Capitulo 3 La Clasificación Internacional de las Nubes. 03- la Clasificación Internacional de las Nubes.



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CAPITULO 3

La Clasificación Internacional de las Nubes.

03- La Clasificación Internacional de las Nubes. (14 páginas, 10 fotos/figuras)

(10 páginas de texto y cuadros + 4 páginas de figuras)



- Luke Howard, el hombre que puso nombre a las nubes (2)

- Evolución histórica del Atlas Internacional de las Nubes. (1)

- Láminas y grabados de las sucesivas versiones del Atlas (1)

- Clasificación actual de la OMM (4)

- Géneros, Especies, Variedades (3)

- Rasgos suplementarios y nubes accesorias (1)

- Cuadros y símbolos de la OMM (2)

Todo el texto en verde de Howard es un resumen del realizado por Ernesto Rodríguez Camino en el libro “Las Maravillosas nubes …”. .Hay que pedirle permiso para reproducirlo o modificarlo suficientemente.



LUKE HOWARD, EL HOMBRE QUE PUSO NOMBRE A LAS NUBES
El origen de la actual clasificación de las nubes se remonta al “siglo de las luces”, a finales del siglo XVIII, en el ambiente ilustrado que dio un fuerte impulso al desarrollo de las ciencias naturales y experimentales. Apareció un inusitado interés por los temas científicos y por la naturaleza en particular. Es la época asimismo de los grandes viajes de exploración científica. Había una preocupación constante por la búsqueda de esquemas que permitiesen poner un poco de orden en las distintas manifestaciones de la naturaleza, ya fuesen seres vivos o los diferentes tipos de rocas o minerales existentes. Hasta entonces muchas áreas de conocimiento se habían resistido tenazmente a su ordenación y clasificación. Una de ellas era la referente a los nubes, su tipología y su constante transformación. El carácter efímero de las mismas y la multitud de formas que presentaban parecía plantear problemas insuperables a su clasificación.

En este momento histórico la figura del botánico sueco Carl von Linné (o Linnaeus como frecuentemente se le conoce en la versión latinizada de su nombre) tuvo una importancia e influencia en su tiempo. Introdujo el sistema de nomenclatura binomial en la historia natural, por el cual cada organismo podía designarse por un par de nombres latinos, el primero dotando el género al que pertenecía y el segundo la especie.


También en este contexto aparece la figura de Jean Batiste Pierre Antoine de Monet de Lamarck (1744-1829), empleado del Museo Nacional de Historia Natural de París y por lo tanto muy familiarizado con las distintas clasificaciones de especies. En 1802, Lamarck anunció un proyecto cuya finalidad era la “clarificación de los fenómenos meteorológicos”. Este proyecto intentó, entre otras muchas cosas
una clasificación práctica de las nubes basada en el hecho de que la nubes poseen ciertas formas generales que no son casuales sino que dependen del estado atmosférico y que podría ser útil su reconocimiento y determinación”.
La clasificación de Lamark fracasó por diferentes razones. En primer lugar, las categorías que propuso carecían de especificidad y de precisión. No es obvio proponer un número pequeño de familias de nubes y conseguir que toda nube observada en todo lugar y época del año encaje como un guante en alguna de las diferentes categorías. En segundo lugar, los nombres utilizados por Lamarck, además de estar en francés, eran unos términos relacionados con la vida en el campo, reminiscencia del lenguaje del calendario revolucionario, lo que limitaba seriamente su difusión y aceptación (piénsese que aunque la lingua franca científica era en aquella época era todavía el latín, las lenguas vernáculas empezaban a utilizarse ampliamente para la difusión científica). Además, en el contexto de las guerras napoleónicas, tanto Inglaterra como Alemania difícilmente aceptarían una clasificación basada en el francés. Sin embargo, algunas de las ideas que Lamark propuso en su clasificación tuvieron gran influencia y todavía se utilizan. Este es el caso de la clasificación por altitudes. De hecho, el Congreso Meteorológico Internacional que se reunió en París en 1896 adoptó una versión de las tres categorías de alturas de Lamarck (nubes altas, medias y bajas), que todavía pervive en la actualidad.

Simultánea e independientemente, surgió en Londres la figura de Luke Howard. Como frecuentemente sucede en el desarrollo de las ideas científicas, cuando se dan las condiciones apropiadas una misma idea o concepción aparece propuesta simultáneamente por dos o más científicos que proponen muy parecidas formulaciones que se diferencian en muchos casos en cuestiones menores o de matiz.


Pero volvamos a Luke Howard y a su entorno familiar. Nació en Londres el 28 de noviembre de 1772 en el seno de una familia cuáquera. Su padre, Robert Howard, poseía un próspero negocio de forja de hierro y de trabajos con latón. La observación del tiempo y de la naturaleza le marcó desde su infancia.
Tuvo la oportunidad de vivir el excepcional año de 1783, en el que se sucedieron una serie de fenómenos que afectaron grandemente a las condiciones meteorológicas, particularmente durante el verano. Los bruscos e inusuales cambios en el tiempo que se dieron ese año crearon un estado de pánico en gran parte de la población de la Europa septentrional y a la vez impresionaron al joven Luke, que por aquel entonces apenas contaba 10 años. Pudo observar efectos en el cielo como nunca antes se habían visto. La totalidad del verano fue una sucesión de cielos desconocidos para él y para casi todos sus contemporáneos. La razón de tales fenómenos hay que buscarla en las violentas erupciones volcánicas que azotaron Islandia en los meses de mayo y junio del mismo año. La actividad volcánica se prolongó durante todo el año. Un gran volumen de polvo volcánico fue transportado por las corrientes dominantes en niveles altos hacia Escocia, Inglaterra y Europa continental. La abundancia de polvo en suspensión alteró notablemente el cíclico transcurrir de las estaciones, a la vez que cielos nunca observados se dejaron ver sobre todo en el transcurso del verano. El miedo se apoderó de la población a medida que veían como las cosechas se destruían y sus animales de granja morían inexplicablemente. Una densa calima acompañada de vapores sulfurosos se instaló de forma casi permanente, que afectó a toda Europa y casi la mitad de Asia. Al mismo tiempo que la actividad volcánica se desataba en el sur de Islandia, el volcán Asayama de Japón entró en erupción en el mes de agosto de ese mismo año y se sintieron temblores de tierra en el sur de Italia que causaron muchos miles de heridos. Los sucesos del año 1783 aparecen registrados en la mayoría de cuadernos de observación meteorológica de la época y en las hemerotecas, ya que estos sucesos llenaron muchas páginas de los periódicos de ese fatídico año. No es de extrañar que un joven de 10 años quedase marcado de por vida con los cielos de Oxfordshire durante aquél verano.
Aunque comenzó trabajando como aprendiz de un mayorista farmacéutico pronto dio el paso decisivo de establecerse por su cuenta y abrió su propia farmacia en el corazón de la “city” londinense. Howard se fue paulatinamente incorporando al grupo que vino a llamarse los “disentidores” científicos. En Inglaterra se conoce como “disentidores” a los que no se adherían a los 39 artículos de la Iglesia Anglicana. Dentro de este grupo estaban los judíos, católicos, incluso había “disentidores” protestantes tales como los cuáqueros y los unitarios Este grupo que se formó y desarrolló alrededor de la emergente actividad científica cristalizaba su actividad en conferencias, asambleas, publicaciones de revistas periódicas y de separatas, etc. En estas reuniones Howard trabó conocimiento con William Allen, que fue corresponsable del ensayo sobre las nubes. Forjaron una amistad que duró toda su vida, hasta la muerte de Allen en 1843. Esta amistad precipitó la transformación de Howard de un humilde aprendiz en un reconocido científico. Allen poseía un espíritu emprendedor que le llevó a fundar un gran --para los estándares de la época -- laboratorio farmacéutico en las afueras de Londres y a ofrecer a su amigo Howard el puesto de responsable del mismo. Las inquietudes científicas de Allen le llevaron a fundar en 1796 una sociedad para el debate científico, denominada Sociedad Askesiana, que tenía unos horizontes más amplios que la fundada por Higgins. El nombre provenía del griego Askesis, que significa formación, ejercicio.
En el seno de esta sociedad, presentó Howard en 1802 su trabajo titulado “sobre las modificaciones de las nubes”. Este trabajo se basaba en muchos años de observación de las nubes y en un intento de sistematización que la época del racionalismo comenzaba a demandar. La ausencia de una clasificación sencilla, y sobre todo generalmente admitida, hacía que hasta entonces las observaciones de nubes realizadas por distintos observadores y en distintas partes del mundo apenas fuesen comparables. Comenzó su conferencia con estas palabras:

Mi charla de esta tarde se refiere a lo que podría considerarse como un tema poco práctico: las modificaciones de las nubes. Puesto que ha aumentado el interés por la meteorología, los estudios de las diferentes apariencias del agua suspendida en la atmósfera se está convirtiendo en una rama interesante e incluso necesaria de este campo….”


Nunca hubiera podido imaginarse Howard que estaba sentando las bases de una clasificación de las nubes que ha perdurado con pequeñas modificaciones hasta nuestros días. En el transcurso de la hora que duró su disertación no sólo introdujo nuevas explicaciones sobre la formación y tiempo de vida de las nubes, sino que también creó una nueva y poética terminología: “Cirrus”, “Stratus”, “Cumulus”, “Nimbus”, y otros nombres que corresponden a nubes intermedias y modificadas, cuyas diferencias se basan en la altitud, en la temperatura del aire y en otros factores. Howard no fue el primero que insistió en el hecho de que las nubes debían ser entendidas como entidades con sus propiedades físicas que obedecían las mismas leyes que el resto del mundo natural. Su principal contribución fue la de que había un número relativamente pequeño de tipos básicos y que cualquier nube que se presentase en la naturaleza se ajustaba perfectamente a uno de estos tipos básicos. Otro acierto de Howard fue utilizar el latín para denominar los tipos básicos (igual que en la clasificación de Linneus), lo que facilitaba su adopción en un mayor número de países: Cirrus (fibra, pelo), Cumulus (montón, acumulación), Stratus (capa, estrato). A continuación definió otros cuatro tipos que eran bien modificaciones o agregaciones de las tres familias anteriores. La idea de modificación de las nubes fue su principal aportación. Las nubes evolucionaban e iban ajustándose en su evolución a alguno de los tipos básicos propuestos por Howard. Con esta clasificación la meteorología estaba dando un salto cualitativo que la colocaba en paralelo con otras ciencias naturales. Se estaba creando una herramienta que permitía observar y clasificar las nubes desde distintos lugares de una forma relativamente sencilla para a su vez identificar el estado del cielo. El trabajo de Howard estaba preparando el camino para utilizar las nubes como una útil herramienta que permitiría deducir los movimientos, de otra forma ocultos, de la atmósfera. Asimismo, su apariencia permitiría inferir conclusiones sobre la temperatura del aire, el contenido y la fase del agua. Más adelante, una vez estudiadas y conocidas las formas típicas de evolución de las diferentes nubes, se podrían hacer predicciones a corto plazo del estado de la atmósfera. Las consecuencias del trabajo de Howard en meteorología, fueron en su momento quizá imprevisibles para la mayoría de sus contemporáneos, sin embargo proporcionó una herramienta básica que hoy en día constituye todavía el pilar de la observación. Incluso con el advenimiento de nuevas y sofisticadas formas de observación, la clasificación de las nubes presentes en un lugar y momentos dados permite, tanto a un profesional como a un aficionado a la meteorología, hacerse una idea muy aproximada del estado del cielo y de su inminente evolución. El mismo Howard describe con estas palabras la utilidad de su aportación:
Con la finalidad de permitir a los meteorólogos aplicar sus formas de análisis a la experiencia de otros, así como para mantener un propio registro con brevedad y precisión, podría permitirse introducir una nomenclatura metodológica aplicable a las distintas formas de agua en suspensión o en otras palabras a las modificaciones de las nubes.”
Howard se refería a modificaciones de las nubes en lugar de géneros o especies, puesto que quería enfatizar que la forma particular que tomaba una nube era probable que variase en cualquier momento debido a la cambiante inestabilidad de la atmósfera.

Las ideas que presentó Howard a los más de cincuenta asistentes de las Sociedad Askesiana, tuvieron una muy favorable acogida. A ello contribuyó, tanto lo simple y natural de la clasificación como la utilización de unos términos latinos que cautivaron a la audiencia. Sus palabras fueron acompañadas por sus propios dibujos realizados a lápiz e iluminados con acuarela. Cada vez que introducía un tipo de nube, lo describía, lo asignaba un nombre y mostraba el correspondiente dibujo, lo que ayudaba al componente de espectáculo de este tipo de eventos.
Siguiendo los consejos e instrucciones de Tilloch, Howard rehizo su texto ampliándolo notablemente respecto a las breves notas en las se basó su conferencia. La publicación se realizó en varias entregas correspondientes a los números de julio, septiembre y octubre de 1803. La buena acogida y gran repercusión que tuvo este trabajo hicieron que se publicara en años sucesivos en forma de separata con 32 páginas que circuló grandemente entre los círculos meteorológicos. Hoy en día este folleto es un objeto de extrema rareza muy codiciado por los bibliófilos.
El texto en su versión final pasó a ser no solamente la semilla de las nuevas ideas sobre las nubes sino un hito en el campo de la meteorología y de la ciencia en general. En la base del texto de Luke Howard subyace la penetrante idea de que las nubes pueden tener muchas formas pero sólo existen unos pocos tipos básicos. Tanto las formas como los tipos básicos se deben a los procesos físicos que afectan al agua presente en la atmósfera, en cualquiera de sus tres fases. Aunque pronto surgieron inesperadas complicaciones, los principios físicos de la formación de las nubes fueron tan fácilmente entendidos como cualquier otro proceso natural. Las nubes no eran una excepción y tampoco escapaban a la comprensión humana.
En su ensayo expuso las ideas de que la formación de las nubes dependía de las condiciones de temperatura, humedad y presión del aire en el cual el vapor de agua estaba presente. Cuanto más caliente estaba el aire más vapor de agua podía contener. Por el contrario, a medida que se enfriaba el agua menos vapor podía contener pudiendo dar lugar por debajo de una cierta temperatura, la del punto de rocío, a la condensación de l vapor de agua en forma de pequeñas gotitas visibles de agua. Una vez que las pequeñas gotitas se forman alrededor de los núcleos de condensación, tienen un tamaño lo suficientemente pequeño como para permanecer suspendidas en el aire o caer a una velocidad lo suficientemente pequeña como para que apenas sea apreciable. Cuando las gotas crecían suficientemente como para que su velocidad de caída compensase claramente el efecto de las corrientes ascendentes, caían en forma de lluvia. Howard diseñó además un sistema de símbolos apropiados para una anotación rápida, que todavía permanece hoy en una versión modificada y que son los que se utilizan cuando se transcriben las observaciones procedentes de los partes cifrados de observación a un mapa.
Luke Howard tuvo una fuerte influencia en la sociedad que le tocó vivir. Su fama se extendió rápidamente por el mundo a medida que el impacto de los nombres de las nubes se popularizaban más allá de los estrechos límites de la comunidad científica. Contó entre sus admiradores con el literato y científico alemán Johann Wolfang Goethe. Goethe mostró en 1822 gran interés e impaciencia por conocer detalles tanto de su trabajo como de sus circunstancias vitales. En aquel momento Goethe era reconocido como una de las mayores personalidades en el mundo intelectual europeo. Su variada personalidad incluía facetas de poeta, dramaturgo, novelista, filósofo, viajero, artista, político y científico. Incluso se mostró sensible a los efectos atmosféricos, y muy interesado en sus causas y desarrollos. La influencia de Goethe era tan grande que el simple hecho de que se interesase por los trabajos de Howard, ya era un pasaporte seguro para que su clasificación tuviese un gran eco en toda Europa. Goethe además le dedicó algunos de sus escritos tales como el ensayo sobre “las formas de las nubes según Howard”, en donde alababa los logros del brillante meteorólogo inglés. En una serie de poemas que se agrupaban con el título general de “en honor a Howard”, Goethe exploraba tanto los sentimientos como la mecánica que le sugerían las tres principales familias de nubes (Stratus, Cumulus, Crrus) además de la combinación de nubes entonces denominada Nimbus.

EVOLUCIÓN HISTÓRICA DEL ATLAS INTERNACIONAL DE LAS NUBES.
La Clasificación actual de nubes (1993) recogida en los dos volúmenes del “Atlas Internacional de Nubes” publicado por la Organización Meteorológica Mundial (OMM), ha sido fruto de un largo, continuo y laborioso debate desde la inicialmente establecida por Luke Howard, en 1803. Una clasificación particularmente difícil de conciliar, ya que inevitablemente conlleva una visión subjetiva de las formas de nubes observadas por cada persona. Esto ha propiciado que durante los últimos 200 años, la clasificación haya sufrido multitud de modificaciones realizadas por las diferentes comisiones internacionales hasta llegar a la actualmente vigente, aceptada con un amplio consenso, aunque en lo fundamental, se mantiene la idea inicial de la clasificación de Howard. A continuación hacemos un resumen de este largo camino, con unas notas históricas extraídas de los prólogos correspondientes a las sucesivas versiones del Atlas Internacional de las Nubes.
En 1840, el meteorólogo alemán Kaemt agregó a las formas de Howard el Stratcoumulus, dando una definición precisa que está de acuerdo a los usos modernos. Renou, Director de los óbservatorios de Parc Saint-Maur y Montsouris, dio una clasificación de nubes a la cual se puede atribuir el origen definido de algunos nombres de la nomenclatura presente: Cirrocumulus, Cirrostratus, Altocumulus y Altostratus. Es decir, introdujo nubes de altura media entre las nubes bajas y las nubes de la familia de los Cirrus que determinaron la adopción de la altura como criterio, establecido posteriormente por H. Hildebrandsson. A él también se le debe la distinción neta, a diferentes niveles, entre nubes separadas y continuas.
En 1863 Poey definió el Fractocumulus, algunas variedades (bajo el nombre de Fracto) y variedades Mammatus (bajo el nombre de Globo).
En 1879 H. Hildebrandsson, Director del Observatorio de Upsala (Suecia), fue el primero en usar fotografías en el estudio y clasificación de las formas de nubes. En este primer atlas de 16 fotografías, la clasificación adoptada fue la de Howard con unos pequeños cambios. El primero concerniente al Nimbus, esta forma no fue asignada a cada nube lluviosa compleja, sino sólo a la capa oscura más baja de un cielo lluvioso. El segundo al Stratus, que designa niebla levantada del suelo y permanece a cierta distancia de la tierra: Y el tercero al Cumulostratus, el cual, siguiendo el ejemplo de Kaemtz, se refiere a pesadas y amontonadas masas de Cumulus; Hildebrandsson también adoptó el Stratocumulus. En su primer trabajo cuidó estrictamente su deseo de adherirse al esquema de Howard, al mismo tiempo que consideraba trabajos posteriores.
Un poco más tarde, Weilbach y Ritter añadieron definiciones de especies (subdivisiones de grandes géneros) y variedades (aspectos particulares que se observan a alturas diferentes) y Weilbach introdujo el Cumulonimbus, claramente distinguible del Cumulus, aun cuando esta última componga dicha designación.
Finalmente, en 1887 Hildebrandsson y Abercromby publicaron una clasificación de nubes recogiendo todas estas novedades e integrándolas en la clasificación inicial de Howard. Previamente Abercromby hizo dos viajes alrededor del mundo (dando por lo tanto un hermoso ejemplo de probidad científica) con el objeto de asegurarse que las formas de nubes eran las mismas en todas partes (aunque este hecho es sólo real como primera aproximación). Básicamente agruparon las nubes en cuatro niveles, cuyas alturas medias fijaron provisionalmente a partir de mediciones hechas en Suecia. La clasificación internacional fue el resultado directo de la clasificación de Hildebrandsson y Abercromby sin gran modificación.
La Conferencia Meteorológica Internacional realizada en Munich en 1891, recomendó expresamente la clasificación de estos autores y dio su sanción al establecimiento de un comité especial encargado de su consideración final y publicación con ilustraciones en forma de atlas. La comisión de publicación formada por Hildebradsson, Riggenbach y Teisserenc de Bort terminó por dar a la luz el atlas en 1896 tras superar graves dificultades financieras. Constituido por 28 láminas coloreadas y de un texto en tres idiomas (alemán, francés, inglés), daba definiciones y descripciones de las nubes junto con instrucciones sobre cómo observarlas.
La clasificación formulada en el Atlas Internacional se tornó pronto oficial y de uso practicamente general en todos los países. Casi todos los meteorólogos que a continuación publicaron estudios de nubes, adoptaron esta nomenclatura; pero frecuentemente se encontró que fallaban en algunos detalles, razón por la que algunos meteorólogos (principalmente Clayden y Vicent) terminaron por crear nuevas especies o variedades sin interferir con las formas primarias.
Gracias a los esfuerzos sostenidos iniciados por Howard, continuados por Renou y luego por Hildebradsson y el Comité Meteorológico Internacional, se dio fin a la confusión que había reinado durante casi un siglo en uno de los dominios más importantes de la meteorología. El primer Atlas Internacional constituyó un gran avance para poder hacer correctamente observaciones de las nubes a través de todo el mundo.


Portada y lámina de la edición de 1910 del Atlas Internacional de Nubes.
La reedición de 1910 de este primer atlas, quedó agotada durante muchos años, hasta la creación de la Comisión Internacional para el Estudio de Nubes en 1921, que dos años más tarde organizaría la “Semana Internacional de la Nube”. En 1925 su presidente, Sir Napier Shaw, estimó necesario concentrar las actividades de la Comisión en una nueva revisión del Atlas. La estandarización y multiplicación de las observaciones, así como el desarrollo de la aviación contribuyeron a esta deseable actualización.
Concretamente en la reunión de Paris, en 1926, se decidió hacer aquellas modificaciones que fueran necesarias para disipar malos entendidos y promover la uniformidad de las observaciones, atenuando al mismo tiempo el énfasis sobre la importancia de la altura como base de la clasificación.


Láminas de la edición de 1910 del Atlas Internacional de Nubes.

Así mismo, se puso sumo cuidado en no crear más “géneros” de los existentes; se hizo un reglamento para introducir “especies”, solamente en el caso de que fueran aceptadas por todos, dejando el camino abierto para posibles modificaciones en el futuro, pero manteniendo un espíritu prudente, conservador y colocando el trabajo de 1896 en una posición segura. Dos fueron las novedades a incluir; un capítulo sobre la observación de nubes desde aeronaves y una clasificación de “tipos de cielo”. Un Atlas provisional fue entonces distribuido para hacer sobre él modificaciones y sugerencias antes de ser publicado definitivamente. La Comisión que se reunió en Barcelona en junio de 1929, examinó todos estos informes y tres meses después en la reunión de Copenhague, se dio el visto bueno definitivo para su publicación.


La cuestión de la publicación pudo ser abordada en circunstancias excepcionalmente favorables, gracias a la donación verdaderamente magnífica del mecenas catalán, Rafael Patxot, a quien la ciencia de las nubes ya le fue deudora por el interesante trabajo de la Fundació Concepció Rabell; esta generosa contribución hizo posible imprimir gratis 1.000 copias del Atlas Completo y ofrecerlo, como también la edición abreviada, para su venta a un precio muy bajo. El Atlas, así configurado, contenía cinco secciones; 1- Nubes, 2- Código, 3- Diario de Nubes, 4- Observación de Nubes desde Aeronaves y 5- Tipos de Cielo. El número total de láminas mostradas ascendía a 174. Esta edición del Atlas vio definitivamente la luz el año 1932. Una segunda edición prácticamente idéntica se publicó en 1939.
La Comisión Internacional para el Estudio de Nubes (CEN) de la Organización Meteorológica Internacional (OMI), creada en 1921, fue disuelta por la Conferencia Extraordinaria de Directores (Londres, 1946) y fue remplazada por el Comité para el Estudio de Nubes e Hidrometeoros (CNH). La Conferencia de Directores instruyó a la CNH para preparar una versión revisada y actualizada del “Atlas Internacional de Nubes y Tipos de Cielos”. Así, en 1951, cuando la OMI fue remplazada por la Organización Meteorológica Mundial (OMM), el CNH propuso al Primer Congreso de la OMM, que la nueva edición del Atlas de Nubes debía consistir en cuatro volúmenes. Los Volúmenes I y III cubrían esencialmente la misma materia que el Volumen I de la edición de 1939 y el Volumen II era una colección de fotografías de nubes y meteoros. El Volumen IV fue pensado para ser un tratado sobre física de nubes y de meteoros.
Finalmente, tras varios debates, en 1953, la Comisión de Meteorología Sinóptica recomendó que el Atlas Completo debía tener dos volúmenes (Volumen I conteniendo el texto y Volumen II las láminas). También recomendó la publicación de un Atlas Abreviado y de un Álbum Internacional de Nubes para observadores aéreos. Así mismo concluyeron que, aunque era altamente deseable, un compendio sobre física de nubes y meteoros no debía en ese momento formar parte del Atlas de Nubes.
La edición definitiva de 1956 fue publicada en francés y en inglés. El contenido del Volumen I, el cual era fundamentalmente descriptivo y explicativo, difería esencialmente del de la versión de 1939. Fue abandonado el agrupamiento de nubes en “familias de nubes”; se mantuvo la clasificación en géneros, pero se modificaron algunos detalles de las definiciones. Las especies y las variedades fueron extendidas y modificadas considerablemente. La misma observación se aplica a los “detalles accidentales”, que fueron rebautizados como “rasgos suplementarios” y “nubes accesorias”. Se introdujo un nuevo concepto, el de “nube madre”. La parte “Tipos de cielos” fue suprimida y el capítulo “Definición de hidrometeoros” ampliado considerablemente. Se añadieron apéndices y el número de láminas aumentó a 224 cada una con una leyenda explicativa.
La versión de 1956 fue sustituida en 1975. Los cambios más importantes se referían a la clasificación de la nube como un hidrometeoro, así como a la redefinición de algunos otros hidrometeoros y una clasificación general de los meteoros en hidrometeoros (incluyendo nubes), litometeoros, fotometeoros y electrometeoros, así como definiciones de cada uno de estos cuatro grupos de fenómenos.
La última versión del Atlas Internacional de Nubes data de 1993 y presenta una edición en español del Volumen I, que ha sido preparada a partir de la versión inglesa de 1975, cuya traducción estuvo a cargo del Servicio Meteorológico Nacional de Argentina. Algunas definiciones han sido ligeramente modificadas en la sintaxis, sin por ello alterar su significado, y se han cambiado algunas expresiones conforme al Vocabulario Meteorológico Internacional de la OMM (segunda edición, 1992), con el fin de lograr una mayor uniformidad y una rápida identificación de las mismas.

CLASIFICACION INTERNACIONAL DE LAS NUBES DE LA ORGANIZACIÓN METEOROLÓGICA MUNDIAL (OMM).
Las nubes están en un proceso continuo de evolución y se presentan, por lo tanto, en una variedad infinita de formas. Es posible, sin embargo, definir un número limitado de formas características observadas frecuentemente en todo el mundo, en las que las nubes pueden resultar agrupadas en toda su amplitud. Se ha establecido una clasificación de las formas características de las nubes, en términos de “género”, “especies” y “variedades”.
El Atlas Internacional de Nubes de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), en su actual versión (1993), distingue diez GÉNEROS de nubes. A saber; Cirrus, Cirrocumulus, Cirrostratus, Altocumulus, Altostratus, Nimbostratus, Stratocumulus, Stratus, Cumulus y Cumulonimbus. Estos diez grupos principales se excluyen mutuamente, una determinada nube sólo puede pertenecer a uno de los géneros enunciados. Pero dentro de estos géneros se admiten nuevas subdivisiones en especies y variedades de nubes. A su vez, existen las denominadas nubes especiales no incluidas en las especificaciones antes consideradas.
A su vez, la mayoría de los géneros están subdivididos en ESPECIES. Esta subdivisión está basada en ciertas peculiaridades observadas en la forma de las nubes o en su estructura interna. Una nube observada en el cielo, que pertenece a un cierto género, puede llevar solamente el nombre de una especie; esto significa que las especies, al igual que los géneros, son mutuamente excluyentes. Por ejemplo, un Cumulus no puede pertenecer a la vez a la especie “humilis” (de escaso desarrollo vertical) y a la especie “congestus” (gran desarrollo vertical), o se trata de un “Cumulus humilis” o de un “Cumulus congestus”, pero no de un “Cumulus humilis congestus”. Por otra parte, ciertas especies pueden pertenecer a varios géneros. Es el caso, por ejemplo, de la especie “lenticularis”, que se puede encontrar en tres géneros diferentes: Cirrocumulus, Altocumulus y Stratocumulus. Hay dos géneros, los Altostratus y los Nimbostratus, que no presentan ninguna especie. El hecho de que en un género dado se puedan distinguir varias especies, no implica que una nube específica deba recibir necesariamente el nombre de una aquellas especies. Cuando para una nube de un género dado, no es aplicable ninguna de las definiciones de las especies relevantes de un género, no se indican especies.
Simultáneamente, las nubes pueden exhibir (ó no) características especiales que determinan su VARIEDAD. Estas características están relacionadas con las distintas disposiciones de los elementos macroscópicos de las nubes, y de su mayor o menor grado de transparencia. Una variedad dada puede ser común a varios géneros. Por ejemplo la variedad “translucidus” (que hace referencia a que se trata de nubes en forma de banco o sabana, la mayor parte de las cuales son suficientemente traslúcidas para dejar entrever la posición del Sol o de la Luna) se encuentra presente en los géneros Altocumulus, Altostratus, Stratocumulus y Stratus. Además, la misma nube puede poseer más de una variedad simultáneamente (a no ser que indiquen características contrarias, como “opacus” y “translucidus”). Por ejemplo, sí en el género Altocumulus se puede presentar siete variedades: translucidus, perlucidus, opacus, duplicatus, undulatus, radiatus y lacunosus, podríamos observar una nube que fuera un “Atlcomulus stratiformis trnaslucidus perlucidus radiatus”. En ese caso tendríamos una nube del género “Atlocúmulus”, de la especie “stratiformis” y además con las tres variedades siguientes; “traslucidus” (se adivinan el sol o la luna a su través); “perlucidus” (claros de cielo entre los elementos) y “radiatus” (dispuestos en bandas paralelas que parecen converger hacia un punto). Hay un género, los Cumulonimbus, que no presenta ninguna variedad. El hecho de que se haya establecido un cierto número de variedades no implica necesariamente que una nube específica deba recibir el nombre de una o más de aquellas variedades.
La indicación de géneros, especies y variedades no siempre resulta suficiente para describir completamente una nube. Ésta puede mostrar RASGOS SUPLEMENTARIOS agregados a ella, o puede estar acompañada por otras nubes, habitualmente más pequeñas, conocidas como NUBES ACCESORIAS, que se encuentra a veces separadas de su cuerpo principal, a veces emergiendo parcialmente de su cuerpo principal o parcialmente mezcladas con él. Como en el caso de las variedades, una misma nube puede presentar simultáneamente uno o más rasgos suplementarios o nubes accesorias, lo cual significa que los rasgos suplementarios y las nubes accesorias no son mutuamente excluyentes.
Se muestran a continuación las definiciones de los GÉNEROS, ESPECIES, VARIEDADES, RASGOS SUPLEMENTARIOS y NUBES ACCESORIAS recogidas en el Volumen I del Atlas Internacional de Nubes de la OMM en su edición castellana de 1993. En el capítulo 4 se verá con mayor detalle las características de cada género de nube.

GÉNEROS
Cirrus: Nubes separadas en forma de filamentos blancos y delicados, o de bancos o bandas estrechas, blancas o casi blancas. Estas nubes tienen una apariencia fibrosa, semejante a los cabellos de una persona, o de un brillo sedoso o de ambas características a la vez
Cirroscumulus: Banco, capa delgada o sábana de nubes blancas, sin sombras, compuestas por elementos muy pequeños en forma de granos, rizos, grumos, ondulaciones, unidos o separados y distribuidos con mayor o menor regularidad; la mayoría de los elementos tienen una anchura aparente < 1º (dos diámetros solares o lunares) cuando están situados encima del observador.
Cirrostratus: Velo nuboso, transparente y blanquecino, de aspecto fibroso (como cabellos) o completamente liso, que cubre total o parcialmente el cielo y que produce generalmente el fenómeno de halo
Altocumulus: Banco, capa delgada o capa de nubes blancas o grises, o a la vez blancas y grises, que tienen sombras compuestas por losetas, masas redondeadas, rodillos, etc., las cuales son a veces parcialmente fibrosas o difusas y que pueden estar unidas o no; la mayoría de los elementos pequeños distribuidos con regularidad tienen una anchura aparente comprendida entre 1º y 5º.
Altostratus: Lámina o capa de nubes, grisácea o azulada, de aspecto estriado, fibroso o uniforme, que cubre por entero o parcialmente el cielo, como una gran sábana extendida. Tiene partes suficientemente delgadas que permiten distinguir vagamente el Sol, como a través de un vidrio deslustrado. Los Altostratus, a diferencia de los Cirrostratus, no producen halos.
Nimbostratus: Capa de nubes gris, a menudo oscura, con un aspecto velado por la precipitación de lluvia o nieve que cae más o menos continuadamente desde ella. El espesor de la nube es lo suficientemente grande como para ocultar el Sol completamente.
Stratocumulus: Capa de nubes generalmente gris, con base uniforme, de la que pueden caer llovizna, prismas de hielo o cinarra. Cuando el Sol es visible a través de la capa, su contorno se distingue claramente. Los St se presentan a veces en forma de jirones deshilachados (fractus), debajo de otras nubes.
Stratus: Banco, sábana o capa de nubes grises o blanquecinas, que tienen casi siempre partes oscuras; compuestas por losetas, masas redondeadas, rodillos, etc, no fibrosas, que están unidas o no. Muchas veces se agrupan formando calles de aire sin nube entre los elementos principales.
Cumulus: Nubes asiladas, en general densas y con contornos bien definidos, que se desarrollan verticalmente en forma de protuberancias, cúpulas o torres, y cuyas partes superiores convexas se parecen con frecuencia a una coliflor. Las partes de estas nubes iluminadas por el Sol son blancas brillantes; su base es oscura y horizontal. A veces, aparecen desgarrados por el viento.
Cumulonimbus: Nube amazacotada y densa, con un desarrollo vertical considerable, en forma de montaña o de enormes torres. Parte, al menos de su cima es normalmente lisa, fibrosa o estriada, y casi siempre aplastada; esta parte se extiende a menudo en forma de un yunque o de un vasto penacho. Por debajo de la base, muy oscura, aparecen nubes bajas desgarradas y precipitaciones o chubascos.

ESPECIES
Fibratus: Nubes separadas o velo de nubes delgado, en forma de filamentos rectilíneos o curvados, más o menos irregularmente, que no terminan en ganchos ni en copos. Este término se aplica principalmente a los Cirrus y a los Cirrostratus.
Uncinus: Cirrus, a menudo en forma de coma, que termina por la parte de arriba en un gancho o copo cuya parte superior no tiene la forma de una protuberancia redondeada.
Spissatus: Cirrus cuyo espesor óptico es suficiente para que parezca grisáceo cuando se ve mirando hacia el Sol.
Castellanus: Nubes que presentan, al menos en alguna parte de su región superior, protuberancias cumuliformes en forma de torrecillas que dan a estas nubes un aspecto de almenas. Estas torrecillas, algunas de las cuales son más altas que anchas, poseen una base común y parecen estar dispuestas en líneas. El carácter castellanus es especialmente evidente cuando se mira a la nube desde un lado. Este término se aplica a los Cirrus, los Cirrocumulus, los Altocumulus y los Stratocumulus.
Floccus: Especie de nube en la que cada elemento está formado por un copo pequeño de aspecto cumuliforme, cuya parte inferior está más o menos desgarrada y acompañada a menudo de virga. Este término se aplica a los Cirrus, los Cirrocumulus, los Altocumulus y los Stratocumulus.
Stratiformis: Nube extendida en una capa delgada, o en una capa horizontal, que presenta la apariencia de los Stratus de grandes dimensiones. Este término se aplica los Altocumulus, los Stratocumulus y, en ocasiones, los Cirrocumulus.
Nebulosus: Nube, parecida a un velo o capa nebulosa que no muestra detalles nítidos. Este término se aplica principalmente a los Cirrostratus y a los Stratus.
Lenticularis: Nubes con forma de lentes o de almendras, comúnmente muy alargadas y de contornos en general bien definidos; a veces presentan irisaciones. Estas nubes aparecen con mayor frecuencia en formaciones de nubes de origen orográfico, pero también pueden observarse sobre regiones sin relieve marcado. Este término se aplica principalmente a los Cirrocumulus, Altocumulus y Stratocumulus.
Fractus: Nubes en forma de jirones irregulares y con aspecto claramente desgarrado. Este término se aplica sólo a los Stratus y a los Cumulus.
Humilis: Nubes de tipo Cumulus con pequeño desarrollo vertical; aparecen generalmente aplastadas.
Mediocris: Cumulus con un desarrollo vertical moderado, cuyas cimas muestran protuberancias bastante pequeñas.
Congestus: Nubes Cumulus que presentan protuberancias muy desarrolladas y que tienen a menudo una importante extensión vertical; su región superior protuberante tiene con frecuencia el aspecto de una coliflor.
Calvus: Cumulonimbus en que algunas, al menos, de las protuberancias de su parte superior comienzan a perder su aspecto cumuliforme pero en el que no puede verse parte alguna cirriforme. Las protuberancias y los brotes tienen tendencia a formar una masa blanquecina con estrías más o menos verticales.
Capillatus: Cumulonimbus caracterizado por la presencia, especialmente en su parte superior, de partes netamente cirriformes de estructura claramente fibrosa o estriada y con frecuencia en forma de un yunque, un penacho o una enorme masa más o menos desordenada de cabellos. Este tipo de nube viene generalmente acompañado por chubascos o por tormentas, a menudo con turbonadas y a veces con granizo; frecuentemente origina una nube virga muy nítida.

VARIEDADES
Intortus: Cirrus, cuyos filamentos están curvados muy irregularmente y con frecuencia entremezclados caprichosamente.
Vertebratus: Nubes cuyos elementos están dispuestos de tal manera que su aspecto sugiere el de vértebras, el de costillas o el de un esqueleto de pescado. Este término se aplica principalmente a los Cirrus.
Undulatus: Nubes en bancos, sábanas o capas que presentan ondulaciones. Estas ondulaciones pueden observarse tanto en capas de nubes relativamente uniformes como en nubes compuestas por elementos separados o unidos. Algunas veces se ve un doble sistema de ondulaciones. Este término se aplica principalmente a los Cirrocumulus, Cirrostratus, Altocumulus, Altostratus, Stratocumulus y Stratus.
Radiatus: Nubes que presentan anchas bandas paralelas o que forman bandas paralelas, las cuales, debido a un efecto de perspectiva, parecen converger hacia un punto del horizonte, o cuando las bandas cruzan todo el cielo, hacia dos puntos opuestos, llamados puntos de radiación. Este término se aplica principalmente a los Cirrus, Altocumulus, Altostratus, Stratocumulus y Cumulus.
Lacunosus: Banco, sábana o capa de nubes, normalmente bastante finas, salpicadas con claros circulares distirubuidos más o menos regularmente, muchos de ellos con los bordes deshilachados. Los elementos nubosos y los claros están frecuentemente distribuidos de manera que sugieren una red o un panal. Este término se aplica principalmente a los Cirrocumulus y a los Altocumulus; pueden también aplicarse, aunque muy raramente, a los Stratocumulus.
Duplicatus: Banco, sábana o capa de nubes a diferentes niveles y superpuestas, a veces parcialmente unidas. Este término se aplica principalmente a los Cirrus, los Cirrostratus, los Altocumulus, los Altostratus y los Stratocumulus.
Translucidus: Nubes en banco, sábana o capa extensa, la mayor parte de las cuales son suficientemente traslúcidas para dejar entrever la posición del Sol o de la Luna. Este término se aplica a los Altocumulus, Altostratus, Stratocumulus y Stratus.
Perlucidus: Banco, sábana o capa de nubes de gran extensión con claros bien marcaos entre sus elementos, pero a veces muy pequeños. Los claros dejan ver el Sol, la Luna, el azul del cielo y otras nubes a niveles más altos. Este término se aplica a los Altocumulus y a los Stratocumulus.
Opacus: Banco, sábana o capa de nubes de gran extensión, siendo la mayor parte suficientemente opaca para ocultar completamente el Sol o la Luna. Este término se aplica a los Atlocumulus, Altostratus, Stratocumulus y Stratus.

RASGOS SUPLEMENTARIOS Y NUBES ACCESORIAS
Incus: Parte superior e un Cumulonimbus extendida en forma de un yunque de aspecto fibroso o estriado.
Mamma: Protuberancias colgantes, como ubres, en la parte inferior de una nube. Esta particularidad suplementaria se observa principalmente en los Cirrus, Cirrocumulus, Altocumulus, Altostratus, Stratocumulus y Cumulonimbus.
Virga: Estelas de precipitación, verticales u oblicuas, unidas a la superficie inferior de una nube, que no llegan a la superficie de la Tierra. Esta particularidad suplementaria se observa principalmente en los Cirrocumulus, Altocumulus, Altostraus, Nimbostratus, Stratocumulus, Cumulus y Cumulonimbus.
Praecipitatio: Precipitación (lluvia, llovizna, nieve, hielo granulado, granizo, etc.) que cae de una nube y llega a la superficie de la Tierra. Esta particularidad suplementaria (así denominada porque la precipitación aparece como una prolongación de las nubes) se observa principalmente en los Altostratus, los Nimbostratus, los Stratocumulus, los Stratus, los Cumulus y los Cumulonimbus.
Arcus: Rodillo horizontal y denso, con bordes más o menos extensos deshilachados, situado en la parte delantera e inferior de ciertas nubes que posee, cuando es extenso, el aspecto de un arco oscuro y amenazador. Esta particularidad suplementaria se observa en los Cumulonimbus y con meno frecuencia en los Cumulus.
Tuba: Nube con una forma de columna o de cono invertido que emerge de la base de una nube; constituye la manifestación en forma de nube de un vórtice más o menos intenso. Esta particularidad suplementaria se observa en los Cumulonimbus y, con menor frecuencia, en los Cumulus.
Pileus: Nube anexa de poca extensión horizontal, en forma de gorro o capuchón, situado más arriba de la cima, o unido a ésta, de una nube cauliforme que con frecuencia la atraviesa. Con bastante frecuencia pueden observarse varios pileus superpuestos. El Pileus aparece principalmente con los Cumulus y Cumulonimbus.
Velum: Nube anexa, en forma de velo de gran extensión, ligeramente por encima o unida a la parte superior de una o varias nubes cumuliformes que menudo la perforan. El Velum aparece principalmente con los Cumulus y Cumulonimbus.
Pannus: Jirones deshilachados que a veces forman una capa continua situada debajo de otra nube y con la que, a veces, están unidos. Esta nube anexa aparece principalmente con los Altostratus, Nimbostratus, Cumulus y Cumulonimbus.

TABLA CLASIFICACION INTERNACIONAL DE LAS NUBES DE LA OMM




GENEROS



ESPECIES


VARIEDADES

RASGOS SUPLEMENTARIOS Y NUBES ACCESORIAS


NUBES MADRE

GENITUS


NUBES MADRE

MUTATUS


Cirrus (Ci)

fibratus

uncinus


spissatus

castellanus

floccus


Intortus

radiatus


vertebratus

duplicatus




mamma

Cirrocumulus

Altocumulus

Cumulonimbus


Cirrostratus




Cirrocumulus (Cc)

stratiformis

lenticularis

castellanus

flocus

undulatus

lacunosus


virga


mamma




Cirrus

Cirrostratus

Altocumulus




Cirrostratus (Cs)

fibratus

nebulosus



duplicatus

undulatus






Cirrocumulus

Cumulonimbus



Cirrus

Cirrocumulus

Altostratus




Altocumulus (Ac)

stratiformis

lenticularis

castellanus

floccus


translúcidos

perlúcidos

opacus

duplicatus



undulatus

radiatus


lacunosus

virga


mamma

Cumulus


Cumulonimbus

Cirrocumulus

Altostratus

Nimbostratus

Stratocumulus



Altostratus (As)




translúcidos

opacus


duplicatus

undulatus

radiatus


virga

praecipitatio

pannus

mamma



Altocumulus

Cumulonimbus


Cirrostratus

Nimbostratus



Nimbostratus (Ns)







praecipitatio

virga


pannus

Cumulus

Cumulonimbus



Altocumulus

Altostratus

Stratocumulus




Stratocumulus (Sc)

stratiformis

lenticularis

castellanus




translúcidos

perlúcidos

opacus

duplicatus



undulatus

radiatus


lacunosus

mamma


virga

praecipitatio


Altostratus

Nimbostratus

Cumulus


Cumulonimbus

Altocumulus

Nimbostratus

Stratus



Stratus (St)

nebulosus

fractus


opacus

translúcidos

undulatus

praecipitatio



Nimbostratus

Cumulus


Cumulonimbus

Stratocumulus





Cumulus (Cu)

humilis


mediocris

congestus

fractus

radiatus


pileus

velum


arcus

pannus


tuba

praecipitatio

virga


Altocumulus

Stratocumulus


Stratocumulus

Stratus



Cumulonimbus (Cb)

calvus


capillatus




praecipitatio

virga


pannus

incus


mamma

pileus


velum

arcus


tuba

Altocumulus

Altostratus

Nimbostratus

Stratocumulus

Cumulus


Cumulus


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