Ceremonia de graduación 2003-2 Discurso a cargo del graduando Eduardo Romero Indacochea



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Ceremonia de graduación 2003-2

Discurso a cargo del graduando Eduardo Romero Indacochea

Antes que todo, quisiera agradecerles, en representación de la promoción que se gradúa, la presencia de todos y cada uno de ustedes en esta ceremonia; es un honor para nosotros contar con la misma.


Asimismo, es tanto un honor como una gran responsabilidad poder dirigirme a ustedes en representación de los miembros de la VII (sétima) promoción en esta noche tan especial.
Es todo un reto describir lo que ha sido estudiar en la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas y más aún, describir lo que cada uno de nosotros, los graduandos, experimentó. La tarea es grande y las expectativas también.
Hace cinco años, quizás seis, tuvimos que tomar la decisión de escoger la profesión que tendríamos por el resto de nuestra vida. Sin embargo, esta decisión no sólo suponía escoger la universidad que nos formaría; también suponía adoptar los valores que serían parte inherente de nosotros y que regirían nuestras decisiones en nuestra vida personal y profesional.
Es así como escoger a la UPC significaba una apuesta por una universidad con una propuesta innovadora y fresca, por una formación sólida e íntegra y por un conjunto de principios y competencias que luego se constituirían en los pilares de nuestra formación. Así, podemos decir que el pensamiento crítico, la creatividad, el sentido ético, la ciudadanía, la comunicación, la orientación al logro y la competencia profesional y empresarial son más que un conjunto de habilidades, son una sensación que sólo aquellos que vestimos estos colores podemos definir como un sentimiento de hermandad y pertenencia.
Cuando ingresamos a la Universidad – a la UPC, nuestra alma máter – nunca pensamos que el tiempo transcurriría tan rápido, nunca pensamos que en ella pasaríamos los mejores años de nuestras vidas. La ilusión de empezar una nueva experiencia al salir del colegio, los nuevos amigos, los nuevos retos, todo ello ayudó a que el tiempo literalmente volara, a que preocupados por el examen del día o la clase importante a veces no nos diéramos cuenta de que avanzábamos inexorablemente al final de una etapa importante de nuestras vidas y que de ella dependía nuestro futuro, el cual hemos venido forjando día a día en estas aulas, en estos jardines. Sin embargo, a medida que transcurrían los ciclos, soñábamos con este momento, con el momento en que empezaría la vida de verdad, en donde las aulas dejarían de ser nuestro hábitat para cambiarlo por el mundo real. Soñábamos con ser ex alumnos.
Es así que hoy, llegamos al final de un largo camino el cual, si bien es cierto no ha sido fácil, ha sido hermoso y productivo. Las experiencias recogidas a lo largo del mismo han sido más que satisfactorias. Nuestro paso por esta casa de estudios no sólo nos ha dejado las lecciones aprendidas en las aulas, nos llevamos mucho más que eso: los amigos, los profesores, las decepciones, las tristezas, las alegrías, los éxitos, los fracasos, los recuerdos de horas interminables de estudio junto a un café bien cargado que sin duda ayudaba a seguir en la lucha. Han sido años maravillosos en los cuales hemos aprendido más que Derecho, Ingeniería, Periodismo, Publicidad, Administración o Arquitectura, hemos aprendido a ser personas, a valorar las cosas, a que éstas tengan real sentido. Tal como decía un gran amigo y compañero de estudios, el cual también será ex alumno esta noche: “antes de ser profesional se es persona”. Creo que esa frase resume perfectamente lo aprendido en esta universidad y el norte que debemos seguir de ahora en adelante.
Al mirar atrás, cuando salimos del Colegio, sentimos que el ingreso a la universidad nos abría toda una vida nueva y distinta, todo un abanico de experiencias diferentes las cuales debíamos aprovechar al máximo para poder sentirnos satisfechos y poder encarar el futuro con entereza, certeza y seguridad de que no íbamos a fallar. Es cierto, hemos cometido errores, pero son gracias a ellos que hemos aprendido a no volver a cometerlos y, sobre todo, son gracias a ellos que hemos demostrado que podemos levantarnos después de una caída, la prueba fehaciente es que estamos acá, a punto de ser ex alumnos de la UPC.
Creo que en efecto debemos sentirnos satisfechos y sobre todo, con la seguridad de que no fallaremos en el futuro, ya que nuestra base es sólida, tanto en lo académico como en lo moral. La UPC nos lo enseñó.

En ese sentido, estamos preparados para grandes retos, sin embargo, no podemos negar que el Perú posee infinitos problemas y se requiere un gran compromiso para solucionarlos. Nuestra labor es una. Debemos contribuir al desarrollo de nuestro país implantando los altos niveles de calidad, ética, eficiencia y respeto a los cuales estamos acostumbrados. Así, desde nuestra actividad profesional, debemos reconocer que existe una responsabilidad social hacia el entorno. Debemos incluir el desarrollo social en nuestras actividades diarias y entender que nuestro país requiere que seamos socialmente responsables.

Por otro lado, nosotros hemos sido formados bajo los mismos principios y valores. Tenemos poco tiempo para solucionar los problemas del Perú. Debemos hacerlo nosotros puesto que somos la generación de profesionales que surge y estamos capacitados para ello. Poseemos una ventaja, sabemos claramente qué situación no queremos y por tal motivo tenemos una motivación.
Es importante salvar la economía, superar las crisis sociales, garantizar la estabilidad jurídica; sin embargo, es más importante no desmotivarnos en este enorme esfuerzo que acarrea superar la inercia y la costumbre cuando demos comienzo al cambio.
Es así que la experiencia universitaria es clave para el desempeño futuro del profesional, y determinante para alcanzar el éxito. La UPC ha cumplido con nosotros en estos aspectos. Nos toca ahora cumplir con la UPC, con nuestros padres, nuestros amigos, con nosotros mismos, con la vida.
Es cierto, es una responsabilidad muy grande, un compromiso ineludible. Pero no estaríamos acá si es que no supiésemos que estamos capacitados y preparados para asumir el reto y para triunfar en el futuro. El hecho de graduarnos hoy día ya implica que hemos empezado a triunfar.
Sin duda habrá obstáculos en el camino, sería utópico pensar lo contrario. Sin embargo, no tengan dudas de que éstos serán resueltos con creatividad y solvencia, seguridad y excelencia ya que así nos lo han enseñado. Es la única forma que conocemos y estamos agradecidos por que así sea.
No puedo terminar estas líneas sin antes agradecer, en nombre de todos los que nos graduamos hoy día, a la UPC y a toda la gente que la conforma, especialmente a nuestros profesores, Directores de Carrera, Decanos, nuestro Rector y demás autoridades tanto académicas como administrativas, en especial al departamento de Calidad Educativa, por siempre escucharnos y ayudarnos cada vez que lo necesitamos, a Secretaría Académica, por los servicios prestados y a la Oficina de Oportunidades Laborales, por su enorme esfuerzo en conseguirnos prácticas.
Asimismo, debo dar las gracias a esas personas que siempre nos apoyan incondicionalmente, sea cual fueren las consecuencias, que siempre están en las buenas y en las malas: los amigos, a ustedes gracias por serlos y por permitirnos disfrutar de su amistad.
Por último, debo darles las gracias a las principales personas que pudieron hacer este momento posible, que creyeron en nosotros, nos apoyaron y nos motivaron a seguir: nuestros padres. Sin ellos no estaríamos acá.

Gracias a todos ellos esta noche seremos ex alumnos de la UPC, orgullosos de nosotros mismos al haber superado una etapa importante en nuestras vidas. Se lo debemos a ellos. Ahora, nuestro compromiso es con ellos y con nosotros mismos. El fracaso no es una opción, el éxito, la meta.


Finalmente, señores graduandos, el futuro es nuestro, tomémoslo y forjemos nuestro destino. Aprovechemos el lujo que significa tener una muy buena educación y una sólida formación moral. Aprovechemos esas interminables horas de estudio, que no sean en vano. Aprovechemos nuestro esfuerzo y el de nuestros padres. Aprovechemos la paciencia de nuestros profesores y la nuestra para con ellos. Aprovechemos la amistad y por qué no, uno que otro amor que nació y floreció en estas aulas. En resumen aprovechemos lo que ha sido ser alumnos de la UPC y, sin duda, aprovechemos el ser ex alumnos de la misma. Seamos, tal como la UPC lo dice, “los protagonistas del cambio”.
Muchas gracias.





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