Capítulo II



Descargar 180.9 Kb.
Página1/3
Fecha de conversión07.07.2017
Tamaño180.9 Kb.
  1   2   3

CAPÍTULO II

LA VIABILIDAD DE LA POLÍTICA FISCAL: 2000-2005

Dr. Julio A. Santaella

ITAM*


Este trabajo utiliza la metodología propuesta por Talvi y Végh (2000) para evaluar la viabilidad de la política fiscal de México en el periodo de 2000 a 2025. Un análisis superficial de la postura fiscal en México arroja que no hay problemas evidentes de inviabilidad en el futuro cercano. Sin embargo, el reconocimiento de las obligaciones contingentes del sector público fácilmente traslada la política fiscal hacia una senda insostenible en el largo plazo. Por tal motivo, se recomienda un ajuste fiscal de entre 1% y 1.5% del PIB.
1. INTRODUCCIÓN
Este trabajo tiene por objeto evaluar la viabilidad (o sostenibilidad) de la política fiscal en México para el periodo de 2000 a 2025. La coyuntura actual es sumamente propicia para realizar un análisis de este tipo. En el ámbito económico, es un ejercicio oportuno luego de la consolidación de la deuda por concepto del saneamiento bancario y de la reforma a la ley de la seguridad social. En el ámbito político, la proximidad del cambio de administración —pasando democráticamente por primera vez en más de un siglo de un partido político a otro— hace importante evaluar la viabilidad de la política fiscal. Los desafíos por venir en materia fiscal son muchos: completar la reforma de la seguridad social, instrumentar una reforma fiscal integral, reorientar el gasto público hacia nuevas prioridades, revitalizar la inversión pública, atender los rezagos sociales, etc. Estos retos, por necesidad, deberán considerar el margen de maniobra fiscal con el que se goza actualmente.
El diagnóstico que se haga sobre la viabilidad de la política fiscal determinará la conveniencia o necesidad de realizar un ajuste en las finanzas públicas con el objeto de garantizar la solvencia de sector público. El hecho de ajustar las finanzas públicas de una forma oportuna y decisiva determina que la economía mexicana transite de un círculo vicioso a un círculo virtuoso. Una política fiscal inviable es típicamente caracterizada por una situación de crecimiento insostenible de la deuda pública. Esta situación de inviabilidad entra en un círculo vicioso cuando los agentes económicos conocen la postura fiscal y comprenden la necesidad de un ajuste fiscal. Al no presentarse este ajuste en forma oportuna o suficiente, los agentes demandarán un mayor rendimiento en la deuda pública para reflejar el mayor riesgo de incumplimiento que la inviabilidad significa. Las mayores tasas de interés tienen dos efectos negativos que refuerzan el círculo vicioso. En primer lugar, afectan directamente a las finanzas públicas pues incrementan el costo de servir la deuda pública. En segundo lugar, mayores tasas de interés también afectan indirectamente a las finanzas públicas al desincentivar la inversión y menguar el crecimiento económico. Queda claro, pues, que una situación de inviabilidad de la política fiscal deberá ser enfrentada con un ajuste fiscal para pasar a un círculo virtuoso de menores tasas de interés, mayor inversión, mayor crecimiento y mejor postura fiscal.
Por supuesto, consideraciones de solvencia no son la única razón por la cual puede argumentarse la conveniencia de realizar un ajuste fiscal. Ya en la presente administración se argumentó con razón, que una de las formas más efectivas de incrementar el ahorro nacional—vital para financiar la inversión—era a través de un superávit fiscal.1 Asimismo, el mantenimiento de una política fiscal sana es crucial para apoyar creíblemente a la política monetaria en la búsqueda de tasas de inflación reducidas, y para reducir la vulnerabilidad de la economía ante la volatilidad de los mercados internacionales de capital. Finalmente, consideraciones microeconómicas de eficiencia, eficacia y equidad también serán factores adicionales para justificar reformas a la política fiscal.2
Este no es el primer estudio sobre la viabilidad de las finanzas públicas que se hace para el caso mexicano. Para mencionar tan sólo algunos trabajos anteriores, Werner (1992) estudia restrospectivamente el periodo 1982-88 y concluye que la política fiscal puede caracterizarse como insolvente durante dicho lapso. Solís y Villagómez (1999a) estudiaron el periodo 1980 a 1997 y confirman el resultado de Werner (1992) para la década de los ochenta, mientras que concluyen que la política fiscal es sostenible si se considera únicamente el periodo 1988-97.3 Por su parte, Sales y Videgaray (1999) realizan un análisis prospectivo para el periodo 1998 a 2070 con un énfasis en el uso de las cuentas generacionales, y no encuentran evidencia de inviabilidad fiscal.4 Finalmente, Aguilar y Gamboa (2000) tratan tangencialmente el tema de la viabilidad fiscal en el contexto de la coordinación entre las políticas fiscal y monetaria para México.
El contenido de este capítulo es el siguiente. Primeramente se hace un breve recuento de la evolución reciente de las finanzas públicas en México. En la segunda sección se describe la metodología utilizada para evaluar la viabilidad de la política fiscal. La tercera sección del trabajo contiene la parte medular de este estudio. Inicia con una simulación básica de la viabilidad fiscal, para hacer después un par de ejercicios que tratan de incorporar las obligaciones contingentes del sector público. Posteriormente se presenta un análisis de sensibilidad y un ejercicio que contempla un escenario de ajuste fiscal. Finalmente se concluye resumiendo los resultados obtenidos y se presenta una serie de observaciones sobre el futuro de la política fiscal en México.
2. EVOLUCIÓN RECIENTE DE LAS FINANZAS PÚBLICAS EN MÉXICO
La política fiscal ha sido una de los principales instrumentos de política económica de los gobiernos mexicanos. Para comprender mejor la evolución reciente de las finanzas públicas, es necesario ponerlas en el contexto de la situación económica que imperó en el país durante los últimos seis años.5
No es fácil olvidar que en 1995 se desencadenó una profunda emergencia económica que abarcó múltiples facetas: una crisis cambiaria, una crisis de pagos de deuda externa, y una crisis bancaria.6 Asimismo, la volatilidad que los mercados financieros internos y externos experimentaron durante 1995, acrecentó las dificultades que enfrentó la economía mexicana. En estas circunstancias, se desató una espiral de incrementos entre el tipo de cambio, las tasas de interés y el nivel de precios. Como consecuencia de esta crisis multifacética, la actividad económica y el empleo sufrieron una contracción inédita por la magnitud y la rapidez con la que ocurrió.
La política fiscal jugó un papel muy importante en la estrategia empleada para enfrentar el ajuste económico de 1995. Se adoptaron una serie de medidas para fortalecer las finanzas públicas, entre las que destacan el incremento de la tasa general del Impuesto al Valor Agregado de 10 a 15 por ciento, y un recorte importante en el gasto programable del gobierno federal. Estas medidas permitieron compensar parcialmente el desplome de los ingresos tributarios (como consecuencia de la recesión) y el incremento en el pago de intereses sobre la deuda pública (como consecuencia de las mayores tasas de interés y el tipo de cambio más depreciado). Como resultado, el balance público en 1995 estuvo prácticamente equilibrado registrando un ínfimo déficit, lo cual se compara con un balance superavitario de 0.24% del PIB en 1994 (Cuadro 1).























Cuadro 1. México: Principales Indicadores de Finanzas Públicas, 1994-99.

(Porcentajes del PIB)




 

1994

1995

1996

1997

1998

1999

Gobierno Federal



















Ingresos

15.52

15.25

15.54

15.86

14.17

14.52

Ingresos Tributarios

11.29

9.27

8.95

9.83

10.51

11.21

Sobre la Renta

5.13

4.01

3.85

4.26

4.41

4.62

Valor Agregado

2.71

2.82

2.86

3.08

3.12

3.27

Producción y Servicios

1.97

1.35

1.18

1.43

1.99

2.29

Otros

1.47

1.09

1.07

1.07

1.00

1.04

Ingresos No Tributarios

4.23

5.98

6.59

6.03

3.66

3.31

Gasto

15.58

15.95

15.96

17.13

15.87

16.27

Programable

10.39

9.25

9.20

10.32

10.21

9.96

No Programable

5.19

6.70

6.76

6.81

5.66

6.31

Pago de Intereses

1.91

3.83

3.73

3.60

2.49

3.13

Otros

3.28

2.87

3.03

3.22

3.17

3.18

Otros Gastos

0.28

0.10

0.04

0.09

0.06

-0.02

Balance Total del Gobierno Federal

-0.34

-0.80

-0.45

-1.36

-1.75

-1.73






















Balance Org. y Emp. Bajo control Directo Presupuestal

0.38

0.63

0.33

0.74

0.51

0.61

Balance Presupuestal

0.04

-0.17

-0.13

-0.62

-1.24

-1.13






















Balance Org. y Emp. Bajo control Indirecto Presupuestal

0.19

0.16

0.14

-0.11

-0.01

-0.01

Balance Público

0.24

-0.01

0.01

-0.72

-1.25

-1.14






















Pago de Intereses Totales

2.34

4.63

4.39

4.11

2.91

3.56

Balance Público Primario

2.43

4.67

4.34

3.51

1.71

2.53






















Deuda Bruta Total del Gobierno Federal

35.32

40.84

31.12

25.78

27.81

25.43

Activos Financieros

1.01

1.36

0.52

0.45

0.92

1.13

Deuda Neta Total del Gobierno Federal

34.31

39.48

30.60

25.32

26.90

24.30

 

 

 

 

 

 

 

Fuente: Elaborado con información de la SHCP.



















Además de la política fiscal propiamente, otras políticas adoptadas para enfrentar la crisis de 1995 tuvieron un impacto, directo o indirecto, sobre las finanzas públicas. Destacan dos acciones importantes adoptadas en 1995. Primero, se decidió reformar el sistema de pensiones para los trabajadores (del sector privado) afiliados al Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS). La reforma involucró pasar de un esquema de reparto con beneficios definidos que actuarialmente era insolvente, a un esquema de contribuciones definidas y capitalizables que fueran administradas por el sector privado.7 Dicha reforma entró en vigor a partir del segundo semestre de 1997. La segunda medida importante de política con impacto directo sobre las finanzas públicas, fue el programa de saneamiento financiero para hacer frente a la crisis bancaria. Dicho programa involucró, entre otras acciones, intervenciones bancarias, medidas para la capitalización de los bancos, sustitución de cartera bancaria por deuda pública, apoyo a deudores, etc.


A partir de 1996 la economía mexicana entró en una fase de plena recuperación con ciertos claroscuros. Los niveles de producción y empleo se fueron restableciendo paulatinamente, especialmente en aquellos sectores vinculados a la exportación. Los mercados financieros redujeron sustancialmente su volatilidad, lo que permitió que el tipo de cambio se estabilizara y las tasas de interés se redujeran poco a poco, mientras que la inflación comenzó a descender rápidamente. Este ambiente positivo estuvo seriamente amenazado a finales de 1997 y durante 1998 por varios sucesos originados en el exterior: crisis financieras (de diversa índole y magnitud) en el oriente asiático, en Rusia y en Brasil. Este entorno externo se reflejó en una renovada volatilidad de los mercados financieros en dicho periodo, así como en un desplome de los precios de petróleo en 1998. Ante esta situación de adversidad, en 1998 la economía mexicana experimentó una ligera desaceleración de la producción y el empleo, que fue aminorada por la continuada y vigorosa expansión de los Estados Unidos. Afortunadamente, las turbulencias financieras fueron pasajeras y en 1999 el panorama externo recobró su rumbo, volviendo a ejercer una influencia positiva sobre el entorno mexicano, con lo cual se consolidó la expansión de la economía mexicana.
Paradójicamente, la recuperación económica que la economía mexicana experimentó desde 1996 no ha estado aparejada por un fortalecimiento similar en las finanzas públicas. A pesar de que los ingresos tributarios registraron una mejora de 1996 a 1999 (pasando de 9.0% a 11.2% del PIB) los ingresos no tributarios cayeron sustancialmente en el mismo periodo (de 6.6% del PIB en 1996 a 3.3% del PIB en 1999), explicado en buena medida por el abrupto y marcado descenso de los precios del petróleo en 1998.8 En consecuencia, los ingresos totales del Gobierno Federal cayeron en un punto porcentual del PIB, pasando de 15.5% en 1996 a 14.5% del PIB en 1999. Por su parte, los gastos del Gobierno Federal tuvieron un ligero repunte al crecer de 16.0% del PIB en 1996 a 16.3% del PIB en 1999. El desenvolvimiento de los ingresos y egresos repercutió en un mayor déficit del Gobierno Federal: 1.7% del PIB en 1999, comparado con 0.5% del PIB en 1996. Un deterioro similar puede apreciarse al incluir las empresas y organismos bajo control presupuestal, dando como resultado que el balance público pasara de una posición de presupuesto equilibrado en 1996, a

–1.14% del PIB en 1999. Asimismo, el superávit público primario se deterioró de 4.3% del PIB en 1996 a 2.5% del PIB en 1999.



El ligero deterioro en las finanzas públicas que se registra a partir de 1997 está relacionado, al menos parcialmente, con la reforma de la seguridad social y al rescate financiero mencionados anteriormente. Ambas medidas ocasionaron que el Gobierno Federal asumiera nuevas obligaciones, aunque el saneamiento financiero impactó principalmente al recién creado Instituto para la Protección del Ahorro Bancario (IPAB). La nueva ley del seguro social hizo al Gobierno Federal responsable de pagar las pensiones en curso y las que se generen al amparo del anterior esquema de jubilaciones, así como el incremento en otras cuotas de salud y la contribución social al fondo de retiro de los trabajadores. Dichas erogaciones contribuyeron, entre otros factores, a que el gasto programable del Gobierno Federal creciera en más de un punto porcentual del PIB de 1996 a 1997.
Aunque los flujos de las finanzas públicas registraron un deterioro en el lapso 1996-99, el saldo de deuda pública neta del Gobierno Federal se redujo como proporción del PIB. Así, luego de haber crecido de 34.3% del PIB en 1994 a 39.5% del PIB en el transcurso de la emergencia económica de 1995, dicho saldo cayó hasta un 24.8% del PIB en 1999. Por supuesto, esta reducción de la deuda como porcentaje del PIB—que excluye los pasivos originados en como consecuencia del rescate bancario contabilizados en el IPAB—es debida al rápido crecimiento del Producto Interno Bruto a precios corrientes que se dio durante el periodo analizado.
En suma, la evolución reciente de las finanzas públicas en México puede dividirse en dos periodos. Durante 1995 y 1996 la postura fiscal fue claramente contraccionaria, dado que una férrea disciplina fiscal era crucial para enfrentar la crisis financiera de 1995. En un segundo periodo, a partir de 1997, la postura fiscal se relajó ligeramente al terminar la situación de emergencia. Este relajamiento fiscal se debió, al menos en parte, a la reforma de las pensiones del IMSS y a los programas de saneamiento financiero.
3. DEFINICIONES Y METODOLOGÍA DE LA VIABILIDAD
La definición de viabilidad o sostenibilidad fiscal se deriva de la restricción intertemporal del sector público, misma que puede reconstruirse a partir de la restricción presupuestal para cada periodo. Infinidad de autores, entre los que se pueden citar a Buiter (1990), Blanchard (1990) y Talvi y Végh (2000) entre muchos otros, discuten el concepto de la viabilidad de la política fiscal. Asimismo, la viabilidad de la política fiscal está íntimamente relacionada con la dinámica de la deuda pública, y como tal, ha sido abordado también por numerosos autores.
Sea Bt el saldo de la deuda pública al final del periodo t; Gt el gasto público primario, es decir, excluyente del pago de intereses sobre la deuda pública; Tt el ingreso público; y r la tasa de interés sobre la deuda pública. Todas las variables están medidas en términos reales y por simplicidad se supone que la tasa de interés es constante. Entonces la restricción presupuestal del sector público para un solo periodo puede escribirse como:
(1) .
La ecuación anterior indica que el cambio en la deuda pública se originará de la diferencia entre los egresos públicos (incluyendo el pago de intereses) y los ingresos públicos. Ignora, para facilidad del análisis, los posibles ingresos públicos provenientes de la emisión monetaria. Esta misma restricción presupuestal puede escribirse como proporción del producto real de la siguiente forma:
(2) ,
donde bt es la deuda pública y st es el balance o superávit primario, ambos como proporción del producto. Por otro lado, g es la tasa de crecimiento real del producto, misma que también se supone constante.
A partir de la ecuación (2) puede construirse la restricción presupuestal intertemporal del sector público. Dado que (2) involucra el saldo de deuda pública en dos periodos consecutivos, puede iterarse sobre sí misma para ir eliminando los saldos futuros de deuda. El procedimiento iterativo se realiza despejando bt-1 en (2), adelantando un periodo de tal forma que bt quede en función de bt+1 y de st+1, para luego sustituir nuevamente en (2). Iterando n veces obtendríamos:



Si suponemos que la deuda pública no puede crecer explosivamente, entonces el último término de la ecuación (3) tiende a desaparecer en el límite cuando n tiende hacia un número infinito de periodos.9 En tal caso, el proceso iterativo convergirá a la restricción intertemporal del sector público, que será:


(4) .
Esta restricción presupuestal intertemporal del sector público indica que el saldo inicial de deuda pública deberá ser igual a valor presente descontado de la senda de superávits primarios futuros. Conviene hacer hincapié en los signos que están detrás de la restricción presupuestal intertemporal (4). Una deuda inicial debe corresponder a un valor presente positivo de los balances primarios futuros. Por ende, sólo si el sector público iniciara con una posición acreedora (bt-1 < 0) podría entonces satisfacerse la restricción presupuestal (4) con una postura deficitaria en el valor presente de los balances primarios futuros.
Usando la ecuación (4) podemos establecer la siguiente:
Definición de viabilidad fiscal: Se dice que una política fiscal es viable en t si , la trayectoria planeada del superávit primario desde t hasta infinito, satisface (con desigualdad) la restricción presupuestal intertemporal (4) para ciertos valores dados de g, r y bt-1.
La definición de viabilidad fiscal es un concepto ex ante y no ex post. La viabilidad se refiere a una trayectoria planeada de antemano del superávit primario y no a la trayectoria realizada históricamente por dicho superávit. Por supuesto, en un sentido ex post, el sector público siempre cumplirá con su restricción presupuestal. Este cumplimiento ex post de la restricción presupuestal se daría con un ajuste del gasto, de los ingresos, o acudiendo a una modificación del valor de la deuda pública. El valor de la deuda pública se puede reducir en una forma explícita (vía repudio o renegociación forzosa) o implícita (vía licuación inflacionaria).
Para construir un indicador de viabilidad, Talvi y Végh (2000) definen el concepto de superávit primario permanente como aquel balance constante en el tiempo, pero cuyo valor presente descontado sería igual al de la trayectoria del superávit primario planeado. Es decir,
(5) .
Definido de esa manera, el superávit permanente puede factorizarse en el lado izquierdo de la ecuación (5). En el caso de una política fiscal sostenible, puede sustituirse el lado derecho de (5) por la ecuación (4). Resolviendo para el superávit primario permanente se obtiene:
(6) ,
lo cual indica que, bajo una senda sostenible, el superávit primario permanente debe ser igual al pago efectivo de intereses sobre la deuda inicial del gobierno. Además, puede demostrarse que cuando se cumple la ecuación anterior, la deuda pública como proporción del producto se mantendrá constante.
Finalmente, Talvi y Végh (2000) definen al indicador de viabilidad fiscal de la siguiente forma:
(7) .
es la diferencia entre dos distintos balances primarios permanentes. El primer término del lado derecho de (7), dado por la ecuación (6), es igual al superávit primario permanente bajo condiciones de viabilidad fiscal. El segundo término es el superávit primario permanente que se planea ejecutar ex ante.
La intuición detrás del indicador de viabilidad definido por (7) es muy sencilla. Por un lado, si entonces la política fiscal planeada a partir de t es sostenible en un sentido ex ante, puesto que el superávit primario permanente es mayor o igual al pago efectivo de intereses sobre la deuda inicial. Específicamente, si entonces vemos que el balance primario permanente es exactamente igual al pago efectivo de intereses sobre la deuda pública inicial, tal y como lo establece la ecuación (6). Por otro lado, si entonces la política fiscal planeada ex ante es insostenible. En este caso el superávit primario permanente planeado es insuficiente para cubrir el pago efectivo de intereses sobre la deuda pública y por tanto viola la restricción presupuestal intertemporal del sector público.
Una de las ventajas de es que indica la diferencia necesaria para restablecer la viabilidad fiscal. Es decir, el valor numérico de este indicador de viabilidad fiscal nos dice el monto del ajuste fiscal necesario para cumplir la restricción presupuestal (4).
La dificultad para instrumentar el indicador estriba en que depende del conocimiento del superávit primario permanente que se planea incurrir ex ante. Este concepto captura toda la trayectoria futura de los balances primarios planeados, lo que suele ser muy difícil de conocer en la práctica. Por tal motivo, Blanchard (1990) sugiere construir un indicador similar pero basado en un superávit primario constante para un número finito de periodos, que corresponda al periodo de planeación contemplado en la política fiscal.
Adicionalmente, Talvi y Végh (2000) sugieren el uso del balance macro-ajustado, que corresponde al superávit primario que prevalecería en “condiciones normales.” Dichas condiciones normales varían de país a país, dependiendo de los factores que pudieran afectar la postura fiscal. El ajuste propuesto podría depender del estado del ciclo económico (en cuyo caso se obtendría el llamado balance primario estructural), o del nivel permanente del consumo, o del nivel del precio del petróleo, o alguna otra variable. En cualquiera de estos casos, el superávit primario en determinado momento estaría oscilando alrededor del que prevalecería en “condiciones normales.”
Ya sea que se use el superávit primario permanente “verdadero” o alguna de las otras dos variantes, se construye el indicador de viabilidad con la ecuación (7). Cabe destacar que el uso del balance primario constante de Blanchard (1990) o el superávit primario macro-ajustado de Talvi y Végh (2000), si bien son más fáciles de construir que el balance primario permanente, no producirían un indicador de viabilidad tan preciso como el “verdadero” . Por tal motivo, resulta de mucha utilidad complementar el análisis proveniente del indicador de viabilidad con un análisis de la evolución de la deuda pública, que viene dada por la ecuación (2).
Es importante notar que el marco de estudio de la viabilidad fiscal utilizado en este trabajo ignora los efectos que la política fiscal tendría sobre las tasas de interés y el crecimiento del producto en un modelo de equilibrio general. Como se mencionó en la introducción, prácticamente en cualquier modelo, una política fiscal insostenible requeriría mayores tasas de interés para reflejar el mayor riesgo soberano. A su vez, mayores tasas de interés afectarían negativamente a la inversión y al crecimiento del producto, al menos en el corto y mediano plazo. Mayores tasas de interés y menores tasas de crecimiento del PIB impactarían negativamente a la postura fiscal, arrojando un resultado de mayor inviabilidad y generando un círculo vicioso.


4. EJERCICIOS DE VIABILIDAD FISCAL EN MÉXICO
Esta sección es la parte medular del capítulo y consta de cuatro partes. En la primera se presenta el análisis del escenario básico de la viabilidad de la política fiscal en México para 2000-2025. En la segunda parte se realizan dos simulaciones alternativas con el objeto de incorporar algunas de las obligaciones contingentes que podría enfrentar el sector público en el futuro. En la tercera sección se presenta un análisis de sensibilidad para verificar qué tan robustos son los resultados obtenidos frente a cambios en los supuestos de las simulaciones. En la última sección se estudia la viabilidad fiscal bajo un ejercicio de ajuste fiscal.
4.1. Simulación Básica
Usando como referencia el marco teórico de la sección anterior, se procedió a analizar la viabilidad de la política fiscal para la economía mexicana. Como queda claro del marco teórico, la viabilidad depende fundamentalmente de las siguientes variables: el saldo inicial de deuda pública, bt-1; el balance primario permanente o macro-ajustado, ; la tasa de interés real sobre la deuda pública, r ; y la tasa de crecimiento del producto, g.
En el Cuadro 2 se presentan los valores que se contemplaron en la simulación básica para estas variables a partir de 2000. Salvo por el saldo de deuda pública, las demás variables se supusieron constantes en este escenario básico.
Cuadro 2. Parámetros utilizados en la Simulación Básica.

bt-1

0.404



0.021

r

0.08

g

0.05

El valor inicial (es decir, para 1999) de la deuda pública es quizá el parámetro más controversial de la tabla anterior. El valor utilizado de 40.4% del PIB se obtuvo de sumar la deuda pública neta a final de 1999 (24.8% del PIB) y el saldo de los pasivos del IPAB (15.6% del PIB).10 La controversia sobre este parámetro se debe a la posibilidad de que existan otros pasivos contingentes del sector público que no estuvieran incorporados en el saldo utilizado. Dichas obligaciones contingentes pueden provenir de la reforma de pensiones al IMSS, del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales para los Trabajadores del Estado (ISSSTE), pensiones de las entidades federativas, Pidiregas, obligaciones de la banca de desarrollo (intermediación financiera), etc. Dada esta controversia, en el siguiente apartado se discutirán otros ejercicios que pretenden reflejar la existencia de estos pasivos contingentes. Se puede considerar, por lo tanto, que este ejercicio básico es un tanto ingenuo por ignorar totalmente los pasivos contingentes del sector público.


El balance primario utilizado (2.1% del PIB) corresponde al valor promedio del superávit observado en 1998 y 1999. Quizá el componente más importante para considerar en el superávit primario permanente o macro-ajustado es el desempeño de los ingresos tributarios dependientes del precio del petróleo. En este sentido, 1998 y 1999 son buenos años en cuanto a que reflejan la gran volatilidad del precio del petróleo, como se mencionó en la primera sección. En 1998, cuando el precio del petróleo se desplomó fuertemente, el superávit primario fue de 1.7% del PIB (ver nuevamente el Cuadro 1). Al año siguiente, cuando los precios del petróleo repuntaron en forma notoria, el superávit primario fue de 2.5% del PIB.11
Los otros dos parámetros resultan probablemente menos debatibles. La tasa de interés real supuesta es del 8% anual, valor que no está muy lejos de las tasas observadas en los últimos años para los Udibonos y para algunos bonos globales UMS. Finalmente, la tasa utilizada para el crecimiento del Producto Interno Bruto (5% anual) está muy cerca del crecimiento observado de 1996 a la fecha. Podría argumentarse que tanto la tasa de interés como el crecimiento del producto deberían ir descendiendo gradualmente conforme trascurre el tiempo. Sin embargo, el horizonte de simulación es demasiado corto como para permitir dichos descensos graduales.12
Los resultados de la simulación básica son los valores de la deuda pública como proporción del PIB (Gráfico 1) y del indicador de viabilidad (Gráfico 2). Como puede apreciarse, esta simulación básica muestra que, bajo los parámetros supuestos, la política fiscal es sostenible, incluso con cierta holgura. Luego de veinticinco años, la deuda pública se reduce notablemente, llegando a representar menos del 5% de PIB. Por su parte, el indicador de viabilidad fiscal es negativo durante todo el periodo analizado. Indica que en 2000 podría reducirse el déficit primario en casi un punto porcentual del PIB y mantener todavía un saldo de deuda constante. La marcada reducción de la deuda pública contribuye, por supuesto, a que el indicador de viabilidad mejore sustancialmente, llegando a un valor de

–0.019 para el año 2025.


Gráfico 1. Simulación Básica: Saldo de Deuda Pública sobre PIB.

Gráfico 2. Simulación Básica: Indicador de Viabilidad Fiscal.




Los resultados obtenidos en esta simulación básica son, en un sentido cualitativo, similares a los que obtienen Sales y Videgaray (1999). Estos autores concluyen que, de prevalecer las condiciones supuestas, en el futuro cercano no parece ser evidente que la política fiscal presente problemas de viabilidad.
4.2 Simulación Alternativa Incorporando Pasivos Contingentes
El ejercicio realizado en la simulación básica resulta un tanto ingenuo en cuanto a que ignora completamente la existencia de obligaciones contingentes del sector público. Como se argumentará en esta sección, un ejercicio más realista debe reconocer dichas obligaciones contingentes.
Existen dos distintas alternativas para reconocer la existencia de pasivos contingentes. La primera opción consiste en afectar el saldo de deuda pública con alguna estimación del valor presente esperado de los pasivos contingentes futuros. La segunda opción modifica el flujo de deuda pública (es decir, el superávit primario) con algún supuesto de asunción de los pasivos contingentes conforme las obligaciones se van reconociendo. En esta sección se presentan simulaciones utilizando ambas opciones para el reconocimiento de las obligaciones contingentes.

  1   2   3


La base de datos está protegida por derechos de autor ©bazica.org 2016
enviar mensaje

    Página principal