Centro pastoral afroecuatoriano



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CENTRO PASTORAL AFROECUATORIANO

Teología bajo el árbol”

Cómo África puede inspirar

una telogía afroamericana







Una teología contextualizada

¿Qué es la teología? ¿Cuál es su finalidad?

Generalmente, se dice que la finalidad de la teología es “dar razón de nuestra fe” o, como dice Pedro, “dar una respuesta a quien nos pida razón de nuestra esperanza” (1P 3,15).

¿Y qué quiere decir tener fe? ¿Cuál es la esperanza de la cual tenemos que dar razón?

‘Tener fe’ no significa simplemente creer y saber que Dios existe; eso también Satanás lo cree, también Judas lo creía, pero Satanás no tiene fe. Judas no tuvo fe, y por eso se suicidó. Tener fe, en efecto, significa creer que Dios me ama como un papá o una mamá, es saberle decir a Dios ‘Abbá’, ‘papacito’.

Gustavo Gutiérrez, fundador de la Teología de la Liberación, decía que el principal problema teológico en América Latina, donde la mayoría de la población vive en una situación de pobreza o de miseria, es: ¿cómo decirle al pobre: Dios te ama? ¿cómo transmitirle al pobre el gozo de la Buena Noticia en un contexto de injusticia y de violencia?

Nosotros, agentes de Pastoral afro, podríamos decir que el principal problema teológico que tenemos que afrontar es: ¿cómo decirle al pueblo negro - con toda su herencia de sufrimientos, marginación y discriminación - ‘Dios te ama’?
A veces se nos dice que hablar de teología afro quiere decir mirar las cosas desde un punto de vista parcial y limitado. Y eso es cierto: la teología afro es una teología con una perspectiva específica y parcial, no es una teología ‘neutral’. Pero la verdad es que ninguna teología es ‘neutral’. También las teologías que pretenden presentar un punto de vista imparcial y universal, en realidad reflejan una manera de ver y pensar limitada y específica, sólo que lo hacen desde la perspectiva de la cultura dominante. Pero ‘dominante’ no significa ‘universal’: lo que se presenta como universal es solo una visión ‘parcial’ que. por ciertas circunstancias históricas, ha podido imponerse sobre las otras.

La teología afroamericana no tiene ninguna pretensión de ‘neutralidad’, porque sabemos que todos tenemos una pre-comprensión, o sea, todos miramos la realidad con ojos culturales específicos, condicionados por la espiritualidad y la cultura de nuestro medio. La precomprensión que inspira nuestra lectura teológica es la historia y la situación actual del Pueblo Negro.


La teología como expresión de amor

Por mucho tiempo se ha pensado que la teología tiene una finalidad de tipo eminentemente intelectual: demonstrar, hasta donde es posible, la existencia de Dios; en efecto, en la tradición occidental, se ha entendido que tarea principal de la teología es explicar – en un lenguaje racional - las verdades de fe. Pero en términos bíblicos, no es tan evidente que la primera finalidad de la teología sea dar una explicación racional de nuestra fe. En la Biblia no encontramos ni un solo intento de demostrar racionalmente la existencia de Dios: el pueblo de Israel no sentía necesidad de esta explicación, porque para ellos Dios era una realidad evidente, Alguien al que experimentaban todos los días en su vida. No se pide a nadie que nos dé una demostración racional de la existencia de su mamá o su papá. El problema, para el pueblo de Israel, no era saber si Dios existe o no existe, sino averiguar si Dios sigue amando a su pueblo o si se ha cansado de Él. Lo central de la Revelación, entonces, no es la trasmisión de verdades o de dogmas: Jesús no se encarnó para enseñarnos algunas doctrinas, sino para hacernos saber que Dios nos ama “hasta el final”, y está dispuesto a entregarse totalmente, a dar su vida por amor nuestro. Así, la primera respuesta que Dios espera de nosotros no es una respuesta de tipo intelectual: Dios no nos pide – como primera cosa - aceptar los dogmas de fe, sino acoger su llamado de amor, amando a nuestros hermanos como Él nos amó.

También la teología, entonces, como actividad cristiana, es una expresión de amor, y no debe reducirse a una mera reflexión ‘científica’ y racional sobre la Palabra de Dios. Dicho en otras palabras, la finalidad de la vida cristiana es la caridad, la construcción del Reino. También la teología, entonces, está orientada a la construcción del Reino y a la transformación evangelizadora de la sociedad.

Lamentablemente, no siempre los teólogos han tenido una conciencia clara de eso. Por este motivo, Jon Sobrino habla de pecaminosidad en el mismo quehacer teológico: cuando la teología se queda en un nivel abstracto, desinteresándose por completo del sufrimiento en que viven millones de seres humanos, está cometiendo pecado, el pecado de cinismo. Por eso es urgente que la teología se convierta al Evangelio de la paz y del amor.


Literalmente, teología quiere decir ‘discurso de Dios’ o ‘discurso sobre Dios’. Por muchos siglos, los únicos a hablar de Dios - dentro de la Iglesia - fueron los teólogos occidentales, que hablaban de su experiencia religiosa, dando por supuesto que su teología era “la” teología, la única manera de hablar sobre Dios. Pero ahora otros pueblos están rescatando sus propias vivencias y su propia espiritualidad. También los negros estamos llamados a ser teólogos.

A conclusión de todo lo que se ha dicho, ¿cuál debería ser la finalidad de una teología afroamericana?

Éstas son algunas respuestas que hemos dado como Misioneros Afros:

- Comunicar el amor de Dios para el Pueblo Negro;

- Comunicar y rescatar la experiencia de Dios del Pueblo Negro;


  • Decirle al Pueblo Negro: Tú eres el Hijo Amado de Dios.

  • Aceptar y valorizar nuestra identidad.

  • Cambiar nuestra mentalidad. Superar la actitud de las víctimas y decir: ‘Sí, podemos’.

  • Aumentar nuestra autoestima.

  • Recuperar nuestra dignidad.

  • Superar el conformismo.

  • Afirmar que la Teología Afroamericana tiene el mismo nivel de dignidad que las otras teologías.

  • Reconstruir la imagen de Dios desde nuestra vivencia.

  • Sistematizar y re-elaborar nuestro sistema de valores.

  • Reflexionar sobre nuestra realidad.

  • Promover un estudio sobre nuestra etnia.

  • Buscar la presencia del negro en la Biblia.


El cristianismo como religión africana

Cuando se habla de religiones africanas, nadie piensa en el cristianismo, porque creemos que la fe cristiana es una religión ‘extranjera’ – una religión europea - introducida sólo recientemente en el Continente negro, y pensamos que las únicas religiones que en África llevan muchos siglos son las ‘religiones tradicionales’, que algunos – con un término un poco equivocado – llaman religiones animistas.



La realidad es muy distinta: el cristianismo llegó a África muy temprano, en la segunda mitad del siglo primero. De hecho, África del Norte fue evangelizada mucho antes que Europa del Norte y del Este: si hubiéramos vivido, por ejemplo, en el siglo IV o V, el cristianismo podía parecernos una religión afro-asiática más que europea. Y es más: en los primeros siglos, África tuvo un papel evangelizador fundamental e inigualado. Como dijo el famoso histórico alemán Theodor Momsen, “en la evolución del cristianismo África desempeña el papel más importante. Aunque tuvo sus orígenes en Siria, el cristianismo sólo llegó a ser religión mundial en África y a través de África”.

En efecto, como nos explica Hoornaert, “palabras como ‘sacramento’, ‘Trinidad’, ‘encarnación’, ‘confesión’, ‘pagano’, ‘gentil’ y la misma expresión ‘papa’ (aplicada a los presbíteros y a los obispos queridos por el pueblo) provienien de la reflexión teológica y de la experiencia histórica del cristianismo africano, y se aplicaron más tarde a todo el ámbito del cristianismo de lengua y tradición latina”.

En cuanto a la organización de la Iglesia norteafricana, sabemos, por ejemplo, que en el año 240 se organizó en Cartago – en la actual Túnez - un sínodo que reunío a más de noventa obispos, mientras el sínodo romano del año 250 sólo reunió a sesenta obispos. Algunos consideran esta firme organización episcopal como signo de un nacionalismo africano frente a Roma, una reacción de la periferia contra el centro del sistema.


Los primeros teólogos africanos

Es importante notar que los primeros teólogos norteafricanos de lengua latina – entre ellos Tertuliano y Cipriano - se caracterizan por su oposición radical al Imperio pagano y por su defensa de una Iglesia ‘popular’. En esta perspectiva, el teólogo africano más representativo es sin duda Tertuliano, que nació en Cartago en el año 154 y murió en el año 224.

Una de las ideas centrales de la teología de Tertuliano es que la fe no tiene mucho que ver con la filosofía abstracta de los griegos, sino con la vivencia concreta del pueblo: “Cada artesano sabe cuáles son los principales asuntos de fe y qué es lo que importa en realidad; encuentra a Dios y resuelve todas las cuesiones teóricas sobre Dios en la práctica mediante la acción”. Por eso, según Tertuliano, no hay comunión alguna “entre un filósofo y un cristiano, entre la Academia y la Iglesia”. Se puede percibir, en estas palabras, la reivindicación de una manera original, africana, de hacer teología, una teología que no se base en la mentalidad filosófica y racionalista de los griegos, sino en la vivencia del propio pueblo. En este esfuerzo de respetar la experiencia espiritual del pueblo, Tertuliano subrayaba también la necesidad de que los presbíteros, para tratar con la gente, aprendieran las lenguas africanas y no se limitaran a utilizar el latín.

En cuanto a su relación con las estructuras político-militares del Imperio, en su obra Apologeticum Tertuliano afirma sin ambigüedades la incompatibilidad entre fe cristiana y servicio militar. Y es interesante que la motivación que aduce para eso es la fidelidad a la palabra del Señor que ha desarmado a todos los soldados:

El juramento militar y las promesas bautismales hechas a Dios son inconciliables, así como los son el signo de Cristo y el signo del diablo... El centurión sin duda había creído, pero después el Señor ha desarmado a todos los soldados, ordenando a Pedro que depusiera su espada. A nosotros cristianos no nos es permitido ningún uniforme militar y ningún comportamiento que sean destinados a actos ilícitos”

En otra obra, De corona, Tertuliano hace una importante afirmación sobre la validez universal del Evangelio, que no reconoce ningún dualismo entre vida privada y vida política. El Evangelio es uno solo, afirma el teólogo norteafricano, y por eso la noviolencia evangélica hay que aplicarla a la totalidad de la vida; no existe un espacio - ni siquiera el servicio militar - que pueda considerarse exento de las enseñanzas noviolentas de Cristo: “La vida militar de ninguna manera garantiza la impunidad a las iniquidades que en ella se cometen, y tampoco nos hace exentos de las exigencias del martirio. Para los cristianos el Evangelio es siempre y en todas partes el mismo y es uno solo”.

En contraposición a un ‘cristianismo del Templo’, que reduce la práctica de fe simplemente al culto dominical, Tertuliano subraya el lazo indisoluble entre la fe y todos los ámbitos de la vida humana; por eso, llega a criticar con valentía la Institución que era el principal instrumento de la opresión imperial: el ejército. También esa concepción ‘unitaria’ de la existencia, sin dualismos entre vida privada y vida política, es típica de la espiritualidad africana.
Reinos cristianos africanos

La mayoría de las Iglesias norteafricanas desaparecieron con la invasión del Islam, que empezó en el siglo VII. La única Iglesia cristiana que sobrevivió en el Norte de África fue la Iglesia copta de Egipto, que hoy en día reúne al 10% de la población de este Estado.

Pero el cristianismo, derrotado en el Norte, siguió en otras regiones africanas. En la región de Nubia, por ejemplo, en el actual Sudán, nació un Reino cristiano que duró mil años, hasta el siglo XVI. Recientes excavaciones han sacado a la luz, bajo la arena del desierto, restos de antiguas y magníficas Iglesias, donde se han conservado imágenes de Cristo, de María, y de reyes y obispos negros. Algunas imágenes de Cristo son acompañadas por palabras griegas, que dicen: “Jesús, Hijo de Dios, el Salvador”. También existen pruebas de que la Biblia griega fue traducida en el idioma nubiano: hasta ahora se han descubierto 72 fragmentos de la Biblia nubiana. Además, bajo la arena se han descubierto también restos de monasterios masculinos. Las excavaciones, entonces, nos hablan de un cristianismo negro – nubiano - bien desarrollado.

El Reino cristiano de Nubia desapareció cuando la Casa real, a causa de matrimonios con musulmanes, se convirtió al Islam, en el siglo XV. De todas maneras, hoy todavía es posible encontrar – en Nubia - huellas de la antigua fe cristiana: los nubianos de hoy, en efecto, aun siendo musulmanes, conservan - a veces sin darse cuenta - costumbres de sus antiguos antepasados cristianos.

Por ejemplo, en algunos lugares de Nubia, hoy todavía a los niños se los sumergen en el agua y se les dice: “Te sumerjo como hizo el Bautista”, sin saber quién es este Bautista. En la mayoría de estos lugares, al niño se lo ‘bautiza’ el tercer día después del nacimiento, sin saber qué significado tiene el tercer día. Además, en muchas regiones los nubianos dan el nombre de ‘Mariya’ a ángeles y a otros seres invisíbles que protegen a la famila. En fin, a veces la gente pone platos en los muros en forma de cruz: hoy los nubianos dicen que estas cruces alejan a los espíritus malos.

Actualmente, Sudán es el país que – proporcionalmente – presenta el mayor número de bautizos cristianos cada año. La actual Iglesia católica de Sudan, hija de Comboni, reconoce en la antigua Iglesia nubiana sus raíces y sus orígenes remotos.





La Iglesia Etíope

Un caso del todo particular, y un ejemplo de perfecta inculturación, lo representa la Iglesia de Etiopía, que sigue viva y floreciente hasta hoy. El secreto de la longevidad de esta Iglesia consiste en el haber sabido integrar el mensaje evangélico en la cultura del propio pueblo.

El cristianismo llegó a Etiopía en el siglo IV. Un factor que contribuyó de manera decisiva a la afirmación de esta religión en Etiopía fue la adopción de la lengua nacional: entre el siglo V y el siglo VII toda la Biblia fue traducida al idioma del pueblo etíope, el ge’ez.

Los cristianos etíopes hacen remontar los orígenes de su Iglesia a la visita de la Reina de Saba al rey Salomón. Hoy todavía muchos etíopes llevan alrededor del cuello un pequeño rollo de pergamino con el siguiente texto: “Éste es el escrito que san Miguel entregó al rey Salomón”. Hoornaert nos informa que los los etíopes llevan este amuleto para alejar a los malos espíritus, “lo cual demuestra la convivencia de este cristianismo con las creencias ancestrales características de África”.

La originalidad y la autonomía de esta Iglesia se deben al hecho de que el cristianismo de Etiopía se desarrolló fuera de las fronteras y de la influencia del Imperio romano. Entre las peculiaridades de esta Iglesia hay que recordar, por ejemplo, que los etíopes fueron los únicos cristianos a introducir en el canon de los libros sagrados el Libro de Henoc, que católicos y protestantes consideran apócrifo.

Este libro, escrito por la tradición judía alrededor del año 150 A.C., intenta explicar el origen del mal como consecuencia de la caída de algunos ángeles, que se transformaron en demonios. El Libro de Henoc, entonces, nos habla de la lucha eterna entre Dios y Satanás, entre los ángeles – que nos protegen – y los demonios, que nos arrastran hacia el mal.

Otra característica de este libro es su fuerte compromiso social. De hecho, como dijo el gran teólogo Schillebeeckx, este libro “representa una de las más duras críticas de la sociedad en el mundo antiguo”. El autor de esta obra, en efecto, condena a los ricos “que construyen palacios con el sudor de los demás”, y al final los lanza al infierno ante la risa de los justos. Este libro venerado por los cristianos etíopes, entonces, celebra la victoria de los ángeles sobre los demonios y sobre todos los poderes diabólicos que oprimen a los pobres. Esta sensibilidad a lo social es también una de las principales características de la actual teología africana.

L,a inculturación del cristianismo etíope se manifiesta en muchos otros elementos, empezando por las danzas precristianas utilizadas hoy todavía en la liturgia. En fin, como nos dice Hoornaert, las iglesias etíopes no son muy distintas de las otras casas de las aldeas, sino que se llaman simplemente ‘casas de los cristianos’: “no son solamente lugares de asamblea sino también moradas, rodeadas de árboles que no se pueden cortar”.






La Teología africana hoy

El teólogo camerunense Jean Marc Ela nos informa que la teología africana contemporánea se orienta en dos direcciones esenciales. La primera dirección es la teología de la inculturación, que insiste en la necesidad de encontrar un lenguaje propio con el cual re-escribir el Evangelio en África, respetando las riquezas de la cultura africana. La segunda corriente es la de la teología de la liberación, que afronta las situaciones de opresión y de esclavitud que hoy en día sufre África tanto en el plano económico y político como en el plano cultural. Claramente, las dos corrientes no deben entenderse como antagonistas sino más bien como complementarias.

A propósito de la inculturación, el teólogo de Tanzanía Laurenti Magesa afirma que los primeros misioneros cristianos que fueron a África, condicionados por su mentalidad eurocéntrica, no tuvieron en cuenta las religiones africanas tradicionales. Por eso, a veces, las ‘conversiones’ se quedaban a un nivel muy superficial, porque se creaba un abismo entre la manera de sentir del pueblo – muy ligado al culto de los antepasados y de los espíritus – y el Catolicismo oficial. De esta manera, si no se asume la espiritualidad africana, el riesgo es que el esfuerzo de inculturación se quede sólo a un nivel folclórico: “Vean cómo se forman a los sacerdotes africanos: muchas veces se les obliga a romper completamente con la religiosidad de su propia cultura”, dice Magesa. “Muchos de ellos sufren problemas psicológicos y algunos llegan a negar la existencia de las religiones africanas, porque la Iglesia oficial no las reconoce”.

El Sínodo africano de 1994 insistió en el concepto de Iglesia como familia: sólo una Iglesia que recupere la ética comunitaria propia de la sociedad tradicional africana puede ser una Iglesia que el pueblo africano sienta como madre, y no como patrona.



Otro elemento típico de la espiritualidad africana es la estrecha relación de la religión con la vida cotidiana, en todos sus aspectos (familiar, social, político, etc.); por eso, los africanos consideran normal invocar la ayuda de Dios con la oración en todas las ocasiones que se les presenten: en la casa, en una asamblea, cuando están solos, delante de los demás, en el parlamento, en un parque, en el campo, en una oficina de trabajo, etc. Como escribe el padre Pierli, “esta capacidad africana de expresar la propia fe en todos los ámbitos de la vida social es un valor que probablemente el Occidente ha perdido y que la Iglesia africana puede orgullosamente volver a proponer al mundo entero”.

En particular, por lo que se refiere a las religiones africanas de los orishás, su elemento fundamental es la apertura a recibir la fuerza del espíritu que te ayuda a afrontar la vida en todos sus aspectos. “Al primer toque de tambor, todos se ponen de pie y empiezan a danzar hasta que reciban el don del espíritu del orishá. De esta manera, saborean un gozo indescriptible que les capacita a afrontar con nueva fuerza los problemas sociales y morales que antes los oprimían, porque ahora se sienten movidos por el espíritu”; así describe Marcelo Barros la religión de los orishás. En una situación de extrema pobreza como la que viven muchos africanos, sería fácil ceder a la desesperación: sólo la fe en el espíritu que viene a transformar al mundo puede dar esperanza a los pobres. “Se dice que generalmente ni los movimientos pentecostales ni las religiones afroamericanas saben dar a los oprimidos una clara conciencia social. Y eso es cierto”, comenta Barros, “pero las religiones afros saben ayudar a la gente a organizarse como comunidad, a fortalecer su esperanza y su fuerza de resistencia”.
Cuando África libera a Dios

Fundamentalmente, nos enseñan los teólogos africanos, hay dos maneras de hacer teología: la Teología en la oficina, desde el escritorio, y la Teología bajo el árbol.

La teología en la oficina es una teología intelectual, dogmática, deductiva, desarrollada a través de reflexiones abstractas sobre la Palabra.

La teología bajo el árbol, en cambio, como dice Jean Marc Ela, es una teología contextualizada. desarrollada en medio de la gente, conversando con ellos bajo un árbol, viviendo con ellos, compartiendo sus problemas y sus esperanzas. Por eso, Jean Marc Ela rescató la tradición africana de encontrarse al final del día alrededor de un fuego para hablar: “Bajo el árbol, en las montañas del norte de Camerún, todas las noches me encontraba con campesinos y campesinas para leer juntos la Biblia con nuestros ojos africanos”. La primera característica de esta teología, entonces, es el trabajo de grupo, lo que podríamos definir como ‘minga teológica’.

Ela insiste en la necesidad de encontrar una vía africana al cristianismo: “Mi teología ha partido del redescubrimiento del Dios de que habla una mujer en el Nuevo Testamento. María canta al Dios que da de comer a los hambrientos y deja que los ricos se vayan con las manos vacías. Es también el Dios que derriba de sus tronos a los poderosos.




Redescubrir a este Dios de los pobres y oprimidos es el reto de toda teología cristiana hoy. Para redescubrir al Dios del Magnificat yo tenía que romper con una especie de Dios imperial, incluso negrero, un Dios confundido con las estructuras imperiales dentro de las que se desarrolló el cristianismo de Occidente, cristianismo fundamentalmente asociado a un sistema de dominación desde el día siguiente a la conversión de Constantino”.

Es necesario, entonces, liberar al cristianismo de este “virus imperial”: “El teólogo africano debe hablar de Dios a partir del lugar donde leemos la Palabra. Este lugar es África...Después de muchos años, me he dado cuenta de que África es un verdadero polo de revelación, un lugar donde Dios habla a la Iglesia y al mundo”, comenta el teólogo camerunense.

El primer desafío que se nos presenta como afroamericanos, entonces, es hablar de Dios desde África.

En el cristianismo occidental, afirma Ela, “Dios corre el riesgo de ser capturado por las fuerzas que nos oprimen”; por eso, la primera tarea de la teología africana es liberar a Dios de esta esclavitud, liberar a Dios de los esquemas culturales y teológicos en los que querría encadenarlo el cristianismo imperial, y permitirle volver a recuperar su verdadero rostro como Dios de los oprimidos y de los cautivos (Lc 4,18).

Jesús murió en una cruz construida por el Imperio; hoy todavía, por ciertos aspectos, Dios sigue esclavo de este Imperio, un Imperio que quiere cerrarle la boca a Dios, que quiere silenciar su proyecto de “despedir libres a los oprimidos” (Lc 4,18) y apagar su “celo por difundir el Evangelio de la paz” (Ef 6,15). Por eso, el Emperador sigue hablando en nombre de un Dios que justifica las guerras preventivas y todo tipo de violencia como instrumentos necesarios para garantizar el ‘orden’ mundial. Frente a esta caricatura imperial de Dios, Cristo sigue pidiendo que lo liberemos, para que pueda hablar con su voz auténtica. Y eso Cristo lo podrá hacer a través de África: como África acogió al niño Jesús para impedir que Herodes – aliado del Emperador – pudiera adueñarse de Él, así hoy en día nos toca a los hijos de África proteger a Dios y librarlo de las cadenas imperiales; nos toca a nosotros dar voz al Dios de los esclavos y de los oprimidos.
El Cristo negro

El punto de partida de todo este largo trabajo que nos espera es el Cristo negro: tenemos que ver cómo devolver a Cristo su rostro negro. A este propósito, el padre Jacques Dupuis subraya que lo que tenemos que anunciar es la persona de Jesús, y no las doctrinas elaboradas en Occidente sobre Él. Dupuis sostiene que cada cultura, de hecho, resalta aquellos aspectos de la vida de Cristo que más encajan en sus esquemas mentales y espirituales.

Deberíamos entonces preguntarnos: ¿cuáles son los aspectos de la persona de Jesús que hablan más al corazón del pueblo afro?

Esta pregunta es para todos, no es sólo para los ‘especialistas’.


Teólogos bajo el árbol

Sin duda, el Jesús ‘curandero’ que cura las heridas, sana a los paralíticos y nos libera de los espíritus malos es un Jesús que habla directamente al corazón africano. “Doctor Jesus”: ésta es la expresión que utilizan los negros estadounidenses cuando oran a Cristo por la salud de un ser querido. Sin embargo, estamos sólo a los comienzos de una cristología afroamericana: todos, como teólogos bajo el árbol, estamos llamados a promover en nuestras comunidades una reflexión sobre nuestra fe, sobre nuestras vivencias, sobre nuestra experiencia de Dios y de Cristo, para dar un aporte que puede ser valioso para toda la Iglesia.

En conclusión, aplicando a nuestra realidad lo que dijo el padre Dupuis a propósito de Asia, se podría decir que la finalidad de la teología afro es mostrar no sólo que “en África hay lugar para Cristo”, sino que el Cristo negro es aquél que puede responder a las aspiraciones más profundas de nuestro amado pueblo afro y el que puede devolverle a Dios su voz y su rostro auténtico.


Centro Pastoral Afroecuatoriano

Garaycoa3614 y Venezuela

Guayaquil – Ecuador



Tel: 2.443085



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