Capítulo IV. Nada supera a estos Misterios, que de la grosería y



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CAPÍTULO IV.
Nada supera a estos Misterios, que de la grosería y

rudeza transportan nuestra conducta a la amabilidad,

benevolencia y ternura.

CICERÓN: De Legibus, II, 14


Desciende, ¡oh Soma!, en aquella esplendorosa

corriente que eclipsé la luz del sol… ¡Oh Soma!, eres el

océano de vida, por todas partes difundido, que

infundes potencia creadora en los rayos del sol.



Rig Veda, II, 143

… Aparece la hermosa Virgen de abundosa cabellera

con dos espigas en la mano, y se sienta para amamantar

a su Niño.

AVENAR

Se atribuye el Pentateuco a Moisés, no obstante la circunstancia de que relata su



propia muerte498 y de que, por otra parte, el Génesis 499 llama Dan a una ciudad

que, según el libro de los Jueces 500, se llamaba en un principio Laish, y no tomó el

nombre de Dan hasta muy posteriormente. Bien pudo Josías rasgar sus vestiduras501 al

oír las palabras del Libro de la Ley, porque había en él de Moisés tanto como de Jesús

en el Evangelio de San Juan.

Los teólogos están encerrados en la alternativa de confesar o que Moisés era un

impostor o que los libros a él atribuidos son una compilación de textos escritos en

diferentes épocas por distintos autores. En ambos casos pierde el Pentateuco todo

derecho a que se le considere fruto de la revelación divina. Está, por lo tanto, sin

resolver en la Biblia el problema de la palabra del Dios de verdad, pues, según el texto,

dijo Dios a Moisés:

Yo el Señor, que aparecí a Abraham, a Isaac y a Jacob en Dios omnipotente. Y mi nombre

de JEHOVAH no lo manifesté a ellos

502

.

En cambio, tenemos contradictoriamente aquel otro pasaje que dice:



Y llamó el nombre de aquel lugar, Jehovah–jireh (el Señor ve)

503

.

¿Qué pasaje es el verdadero e inspirado? ¿Cuál el mentiroso y falso504?

Marción y los gnósticos tenían por engañosa la idea del Dios encarnado, y negaban, en

consecuencia, la realidad física del cuerpo de Cristo, que decían era pura ilusión, pues

no estaba formado de carne y sangre humanas, ni había nacido de mujer, ni su

naturaleza divina pudo contaminarse por el contacto de la pecadora carne. No admitía

Marción más autoridad apostólica que la de Pablo, cuya predicación se ajustaba al

puro evangelio de verdad, sofisticado por los demás apóstoles con mezcolanzas de la

ley mosaica505.

Podemos añadir, por último, que la exégesis moderna, cuya escrupulosidad data de

fines del siglo XVIII, considera que el texto ordenado por Marción sobre el Evangelio

de San Lucas, único del que supo algo, es mucho más fiel y exacto que el

correspondiente de los sinópticos, y así dice muy bien el autor de Religión sobrenatural

que “a Marción le debemos el verdadero texto de la oración dominical”506.

Si de las sectas cristianas pasamos a la de los ofitas, que estaba en su apogeo en

tiempo de Marción y los basilideanos, hallaremos en ella el fundamento de las herejías

de todas las otras. Como los demás gnósticos, repudiaban por completo los textos

mosaicos, y no obstante algunos toques originales, su filosofía derivaba de la tradición

cabalística de Caldea, basada en los libros herméticos, en las enseñanzas de Manú y en

las prevédicas doctrinas de la religión de sabiduría; pues aunque muy eminentes

orientalistas descubran en la filosofía gnóstica semejanzas con la religión budista, no

invalidan con ello nuestra afirmación, porque el budismo es, al fin y al cabo, la fuente

originaria del indoísmo, ya que Gautama no se declaró contra los Vedas, sino contra las

amañadas interpolaciones y la superposición de dísticos para simular la prueba de que

las castas eran de ordenación divina por haber salido cada una de ellas de los

respectivos miembros de Brahmâ. Gautama restauró en espíritu y en verdad la doctrina

que de tiempos primievales se enseñaba en el impenetrable secreto de los internos

recintos de las pagodas; y por lo tanto, no es maravilla que los dogmas fundamentales

de los gnósticos coincidan con los del indoísmo y budismo.

Sostenían los gnósticos que el Antiguo Testamento estaba inspirado por una divinidad

subalterna, sin la más mínima frase de Sophía o sabiduría, y que el Nuevo Testamento

había perdido su prístina pureza por vicio de las interpolaciones, enmiendas y

añadiduras de los compiladores, que pospusieron la divina verdad al logro de sus

egoístas y pendencieros propósitos.

Enseñaban los ofitas la doctrina de las emanaciones tan odiosa para quienes tan sólo

conciben la unidad en la trinidad y la trinidad en la unidad. No designaban con nombre

alguno al Absoluto, cuya primera emanación femenina era Bythos o el Abismo507, de

concepto análogo al de la Shekinah con que los cabalistas simbolizaban el velo

encubridor de la sabiduría en la principal de las tres cabezas. La Sabiduría absoluta e

innominada de los ofita equivale a la Mónada de los pitagóricos, y al igual que éstos la

consideraban manantial de que emanaba la luz (Ennoia o Mente)508.

Tenemos, por lo tanto, según la doctrina ofita, una Triada constituida por el Absoluto



y sus das emanaciones: Abrasax (masculina) y Bythos (femenina), análoga a la primordial

Triada caldea y la abstracta Trimurti indoísta.



507

Nos acomodarnos en esta exposición a un esquema didáctico que conservan lo coptos y drusos del

monte Líbano. Parece que Ireneo desfiguro con interesadas miras la doctrinas de los gnósticos ofitas.

508

Concepta idéntico al del Adam Kadmon u hombre primitivo de los cabalistas, pues a su imagen y

semejanza fue creado el segundo Adán u hombre terreno. Este mismo concepto del Hombre primitivo o

arquetípico simboliza entre los indos el primer Manú, emanación unigénita de Swayambhuva

“inmanifestado en su propia gloria”.

H. P. BLAVATSKY Isis Sin Velo Tomo III

147

Si comparamos sinópticamente los tres sistemas, tendremos:



SISTEMAS

CONCEPTOS INDOÍSTA CALDEO OFITA

El Absoluto es… } Brahma Zyaus. En–Soph. Innominado.

La Divinidad

manifestada y

andrógino



509

,

masculino–femenina,



es…

}Brahmâ–Nara (m), Nari

(f)

Eikon–Anu (m.), Anata

(f.)


Innominado,

Abraxas (m.),

Bythos (f.)

De la unión de

ambas emanaciones

surge el tercer

principio

510

, que es…

} Viradj. Bel. Ophis.

La trinidad

masculina, dimanante

del primordial

femenino, es…

} Brakmâ–Vishnu–Siva

Bel516 y de éste Hea517. Sus respectivos principios femeninos o místicas esposas, son:

Anata, Belta y Davkina unificadas en Mylitta518, que con la Triada masculina constituía

el Arba 519 o raíz de toda potencia y perfección.

Este sistema puede resumirse sinópticamente como sigue:

Triada } Anu

Bel


Hoa } Mylitta. Arba o Deidad cuaternaria.

La equivalencia en el sistema cristiano es:

Trinidad } Padre

Hijo


Espíritu

Santo


} María520. Tetraktys cristiana.

Aquí vemos por qué se llamó Kirjath–Arba o ciudad de los Cuatro, la ciudad de los

kabiris (axieros, eros, axiokersos) simbolizados en Axiokersa, Demetrio, Kadmiel Hoa,

etc.


La década pitagórica se descompone simbólicamente en la equivalencia de

Anu = 1; Bel = 2; Hoa = 3; en suma, 6

Anu–Bel–Hoa + Mylitta = 4

Triada Década = 10

Ennoia u Ofis equivale al Hombre primitivo, al Pymander de los egipcios, al Unigénito

del Padre, o sea la Potencia de la divina Mente o primera manifestación formal e


inteligible del divino Espíritu. Simboliza la primordial aparición de la presencia divina en

el mundo objetivo.

El Absoluto (Divinidad inmanifestada o Dios de misterio) fecunda con su voluntad a

Bythos (abismo infinito e insondable), símbolo abstracto del Cosmos, incomprensible

antes de su manifestación para la inteligencia humana. Pero como el común de las

gentes no hubieran entendido el concepto de una Divinidad andrógina que en sí

asumiera los principios masculino y femenino, la teología dogmática se vió precisada a

idear un Logos o Verbo, es decir, la actualizante manifestación del Absoluto.

Los ofitas, de acuerdo con las tradiciones caldeas, consideraban el tercer principio,

Ennoia ú Ofis, procedente generativamente del principio masculino (Sigé) y del

femenino (Bythos) desdoblados del Absoluto. De la Triada Sigé–Bythos–Ennoia

procede Sophía 521, constituyéndose así la Tetraktys de que, a su vez, emana el

Christos latente desde toda eternidad en la esencia del Absoluto, como latente

también estuvo el Logos. Así, pues, Christos es uno en esencia con todos los demás

principios emanados del Absoluto; pero antológicamente considerado es una entidad

andrógina constituida por los dos elementos Christos y Sophía, que se infundieron en la

persona de Jesús.

Ireneo522 dice que el Padre y el Hijo se enamoraron de la belleza de Sophía (mujer

arquetípica), lo cual significa que la Luz, Ennoia, procedente del Padre y del Hijo

fecundó a Sophía para emanar otros dos principios: el Christos perfecto y Achamoth

(sabiduría inferior o tvmkc). Tenemos por lo tanto, que Christos es el medianero y guía

entre el Padre y el hombre espiritual523, así como Achamoth (ó más correctamente

Hakhamoth) es la medianera entre el mundo mental y el mundo físico524.

Por otra parte, Ophis y Sophía son los desdoblados principios de una entidad

andrógina, o sean respectivamente la sabiduría masculina y la sabiduría femenina, o de

otro modo, la Sophía mayor, Sophía Pneuma (Espíritu Santo inmanifestado o Mente

arquetípica de todas las cosas) y la Sophía menor (Ophis) o Espíritu Santo manifestado

en la persona de Jesús, a quien por esta razón representaban los ofitas con el a tributo

de la serpiente Ophis.

El reverendo Preston, sacerdote católico de Nueva York, en un sermón predicado en

las funciones del “Mes de María” expuso con toda claridad, análogamente a los

filósofos paganos, el concepto del principio femenino en sus relaciones con la Trinidad.

Dijo el predicador:

La obra de la Redención exigía que mediase en ella una madre, y la única mujer valedera

para que por su mediación se cumpliera la obra de Dios, era María, cuya virginal pureza

dispuso Dios al efecto, porque no era posible que una mujer contaminada fuese madre de

Dios. Aún en su niñez fue la Santa Virgen más adorable que los serafines y querubines, y

según iba creciendo era más pura. Por su misma santidad reinaba en el corazón de Dios, y

llegada la hora, toda la corte celestial quedó en silencio para que María Trinidad escuchara la



respuesta de María, sin cuyo consentimiento no hubiera sido posible la redención del mundo

En este mes de Mayo, comienza la época de la Pascua, y pues la Naturaleza se engalana con

flores y frutos que prometen copiosa cosecha, esperemos también nosotros la recolección

del dorado fruto. En este mes despierta la mortecina tierra a nueva vida como símbolo de

resurrección, así, al postrarnos ante la imagen de la bendita e inmaculada virgen María,

brotará de nosotros el vástago del buen propósito, la flor de la esperanza y el fruto de la

santidad.

Al comentar este pasaje nos permitiremos contradecir en algunos puntos al

predicador, advirtiendo en primer lugar que no es privativo del cristianismo, sino de

muchos siglos anterior, el concepto del principio femenino materno, unido al trínico

principio masculino, con la ventaja de ser más filosófico y muchísimo menos

antropomórfico que el concepto cristiano de la madre de Dios.

Por lo demás, parece como si oyéramos decir a Ireneo en su exposición de la llamada

herejía gnóstica, que el Padre y el Hijo se enamoraron de la celeste virgen Sophía, o

como si recordáramos el símbolo egipcio de Isis, a un tiempo esposa, hermana y madre

de Osiris–Horus.

Los gnósticos sólo consideraban dos entidades; pero los cristianos paganizaron el

concepto, asimilándolo a la Triada caldea Anu–Bel–Hoa identificada con Mylitta.

Por lo concerniente al símbolo de la resurrección en la primavera, también lo tuvieron

los paganos en la resurrección de Osiris, Adonis, Baco y otros dioses solares muertos a

manos de sus enemigos. La primaveral renovación de la naturaleza, cuando germinan las

simientes adormecidas en el invierno (que se suponían conservadas en el mundo inferior

o Hades), está simbolizada en los tres días que antes de su resurrección pasan en el

infierno Cristo, Orfeo, Hércules y otros personajes teogónicos.

Precisamente lo que los cristianos califican de herejía es la doctrina indoísta en toda

su pureza. Vishnu, la segunda persona de la Trimurti, equivale al Logos (pues encarna

voluntariamente en Khristna), y su a la par esposa, hermana e hija Lakmy o Lakshmy

representa el mismo concepto que Isis respecto de Osiris, Sephira respecto de En Soph

y Ennoia de Bythos. Khristna es el redentor prometido por Brahma a la humanidad, y

equivale al Christos de los gnósticos. Lakmy, esposa o aspecto femenino de Vishnu, es

el símbolo de la naturaleza física, la madre de todas las formas objetivas, la mediadora

H. P. BLAVATSKY Isis Sin Velo Tomo III

151

(como la Achamoth de los gnósticos) entre el mundo mental y el mundo físico.



Khristna, en equivalencia de Christos, es el medianero entre el Absoluto y el hombre

espiritual.

Este dogma gnóstico–indoísta es más lógico y admisible que el expuesto en las

alegorías del Génesis acerca de la caída del primer hombre. El Dios de Moisés no sólo

maldice a Adán y Eva, sino a la tierra entera con todo cuanto en ella existe; y aunque les

promete un Redentor de la humanidad castigada por el pecado de los primeros padres,

nada nos dice el Nuevo Testamento sobre la redención de la tierra y los seres vivientes

malditos por Dios sin haber cometido pecado alguno. Por lo tanto, la alegoría gnóstica

denota mayor sentido de justicia y razón que la cristiana.

En el sistema ofita, la sabiduría andrógina (Sophía) equivale al principio femenino Nari

o Narayana que flota sobre las aguas525, pero que no puede vivificarlas

inmediatamente porque se lo impide su pura naturaleza intelectual; ni tampoco puede

Sophía vivificar la materia por intervención del Padre supremo ni de Ennoia, cuya

naturaleza es todavía más espiritual, sino que para vivificarlas ha de valerse de

Achamoth, su propia emanación, cuya naturaleza, entre espiritual y material, la

capacita para relacionarse afinemente con la materia caótica.

El sistema ofita sólo se diferencia del nazareno de San Juan en el cambio de

nombres526. Dice el Codex Nazaraus 527 que Mano, el supremo rey de Luz, es el “gran

primero”, lo cual significa que es la primera emanación de Ferho (el Absoluto, la

Divinidad desconocida, la Vida sin forma). Es Mano el príncipe de los eones, y de él

emanan cinco refulgentes rayos de la Luz divina528. Por esto le llamaban los nazarenos

Rex Lucis, según se ve en este pasaje:

Unus est Rex Lucis in suo regno, nec ullus qui eo altior, nullus qui ejus similitudinem

retulerit, nullus qui sublatis oculis, viderit Coronam quoe in ejus capite est.

Por otra parte, simboliza Mano la Sabiduría oculta en la Luz manifestada en torno de

la principal de las tres cabezas cabalísticas. De Mano proceden por emanación tres

principios de vida: Ebel Zivo (Logos), el Apóstol Gabriel (Christos) y el primer Mensajero



de Luz. La Fetahil de los nazarenos equivale al aspecto espiritual de la Achamoth ofita

y el Spiritus equivale al aspecto material de la misma Achamoth.

Fetahil es, según los nazarenos, el reflejo del señor Abatur, su padre529, y le llaman

también “el hombre novísimo”. Viendo el Spiritus sus vanos intentos para crear un

perfecto mundo material, demanda auxilio al desjuicioso e insensato Karabtanos530, y

con él se une para engendrar los siete astros531 y definir, ayudados de éstos, las formas

del mundo objetivo, modeladas en la turbulenta materia caótica.

Volviendo al sistema ofita, vemos análogos símbolos. Incapaz Sophía de crear por sí

misma el mundo objetivo, emana de su propio ser a Achamoth, quien desciende al

caos, y sobrecogida por la densidad de la materia, se desorienta y extravía; pero

resuelta, no obstante, a formar un mundo objetivo, se mueve sobre el caos para vencer

la inercia de los elementos, hasta que empapada, por decirlo así, de materia532, y no

pudiendo desembarazarse de ella, emana de sí misma el Creador 533 del mundo

objetivo que unas sectas consideraban como progenitor de Jehovah y otras como el

mismo Jehovah. Precisamente este punto de la cosmogonía gnóstico–cabalística es el

punto inicial del sistema mosaico, que aceptaron después los cristianos primitivos,

cuya incultura (pues pertenecían a las ínfimas clases de la sociedad) no les permitía

conocer las filosóficas doctrinas de los neoplatónicos ni siquiera los fundamentos

metafísicos de la nueva religión que habían abrazado. Tanto los cristianos procedentes

del judaísmo, sometidos hasta entonces a la tiranía dogmática de las sinagogas, como

los procedentes del paganismo, cuya plebe fue siempre profana a los Misterios,

confundieron en sus ineducadas mentes el concepto de Jehovah con el del Padre de

Jesús, por lo que muerto éste se suscitaron deplorables contiendas entre los

partidarios de Pedro y los de Pablo, pues lo que uno afirmaba, el otro invariablemente

lo negaba534.

En su vano intento de presentar como heréticas las doctrinas de los gnósticos,

confunde tan lastimosamente Ireneo los conceptos y tergiversa las ideas de tal manera,

sea por ignorancia o por malicia, que no es posible desenmarañar el enredo sin

cuidadosa compulsa de la Kábala y del Codex. Así, por ejemplo, no establece Ireneo

diferencia alguna entre los setianitas y los ofitas, y dice que llamaban Hominem al

Supremo Dios e Hijo del hombre a la Mente divina535, cuando ni los setianitas536 ni los

ofitas537 tuvieron jamás semejantes conceptos de la Divinidad. Pero Ireneo se

contradice al exponer en otro pasaje de sus obras las doctrinas de Cerinto, discípulo de

Simón el Mago, pues dice que, según Cerinto, el mundo no fue creado por el supremo

Dios, sino por un Eón, Virtud o Potestad de tan inferior grado que no concebía a Aquel

que está sobre todas las cosas. Este Eón se valió de José para engendrar en las entrañas

de su esposa María el cuerpo de Jesús e infundirse en él538. Por lo tanto, Jesús era, en

cuanto hombre, como los demás hombres, y como ellos engendrado y nacido, por lo

que se le llamó el Hijo del Hombre.

Tenemos, pues, que si, según los gnósticos, era Jesús físicamente hijo de hombre y

espiritualmente era el Christos infundido en su cuerpo, ¿cómo podían llamar Hombre al

Padre, e Hijo del Hombre a la Mente divina (Ennoia)?

Ni los cabalistas ni los gnósticos antropomorfizaron jamás la Divinidad suprema e

incognoscible, sino que denominaron “Hombre arquetípico” a la segunda emanación del

principio femenino desdoblado del Absoluto y conocido también con los diversos

nombres propios de Shekinah, Sephira, Depth, etc. Por lo tanto, Adam Kadmon,

Ennoia y demás denominaciones del Logos, son Unigénitos pero no Hijos del Hombre,

pues este calificativo es peculiar del Christos procedente del Hombre arquetípico y

Sophía la Mayor por virtud de la vivificante luz emanada del Padre, foco de toda luz, y

por consiguiente de la luz del Christos.

La filosofía gnóstica distingue entre el Logos inmanifestado o Primer Logos, y el Logos

manifestado y ungido o Christos. En opinión de Filo Judeo puede llamársele a Ennoia el

Segundo Dios, pero en manera alguna el Segundo Hombre, como pretenden Ireneo y

Teodoreto, pues siempre fue Ennoia para los gnósticos el “Hombre arquetípico”.

Ambos autores cristianos tergiversan la filosofía gnóstica con empeño de identificar de

todos modos, por heréticos que sean, a Jesús con el supremo Dios, cuando

precisamente nunca se les ocurrió a los gnósticos539 ecuacionar con el Absoluto, no ya la

persona de Jesús, sino ni siquiera la entidad Cristo.

Podemos comprobar las adulteraciones de Ireneo, Teodoreto y otros sectarios

mediante el cotejo de los manuscritos originales con las copias posteriores. El artículo

del credo que dice: descendió a los infiernos, no aparece en los manuscritos de los siglos

IV. al VI., de lo que se colige que fue una interpolación tomada de las leyendas de Baco

y Hércules. Sobre el particular, dice el autor del Catálogo de los manuscritos de la

Biblioteca Real 540.

La interpolación en el credo apostólico del artículo: descendió a los infiernos es, a mi juicio,

tan evidente como la del versículo séptimo de la primera epístola del apóstol San Juan.

Ahora bien; este versículo dice así:

Porque tres son los que llevan los archivos

541

en el cielo: el Padre, el Verbo y el Espíritu

Santo. Y los tres son uno.

Sin embargo, después de haber figurado en los textos canónicos se le tuvo por

apócrifo, porque no aparece en ningún manuscrito griego542. Las dos primeras ediciones

de Erasmo impresas en 1516 y 1519 omiten este versículo, que no consta en ningún

manuscrito anterior al siglo XV543 ni mencionan los exégetas griegos ni los doctores

latinos544, tan afanosos de pruebas a favor de la Trinidad. También lo omite Lutero en

la edición alemana del Nuevo Testamento.

Eduardo Gibbon fue el primero en descubrir la interpolación del versículo apócrifo, y

por tal lo tuvieron el arzobispo Newcome y el obispo Lincoln545. Dice Parson sobre este

punto:


Desde luego, que si el versículo de los tres archiveros celestes fuese auténtico, lo hubieran

conocido los primeros autores cristianos y de seguro lo aprovecharan como argumento de

valía en pro del dogma de la Trinidad y en contra de los herejes

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