“Breve reseña sobre el neoliberalismo”



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“Breve reseña sobre el neoliberalismo”


Fernando Pita.

“Los objetivos de las políticas neoliberales apuntaban a promover la variabilidad de las relaciones sociales en los marcos del capitalismo, con el fin de relanzar las premisas que aseguren una acumulación estable del capitalismo, incluyendo la reproducción de las condiciones económicas, sociales, políticas y culturales, es decir, el propio proceso de valorización y dominación capitalista. El objetivo era afectar el poder acumulado por los trabajadores y los pueblos”

(Julio Gambina; en “Crisis del neoliberalismo. Sus alcances, proyecciones y consecuencias”).

¿Qué es el neoliberalismo? El origen teórico de la ideología


El neoliberalismo es una cosmovisión global de la sociedad que abarca la economía, el individuo y también una forma de gobierno, que surge inicialmente solamente en el plano de las ideas al terminar la segunda guerra mundial, en Europa y en Estados Unidos, como reacción a todo tipo de intervencionismo estatal, que se expresaba tanto en el desarrollo del comunismo existente (fundamentalmente en la Unión Soviética y en los nuevos países que bajo diversos matices seguían ese modelo) y el Estado de Bienestar.

Después de la segunda guerra mundial se conforma un nuevo orden y un momento histórico que se conoció como Guerra Fría. Por un lado, los llamados países comunistas abarcaban a aquellos que tenían mejores relaciones con la URSS (como Alemania Oriental, Hungría, Bulgaria, Checoslovaquia, entre otros) y otros más distanciados de dicho país como China y Yugoslavia. Por el otro, en los países capitalistas con mayor grado de desarrollo industrial se conformó el Estado de Bienestar que desempeñaba funciones estratégicas en la conducción de la economía y operaba en forma directa empresas en aquellos sectores considerados claves. La función principal ha sido regular la actividad productiva en función de objetivos sociales, orientados a la redistribución de ingresos, mediante la generación de ingresos y medidas tendientes a desarrollar políticas sociales.

En este marco, la respuesta inicial a estas políticas hegemónicas de posguerra fue en un principio de corte intelectual y académico. Tendrían que esperar varios años para que el neoliberalismo se aplique en diversos gobiernos. Hacia 1947, el austriaco Friederich Von Hayek convoca a una reunión en la localidad suiza de Mont Pélerin a la que asisten Milton Friedman, Karl Popper, Lionel Robbins, Ludwing Von Misses, Walter Eukpen, Walter Lippman, Michael Polanyi y Salvador de Madariaga. Dicho encuentro generó la fundación de la Sociedad Mont Pélerin que en su declaración fundacional señalaban que: “los valores centrales de la civilización están en peligro. Sobre grandes extensiones de la superficie del planeta las condiciones esenciales de la dignidad y de la libertad humana ya han desaparecido. En otras, están bajo constante amenaza ante el desarrollo de las tendencias políticas actuales. La posición de los individuos y los grupos de adscripción voluntaria se ve progresivamente socavada por extensiones de poder arbitrario. Hasta la más preciada posesión del hombre occidental, su libertad de pensamiento y de expresión, está amenazada por el despliegue de credos que, reclamando el privilegio de la tolerancia cuando están en situación de minoría procuran solamente establecer una posición de poder desde la cual suprimir y obliterar todas las perspectivas que no sean la suya”1.

El intento de impulsar una sociedad que redujera las desigualdades era considerado por estos autores como destructores de la libertad y ponía trabas a la competencia económica. Comenzaban a desafiar un consenso generalizado, al argumentar que la desigualdad era un valor positivo que lo acercará a concepciones conservadoras al mismo tiempo que lo alejaba de una premisa del liberalismo clásico: la igualdad. De este modo, el neoliberalismo retoma del liberalismo clásico (proceso histórico marcado en lo socio-económico por el desarrollo de la Revolución Industrial –originaria de Gran Bretaña y posteriormente extendida a otras regiones– y en lo político por la Revolución Francesa) estableciendo la idea de libertad y de orden natural como los valores supremos para alcanzar el bienestar social. Lo natural es el individuo, no la sociedad; lo natural es la voluntad, el interés y libertad de cada individuo, no la voluntad general; lo natural es lo económico y el andamiaje principal para lograr la libertad individual. Al enfatizar las libertades individuales se refuerzan las concepciones en torno a la iniciativa privada, al mercado por sobre los valores societales. Mientras que para el liberalismo clásico el concepto de libertad es más global y totalizador pues abarca la esfera individual, la política (aunque hasta fines del siglo XIX éstas estaban restringidas para gran parte de la población, fundamentalmente analfabetos, trabajadores y mujeres) y la económica, para el neoliberalismo la libertad económica es la condición necesaria para lograr la libertad individual.

Consideramos que es necesario poner en cuestión una visión extendida que el neoliberalismo es sinónimo de mínima intervención estatal. El geógrafo David Harvey define al neoliberalismo como “una teoría de prácticas político-económicas que afirma que la mejor manera de promover el bienestar del ser humano, consiste en no restringir el libre desarrollo de las capacidades y de las libertades empresariales del individuo, dentro de un marco institucional caracterizado por derechos de propiedad privada, fuertes mercados libres y libertad de comercio. El papel del Estado es crear y preservar el marco institucional apropiado para el desarrollo de estas prácticas. Por ejemplo, tiene que garantizar la calidad y la integridad del dinero. Igualmente, debe disponer las funciones y estructuras militares, defensivas, policiales y legales que son necesarias para asegurar los derechos de propiedad privada y garantizar, en caso necesario mediante el uso de la fuerza, el correcto funcionamiento de los mercados. Por otro lado, en aquellas áreas en las que no existe mercado (como la tierra, el agua, la educación, la atención sanitaria, la seguridad social o la contaminación medioambiental), estos deben ser creados, cuando sea necesario, mediante la acción estatal. Pero el Estado no debe aventurarse más allá de lo que prescriban estas tareas. La intervención estatal en los mercados (una vez creados) debe ser mínima porque, de acuerdo con esta teoría, el Estado no puede en modo alguno obtener la información necesaria para anticiparse a las señales del mercado (los precios) y porque es inevitable que poderosos grupos de interés distorsionen y condicionen estas intervenciones estatales (en particular en los sistemas democráticos) atendiendo a su propio beneficio2.

Al respecto Albert Recio destaca cuatro áreas de intervención estatal que promovió el neoliberalismo:



  1. Política económica: donde el pleno empleo es sustituido por la lucha contra la inflación legitimada por una concepción macroeconómica que postula como no deseable el pleno empleo. Se considera que existe una tasa natural de desempleo que no acelere inflación). El argumento central de este enfoque es que el desempleo no se reduce con políticas de expansión de la demanda, ya que “estas, a partir un límite, generaban inflación, y además inflación creciente, una situación que se consideraba desastrosa para la generación de inversión privada que permite el crecimiento económico necesario para el pleno empleo”3. A diferencia de la lógica del Estado Bienestar Keynesiano (EBK) de expandir la demanda se postulaba las reformas estructurales del mercado laboral, donde el pleno empleo es dejado de lado por el empleo flexible.

  2. Sistema financiero: a través de una serie de políticas: 1) Liberalización del movimiento de capitales entre diversos países, permitiendo los paraísos fiscales; 2) Eliminación de restricciones a la formación de entidades financieras especializadas, eliminando las barreras que existían entre bancos comerciales, cajas de ahorro, etc. 3) Liberalización de la creación de activos financieros y sus consecuentes “derivados” (títulos financieros negociables, bonos, hipotecas, etc.; 4). Creación de empresas financieras con una regulación más laxa, muchas de ellas filiales de los propios bancos, aunque también independientes que son las gestoras de los títulos “derivados”; 5) Reemplazo parcial de la regulación estatal por formas mercantiles auto-regulatorias, tomando relevancia las auditorias y empresas de calificación de riesgos.

  3. Liberalización de mercancías y servicios. Si bien este proceso comienza antes y que no culminó por las diversas resistencias. Esto se expresa en privatizaciones de empresas estatales o que ciertas actividades laborales sean parcial o totalmente realizadas sean contratadas o subcontratadas externamente. La justificación de estas medidas es que las empresas privadas son más eficientes ante la burocracia estatal.

Dos de los exponentes más cabales de la Escuela de Chicago, vertiente estadounidense del neoliberalismo, Milton y Rose Friedman, expresan que el modelo de sociedad deseable debe fundarse en las libertades individuales dado que: “(...) Las características físicas y humanas limitan las alternativas de que disponemos. Pero nada nos impide, si queremos, edificar una sociedad que se base esencialmente en la cooperación voluntaria para organizar tanto la actividad económica como las demás actividades; una sociedad que preserve y estimule la libertad humana, que mantenga al Estado en su sitio, haciendo que sea nuestro servidor y no dejando que se convierta en nuestro amo”4.

Una de las tesis de M. Friedman es que la organización de la actividad económica debe desarrollarse a través de empresas privadas en el marco de un mercado libre y el capitalismo es el sistema que mejor se adecua a dicho principio. La economía de libre mercado se construye en base a la cooperación voluntaria entre los individuos, a través de la cual las partes intervinientes se benefician y satisfacen sus necesidades con mayor eficacia. Ejemplificando esta aseveración, M. Friedman señala que la forma más simple que adopta este tipo de sociedad es cuando un variado número de familias independientes entre sí produce bienes y servicios que intercambian por otros con otras familias, en términos aceptables para ambas partes. Cada familia esta indirectamente capacitada para satisfacer sus necesidades, produciendo si fuera necesario para su propio consumo. El incentivo para producir para otros, es el incremento de la productividad que hace posible la división del trabajo y la especialización de funciones. Esta especialización beneficia a las partes que intercambian pero potencialmente cada familia posee la alternativa de producir directamente para sí misma si no se beneficia con el intercambio. Las familias cooperan entre sí, sin coerción de ningún tipo, ya que cada una responde a sus propios intereses.

Otro objetivo central del neoliberalismo es la profundización de la acumulación capitalista. Se busca una mayor rentabilidad empresaria a través de una

redistribución regresiva de los ingresos, dando vuelta la lógica keynesiana de bienestar del pleno empleo que fortaleció en los hechos el poder de los sindicatos. Esta concepción establece que el aumento de los ingresos de los pobres depende de mayores niveles de inversión y de consumo de los ricos, lo que se conoció como la teoría del goteo o derrame (primero se acumula y luego se “derramaría” hacia los sectores populares). Para lograr este objetivo, consideran necesario despolitizar el ámbito del mercado, considerándolo, como la economía liberal clásica, como un proceso económico “natural”. Los diversos gobiernos de corte neoliberal arremeten contra los sindicatos y todo tipo de organizaciones populares de base que intentan canalizar sus demandas a través del Estado por fuera del mercado. Arremeten también contra la lógica que se había instaurado con el Estado del bienestar basada en los organismos corporativistas tripartitos (sindicatos, empresarios, Estado).

El ataque a los sindicatos se basa en que éstos limitan la libertad de trabajo y del derecho de libertad de asociación. Como lo señalaba uno de sus referentes intelectuales, von Hayeck al considerar que si bien la huelga era “un derecho normal, difícilmente puede considerarse como un derecho inalienable. Existen buenas razones para afirmar que, en ciertos casos, debería estipularse dentro de las cláusulas del convenio la renuncia a tal derecho: por ejemplo, hay empleos que implican obligaciones a largo plazo por parte de los obreros, y cualquier intento de quebrantar aquella renuncia debería considerarse ilegal”5. Para justificar estas políticas antisindicales consideran que lo esencial para tener una economía estable es promover competitividad empresarial.

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