Asturias y Cataluña1



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Asturias y Cataluña1
por Manuel Campa


Ya en el s.XVI, dos significados viajeros italianos, Sículo y Navagero, califican a Barcelona como “la muy noble y muy alindada ciudad”, como “la ciudad bellísima y muy bien situada”. Procedente de un asentamiento romano –según las guías-, con un hermosísimo barrio gótico, testimonio de su brillante pasado medieval, es, hoy, un lugar que goza de una señalada preferencia de nuestros paisanos, siendo lugar de residencia habitual de más de 5000 asturianos, a pesar de las dificultades tradicionales de aislamiento de Asturias y al sistema radial de comunicaciones, con centro en Madrid. Hay también la importante presencia de unos 15.000 asturianos en numerosos pueblos de Cataluña, “en las perseverantes, inteligentes y activas provincias catalanas”, como señaló el político asturiano Fdez. Negrete en el Congreso de los Diputados (6-3-1858); con otro centro asturiano importante –aunque todos los centros asturianos lo son-, como es el de Tarragona. Barcelona representa para los asturianos, ante todo, una perspectiva no centralista, diferente de la de Madrid y, aunque muy eminente, también, en alguna medida, representante de la periferia, aunque se trate de una gran ciudad que es la puerta de Europa. Yo tuve la suerte de poder entender la necesidad de contar con un punto de vista alternativo o complementario del madrileño. Desde niño fui testigo de cómo un modesto maestro rural, tío mío, en una pequeña aldea asturiana de cincuenta vecinos, estuvo largos años suscrito al diario La Vanguardia de Barcelona, a pesar de que solía llegar con varios días de retraso Y, cuando se le preguntaba por qué se tomaba esta molestia, si todos los periódicos decían lo mismo, contestaba siempre: “Porque es preciso conocer también una opinión distinta de la de Madrid.” Se me ha ocurrido pensar alguna vez, si el gran número de partidarios del Barça en Asturias será una respuesta al centralismo madrileño, aunque pienso –y hablo por mí- que ha sido decisiva la presencia de Abelardo y Luis Enrique en los últimos años, para que aumentara de modo significativo el número de peñas culés en Asturias. En el bar de la gasolinera de Argame, he visto saltar de pie sobre el mostrador cuando el Barça mete un gol. Además de Abelardo y Luis Enrique, también contribuyeron a la brillantez del fútbol catalán otros futbolistas asturianos: Teruel, Herrerita, Emilín, Mandi, Marcial, José María, Quini, Julio Alberto, Mino, Iván Iglesias etc. En reciprocidad, muchos futbolistas catalanes triunfaron en el Oviedo: como Argila, Calvet, Aloy, Ferrer, Duró, Guillamón, Xiráu y el entrenador Balmanyá. En el Sporting se dio, también, una importante presencia de jugadores catalanes o levantinos: Nogués (Entrenador), Bolinches, BasoraII, Mur, Pellicer, Armengol, Altisent, Grau, Gago, el entrenador Nogués… Es una característica señalada de los asturianos fuera de Asturias su capacidad para organizarse; no se limitan a residir en los lugares de destino: se integran allí donde van, pero, a la vez constituyen instituciones solidarias, culturales y de ocio, como son los centros asturianos: unos ciento cincuenta funcionan en todo el mundo, a pesar de que Asturias patria querida –como dice nuestra canción- es un pequeño territorio de apenas un millón de habitantes. Y, gracias a esa capacidad de organización de los asturianos fuera de Asturias, fue posible al gobierno asturiano acudir con eficacia en ayuda de nuestros paisanos en situación de necesidad en Argentina y en otros países de América. Siempre han tenido, en su origen, un carácter solidario los centros asturianos. En 1886, se crea el Centro Asturiano de la Habana, en buena parte, porque los estatutos de la mutua de ayuda asistencial que tenían los asturianos no permitían acudir en auxilio de una hambruna padecida en el occidente de la región. Y, gracias al Centro Asturiano de Cataluña, que estaba en Pelayo 62, y a una cooperativa dependiente del centro, en Paseo de Gracia 43, pudieron sobrevivir numerosos ancianos, mujeres y niños, refugiados en Barcelona, durante los últimos quince meses de la guerra civil. Pero, fuera de Asturias, alcanzamos los últimos rincones del mundo: a cualquier pueblo que se llegue, por apartado que sea –subraya un autor clásico-, hay una persona a la que llaman “el asturiano”. La importancia de la emigración en la historia de Asturias es máxima, en los campos económico, social y cultural. Uno de nuestros vates más populares, Alfonso Camín, lo señala taxativamente:
Poeta, hay dos Asturias…

La Asturias que antes era feliz en sus montañas…

La que se yergue airada frente al poder de Roma,

La que derrota al moro, la que el francés no doma

Y la que va a los mares llevando una canción.
Hace veinte años, cuando en la Junta General del Principado se debatía sobre el Día de Asturias y sobre nuestro himno, nuestros paisanos del exterior advirtieron que esa discusión ya la habían resuelto ellos hace muchos años en los Centros Asturianos, celebrando su fiesta en torno al 8 de septiembre y entonando el Asturias Patria Querida en sus actos públicos. Es más, la única discusión pendiente –de difícil solución- es que los del Suroeste, como Cangas y Tineo, celebran la Virgen del Acebo, en vez de la Santina, pero en la misma fecha.

Pero no debemos olvidar que la emigración clásica comenzaba con un desgarramiento, con un trauma familiar. Nuestros poetas expresan el sentimiento de soledad en que quedan las aldeas, tras la marcha de los jóvenes:


Dexáronmos equí

Pa morrer solos y amanciáos

Como manzanes vieyes…

Y los corazones esgonciáos

Como en dayuri les portielles.

Denantes había palombes nesti pueblu

Agora nuestres palombes son los cuervos. (Felipe Prieto)
La casería, la explotación familiar, se extingue, con frecuencia, por la marcha de los jóvenes, como señala el poeta de Roces:
Hijo del viejo labrador: la hacienda

Que por derecho se quedó en tus manos

Fue la ilusión de aquellos dos ancianos

Que se te fueron por la misma senda.


Grande ha sido el sacrificio de los emigrantes, a los que –según un gran asturiano, Valentín Andrés- no se les ha hecho aún la justicia que merecen, ya que ellos fueron, según el maestro de economistas- quienes impulsaron el desarrollo de la economía y la sociedad asturianas – incluso de las españolas- tradicionalmente atrasadas.

En las conclusiones del segundo congreso de asturianía, celebrado en Oviedo hace un año, se dedica una referencia especial a la nueva emigración de jóvenes asturianos, que algunos llaman la nueva emigración urbana. Al lado de las formas de emigración tradicionales, la emigración americana, le emigración europea, la emigración al resto de España, se da un nuevo éxodo de jóvenes, mucho más preparados que los emigrantes anteriores, que mantienen una gran vinculación a determinados aspectos de nuestra cultura tradicional, y que es preciso integrar en la vida ordinaria de los Centros Asturianos y de la propia Asturias, de manera que, enriquecido su espíritu en el conocimiento de otros pueblos, tengan, un día la oportunidad de regresar a la tierrina, a nuestra Itaca :


Ten siempre a Itaca en la memoria

Llegar allí es tu meta.

Mas no apresures el viaje

Mejor que se extienda largos años

y en tu vejez arribes a la isla

con cuanto hayas ganado en el camino

sin esperar que Itaca te enriquezca.

Itaca te regaló un hermoso viaje.

Sin ella el viaje no hubieras emprendido,

Mas ninguna otra cosa puede darte. (Kavafis)


Afortunadamente, ahora no viajamos sólo por necesidad, por motivos económicos, sino que uno de los fenómenos de nuestro tiempo, en el mundo desarrollado, es que, al menos, una vez al año podemos ir a donde más nos apetece, sin obedecer a ninguna obligación. Y resulta que los asturianos, cuando viajan a donde les place, van, sobre todo, al Mediterráneo. Probablemente, por el clima, por la luz, por las playas, por la animación (“Asturianos de braveza”…, “valencianos de alegría”…, “catalanes de firmeza”, dice Miguel Hernández). “No hay aquí –escribe Azorín, refiriéndose al paisaje mediterráneo- ni brumas, ni lluvias, ni cielo gris, ni enramadas negras, ni húmedas praderías”. Aunque sobre la comparación de los climas de Asturias y Levante habría mucho que hablar, ya que, mientras el Dr. Casal, en el s.XVIII, sostenía que la inestabilidad del tiempo en Asturias era pareja de la insegura salud de los asturianos, en cambio, el padre Feijoo, que procedía de Orense –y no de Gerona, como Casal-, sospechaba que en Madrid la gente duraba menos que en Asturias. Parece indudable, sin embargo, que el invierno es más benévolo en las costas mediterráneas que en Asturias. En 1905, visita Azorín a su amigo Ramón Pérez de Ayala en Oviedo. El escritor de Monóvar entra, con viva emoción, en la casa donde había muerto Clarín cuatro años antes, en la calle Fuente del Prado, donde contempla manuscritos del autor de la Regenta, novela cuya primera parte se imprimió en Barcelona, en 1884, por Daniel Cortezo y C.ª A la hora de citar un texto sobre el paisaje de Asturias, Azorín elige las primeras palabras del relato Doña Berta de Clarín, sin duda la página de más fervoroso amor a Asturias de cuantas se escribieron: “Hay un lugar en el norte de España a donde no llegaron nunca ni los romanos ni los moros; y si Doña Berta de Rondaliego, propietaria de este escondite verde y silencioso, supiera algo más de historia, juraría que jamás Agripa, ni Augusto, ni Muza, ni Tarik habían puesto la osada planta sobre el suelo, mullido siempre con tupida hierba fresca, jugosa, oscura, aterciopelada y reluciente de aquel rincón suyo…” De Oviedo, Azorín viaja en el tren del Vasco, recién construida la vía, de Oviedo a San Esteban de Pravia, para ver a Rubén Darío, que estaba veraneando en la Arena. La relación entre Asturias y Levante tiene uno de sus capítulos más interesantes en la colonia de pintores de Muros de Pravia –hoy Muros de Nalón-, que se constituyó a finales del s. XIX., a semejanza del Barbizon francés. En 1890 muere Casto Plasencia, principal inspirador de la colonia de artistas, pero éstos siguen acudiendo, y, a la desembocadura del Nalón llegan varios artistas mediterráneos, en sucesivos veranos, como los Benliure, Cecilio Pla, Muñoz Degraín y el gran Sorolla, que por primera vez se enfrenta con la luz tamizada –o falta de luz – de Asturias, cuando está ya en plena madurez artística, a los 39 años, el 16 de julio de 1902. Las dificultades que encuentra Sorolla para pasar de la luz mediterránea a pintar las brumas y las diferentes gamas del verde astur expresan bien la diferencia entre los dos paisajes. Aunque el maestro de la luz llegó a superar el envite dejando cuarenta y cuatro cuadros de paisajes asturianos que han merecido el reconocimiento de los críticos de arte. Ciertamente, en la luz y el paisaje son bien diferentes Asturias y la costa mediterránea, aunque un ilustre alicantino, profesor de la Universidad de Oviedo, Rafael Altamira, aseguraba que las vegas de Grado y Candamo le recordaban las huertas levantinas, y Ramón de Campoamor, el poeta de Navia, que emigró a Levante un siglo antes que los prejubilados y jubilados asturianos, para ser gobernador y diputado, decía que “de distancia en distancia, el olor a tomillo y a romero, me recuerdan las dichas de mi infancia” Siendo la gastronomía bien diferente en Asturias y Cataluña –no se parecen mucho una escalibada y un buen pote de berzas o una fabada- sin embargo es aquí donde se alcanza la síntesis perfecta de dos cocinas: es en el arroz con leche, o papas de arroz. Y que nadie minusvalore la importancia de una buena leche entera de vaca con pastos de montaña para conseguir un buen arroz con leche. También hay que citar los numerosos dulces de almendra –como los carbayones- típicos de Asturias, donde la almendra sustituye, probablemente, a frutos, como la nuez y la avellana, de cultivo tradicional en Asturias. La sidra asturiana va ganando adeptos en todas partes, conforme mejoran la distribución y, también, la calidad. Sin embargo, en el pasado era poco aceptada, tal vez por desconocida. Azorín ni la menciona y otro escritor mediterráneo, el ampurdanés Josep Pla dice que la sidra es “objetivamente insignificante”. “Es un líquido que dulcea, sin cuerpo, desfibrado, folklórico y puppy” También la fabada es un plato “fuerte, voluminoso y ofensivo” para el escritor catalán, y eso que la comió en el Modesta, en el que fue famoso restaurante de Oviedo. El gran escritor ampurdanés no entendió la gastronomía asturiana; dice: ¡Ah, Asturias! Este país que tiene una carne tan gustosa, una leche excelente y una manteca admirable, no presenta todavía una sopa ni un guisado agradable y ligero, ni una forma potable de queso. El queso que dan parece una insípida materia plástica, de una calidad almidonada, una especie de puré de patatas coagulado...”.A esti paisanu engañáronlu. ¡Hombre, pase que critique la sidra que trapia o con tastu, incluso que considere fuerte la fabada, pero no saber apreciar un buen Gamonedo o un buen Cabrales no tiene perdón de Dios! Sin embargo, si bien no le fue suficiente para aprender gastronomía el restaurante Modesta, Josep Pla, que conoció a muchos asturianos en su trabajo de corresponsal en el extranjero, dice de ellos que “son trabajadores y que han sido unos grandes emigrantes.” No elogia tanto a los que encuentra en Asturias, a los asturianos del interior: son “de aspecto serio, muy comprensivos y poco dados al ahorro; les gusta mucho comer, beber y, en general, gastar”. Un catalán que sí entendió nuestra gastronomía fue Néstor Luján. Para él, “Asturias ha dado al mundo tres cosas arcaicas y divinamente misteriosas: sus iglesias prerrománicas, el bable y su cocina sin par, que relaciona con la de Bretaña y Normandía. Elogia la sidra y la fabada, de la que dice que “su gracia severa e inconfundible reside en la morcilla”. (Sabia observación de Néstor Luján y Juan Perucho). Para Azorín, la fabada no es más que “una cocina suculenta de habichuelas.” Los centros asturianos son el medio más eficaz para conseguir la pervivencia de nuestras formas de cultura tradicional, lo que no es impedimento para la integración en la modernidad y en otras formas de cultura. Así por ejemplo, el centro asturiano de Tampa (USA), tras un siglo de existencia, bien lejos en distancia espacial de Asturias, mantiene una biblioteca de temas asturianos y españoles, todavía cantan asturianadas, siguen cocinando fabadas y potes y mantienen el aceite y el ajo de la cocina española. La conservación de la cultura propia no es atraso sino riqueza, mantener las propias raíces es compatible con ser ciudadanos del mundo; quienes no tienen raíces están más abocados a ser mercenarios que cosmopolitas. Pero el carácter integrador de los asturianos de poco serviría sin la actitud abierta, acogedora y hospitalaria de pueblos como Barcelona. “Por la fama de esta ciudad –escribía hace quinientos años Lucio Marineo Sículo-, no solamente concurrían a ella gentes de todo el resto de España, mas aun de todas las naciones del mundo; las cuales viviendo en ella muy a su placer y honradamente, de cada día la aumentaban y enriquecían”. En desagravio a la sidra, a la que menospreciaba el escritor de Palafrugell, recordamos la bendición a Llanes, del gran poeta del oriente de Asturias, Celso Amieva:
Mojo en tu sidra mi devota mano,

Persigno con el índice y el medio

Mi faz y voy a bendecir tu predio

Marinero, rural, fluvial, urbano,

Católico, guasón, astur e indiano.”
Siendo la cultura catalana bien distinta de la asturiana, se dan curiosas coincidencias. Por ejemplo, mientras en nuestro bable, el femenino plural acaba en –es (fabes) en las zonas central y oriental, finaliza en –as en el occidente (fabas). Sin embargo, en catalán sucede al revés, pues se da en –as en la zona oriental y en -es en la zona occidental y en el valenciano. En ambas lenguas se da la palatización de la “l” inicial: “tsobu, llobu-llop”. En las formas de vida, es semejante la costumbre de las capitulaciones prematrimoniales:
Regaleite con un queisu

En siñal de matrimoniu

El matrimoniu foi nulu

Vólvase el mieu queisu al horriu.


A la hora de recordar la contribución de los catalanes en Asturias, no podemos olvidar su participación en nuestra Universidad, especialmente en la Facultad de Geológicas, y en el desarrollo del Hospital General, así como su contribución a la modernización de nuestro comercio, a la industria maderera y a la conservera... A la importante y cualificada representación asturiana en Cataluña se suman, ahora, una generación de universitarios, la llamada nueva emigración urbana, que, sin duda, contribuirán al progreso de las “perseverantes, inteligentes y activas provincias catalanas”, según las atinadas palabras del padre de la Ley Hipotecaria, el tinetense Fdez. Negrete.

Decía Dionisio de la Huerta que si deja de escribirte un catalán, ponte en lo peor, pero, si te escribe un asturiano, ponte, también en lo peor, porque, probablemente, es que murió alguien. Cuando, en una reunión sobre el descenso del Sella, se tomaron todos los acuerdos por unanimidad, me preguntó Dionisio: ¿Estás contento? Le contesté: Sí. Pues no lo estés –me dijo, porque cuando los asturianos decidimos algo por unanimidad, nadie se acuerda más del asunto. Y así ocurrió, tal como temía Dionisio. (No debe de ser casualidad que en las dos celebraciones más espectaculares que se dan cada año en Asturias, la salida del Descenso del Sella y la entrega de los premios Príncipe de Asturias, hay en su origen personas con alguna vinculación a Cataluña: Dionisio de la Huerta y los Masaveu.

“Cuando se escriba de verdad –dice Max Aub- la historia de España de mis días, en cada página se leerá: Turón, Nava, Mieres, Sama, Trubia, La Felguera, Pola de Lena, hasta agotar los nombres del litoral y de las cuencas. Y habrá que caer en la cuenta de que no por nada la Reconquista empezó en Asturias.”

Hace casi un siglo, al visitar Asturias Josep Pla, el gran escritor ampurdanés, constata, con admiración, al visitar una villa asturiana (Luarca): Aquí –dice- todo el mundo habla bable. En bable occidental y en homenaje al arroz con leche, en homenaje a las papas de arroz, síntesis de la cultura gastronómica mediterránea y asturiana, con las tartas de almendra, con los pedregales de Grado, con los carbayones de Oviedo, recordemos estos versos de un poeta de Cangas del Narcea:


Xantóu Farrucu d’Antona

Na boda de la so hermana

Seis garfetsadas de frégadu

Ya dous otsas de cuachada,

D’una tinrala los bréfites,

La asadura ya las patas,

Tres andochas, dous muscancius…

Lus botsus brancus de Cangas,

¡mal añu lus que cuméu!

Garbanzos, toucín ya fabas,

Ya papas d’arroz cun zúquiri

¡Nuestra Siñora mi valga! (Xosé María Flórez)



Manuel Fdez. De la Cera
Barcelona, 13 de septiembre de 2003


1 Resumen del pregón pronunciado en el Centro Asturiano de Barcelona, el 13-9-2003, por Manuel Campa, con motivo del Día de Asturias.





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