Bernardo de balbuena grandeza mexicana



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BERNARDO DE BALBUENA
GRANDEZA MEXICANA
Edición crítica de José Carlos González Boixo

Bulzoni, Roma 1988


INTRODUCCIÓN

Ahí, en los más remotos confines destas Indias occidentales, a la parte de su Poniente, casi en aquellos mismos linderos que siendo límite y raya al trato y comercio humano parece que la naturaleza, cansada de dilatarse en tierras tan fragosas y destempladas, no quiso hacer más mundo, sino que alzándose con aquel pedazo de suelo lo dejó ocioso y vacío de gente, dispuesto a solas las inclemencias del cielo y a la jurisdicción de unas yermas y espantosas soleda­des, en cuyas desiertas costas y abrasados arenales a sus solas resurta y quiebre con melancólicas intercadencias la resaca y tumbos de mar, que sin oírse otro aliento y voz humana por aquellas sordas playas y carcomidas rocas suena, o cuando mucho se ve co­ronar el peinado risco de un monte con la temerosa imagen y espantosa figura de algún indio salvaje, que en suelta y negra cabellera con presto arco y ligeras flechas, a quien él en velocidad excede, sale a caza de alguna fiera menos intratable y feroz que el ánimo que la sigue: al fin en estos acabos de mundo, rema­tes de lo descubierto y últimas extremidades deste gran cuerpo de la tierra, lo que la naturaleza no pudo, que fue hacerlos dispuestos y apetecibles al trato y comodidades de la vida humana, la hambre del oro y golosina del interés tuvo maña y presunción de hacer, plantando en aquellos baldíos y ociosos campos una famosa población de españoles, cuyas reliquias, aunque sin la florida grandeza de sus principios, duran todavía, y a pesar del tiempo conservan en su remoto sitio el nombre de la gran vila de San Miguel de Cuiacán.

En este pueblo, digno por sola esta ocasión de hacer su cuenta aparte con los famosos de la tierra, se crió desde sus primeros años Doña Isabel de Tobar y Guzmán, una señora de tan raras partes, singular entendimiento, grados de honestidad y aventajada hermosura, que por cualquiera de ellas puede muy bien entrar en número de las famosas mujeres del mundo, y ser con justo título celebrada de los buenos ingenios dél. Fue esta noble señora hija de los famosos caballeros Don Pedro de Tobar, hijo de Don Fernando de Tobar, señor de Villamartín y tierra de la Reina, gran caballero de la orden de Santiago, guarda de la reina Doña Juana y su cazador mayorñ y de Doña Francisca de Guzmán, hija de Don Gonzalo de Guzmán, gobernador de Cuba. Crióse, aunque en tierra tan apartada y remota, en aquella riqueza y abundancia de regalo debida a su calidad y grandeza, hasta que disponiendo el tiempo las cosas ordenó las de su gusto de manera que abrió puerta al que siempre había deseado, que era verse en religión, sacudida y libre de los inconvenientes y obligaciones del siglo, desviándole el cielo con sus regalos los que le podían ser impedimiento y estorbo a este gran deseo y vocación suya, llevado primero para sí a Don Luis de los Ríos Proaño, su marido, y tras él a la santa Compañía de Jesús un hijo único y sola prenda que dél quedaba; como que quisiese Dios por esta vía suceder en propiedad y posesión a todas las cosas de esta señora, sin dejarle en el mundo más que a él solo en quien poner los ojos y confianza, como desde luego lo hizo encaminando sus cosas a este honrado y dichoso fin, digno de la grandeza de su ánimo y gran caudal de su entendimiento dejarlo todo por el Señor y dueño de todo.

Estando pues en las dichosas vísperas de tiempo tan deseado, llegóse también a vueltas el de mi venida a esta ciudad, doce años después que hice della la segunda salida y ausencia; y conociendo en mí la gran veneración y respeto en que siempre he tenido sus cosas, por parecerme dignas deste reco­nocimiento y lugar entre cuantas hasta hoy mi es­timación ha hallado, mandóme con algún encareci­miento que en los días que le traía de ventaja a esta ciudad tomase a mi cuenta el dársela muy particular de las cosas famosas della, para que así más alentada se diese prisa a concluir su comenzado viaje, y llegada al fin del no se le hiciese del todo nueva la grandeza de la tierra, ya que a la de su ánimo y condición ninguna podía venir grande. Fue para mí esta ocasión convidar a beber al que tiene mucha sed, porque desde luego me vi en posesión de dos grandes gustos míos y casi igualmente deseados y apetecidos de mí, el uno obedecer y servir en algo a quien tanto debo, y el otro hacer un amago y rasguño (supuesto que mi caudal no llega a más) de las grandezas y admi­rables partes desta insigne y poderosa ciudad de México, a quien por mil nobles respetos he sido siempre aficionado y debía hacer algún servicio. Y éste finalmente, discreto lector, es el fundamento del que yo agora en esta breve relación te hago, si mi buena intención mereciere que le cuentes y estimes por tal; porque dado caso que a este fin me movieron los que digo, habiéndolos dichosamente conseguido, y la señora para quien esto se escribió el de su voca­ción y viaje, tomando el hábito de monja en el insigne monasterio de San Lorenzo, después que por algunos días fue generalmente festejada su venida de todo lo mejor de la nobleza mexicana, el sacar reliquias, aunque sin la florida grandeza de sus prin­cipios, duran todavía, y a pesar del tiempo conservan en su remoto sitio el nombre de la gran villa de San Miguel de Culiacán.

En este pueblo, digno por sola esta ocasión de hacer su cuenta aparte con los famosos de la tierra, se crió desde sus primeros años Doña Isabel de Tobar y Guzmán, una señora de tan raras partes, singular entendimiento, grados de honestidad y aventajada hermosura, que por cualquiera de ellas puede muy bien entrar en número de las famosas mujeres del mundo, y ser con justo título celebrada de los buenos ingenios del. Fue esta noble señora hija de los fa­mosos caballeros Don Pedro de Tobar, hijo de Don Fernando de Tobar, señor de Villamartín y tierra de la Reina, gran caballero de la orden de Santiago, guarda de la reina Doña Juana y su cazador mayor; y de Doña Francisca de Guzmán, hija de Don Gonzalo de Guzmán, gobernador de Cuba. Crióse, aunque en tierra tan apartada y remota, en aquella riqueza y abundancia de regalo debida a su calidad y grandeza, hasta que disponiendo el tiempo las cosas ordenó las de su gusto de manera que le abrió puerta al que siempre había deseado, que era verse en religión, sacudida y libre de los inconvenientes y obligaciones del siglo, desviándole el cielo con sus regalos los que le podían ser impedimento y estorbo a este gran deseo y vocación suya, llevando primero para sí a Don Luis de los Ríos Proaño, su marido, y tras él a la santa Compañía de Jesús un hijo único y sola prenda que del le quedaba; como que quisiese Dios por esta vía suceder en propiedad y posesión a todas las cosas desta señora, sin dejarle en el mundo más que a él solo en quien poner los ojos y confianza, como desde luego lo hizo encaminando sus cosas a este honrado y dichoso fin, digno de la grandeza de ahora a pública censura los mismos atrevimientos que se pudieran quedar olvidados y desaparecidos al mundo, es ya todo poner los ojos en sólo el fin de agradar los tuyos, reduciendo a esta última pretensión todo el caudal de las primeras. Y así en ventura mía será si en el gusto tuyo estos mis borrones la tuvieren tal que acierten a dártele en algo. Lo posible he hecho en procurarlo; haga el tiempo su oficio, que hasta aquí sólo pudo llegar la jurisdicción del mío. Algunas cosas habrán de disonar en oídos delicados, a quien si yo tuviera lugar pudiera ser que dejara, si no del todo satisfechos, a lo menos en parte desofendidos. Quizá lo haré apuntando de mi mano algo de estos mismos discursos, que aunque en su llaneza parezca sobrado este pensamiento, no lo es en el que yo tengo de explicar algunos que dejé medio anegados y muertos entre el aprieto de los consonantes. Esto será otra vez, y lo dicho ahora, claridad desta primera intro­ducción. Y para que también la tenga el noveno terceto que dice:
De Tobar y Guzmán hecho un injerto

al Sandoval, que hoy sirve de columna

al gran peso del mundo y su concierto,
se ha de advertir que doña Elvira de Rojas y Sando­val, hija de Diego Gómez de Sandoval, marqués de Denia, fue mujer de Don Sancho de Tobar, señor de Villamartín y tierra de la Reina, y bisabuela desta señora, y por esta vía parienta muy conocida y cer­cana del gran duque de Lerma don Francisco Gómez de Sandoval, que hoy es la persona más propincua a la de nuestro glorioso y católico monarca Filipo III, y de cuya prudencia más se sirve en el gobierno de los mundos que están a su cargo, y le deje Dios gozar felicísimos años para el universal bien de su Iglesia.

CARTA DEL BACHILLER


BERNARDO DE BALBUENA

A LA SEÑORA

DOÑA ISABEL DE TOBAR Y GUZMAN
DESCRIBIENDO LA FAMOSA CIUDAD DE MÉXICO

Y SUS GRANDEZAS


ARGUMENTO
De la famosa México el asiento,

origen y grandeza de edificios,

caballos, calles, trato, cumplimiento,

letras, virtudes, variedad de oficios,

regalos, ocasiones de contento,

primavera inmortal y sus indicios,

gobierno ilustre, religión y Estado,

todo en este discurso está cifrado.


CAPITULO I

ARGUMENTO


De la famosa México el asiento
[…]
Mándasme que te escriba algún indicio

de que he llegado a esta ciudad famosa,

centro de perfección, del mundo el quicio;
su asiento, su grandeza populosa,

sus cosas raras, su riqueza y trato,

su gente ilustre, su labor pomposa.

20

Al fin, un perfectísimo retrato



pides de la grandeza mexicana,

ahora cueste caro, ahora barato.


Cuidado es grave y carga no liviana

la que impones a fuerzas tan pequeñas,

mas no al deseo de servirte y gana.
Y así, en virtud del gusto con que enseñas

el mío a hacer su ley de tu contento,

aquestas son de México las señas.
Bañada de un templado y fresco viento,

donde nadie creyó que hubiese mundo

goza florido y regalado asiento.
Casi debajo el trópico fecundo,

que reparte las flores de Amaltea1

y de perlas empreña el mar profundo,

25

dentro en la zona por do el sol pasea,



y el tierno abril envuelto en rosas anda,

sembrando olores hechos de librea;


sobre una delicada costra blanda,

que en dos claras lagunas se sustenta,

cercada de olas por cualquiera banda,
labrada en grande proporción y cuenta

de torres, chapiteles, vantanajes,

su máquina soberbia se presenta.
Con bellísimos lejos y paisajes,

salidas, recreaciones y holguras,

huertas, granjas, molinos y boscajes,
alamedas, jardines, espesuras

de varias plantas y de frutas bellas

en flor, en cierne, en leche, ya maduras.

30

No tiene tanto número de estrellas



el cielo, como flores su guirnalda,

ni más virtudes hay en él que en ellas.


De sus altos vestidos de esmeralda,

que en rico agosto y abundantes mieses

el bien y el mal reparten de su falda,
nacen llanos de iguales intereses,

cuya labor y fértiles cosechas

en uno rinden para muchos meses.

Tiene esta gran ciudad sobre agua hechas

firmes calzadas, que a su mucha gente

por capaces que son vienen estrechas:


que ni el caballo griego hizo puente

tan llena de armas al troyano muro,

ni a tantos guió Ulises el prudente;

35

ni cuando con su cierzo el frío Arturo2



los árboles desnuda, de agostadas

hojas así se cubre el suelo duro,


como en estos caminos y calzadas

en todo tiempo y todas ocasiones,

se ven gentes cruzar amontonadas.
Recuas, carros, carretas, carretones,

de plata, oro, riquezas, bastimentos

cargados salen, y entran a montones.
De varia traza y varios movimientos

varias figuras, rostros y semblantes,

de hombres varios, de varios pensamientos;
arrieros, oficiales, contratantes,

cachopines,3 soldados, mercaderes,

galanes, caballeros, pleiteantes;

40

clérigos, frailes, hombres y mujeres,



de diversa color y profesiones,

de vario estado y varios pareceres;


diferentes en lenguas y naciones,

en propósitos, fines y deseos,

y aun a veces en leyes y opiniones;
y todos por atajos y rodeos

en esta gran ciudad desaparecen

de gigantes volviéndose pigmeos.
¡Oh inmenso mar, donde por más que crecen

las olas y avenidas de las cosas

ni las echan de ver ni se parecen!

Cruzan sus anchas calles mil hermosas

acequias que cual sierpes cristalinas

dan vueltas y revueltas deleitosas,

45

llenas de estrechos barcos, ricas minas



de provisión, sustento y materiales

a sus fábricas y obras peregrinas.


Anchos caminos, puertos principales

por tierra y agua a cuanto el gusto pide

y pueden alcanzar deseos mortales.
Entra una flota y otra se despide,

de regalos cargada la que viene,

la que se va del precio que los mide;
su sordo ruido y tráfago entretiene,

el contratar y aquel bullirse todo,

que nadie un punto de sosiego tiene.
Por todas partes la codicia a rodo,4

que ya cuanto se trata y se practica

es interés de un modo o de otro modo.

50

Éste es el sol que al mundo vivifica;



quien lo conserva, rige y acrecienta,

lo ampara, lo defiende y fortifica.


Por éste el duro labrador sustenta

el áspero rigor del tiempo helado,

y en sus trabajos y sudor se alienta;
y el fiero imitador de Marte airado

al ronco son del alambor se mueve,

y en limpio acero resplandece armado.
Si el industrioso mercader se atreve

al inconstante mar, y así remedia

de grandes sumas la menor que debe;

si el farsante recita su comedia,

y de discreto y sabio se hace bobo,

para de una hora hacer reír la media;

55

si el pastor soñoliento al fiero lobo



sigue y persigue, y pasa un año entero

en vela al pie de un áspero algarrobo;


si el humilde oficial sufre el severo

rostro del torpe que a mandarle llega,

y el suyo al gusto ajeno hace pechero;
si uno teje, otro cose, otro navega,

otro descubre el mundo, otro conquista,

otro pone demanda, otro la niega;
si el sutil escribano papelista

la airosa pluma con sabor voltea,

costoso y desgraciado coronista;
si el jurista fantástico pleitea,

si el arrogante médico os aplica

la mano al pulso y a Galeno hojea;
si reza el ciego, si el prior predica,

si el canónigo grave sigue el coro,

y el sacristán de liberal se pica;

60

si en corvas cimbrias artesones de oro



por las soberbias arquitraves vuelan

con ricos lazos de inmortal tesoro;


si la escultura y el pincel consuelan

con sus primores los curiosos ojos,

y en contrahacer el mundo se desvelan;
y al fin, si por industria o por antojos

de la vida mortal, las ramas crecen

de espinas secas y ásperos abrojos;
si unos a otros se ayudan y obedecen,

y en esta trabazón y engace5 humano

los hombres con su mundo permanecen,
el goloso interés les da la mano,

refuerza el gusto y acrecienta el brío,

y con el suyo lo hace todo llano.

65

Quitad a este gigante el señorío

y las leyes que ha impuesto a los mortales;

volveréis su concierto en desvarío.


Caerse han las columnas principales

sobre que el mundo y su grandeza estriba,

y en confusión serán todos iguales.
Pues esta oculta fuerza, fuente viva

de la vida política, y aliento

que al más tibio y helado pecho aviva,
entre otros bienes suyos dio el asiento

a esta insigne ciudad en sierras de agua,

y en su edificio abrió el primer cimiento.
Y así cuanto el ingenio humano fragua,

alcanza el arte, y el deseo platica

en ella y su laguna se desagua

y la vuelve agradable, ilustre y rica.

CAPITULO II

ARGUMENTO



Origen y grandeza de edificios
Pudiera aquí con levantado estilo

siguiendo el aire a mi veloz deseo

a este cuento añudar un largo hilo,
un espantoso alarde, un rico empleo

de heroicos hechos, con que el tiempo añide

vida a la fama, al interés trofeo.
El bravo brío español que rompe y mide,

a pesar de Neptuno y sus espantos,

los golfos en que un mundo en dos divide,

y aquellos nobles estandartes santos,

que con su sombra dieron luz divina

a las tinieblas en que estaban tantos


y al mismo curso por do el sol camina,

surcando el mar y escrudiñando el cielo,

del interés la dulce golosina

5

los trajo en hombros de cristal y hielo



a ver nuevas estrellas y regiones

a estotro rostro y paredón del suelo,


desde donde asombraron las naciones

con increíbles proezas y hazañas

de sus nunca vencidos escuadrones,
dando a su imperio y ley gentes extrañas

que le obedezcan; y añidiendo al mundo

una española isla y dos Españas.6
De cuyo noble parto sin segundo

nació esta gran ciudad como de nuevo

en ascendiente próspero y fecundo;
y otras grandezas mil en que yo llevo

puesta la mira en una heroica historia,

donde pienso pagar cuanto le debo.7

10

[…]


Dejo también el áspero concurso,

y oscuro origen de naciones fieras,

que la hallaron con bárbaro discurso;
el prolijo viaje, las quimeras

del principio del águila y la tuna8

que trae por armas hoy en sus banderas;
los varios altibajos de fortuna,

por donde su potencia creció tanto,

que pudo hacer de mil coronas una. 20
Esto es muy lejos, yo no basto a tanto;

sólo diré de lo que soy testigo,

digno de Homero y de la fama espanto.
Y así vuelvo a decir y otra vez digo

que el interés, señor de las naciones,

del trato humano el principal postigo,
como a la antigüedad dio por sus dones

pirámides, columnas, termas, baños,

teatros, obeliscos, panteones,
una Troya parienta de los años,

una Roma también parienta suya,

y una Venecia libre, y no de engaños,
porque el tiempo su honor le restituya,

si piensa que hoy es menos poderoso,

a México le dio que le concluya.

25

En otro crecimiento populoso



y otros ocultos partos de ciudades

podrá ser algo desto sospechoso,


y Tebas, con su música y deidades,

levantar muros y edificios rudos,

que más que eso acreditan las edades;
el sabio Cadmo hacer surcos desnudos,

y allí cosecha de aceradas gentes,

sembrando dientes y cogiendo escudos,9
que México por pasos diferentes

está en la mayor cumbre de grandeza

que vieron los pasados y presentes.
De sus soberbias calles la realeza,

a las del ajedrez bien comparadas,

cuadra a cuadra, y aun cuadra pieza a pieza;

30

porque si al juego fuesen entabladas,



tantos negros habría como blancos,

sin las otras colores deslavadas.


¿ Quién, puesta ya la mira en tantos blancos

y los débiles pies en esta altura,

irá sin dar descompasados trancos ?
La antigua Grecia llena de esculturas

celebre sus soberbios edificios,

y de los tirios muros la hermosura;
y a la bárbara Menfis sus egipcios

ennoblezcan de blanco mármol pario,10

precioso en pasta y rico en artificios;

y los incultos partos con voltario

arco defiendan los que en sus regiones

Semíramis11 labró de jaspe vario; 35


las almenas y altivos iliones

que fabricó la industria de Neptuno,

hagan de Frigia ricos los terrones,12
y al fin refiera el mundo de uno en uno

sus bellos edificios, mausoleos

de mayor fama que éstos, si hay alguno;
que con los desta gran laguna solos

hará otro más vistoso y rico alarde,

desde la ardiente Zona a los dos polos.
Toda ella en llamas de belleza se arde,

y se va como fénix renovando;

crezcas al cielo, en siglos mil te guarde.
¡ Qué es ver sobre las nubes ir volando

con bellos lazos las techumbres de oro

de ricos templos que se van labrando !

40

Donde si el mundo en su mortal tesoro



puede contrahacer sombras de cielo,

al vivo vive allí el celestial coro.

Bien que a sus cimbrias13 el delgado suelo

humilla poco a poco, que en el mundo

no hay más firmeza ni menor recelo.
Cuelga el primer cimiento hasta el segundo,

que de columnas de cristal fabrican

las tiernas ninfas en su mar profundo;
y no por eso su altivez achican,

que cuanto más la tierra se los traga

más arcos y cimborrios multiplican.
Suben las torres, cuya cumbre amaga

a vencer de las nubes el altura,

y que la vista en ellas se deshaga.

45

Las portadas cubiertas de escultura,



obra sutil, riquísimo tesoro

del corintio primor y su ternura;


los anchos frisos de relieves de oro

istriados, triglifos y metopas,

que en orden suben la obra y dan decoro;
y las columnas pérsicas, con ropas

barbáricas cargadas de festones,

y de acroterias14 pulvinadas15 copas;
al fin, cuanto en esta arte hay de invenciones,

primores, sutilezas, artificios,

grandezas, altiveces, presunciones,

sin levantar las cosas de sus quicios

lo tienen todo en proporción dispuesto

los bellos mexicanos edificios.

50

Jonio, corintio, dórico compuesto,



mosaico antiguo, áspero toscano,

y lo que falta aquí si más hay que esto.


¡Oh ciudad bella! pueblo cortesano,

primor del mundo, traza peregrina,

grandeza ilustre, lustre soberano;
fénix de galas, de riquezas mina,

museo de ciencias y de ingenios fuente,

jardín de Venus, dulce golosina;
del placer madre, piélago de gente,

de joyas cofre, erario de tesoro,

flor de ciudades, gloria del Poniente;
de amor el centro, de las musas coro;

de honor el reino, de virtud la esfera,

de honrados patria, de avarientos oro;

55

cielo de ricos, rica primavera,



pueblo de nobles, consistorio justo,

grave senado, discreción entera;


templo de la beldad, alma del gusto,

Indias del mundo, cielo de la tierra;

todo esto es sombra tuya ¡oh pueblo augusto!

y si hay más que esto, aun más en ti se encierra.

CAPITULO III

ARGUMENTO



Caballos, calles, trato, cumplimiento
[…]
Es la ciudad más rica y opulenta,

de más contratación y más tesoro,

que el norte enfría, ni que el sol calienta.

35

La plata del Pirú, de Chile el oro



viene a parar aquí y de Terrenate16

clavo fino y canela de Tidoro.17


De Cambray18 telas, de Quinsay19 rescate,20

de Sicilia coral, de Siria nardo,

de Arabia incienso, y de Ormuz granate;21
diamantes de la India, y del gallardo

Scita22 balajes23 y esmeraldas finas,

de Goa marfil, de Siam ébano pardo;24
de España lo mejor, de Filipinas

la nata, de Macón25 lo más precioso,

de ambas Javas riquezas peregrinas;
la fina loza del Sangley26 medroso,

las ricas martas de los scitios Caspes,27

del Trogoldita28 el cínamo29 oloroso;

40

ámbar del Malabar,30 perlas de Idaspes,



drogas de Egipto, de Pancaya31 olores,

de Persia alfombras, y de Etolia jaspes;


de la gran China sedas de colores,

piedra bezar32 de los incultos Andes,

de Roma estampas, de Milán primores;
cuantos relojes ha inventado Flandes,

cuantas telas Italia, y cuantos dijes

labra Venecia en sutilezas grandes;

cuantas Quimeras, Briareos, Giges,33

Ambers en bronce y láminas retrata,

de mil colores, hábitos y embijes;34


al fin, del mundo lo mejor, la nata

de cuanto se conoce y se practica,

aquí se bulle, vende y se barata.

45

Con todo él se confronta y comunica,



y en un año le trata y corresponde,

y lo que hay bueno en él goza y salpica.


Desde do nace el día hasta donde

se acaba y muere, y desde la bocina

del norte helado hasta do el sur se esconde,
el bello sol, que con su luz divina

alumbra el mundo y en un año goza

del cielo todo y cuanto en él camina,
ya en Aries, Tauro y Pólux se remoza,

ya en Cáncer, Leo y Virgo pone casa,

ya en Libra iguala el mundo y lo alboroza,
ya en el fiero Escorpión se encoge y tasa,

ya el aire y viento altera en Sagitario,

o en su setentrional esconce35 abrasa,

50

ya en Capricornio húmedo y voltario



hiela, ventisca y nieva, y pone al frío

sitial y asiento en Piscis y en Acuario.36

Al fin, todo el tesoro, aliento, brío,

temple, influencia, aspectos, resplandores,

gozos, exaltaciones, señorío,
imágenes y causas superiores,

que el mundo son para su ser y aumento

de la milicia celestial favores,
en círculo, rodeo y movimiento

de un año lo pasea, escala y mide,

alegra, goza, influye y da contento.
México al mundo por igual divide,

y como a un sol la tierra se le inclina

y en toda ella parece que preside.

55

Con el Pirú, el Maluco37 y con la China,



el persa de nación, el scita, el moro,

y otra si hay más remota o más vecina;


con Francia, con Italia y su tesoro,

con Egipto, el gran Cairo y la Suría,

la Taprobana38 y Quersoneso39 de oro,
con España, Alemania, Berbería,

Asia, Etiopía, África, Guinea,

Bretaña, Grecia, Flandes y Turquía;
con todos se contrata y se cartea,

y a sus tiendas, bodegas y almacenes

lo mejor destos mundos acarrea.
Libre del Fiero Marte y sus vaivenes,

en vida de regalo y paz dichosa,

hecha está un cielo de mortales bienes,

ciudad ilustre, rica y populosa.

CAPITULO V

ARGUMENTO



Regalos, ocasiones de contento
[…]
Recreaciones de gusto en que ocuparse,

de fiestas y regalos mil maneras

para engañar cuidados y engañarse;

15

conversaciones, juegos, burlas, veras,



convites, golosinas infinitas,

huertas, jardines, cazas, bosques, fieras;


aparatos, grandezas exquisitas,

juntas, saraos, conciertos agradables,

músicas, pasatiempos y visitas;
regocijos, holguras saludables,

carreras, rúas, bizarrías, paseos,

amigos en el gusto y trato afables;
galas, libreas, broches, camafeos,

jaeces, telas, sedas y brocados,

pinte el antojo, pidan sus deseos.
Escarches,40 bordaduras, entorchados,

joyas, joyeros, perlas, pedrería,

aljófar, oro, plata, recamados;

20

fiesta y comedias nuevas cada día,



de varios entremeses y primores

gusto, entretenimiento y alegría;


usos nuevos, antojos de señores,

de mujeres tocados y quimeras,

de maridos carcomas y dolores;
volantes, carzahanes, primaveras,41

y para autoridad y señorío

coches, carrozas, sillas y literas.
Pues, ¿qué de la hermosura y brío,

gracia, donaire, discreción y aseo,

altivez, compostura y atavío
de las damas deste alto coliseo,

nata del mundo, flor de la belleza,

cumplida perfección, fin del deseo,

25

su afable trato, su real grandeza,



su grave honestidad, su compostura,

templada con suave y gran llaneza?


Lo menos de su ser es la hermosura,

pudiendo Venus mendigarla dellas

en gracia, en talle, en rostro, en apostura.
Cuantas rosas abril, el cielo estrellas,

Chipre azucenas, el verano flores,

aquí se crían y gozan damas bellas.
Estos son de sus bienes los mayores,

y ellas en discreción y cortesía

el esmero del mundo y sus primores.

La India marfil, la Arabia olores cría,

hierro Vizcaya, las Dalmacias oro,

plata el Pirú, el Maluco especiería,

30

seda el Japón, el mar del Sur tesoro



de ricas perlas, nácares la China,

púrpura Tiro, y dátiles el moro,


México hermosura peregrina,

y altísimos ingenios de gran vuelo,

por fuerza de astros o virtud divina;
al fin, si es la beldad parte de cielo,

México puede ser cielo del mundo,

pues cría la mayor que goza el suelo.
[…]
Pues al que en paladar y alma golosa

del glotón Epicuro cursa y sigue

la infame secta y cátedra asquerosa,
si su estómago y vientre le persigue,

y del hace su dios grosero y basto,

que a sacrificios sin cesar le obligue,
pida su antojo, y no escatime el gasto,

que en sus hermosas y abundantes plazas

verá sainetes que ofrecerle abasto.

45

Mil apetitos, diferentes trazas



de aves, pescados, carnes, salsas, frutas,

linajes varios de sabrosas cazas.


La verde pera, la cermeña42 enjuta,

las uvas dulces de color de grana,

y su licor que es néctar y cicuta;
el membrillo oloroso, la manzana

arrebolada y el durazno tierno,

la incierta nuez, la frágil avellana;
la granada, vecina del invierno,

coronada por reina del verano,

símbolo del amor y su gobierno;
al fin, cuanto al sabor y gusto humano

abril promete y mayo fructifica,

goza en estos jardines su hortelano,

50

sin otra mina de conservas rica,



almíbares, alcorzas,43 mazapanes,

metal que al labio con sabor se aplica.


Cetrería de neblís y gavilanes,

al antojo y sabor del pensamiento,

liebres, conejos, tórtolas, faisanes,
sin tomar puntas, ni escalar el viento,

a pie quedo se toman en su plaza,

que es la mejor del reino del contento.
Trague el goloso, colme bien la taza,

y el regalón con ámbar y juguetes

la prisión llene que su cuello enlaza,
que a ninguno manjares ni sainetes

faltarán, si los quiere; ni al olfato

aguas de olor, pastillas y pebetes,

55

sin otros gustos de diverso trato,



que yo no alcanzo y sé sino de oídas,

y así los dejo al velo del recato.


Músicas, bailes, danzas, acogidas

de agridulce placer, tiernos disgustos,

golosina sabrosa de las vidas;
fiestas, regalos, pasatiempos, gustos,

contento, recreación, gozo, alegría,

sosiego, paz, quietud de ánimos justos,
hermosura, altiveces, gallardía,

nobleza, discreción, primor, aseo,

virtud, lealtad, riquezas, hidalguía,
y cuanto la codicia y el deseo

añadir pueden y alcanzar el arte,

aquí se hallará, y aquí lo veo,

y aquí como en su esfera tienen parte.

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EPILOGO Y CAPITULO ULTIMO

ARGUMENTO



Todo en este discurso esta cifrado
De cosas grandes los retratos bellos,

si se ha de ver la proporción y el aire

de su famoso original en ellos,
y en breve espacio con igual donaire

pintar un Ixión y un Ticio fiero,

éste hiriendo la tierra, el otro el aire;44
ora escorzando láminas de acero

el precioso buril suba el relieve,

o el pincel haga su artificio entero;
de cualquier modo el que a encerrar se atreve

en un pequeño cuadro grandes lejos,

y un gran coloso en un zafiro breve,
sin los pinceles, gurbias y aparejos

de Apeles y Calícrates,45 que hacían

casi invisibles músculos y artejos,46

5

y las líneas por medio dividían



y en cuerpo a las hormigas cercenaban

lo que de perfección les añadían;


si con tales cinceles no se graban,

o con destreza igual no se colora,

será milagro hallar la que buscaban.
¿Quién me hiciera un Mirmícides, señora,

que a sombra de una mosca y de sus alas

entalló un carro, que aún se mueve agora?
Porque excediendo en su dibujo a Palas,

desta última grandeza de la tierra

cifrar pudiera la riqueza y galas.
Pero si es todo un mundo lo que encierra,

y yo no sé hacer mundos abreviados

como el que está del Cáucaso en la sierra,

10

¿quién alborota en mí nuevos cuidados



para cifrar lo que cifré primero,

pues todo es cifra y versos limitados?

Mas porque el gusto suele ser ligero,

y en cuentos largos la atención se estraga,

y aun cansa si es prolijo un lisonjero,
porque el serlo yo en esto no me haga

daño en el nombre, y a este gran sujeto

en mi opinión la suya le deshaga,
quiero, sin artificios de respeto,

desnudo de afición, traer a suma

lo que sin ella ya salió imperfeto,
porque nadie engañándose presuma

que si en el cuadro hay algo de excelente

son gallardías y altivez de pluma:

15

[…]


Y aunque es en esto grande y soberano,

y en todo lo es aqueste pueblo ilustre,

de estilo, gente y trato cortesano,

70

en lo que excede aun a su mismo lustre,



y en que al resto del mundo se adelanta,

sin temor de que nadie le deslustre,


es alcanzar un número que espanta

de heroicos personajes, que al gobierno

velan y asisten de su nueva planta;
y con un proceder suave y tierno

reducen a concierto y policía

lo que fuera sin él confuso infierno:
un gran Virrey y real chancillería,

la silla arzobispal, el Santo Oficio,

cabildo ilustre, grave clerecía;
la Caja real, pilar deste edificio,

Casa de fundición y de moneda,

de su riqueza innumerable indicio;

75

el rico Consulado, la gran rueda



de ancianos y prudentes regidores,

a quien la de fortuna se está queda;


corregidor, alcaldes, provisores,

y otras innumerables dependencias

de alternados ministros inferiores.
¿Quién goza juntas tantas excelencias,

tantos tesoros, tantas hermosuras,

y en tantos grados tantas eminencias?
Pues de virtud las sendas más seguras,

¿quién las querrá que a todas ocasiones

no encuentre sus retratos y figuras
entre tantas sagradas religiones,

estrellas que hermosean este cielo

con rayos de divinas perfecciones?

80

Donde tiene hoy su religioso celo



cuarenta y dos conventos levantados,

y ochocientas y más monjas de velo;


una universidad, tres señalados

colegios,47 y en diversas facultades

más de ochenta doctores graduados;
y para reparar calamidades

diez ricos hospitales ordinarios

a todo menester y enfermedades;
sin reducir a cuentas ni sumarios

la infinidad de iglesias, colaciones,

ermitas, cofradías, santuarios,
oratorios, visitas, estaciones,

y las más con sagrario y Sacramento,

indulgencias, gracias y perdones,

85

tantos, que sobre el número de ciento



copiosamente igualan, si no exceden,

como en curiosidad al pensamiento.


Si tantas gallardías juntas pueden

entrar en cuenta con el tiempo y fama,

y es justo que su vuelo y voz hereden,
este inmortal pregón, en quien la llama

del siglo tragador no hará mella

si algún rigor de estrella no la inflama,
les quede por columna, y fijo en ella,

el blasón que mudó el gran Carlos Quinto

en su hercúlea arrogancia y primer huella;
y el cielo en nuevo ser, claro y distinto,

las represente al mundo una por una,

con mayor lustre y luz que yo las pinto.

90

Y admírese el teatro de fortuna,



pues no ha cien años que miraba en esto

chozas humildes, lamas y laguna,


y sin quedar terrón antiguo enhiesto,

de su primer cimiento renovada

esta grandeza y maravilla ha puesto.

¡Oh España valerosa, coronada

por monarca del viejo y nuevo mundo,

de aquél temida, déste tributada!


Aunque a tu heroico brazo sin segundo

para reseña este rasguño basta,

si no es todo afición donde me fundo,
no es éste el bien mayor en que se gasta

la gloria de tu nombre, aunque éste solo

podía ser un clarín de inmortal casta,

95

pues desde que amanece el rubio Apolo



en su carro de fuego, a cuya llama

huye el frío dragón revuelto al polo,48


al mismo paso que su luz derrama,

halla un mundo sembrado de blasones,

bordados todos de española fama.

Mira en los orientales escuadrones

de la India, el Malabar, Japón y China

tremolar victoriosos tus pendones,


y que el agua espumosa y cristalina

del Indo y Ganges tus caballos beben,

y el monte Imabo a tu altivez se inclina.
Mira los muros, que a escalar se atreven,

porque tu rito santo en sillas de oro

sobre sus ya vencidos hombros lleven,

100


y a tu espada, en las selvas de Tidoro

de flores de canela coronada,

arrodillado ante su cruz el moro.

La región etiópica ahumada,49

y allí haciendo cosechas de su gente

con los hollines de Faetón tiznada.


Pues si a las espadañas del Poniente

vuelve su luz y al sordo mar inmenso,

con ella en un cristal resplandeciente,
con nueva estimación mira suspenso

cruzar las flotas en que aquestos mundos

te envían cada año su tributo y censo,
y de sus playas en los más profundos

senos lucir los nácares preciosos,

que de perlas te dan partos fecundos.

105


Mas cuando ya llegó a los espaciosos

reinos, que a tu obediencia y fe trajeron

tus católicos hijos belicosos,
y en sus atrevimientos descubrieron

que era bastante a sujetar su espada,

más mundo que otros entender supieron;
aquí tiene por breve la jornada,

por corto el tiempo, por estrecho el día,

para ver tantas cosas de pasada.
¿Mas quién será, invencible patria mía,

en mil años, mil siglos, mil edades

bastante a ver lo que de ti podría?
¿En qué guarismo hallará unidades

al rigor, los trabajos asperezas,

calmas, tormentas, hambres, mortandades,

110


tierras fragosas, riscos y malezas,

profundos ríos, desiertos intratables,

bárbaras gentes, llenas de fierezas,
que en estos nuevos mundos espantables

pasaron tus católicas banderas,

hasta volverlos a su trato afables?
¿Quién hará sus hazañas verdaderas

en otro tiempo, si en el de hoy parecen

a los ojos asombros o quimeras?
¿Quién no creerá que las consejas crecen,

si oye que en menos tiempo de diez años

ganó España en las Indias que hoy florecen
dos monarquías a su riesgo y daños,

y en cien reinos de bárbaros valientes

dos mil leguas de términos extraños,

115
abriendo en suelo y climas diferentes

de doscientas ciudades los cimientos

que hoy las poseen y gozan nuestras gentes?


Y esto sin más caudal que atrevimientos

de ánimo belicoso, a cuya espada

por su interés le dará el cielo alientos,
y así gente sin armas, destrozada,

que nunca tuvo juntos mil soldados,

vitoriosa salió con tal jornada.
¡Oh España altiva y fiel, siglos dorados

los que a tu monarquía han dado priesa,

y a tu triunfo mil reyes destocados !
Traes al Albis rendido, a Francia presa,

humilde al Poó, pacífico al Toscano,

Túnez en freno, África en empresa.

120


Aquí te huye un príncipe otomano,

allí rinde su armada a la vislumbre

de la desnuda espada de tu mano.

Ya das ley a Milán, ya a Flandes lumbre,

ya el imperio defiendes y eternizas,

o la Iglesia sustentas en su cumbre;


el mundo que gobiernas y autorizas

te alabe, patria dulce, y a tus playas

mi humilde cuerpo vuelva, o sus cenizas.
Y pues ya al cetro general te ensayas,

con que dichosamente el cielo ordena

que en triunfal carro de oro por él vayas,

entre el menudo aljófar que a su arena

y a tu gusto entresaca el indio feo,

y por tributo del tus flotas llena,


de mi pobre caudal el corto empleo

recibe en este amago, do presente

conozcas tu grandeza, o mi deseo

de celebrarla al mundo eternamente.



125

1 Amaltea: nodriza de Zeus, a la que éste regaló el cuerno de la Abundancia.

2 Arturo: estrella de la constelación de Bootes; significa « el que cuida de la Osa ».

3 Cachopines: « El español que pasa y mora en las Indias, que en Pirú llaman chapetón» {Dice. Aut.).

4 A rodo: loc. adv., en abundancia.

5 engace: engarce.

6 Se refiere a Cuba, México y Perú.

7 Referencia a su poema épico el Bernardo, citado tam­bién algunos versos más adelante.

8 Referencia al mito azteca de la fundación de lo que sería la ciudad de México. Según la leyenda el asentamiento de los aztecas en el valle de México tiene lugar cuando en­cuentran un águila que está devorando una serpiente, hecho al que dan un valor simbólico. En ese lugar levantarán Tenochtitlán. La «tuna» es un tipo de higuera. El símbolo perdura hoy en la bandera de México.

9 Cadmo: es el fundador de Tebas. Dio muerte a un dragón que custodiaba la «Fuente de Ares» y, por consejo de Atenea, sembró los dientes de la bestia, brotando hombres armados y amenazadores.

10 Pario: «se aplica al mármol muy blanco y fino, porque el mejor se halló en la Isla de Paros» (Dicc. Aut.).

11 Semíramis: Reina de Babilonia, famosa por la cons­trucción de esa ciudad. También edificó muchas ciudades a orillas del Eufrates y del Tigris. Los partos son los naturales de Partía, región del Asia antigua.

12 Neptuno construyó, junto con Apolo y Eaco, la muralla de Troya, ciudad de Frigia (Asia Menor) que había sido fun­dada por Ilo y a la que llamó Ilión (de ahí el término «iliones»).

13 Cimbrias: cimbra, armazón que sostiene un arco.

14 Acroterias: acroteras, pedestales que sirven de remate en los frontones.

15 Pulvinadas: por su raíz pulv (latín pulvis-eris) debe equivaler a «polvorientas».

16 Terrenate: en la región actual del Estado de Michoacán (México).

17 Tidoro: Isla del grupo de las Pequeñas Molucas en Oceanía. Descubierta por los españoles en 1521.

18 Cambray: Ciudad del norte de Francia, famosa en aquellos tiempos por sus delgadas telas, denominadas con el nombre de la ciudad.

19 Quinsay: ciudad de China (Toscanelli la incluye en su mapa del océano Atlántico de 1474). Colón, en su pri­mer viaje, creyó al llegar a Cuba estar cerca de esta ciudad.

20 Rescate: «se toma por el mismo dinero con que se redime o rescata», «vale también cambio o permuta» (Dicc. Aut.), es decir, «dinero» o «riquezas».

21 granate: piedra preciosa.

22 Scita: los antiguos pueblos escitas habitaban regiones situadas en el N.E. de Europa y N.O. de Asia.

23 Balaje: rubí de color morado.

24 Ébano pardo: una de las variedades de esta preciada madera que suele ser negra o muy oscura, pero que admite una gran gama de tonos.

25 Macón: lugar del Perú. Minas de oro.

26 Sangley: en la isla de Luzón (Filipinas).

27 Caspes: por Mar Caspio «Las (pieles de marta) más estimadas son las cebellinas que vienen de Moscovia » (Dicc. Aut.).

28 Trogoldita: troglodita «...por semejanza de los que habitan en la Ethiopía en cuevas bárbaramente» (Dicc. Aut.). Puede referirse a Etiopía.

29 Cínamo: canela.

30 Malabar: región del Indostán.

31 Pancaya: Región de Arabia, citada por los poetas según los cuales producía mirra, incienso y otros perfumes.

32 Piedra bezar: se originaba en el aparato digestivo de animales como la llama o la vicuña por la acumulación de cuerpos extraños ingeridos. Antiguamente se le atribuían propiedades curativas.

33 Quimeras, Briareos, Giges: Referencias mitológicas a seres monstruosos y fantásticos: la «Quimera» (cabeza de león y cuerpo de serpiente, que arrojaba fuego por su boca), «Briareo» y «Giges», hijos de Urano y Gea (gigantes de cien brazos).

34 Embijes: de color bermellón.

35 Esconce: esquinazo, rincón» (Dicc. Aut.).

36 Recorrido por el zodiaco en relación con las distintas épocas del año.

37 Maluco: habitante de las islas Molucas.

38 Taprobana: nombre antiguo de la isla de Ceilán.

39 Quersoneso: el famoso Quersoneso Áureo, descrito en la geografía tolomaica, se corresponde con la actual Penín­sula Malaca, en Asia meridional. Colón creyó encontrarse allí cuando bordeaba la isla de Cuba. Se le suponían grandes riquezas.

40 Escarche: cierta labor de oro o plata.

41 Primaveras: «cierto género de tela o tejido de seda, sembrada y matizada de flores de varios colores» (Dicc. Aut.).

42 Cermeña: especie de pera pequeña.

43 Alcorza: pasta muy blanca de azúcar y almidón.

44 Ixión fue castigado por Zeus a girar sin cesar por los aires atado a una rueda encendida. Ticio, un gigante hijo de Zeus y Elara, fue traspasado con flechas por los hijos de Leto quedando eternamente tendido en el suelo, donde su cuerpo cubría nueve hectáreas.

45 Apeles: pintor griego del s. III a. J. C., de fama extraordinaria. Calícrates: arquitecto griego del s. V a. J. C. colaboró con Fidias en la construcción del Partenón.

46 Artejos: «el nudo del dedo de la mano» (Dicc. Aut.).

47 Probablemente se refiera a los Colegios de San Juan de Letrán, de Santa María de Todos Santos y de San Pedro y San Pablo.

48 El Dragón, constelación boreal, una de las más próximas al Polo Norte.

49 Ahumada a consecuencia del acercamiento del carro del Sol a la Tierra, al no poder Faetonte dominar los corceles.





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