importante. Después de muchos estudios resultó una labor imposible; los conocimientos para poderlo llevar a cabo no eran todavía suficientes. El principal problema era la diferencia de días, llamada spacta, entre el año solar y el año lunar además de la diferencia que había entre el año astronómico y el año del calendario juliano, que era el que estaba en uso.

La biblioteca completa del filósofo Aristóteles, su obra y sus libros se custodiaban en este lugar. Algunos autores creen que la compró Ptolomeo II. Todo se perdió. Había también 20 versiones diferentes de la Odisea, la obra La esfera y el movimiento de Autólico de Pitano, Los Elementos de Hipócrates de Quíos y tantas obras de las que no se conserva más que el nombre y el recuerdo.

En Alejandría las copias se hacían siempre en papiro y además se exportaba este material a diversos países. La ciudad de Pérgamo era una de las que más utilizaba el papiro, hasta que los reyes de Egipto decidieron no exportar más para tener ellos en exclusiva dicho material para sus copias. En Pérgamo empezaron a utilizar entonces el pergamino, conocido desde muchos siglos atrás, pero que se había sustituido por el papiro por ser este último más barato y fácil de conseguir.

Los papiros jamás se plegaban, se enrollaban. Las primeras obras se presentaban en rollos (volumen en latín). Cada volumen estaba formado por hojas de papiro unidas unas a otras formando una banda que se enrollaba sobre un bastón. Los textos estaban escritos en columna, en idioma griego o demótico, con tinta amarilla diluida en mirra. Los escribas utilizaban un solo lado y escribían con una caña afilada, el cálamo. Los rollos etiquetados, estaban colocados en cajas y éstas se colocaban en el interior de armarios murales (armaria), ordenados por materias: textos literarios, filosóficos, científicos y técnicos. Posteriormente, se hizo según el orden alfabético de los nombres de autores.

La Biblioteca en el siglo XX

En el año 1987 salió a la luz un ambicioso proyecto cultural: construir una nueva biblioteca —la Bibliotheca Alexandrina— en la ciudad de Alejandría para recuperar así un enclave mítico de la Antigüedad, patrimonio de la Humanidad. Esto ocurría 1.600 años después de la desaparición definitiva de aquellas grandes colecciones del saber. Para llevar a cabo semejante proyecto se unieron los esfuerzos económicos de diversos países europeos, americanos y árabes, más el gobierno de Egipto y la UNESCO. El presupuesto en aquel año fue de 230 millones de dólares. Las obras empezaron el día 15 de mayo de 1995 y se terminaron con éxito el 31 de diciembre de 1996. A su inauguración acudieron tres reinas: la de España, la de Suecia y la de Jordania, además de algunos jefes de Estado.

El edificio, realizado por el arquitecto noruego Snohetta, resultó ser un enorme cilindro de cemento, cristal y granito traído desde Asuán para la fachada, dispuesto con bajorrelieves caligráficos en la mayoría de las lenguas del mundo; está situado el edificio en el malecón de Alejandría, a pocos metros del lugar donde se supone que se encontraba la antigua biblioteca. Tiene una superficie de 36.770 metros cuadrados con una altura de 33 metros. Consta de 11 niveles, 4 de los cuales se hallan por debajo del nivel de la calle. Ofrece una sala hipóstila (sala egipcia sostenida por columnas) de hormigón y maderas nobles, situada en el centro del edificio, destinada para lectura, con un aforo de 2.000 personas. Su cubierta es cilíndrica, haciendo así un homenaje al dios egipcio Ra, el dios del Sol. Esta cubierta está diseñada y construida de tal manera que la combinación del vidrio y el aluminio hace controlar la luz dentro del espacio, mientras que por fuera se proyecta hacia el Mediterráneo, como un recuerdo del famoso faro de Alejandría.

Se ha calculado que el número posible de libros puede llegar a los 20 millones; de momento consta de unos 200.000; la mayoría de ellos son donaciones. Hay 50.000 mapas, 10.000 manuscritos, 50.000 libros únicos y además ejemplares del mundo moderno, con 10.000 multimedia de audio y 50.000 multimedia visuales. Todo esto lo rigen y supervisan unos 600 funcionarios.

Dependientes de esta biblioteca se han construido además otros dos edificios, uno dedicado a centro de conferencias y el otro dedicado a planetario que consta de tres museos: de la Ciencia, de la Caligrafía y de la Arqueología. Hay además un laboratorio de restauración, una biblioteca para niños, invidentes y minusválidos y una moderna imprenta.

En el siglo XXI existen en el mundo cinco grandes bibliotecas:



  • Biblioteca del Congreso (EE.UU.) (Library of Congress)

  • Biblioteca Nacional británica (British Library)

  • Biblioteca Nacional francesa (Bibliothèque nationale)

  • Biblioteca del Vaticano

  • Biblioteca de Alejandría (Bibliotheca Alexandrina)


RUIZ MARSICAL, Antonio10. “La nueva biblioteca de Alejandría”. Bibl. Univ., Vol. IV, No. 4, octubre-noviembre de 1989

http://www.dgbiblio.unam.mx/servicios/dgb/publicdgb/bole/fulltext/volIV4/alejandria.htm
Recientemente ha arrancado el proyecto de construir una nueva biblioteca en Alejandría, Egipto (R.A.U.), siguiendo la tradición de la célebre biblioteca de la antigüedad que existió en la misma ciudad. En este artículo se describe brevemente este proyecto, cuáles son sus objetivos y características.

Introducción

El 26 de junio de 1988 se colocó la primera piedra de lo que será la nueva Biblioteca de Alejandría, Con esto se inicia un proyecto por demás ambicioso y que, dado los esfuerzos de los muchos individuos y organizaciones involucrados, a la par que por el significado histórico que tiene, no puede sino interesar el conocer algo más del mismo.



La antigüa biblioteca de Alejandría

Tras la muerte de Alejandro Magno y la división de sus conquistas entre sus generales, surge en Alejandría una nueva ciudad, que bajo los Tolomeos, Tolomeo I Soter y Tolomeo II Filadelfo especialmente, alcanza un desarrollo notable (360 a. de C. ...).

Entre las acciones que estos primeros reyes de la Alejandría griega impulsan, estuvieron la construcción del Soma o Mausoléo, donde se conservaba el cuerpo de Alejandro Magno; el Faro, una de las siete maravillas del mundo antiguo; el gran templo del dios de la ciudad, el Serapeum y un Museo, o “lugar de las musas, hijas de la diosa de la memoria", en el que se cultivaron todas las áreas y las ciencias. Para este efecto incluye un observatorio, un zoológico, jardines botánicos, salas de conferencias y una biblioteca.

La biblioteca tuvo un desarrollo por demás notable, gracias en gran medida a lo acertado que fueron los nombramientos de sus bibliotecarios en jefe, dentro de los cuales hay que destacar al primero, Demetrio de Falera, quien tras haber sido tirano en Atenas por 10 años, fue invitado por el primer Tolomeo para dirigir la naciente biblioteca, labor que realizó hasta su muerte.

Las políticas que rigieron fueron en gran parte su obra, y dentro de éstas hay que destacar el esfuerzo por obtener materiales de todas partes del mundo conocido. Es célebre el hecho de que barco que atracaba en el puerto de Alejandría, era revisado y aquel rollo o papiro que se encontrase, era retenido temporalmente para ser copiado. Se consiguieron materiales babilonios, egipcios, griegos y latinos entre otros muchos. Un esfuerzo sobresaliente que se recuerda, fue la traducción del Antiguo Testamento al griego para tener copias del mismo en el idioma, de la ciudad.

La antigua Biblioteca de Alejandría creció de tal forma, que llegó a tener, al menos eso afirma la tradición, 700,000 rollos de papiro, cubriendo la gran mayoría de la producción escrita de la antigüedad. Tuvo dos edificios, uno en el Bruchium y otro en el Serapeum. Cabe destacar que fue una biblioteca con catálogo y que abrió sus puertas a todo aquel estudioso que tuviera interés o inclinación por utilizarla. Otros bibliotecarios famosos fueron Calimaco, Zenódoto, Eratóstenes, Apolonio, Aristófanes y Aristarco entre otros muchos más hombres de ciencia y letras notables de la antigüedad.

Durante los cerca de 1000 años de existencia de la Biblioteca de Alejandría, desde aproximadamente el año 306 a. C. hasta el 641 d. C. sufrió muchos percances, entre los que se mencionan el fuego del año 47 a. C., durante la estadía de Julio César en Alejandría, la quema de los libros de alquimia ordenada por el emperador Diocleciano, la destrucción del Serapeum por una turba de cristianos bajo el mando del patriarca Teofilo, en el año 391 d. C. Y finalmente la destrucción definitiva del edificio del Bruchium, tras la toma de la ciudad por los Arabes bajo Amrou. Según se dice, el califa Omar dio la orden para que durante 6 meses ardieran los 4,000 baños, entre públicos y privados que tenía la ciudad, con todos los rollos de la biblioteca, con aquella frase de que "si están a favor del Corán están de más, y si están en contra son perniciosos".

Si bien hay quienes cuestionan, como lo hace Gibbon en "La decadencia y caída del imperio romano", que así haya sucedido al final, pues la historia de los baños y la frase del Califa, la da un autor que escribió 600 años después de los hechos referidos, lo cierto es que la biblioteca fue finalmente destruida.

Algunos de sus materiales se habían dispersado y copiado, gracias a lo cual si bien mucho se perdió un conjunto de materiales valiosos se conservaron. Algunas copias lo fueron a través de las bibliotecas de los conventos y monasterios cristianos que surgieron desde el siglo V, otros en traducciones árabes que hasta el día de hoy se siguen descubriendo y otros finalmente a través de Bizancio que los conservó y atesoró durante otros 800 años, hasta que en el renacimiento se revivió notablemente el estudio, imitación y difusión de los materiales clásicos.

Independientemente de estos materiales, la biblioteca fue un estímulo para el florecimiento de la cultura en la antigüedad. Es muy difícil poder estimar que tanto debieron a ella los innumerables estudiosos que la aprovecharon en las múltiples creaciones literarias y científicas de los griegos y romanos que forjaron la civilización occidental. Lo cierto es que 1000 años de esfuerzos por preservar y difundir el conocimiento no pasaron ni pueden pasar desapercibidos.

Alejandría fue perdiendo su preeminencia como ciudad comercial y cultural durante la edad media, en donde su decadencia fue por demás notable. Continuaría ésta hasta la era moderna y así por ejemplo del medio millón de habitantes de los primeros siglos de la era Cristiana, a principios del siglo XIX solamente había 7,000 habitantes en la misma, la mayoría viviendo en chozas miserables. Más adelante, sin embargo empieza un lento reflorecimiento de la ciudad, la cual viene ahora a reafirmarse con el proyecto de la "Nueva Biblioteca de Alejandría".

La nueva biblioteca de Alejandría

Desde 1974, la Universidad de Alejandría ha realizado esfuerzos para que se adoptara el proyecto de revivir la antigua biblioteca. Estos esfuerzos fueron apoyados por los Ministerios de Educación Superior y Relaciones Exteriores de Egipto y finalmente por la Delegación permanente de Egipto ante la UNESCO., todo lo cual culmina en 1988 con el proyecto formal patrocinado por el gobierno Egipcio, la U.N.E.S.C.O. y el U.N.D.P. (Programa de Desarrollo de las Naciones Unidas). Así, se ha lanzado un llamado para que instituciones y personas de todas partes del mundo apoyen este excepcional proyecto, a fin de cubrir los costos tanto del edificio como de las colecciones que contendrá.



Objetivos

Los objetivos específicos del proyecto son:



  • Lograr que Alejandría tenga la gloria que tuvo en tiempos antiguos, gracias a su biblioteca.

  • Crear una institución que sea famosa en la región por la calidad de sus servicios y la riqueza de sus acervos.

  • Complementar las bibliotecas de investigación existentes en la región.

La biblioteca será una biblioteca de investigación pública, abierta a cualquiera que necesite algunas de las facilidades o recursos que poseerá. Tendrá un catálogo computarizado que estará disponible no sólo en la biblioteca, sino en otras universidades de la región, siendo el centro de una red bibliográfica que cubrirá todas las fuentes documentales locales. Se pretende que el manejo de la biblioteca esté en su totalidad automatizado. Habrá secciones especiales con equipo moderno para proyectar películas y transparencias, para imprimir y copiar materiales utilizando microformatos, casettes, videocasettes, videodiscos, discos compactos y demás. Para garantizar un adecuado funcionamiento de la misma, contando con personal eficiente y altamente calificado, se tendrá en el mismo edificio una Escuela Internacional de Estudios de Información.

Organización

La biblioteca tendrá seis departamentos además del Centro de Conferencias y de la Escuela Internacional de Estudios de Información, los cuales se pueden apreciar en el organigrama respectivo. Cuando la biblioteca empiece a funcionar, lo cual se espera sea en 1995, tendrá un volumen inicial de 200,000 títulos los cuales se espera alcancen rápidamente la cifra de 4,500,000 volúmenes, para lo cual tendrá un área de 60,000 m2 un personal calculado en 530 personas y posibilidades de atender en todo momento a 2,500 usuarios.



Organización detallada

A continuación se da una tabla detallada de los acervos, personas y áreas de las diferentes secciones de la biblioteca.




Unidad

Colección

Usuarios

Personal

Área de trabajo

Depto. de Actividades Culturales

*20,000 v.

*380

34

2,700 m2

Depto. Colecciones de Libros

3'880,000 v.

1,800

93

28,500 m2

y Revistas

260,00 r.

 

 

 

Depto. Colecciones Especiales

150,000 v.

250

48

4,200 m2

 

40,000 r.

 

 

 

20,000 p.

 

 

 

1,000,000 e.

 

 

 

50,000 m.

 

 

 

Depto. Servicios Administrativos

 

 

52

800 m2

Depto. Servicios Técnicos

*5,000 v.

 

142

2,000 m2

Depto. Servicio Apoyo Operativo

 

 

129

8,000 m2

Esc. Intern. Estudios de Información

 

 

32

2,400 m2

Centro de Conf. y Serv. Aux.

 

 

 

1,800 m2

Total

4'030,000 v.

2,050

530

50,400 m2

v  = volumen

r = revista

p = partitura musical

m = mapas

e = doc. especiales

300,000 r.

 

 

 

20,000 p.

 

 

 

50,000 m.

 

 

 

1'000,000 e.

 

 

 

*25,000 v.

*380

 

 
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