Arte Barroco 1 Contexto e Introducción



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Historia del Arte (Apuntes)
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Arte Barroco

1 Contexto e Introducción

El adjetivo barroco se utiliza para designar a la cultura europea del siglo XVII. No solo al estilo artístico dominante sino, por extensión, a la monarquía absoluta, la economía Mercantilista y la Contrarreforma religiosa.


Se utilizó en Francia, en la segunda mitad del XVIII, pero con un sentido negativo, equivalente al arte confuso o a extravagante.

En el siglo XIX, se mantiene la consideración peyorativa: se llama barroco al arte complicado y recargado, opuesto a las normas clásicas del Renacimiento.


En gran medida, el Barroco fue un arte que se puso al servicio de las monarquías absolutas: Edificios enormes y con una decoración fastuosa sirvieron para mostrar el poder de los reyes y persuadir a los súbditos de la necesidad de obedecerlos.
El catolicismo de la Contrarreforma impondrá el gusto por las composiciones complicadas y teatrales que mostraban la victoria sobre el protestantismo
Dentro del Barroco, se pueden distinguir dos etapas:


  • El barroco pleno o maduro (aproximadamente, entre 1630 y 1680)

  • El barroco tardío o rococó, que se prolonga hasta mitad del XVIII.


2. La arquitectura en Italia y Francia.
Dentro del Barroco, podemos encontrar elementos comunes:

  • el orden colosal

  • riqueza en la ornamentación

Pero también diferencias de unos lugares a otros que se perciben en el diseño de los interiores y la composición de las fachadas:


  • La arquitectura barroca italiana se caracteriza por las líneas curvas de las fachadas que parecen otorgar movimiento a los edificios.




  • En Francia las superficies son regulares y las fachadas rectas, en lo que parece un intento de no romper las normas clásicas. Un complemento a este tipo de arquitectura será la integración de la naturaleza: los palacios son enmarcados en

jardines trazados geométricamente.
Las plantas alabeadas de Bernini y Borromini.
En Roma, el Barroco tiene dos polos que parecen contradictorios, liderados por dos

arquitectos rivales: Gian Lorenzo Bernini (1598-1680) y Francesco Borromini (1599-



1567).

Ambos coinciden en construir edificios de planta elíptica y muros alabeados (cóncavos y convexos), pero se diferencian en otras muchas cosas:



  • en los materiales: Bernini utilizó preferentemente el mármol; Borromini, en

cambio, fue un arquitecto barato que empleó el yeso y el ladrillo.

  • el empleo de los órdenes: Bernini respetó las proporciones de los órdenes clásicos; Borromini rompió las normas y creó elementos nuevos.

  • en el uso del espacio: Bernini plantea espacios naturales abiertos; los de Borromini son artificiales y reducidos.

  • en cuanto a la luz, Bernini deja sus fachadas e interiores pulidos con el propósito de que la claridad y la sombra los bañen por igual; Borromini crea los perfiles afilados y crea aristas para que la luz se quiebre en un cortante efecto de claroscuro.


BERNINI
Ha sido presentado por sus biógrafos como el genio perfecto, tanto en lo personal

como en lo artístico. Trabajó para ocho papas y para la poderosa Compañía de Jesús, y

fue llamado por Luis XIV para diseñar el Museo del Louvre.
Su carrera como arquitecto se inicia con el diseño del Baldaquino de San Pedro: un

monumental palio de bronce sostenido por cuatro columnas salomónicas; se situó bajo

la cúpula de la basílica para conmemorar que allí estaba la tumba del primer apóstol.
Fue tanto el éxito de esta primera obra que pronto recibió dos encargos más: la columnata que rodea la plaza delante de la basílica y la Cátedra de San Pedro, en el ábside.
La columnata tiene dos funciones:


  1. Sirve de deambulatorio cubierto para las procesiones.

  2. Configura el escenario perfecto para los cristianos que cada primero de año se

reúnen en la plaza para recibir la bendición del Papa.
La Cátedra está relacionada con la silla que, según la tradición, había usado San Pedro.

Bernini sitúa la reliquia en un trono mayor, sostenido en el aire por los Doctores de la



lglesia; y abre en la zona superior un hueco (llamado “gloria”) que perfora el muro.
Fuera de San Pedro, construye Bernini Sant’Andrea al Quirinale, una iglesia para los jesuitas, de planta central configurada a partir de un juego de líneas cóncavas y convexas.
BORROMINI
Tiene una personalidad muy distinta a la de Bernini. Es irascible y atormentado, hasta

el punto de que se suicida con su espada por no poder soportar el insomnio y la fiebre

que le provocan su enfermedad.

Al contrario también que Bernini, trabaja para órdenes religiosas pobres.


Sus comienzos fueron modestos: después de trabajar en Milán como cantero, se

instala en Roma.

Su primera gran obra es San Carlo alle Quattro Fontane (1637-1667), encargada por

los trinitarios españoles. Destaca en ella una admirable fachada cóncava y convexa.
El Oratorio de San Felipe Neri está concebido como una sala de audiciones, pues los

filipenses, para los que realiza la obra, daban a la música una gran importancia como

complemento a su labor pastoral.
Pero quizás su obra más original sea la iglesia universitaria de Sant’Ivo alla Sapienza.

Su planta está formada por dos triángulos equiláteros que, al cruzarse, forman un

hexágono. Esta forma vuelve a repetirse en la cúpula, lo que se ha interpretado como

un homenaje al papa Urbano VIII, cuyo emblema era la abeja.


Para Inocencio X, el siguiente papa, diseña Sant’Agenese, en la Piazza Navona. Y para los

franciscanos, el templo de Sant’Andrea della Fratte.


El palacio clasicista francés: Versalles.
Versalles es el prototipo de residencia de un rey absoluto. Luis XIV lo mandó edificar

como forma de representar el poder que llegó a tener y que él sentía como designio divino.
En origen, Versalles era un pequeño castillo, ubicado en una zona boscosa en la que

abundaba la caza. Su transformación en la impresionante construcción que llegó a ser

se produjo en tres momentos:



  • 1661: Luis XIV lo transforma en escenario de sus suntuosas fiestas.

  • 1668, cuando lo convirtió en residencia real.

  • 1682, año en el que pasó a ser capital de Francia.

Al final, el palacio incluía viviendas para los cortesanos, cuarteles para los soldados,



viviendas para los funcionarios y, lógicamente, la residencia privada del rey.
Fueron tres los artistas que dirigieron su construcción:
Jules Hardouin-Mansard (arquitecto). Diseñó la monumental fachada por cuyo

interior corría la Galería de los Espejos. Después, añadió dos alas en escuadra y

nuevas dependencias extraordinariamente bellas: l’Orangerie, un invernadero

de plantas exóticas; el Grand Trianon, un palacete camuflado en los jardines para que el rey pudiera recibir discretamente a su amante y las Grandes y Petites Écuries, dos caballerizas con gran apacidad para más de dos mil caballos, carrozas y el personal.


Charles Le Brun (pintor). Decoró los espacios con frescos, mármoles de colores y trofeos

dorados.
André Le Nôtre (paisajista-jardinero). Diseñó las tres avenidas de jardines que llevan al palacio y las calles radiales que se abren en la zona posterior. Pérgolas, glorietas y fuentes fueron distribuidas con rigor geométrico, dando al conjunto un carácter de belleza fría y racional.
3. Escultura en Italia: Bernini.
Bernini, como Miguel Ángel, dominó todas las disciplinas pero fue, sobre todo, escultor.

Aprendió la profesión de su padre. Tras el traslado de la familia a Roma, en 1605, se dedicó a hacer copias de las obras clásicas que había en el Vaticano.


Podemos dividir la producción escultórica de Bernini en cuatro etapas:
Etapa juvenil:

  • Compuesta por los encargos, mitológicos y bíblicos, que le hace el cardenal Scipione Borghese para decorar su villa.

  • Destaca el virtuosismo técnico en el tratamiento de la piel y el tratamiento psicológico de los personajes.

  • Obras: Eneas, Anquises y Ascanio, El rapto de Proserpina, Apolo y Dafne y un David.


Alto barroco:


  • Coincide con el papado de su amigo Urbano VIII.

  • Lo más llamativo es el tratamiento de las ropas. Las telas con gran movimiento y pliegues que produces efectos de claroscuro.

  • La principal obra es San Longinos, en el Vaticano.


Periodo medio:

Abarca los años del papado de Inocencio X.

Sus logros más importantes son:


  • Desarrolla una escultura convertida en espectáculo teatral: El

  • Éxtasis de Santa Teresa.

  • Crea el monumento papal en la tumba de Urbano VIII

  • Erigió una fuente monumental en la Piazza Navona (Roma): la Fuente de los Cuatro Ríos, con las alegorías de cuatro ríos (Danubio, Ganges, Nilo y Río de la Plata) que representaban a las cuatro zonas que entonces se conocían del mundo.

  • Resolvió el problema del pecho cortado en los retratos de busto mediante la colocación de ropas flotantes que envuelven los hombros como en el Retrato del duque Francisco I d’Este.

  • Impone un nuevo modelo de estatua ecuestre, con el caballo en corveta y el personaje convertido en héroe: Constantino el Grande.


Estilo tardío:

Fecha del comienzo del papado de Alejandro VII.



  • Busca la espiritualidad, siguiendo el mismo camino de Donatello y Miguel Ángel.

  • Las figuras se alargan y los ropajes se agitan, como podemos observar en los Ángeles con los atributos de la Pasión que decoran las barandillas del Puente de Sant’Angelo.



4. La pintura Barroca
1 Italia
La rivalidad que se produjo en la arquitectura italiana entre Bernini y Borromini, vuelve a darse en la pintura, esta vez entre el clasicismo de los Carracci y las innovaciones de Caravaggio:
Los Carracci se inspiraron en la escultura grecolatina:

  • recuperaron las proporciones del cuerpo humano y

  • dieron origen al clasicismo academicista.

  • Pintaron grandes frescos para decorar techos y paredes de los palacios.


Caravaggio:

  • se dedicó a retratar a la gente corriente inaugurando el naturalismo. Buena muestra de su actitud es el cuadro La buenaventura, en el que una gitana está leyendo la mano a un joven y, disimuladamente, le roba el anillo; utilizó como modelo una chica gitana que encontró en la calle.

  • Se dedicó, sobre todo, a los cuadros de caballete, en los que usa la luz para iluminar las zonas que le interesan dejan en penumbra el resto. (Tenebrismo)


El naturalismo y los problemas de la luz: Caravaggio.
Michelangelo Merisi, conocido por il Caravaggio debido al pueblo del que era oriunda

su familia, es el creador del naturalismo y del tenebrismo pictórico.


Llevó una vida bohemia y su arte fue bastante incomprendido en su tiempo. En 1590, se trasladó a Roma. Tras varias estancias en la cárcel por riñas de juego y una acusación de homicidio, huyó a Nápoles, Malta, Siracusa y Mesina. Murió a los 37 años.
En la producción pictórica de Caravaggio, podemos distinguir tres etapas:
La fase inicial (1590-1599) se desarrolla en Roma:

  • Se caracteriza por cuadros pequeños que vendía en los mercadillos para sobrevivir. Retrata en ellos a personajes callejeros: jugadores, maleantes y gitanos. Utiliza fondos neutros y rico colorido.

  • Inventa el bodegón moderno con el cuadro La cesta de frutas.

  • Representa a jóvenes afeminados o ambiguos (Baco) o a músicos

travestidos (El tañedor de laúd).

  • También se atrevió con temas religiosos. Buena muestra es La cena de Emaús.



La fase intermedia (1600-1606) representa el estilo maduro del pintor, que ha

recibido el nombre de tenebrismo caravaggiesco. En ella, se incluyen los



grandes encargos para diversas iglesias romanas:

  • La crucifixión de San Pedro y La Conversión de San Pablo (Iglesia de Santa María del Popolo).

  • Ciclo de San Mateo: San Mateo y el ángel, La vocación de San Mateo en la que Cristo y San Pedro entran en la oficina de recaudación de impuestos. Un plano de luz oblicua parece llamar la atención a San Mateo que, con el dedo en el pecho, parece sorprenderse de tan inesperada llamada. Y El martirio de San Mateo (Iglesia de San Luis de los Franceses).

  • Otras obras de esta época son: La Virgen de Loreto (la imagen de dos peregrinos, él con los pies sucios y ella con una cofia desagarrada, causó cierto malestar por considerar que se había tratado con poco respeto un asunto tan importante) y La muerte de la Virgen (la acogida fue aún peor: fue retirada de la Iglesia de la Scala porque “imitaba con demasiada exactitud el cadáver de una prostituta encontrado en el río Tíber”).


La etapa final (1606-1610) la constituyen los cuadros religiosos que pintó en los

diversos lugares a los que le llevó la huida. Ejemplos de este periodo son:

  • Las siete obras de misericordia, para una iglesia de Nápoles.

  • La decapitación del Bautista, en Malta.

  • La resurrección de Lázaro, en Mesina.


El clasicismo en los frescos de los Carracci.
Los Carracci son una familia de pintores boloñeses formada por Agostino (1557-1602),

Annibale (1560-1609) y su primo Ludovico (1555-1609). Abrieron una academia en su

ciudad natal y trabajaron en un taller común. Annibale, tras su marcha a Roma será el



más importante.
ANNIBALE CARRACCI
El cardenal Farnese le encarga la decoración de su palacio, en dos fases:
En el Camerino (despacho privado del cardenal) desarrolla quince historias sobre Hércules y Ulises, que escondían una intención moralizante. Ambos héroes aparecen como antecedentes paganos de Cristo, que obtenían la salvación tras vencer las dificultades de la vida.
En la Galería, fingió una arquitectura ilusionista

El tema central es el Triunfo de Baco y Ariadna, subidos a un carro tirado por leopardos

y cabras. El cortejo nupcial resume las claves del clasicismo:


  • Estilo solemne, inspirado en el canon de belleza que los griegos aplicaron al cuerpo humano.

  • Un dibujo preciso y detallista.


5 LA PINTURA EN FLANDES Y HOLANDA
La separación de Flandes y Holanda se vio reflejada no sólo en la política y la religión, sino también en el arte, en las dos corrientes pictóricas representadas por Rubens y Rembrandt.

En Flandes, país católico, monárquico y sometido al gobierno español, se trabajó principalmente la pintura religiosa, pero también el retrato individual para exaltar a reyes y pontífices o nobles, así como el bodegón opulento y recargado. Los lienzos eran de gran tamaño.
En la Holanda protestante, republicana y burguesa, la temática religiosa se trató en pequeñas escenas costumbristas para la contemplación en el hogar, con un contenido moralizante, los retratos fueron colectivos y los bodegones discretos y sobrios. Su principal cliente fue la aristocracia.

La escuela flamenca: Rubens.

Pedro Pablo Rubens destaca por su inimitable pincelada suelta y deshecha. Fue además de pintor, un genio y trabajó como diplomático al servicio de España. Huérfano de padre, estudió Humanidades y se independizó cómo pintor a partir de 1598, tras su aprendizaje con Otto Venius. Completó su formación en Italia mientras trabajaba para el Duque de Mantua.

Admiró las obras de Miguel Ángel, Caravaggio y los Carracci en Roma, también aprendió de las obras clásicas de la Antigüedad. Su producción se caracteriza por:


  • Gran riqueza de color cálido, influencia de Tiziano.

  • Funde los colores.

  • Dinamismo, fuerte sensación de movimiento y vitalidad en los personajes.

  • Composiciones abiertas y en diagonal.

  • Carácter robusto y sensual.

  • Figuras de desnudos femeninos voluminosos, de carácter robusto y monumental.

  • Trabajó todas las técnicas, desde el óleo hasta el fresco, cartones para tapices, arcos triunfales, ilustraciones para libros, etc…

Una de sus primeras obras realizadas en España, fue el “Retrato ecuestre del duque de Lerma”. Abandona Italia y un año después es nombrado pintor de los archiduques y se casa con Isabel Brant. Ese mismo año, inicia las obras de su casa-taller en la que trabaja con la colaboración de aprendices y artistas que lo ayudaban a pintar monumentales retablos y series decorativas, gigantescos lienzos. Rubens firmaba cuadros pero su participación en ellos dependía del precio, si era bajo se limitaba a retocarlo.

Como pintor religioso, se inició pintando los trípticos de “La elevación de la cruz” y el “Descendimiento de Cristo” para la catedral de Amberes. Fue el pintor de la iglesia Católica de Roma y la Contrarreforma, representando los misterios evangélicos y los milagros de los santos modernos. Su obra cumbre para mostrar el poder del papado, fue “El triunfo de la Eucaristía”.

Como decorador de los grandes palacios europeos de la monarquía absoluta, su obra ejemplar fue la serie dedicada a María de Médici y su difunto esposo Enrique IV. Para el Palacio de los reyes de Francia. Con veintiún cuadros que representaban la vida de la reina en cuatro periodos.


  • Su juventud en Florencia desde su nacimiento hasta su boda con el rey.

  • Diez años de reinado que concluyen con el asesinato de su marido.

  • Regencia hasta la mayoría de edad de su hijo Luis XIII.

  • Desacuerdos con su hijo y reconciliación.

Funde la historia con la mitología: Júpiter y Juno inspirando al rey el amor por la novia en “Enrique IV de Francia recibiendo de Júpiter y Juno el retrato de María de Médici.

Regresa por segunda vez a España, conoce a Velázquez y copia los tizianos de Felipe IV. A los 53 años se casa en segundas nupcias con Helena Fourment, de 16 años, que, será su musa inspiradora en los últimos años del pintor, una feliz etapa final de la que son fruto “El juicio de Paris” o “Las tres Gracias”.



La escuela holandesa de Rembrandt

El pintor, grabador y dibujante Rembrandt fue el gran intérprete de la sociedad burguesa holandesa y primer artista que no depende del mecenazgo de la corte o la aristocracia, sino, que vende sus productos en el mercado.

Sus orígenes fueron modestos, hijo de un panadero, que cursó formación con Pieer Lastman, tras una visita a Roma en la que conoció el tenebrismo de Caravaggio. Rembrandt cultivó un estilo propio caracterizado por:



  • Claroscuro no tajante, penumbras suaves y doradas que envuelven sus figuras, creando una atmósfera hermosa, fantástica y misteriosa.

  • Contraste de luz y sombras para:

*dar énfasis a las partes que le interesaban en la composición.

*resaltar el significado psicológico.

*sugerir espacio


  • Realismo impregnado de idealismo y espiritualidad.

  • Su pincelada inicialmente es apretada pero se va haciendo más suelta.

  • Colores vibrantes.

  • En su última etapa, una pintura de pinceladas pastosas y manchas densas.

Abrió un taller en Leyden y comenzó pintando asuntos bíblicos y desarrollando la técnica del grabado al aguafuerte. Se estableció en Amsterdan, la ciudad más próspera de Holanda y retrató a la sociedad civil en grandes retratos colectivos. En 1632 los cirujanos le encargaron “La lección de anatomía del doctor Nícolaes Tulp”, conmemorando una clase magistral en la que desprende un haz de músculos con una pinza del brazo de un cadáver, ante la mirada de los asistentes.

En 1642 pintó para la Guardia Cívica la “Ronda de noche” o “La compañía del Capitán Banning y el teniente Willem van Ruytemburch”, en la que el capitán aparece con banda roja sobre el pecho, y junto con su lugarteniente y la compañía militar salen con el estandarte y música de tambor por la puerta de la ciudad a plena luz del sol. En 1662 el gremio de fabricantes de tejidos le solicita el retrato de los miembros para ”Los síndicos de los pañeros” sorprendidos en una junta económica. Rembrandt destacó en el género de los retratos especialmente con su galería de autorretratos, realizados a lo largo de su vida, además de los de su esposa Saskia, su hijo Tito o Hendrickje con la que mantuvo una relación que provocó el escándalo en la sociedad puritana. En plena madurez sufrió una crisis financiera, humana, religiosa y artística; arruinado por su afición al coleccionismo. Ingresó en la secta menonita y en ésta etapa, busca la expresividad interior, la espiritualidad y moralidad al intentar retratar el alma de los personajes. El claroscuro siguió como en los años anteriores pero la pincelada se suelta y el color se hace más vibrante. Surgen cuadros con temas mitológicos como “Aristóteles contemplando el busto de Homero”.

La pintura de Rembrandt fue de gran impacto en su época y ha marcado la historia de la pintura hasta nuestros días.

6 La pintura Barroca española

La pintura y los pintores del Barroco estuvieron muy influenciados por la iluminación, el color, la técnica y los modelos extranjeros provenientes de Italia y Flandes. Las novedades de estas escuelas llegan a nuestro país a través de tres vías: los viajes de los pintores españoles a estos países, la emigración de pintores italianos y flamencos a España y la compra de cuadros en el mercado del arte. Grandes lotes llegaban para sumarse a la colección real de la Corte de los Austrias. Desde Génova y Amberes, los cuadros llegaban a través de comerciantes.

En el Siglo de Oro de la pintura española se impusieron dos corrientes correspondientes a las dos mitades del siglo XVII.


  • 1/2 Siglo XVII: Naturalismo tenebrista: Los pintores imitan al Caravaggio, al copiar modelos del natural e iluminarlos con fuertes contrastes claroscuros.

  • 2/2 Siglo XVII: Realismo barroco: a partir de 1650, triunfa el gusto por lo flamenco, la pintura recargada y de ricos colores, composiciones espectaculares y pincelada suelta de Rubens y de otros pintores de Flandes. Fue de vital importancia , la influencia de la pintura de Tiziano, con los contraluces venecianos que se usaban para los “rompimientos de gloria”.

La Iglesia continuó siendo el principal cliente y para éste género religioso se realizaron las series monásticas que encargaban las órdenes religiosas para sus conventos. También se decoraban con pinturas los retablos de casilleros, con escenas de la vida de Cristo, María y los santos. Surgen los grandes cuadros de altar.

En cuanto a la mitología, los encargos venían del rey y la aristocracia, para decorar palacios.

Los géneros profanos (no religiosos) que más éxito tuvieron, fueron el bodegón y el retrato.

El Naturalismo Tenebrista: Ribera y Zurbarán.

José Ribera, valenciano, fue el pintor español que trabajó en Italia. Sus obras fueron de gran influencia para la pintura europea.

En un viaje a Roma conoció la pintura de Caravaggio, que marcará su estilo: desde el naturalismo tenebrista hasta una posición más personal en la que funde la luz y el color de Tiziano y Rubens con el estilo mediterráneo.

Sus principales clientes fueron instituciones religiosas napolitanas y los virreyes españoles que lo acogieron como protegido. Para el duque de Osuna pintó “El Calvario” y para el duque de Alcalá, “La Mujer Barbuda” el retrato de Magdalena Ventura, a quien le creció la barba de la noche a la mañana: parece retratada con un hijo al que amamanta y su marido que la acompaña, resignado desde la penumbra.

Pero el tenebrismo caravaggiesco desaparece a partir de 1635, cuando su paleta y la luz se aclaran, pintando una resplandeciente “Inmaculada Concepción”, para el conde de Monterrey. Esta imagen renovó el programa iconográfico de la Inmaculada Concepción e influirá sobre Murillo.

Los temas mitológicos más conocidos de Ribera, fueron una serie de obras entre las que se encuentra “Apolo desollando a Marsías, el sátiro retó al dios en un certamen musical; el vencedor arranca la piel a tiras al vencido. Ribera muestra el pánico y el intenso dolor en el gesto del sátiro, que grita amarrado a un árbol, mientras el dios, con serenidad, lo observa al mismo tiempo que desolla. Destacan las líneas diagonales de la composición, los escorzos, la perfección anatómica de los desnudos, el volumen de los pliegues y la atmósfera del cielo, así como el claroscuro y la luz que se aleja del tenebrismo.

Estos temas mitológicos se alternaron con otros religiosos cómo, “La bendición de Isaac a Jacob” o la “Piedad”. Para las colecciones reales pintó “El sueño de Jacob” y el “Martirio de San Felipe”.

Francisco de Zurbarán fue el pintor de los objetos cercanos, bodegones y telas. S e le consideró un escultor de la pintura. Se formó en Sevilla, pero tuvo que marchar a Madrid debido al éxito del joven Murillo. Ya estuvo en la ciudad cuando Velázquez lo invitó para pintar el Salón del Reino del palacio del Buen Retiro, que decoró con la serie de “Los tabajos de Hércules”.

Su estilo se movió siempre dentro del naturalismo tenebrista, con figuras más plásticas (escultóricas) y de contornos muy marcados. Pero su primera estancia en Madrid le permitió conocer la pintura de Tiziano y aclaró su paleta.

Pasó a la historia como el pintor de los frailes, la vida monástica y la tela de sus hábitos. Pintó ciclos para las órdenes religiosas; dominicos, la Merced Calzada, franciscanos y jesuitas, para los cartujos y los jerónimos. En Sevilla, para los Cartujos, pintó en la sacristía “La Virgen de la Misericordia” y “ El milagro de San Hugo en el refectorio”. Destaca en la producción de Zurbarán La apoteosis de Santo Tomás de Aquino”

Zurbarán trabajó los ciclos como las siete mártires vestidas a la usanza de la época: “Santa Casilda”

Otro tema fue el Niño Jesús trabajndo en lo que luego serían los instrumentos de su martirio: una cruz, una corona de espinas que se clava en un dedo del que brota un hilillo de sangre, premonición de su posterior sufrimiento para la Redención de la humanidad. En éstos cuadros como “Premonición del Niño Jesús en la casa de Nazaret” la Virgen lo contempla angustiada.

Como bodegonista, abarcó el género con sencillez y humildad pero veracidad, pintando ordenados fruteros y cacharros.



El Realismo barroco: Velázquez y Murillo

Diego Rodriguez de Silva Velázquez ( Sevilla 1599 – Madrid 1660 ) fue el genio más grande del arte andaluz. Gran retratista que abarcó todos los géneros pictóricos: el cuadro religioso, la mitología, el bodegón y el paisaje. Fue capaz de captar la naturaleza, la luz, el movimiento, el equilibrio y la serenidad.

Aprendió con Francisco Pacheco y se casó con su hija. En 1623 partió a Madrid para ser pintor de cámara. Realizó dos viajes a Italia: el primero para estudiar la pinturas de Miguel Ángel o Rafael, y reflejó las influencias recibidas en “La Fragua de Vulcano”. Veinte años después regresó para comprar obras de arte para la colección real, en este segundo viaje, retrató a su criado, “Juan de Pareja” y pintó una de sus obras más hermosas “La Venus del Espejo” en el que tomó como modelo a una dama con la que mantuvo una relación, cuyo fruto fue, su hijo Antonio. Por ello permaneció tres años, aprovechando la ocasión para pintar al papa “Inocencio X”,superando todos sus retratos en penetración psicológica: cuenta la leyenda que cuando el papa lo vio, exclamó “ troppo vero”( demasiado real). A su vuelta recibió honores, siendo nombrado aposentador de Palacio y antes de su muerte, miembro de la Orden de Santiago.

Su estilo evolucionó desde un primer periodo de formación y juventud en Sevilla, hasta la madurez en la corte de Madríd.



El periodo sevillano, está marcado por el Tenebrismo de Caravaggio y la imitación del natural, composiciones sencillas con colores tierra: ocres y marrones con blancos deslumbrantes. La pincelada es lisa y apretada, marcando los contornos con gran precisión y proporcionando a las figuras, apariencia escultórica. Retrataba modelos de la calle, otorgándoles gran realismo con el estudio psicológico, ejemplos son “El aguador de Sevilla” o “ La vieja friendo huevos”. Crea los bodegones a lo divino en los que aparecen figuras en interiores de cocinas con connotaciones religiosas. “Cristo en casa de Marta y María” o “la Inmaculada”.

La etapa de madurez se inicia hacia 1630, tras familiarizarse con las pinturas venecianas de El Escorial y regresar de Italia, su estilo cambió, como se percibía en “Los borrachos” (1629): descubre que la luz, además de iluminar, le permite también captar el aire entre las figuras y los objetos, los contornos no son ya tan precisos y los colores se vuelven más intensos y vivos, incluyendo además una gama de grises plateados. La pincelada se hace más suelta y espontánea, adelantándose al impresionismo y esto se puede observar en los paisajes que pintó en el jardín de “Villa Médicci”, pintados al aire libre.

Todas estas características se dieron en la galería de retratos de la familia real: Felipe IV, María de Austria,el Príncipe Baltasar Carlos o la infanta Margarita, bien de pie, a caballo o cazando. También otros personajes relacionados con la Corte, como el Conde duque de Olivares. Y opuestos en belleza y categoría, los bufones, a quienes representó con gran dignidad y simpatía, exaltándolos por encima de sus problemas físicos y sus papeles. También retrató a los artistas, poetas, políticos y militares de la época. Destaca “La rendición de Breda” o “Las Lanzas” que representa un episodio histórico durante las guerras con los países protestantes.

En la recta final de su vida pintó dos obras maestras de la pintura universal: “La familia de Felipe IV” conocida como “Las Meninas”(1656) y “Las Hilanderas” (1657), ambas están en el Museo del Prado de Madrid. “Las Meninas” (palabra portuguesa con la que se denominaban a las damas de palacio que acompañaban a las infantas) es un retrato múltiple, localizado en el taller que los pintores de cámara tenían reservado en el Alcázar de Madrid. Todos los personajes están dispuestos frontalmente.

En “Las Hilanderas”(1657) desarrolla la fábula de Aracne, que, según las “Metamorfosis” de Ovidio, desafío a la diosa Atenea a tejer el mejor tapiz. Al ser vencida, y como castigo a su osadía, Atenea la convirtió en araña. Vuelve a tratar un tema mitológico como si fuera una escena costumbrista, sin referencias históricas.



Bartolomé Esteban Murillo ( Sevilla 1617 – 1682 ), perteneció a la siguiente generación. Renunció a la Corte para vivir en Sevilla y no viajó a Italia, sino que conoció el arte europeo a través de las colecciones de la aristocracia sevillana y las Iglesias. Trabajó para sí mismo, ganándose la vida con los encargos y la venta de sus obras. Su vida estuvo marcada por la desgracia. Huérfano, viudo y perdió a seis de sus nueve hijos. Se afilió a las hermandades sevillanas y enseñó dibujo en la Academia del Arte de la Pintura que fundó en 1660.

La sociedad reconoció su pintura, las creaciones iconográficas: la belleza de las Inmaculadas, ternura de los niños ( Niño Jesús ) y delicadeza de las maternidades. Fue famoso, más allá de las fronteras, gracias a la amistad con comerciantes flamencos que le encargaban escenas de niños en las calles.

La producción de Murillo se divide en tres periodos o etapas:


  • Periodo frío.

  • Periodo cálido.

  • Periodo vaporoso.

El periodo frío, corresponde a su etapa juvenil, en la que admiró a Zurbarán y se caracteriza, por fuertes contrastes de luz tenebrista, la pincelada prieta y precisa y el dibujo. A este periodo pertenece la serie dedicada a loa milagros de San Diego de Alcalá y también “La Sagrada Familia del pajarito”

El periodo cálido se inició en 1656 con “San Antonio” de la Catedral. Comenzó a pintar grandes lienzos y la luz recibió influencias de la pintura veneciana. La pincelada se suelta y los colores se vuelven brillantes. Pintó las series religiosas para Santa María la Blanca y los Capuchinos de Sevilla.

El periodo Vaporoso es típico de sus últimos años, en ellos, el color se difumina y hace transparente. Pinta San Francisco abrazando al Crucificado” y “Las siete obras de Misericordia” para el Hospital de la Caridad fundado por Mañara. Pero destacan sobre todas las pinturas, la “Inmaculada Concepción”, vestida de celeste y blanco, con un trono de ángeles a sus pies. También son típicas las representaciones de niños: “San Juanito con el Cordero” y “El Buen Pastor” ( 1655 – 1660 ), tratado con gran ternura y suavidad, al igual que los lienzos de “Muchachos comiendo empanada” “Muchachos comiendo uvas” o “Muchachos jugando a los dados”, escenas callejeras y sin amargura.

7 La arquitectura barroca en España
Durante los siglos del Barroco, se construyen en las ciudades españolas numerosos conventos. Están ubicados en el interior del casco urbano y constan de iglesia, claustro, huerto y dependencias anejas. Numerosos y grandes edificios, Sevilla llegó a tener 73 conventos.
Las plantas que diseñan son funcionales pero poco originales: proceden de los modelos del siglo anterior: los modelos de cajón y de salón, llamado así por su estructura rectangular. Lejos de las formas curvas de Bernini o Borromini.


  • En Castilla, se impone el tipo de “salón”, con forma de cruz, una sola nave y capillas laterales con contrafuertes interiores.




  • En cambio, en Andalucía predomina el “cajón”, consistente en un simple rectángulo.

Lo que sí comparten ambos es una amplia capilla mayor, visible desde todas las partes del templo.


Todos ellos son edificios sobrios, cuya escasa altura, observable también en las fachadas. Dos buenos ejemplos de estas fachadas son la del monasterio de la Encarnación de Madrid y la del convento de San José de Ávila.
Otra característica de la arquitectura barroca española es la pobreza constructiva:



  • Uso casi exclusivo del ladrillo.




  • Construcción de falsas cúpulas, llamadas “encamonadas” porque están construidas con camones, es decir, armazones de caña o listones. Esta estructura se recubría de yeso. Tenían dos ventajas: su ligereza y su bajo precio.

Pero esta sencillez interna se complementó, sobre todo en el último tercio del XVII y primera mitad del XVIII, con una deslumbrante decoración interior:




  • Yeserías recargadas

  • Coloristas cuadros de altar

  • Retablos dorados que impactaban a los fieles mental y sensorialmente

Esta decoración recibirá el nombre de “castiza” frente a la decoración de los grandes palacios.


Como principales arquitectos y entalladores “castizos”, podemos citar a:


  • Pedro de Ribera: Portada del Real Hospicio del Ave María y San Fernando

  • Fernando de Casas Novoa: Fachada del Obradoiro de la Catedral de Santiago.

  • José de Churriguera. El retablo del convento de San Esteban, en Salamanca, obra de gran impacto que originó el adjetivo churrigueresco.

  • Francisco Hurtado Izquierdo: Sacristía de la Cartuja de Granada.

  • Leonardo de Figueroa: Portada del colegio-seminario de San Telmo (actual sede de la Presidencia de la Junta de Andalucía, Sevilla).

  • Narciso Tomé (Toledo): Transparente de la Catedral de Toledo.

Todos ellos construirán aparatosas portadas y llamativos retablos policromados. Se ha interpretado que esta espectacular ornamentación tenía el objetivo de enmascarar la decadencia política y económica en que se encontraba España y de crear la ilusión de que se mantenía el esplendor de los siglos anteriores.


Un complemento de esta arquitectura religiosa son las transformaciones urbanísticas que se producen en muchas ciudades españolas:
Se alinean las calles, se pavimentan las calzadas y se realizan obras de saneamiento.
Pero la principal novedad de esta preocupación municipal por mejorar las ciudades será la Plaza Mayor, un espacio de estructura rectangular con soportales para proteger de las inclemencias del tiempo a comerciantes y compradores. Los edificios que la delimitan son de tres plantas, con balcones de hierro que los convierten en palcos desde los que presenciar espectáculos cívicos o religiosos: corridas de toros, autos de fe, ejecuciones, proclamaciones y bodas reales, victorias militares, etc.
La primera plaza mayor de estas características será la de Madrid, construida en 1619 por Juan Gómez de Mora. Le seguirán otras muchas, tanto en España como en las colonias americanas. El ciclo se cierra con la espléndida Plaza Mayor de Salamanca, obra de Alberto de Churriguera.

8 La gran época de la imaginería española
La escultura española barroca tuvo un estilo propio. Utilizó como material predilecto la madera revestida de policromía. Se cultivaron dos géneros típicos: el retablo y los pasos procesionales.
El retablo barroco es una estructura arquitectónica fragmentada en pisos horizontales por entablamentos y calles verticales por columnas de fuste liso, salomónicas o estípites (elemento arquitectónico típico del barroco). Su función era pedagógica pues servía para narrar los acontecimientos del catolicismo a través de imágenes y relieves.
Los pasos procesionales, reforzaban esta función en los días de Semana Santa, como imágenes itinerantes. Las figuras en movimiento, captaban la atención del espectador para enseñar el drama del Calvario a la población analfabeta.

Educaban a través de la emoción y los sentidos.


Los imagineros debían tallar esculturas con un lenguaje claro, sencillo, comprensible y realista.
Las imágenes tenían características propias de cada región. En Castilla fueron austeras y dramáticas, violentas. Mientras que en Andalucía y Murcia se omitía la sangre y se adornaban con túnicas, mantos bordados, potencias y coronas de oro, utilizando imágenes que solo tenían tallados el rostro y las manos.
La escuela castellana: Gregorio Fernández

Gregorio Fernández fue el maestro indiscutible del barroco castellano. En su producción, dos etapas: fase manierista hasta 1616 y periodo de madurez, caracterizado por el naturalismo.
Sus obras de bulto redondo estaban cargadas de patetismo y el modelado de los desnudos era blando. Las telas talladas eran pesadas, con pliegues geométricos y además postizos realistas: dientes de marfil, ojos de cristal, uñas de asta…

Su influencia se extendió hasta el Norte y el Oeste del país. Trabajó para iglesias diocesanas, la nobleza y el rey Felipe IV. Sus mejores clientes fueron órdenes religiosas como los cartujos, para quienes construyó retablos. Creó una iconografía típica; la Inmaculada, la Virgen de la Piedad, el Flagelado y el Cristo Yacente. De sus pasos destaca el del Descendimiento de Valladolid, con siete figuras a la moda del siglo VII (mejor comprensión por parte del público).


La Escuela Andaluza: Juan Martínez Montañés y Juan Mesa en Sevilla; Alonso Cano en Granada.
Juan Martínez Montañés es el imaginero español de mayor fama respeto popular, por su virtuosismo técnico y el dominio sobre las emociones. Se formó en Granada y marchó muy joven a Sevilla, a los 19 años ya era maestro escultor. Su estilo es clásico e idealizado, manierista, construyendo retablos e imágenes para España y América.

Sus retablos eran claros, de orden corintio y decorado con ángeles y elementos vegetales.


Trabajó tres tipos: Retablos mayores de composición rectangular para empotrar imágenes(San Isidoro del Campo), arcos del triunfo y tabernáculos hornacinas como el de la Cieguecita en la catedral de Sevilla, una imagen de la Virgen niña con las manos en actitud de orar sobre una peana de querubines, de composición trapezoidal. La mirada baja fue la que le otorgó el título. Realizó también esculturas devocionales y piadosas, entre las que destaca el Niño Jesús del Sagrario sevillano, su obra más repetida y universal. También para la Catedral de Sevilla realizó el Cristo de la Clemencia.
Juan de Mesa aportó naturalismo a la escultura, estudiando el natural directamente de los cadáveres, por lo que sus crucificados estaban cargados de dramatismo, aunque más suaves que los modelos castellanos. Ha pasado a la historia como “el imaginero del dolor”. Fue el artista predilecto de las cofradías sevillanas por su fama de barato y creo dos tipos procesionales: el Crucificado y el Nazareno. Labró una serie de crucificados expresionistas entre los que destaca el Cristo de la Agonía de 1622. En 1620 talló su imagen más famosa, Jesús del Gran Poder, un nazareno con la cruz al hombro captado en el momento de dar una potente zancada; tallado para ser vestido con túnica de tela. Su último trabajo fue Nuestra Señora de las Angustias de Córdoba.
Alonso Cano fue el único que se aproximó a los grandes genios: arquitecto, escultor, pintor, dibujante y diseñador de mobiliario litúrgico. Su vida y obra se desarrollaron en tres etapas que coinciden con sus estancias en Sevilla, Madrid y Granada. Pasó la adolescencia en Sevilla, como aprendiz del pintor Francisco Pacheco, siendo compañero de Velázquez. Como escultor se formó con Martínez Montañés.
En 1638 viajó a Madrid para trabajar con el Conde –duque de Olivares. Su actividad en la Corte fue pictórica aunque realizó algunas esculturas como, el Niño Jesús de Pasión. Esta etapa en Madrid se vio alterada por dos sucesos dramáticos: la caída de su protector Olivares y el asesinato de su joven esposa, apuñalada. Por éste hecho fue acusado por la Inquisición, finalmente se le declaró inocente y puesto en libertad. En 1652 marcha a Granada para ingresar en el Cabildo de la Catedral. Comenzaron así sus años gloriosos como escultor. Talló figuras de pequeño formato que le dieron gran fama: la Inmaculada de 1656, considerada tan preciosa que fue trasladada del sagrario para ser contemplada. La Virgen de Belén que ocupó el coro y pequeñas imágenes de santos limosneros para ser contemplados en la intimidad y ricamente policromados con ternura y delicadeza: San Juan de Dios o San Antonio de Padua con el Niño Jesús, única obra firmada que resume sus características: serenidad, gracia y equilibrio, típicos del Renacimiento frente al dinamismo barroco al que renunció.
La escuela murciana

Francisco Salzillo. Se le considera el mejor imaginero levantino, que se formó con los dominicos y despertó la devoción popular. Se formó con su padre, napolitano, influenciado por el estilo italiano, fundiéndolo con el estilo andaluz. El resultado: esculturas movidas, expresivas, dotadas de gracia y policromadas brillantemente, propias del rococó.

Trabajó todos los géneros pero destacó en los pasos procesionales y el Belén. Como creador de pasos fue un genio para las composiciones grupales, como se puede apreciar en los pasos de la Caída o La Oración en el Huerto, su obra más famosa, en la que un ángel acude a confortar a Cristo.



También es reconocido su San Juan, una talla que muestra al joven apóstol dando un paso al frente.

El Belén se introdujo en España a través de Carlos III y Salzillo se convirtió en un especialista del género, modelando nacimientos hasta 728 figurillas de barro, componiendo escenas evangélicas que se mezclan con personajes populares.


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