Capitulo I: el contexto social de la actividad de las agencias



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CAPITULO I: EL CONTEXTO SOCIAL DE LA ACTIVIDAD DE LAS AGENCIAS
Sumario
a.- Intermediarios imprescindibles

b.- El eje Norte-Sur: dependencia económica, dependencia

informativa y NOMIC

c.- Intereses generales versus intereses nacionales

d.- Ciudadanos del mundo, desnacionalización de las agencias

e.- Credibilidad e independencia económica.

f.- El “achique de espacios” de las agencias

g.- Los retos del mercado.

a.- Intermediarios imprescindibles
Al comienzo del siglo XXI, cuando se anuncia la llegada de la era del conocimiento como un peldaño superior de la Sociedad de la Información, las agencias siguen distribuyendo dos terceras partes de las noticias publicadas en todo el mundo.
Este único dato –y mucho más cuando va acompañado de otras referencias, de similar peso, que serán analizadas a lo largo de este documento- puede servir como emblema de un hecho objetivo: su papel sigue siendo determinante en el mercado de la información.
Ninguna de los grandes cambios habidos en los procesos editoriales ha quebrado, hasta ahora, su rol: ni la transformación de los hábitos de información por parte del público que ha traído Internet, en el que la profusión de lo instantáneo se conjuga con la eliminación de las distancias geográficas; ni los procesos de trabajo de los periodistas, cuyas posibilidades de acceso a las fuentes se han multiplicado exponencialmente; ni tampoco el desarrollo global de los grandes grupos multimedia.
Esos cambios alteran en alguna medida su papel de intermediario entre los hechos y su difusión, pero su importancia para la credibilidad del sistema se mantiene al mismo nivel que en el pasado.
Cuanto mayor es la accesibilidad de la información para el público y mayor la saturación de contenidos en la red global, se hace más evidente la necesidad de fiabilidad de las noticias. Al tiempo que se trivializan o exageran los problemas del mundo, se fortalecen los deseos de rigor de los ciudadanos. El resultado es que, también hoy, la credibilidad se sigue asociando al marchamo de las empresas que iniciaron su trabajo como agencias de prensa hace 150 años, las mismas marcas acreditadas que suministran noticias, en todos los formatos, a los medios actuales de todas las tendencias y países.
Las agencias son las encargadas de distribuir un flujo noticioso que llega al ciudadano a través de los diversos medios de comunicación: de ahí que su actividad principal se siga identificando con el papel de los mayoristas, un rol sobre el que pivota su negocio principal. Es lógico: con cada nueva tecnología, surgen nuevos soportes para transmitir mensajes pero siempre es necesario alguien que garantice una cobertura equilibrada de lo que ocurre en el planeta. Ese alguien son las agencias y su labor es, esencialmente, de mayoristas. Aunque ello no impida que, cada vez más, se vean abocadas a abastecer directamente las demandas minoristas de información nacidas entre profesionales y particulares.
El trabajo de las agencias se caracteriza por la objetividad y neutralidad de su mensaje. Su producto es información en estado puro, preocupado sólo por los hechos y los protagonistas, el acontecer diario contado en tiempo real con un lenguaje plagado de sustantivos, sin adjetivar, sin opinión. Pero, aunque la imparcialidad y el rigor son atributos que forman parte del imaginario de todas las agencias, su práctica está asociada a una determinada cosmovisión -anglosajona, árabe, latinoamericana o asiática- que planea por encima de la neutralidad de sus redactores. El producto de su trabajo está ligado, como no podía ser de otro modo, a elementos culturales y lingüísticos que condicionan su mirada.
Su forma de ver la realidad y su forma de contarla, sigue estando conectada, en una buena medida, a su origen nacional. Y eso significa que la historia de las agencias más importantes del mundo –la norteamericana Associated Press, la británica Reuters y la francesa France Presse o la española EFE- ha transcurrido pegada a la historia de sus países. Cada una de ellas mantiene una posición diferente que les lleva a poner el foco en aquellos acontecimientos y aquellas perspectivas que interesan a las comunidades en donde se asientan. Su enfoque condiciona su despliegue de redes y medios por el mundo, más intensa en un espacio, menos en otro.
Mark Twain afirmaba a comienzos del siglo XX, con una cierta ironía, que «sólo hay dos fuerzas que puedan iluminar todos los rincones del globo: el sol en los cielos y la Associated Press aquí en la tierra». Setenta años más tarde, Stanley Swinton, vicepresidente de Associated Press, que asistía a una reunión de dirigentes y periodistas preocupados por el papel de las agencias, tomó al final la palabra y dijo: «Señores. ya lo tengo claro. Veo un mundo en el que podrán desaparecer los periódicos. las revistas y hasta los libros. Todo estará al alcance de un botón en el cuarto de estar. Pero alguien tendrá que suministrar la información a todos esos nuevos medios, y ese alguien es la agencia de noticias. Definitivamente, no hay otra salida».1
Probablemente será así por mucho tiempo. O lo será, al menos, para Associated Press y algunas de las otras grandes agencias, aunque eso no signifique que la mayoría de ellas consiga mantener su lugar al sol. Porque es muy probable que el statu quo actual, basado en un equilibrio y un reparto de mercados territoriales, se rompa definitivamente, o que la pérdida de espacio como resultado de un conjunto de fuerzas que las constriñen, termine por debilitar a muchas de ellas hasta propiciar el agotamiento de su proyecto o su desaparición.
La apertura a nuevos territorios y nuevos mercados, la capacidad para especializarse y competir con ventaja en nichos específicos o para posicionarse convenientemente ante los nuevos retos globales es la salida anunciada para sus problemas. Por el contrario, no está nada claro que la solución ante las dificultades financieras que algunas encontrarán en el camino, radique en una creciente dependencia de los presupuestos públicos, que, al final, acaba siendo una tenaza insoportable para su autonomía y su dinamismo.
Pero, de momento, los hechos siguen mostrándose testarudos: a pesar de algunos augurios que anticipaban su pronto final, no solo siguen siendo el corazón y el motor que impulsa la distribución mundial de noticias sino que han reforzado su papel como garantes de la credibilidad de los hechos contados.
b.- El eje Norte-Sur: dependencia económica, dependencia informativa y NOMIC
Los procesos de información definen el mundo y la posición de las naciones: la información es un bien como cualquier otro medio de producción. No en vano, se define cada vez más como un input productivo. La distribución desigual de la información (y de los soportes de la información) es un fenómeno social y político que afecta a los equilibrios de poder en el mundo: confiere poder al que lo disfruta y distribuye, excluye de los círculos de poder al que carece de ella.
La lógica de la exclusión comienza cuando un territorio -región, nación o comunidad de interés- carece de estructuras y de organizaciones para articular, aprovechar y exportar la información que produce y consume. Hunde sus raíces en mecanismos de dominación de las grandes potencias y ha sido percibida siempre como un instrumento de poder.
La denominada brecha digital no es la causa de la distribución desigual de información, ni tampoco lo son las nuevas tecnologías. No está en el origen del problema, aunque su impacto puede ser determinante para abrir definitivamente un foso entre dos mundos. La potencia de la red global y el dominio que sobre ella ejercen los grandes grupos de comunicación, puede alimentar dos reacciones explosivas en cadena, dos crecimientos exponenciales retroalimentados: uno progresivo, en los sistemas que aprovechan o distribuyen la información, y otro regresivo, en los sistemas abandonistas o excluidos.
Las nuevas tecnologías pueden acentuar la lógica de la exclusión, pero... también facilitar lo contrario: el acceso de todos a más y mejores fuentes. Depende de si los principales actores evolucionan en uno u otro sentido, si el mundo entero entra en una fase no excluyente o continúa creciendo la economía basada en la marginación.
El eje económico Norte-Sur ha potenciado y potencia un flujo paralelo de información desde los países del norte hacia los del sur, de modo que la mayoría de ellos consume la información servida por instrumentos ajenos que combinan objetividad y profesionalidad con un enfoque particular y lejano de las cosas. Muy pocos países disponen de un instrumento reconocido para contar, a su manera, la realidad del mundo.
Fue hace 35 años cuando las instituciones multilaterales pusieron el foco sobre los flujos informativos en el mundo: nació la idea del Nuevo Orden Mundial de la Información y la Comunicación bautizado por sus siglas, NOMIC. Una reunión de 18 expertos de la UNESCO celebrada en Montreal en 1969 concluyó que la libre circulación de la información generaba un intercambio desigual entre los países y regiones del mundo y se convertía, de hecho, “en un flujo unidireccional de los países desarrollados hacia aquellos en desarrollo”. Cuatro años después, los Países No Alineados denunciaron en Argel, en su IV Cumbre, que el dominio del flujo mundial de la información por ”las cuatro grandes” agencias -Associated Press, Reuters, UPI, France Press- era absoluto. Dos de ellas eran estadounidenses, AP y UPI, otra inglesa, Reuters, y la última francesa.
Entre 1969 y 1986 se producen más de 75 reuniones, coloquios, simposios, cumbres de jefes de estado y gobierno, conferencias intergubernamentales y congresos auspiciados por la ONU, a través de la UNESCO, sobre el Nuevo Orden Mundial de la Información y la Comunicación. Era un momento en que se identificaba claramente a las agencias como un instrumento de poder determinante en la distribución mundial de la información. Hoy ese poder es más difuso y de menor entidad que el generado alrededor de los grandes grupos de comunicación, pero sigue actuando en el mismo sentido.
La lógica de la distribución desigual de la información se mantiene inalterable. Los países más dependientes económicamente consumen información servida por las agencias y los medios audiovisuales de los países del Norte; ese consumo les arrastra a conocer más lo lejano que lo próximo. De ese modo la dependencia informativa acentúa la dependencia económica porque, al dificultar el intercambio de ideas y conocimientos entre los países vecinos, facilita las incomprensiones y los recelos históricos que alimentan el aislacionismo. Se convierte en un lastre para la articulación territorial de las regiones del mundo y su integración económica y social.
En un editorial publicado el 22 de abril de 1922, el prestigioso diario español El Sol sostenía: «Nos hace falta que una agencia hispanoamericana se encargue de poner en relación a los países de nuestra habla, que ahora no tienen, en muchos casos, otras noticias que las que envían las agencias norteamericanas. Si no tenemos cables nuestros no podremos hacer entre nosotros otros negocios que los que los extranjeros no quieran quitarnos».
El nacimiento de EFE resolvió esa necesidad de España, primero, y en buena medida, también de Latinoamérica. Pero, en la mayoría de los países y territorios del mundo, las necesidades desveladas por el diario El Sol siguen siendo similares 80 años después. La razón es clara: los acontecimientos dominantes son, simplemente, los que interesan al poder dominante en cada momento. La opacidad puede instalarse sobre los grandes problemas de la humanidad mientras los medios ponen el foco en cualquier otro suceso que produzca brillo y en el que estén interesados. Cualquier ciudadano de los países en desarrollo dispone de una gran información sobre los acontecimientos de EEUU y las bondades del modo de vida occidental pero puede desconocer las necesidades del país vecino, aquellas que podría aspirar a satisfacer vendiendo sus servicios y conocimientos.
En 1975, el profesor John T. McNelly, de la Universidad de Wisconsin, presentó un informe en la «Reunión de expertos sobre el establecimiento de arreglos de intercambios de noticias en América Latina», celebrada en Quito, en el que se preguntaba qué tipos de noticias extranjeras se asignaba más importancia en Iberoamérica. El informe no dejaba lugar a dudas: «Los medios latinoamericanos de comunicación social parecen dedicar más atención a las noticias de América del Norte y de Europa que a las de la propia región»
Si la dependencia informativa dificulta el conocimiento de lo próximo, la autonomía informativa potencia la intercomunicación entre los entornos cercanos y una inserción más equilibrada de lo local con lo global. Entre lo uno y lo otro, facilita el desarrollo del espacio regional, el entorno que, cada vez más, se vislumbra como imprescindible para cimentar las relaciones comerciales y la integración económica.

c.- Intereses generales versus intereses nacionales.
El nacimiento de las grandes agencias ha estado vinculado a impulsos políticos de los países hegemónicos amparados en la defensa de un interés general nacional. ¿Cómo se define éste interés en los momentos actuales?
Los países tienen una necesidad ineludible de hacerse oír en los escenarios internacionales y hacer valer allí y en todos los sitios sus opciones. Siempre ha sido así.
En el editorial de hace 80 años ya citado, el diario español El Sol añadía: «Es necesario que España se dote de una agencia que organice debidamente sus informaciones del extranjero. Actualmente somos ciegos a los que los lazarillos extraños están leyendo las noticias del mundo, escogiéndolas y adobándolas según sus conveniencias».
Ahora, cuando las fronteras de los estados se hacen permeables, el tamaño del problema se ha incrementado. Porque la presencia exterior de cada nación depende, en mayor medida, de la potencia de sus instituciones y empresas en el mundo. Las fronteras son, cada vez menos, un asunto territorial, dependen crecientemente de la mayor o menor capacidad de influencia de sus mensajes.
Esa realidad requiere instrumentos con la autoridad para arroparlos mediante la persuasión, de forma que los mensajes aparezcan diseminados en un conjunto caracterizado por la credibilidad y la profesionalidad. La capacidad de influir depende, más que nunca, de la potencia emisora de la organización que distribuye la propia perspectiva.
El hacerse oír es una consecuencia del saber contar las cosas según un determinado punto de vista. Y ello requiere, a la vez, disponer de oídos propios y disponer de un altavoz para poner el foco en los acontecimientos que interesa resaltar. Ello se asocia al derecho a estar conveniente y suficientemente informados y a la capacidad de informar desde una determinada sensibilidad.
Esa capacidad identifica un valor que podríamos denominar soberanía informativa. Un concepto que define la potestad de una comunidad para ejercer las funciones de recogida, almacenamiento, tratamiento y transmisión de información, un recurso que todas las grandes naciones independientes quieren preservar y ampliar, y de hecho lo hacen.
Esto explica que, en algún momento, la supervivencia de muchas grandes agencias haya estado justificado por el interés general nacional como factor de influencia y canal de comunicación privilegiado de un país. Por un lado, condensa como se ha expuesto más arriba, una forma de sentir y de pensar y de hacer historia. Por otro, facilita el nacimiento y el prestigio de la imagen de marca del país, algo imprescindible para prestigiar sus productos “made in...” y atraer capitales a su territorio.
Pero su alma nacional y su dependencia nacional crea, a la vez, recelos entre los ciudadanos de otros países cuando exporta información sobre hechos domésticos o se refiere a la actividad de “sus” empresas transnacionales. Y también en una parte de sus propios ciudadanos que desconfían de su endulzada visión oficial, cuando no de su dependencia gubernamental. Esa situación es común a todas las agencias sin exclusión, también las más profesionales y globalizadas, incluida AP, cuando se refiere a noticias que ponen en juego los intereses nacionales norteamericanos, (por no hablar de las limitaciones y los privilegios que asume por viajar encastrado y “contar” las acciones del ejercito de su país en la invasión de Irak).
Por encima de esos u otros episodios que demuestran la conexión entre agencias e intereses nacionales, lo cierto es que existen vectores que empujan también a las agencias y sus gestores a ganar distancia respecto a los intereses inmediatos de sus gobernantes y de su alma nacional. De alguna forma intuyen que para ganar o mantener la credibilidad deben evolucionar y desnacionalizarse, del mismo modo y al tiempo, aunque no siempre por los mismos motivos, que lo hacen los principales agentes económicos “nacionales”.
Esa desnacionalización, como a continuación se analiza, no despoja a las agencias del marchamo del interés general sino que la vincula a otras formas del mismo más cercanas al ciudadano de nuestro tiempo, que identifica interés general con valores globales -- desarrollo sostenible, paz– asociados al futuro de la humanidad y del planeta.

d.- Ciudadanos del mundo, desnacionalización de las agencias.
Al tiempo que se internacionalizan las empresas y las instituciones, se globalizan los hechos informativos, es decir, se globalizan la economía, la ciencia, la tecnología, el ocio y el deporte. Junto a ellos, la guerra, el hambre, la explotación de la infancia, el calentamiento del planeta o los malos tratos a las mujeres, pasan a formar parte de los problemas de la humanidad.
Sostiene el polaco Ryszard Kapuscinski, Premio Príncipe de Asturias y uno de los grandes reporteros del mundo, que “la revolución electrónica liquidó dos obstáculos que impedían el camino hacia ese proceso de globalización: el espacio y el tiempo. Superados esos dos escollos, se abrió ante los hombres la posibilidad de comunicarse globalmente”. 2
La información de la que dispone un ciudadano ensancha sus intereses hacia nuevos y más lejanos horizontes. Con ellos, y a través de la información sobre ellos, se desarrolla una nueva forma de sentir general: la de ciudadano del mundo.
Ese ciudadano va desarrollando su propia perspectiva de los acontecimientos y observa con horror como los gestores de lo inmediato, los intereses de las grandes potencias, los corporativismos de grupos locales y los intereses nacionales pueden ir en contra del interés general de la humanidad.
Aunque adquiere y fortalece día a día una conciencia universal observa el mundo desde una determinada percepción. Se siente ciudadano del mundo pero lo es desde su propia sensibilidad cultural, que lo vincula, desde su nacimiento, a una historia, la de su entorno, que le ha sido contada desde una lengua y unos códigos determinados. No siente que se desarraiga, porque su perspectiva se amplía al tiempo que le enriquece. Es catalán o valenciano y es español, pero es también cada vez más mediterráneo y latino y europeo. Y, además, latinoamericano. Y nada de eso lo percibe como excluyente.
Desde ahí, desde todas esas culturas superpuestas, ha construido su noción de ciudadano del mundo. Y quiere que, desde todas ellas, se componga la mirada desde la que le informen.
Pero volvamos a las agencias. Lo expuesto afecta o acabará afectando a su misión, sus objetivos y su organización como se irá viendo a lo largo de la lectura de este libro. Aunque dispongan todavía de un alma nacional basculan cada vez más sobre esos planteamientos universales que globalizan los intereses y las pautas informativas. Deben saber evolucionar y saber hacer crecer sus banderas y ampliar sus horizontes para encontrar su brújula y su ancla y navegar en las agitadas aguas de la globalización del mundo de la información.
El punto de partida es conocido. Hace muchas décadas que las agencias –las grandes agencias- son organizaciones globales, pero adosadas a un estado-nación. Y eso significa que tiñen de un color singular y nacional la mirada desde la que observan el mundo y que se financian desde un mercado natural que coincide con el área de influencia cultural y lingüística de sus estado de origen... cuando no de sus presupuestos.

El futuro significará probablemente una cierta distancia de su mercado nacional y una mayor cercanía espontánea con sus otros mercados naturales, aquellos atados por una afinidad lingüística, cultural y económica. Hasta el punto de identificarse más con los intereses generales de una comunidad supranacional que de los intereses nacionales de su estado-nación. Ese paso afectará a todas las grandes agencias internacionales y, entre ellas y especialmente, a las pertenecientes a un segundo nivel que se verán empujadas a acentuar el dominio de sus principales mercados regionales. Hasta hacerse, por poner ejemplos, más latinoamericana que española en el caso de EFE, más centroeuropea que alemana en el caso de DPA, más euroasiática que rusa en el caso de Itar TASS.


No es utopismo. Significa acompasar su crecimiento con el de otras empresas e instituciones. Significa o significará, ni más ni menos, ser tan latinoamericanas como las empresas españolas transnacionales o tan centroeuropeas como las alemanas deslocalizadas. En ese intermedio conflictivo se mueven las agencias y parte de sus objetivos y problemas, parte de sus oportunidades y riesgos dependen de la forma en que perciben esa realidad.
Esa realidad, más abierta y compleja que la de hace veinte años, recomienda actualizar la vinculación de las agencias al interés general, entendido como el conjunto de necesidades esenciales de los ciudadanos que deben ser satisfechas aunque el mercado no las cubra.
Hay todavía algo más que debe incorporarse al razonamiento antes de adaptar el concepto de interés general a la globalización de la información. Tiene que ver con la misión de las agencias que no es otra que garantizar una cobertura permanente y equilibrada de las diversas zonas del mundo desde el punto de vista noticioso.
Para las agencias es una obligación “estar allí siempre”, incluso en los muchos momentos en que los hechos contados no tienen ningún interés desde la más rabiosa actualidad informativa. Es obvio que, cuando una zona es ya noticia, los grandes grupos mediáticos pueden desplazar a sus corresponsales y organizar una cobertura intensiva de los acontecimientos que en ella ocurren. Las agencias, sin embargo, deben garantizar esa cobertura de forma permanente, antes y después de convertirse en el punto apetecido por todos los medios.
En un mundo en que el ciudadano está bombardeado por un exceso de información, percibida como un ruido que le impide quedarse con lo importante, la manipulación se articula mediante un enfoque selectivo e interesado de la realidad: enfocar la parte que interesa resaltar, dejar en la sombra la parte que se debe ocultar. Lo contrario de luz y taquígrafos, lo contrario de cualquier actitud a favor de la transparencia y credibilidad. La no información de un acontecimiento produce un apagón informativo, pero la oscuridad consecuente no es equivalente a la ausencia de información sino la evidencia de la desinformación.
La actividad de las agencias es la última garantía de que el apagón informativo no se producirá del todo. Son la seguridad de que los hechos llegan a los medios de todas las tendencias y regiones con la mayor objetividad de la que cualquier mirada humana sea capaz. Información en estado puro para relatar solo los hechos y sus protagonistas, con un lenguaje limpio, sin contaminar de la opinión del redactor.
Son focos generales de luz que trasladan de un sitio a otro los acontecimientos que pueden interesar al mundo. Un flujo voluminoso de información que en los hilos de las grandes agencias significa una oferta de noticias diez veces superior a la que un gran diario puede publicar. Un caudal continuo y suficientemente equilibrado que llega cada día a todos los medios para que, cada uno, resalte lo que considere de su interés.
Si, a pesar de su actividad, la oscuridad informativa se instalara sobre un acontecimiento o un territorio, son también la última garantía efectiva del ejercicio de la libertad de prensa, pues aseguran unas condiciones mínimas y suficientes para el nacimiento de nuevos medios, de nuevos proyectos informativos independientes. Por una pequeña tarifa, ofrecen un flujo de noticias capaz de abastecer las páginas de cualquier proyecto.3 Por un coste algo mayor, al alcance de muchos diarios de tamaño mediano, es posible contratar simultáneamente los servicios de varias agencias y, con ello, multiplicar la capacidad de contraste y la independencia informativa.
Lo anterior significa que la actividad de las agencias incorpora muchos valores intangibles que están asociados al interés general de los ciudadanos. Pero es un interés general que trasciende, cada vez más, la perspectiva nacional y enlaza con aspectos culturales supranacionales y con aspiraciones globales de los habitantes del mundo.
Sus gestores deben ser conscientes de la importancia de defender un planteamiento informativo que conecta con los nuevos derechos de un mundo global. Es decir, que sin dejar de defender lo nacional, conecta lo local y lo global a través de culturas y sensibilidades regionales y de valores universales. Por un lado, son organizaciones de origen nacional que responden y mantienen una conexión con el interés general nacional; por otro, están conectadas a una percepción cultural y lingüística supranacional y, por tanto, sujetas al interés general de una comunidad que trasciende las fronteras de los estados y que vincula a sus miembros por otros lazos; por último, son organizaciones globales que hacen factible la independencia y la libertad informativa y responden y están vinculadas, por tanto, a un interés general universal.
Esa función social forma parte de la esencia del trabajo y la actividad de las agencias, con independencia de su carácter jurídico como organización. Sea empresa privada o pública, cooperativa de medios u organismo autónomo, desarrollan una función de interés general, en mayor medida cuanto más calidad, rigor y equilibrio tienen sus servicios. La norteamericana Associated Press, las británicas Reuters y Press Association, la francesa France Presse, EFE, DPA y ANSA, son, en ese sentido, organizaciones similares que defienden el interés general.
Ello las exige una demostración de credibilidad en sus contenidos y de independencia como organización, algo que en un proveedor de información, como en cualquier otro medio, es fundamental para su éxito. Si nadie utiliza como fuente un diario, una emisora de radio o una cadena de televisión que no es creíble, tampoco una agencia.




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