Cabras en la sierra de tramuntana mallorquina



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CABRAS EN LA SIERRA DE TRAMUNTANA MALLORQUINA.

ENTRE LA ECOLOGÍA AMBIENTAL Y EL TURISMO CINEGÉTICO

Maria-Àngels Roque, Institut Europeu de la Mediterrània, maroque@iemed.org

¿Cuál es la base de la comprensión del entorno, teniendo en cuenta que ya hemos dejado de lado los conceptos del determinismo ecológico en relación con la cultura y nos acercamos de alguna manera a los supuestos de la antropóloga Kay Milton (2010) que nos propone que en vez de las viejas formulas como ‘los entornos moldean las culturas’ y ‘los aspectos ambientales concretos moldean rasgos culturales específicos’ tenemos ahora una aproximación: ‘los modos de interactuar con el entorno moldean los modos de comprenderlo’. Pero debe reconocerse que esta es solo una de las caras de un proceso dual, ya que los modos en que la gente comprende su entorno también moldean su la forma de relacionarse con él y esto va recreándose según lo que se introduce, recrea o valora en la naturaleza.

Los estudios ambientales trabajando de manera interdisciplinar, sin duda han conseguido desmantelar con solvencia los márgenes trazados entre naturaleza y cultura, entre conocimientos locales y expertos. En este sentido quisiera presentar un fenómeno de larga duración, pero que en estos últimos veinte años ha cambiado considerablemente la percepción de los recursos naturales, así como la interacción en este caso entre animales y humanos, me refiero a las cabras de la isla de Mallorca y a las actuaciones que conlleva su proliferación en el marco del asilvestramiento. Saber que los animales son seres independientes y dignos de confianza conduce a la gente a actuar hacia ellos de un modo determinado; considerar que son objetos para ser sometidos y consumidos por los humanos da lugar a un modo distinto de relacionarse con los animales. Por lo que continuando con las reflexiones de Milton comprobamos que las perspectivas culturales proporcionan, pues los conocimientos, las suposiciones, los valores, los objetivos y la base ideológica que guía la actividad humana. “Esta actividad, a su vez, proporciona experiencias y percepciones que moldean la comprensión que del mundo tiene la gente. El proceso no es unidireccional sino dialéctico, según Milton (2010:15).

Mallorca, la mayor isla del archipiélago balear, ha pasado en el siglo XX de la economía rural al turismo de masas. No es un proceso nuevo sino que se ha ido madurando de una forma continuada: lleva cien años dedicada al turismo. En 1903, Bartomeu Amengual publica el libro La industria de los forasteros, con prólogo del poeta y ensayista Joan Alcover, que refleja una seria preocupación por el tema. En 1905 se funda la Sociedad del Fomento del Turismo, la primera en España en su género, todavía activa. El hecho es que durante cuatro decenios se ha producido un crecimiento económico y turístico importante que ha generado procesos de tercerización intensa y de especulación con la venta de fincas en zonas rurales. Ello no quiere decir que los mallorquines hayan perdido las pautas alimentarias que en su caso constituyen una de las bases más importantes de su identidad. Se valoran los productos locales aunque sean más caros por su “autenticidad”.

Normalmente el turismo de sol y playa se concentra en enclaves destinados a ello, como Palma Nova o Magaluz, entre otros . Pero Mallorca también cuenta con la Serra de la Tramuntana, donde todavía existen playas que sólo se pueden alcanzar después de un largo camino o en barco. En la costa noroeste las islas de Cabrera y Dragonera son parques naturales para los observadores de pájaros y  hogar de especies que no existen en otras partes de Europa.

La Serra de Tramuntana vertebra el noroeste de Mallorca. Se extiende a lo largo de unos 90 km, con una anchura máxima de 15 km, sobre el territorio de 18 municipios —siendo los mayores Calvià, Pollença y Escorca—, lo que supone casi un 30% del territorio insular y más de 1.000 km2. En las zonas núcleo viven unas 8.000 personas, pero la población de amortiguamiento es de 40.000 habitantes. Varias cimas superan los 1.000 m de altura, destacando el Puig Major (1.443), el Puig de Massanella (1.348 m), la Serra d’Alfàbia (1.069 m), es Teix (1.064) y el  Galatzó (1.026 m).



Serra de Tramuntana, Mallorca
El año 2011, la Serra de Tramuntana fue declarada Patrimonio Mundial por la UNESCO en la categoría de Paisaje Cultural. Veamos lo que explica la web www.serradetramuntana.net creada por el Consell de Mallorca a raíz de la declaración: “Es el reconocimiento de la comunidad internacional a la simbiosis casi perfecta entre la acción del ser humano y la naturaleza, realizada durante siglos, de la que ha resultado una monumental obra humana en la que se mezclan cultura, tradiciones, estética, espiritualidad e identidad. El paisaje cultural de la Serra es fruto del intercambio de conocimientos entre culturas, con pequeñas obras realizadas colectivamente con finalidad productiva, condicionadas por las limitaciones impuestas por el medio físico. Limitaciones superadas a base de sabiduría y del uso inteligente de los recursos, sin destruir el medio. Y también es la recreación de un territorio a través del imaginario colectivo y de las obras de artistas que han encontrado en él inspiración”.

“Según el Convenio Europeo del Paisaje, se entenderá como Paisaje Cultural cualquier parte del territorio tal y como lo percibe la población, y su carácter es el resultado de la acción y la interacción de factores naturales y/o humanos. Ello sugiere que no se trata solo de mantener el territorio de la Serra tal y como se encuentra en la actualidad. Se trata también de mejorar la intervención humana, promoverla con actividades sostenibles de acuerdo a unos objetivos”.

Todo ello sirve para proponer una serie de acciones estratégicas o  Plan de Gestión de la Serra de Tramuntana para conseguir también la implicación de los sectores público y privado, agentes económicos y sociales, ya que el más del 90% es propiedad privada.

 
Cabras autóctonas


El carácter agreste de esta zona de la gran sierra litoral situada al noreste de la isla desde La Dragonera, la península de Formentor hasta Alcudia abarca cerca de 92.000 hectáreas (una cuarta parte del área de Mallorca). Es una zona de una gran biodiversidad pero una zona no especialmente agrícola. Las paredes secas (marges) que han servido para retener la tierra en las vaguadas y los pequeños valles hoy en día constituyen gran parte del encanto del paisaje cultural seleccionado por la UNESCO. Este es el trabajo centenario de los campesinos para poder plantar almendros, olivos, algarrobos y algunos frutales en los bordes y dejar espacio para que creciera el escueto cereal. Los pueblos de la sierra de Tramuntana en los siglos XIX y XX han sido los principales candidatos a la emigración a Francia y Cuba. El monte ofrecía algunos recursos como hacer carbón, cuerda con los palmitos, talas de pino para embalajes y captura de cabras que se alimentaban entre bosques y riscos, mediante una modalidad exclusiva de “can i llaç”. Esta caza tradicional que ahora se reivindica como elemento cultural consistía en capturar los animales vivos. Especialmente los cabritos que nacían de las cabras que se alimentaban en el monte y que se vendían para carne. Se encargaban de capturar cabras mediante esta modalidad exclusiva, ya que para este tipo de caza se utilizaba una raza autóctona de perro pastor, mezcla de perros ibicencos y “cans de bestiar” –hoy también se cruzan ibicencos con borders colies-, para acorralar a los ejemplares y aprovechando que el animal no podía escapar (“enrocar”), el cazador les pasaba el lazo por el cuello. Pero a estos animales se han unido las cabras domésticas, que fueron soltadas por sus propietarios cuando vendieron las tierras o dejaron el oficio. Actualmente, los expertos en la gestión de la fauna aseguran que hay superpoblación de la especie, lo que pone en grave peligro parte de la vegetación endémica. Consideran necesario reducir en dos terceras partes a la población. Se estima que el total de las cabras en estado salvaje está en torno a los 20.000 individuos y que en ciertos núcleos la densidad puede superar los 0.4 individuos por hectárea. Además, ha surgido otro problema, cada año se observa un mayor deterioro de la especie: el asilvestrado de nuevas cabras domésticas ha propiciado la hibridación de la raza poniendo en peligro la situación de la cabra autóctona, que hoy en día se vuelve a apreciar como especie única a la que se puede sacar un alto valor cinegético.

Por otro lado, los datos no son claros ya que las cifras oscilan hasta los 40.000 caprinos, con todo y que la Conselleria de Medi Ambient sostiene que cada año se matan unas 8000 cabras. Uno de los mejores estudios que he encontrado en relación a este tema, que no ha sido tratado todavía desde la disciplina antropológica, es el de los biólogos Joan Antoni Vives y Elena Baraza, con un título sugerente: La cabra doméstica asilvestrada (capra hircus) en Mallorca.¿Una especie a erradicar? Se trata de un estudio con gran acopio bibliográfico internacional y cuyo resumen es el siguiente. Las cabras asilvestradas (capra hircus) aparecen alrededor del mundo en muy diversos ecosistemas. Como las variedades salvajes, tienen marcado efecto sobre la vegetación, constituyen un recurso cinegético y mantienen relaciones de competencia con otros ungulados. Sin embargo, son muy escasos los estudios científicos que analizan el impacto de la cabra asilvestrada en islas donde sí había previamente herbívoros de características más o menos similares, y donde la vegetación está claramente adaptada frente a los herbívoros (presentando espinas, toxinas, hábito rupícola, etc.), este es el caso de Mallorca, donde la presencia ancestral de un ungulado endémico anterior a la llegada del hombre, Myotragus balearicus, hace pensar en los herbívoros como un factor de selección siempre presente para la vegetación de la isla (Alcover et al., 1999; Altaba, 2000) . Las primeras cabras introducidas en la isla, dieron lugar a una variedad local, la cabra salvaje mallorquina (C. aegagrus [hircus] ssp.)1. La introducción de las nuevas razas en tiempos más recientes ha propiciado el establecimiento de una gran población de cabras asilvestradas, claramente diferenciadas de la primera. Actualmente, ambas comparten hábitat y se hibridan, poniendo en peligro la variedad ancestral local. Poco se conoce de la ecología de ambas especies, cuya gestión se basa actualmente en su uso cinegético, muy diferenciado en función de la variedad que se trate. Ante la magnitud de la problemática advierte estos biólogos, son imprescindibles estudios que contribuyan a conocer el impacto real de los caprinos asilvestrados en los ecosistemas mediterráneos insulares, así como la base científica necesaria para la correcta gestión de sus poblaciones (J.A.Vives y E.Baraza, 2010 :193).

Ecológicamente, la cabra mallorquina presenta una tasa de reproducción inferior a las cabras asilvestradas de origen doméstico. Los partos dobles son muy escasos, y las hembras tardan dos años al alcanzar la madurez reproductiva. Dicen a su favor que la alimentación es también más selectiva que la de las cabras domésticas, causando un menor impacto sobre la vegetación, aunque esto no está muy claro porque su dieta es enormemente variada, incluyendo frutos como el lentisco, las bellotas, los frutos del palmito, otros vegetales como el carrizo tierno, las gramíneas silvestres, brotes tiernos de pino o de encina y hojas de todo un grupo incontable de plantas y arbustos, mata, brezo, romero, comiendo así mismo la corteza de muchos árboles.

Muchos otros aspectos de su biología se encuentran todavía en proceso de estudio. Este estudio genético forma parte del Programa de Recuperación de la Cabra Mallorquina, que se inició hace cuatro años con la caracterización morfológica, genética y ecológica. Esta tarea ha sido realizada por el equipo científico de la Oficina de la Caza del Consell de Mallorca, dirigido por Bartomeu Seguí, en colaboración con el ingeniero agrónomo Lorenzo Payeras, de la Fundación Natura Parc. La caracterización genética fue encomendada a la Universidad de Córdoba, concretamente a la doctora Amparo Martínez, que forma parte del equipo del Dr. Juan Vicente Delgado Bermejo. En referencia a las cabras de otras localidades, la menor distancia genética es con las cabras ibéricas y con la cabra de Creta, hecho que indica un origen mediterráneo, tal vez a partir del tronco basal de cabras que durante el neolítico el hombre extendió por la cuenca normediterránea2. Está prevista la publicación de un estudio para el mes de octubre de 2014.

Vives y Baraza (2010:200) manifiestan que estos primeros resultados demuestran que nos encontramos ante un caso parecido al del muflón de Córcega o la cabra de Creta, originarias de ovejas y cabras domésticas, llevadas a las islas mediterráneas por los primeros colonizadores neolíticos. Pero a diferencia de la cabra mallorquina, estas especies hace muchos años que han sido estudiadas, y son objeto de gestión, conservación y caza como trofeos de prestigio mundial. En este marco, cabe plantearse cuál es la consideración taxonómica que debe tener la cabra mallorquina, y por extensión, las entidades biológicas introducidas y asilvestradas en ecosistemas en los que se han integrado, especialmente si actúan como especie clave causando efectos a varios niveles. Por lo tanto, vemos que la cabra autóctona, o sea el miotragus, desaparece con la llegada de los humanos a la isla, que más tarde introducen un nuevo caprino que se integra en el ecosistema.

A pesar de la falta de información científica, sí que hay un importante interés social derivado de todas las problemáticas ambientales, económicas y sociales, consecuencia de la proliferación de las cabras en los últimos años, tanto si hablamos con los propietarios afectados en sus fincas como si seguimos las muy abundantes referencias en prensa, revistas, páginas web y blogs sobre la cabra asilvestrada y la cabra salvaje mallorquina. Esto último con algunas entrevistas a diferentes técnicos de la Conselleria de Medi Ambient, regidores de poblaciones y miembros de asociaciones.


Los actores
Desde los años noventa existe un enfrentamiento entre los colectivos ligados a la caza de la cabra mallorquina, criticando el control que sobre las cabras asilvestradas lleva la Conselleria de Medi Ambient en algunos lugares y también de aquellos que defienden la protección de la vegetación y plantas endémica. A pesar de que la Serra de Tramuntana es patrimonio de la humanidad, sufre constantes incendios estivales como el de 2013, en el que se quemaron más de 2.300 hectáreas en la zona de Andratx y Estellencs. A raíz del último incendio, el Consell de Mallorca se ha propuesto erradicar las cabras mestizas y finalmente impulsar la actividad cinegética como un turismo alternativo al sol y playa. Consideran que se tratan de unos visitantes de alto poder adquisitivo que vienen en busca del preciado trofeo de caza del macho cabrio, conocido popularmente como el boc mallorquín (balearen boc). Por este motivo el Consell ha formado 60 guías especializados en ayudar a los cazadores por las montañas mallorquinas a estar al acecho de los grandes machos que están en plena forma pero que inician su degradación biológica. Hay que tener en cuenta que, según los últimos baremos, se pagan entre 6000 y 9000 euros por abatir un ejemplar con una imponente cornamenta. En este sentido, parece necesario combatir la plaga de cabras domésticas asilvestradas, proteger la cabra mallorquina del cruce y de la caza inadecuada, y regular vías de buena gestión y aprovechamiento como trofeo de caza mayor exclusivo de Mallorca en las fincas que cumplan los requisitos exigidos3.

Uno de los cometidos de los nuevos guías será la selección de los individuos, descartando y abatiendo a los cruzados con el objetivo de purificar la raza. Al mismo tiempo seleccionar aran los machos con mayor cornamenta para que los turistas cinegéticos puedan dar rienda a sus rifles.

Catalina Soler, consellera insular de Medio Ambiente, explicó el 22 agosto 2013 que los nuevos guías formados se encargarían de sacrificar las cabras mestizas de la zona quemada de Andratx y Estellencs para evitar que se ralentice la reforestación de las 2335 hectáreas devastadas por el fuego.

El Consell de Mallorca entiende que el aprovechamiento sostenible como trofeo de caza mayor de la cabra mallorquina es una vía muy interesante para conservarla. En estos momentos existen en Mallorca seis cotos de caza habilitados para la captura de la cabra como trofeo cinegético: Formentor, Es Teix, Ternelles, Cala Murta, La Victoria y Sollerich. Otras fincas de Mallorca, especialmente de la Serra de la Tramuntana, están estudiando homologar su coto para acoger caza mayor dado que las cabras mestizas no cuentan y, como decíamos, en los últimos 50 años se han introducido cabras domésticas en las colonias asilvestradas. Esto ha provocado el nacimiento de muchos ejemplares mestizos.

Es cierto que hoy en día, el fenómeno cambia de dimensión: se admite que es necesaria una estrategia colectiva de gestión de razas antiguas. Como manifiesta Hermitte, la conservación de ciertas razas muy particulares está ligada a una opción cultural.

“Las razas locales pueden ser aprehendidas en sus solas dimensiones culturales. Nostálgicos practicaran entonces lo que se llama cría deportiva. Pero, a menudo, las asociaciones de amateurs ligaran su actividad a un agro-turismo verde, integraran su hobby en el sistema económico. Estas razas amenazadas por la cría intensiva son finalmente conservadas por una mezcla de acciones privadas y públicas, bajo la urgencia de estar en peligro. La dificultad llega del hecho que lo vivo vive, y una subvención a corto plazo no es suficiente si la raza no encuentra una forma u otra de equilibrio económico” (1991:93).

No es fácil trabajar desde la disciplina antropológica sobre temas que tienen un gran calado económico como el turismo, que en los últimos cuarenta años es un fenómeno de masas. Nogués Pedregal hace una genealogía de la difícil relación entre la antropología social y el turismo y del desapego de muchos universitarios por todo lo relacionado con el tema a pesar de honrosas excepciones como los estudios transculturales (2009: 52-53).

En el recorrido hecho por Beatriz Santamarina de lo que han representado en la antropología los elementos vinculados a naturaleza y cultura, creo que una aproximación interesante y que nos conviene en este trabajo está relacionada con la perspectiva de la politización de las representaciones. Tema que ya había comenzado a desbrozar Wolf haciendo énfasis entre lo local y lo global: “Cada modo de producción formará una “ecología de representaciones colectivas y es en ella donde es posible observar los procesos de selección y práctica del poder” (1982:171). Jeremy Boissevain ha sabido crear discurso desde la antropología sobre Malta, otra isla mediterránea, donde nos presenta las percepciones de los diversos actores (1996 y Roque, 2000). Sin duda existen más trabajos dentro de la antropología simbólica, campo en el que yo misma he participado (VVAA 2005), pero estoy de acuerdo con Santamarina en que el desarrollo de la ecología política supone un nuevo esfuerzo en la comprensión de los vínculos ideológicos que subyacen a cualquier representación ecológica, y adscribo lo siguiente: “La incorporación en los análisis de lo local y lo global, el énfasis en mostrar que las prácticas de los discursos, como productos históricos y culturales, condiciona nuestras relaciones con el entorno; el hecho de sacar a la luz que hay distintas lógicas materiales y sociales que determinan nuestra relación con el medio y que existe otras formas posibles de configurar los vínculos naturales, son aportaciones que nos invitan a una nueva consideración sobre lo ecológico más allá de determinismos tradicionales de nuestra cultura” (2008:177).

Podríamos decir que en Mallorca el tema de las cabras es más que milenario pero que es a inicios de los noventa cuando se relanza por diversos motivos, como la recuperación de las razas autóctonas mallorquinas. Pero es en la primera década del siglo XXI cuando se despliega todo un dispositivo que beneficiará las grandes fincas de la costa norte mallorquina. Los diarios locales anuncian el 13 de febrero de 2011 que diez fincas de Mallorca tramitan convertirse en coto de caza mayor. Uno de los requisitos es eliminar las cabras hibridas y ya se ha iniciado el proceso de la obtención del certificado que otorga Medi Ambient del Consell. Además del certificado, es necesario un plan técnico que elabora la institución insular. Asimismo, uno de los requisitos de las fincas para obtener el permiso mencionado es una superficie mínima de 600 ha. Deben disponer de una población estable y equilibrada de cabras finas, por lo que es necesario eliminar los ejemplares híbridos.

De hecho existían ya cinco cotos de esta clase entrada la década del 2000 –Cala Murta, la Victoria, Formentor, Es Teix y Ternelles– integrados en la Asociación de Cotos de Caza Mayor. La consejera insular de Medio Ambiente, Marilena Turgores, participó en la 39 Feria Internacional de caza del Safari Club Internacional, que tuvo lugar en Reno (EEUU). Una de las prioridades era divulgar la actividad y colaborar con esta asociación y, por supuesto, dar a conocer el boc mallorquí. Esta feria es el concurso más importante de este tipo de ámbito mundial, y desde 2005 el “balearen boc” está incluido como trofeo cinegético en la lista del SCI, hecho que revaloriza el animal en el mercado internacional. De la estancia en la feria americana a la que los mallorquines fueron invitados especiales por los organizadores, el comentarista resalta que la máxima responsable insular de medio ambiente explica que “Es una actividad interesante porque ayuda a la supervivencia de las fincas” y “es ecológicamente sostenible”. En este sentido, manifiesta el diario que Tugores se refiere a los elevados ingresos que reciben por el hecho de ofrecer este producto, la “cual cosa permite mantener las posesiones de montaña y el paisaje de la Tramuntana, tan importante para nuestra isla”. “En un año y medio la finca de Es Teix ha conseguido eliminar más de 1500 cabras para que los aficionados puedan matar el auténtico boc”. (Diario Ultima Hora, 9 enero 2011). Hemos de añadir que la finca de Es Teix , la más grande de Mallorca con 2.500 ha, abarca los municipios de Bunyola, Deià, Soller, y Valldemosa. En el siglo XIV fue pabellón de caza del rey Sancho.

En 2011 se cazaban anualmente 40 bocs en el conjunto de los cinco cotos de caza mayor. La cifra corresponde al número de usuarios que practican cada año esta actividad en la isla, de manera que cada uno abate un ejemplar. Los que tienen esta afición suelen ser de fuera de la isla. Se trata, según la Conselleria, de otro atractivo turístico fuera de la estación veraniega.El sistema para promocionar estas fincas y sus actividades se basa en constituir asociaciones que aprovechan las facilidades que les ofrece el Consell de Mallorca y también su poder político.

El 14 de mayo 2012 nace la Asociación del Balearen Boc, creada a iniciativa de diversas asociaciones como plataforma de protección de esta especie cinegética única en el mundo. El 2 de diciembre de 2012, la asociación del Balearen Boc crea el Trofeo de Caza, cuyo presidente es Tomeu Berga, director de Gestión Ambiental y Cinegética (GAG) de Formentor. Hay en ella también miembros fundadores de Cotos de caza Mayor de Mallorca, el SCI Balearem Chapter, la Fundació Balear per la Fauna i de l’Art cinegètic y la Associació de Conservació i protecció de la Cabra Mallorquina (ACAM). La finalidad de esta asociación es promocionar la caza y conservación en diferentes foros nacionales e internacionales y combatir el furtivismo.


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