Benemérita Universidad Autónoma de Puebla Dirección de Enseñanza Media Superior Historia Contemporánea de México guía para el alumno academia General de Historia de México



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La Convención de Aguascalientes+

Se pueden distinguir cuatro grupos en la Convención de Aguascalientes, en la que

participaron 57 generales y gobernadores militares así como otros 95 representantes de tropas: de un lado los seguidores de Carranza, luego el grupo cerrado de los villistas, que constituían una minoría, a la que sin embargo el 26 de octubre se unió, como tercer grupo, una delegación zapatista de 26 miembros invitada a la Convención por iniciativa de los villistas. El grupo más fuerte numéricamente y el único que no descartaba de antemano una reconciliación entre el ejército y Carranza fue el representado por los líderes independientes del Ejército del Noroeste bajo el mando de Álvaro Obregón. También formaban parte de él algunos comandantes de otras tropas del norte, quienes como Eulalio Gutiérrez (y a diferencia del comandante del Ejército del Noreste, Pablo González) no estaban sometidos a la influencia directa de Carranza. Este grupo mostraría estar dispuesto a entrar en coalición con cualquiera de los dos lados, es decir, tanto con el grupo burgués conservador formado alrededor de Carranza como con la alianza popular progresista de villistas y zapatistas. En su mayoría de origen social pequeño burgués, los representantes de esta ala "izquierda" del movimiento de Carranza estaban "relacionados de múltiples formas con los revolucionarios tanto burgueses como campesinos"; por ello no rechazaban de principio las demandas de una reforma social planteadas con gran énfasis sobre todo por los delegados zapatistas y apoyadas en forma unánime por los villistas. Tras apasionados debates, el Plan de Ayala fue aceptado "en principio" el 28 de octubre de 1914.

Aunque fue la primera ocasión en que una asamblea representativa de líderes revolucionarios expidió un radical programa de reforma agraria, no debe sobrevalorarse esta decisión. La intención primordial de la Convención de Aguascalientes era resolver el problema de la rivalidad por el poder que cada caudillo reclamaba para sí. La única salida de la enmarañada situación parecía ser la renuncia simultánea de Carranza, Villa y Zapata. Carranza se declaró dispuesto a ello ante la Convención, al menos verbalmente y bajo ciertas condiciones. Sin embargo, a pesar de que los delegados de la Convención aceptaron las renuncias de Carranza y de Villa por una mayoría abrumadora y simultáneamente, por sugerencia de Obregón, eligieron como presidente provisional de la república al general Eulalio Gutiérrez, ni Carranza ni Villa pensaban seriamente en renunciar. A su vez Zapata, quien sólo se hizo representar en Aguascalientes por una delegación extraoficial, estaba aún menos obligado a atenerse a las decisiones de las decisiones de la convención.

A principios de noviembre, cuando una delegación convencionista pretendió comunicar a Carranza la aceptación de su renuncia por parte de la Convención, éste ya había tomado la precaución de salir de la capital hacia Puebla, rumbo al puerto de Veracruz. Después de que fracasara el postrer intento de mediación de Obregón entre la Convención y Carranza, este último fue separado de todos sus cargos por la Convención. A estas alturas las tropas villistas, cuyo mando Villa evidentemente no pensaba abandonar en espera de la declaración oficial de guerra contra Carranza por parte de la Convención, ya habían entrado al estado de Aguascalientes. Carranza a su

+ Tomado de Hans Werner Tobler,La Revolución Mexicana, Transformación social y cambio político, 1876-1940, México, Alianza editorial, pp. 311-314

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vez negó entonces toda autoridad jurídica a la Convención y dio un ultimátum a sus oficiales subordinados para que abandonaran Aguascalientes En vista de este recrudecimiento de la situación, el grupo de Obregón se vio obligado a tomar una decisión rápida. La aspiración de Carranza de continuar en su posición como Jefe Supremo dcl movimiento revolucionario no era menos inequívoca que el intento de Villa de conseguir por su parte una posición hegemónica en la política mexicana, mediante el control sobre la Convención y una coalición con los zapatistas. En esta situación es muy probable que para el grupo de Obregón los aspectos ideológicos hayan sido mucho menos decisivos que las consideraciones realistas acerca de sus propias carreras dentro de una u otra de las facciones enemigas. En un movimiento dominado por Villa y sus consejeros civiles y militares, como por ejemplo Felipe Ángeles, y poyado en la fuerte División del Norte. Las posibilidades de Obregón y sus seguidores debían parecer más limitadas que en el campo carrancista que era aún débil en lo militar, pero precisamente por ello dependía del apoyo de jefes castrenses populares y con experiencia. Por esta razón, después de las últimas vanas tentativas de fortalecer la posición del presidente provisional, Eulalio Gutiérrez, dentro de la Convención y de retirar a Villa de su mando, el grupo de Obregón finalmente volvió a ponerse con sus tropas a disposición de Carranza. De esta manera, se hizo inevitable una guerra abierta entre los carrancistas y la coalición de villistas y zapatistas. El 19 de noviembre de 1914, Obregón declaró la guerra a Villa y al mismo tiempo evacuó la capital con sus tropas, puesto que eran inferiores a las unidades villistas y zapatistas que marchaban contra la ciudad de México. En Veracruz, cuyo puerto justamente en aquellos días fue abandonado por las tropas de ocupación estadounidenses, las fuerzas carrancistas establecieron una nueva base, mientras que los ejércitos de Villa y Zapata entraban a la capital

Lectura 6

Artículo 27 de la Constitución de 1917*

La propiedad de las tierras y aguas comprendidas dentro de los límites del territorio nacional, corresponde originariamente a la nación, la cual ha tenido y tiene el derecho de trasmitir el dominio de ellas a los particulares constituyendo la propiedad privada.

Las expropiaciones sólo podrán hacerse por causa de utilidad pública y mediante indemnización.

La nación tendrá en todo tiempo el derecho de imponer a la propiedad privada las modalidades que dicte el interés público, así como el de regular el aprovechamiento de los elementos naturales susceptibles de apropiación, para hacer una distribución equitativa de la riqueza pública y para cuidar de su conservación. Con este objeto se dictarán las medidas necesarias para el fraccionamiento de los latifundios; para el desarrollo de la pequeña propiedad; para la creación de nuevos centros de población agrícola con las tierras y aguas que le sean indispensables; para el fomento de la agricultura y para evitar la destrucción de los elementos naturales y los daños que la propiedad pueda sufrir en perjuicio de la sociedad. Los pueblos, rancherías y comunidades que carezcan de tierras y aguas, o no lo tengan en cantidad suficientes para las necesidades de su población, tendrán derechos a que se les dote de ellas, tomándolas de las propiedades inmediatas, respetando siempre la pequeña propiedad.

Corresponde a la nación el dominio directo de todos los minerales o substancias que en ventas, mantos, masas o yacimientos constituyan depósitos cuya naturaleza sea

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distinta de los componentes de los terrenos, tales como los minerales de los que se extraigan metales y metaloides utilizados en la industria; los yacimientos de piedras preciosas, de sal de gema y las salinas formadas directamente por las aguas marinas; los productos derivados de la descomposición de las rocas ,cuando su explotación necesita trabajos subterráneos; los fosfatos susceptibles de ser utilizados como fertilizantes; los combustibles minerales sólidos; el petróleo y todos los carburos de hidrógeno sólidos, líquidos o gaseosos.

Son también propiedad de la nación las aguas de los mares territoriales en la extensión que fije el Derecho Internacional.

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Se declaran nulas todas las diligencias, disposiciones, resoluciones y operaciones de deslinde, concesión, composición, sentencia, transacción, enajenación o remate que haya privado total o parcialmente de sus tierras, bosques y aguas a los condueñazgos, rancherías pueblos, congregaciones, tribus y demás corporaciones de población que existan todavía, desde la Ley de 25 de junio de 1856; y del mismo modo serán nulas todas las disposiciones, resoluciones y operaciones que tengan lugar en lo sucesivo y que produzca iguales efectos.



Lectura 7

México rural los frutos de la reforma*

La gran desigualdad en la distribución del ingreso en México es sobre todo un reflejo del nuevo dualismo que existe en el sector agrícola mexicano. En tanto que se ha modernizado un pequeño segmento de la agricultura mexicana, quizá hasta el 85 por ciento de las propiedades privadas y ejidales en conjunto, todavía se cultivan en forma primitiva. El resultado es que en el sector agrícola el producto por trabajador es sólo un sexto de lo que es en el resto de la economía. 1 El promedio mensual del ingreso per cápita en la agricultura es de 140 pesos; en los sectores industrial, comercial y de servicios es de 275, 325 y 310 pesos respectivamente. En 1963, el 43 % de las familias mexicanas tenían un ingreso mensual de 600 pesos o menos; los dos tercios de esas familias derivaban su ingreso del sector agrícola.

En la agricultura, el ingreso se distribuye menos equitativamente que en cualquiera de los otros sectores.2 Este hecho puede parecer sorprendente, en vista del carácter tan amplio del programa mexicano de reforma agraria; pero la actual estructura de la propiedad territorial y otros factores que han afectado a los intereses rurales desde 1940, explican esa creciente polarización.

El cuadro siguiente revela hasta que grado está todavía concentrada en unas cuantas tenencias la tierra privada cultivable de México. Poco más del 1 % de las unidades agrarias ocupa más del 50 % del total. En algunas regiones (Quintana Roo, Guerrero y Oaxaca, por ejemplo) entre el 75 % y 94 % de los terrenos privados pertenecen a menos del 1.5 % de los propietarios privados. A pesar de que la legislación agraria establece como límite máximo de las propiedades privadas una superficie de 300 ha. El censo de 1960 registra 2053 unidades con el promedio de 2331 hectáreas de tierra



2 Esta y las siguientes mediciones se basan en Banco de México Encuesta sobre ingresos y gastos familiares en México, 1963, México, Banco de México, 1967.

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cultivable. En otro extremo, está el 77%de todos los propietarios privados que tan sólo controla el 11% de tenencias particulares. La superficie promedio de estas propiedades es de1.6 hectáreas. Este millón de campesinos constituye el núcleo del problema del minifundio, en el México de hoy. Cerca de un millón de ejidatarios también cultivan parcelas incapaces de mantener a una sola familia.

De las propiedades privadas y ejidales. En 1960, el1.4% de todas las tenencias abarca más del 36% de las tierras cultivables de México, mientras que la mitad de los propietarios cultivaban menos del 12% de los terrenos. Menos del 90% de todas las propiedades hasta de 10 hectáreas, pueden clasificarse como minifundios. Sólo una proporción muy pequeña de ellos reciben un acuerdo suministro de agua, ya sea de lluvia o de riego, como para producir alimentos suficientes para las necesidades mínimas de una familia.



Lectura 8

Artículo 123 de la Constitución de 1917*

El Congreso de la Unión y las Legislaturas de los Estados deberán expedir leyes sobre el trabajo, fundadas en las necesidades de cada región, sin contravenir a las bases siguientes: las cuales regirán el trabajo de los obreros, jornaleros, empleados, domésticos y artesanos, y de manera general todo contrato de trabajo:



  1. I. La duración de la jornada máxima será de ocho horas;

  2. II. La jornada máxima de trabajo nocturno será de siete horas. Quedan prohibidas las labores insalubres o peligrosas para las mujeres en general y para los jóvenes menores de diez y seis años. Queda también prohibido a unos y otros el trabajo nocturno industrial; y en los establecimientos comerciales no podrán trabajar después de las diez de la noche;

  3. III. Los jóvenes mayores de doce años y menores de diez y seis, tendrán, como jornada máxima, la de seis horas. El trabajo de los niños menores de doce años no podrá ser objeto de contrato;

  4. IV. Por cada seis días de trabajo deberá disfrutar el operario de un día de descanso, cuando menos;

  5. V. Las mujeres, durante los tres meses anteriores al parto, no desempeñarán trabajos físicos que exijan esfuerzo material considerable. En el mes siguiente al parto, disfrutarán forzosamente de descanso, debiendo percibir su salario íntegro y conservar su empleo y los derechos que hubieren adquirido por su contrato. En el periodo de la lactancia tendrán dos descansos extraordinarios por día, de media hora cada uno, para amamantar a sus hijos;

  6. VI. El salario mínimo que deberá disfrutar el trabajador será el que considere suficiente, atendiendo las condiciones de cada región, para satisfacer las necesidades normales de vida del obrero, su educación y placeres honestos, considerándolo como jefe de familia. En toda empresa agrícola, comercial, fabril o minera, los trabajadores tendrán derecho a una participación en las utilidades....

  7. VII. Para trabajo igual, debe corresponder salario igual, sin tener en cuenta sexo ni nacionalidad;

  8. XIV. Los empresarios serán responsables de los accidentes del trabajo y de las enfermedades profesionales de los trabajadores, sufridas con motivo o ejercicio de la profesión o trabajo que ejecuten; por tanto, los patrones deberán pagar la indemnización correspondiente, según que haya traído como consecuencia la

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  1. muerte o simplemente incapacidad temporal o permanente para trabajar, de acuerdo con lo que las leyes determinen.

  2. XV. El patrón estará obligado a observar en la instalación de sus establecimientos, los preceptos legales sobre higiene y salubridad y adoptar las medidas adecuadas para prevenir accidentes en el uso de las máquinas, instrumentos y materiales de trabajo.

  3. XVI. Tanto los obreros como los empresarios tendrán derecho para coligares en defensa de sus respectivos intereses, formando sindicatos, asociaciones profesionales, etc.;

  4. XVII. Las leyes reconocerán como un derecho de los obreros y de los patronos, las huelgas y los paros;

  5. XVIII. Las huelgas serán lícitas cuando tengan por objeto conseguir el equilibrio entre los diversos factores de la producción; armonizando los derechos del trabajo con los del capital. En los servicios públicos será obligatorio para los trabajadores dar aviso, con diez días de anticipación, a la Junta de Conciliación y Arbitraje, de la fecha señalada para la suspensión del trabajo. Las huelgas serán consideradas como ilícitas, únicamente cuando la mayoría de los huelguistas ejerciere actos violentos contra personas o las propiedades, o en caso de guerra, cuando aquéllos pertenezcan a los establecimientos y servicios que dependan del Gobierno.

  6. XIX. Los paros serán lícitos únicamente cuando el exceso de producción haga necesario suspender el trabajo para mantener los precios en un límite costeable, previa aprobación de la Junta de Conciliación y Arbitraje.


Lectura 9

La esencia de la retórica+

La manera de cómo el gobierno trató los conflictos del trabajo durante los años posteriores a la promulgación de la Constitución de 1917, las decisiones tomadas y los resultados obtenidos, no sólo demuestran la tendencia conservadora de los revolucionarios, sino también el fracaso de casi todo el movimiento sindical que no pudo alcanzar sus metas. La promulgación del artículo 123 atizó el fuego de las aspiraciones de los obreros. Sus quejas eran muy variadas, desde las condiciones de trabajo que representaban todas las miserias imperantes en las fábricas del siglo XIX, hasta las largas horas de actividad agotadora y los salarios que nunca daban alcance al costo de la vida, siempre en aumento. Una exigencia de la clase obrera era la que causaba más conflictos que las demás: la insistencia de los trabajadores en que sus sindicatos fueran reconocidos, derecho consagrado por el artículo 123 constitrucional. A pesar de la retórica nacionalista de la revolución, los extranjeros siguieron ocupando los cargos de responsabilidad de las empresas, y las quejas contra los malos tratos de que hacían victimas a los trabajadores eran constantes, entre los mineros de la Cananea Cooper Company de Sonora, en las minas del Estado de México y hasta en Ferrocarriles.



+ Tomado de Ramón Eduardo Ruiz, La revolución mexicana y el movimiento obrero 1911-1923, México, ERA, 1978, pp. 111 y 129-132

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Al no encontrar respuesta a sus demandas los obreros recurrían a los gobernadores. Las opiniones de los gobernadores sobre asuntos del trabajo variaban grandemente. Por cada uno que tenía simpatías por la clase obrera había otro que era antisindicalista, y aun los primeros debieron de inclinarse por la paz y el orden público y fallar en contra delos obreros. No repugnó a muchos gobernadores recurrir a los militares para sabotear los esfuerzos obreros por organizarse. La suerte de la clase trabajadora en manos de las autoridades municipales fue muy semejante. Sería difícil hacer la crónica de las matanzas indiscriminadas realizadas por la policía e y los funcionarios locales, pero muchos de estos funcionarios tenían a su cargos en virtud de un nombramiento del gobierno federal, como por ejemplo el vista aduanal de Campeche que, por favorecer a los trabajadores no sindicalizados, mató a varias personas que trataban de organizar un sindicato. Sedientos de dinero, muchos de estos funcionarios eran incondicionales de los patrones. Así, el alcalde de la ciudad de México ordenó en 1923, con la aprobación de Obregón, que la policía disparara contra los tranviarios huelguistas.

La clase obrera tampoco encontraba amigos en el círculo íntimo del poder. La burocracia, el papeleo y el carácter de algunos miembros del gabinete hacían difícil al organizador de sindicatos. La Secretaría de Industria, Comercio y Trabajo, de la cual dependía el departamento del trabajo, era el máximo órgano gubernamental que trataba problemas obreros, pero al mismo tiempo debía ocuparse de la industria y del comercio, cuyos representantes eran enemigos tradicionales de la clase trabajadora. Aparte de las inclinaciones personales que pudiera tener el ministro, esta dependencia tenía que trabajar en el mejor de los casos conservándose a la mitad del camino entre los patrones y los trabajadores. En los años difíciles que siguieron a 1920, cuando la tarea prioritaria de la autoridades era lograr la recuperación de la economía y alcanzar la estabilidad política, la salud del capital generalmente pareció necesitar más ayuda del gobierno que la solución de los sufridos trabajadores. El alcalde de la ciudad de México ordenó en 1923, con la aprobación de Obregón, que la policía dispara contra los tranviarios huelguistas.



Lectura 10

Revolución campesina+

La revolución mexicana fue una revolución campesina, dado que los contingentes que lucharon eran campesinos, y fueron ellos los que con su persistencia derrocaron gobiernos e impulsaron los cambios.

Si observamos la línea que marca la revolución desde 1910 a 1920, veremos una constante: la única fracción que nunca interrumpió la guerra, que tuvo que ser barrida para que cejara, fue la de Emiliano Zapata. Después de los acuerdos de Ciudad Juárez, a fines de mayo de 1911, todas las facciones revolucionarias, al llamado de Madero, depusieron las armas: la revolución había triunfado, don Porfirio había caído. Todas, menos la de Zapata: la revolución no había triunfado, la tierra no se había repartido. Los zapatistas se negaron a entregar las armas y a disolver su ejercito; se dieron su programa, el Plan de Ayala, en noviembre de 1911, y continuaron tenazmente su combate. Es plenamente evidente que si no hubiera sido por la continuidad de la lucha

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zapatista, allí mismo se habría cerrado la revolución mexicana. Ahora bien, ¿ qué es lo que explica, por un lado, la tenacidad y, por el otro, el éxito de los campesinos zapatistas en mantener solos contra todos lo que Marx llamaba la permanencia de la revolución? La explicación no está simplemente en el programa agrario: otros sectores campesinos siguieron a Madero en pos de la tierra y aceptaron suspender la lucha armada. No está tampoco en el hecho de tener las armas: otros también las poseían y las devolvieron. La tierra era el objetivo general de los levantamientos armados campesinos. La clave de toda revolución es que las masas decidan por sí mismas, que puedan "gobernar sus propios destinos", fuera de las decisiones y de las imposiciones del Estado de las clases dominantes. Para esto lo decisivo no es que tengan dirección, programa o armas: todo ello es necesario, pero no es suficiente. Lo decisivo es que tengan una organización independiente a través de la cual puedan expresa las conclusiones ejercer su autonomía. .La clave de la resistencia permanente del sur, es que allí existía esa organización: los pueblos, antiguos órganos democráticos de los campesinos comunitarios.

Lectura 11

Revolución burguesa+

La revolución mexicana fue una revolución burguesa dirigida política y militarmente por elementos venidos de los sectores medios.

El capitalismo en la época del porfiriato fue un desarrollo promovido por los grandes monopolios extranjeros y un núcleo de comerciantes mexicanos enriquecidos y de terratenientes con sobrantes de capital. Lo que plantea la revolución de 1910 es un desarrollo del capitalismo de otro tipo. Los representantes fundamentales de esta concepción son los sectores de la burguesía media agraria, cuya expresión política será después el grupo de Sonora, que se apodera del poder en el país en los años 20 y que expresa todas las aspiraciones y características de una burguesía agraria que conoció un desarrollo importante a fines del siglo XIX y aspiraba a transformarse en una gran burguesía, dominar el Estado y darle una orientación diferente.

En lugar de que en el poder se instalara una burguesía industrial, quien se instala es una burguesía agraria, ligada a los sistemas de opresión en el campo, incapaz de concebir el desarrollo industrial del país como una unidad y una totalidad. Además esta burguesía subió al poder como una burguesía dependiente del imperialismo y que en ningún momento se ha planteado la posibilidad de aprovechar los momentos de dificultad del imperialismo para lograr un desarrollo completamente independiente.



Lectura 12

Revolución popular+

La revolución mexicana fue una revolución popular ya que en ella participaron no sólo los campesinos con un programa de lucha sino también los obreros. La participación de la clase obrera en la revolución fue muy importante desde el primer momento. Las fuerzas que utilizó Madero para derrocar el poder militar de Porfirio Díaz en los primeros meses de la revolución, hasta que Díaz se rindió a principios de 1911, fueron fuerzas

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constituidas en buena parte por los grupos anarquistas de Puebla y del norte del país, que habían venido formando los hermanos Flores Magón. Durante los meses que siguieron se produjo un ascenso de la actividad sindical y política de la clase obrera.



El 17 de febrero de 1915 después de firmar un pacto con el primer jefe Venustiano Carranza, los obreros afiliados en la Casa del obrero Mundial organizaron seis Batallones Rojos. Así alrededor de 7 000 trabajadores participaron al lado de Obregón en la lucha contra la División del norte, una de las batallas en las que combatieron fue en la del Ébano, en marzo de 1915. En cualquier parte que las fuerzas de Carranza conquistaran territorio, los grupos obreros establecían filiales de la COM.

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