Comentarios sobre Chocolate caliente para el Alma



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Comentarios sobre

Chocolate caliente para el Alma
“Este es un libro cálido, maravilloso, edificante e inspirador, lleno de ideas y revelaciones que todos pueden utilizar para mejorar alguna parte de su vida. Es para leer, pensar y volver a leer una y otra vez.”

-Brian Tracy, autor de The Psychology of Achievement

“Después de haber entrevistado a cientos de ricos y famosos, me parece evidente que el dinero y la fama no hacen automáticamente felices a las personas. La felicidad tiene que venir de adentro. Chocolate caliente para el alma lo ayudará a poner un millón de sonrisas en su corazón.”

-Robin Leach, escritor y personalidad de la TV

“Contar historias constituye una de las formas más contundentes de enseñar valores y abrir puertas a nuevas posibilidades. En esta selección, rica y variada, cada uno encontrará seguramente algunas historias con un eco especial, relatos para atesorar y compartir.”

-Nathaniel Branden, autor de The Power of Self-Esteem

“El mundo necesita narradores que nos ayuden a encontrar un sentido en la confusión y el caos de estos tiempos complejos. Jack y Mark son consumados narradores y compiladores de historias de la vida real, que alientan y conmueven.”

-Sidney B. Simon, profesor emérito de la Universidad de Massachusetts, y autor de Forgiveness (Saber Perdonar)

“Disfruté de cada página. Las historias son sumamente inspiradoras, la poesía es bellísima y las citas, profundas y significativas. Su contenido resulta esclarecedor para todas las dimensiones de la vida. Este libro es un estupendo regalo para compartir con nuestros seres queridos.”

-Richard Loughlin, presidente de Century 21

“¡Qué libro fantástico! Tiene el mismo efecto que producía el chocolate de mi abuela... calma y da calor. Recurriré a él cada vez que necesite un poquito de amor.”

-Dawn Steel, ex presidente de Columbia Pictures

Chocolate caliente para el alma debería estar en la mesa de noche de todos, para leerlo al final del día y así mantener nuestra fe en la naturaleza humana. Las historias conmueven nuestro corazón y equilibran las noticias que oímos a diario.”

-Bob Reasoner, presidente del Consejo Internacional para la Autoestima y autor de Building Self-Esteem



CHOCOLATE CALIENTE

PARA EL ALMA
Escritas y recopiladas por:

Jack Canfield y Mark Hansen




CHOCOLATE CALIENTE

PARA EL ALMA

Traducción:

Cristina Sardoy

EDITORIAL ATLANTIDA

BUENOS AIRES

Diseño de tapa: Silvina Rodríguez Pícaro

Título original: CHICKEN SOUP FOR THE SOUL

Copyright  1993 by Jack Canfield and Mark Victor Hansen

Copyright  Editorial Atlántida, 1995

Derechos reservados. Tercera edición publicada por

EDITORIAL ATLANTIDA S.A., Azopardo 579,

Buenos Aires, Argentina.

Hecho el depósito que marca la ley 11.723

Libro de edición argentina.

Impreso en Argentina. Printed in Argentina.

Esta edición se terminó de imprimir en el mes de enero de 1996

en los talleres gráficos Verlap S.A., Buenos Aires, Argentina.
I.S.B.N. 950-08-1485-4

Si hay luz en el alma,

habrá belleza en la persona.

Si hay belleza en la persona,

habrá armonía en la casa.

Si hay armonía en la casa,

habrá orden en la nación,

Si hay orden en la nación,

habrá paz en el mundo.
Proverbio chino

Con amor dedicamos este libro a nuestras esposas,

Georgia y Patty, y a nuestros hijos,

Christopher, Oran, Kyle, Elizabeth y Melanie,

que son chocolate caliente para nuestras almas.

Ustedes abren constantemente nuestros corazones

y reavivan nuestro espíritu. ¡Los queremos muchísimo!

Agradecimientos

El proyecto y la realización de este libro nos llevó casi dos años. Fue un trabajo de amor y exigió los esfuerzos aunados de muchas personas. Deseamos agradecer especialmente a:

Patty Mitchell, que tipeó y retipeó cada una de estas historias por lo menos cinco veces. Su compromiso con el proyecto le tomó muchas jornadas de trabajo hasta las diez de la noche y montones de fines de semana. ¡Gracias, Patty! No podríamos haberlo hecho sin tu ayuda.

Kim Wiele, por la monumental transcripción de muchos de los relatos, por manejar gran parte de la investigación y coordinar toda esta tarea interminable en apariencia, para conseguir los permisos de edición de las historias que no escribimos nosotros. Su trabajo fue magnífico. Gracias, Kim.

Kate Driesen, que ayudó en el tipeado, leyó y comentó cada historia y colaboró en la investigación. Siempre llegaste a tiempo cuando tuvimos que cumplir con plazos perentorios. Gracias.

Wanda Pate, que brindó su ayuda sin retaceos en el tipeado y la investigación.

Chery Millikin, que en todo momento se ocupó del procesamiento y la circulación del material.

Lisa Williams, por cuidar los asuntos de Mark para que él pudiera dedicarse a este libro.

Larry Price y Mark Powers, por mantener todo en funcionamiento mientras escribíamos este libro.

Los cientos de personas que escucharon, leyeron y comentaron estos poemas, historias y citas.

Todos nuestros amigos de la Asociación Nacional de Conferencistas, que nos brindaron con generosidad su propio material para completar este libro. Queremos agradecer en especial a Dottie Walters por su apoyo y estímulo constantes.

Frank Siccone, un querido amigo, que aportó varias de las historias y citas.

Jeff Herman, por ser un agente literario tan brillante y por creer en el libro desde el principio. Jeff, nos encanta trabajar contigo.

Peter Vegso, Gary Seidler y Barbara Nichols de Health Communications por captar la visión del libro mucho antes que los demás. Valoramos su apoyo entusiasta.

Cindy Spitzar, que escribió y corrigió varias de las historias más importantes del libro. Cindy, tu contribución fue invalorable.

Marie Stilkind, nuestra editora en Health Communications, por sus interminables esfuerzos para que este libro pudiera alcanzar su nivel más alto de excelencia.

Bob Proctor, que aportó varias historias y anécdotas de su voluminoso archivo de relatos didácticos. Gracias, Bob. Eres un buen amigo.

Brandon Hall, que nos ayudó con dos historias.

También queremos agradecer a las siguientes personas por habernos dado una respuesta muy valiosa al leer el primer borrador: Ellen Angelis, Kim Angelis, Jacob Blass, Rick Canfield, Dan Drubin, Kathy Fellows, Patty Hansen, Norman Howe, Ann Husch, Tomas Nani, Dave Potter, Dannielle Lee, Michele Martin, Georgia Noble, Lee Potts, Linda Price, Martin Rutte, Lou Tartaglia, Dottie Walters, Rebecca Weidekehr, Harold C. Wells.

Índice


  1. A PROPÓSITO DEL AMOR

Amor: la fuerza creadora por excelencia Eric Butterworth 19

Lo único que recuerdo Bobbie Probstein 21

Canción del corazón Patty Hansen 24

Amor de verdad Barry y Joyce Vissell 26

El juez abrazador Jack Canfield y Mark V. Hansen 28

¿Acá no puede pasar? Jack Canfield 32

Tú cuentas Helice Bridges 35

De a una Jack Canfield y Mark V. Hansen 38

El regalo Bennet Cerf 39

Un hermano así Dan Clark 40

Hablando de coraje Dan Millman 42

El gordo Ed Joe Batten 44

El amor y el taxista Art Buchwald 47

Un gesto simple John W. Schlatter 50

La sonrisa Hanoch McCarty 52

Amy Graham Mark V. Hansen 56

Una historia para el día de San Valentín Jo Ann Larsen 58

¡Carpe Diem! Alan Cohen 61

¡Te conozco, eres como yo! Stan Dale 66

La necesidad más agradable Fred T. Wilhelms 70

Bopsy Jack Canfield y Mark V. Hansen 72

Cachorros en venta Dan Clark 76



  1. APRENDER A AMARSE UNO MISMO

El Buda de Oro Jack Canfield 81

Empieza por ti Anónimo 84

¡Nada más que la verdad! Dallas Morning News 85

Cubrir todas las bases Fuente desconocida 86

Mi declaración de autoestima Virginia Satir 87

La mendiga Bobbie Probstein 89

Las reglas para ser humano Anónimo 91





  1. A PROPÓSITO DE LA PATERNIDAD

Los chicos aprenden lo que viven Dorothy L. Nolte 95

Por qué elegí a mi padre como papá Bettie B. Youngs 97

La escuela de los animales George H. Reavis 104

Emocionado Víctor Nelson 106

Te quiero, hijo Víctor B. Miller 109

Lo que eres es tan importante como lo que haces Patricia Fripp 112

La perfecta familia de clase media Michael Murphy 114

¡Dilo! Gene Bedley 119



  1. DEL APRENDIZAJE

Hacerme un futuro Frank Trujillo 125

Ahora me quiero Everett Shostrum 126

Todas las cosas son buenas Helen P. Mrosla 127

Eres una maravilla Pablo Casal 131

Aprendemos haciendo John Holt 132

La mano Fuente desconocida 133

El niño Helen E. Buckley 134

Soy maestro John W. Schlatter 138



  1. VIVE TU SUEÑO

¡Creo que puedo! Michele Borba 143

Descansa en paz. El funeral del “No puedo” Chick Moorman 146

La historia 333 Bob Proctor 151

Pide, pide, pide Jack Canfield y Mark V. Hansen 154

¿La Tierra se movió para ti? Hanoch McCarty 157

El sticker pacificador de Tommy Mark V. Hansen 159

Si no pides, no recibes, pero si lo haces, sí Rick Gelinas 164

La búsqueda de Rick Little Adaptado de Peggy Mann 168

La magia de creer Edward J. McGrath, Jr. 173

El libro de las metas de Glenna Glenna Salsbury 174

Otro tilde en la lista John Goddard 177

¡Atención, nena, soy tu amorcito! Jack Canfield 182

Dispuesto a pagar el precio John McCormack 186

Todos tenemos algún sueño Virginia Satir 190

Sigue tu sueño Jack Canfield 193

La caja Florence Littauer 195

Estímulo Nido Qubein 199

Walt Jones Bob Moawad 200

¿Eres fuerte como para enfrentar las críticas? Theodore Roosevelt 205

Correr riesgos Patty Hansen 206

Un servicio con humor Karl Albrecht y Ron Zenke 208





  1. SUPERAR OBSTÁCULOS

Obstáculos Viktor E. Frankl 211

Para tener en cuenta Jack Canfield y Mark V. Hansen 212

John Corcoran –El hombre que no sabía leer Pamela Truax 215

Abraham Lincoln no se dio por vencido Abraham Lincoln 219

La lección de un hijo Danielle Kennedy 221

¿Fracaso? ¡No! Sólo reveses temporarios Dottie Walters 224

Para ser más creativo, estoy esperando David B. Campbell 228

Todos pueden hacer algo Jack Canfield 231

Sí, tú puedes Jack Canfield y Mark V. Hansen 234

Corre, Patti, corre Mark V. Hansen 237

El poder de la determinación Burt Dubin 240

Fe Roy Campanella 242

Salvó 219 vidas Jack Canfield y Mark V. Hansen 244

¿Va a ayudarme? Mark V. Hansen 248

Sólo una vez más Hanoch McCarty 251

Hay grandeza a tu alrededor. Aprovéchala. Bob Richards. 253



  1. SABIDURÍA ECLÉCTICA

Trato hecho Florence Littauer 257

Tómese un momento para ver de verdad Jeffrey Thomas 259

Si volviera a vivir Nadine Stair 263

Dos monjes Irmgard Schloegl 265

Sachi Dan Millman 266

El don del delfín Elizabeth Gawain 267

La mano del Maestro Myra B. Welch 269


Introducción

Sabemos todo lo que necesitamos saber para

poner fin al sufrimiento emocional inútil que

muchas personas experimentan en la actualidad.

La autoestima y la eficiencia personal están a

alcance de todos aquellos que se hallen dispuestos

a tomarse el tiempo de conseguirlas.

Es difícil trasladar el espíritu de una conferencia a la palabra escrita. Las historias que hemos contado en infinidad de oportunidades tuvieron que ser redactadas cinco veces para que alcanzaran el mismo efecto que en vivo. Al leerlas, no se apure. Escuche las palabras en su corazón y en su mente. Saboree cada historia. Deje que lo emocionen. Pregúntese, ¿qué despierta en mí? ¿Qué me sugiere para mi vida? ¿Qué sentimiento o acción estimula en mi ser interior? Establezca una relación personal con cada historia.

Algunos relatos le dirán más cosas que otros. Algunos tendrán un significado más profundo. Algunos lo harán reír. Otros harán que lo invada una sensación cálida. Es posible que otros tengan el efecto de un golpe directo entre los ojos. No hay una reacción determinada. ¡Lo único que cuenta es su reacción! Déjela aflorar y no le ponga freno.

No lea el libro a las disparadas. Tómese su tiempo. Disfrútelo. Saboréelo. Zambúllase en él con todo su ser. Representa miles de horas de seleccionar “lo mejor de lo mejor” de nuestros cuarenta años de experiencia.

Por último: leer un libro como éste es como sentarse a comer una comida muy elaborada. Puede ser demasiado sustanciosa. Es una comida sin vegetales, ensaladas ni pan. Es todo esencia, con muy pocas palabras huecas.

En nuestros seminarios y talleres dedicamos más tiempo para establecer y discutir las implicaciones de cada historia. Exploramos más a fondo sobre la forma de aplicar las enseñanzas y los principios en la vida cotidiana. No nos limitamos a leer las historias. Tómese usted el tiempo necesario par digerirlas y asimilarlas.

Si se siente impulsado a compartir una historia con otras personas, hágalo. Cuando una anécdota lo haga pensar en alguien, llame a la persona que le trajo a la mente y compártala. Métase en cada lectura y haga lo que sienta que surge en usted. Están pensadas para que lo inspiren y lo motiven.

En muchos casos, nos remontamos a las fuentes originales y pedimos que escribieran o contaran con palabras propias. Muchas historias están narradas con la voz de los protagonistas; no con la nuestra. Siempre que pudimos, hemos atribuido cada relato a la fuente original.

Esperamos que disfrute leyendo este libro como nosotros disfrutamos escribiéndolo.

1
A PROPÓSITO

DEL AMOR

Llegará el día en que, después

de aprovechar el espacio, los

vientos, las mareas y la gravedad,

aprovecharemos para Dios las energías del amor.

Y ese día, por segunda vez en la historia del mundo,

habremos descubierto el fuego.
Teilhard de Chardin
19

Amor: la fuerza creadora

por excelencia

Derrama amor dondequiera que vayas: ante todo en tu casa. Da amor a tus hijos, a tu mujer, a tu marido, a un vecino... No dejes que nadie venga a ti sin irse mejor y más feliz. Sé la expresión viva de la bondad de Dios; bondad en tu rostro, bondad en tus ojos, bondad en tu sonrisa, bondad en tu saludo cálido.

Madre Teresa

Un profesor universitario envió a sus alumnos de sociología a las villas miserias de Baltimore para estudiar doscientos casos de varones adolescentes. Les pidió que escribieran una evaluación del futuro de cada chico. En todos los casos, los estudiantes escribieron: “No tiene ninguna posibilidad”. Veinticinco años más tarde, otro profesor de sociología se encontró con el estudio anterior. Envió a sus alumnos a que hicieran un seguimiento del proyecto para ver qué les había pasado a aquellos chicos. Exceptuando a veinte de ellos que se habían ido o habían muerto, los estudiantes descubrieron que casi todos los restantes habían logrado un éxito más que modesto como abogados, médicos y hombres de negocios.

El profesor se quedó pasmado y decidió seguir adelante con el tema. Por suerte, todos los hombres estaban en la zona y pudo hablar con cada uno de ellos. “¿Cómo explica su éxito?”, les preguntaba. En todos los casos, la respuesta cargada de sentimiento, fue “Hubo una maestra”.

La maestra todavía vivía, de modo que la buscó y le preguntó a la anciana, pero todavía lúcida mujer, qué fórmula mágica había usado para que esos chicos salieran de la villa y tuvieran éxito en la vida.

Los ojos de la maestra brillaron y sus labios esbozaron una agradable sonrisa. “En realidad es muy simple –dijo-. Quería mucho a esos chicos.”


Eric Butterworth
21

Lo único que recuerdo

Cuando mi padre me hablaba, siempre empezaba la conversación diciendo: “¿Ya te dije hoy cuánto te adoro?”. La expresión de amor era correspondida y, en sus últimos años, cuando su vida empezó visiblemente a decaer, nos acercamos aún más... si es que era posible.

A los ochenta y dos años estaba dispuesto a morirse y yo estaba dispuesto a dejarlo partir para que su sufrimiento terminara. Nos reímos, lloramos, nos tomamos de las manos, nos dijimos nuestro amor y estuvimos de acuerdo en que era el momento. Dije: “Papá, una vez que te hayas ido quiero que me envíes una señal para saber que estás bien”. Se rió por lo absurdo del pedido; papá no creía en la reencarnación. Yo tampoco estaba muy seguro al respecto, pero había tenido muchas experiencias que me convencieron de que podía recibir alguna señal “del otro lado”.

Mi padre y yo estábamos ligados tan profundamente que, en el momento de su muerte, sentí su infarto en mi pecho. Después lamenté que el hospital, con su estéril sabiduría, no me hubiera dejado sostener su mano al irse.

Día tras día rezaba para saber algo de él, pero no pasaba nada. Noche tras noche, pedía tener un sueño antes de dormirme. Y no obstante, pasaron cuatro largos meses y lo único que sentía era el dolor de su pérdida. Mamá había muerto cinco años antes del mal de Alzheimer y, si bien yo ya tenía hijas a mi vez, me sentía como un niño perdido.

Un día, mientras estaba tendido en una mesa de masajes, en un cuarto tranquilo y oscuro esperando mi turno, me invadió una ola de nostalgia por mi padre. Empecé a preguntarme si no había sido demasiado exigente al pedir una señal de él. Noté que mi mente se hallaba en un estado de hiperagudeza. Sentí una claridad desconocida en la que podría haber agregado largas columnas de figuras en mi mente. Me cercioré de no estar soñando y me di cuenta de que me hallaba lo más lejos posible de un estado de somnolencia. Cada pensamiento era como una gota de agua que caía en una fuente tranquila, y me maravilló la paz de cada momento que pasaba. Entonces pensé: “He estado tratando de controlar los mensajes del otro lado; dejaré de hacerlo ya mismo”.

De repente, apareció la cara de mi madre, como había sido antes de que la enfermedad de Alzheimer la privara de su juicio, de su humanidad y de veinticinco kilos. Su magnífico pelo plateado coronaba su rostro dulce. Era tan real y estaba tan cerca que me daba la impresión de que podía tocarla si quería. Se la veía como era unos doce años atrás, cuando el deterioro no había empezado. Hasta olía la fragancia de Joy, su perfume favorito. Me pregunté cómo era posible que estuviera pensando en mi padre y apareciera mi madre, y me sentí un poco culpable por no haber pedido una señal de ella también.

Dije: “Oh, madre, lamento tanto que hayas tenido que sufrir con esa horrible enfermedad”.

Inclinó levemente la cabeza hacia un lado, como para confirmar lo que había dicho de su sufrimiento. Luego sonrió –una sonrisa bellísima- y dijo de una manera muy clara: “Pero lo único que recuerdo es el amor”. Y desapareció.

Empecé a temblar en un cuarto que de pronto se había vuelto frío. Supe en lo más profundo que el amor que damos y recibimos es lo único que cuenta y lo único que se recuerda. El sufrimiento se olvida; el amor permanece.

Sus palabras son las más importantes que he oído en mi vida y ese momento quedó grabado para siempre en mi corazón.

Todavía no he visto ni oído a mi padre, pero no tengo ninguna duda de que, algún día, cuando menos lo espere, aparecerá y dirá: “¿Ya te dije hoy que te quiero?”
Bobbie Probstein

24

Canción del corazón



Había una vez un gran hombre que se casó con la mujer de sus sueños. Con su amor, crearon a una niñita. Era una pequeña brillante y encantadora y el gran hombre la quería mucho.

Cuando era muy pequeñita, la alzaba, tarareaba una melodía y la hacía bailar por el cuarto al tiempo que le decía: “Te quiero, chiquita”.

Mientras la niña crecía, el gran hombre solía abrazarla y decirle: “Te amo, chiquita”. La hijita protestaba diciendo que ya no era chiquita. Entonces el hombre se reía y decía: “Para mí, siempre vas a ser mi chiquita”.

La chiquita que ya-no-era-chiquita dejó su casa y salió al mundo. Al aprender más sobre sí misma, aprendió más sobre el hombre. Vio que era de veras grande y fuerte, pues ahora reconocía sus fuerzas. Una de sus fuerzas era su capacidad para expresar su amor a la familia. Sin importarle en qué lugar del mundo estuviera, el hombre la llamaba y le decía: “Te amo, chiquita”.

Llegó el día en que la chiquita que ya-no-era-chiquita recibió una llamada telefónica. El gran hombre estaba mal. Había tenido un derrame. Quedó afásico, le explicaron. No podía hablar y no estaban seguros de que pudiera entender lo que decían. Ya no podía sonreír, reír, caminar, abrazar, bailar o decirle a la chiquita que ya-no-era-chiquita que la amaba.

Y entonces fue a ver al gran hombre. Cuando entró en la habitación y lo vio, parecía pequeño y ya nada fuerte. Él la miró y trató de hablar pero no pudo.

La chiquita hizo lo único que podía hacer. Se acercó a la cama junto al gran hombre. Los dos tenían los ojos llenos de lágrimas y ella rodeó con sus brazos los hombros inútiles de su padre.

Con la cabeza apoyada en su pecho, pensó en muchas cosas. Recordó los momentos maravillosos que habían pasado juntos y cómo se había sentido siempre protegida y querida por el gran hombre. Sintió dolor por la pérdida que debía soportar, las palabras de amor que la habían confortado.

Y entonces oyó desde el interior del hombre el latido de su corazón. El corazón que siempre había albergado música y palabras. El corazón seguía latiendo, desentendiéndose del daño al resto del cuerpo. Y mientras ella descansaba allí, obró la magia. Oyó lo que necesitaba oír.

Su corazón expresó las palabras que su boca ya no podía decir...


Te amo

Te amo


Te amo

Chiquita


Chiquita

Chiquita
Y se sintió confortada.



Patty Hansen
26

Amor de verdad

Moisés Mendelssohn, el abuelo del famoso compositor alemán, distaba de ser buen mozo. Además de una estatura bastante baja, tenía una giba grotesca.

Un día, visitó a un comerciante en Hamburgo que tenía una hija encantadora llamada Frumtje. Moisés se enamoró perdidamente de ella. Pero Frumtje sintió rechazo por su aspecto deforme.

Cuando llegó el momento de irse, Moisés juntó coraje y subió la escalera hasta el cuarto de la muchacha para aprovechar una última oportunidad de hablar con ella. Era una visión de belleza celestial, pero le produjo una gran tristeza por su negativa a mirarlo. Después de varios intentos por entablar conversación, Moisés le preguntó con timidez:

-¿Crees que los casamientos se hacen en el cielo?



  • Sí –respondió ella, sin apartar los ojos del piso-. ¿Y tú?

  • Sí –respondió él-. Sabes, en el cielo, cuando nace un varón, el Señor anuncia con qué chica se casará. Cuando nací yo, me indicaron quién sería mi futura novia. Entonces el Señor agregó: “Pero tu mujer será jorobada”.

  • En ese mismo instante grité: “Oh, Señor, una mujer jorobada sería una tragedia. Por favor, Señor, dame la joroba y a ella hazla hermosa”.

Entonces, Frumtje lo miró a los ojos y fue sacudida por algún recuerdo profundo. Alargó el brazo para darle la mano a Mendelssohn y más adelante se convirtió en su devota esposa.

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