Campaña solidaria segundo y Tercer ciclo de Educación primaria lunes



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CAMPAÑA SOLIDARIA

SOLIDARIA

Segundo y Tercer ciclo de Educación PRIMARIA



Lunes

La generosidad frente al materialismo

La economía de la sonrisa

Había una vez un rey sabio y bueno que observaba preocupado la importancia que todos daban al dinero, a pesar de que en aquel país no había pobres y se vivía bastante bien.

- ¿Por qué tanto empeño en conseguir dinero?- preguntó a sus consejeros.

- ¿Para qué les sirve?


- Parece que lo usan para comprar pequeñas cosas que les dan un poco más de felicidad - contestaron tras muchas averiguaciones.


- ¿Felicidad, es eso lo que persiguen con el dinero? - y tras pensar un momento, añadió sonriente.

- Entonces tengo la solución: cambiaremos de moneda.

Y fue a ver a los magos e inventores del reino para encargarles la creación de un nuevo aparato: el portasonrisas. Luego, entregó un portasonrisas con más de cien sonrisas a cada habitante del reino, e hizo retirar todas las monedas.

- ¿Para qué utilizar monedas, si lo que queremos es felicidad? - dijo solemnemente el día del cambio.

- ¡A partir de ahora, llevaremos la felicidad en el bolsillo, gracias al portasonrisas!

Fue una decisión revolucionaria. Cualquiera podía sacar una sonrisa de su portasonrisas, ponérsela en la cara y alegrarse durante un buen rato.

Pero algunos días después, los menos ahorradores ya habían gastado todas sus sonrisas. Y no sabían cómo conseguir más. El problema se extendió tanto que empezaron a surgir quejas y protestas contra la decisión del rey, reclamando la vuelta del dinero. Pero el rey aseguró que no volvería a haber monedas, y que deberían aprender a conseguir sonrisas igual que antes conseguían dinero.

Así empezó la búsqueda de la economía de la sonrisa. Primero probaron a vender cosas a cambio de sonrisas, sólo para descubrir que las sonrisas de otras personas no les servían a ellos mismos. Luego pensaron que intercambiando portasonrisas podrían arreglarlo, pero tampoco funcionó. Muchos dejaron de trabajar y otros intentaron auténticas locuras. Finalmente, después de muchos intentos en vano, y casi por casualidad, un viejo labrador descubrió cómo funcionaba la economía de la sonrisa.

Aquel labrador había tenido una estupenda cosecha con la que pensó que se haría rico, pero justo entonces el rey había eliminado el dinero y no pudo hacer gran cosa con tantos y tan exquisitos alimentos. Él también trató de utilizarlos para conseguir sonrisas, pero finalmente, viendo que se echarían a perder, decidió ir por las calles y repartirlos entre sus vecinos.

Aunque le costó regalar toda su cosecha, el labrador se sintió muy bien después de haberlo hecho. Pero nunca imaginó lo que le esperaba al regresar a casa, con las manos completamente vacías. Tirado en el suelo, junto a la puerta, encontró su olvidado portasonrisas ¡completamente lleno de nuevas y frescas sonrisas!

De esta forma descubrieron en aquel país la verdadera economía de la felicidad, comprendiendo que no puede comprarse con dinero, sino con las buenas obras de cada uno, las únicas capaces de llenar un portasonrisas. Y tanto y tan bien lo pusieron en práctica, que aún hoy siguen sin querer saber nada del dinero, al que sólo ven como un obstáculo para ser verdaderamente felices.



Palabra de Dios

Muchas propuestas y más que vas a ir descubriendo en esta semana que tenemos por delante. Recordad la postura de Jesús de Nazaret que es de acogida personal y de exigencia ante la vida; siempre pide más a favor de los más necesitados. Recordad el ejemplo de joven que tenía muchos valores, incluso era rico, y Jesús le pide que le siga y ayude a los más necesitados.



Del Evangelio según san Mateo 5, 1-12

Viendo la muchedumbre, subió al monte, se sentó, y sus discípulos se le acercaron. Y tomando la palabra, les enseñaba diciendo: «Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra. Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos serán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados seréis cuando os injurien, y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos; pues de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros.

Recurso multimedia

La solidaridad es una cadena de favores: http://youtu.be/VAlluq1_P3U



Una cita para el día

Hemos aprendido a volar como los pájaros, a nadar como los peces, pero no hemos aprendido el arte de vivir juntos, como hermanos” Martin Luther King



Oración
Jesús,


tu me enseñas
que para seguir tus pasos


hay que servir a los demás.


Ayúdame
a ser servicial,


a preocuparme por los demás,


a vivir pensando en ellos.


Enséñame a ayudar
a ser generoso y abierto,


a estar siempre dispuesto
para dar una mano.


Quiero dar muchos frutos
de buenas acciones.


Quiero ser solidario
y amar a los demás

con gestos, hechos y actitudes,
no sólo con palabras.


Ayuda a que mi semilla

pueda dar
muchos frutos de cosas buenas.

Buenos días

Martes

Trabajo en equipo

El pequeño bosque junto al mar

Había una vez un pequeño poblado separado del mar y sus grandes acantilados por un bosque. Aquel bosque era la mejor defensa del pueblo contra las tormentas y las furias del mar, tan feroces en toda la comarca, que sólo allí era posible vivir. Pero el bosque estaba constantemente en peligro, pues un pequeño grupo de seres malvados acudía cada noche a talar algunos de aquellos fuertes árboles. Los habitantes del poblado nada podían hacer para impedir aquella tala, así que se veían obligados a plantar constantemente nuevos árboles que pudieran sustituir a los que habían sido cortados.

Durante generaciones aquella fue la vida de los plantadores de árboles. Los padres enseñaban a los hijos y éstos, desde muy pequeños, dedicaban cada rato de tiempo libre a plantar nuevos árboles. Cada familia era responsable de repoblar una zona señalada desde tiempo inmemorial, y el fallo de una cualquiera de las familias hubiera llevado a la comunidad al desastre.
Por supuesto, la gran mayoría de los árboles plantados se echaba a perder por mil variadas razones, y sólo un pequeño porcentaje llegaba a crecer totalmente, pero eran tantos y tantos los que plantaban que conseguían mantener el tamaño de su bosque protector, a pesar de las grandes tormentas y de las crueles talas de los malvados.

Pero entonces, ocurrió una desgracia. Una de aquellas familias se extinguió por falta de descendientes, y su zona del bosque comenzó a perder más árboles. No había nada que hacer, la tragedia era inevitable, y en el pueblo se prepararon para emigrar después de tantos siglos.

Sin embargo, uno de los jóvenes se negó a abandonar la aldea. “No me marcharé”, dijo, “si hace falta fundaré una nueva familia que se haga cargo de esa zona, y yo mismo me dedicaré a ella desde el primer día”.

Todos sabían que nadie era capaz de mantener por sí mismo una de aquellas zonas replantadas y, como el bosque tardaría algún tiempo en despoblarse, aceptaron la propuesta del joven. Pero al hacerlo, aceptaron la revolución más grande jamás vivida en el pueblo.

Aquel joven, muy querido por todos, no tardó en encontrar manos que lo ayudaran a replantar. Pero todas aquellas manos salían de otras zonas, y pronto la suya no fue la única zona en la que había necesidad de más árboles. Aquellas nuevas zonas recibieron ayuda de otras familias y en poco tiempo ya nadie sabía quién debía cuidar una zona u otra: simplemente, se dedicaban a plantar allí donde hiciera falta. Pero hacía falta en tantos sitios, que comenzaron a plantar incluso durante la noche, a pesar del miedo ancestral que sentían hacia los malvados podadores.
Aquellas plantaciones nocturnas terminaron haciendo coincidir a cuidadores con exterminadores, pero sólo para descubrir que aquellos “terribles” seres no eran más que los asustados miembros de una tribu que se escondían en las laberínticas cuevas de los acantilados durante el día, y acudían a la superficie durante la noche para obtener un poco de leña y comida con la que apenas sobrevivir. Y en cuanto alguno de estos “seres” conocía las bondades de vivir en un poblado en la superficie, y de tener agua y comida, y de saber plantar árboles, suplicaba ser aceptado en la aldea.

Con cada nuevo “nocturno”, el poblado ganaba manos para plantar, y perdía brazos para talar. Pronto, el pueblo se llenó de agradecidos “nocturnos” que se mezclaban sin miedo entre las antiguas familias, hasta el punto de hacerse indinstinguibles. Y tanta era su influencia, que el bosque comenzó a crecer. Día tras día, año tras año, de forma casi imperceptible, el bosque se hacía más y más grande, aumentando la superficie que protegía, hasta que finalmente las sucesivas generaciones de aquel pueblo pudieron vivir allá donde quisieron, en cualquier lugar de la comarca. Y jamás hubieran sabido que tiempo atrás, su origen estaba en un pequeño pueblo protegido por unos pocos árboles a punto de desaparecer.



Palabra de Dios

Del Evangelio según san Mateo 6,1-6.16-18

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no lo vayas trompeteando por delante como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

Recurso multimedia

El video reflexivo trata sobre un muchacho humilde que va rumbo a su hogar. En el camino se encuentra con varias situaciones en las que amablemente no duda en ayudar a la otra persona. Cortometraje de 6 min.



  • http://youtu.be/EOiQe9YuDNk

Una cita para el día

Hemos venido a este mundo como hermanos; caminemos, pues, dándonos la mano y uno delante de otro” William Shakespeare



Oración

Jesús,


tu me enseñas
que para seguir tus pasos


hay que servir a los demás.


Ayúdame
a ser servicial,


a preocuparme por los demás,


a vivir pensando en ellos.


Enséñame a ayudar
a ser generoso y abierto,


a estar siempre dispuesto
para dar una mano.


Quiero dar muchos frutos
de buenas acciones.


Quiero ser solidario
y amar a los demás

con gestos, hechos y actitudes,
no sólo con palabras.


Ayuda a que mi semilla

pueda dar
muchos frutos de cosas buenas.

Buenos días

Miércoles

Justicia y compromiso

El leopardo en su árbol

Hubo una vez en la selva un leopardo muy nocturno. Apenas podía dormir por las noches, y tumbado sobre la rama de su precioso árbol, se dedicaba a mirar lo que ocurría en la selva durante la noche. Fue así como descubrió que en aquella selva había un ladrón, observándole pasar cada noche a la ida con las manos vacías, y a la vuelta con los objetos robados durante sus fechorías. Unas veces eran los plátanos del señor mono, otras la peluca del león o las manchas de la cebra, y un día hasta el colmillo postizo que el gran elefante solía llevar el secreto.
Pero como aquel leopardo era un tipo muy tranquilo que vivía al margen de todo el mundo, no quiso decir nada a nadie, pues la cosa no iba con él, y a decir verdad, le hacía gracia descubrir esos secretillos.

Así, los animales llegaron a estar revolucionados por la presencia del sigiloso ladrón: el elefante se sentía ridículo sin su colmillo, la cebra parecía un burro blanco y no digamos el león, que ya no imponía ningún respeto estando calvo como una leona. Así estaban la mayoría de los animales, furiosos, confundidos o ridículos, pero el leopardo siguió tranquilo en su árbol, disfrutando incluso cada noche con los viajes del ladrón.

Sin embargo, una noche el ladrón se tomó vacaciones, y después de esperarlo durante largo rato, el leopardo se cansó y decidió dormir un rato. Cuando despertó, se descubrió en un lugar muy distinto del que era su hogar, flotando sobre el agua, aún subido al árbol. Estaba en un pequeño lago dentro de una cueva, y a su alrededor pudo ver todos aquellos objetos que noche tras noche había visto robar... ¡el ladrón había cortado el árbol y había robado su propia casa con él dentro!. Aquello era el colmo, así que el leopardo, aprovechando que el ladrón no estaba por allí, escapó corriendo, y al momento fue a ver al resto de animales para contarles dónde guardaba sus cosas aquel ladrón...

Todos alabaron al leopardo por haber descubierto al ladrón y su escondite, y permitirles recuperar sus cosas. Y resultó que al final, quien más salió perdiendo fue el leopardo, que no pudo replantar su magnífico árbol y tuvo que conformarse con uno mucho peor y en un sitio muy aburrido... y se lamentaba al recordar su indiferencia con los problemas de los demás, viendo que a la larga, por no haber hecho nada, se habían terminado convirtiendo en sus propios problemas.

Palabra de Dios

Todos recordamos la escena de Jesús de Nazaret cuando unos niños le rodeaban y los discípulos les reñían para que no molestasen. Jesús dijo “Dejad a los niños, no les impidáis que se acerquen a mí: de los que son como ellos es el reino de Dios”. Y los bendijo.

Jesús nos presenta una actitud acogedora y de bendición para desearles todo bien a los más débiles. Nuestras entidades colaboran con proyectos sociales de atención a la infancia y juventud en diversos países del llamado Tercer Mundo, algunos de estos proyectos lo realizamos con personas voluntarias.

Del Evangelio según san Mateo 19,13-15

En aquel tiempo, le presentaron a Jesús unos niños para que les impusiera las manos y orase; pero los discípulos les reñían. Mas Jesús les dijo: «Dejad que los niños vengan a mí, y no se lo impidáis porque de los que son como éstos es el Reino de los Cielos». Y, después de imponerles las manos, se fue de allí.

Recurso multimedia

Cuenta la historia de una persona solitaria que recibe un gran favor a partir de pequeñas acciones sin esperar nada a cambio. Cortometraje de 6 min.



  • http://youtu.be/8YaAGfn63EY

Una cita para el día

Uno a uno, todos somos mortales. Juntos, somos eternos” Apuleyo



Oración

Jesús,


tu me enseñas
que para seguir tus pasos


hay que servir a los demás.


Ayúdame
a ser servicial,


a preocuparme por los demás,


a vivir pensando en ellos.


Enséñame a ayudar
a ser generoso y abierto,


a estar siempre dispuesto
para dar una mano.


Quiero dar muchos frutos
de buenas acciones.


Quiero ser solidario
y amar a los demás

con gestos, hechos y actitudes,
no sólo con palabras.


Ayuda a que mi semilla

pueda dar
muchos frutos de cosas buenas.
Buenos días

Jueves

Delicadeza en el trato

El hypersensor

¿Qué cara pondrías si un día una nave extreterrestre te transportara por los aires, te encerrara en una gran jaula de cristal y te llevara a un planeta entre las estrellas? Pues seguro que harías el "búho pellizcón", que es poner cara de búho, con los ojos y la boca abiertos hasta babear, y darte pellizcos en el brazo para ver que no estás soñando. Al menos eso es lo que le pasó a Tom durante buena parte de su viaje a la lejana galaxia de Atocinau.

Allí Tom se convirtió en un espectáculo para los atocinautas, unos seres redonditos sin ojos ni orejas, que con una gran boca siempre sonriente y una ridícula lechuga en lo alto de sus cabezas, se movían a la velocidad del rayo. A todos hacían mucha gracia los ojos del niño y sus orejas, pero lo que más gracia les hacía era darle coscorrones en el cogote cuando miraba para otro lado. ¡Se morían de la risa!

Y es que Tom comprobó enseguida que no había forma de pillar despistado a un atocinauta. Era como si tuvieran ojos y orejas en la espalda, la cara y en todas direcciones, y por eso se reían tanto cuando le tomaban el pelo. Un pequeño atocinauta terminó siendo buen amigo del niño, y un día le contó su secreto: aquella tontísima lechuga sobre sus cabezas era un hypersensor, que les permitía hacer mil cosas como ver y oír en todas direcciones, conocer la temperatura de las cosas sin tocarlas, e incluso ¡saber si la comida iba a estar rica sin probarla! Ahora entendía Tom por qué se podían mover tan rápido sin chocar nunca entre ellos....

Con el tiempo Tom llegó a salir de su jaula de cristal, pero le resultaba muy difícil moverse en aquel mundo de velocidades de vértigo donde todos lo sabían todo antes siquiera de que él hubiera podido ver u oír nada, y más de una vez se llegó a enfadar con algún atocinauta tonto que aún seguía tomándole el pelo y ni siquiera se daba cuenta de que él no tenía un hypersensor lechuguino...

Y un día, tal como se lo habían llevado, los atocinautas trajeron a Tom de vuelta a la Tierra, y todo siguió como si nada hubiera pasado. Tom no se atrevió a contar nada de su viaje, y nadie se dio cuenta de nada.
Nadie, excepto Clara, una compañera invidente de Tom que notó cómo el niño empezó a tratarla con más delicadeza y atención, como si supiera exactamente cómo quería ser tratada. Y cuando tuvo confianza para preguntarle por qué había cambiado, Tom respondió misterioso y divertido: "porque tú no tienes una lechuga en la cabeza, y ya sé lo que es eso"



Palabra de Dios

De la primera carta de Juan 4,20-21

"Si uno dice: «Yo amo a Dios», y odia a su hermano, es un mentiroso. Si no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios, a quien no ve.
Pues este es el mandamiento que recibimos de él: el que ama a Dios, ame también a su hermano"

Recurso multimedia

Experimento social realizado en Ecuador.



  • http://youtu.be/1sMt3s82efg

Una cita para el día

Llevadera es la labor cuando muchos comparten la fatiga” Homero



Oración

Jesús,


tu me enseñas
que para seguir tus pasos


hay que servir a los demás.


Ayúdame
a ser servicial,


a preocuparme por los demás,


a vivir pensando en ellos.


Enséñame a ayudar
a ser generoso y abierto,


a estar siempre dispuesto
para dar una mano.


Quiero dar muchos frutos
de buenas acciones.


Quiero ser solidario
y amar a los demás

con gestos, hechos y actitudes,
no sólo con palabras.


Ayuda a que mi semilla

pueda dar
muchos frutos de cosas buenas.


Buenos días

Viernes

Generosidad

La varita gastada

Iba una vez un niño por el bosque buscando fruta, y tanto buscó y buscó que llegó la noche y se perdió. Estuvo dando vueltas durante mucho tiempo, hasta que a lo lejos escuchó un gran alboroto. Se acercó y descubrió que el ruido procedía de una pequeña casita donde brillaba una luz, y pensó en pasar la noche con aquella gente.

Llamó varias veces, pero como nadie abría la puerta y seguía habiendo un ruido enorme, decidió entrar. Al instante, se hizo un gran silencio, y se encontró con miles de ojos que le miraban asustados: vasos, espejos, cuadros, sillas... ¡todo en aquella casa estaba vivo! ¡y le miraba!

- Buenas noches - dijo el niño.
Y de nuevo comenzó un alboroto enorme de respuestas y alegria:
- Uff, qué miedo - oyó que decían algunos
- Bah, es sólo un chiquillo- escuchó a sus espaldas. Y el molesto ruido de voces siguió por un buen rato....

- ¡¡¡Silencio!!! - gritó harto de tanto ruido el niño - ¿dónde estoy?
Y nuevamente respondieron todos a la vez.

- ¡¡ Callaos, por favor!! - suplicó. - Tú, la mesa, por favor, contesta, ¿quién manda aquí? ¿y por qué estáis todos vivos?
- Aquí mandaba esa varita mágica que está junto a tus pies, pero ya no le queda nada de magia, la repartió entre todos.

Efectivamente, una pequeña varita a sus pies era el único objeto que no parecía estar vivo. Comprendiendo que aquel era el origen de tal desorden, pensó en tratar de arreglarlo.

- ¿Y no os da vergüenza ser tan egoístas? ¿por qué no le devolvéis un poquito de su magia?

Un pequeño murmullo egoísta empezaba a llenar la habitación, cuando el viejo espejo susurró, "vale, de acuerdo", y haciendo una gota dorada con uno de sus ojos, la dejó caer sobre la varita, que comenzó a toser un poco.

- ¡Está viva! - se alegró un libro. Y también le dio su gotita dorada de magia.

Y así, todos fueron cediendo parte de su magia a la varita, que recuperó un aspecto brillante y divertido, adornado con cientos de colores. Y llena de alegría fue a posarse en la mano del niño, que al momento se cubrió con una nube de estrellas para aparecer vestido de mago. Y así fue como aquel niño se convirtió en el mago del bosque, y con alegría y sabiduría siguió animando a todos a compartir lo que tenían.

Palabra de Dios

Como bien todos sabemos Jesús de Nazaret nació de una familia humilde, cuyos padres José y María le cuidaron y protegieron. Superado todo el montaje que se ha creado de la Navidad, los evangelios nos dicen “Jesús iba creciendo en saber, en estatura y en el favor de Dios y de las personas”.

Un bonito programa para cada uno de nosotros, ir creciendo en estatura, también en sabiduría y también en relación con los demás y con Dios. Estaremos preparando nuestro futuro a pesar de las dificultades que se nos presenten.

Del Evangelio según san Lucas 2,51-52

Jesús bajó con ellos, vino a Nazaret y les estaba sujeto. Y su madre guardaba todas estas cosas en su corazón. Y Jesús crecía en sabiduría, en edad y en gracia delante de Dios y de los hombres.

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Anuncio de TV en el que una niña se corta el pelo para estar igual que su hermano...que tiene cáncer.



http://youtu.be/07tcVhQ0UbI

Una cita para el día

Yo soy de la opinión de los que son perseguidos” Alphonse de Lamartine



Oración

Jesús,


tu me enseñas
que para seguir tus pasos


hay que servir a los demás.


Ayúdame
a ser servicial,


a preocuparme por los demás,


a vivir pensando en ellos.


Enséñame a ayudar
a ser generoso y abierto,


a estar siempre dispuesto
para dar una mano.


Quiero dar muchos frutos
de buenas acciones.


Quiero ser solidario
y amar a los demás

con gestos, hechos y actitudes,
no sólo con palabras.


Ayuda a que mi semilla

pueda dar
muchos frutos de cosas buenas.

Buenos días


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