“Breve reseña sobre el neoliberalismo”



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5. Las experiencias piloto: el neoliberalismo y las dictaduras latinoamericanas


La aplicación de políticas neoliberales no siempre se produce en forma completa de acuerdo a sus supuestos postulados generales. Sería más preciso afirmar junto a Recio que “el neoliberalismo nunca ha constituido un modelo coherente de regulación económica. Como en todo proceso social hay que diferenciar entre referentes teóricos, construcciones ideológicas y políticas específicas. En general las visiones ideológicas compartidas se reducen a puntos comunes, mientras que las políticas están, inevitablemente, relacionadas con los vaivenes que impone la realidad: las tradiciones nacionales, las luchas políticas y las inercias. Menos claro aún es el papel de las teorías, básicamente porque la formulación crecientemente etérea de los supuestos de los modelos teóricos los hace difícilmente traducibles a propuestas concretas”14.

América latina también desmiente el carácter no intervencionista del Estado ya que vino acompañada de la presencia de dictadura que a la vez confirmaba no sólo el escaso entusiasmo por el liberalismo político. Al mismo tiempo, parte del “recetario” privatizador fue aplicado aunque no en su totalidad en el Chile dirigido por Pinochet, fue dejado de lado momentáneamente en la Argentina de la dictadura cívico-militar instaurada en 1976. Aunque generalmente se considera que los gobiernos de Gran Bretaña y los Estados Unidos fueron los primeros en aplicar estas políticas, la dictadura chilena fue pionera en aplicar programas de desregulación, represión sindical, desempleo masivo, privatización y concentración de la riqueza. La aplicación de políticas neoliberales en un gobierno que había abolido la democracia política no era contradictoria con los postulados neoliberales, ya que para esta concepción lo político debía subordinarse a la centralidad del mercado.

Tomamos solamente los casos chileno y argentino, por ser considerados los primeros en el mundo en impulsar parte del recetario neoliberal y que contaron con el apoyo de los sectores más concentrados de su economía y de los Estados Unidos, que desde el triunfo de la Revolución cubana en 1959 propició en América latina golpes de estado sustentado con la ideología anticomunista de la Doctrina de la Seguridad Nacional (DSN).

El gobierno democrático de Salvador Allende de la Unidad Popular (coalición de partidos de izquierda) llevó el gasto estatal al 40% del Producto Bruto Interno (PBI). La posterior liberalización económica se restauró a través del golpe de Estado del 11 de de septiembre de 1973 encabezado por el general Augusto Pinochet quien basó su proyecto en una feroz represión, desaparición de personas y cárcel a los opositores. Harvey comenta como fue preparado el clima con antelación, enfatizando que “se convocó a un grupo de economistas conocidos como los “Chicago boys” a causa de su adscripción a las teorías neoliberales de Milton Friedman, que entonces enseñaba en la Universidad de Chicago. La historia de cómo fueron elegidos es interesante. Desde la década de 1950 Estados Unidos había financiado la formación de algunos economistas chilenos en la Universidad de Chicago, como parte de un programa de la Guerra Fría destinado a contrarrestar las tendencias izquierdistas en América Latina15”. Estos economistas lograron controlar la Universidad Católica –una institución privada con sede en la ciudad de Santiago– Una vez que Pinochet llegó por la fuerza al gobierno, estos economistas en sintonía con los planes del Fondo Monetario Internacional (FMI) reestructuraron la economía. Siguiendo el camino inverso al del gobierno democrático de Allende, revirtieron las nacionalizaciones y privatizaron servicios públicos, y abrieron la economía al capital extranjero (fundamentalmente en la industria maderera y pesquera). El único recurso que quedó en manos del Estado fue el cobre.

La combinación de políticas neoliberales y régimen autoritario es evidente, aunque existen matices que deben ser considerados. En el caso chileno, la privatización de áreas estatales ligadas al bienestar (salud y educación) fueron llevadas adelante a diferencia de la Argentina. La dictadura militar instaurada en nuestro país en 1976 –también sustentada en la represión sistematizada– inició un proceso de liberalización de los mercados, especialmente el financiero y de apertura económica. Básicamente este proyecto económico pretendía modificar sustancialmente la economía, la sociedad y la inserción en el mercado mundial. El temor a las protestas sociales hizo que no se desmantelaran ciertas instituciones estatales ligadas a lo social que estaban más arraigadas que en Chile. Sin embargo, debemos aclarar que ya durante la presidencia constitucional de Isabel Perón, hubo elementos embrionarios de esta política, a partir del tristemente célebre “rodrigazo”.

Al mismo tiempo, consideramos que la adopción del neoliberalismo en nuestro país tuvo matices con respecto al caso chileno. Las políticas llevada a cabo a partir de la gestión de Martínez de Hoz, durante la dictadura militar “apuntan hacia una gradual des-indexación de los precios claves: tipo de cambio, tarifas de empresas y servicios públicos y salarios”16. Estas famosas “anclas” que llevó adelante la dictadura argentina tuvieron como objetivo disciplinar a través de los mecanismos del terrorismo de Estado fundamentalmente hacia el movimiento obrero organizado. La aplicación de las políticas neoliberales en la Argentina marca algunas particularidades con relación a los casos británicos y estadounidenses.

El proyecto global analizado anteriormente de fuerte contenido anticomunista, autoritario y moralista estuvo más presente durante la dictadura militar, combinándose en forma paralela con la doctrina monetarista expresada en la apertura económica, la reducción salarial, la concentración de la riqueza. La reducción de aranceles a los productos importados apuntó a revertir el proceso de industrialización por sustitución de importaciones (ISI) con énfasis en el desarrollo del mercado interno. Otra de las consecuencias de la política aperturista fue la entrada de capitales (dólares baratos) que no sólo permitió un corto período de consumo de sectores medios y altos a través de viajes al exterior y la importación de productos (la denominada “plata dulce”) sino que también generó la posibilidad de creación de entidades financieras que fueron uno de los eslabones del creciente endeudamiento externo. Sin embargo, el proyecto neoliberal en materia económica no logró en ese período privatizar las empresas estatales. A diferencia de Chile (donde el control del poder político estuvo en manos de la conducción férrea de Pinochet), en la Argentina, las tres fuerzas armadas (ejército, marina y aeronáutica) se dividieron el “botín” de las empresas estatales. La posibilidad que una privatización de las empresas pudiera generar mayores protestas sociales también se combinaba a que seguían compartiendo cierto ideario nacionalista, de las cuales las Fuerzas Armadas habían conformado esas empresas. En este sentido, existían contradicciones (o tensiones) entre la conducción económica y política, del autodenominado Proceso de Reorganización Nacional

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