Carta a los jóvenes nº 1



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CARTA A LOS JÓVENES

Nº 1

Queridos jóvenes:

Estoy encantada de poder escribiros porque me gusta mucho estar entre vosotros y así compartir con todos algunas cosas que me rondan por la cabeza. ¡Sois jóvenes! ¡Tenéis dentro de vuestro corazón una promesa de esperanza! Es verdad que vuestra vida es un período de altibajos e inseguridad, incluso de frustración y decepción por muchas cosas, entre ellas por la marcha del mundo! Es cuando se afianzan los principales ideales, cuando surgen con fuerza las convicciones, los deseos de un mundo mejor, de cambio; es cuando uno se plantea qué hacer con su vida y se pregunta, a su vez, si la vida misma tiene un sentido. Los interrogantes en esta etapa no cesan y hay que ser valiente y tener coraje para responderlos con sinceridad y generosidad.


  1. Sí, es la etapa de los grandes interrogantes y de las grandes búsquedas.

Ser joven es ser una persona en búsqueda. Actualmente, lo tenéis más difícil que en épocas pasadas. Ahora os preocupa el futuro, el mundo del trabajo, el hacer compatible estudios con trabajo… A veces, se generaliza y se etiqueta a los jóvenes diciendo que no saben lo que quieren. Yo creo que sí sabéis lo que queréis, pero la sociedad actual os lo pone muy difícil.

Yo, también, pasé por esa época. Buscaba y me interrogaba. Pensaba si Francisco, mi profesor particular, sería la persona que Dios quería para mí. Nos llevábamos 10 años y esto no siempre era bien visto. Yo esperaba y me preguntaba. Cuando, por fin, mis padres hablaron en serio con él, me entendieron y se disiparon todas sus dudas.

Esto que pienso, que hago, ¿es lo que debo hacer? ¿Mi vida qué sentido tiene? Para mí, el casarme con Francisco y tener cuatro hijos llenó por completo todas mis expectativas. ¡Qué feliz era! Dios me estaba regalando mucho. Pronto empezó a llevarse casi todo lo que me había dado. ¡Qué duro fue! No por ello, mi vida perdió el sentido, aunque tengo que confesar que me desorienté, y pase una temporada que no sabía qué era lo que Dios podía querer de mí. Estaba muy confusa y pedía que Él me diera luz.

Cada uno tiene que descubrir su misión en la vida, lo que el Señor quiere para él, a veces, incluso, por caminos muy torcidos. Pero, el sentido, el horizonte de la vida lo he de encontrar. Es el que va marcando los pasos, sino vivimos a la deriva, como la hoja a merced del viento.

Dios nos ha puesto en el mundo para algo. ¿Para qué estoy en este mundo? ¿Lo he descubierto?

Yo quería ser maestra y lo logré. Quería educar a niños y jóvenes, que abrieran sus mentes a otras realidades. La que yo viví fue una época muy difícil y, por aquel entonces, la mujer estaba muy desvalorizada. Yo quería colaborar, sobre todo, a que las jóvenes tuvieran posibilidades y no se conformaran con quedarse solamente en casa. ¡Si ellas hubieran tenido lo que vosotros hoy tenéis, hubieran llorado de alegría! Los pocos libros que tenían eran en blanco y negro y sin ningún dibujo. Todo era aburrido, monótono y gris. Yo quería que las jóvenes, que los niños, se encontraran en un ambiente alegre, que fueran felices, que aprendieran jugando, que tuvieran dibujos, gráficos… Lo de ayudar a los demás y hacerles felices me entusiasmaba; se convirtió en uno de mis grandes ideales.


  1. Otro aspecto clave que os quería comentar es que en la juventud hay que aprender a amar a los demás.

Os hablo del amor de la entrega, no del enamoramiento que es distinto. Hay que aprender a amar, a veces, esto se da por supuesto, y como uno no se entrene, al final, las consecuencias pueden ser bien perjudiciales.

Sócrates, un filósofo griego del siglo IV a C, ¿os suena? Estaba siempre rodeado de jóvenes que iban a escucharle por su sabiduría, y a pesar de su amor a ellos, escribió: “Los jóvenes hoy en día son unos tiranos. Contradicen a sus padres, devoran su comida, y le faltan al respeto a sus maestros” Cuando uno lo lee esto, parece que está escrito en el siglo XXI. Seguro que vosotros no sois así.



Hay que saberse entregar amando, en primer lugar, empezando por los que tenéis cerca, por vuestra propia familia de la que tanto habéis recibido, aunque paséis por épocas de rebeldía. Pero, esta rebeldía no debería cegaros los ojos e impedir reconocer lo mucho que los otros hacen por vosotros, la familia y los educadores.

Como os decía antes, las que fueron mis alumnas se emocionarían si hubiesen tenido la mitad de los instrumentos que tenéis vosotros hoy. ¿Sabéis ser agradecidos por todo lo que tenéis? Sed muy agradecidos.

Y, ¿sabéis cómo se aprende a amar? Entregándose. Desde muy pequeña me encargaron el cuidado de mi hermano Saturnino que tenía dos años menos que yo; jugaba con él, le montaba en un caballo de cartón que le habían regalado, le arrastraba por la casa, y él era feliz; pintábamos juntos y me parecía jugar a ser mamá. Parece mentira pero, estas experiencias de cuidar a los hermanos con cariño, ayudan mucho. Más tarde, con las alumnas, con las hermanas del colegio, con las familias, con los profesores, con todo tipo de personas, tuve ocasión de entregarme sinceramente, totalmente. Esto llena mucho el corazón.


  1. El tercer punto que quería comentaros es que lo propio de la juventud es tener grandes aspiraciones. Hay que volar alto.

Dejarse llevar por los grandes deseos, no volar bajo, sino intentar subir a lo alto, desde donde se divisan los mejores panoramas. Hay que tener “garra” para ello, no todos suben, pero el que asciende, disfruta mucho viendo los espectáculos que ofrece la naturaleza. A mí me encantaba ver todos los fenómenos de la naturaleza, los eclipses, conocer la vida de los animales y de las plantas, su función. Todo creado por Dios. Me maravillaba observarlo. Y desde cualquier lugar, en que se contemplaba un paisaje precioso, mi corazón volaba más arriba. Dios me había creado para algo más y quería ser fiel a ello.

Sí, tened aspiraciones profundas, deseos de autenticidad y coherencia, ansias de verdad, de generosidad, de ser libres, buscad horizontes que respondan a vuestros deseos, mantened vuestra sed de vida, de amor y no tengáis miedo al compromiso. Dejad que Jesús guíe vuestra vida. Esto es lo más importante. ¿Tenéis miedo a que Jesús guíe vuestra vida?

¡Ánimo, jóvenes! Tenéis que conquistar el mundo, tenéis que descubrir el valor maravilloso del que vive para los demás, la fuerza impresionante que esto tiene. Porque labraremos nuestra felicidad a medida que labremos la de los demás… y no os olvidéis de dejar a Dios actuar en vuestra vida. No os arrepentiréis.

Para la reflexión personal y grupal:

Esto que pienso, que hago, ¿es lo que debo hacer? ¿Mi vida qué sentido tiene?

¿Para qué estoy en este mundo? ¿Lo he descubierto?

¿Sé ser agradecido de todo lo que recibo?

¿Sabes cómo se aprende a amar?

¿Tienes miedo a que Jesús guíe tu vida?





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