Comentario de texto nº 4 Proclama carlista



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COMENTARIO DE TEXTO Nº 4 Proclama carlista (7 de octubre de 1833)

Alaveses: Ha llegado por fin aquel día en que la perfidia liberal ha de ser exterminada para siempre del suelo español.

Sí, magnánimos y esforzados alaveses: no ha terminado aún en nuestra patria la tiranía de los pérfidas españoles, indignos a la verdad de este nombre; no han desaparecido de nuestro suelo aquéllos que... han abolido nuestros fueros y libertades patrias.

(...) Su execración contra el Dios Santo; la libertad de pensar; la inmoralidad; las venganzas; los robos; los asesinatos; la abolición de nuestros fueros y privilegios; en una palabra, la destrucción de los altares y la ruina de los tronos que el Sumo Hace­dor tiene establecidos para bien de la humanidad; tales son los verdaderos designios de la facción revolucionaria, y tales el estado fatal y el abismo de males en que esta vil canalla pretende precipitar a nuestra amada patria.

Alaveses todos: vuestro legítimo soberano es quien en este día os habla y llama para defender la religión y salvar la patria (...).

Elegid, alaveses; españoles, elegid: De vuestra decisión depende la existencia del trono español: en vuestras manos tenéis la felicidad y la ruina de vuestra patria. Católicos sois, y la causa de Dios os llama protectores del altar; sois leales y fieles vasallos, y el mejor y más deseado de los reyes espera vuestro auxilio para exterminar la canalla liberal y consolidar su trono: nada os detenga.

¡Viva Carlos V, viva nuestro Augusto Soberano! (7 de octubre de 1833)

A. Pirala, Historia de la Guerra Civil, reproducido en D. Domené Sánchez y otros, Historia de España, Madrid, Laberinto, p. 118.





  1. Introducción al texto

El documento analizado es una proclama, esto es, un manifiesto público de tipo político, ya sea hablado o escrito. El autor es anónimo, aunque expresa claramente su ideología política, de tipo carlista. El destinatario, público, es más claro, pues aparece señalado reiteradas veces en el texto: se dirige a la población alavesa, lo que nos concreta también la situación espacial del documento

Respecto a las circunstancias temporales, está fechado en octubre de 1833, pocos días después de la muerte del rey Fernando VII (29 de Septiembre de 1833), que había creado un importante problema sucesorio: en 1830, el nacimiento de una hija del rey, Isabel, parecía garantizar la continuidad dinástica, pero todavía estaba en vigor en España la Ley Sálica, que impedía el acceso al trono a las mujeres. Fernando, influido por su mujer María Cristina, derogó la ley mediante la Pragmática Sanción, que habría el camino al trono a su hija y heredera. Pero el sector más ultraconservador de los absolutistas se negó a aceptar la nueva situación y, agrupados en torno al príncipe Carlos María Isidro, hermano del rey, presionaron para derogar la Pragmática Sanción. En 1833 muere el rey, reafirmando en su testamento a su hija, de tres años de edad, como reina, y nombrando regente a María Cristina hasta la mayoría de edad de Isabel.Pero Carlos se proclamó también rey (Manifiesto de Abrantes), iniciándose un levantamiento absolutista en el norte de España y, poco después, en otras zonas de España. Comenzaba así la Primera Guerra Carlista.

Respecto a la finalidad del documento, es claramente propagandística, ya que intenta atraer a la población alavesa a la causa carlista, como lo demuestra el estilo utilizado, pleno de referencias directas y elogiosas a los destinatarios (“magnánimos y esforzados alaveses”), el frecuente uso de calificativos negativos para los enemigos liberales (“pérfidos”, “vil canalla”) y el uso de imperativos (“elegid, de vuestra decisión depende...”).




  1. Análisis del documento

Este texto es muy ilustrativo porque refleja con claridad muchos aspectos del movimiento carlista, un movimiento político y social que condicionará la historia española durante gran parte del siglo XIX (guerras carlistas) y que incluso llegará al siglo XX (Guerra civil española, Franquismo e incluso Transición).


El carlismo se presenta como una ideología tradicionalista y antiliberal que recogía la herencia de movimientos como los malcontents o los apostólicos de la década ominosa (1823-1833). A través del texto podemos observar algunos de sus ideas más importantes:

  • La defensa del absolutismo, incluso de origen divino, como se observa en esta frase, “la ruina de los tronos que el Sumo Hace­dor tiene establecidos para bien de la humanidad”. En un momento en que se habla ya de “ciudadanos”, el texto hace mención todavía a “ los leales y fieles vasallos”. Lógicamente, el antiliberalismo está presente en todo el documento, y se identifica con robos, asesinatos, inmoralidad, antipatriotismo y sacrilegios.

  • La defensa de la religión (“los protectores del altar”) es otro elemento esencial de este movimiento, y en el texto se hacen contínuas referencias al Sumo Hacedor, al Dios Santo y al carácter catolico de la población alavesa.

  • La permanencia de los fueros y privilegios típicos del Antiguo Régimen, en peligro frente a la uniformidad jurídica y territorial defendida por los liberales (como lo demuestra la división provincial de España, de este mismo 1833).

Así pues, bajo el lema “Dios, Patria y Fueros” se agrupaban los defensores de la legitimidad dinástica de don Carlos (denominado por sus seguidores como Carlos V), de la monarquía absoluta, de la preeminencia social de la Iglesia, del mantenimiento del Antiguo Régimen y de la conservación de un sistema foral particularista.
Otro aspecto del carlismo que podemos analizar a través de este documento

es su implantación geográfica y social. El fenómeno carlista fue más general en las provincias forales del Norte (País Vasco, Navarra) y en otras zonas antiguamente

forales: Aragón (Maestrazago), Cataluña, Valencia, Galicia o Castilla (en algunas comarcas).

Socialmente, el carlismo fue un movimiento tan heterogéneo como el liberalismo. Sus grupos dirigentes provienen de la Iglesia, en su mayoría antiliberal, y muy perjudicada por las desamortizaciones de los bienes eclesiásticos que suponían la pérdida de privilegios en la Iglesia. El apoyo de la pequeña nobleza local, oligarquías rurales y ciudadanas que habían combinado la propiedad de la tierra y el monopolio del poder local con diversas situaciones de privilegio y tenían miedo de que el liberalismo pudiera acabar con los fundamentos tradicionales de su poder (en tema fiscal, vinculaciones señoriales, control de ayuntamientos). El carlismo contó también con el apoyo de sectores amplios del artesanado y del campesinado, y en este sentido adoptó la forma de una protesta popular y campesina. El motivo de su apoyo fue el cambio en las formas en la propiedad colectiva tradicional impuestas por el liberalismo frente a los privilegios forales. Muchos campesinos fueron expulsados de las tierras desamortizadas sin recibir tierras en propiedad, o bien se sintieron perjudicados por el nuevo sistema fiscal e impositivo liberal.



  1. Conclusiones

Respecto al impacto de este documento, Álava, objeto de esta temprana proclama carlista, cumplía muchas de las condiciones que facilitaron el fuerte y rápido desarrollo de esta ideología en el territorio: foral, fuertemente influido por la Iglesia, con una importante nobleza rural, numerosos pequeños propietarios agrícolas y un escaso desarrollo urbano. Es lógico pensar que muchos alaveses se unieran a la causa carlista, de allí la pronta creación de grupos armados en la zona que se enfrentaron al ejército liberal cristino: es el inicio de la denominada Primera Guerra Carlista

La primera guerra carlista (1833-40) se desarrolló en dos escenarios geográficos: Navarra y el País Vasco, en primer lugar, y el interior de Cataluña, Bajo Aragón y el Maestrazgo, en el levante peninsular, posteriormente. Presentó también dos fases. En la primera (1833-35) los triunfos carlistas del general Zumalacárregui en la zona norte permitieron a don Carlos crear una monarquía alternativa en Navarra, mientras que en levante la guerra presentó un carácter de lucha de guerrillas con poca conexión entre las diferentes partidas. En su segunda fase (1836-40) la guerra empezó a decantarse hacia el bando liberal. Los carlistas, para contrarrestar esta tendencia, iniciaron con poco éxito una estrategia consistente en realizar largas expediciones fuera de sus territorios para ampliar su base geográfica. Estas costosas expediciones desgastaron aún más sus recursos y fomentaron la aparición en sus filas de una corriente de opinión favorable a pactar con los liberales y poner fin a la guerra. Muerto Zumalacárregui, el general pactista Rafael Maroto acordó la firma del Convenio de Vergara (1839) con el liberal Espartero. Las partidas carlistas de levante (General Cabrera) resistieron unos meses hasta que fueron derrotadas en 1840.

El carlismo no desapareció. De hecho se trata de un fenómeno de larga duración que continuó en otras dos guerras carlistas menores (década de los cuarenta y de los setenta en el sexenio progresista), manteniéndose, aunque con cambios, durante el siglo XX (apoyo a Franco durante la guerra civil, incidente de Montejurra en la Transición ).
Como conclusión, podemos resaltar que este documento refleja de manera

muy ilustrativa la ideología carlista (“Fueros, Trono, Altar”), así como

las circunstancias espaciales (Norte de España) y temporales (crisis dinástica

por la muerte de Fernando VII) en que se desarrolló, provocando la



Primera Guerra carlista (1833-1840). También citar su aspecto claramente subjetivo

, dado su fuerte carácter ideológico y propagandístico.


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