Comunidad Eclesial "San Francisco de Asís"



Descargar 32.57 Kb.
Fecha de conversión04.05.2017
Tamaño32.57 Kb.
Taller de Liturgia

Comunidad Eclesial “San Francisco de Asís”,




La Celebración de la Eucaristía
Introducción
La Eucaristía es el sacramento central de los cristianos, la comida sacramental en que Cristo Jesús se da como alimento a su comunidad bajo el signo del pan y el vino, para hacerce partícipe de su misma Persona Gloriosa, su Cuerpo y Sangre entregados de una vez por todas en la Cruz y ahora en su existencia pascual escatológica.
La presencia de Jesús es real, no aparente. No se trata de una cosa que está a la vista, sino de un encuentro con una persona. La eucaristía no es, como tampoco lo fue en la última cena, un dar y recibir individual, sino un reunirse de muchos, una comunión real de mesa, para orar en común, para dar, para compartir, para comer y beber.
Sin fe nadie recibe la gracia propia de la cena del Señor. Y no obstante, la presencia del Señor en la Eucaristía no depende de mi fe. Lo que hace presente a Jesús no es la fe de quien la recibe, ni la confesión de la Iglesia, sino la promesa y la palabra dada por el Señor mismo glorificado, que se entrega a sí mismo en los dones del pan y el vino, y que Él mismo también, despierta la fe a través de la palabra. La incredulidad el hombre y la mujer no pueden destruir la promesa de Dios, ni pueden anular la presencia del Señor, pero el incrédulo no como ni bebe para su salvación, sino para su condenación.

El milagro, más que la transformación del pan y del vino, yo loveo en la transformación personal de cada uno de nosotros. Y este es el sentido de la consagración. Pues, ¿de qué me sirve creer que Jesús está en la Eucaristía si no creo que está cerca de mí, o de mis hermanos, cuando sufrimos? Si vivo con una actitud cerrada y no cambio, ¿de que me sirve creer en el misterio de la Consagración del pan y el vino?.


La Patrística no decía “presencia real” sino “presencia actual”, que quiere decir que Jesús actúa; tiene un sentido dinámico. La función de Jesús es estar aquí para nosotros, para encontrarse con nosotros. No podemos considerar a Jesús en el altar o en el sagrario como un mero permanecer allí, como una cosa. esta allí, por nosotros, es cuerpo entregado y sangre derramada que nos pide “haced esto en conmemoración mía”.

Los frutos de la Eucaristía los describe así el catecismo:

a) Por la Eucaristía la comunidad se une más a su Señor (“el que me come permanece en mí y yo en él... vive por mí, como yo vivo por el padre” Jn. 6, 56-57);

b) Se robustece en su lucha contra el mal y el pecado;

c) Crece en la fraternidad eclesial (“nosotros, los muchos, somo un pan y un cuerpo pues todos participamos de un Pan” 1 Co. 10, 17);

d) Siente el deseo de poder celebrarla en plena unidad con todos los cristianos;

e) Se entrega por los demás y trata de seguir al Señor con un compromiso con los más pobres.
1. ¿A qué se va a misa? (¿A qué vas tú?).

1 Cor. 11, 20-23Cuando tenéis una reunión os resulta imposible comer la cena del Señor, pues cada uno se adelanta a comerse su propia cena, y mientras uno pasa hambre, el otro está borracho. ¿Será que no tenéis casa para comer y beber?, o ¿es que tenéis en poco la asamblea de Dios y queréis abochornar a los que no tienen? ¿Qué queréis que os diga?, ¿que os felicite? Por eso no os felicito. Porque lo mismo que yo recibí y que venía del Señor os lo transmití a vosotros: que el Señor Jesús, la noche en que iban a entregarlo...”
Para Pablo aquello no es la “Cena del Señor”; aquello no es lo que él les ha enseñado. Y para hacer que entiendan bien lo que es la Eucaristía, recuerda la narración de lo que ocurrió cuando Jesús, antes de su pasión, compartió con sus discípulos aquella última comida, la última cena.
Todos los testimonios escritos de la última cena de Jesús antes de su muerte quieren expresar el significado de lo que hacen las comunidad a las que pertenecen, cuando celebran la Eucaristía. Lucas, por ejemplo nos presenta la Cena como una de las comidas festivas que realizaban habitualmente los judíos. Jesús actúa según lo acostumbrado, pero dándole un sentido nuevo. Porque en efecto, cuando presenta el pan y la copa pronuncia las palabras que designan aquellos alimentos como su cuerpo y su sangre.
Otros apuntes sobre a lo que se va a misa:

* El objetivo de la misa no es Dios, sino el hermano. Si siempre que entramos en la Iglesia, escuchásemos con el corazón la invitación que nos hace Jesús: “No me ames tanto por ser quien soy, sino ámame en mi cuerpo que son tus hermanos”. Entonces la celebración tendrá para todos otro sentido.

* En la Eucaristía nos acercamos más a Dios cuando más nos acercamos a los hermanos. Es cuando aquí se produce en nuestras vidas la consagración, que es la presencia real de Jesús entre nosotros.

* Vamos a la Eucaristía a hacer visible al Dios invisible. Porque allí todos somos comunidad.

* Santo Tomás decía: “Acoged a Jesús, acoged a la Iglesia, porque la Iglesia no es más que la presencia permanente de Jesús entre nosotros. Quien ama a la Iglesia, no ama sino a Jesús”.
2. ¿Por qué antes de poner sobre la mesa el pan y vino, pasamos tanto rato escuchando las lecturas de la Biblia?
En la misa encontramos la estructura fundamental de la Cena:

a) Jesús tomó el pan... el vino. Es la “Preparación de las Ofrendas”: ponemos sobre la mesa las ofrendas que serán consagradas, es decir, el pan y la copa o el cáliz.


b) Jesús dio gracias o pronunció la bendición: el la “Plegaria Eucarística”: escuchamos al presidente de la asamblea, como los apóstoles escucharon a Jesús.
c) Jesús partió el pan: es la “Fracción del pan”: el pan es partido y cada uno de nosotros recibe una parte.
d) Jesús lo dio a sus discípulos. Es la “Comunión”, que es la culminación de nuestra participación en la acción eucarística.
Cada vez que vamos a misa, se nos invita a recorrer este itinerario. Pero la misa, sin embargo, comienza antes de poner sobre la mesas el pan y el vino-
Lc. 24, 13-32. Los discípulos de Emaús.

En este texto encontramos, sin duda, la reflexión de una comunidad inspirada por la manera como ella celebraba la Eucaristía: la Eucaristía empezaba siempre con el anuncio, partiendo de los libros sagrados. Al principio de hacia en forma de testimonio de viva voz como el de Jesús en el camino de Emaús. Luego las cosas irán evolucionando progresivamente, cuando los testigos han escrito sus memorias, que serán recibidas con la misma consideración que los textos del AT.


Lo que ahí se proclama no lo recibimos como un viejo texto que puede quizá contener algunas lecciones útiles de moral, sino como la Palabra de un Dios que se dirige a nosotros para asegurarnos una vez más su amor y llamarnos a responderle con toda nuestra existencia. Es Cristo resucitado que se nos da a conocer para que podamos reconocerle en los gestos de la Eucaristía.
Después de las lecturas el presidente de la asamblea toma la palabra para decir cómo lo que acabamos de escuchar se realiza hoy en la celebración y en nuestra vida. No se trata de una predicación sobre cualquier tema, sino que parte de un pasaje de la Biblia que se acaba de leer, para anunciar, como Jesús en la sinagoga de Nazaret: “Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír” (Lc. 4, 21).
3. ¿Sería correcto definir a los Cristianos como unas personas que van a la misa? Pues, la verdad, no parece que eso sea lo esencial...
Lo primero que uno ve en la misa es un conjunto de hombres y mujeres que se reúnen. Para celebrar, lo primero que hay que hacer es encontrarse juntos. Eso supone que los reunidos antes estaban dispersos.
La primitiva comunidad cristiana -como la de hoy- sabía que su vocación era de estar dispersa en medio del mundo, en su existencia cotidiana.
(Carta a Diogneto 5, 1.2.4) “Los cristianos no se distinguen de los demás hombres si por la nación, ni por la lengua, ni por el vestido. No viven en ciudades propias, ni utilizan ningún dialecto especial, su manera de vivir no tiene nada de singular...Están en las ciudades griegas y en las bárbaras según el azar ha querido para cada uno; y actúan según las costumbres de su lugar en el vestir, en el comer y en el modo de vivir, manifestando ahí las leyes extraordinarias y paradójicas de su república espiritual...”
La reunión para la Eucaristía es una de las más antiguas manifestaciones de la existencia cristiana.
Otras observaciones:
“Yo no soy cristiano practicante” dicen muchas personas que no van a la misa del domingo. Eso demuestra hasta que punto se ha procurado que la misa monopolice toda la praxis de la existencia cristiana.
¿Por qué se ha refugiado el culto cristiano en la Iglesia y especialmente en la misa que en ella se celebra? ¿Y por qué, a la vez que se produce ese refugio en el culto, hemos dejado de traducir la esperanza cristiana en proyectos históricos de liberación?.
La misa volverá a ser significativa, volverá a tener sentido, cuando los creyentes renuncien al monopolio del culto, en favor del único lugar digno del culto cristiano: el mundo y su historia. Cuando la eucaristía vuelva a ser lo que era: la celebración sacramental de toda la vida.
4. En la asamblea, todos somos hijos de Dios. Entonces, ¿por qué se da una diferencia entre los sacerdotes y los demás?. Y si es el sacerdote el que “dice” la misa, ¿qué hacemos los demás?.
Dentro de una comunidad que celebra, hay un ministro que preside, haciendo las veces de Cristo. Los motivos de este ministerio presidencial no son meramente funcionales o de dinámica de grupos. Son teológicos.
Ante todo, el presidente es el sacramento de la presencia de Cristo en medio de su comunidad. Cristo es el auténtico guía, maestro y animador de la celebración: el presidente, actuando “in persona Christi capitis” (en persona de Cristo Cabeza), ejerce el ministerio de visibilizar esta presencia misteriosa y oculta de Cristo, que sigue actuando, enseñando, perdonando y orando, ahora por medio de su ministro.
Toda la comunidad tiene carácter sacerdotal, por el bautismo, pero sólo alcanza la plenitud de Pueblo de Dios con el presidente que hace las veces de Cristo y así puede celebrar los signos sacramentales céntricos de su salvación.
El presidente expresa de un modo explícito la comunión de esta asamblea concreta con el propio obispo y con los demás obispos de la Iglesia universal, unidos al Papa. “Todos celebración eucarística legítima es dirigida por el obispo, ya sea personalmente, ya por los presbíteros, sus colaboradores. Esto se hace, no para aumentar la solemnidad exterior del rito, sino para significar de una manera más evidente el misterio de la Iglesia que es sacramento de unidad” (IGMR 59).
Las actuaciones más específicamente presidenciales, en la eucaristía, son:

- La homilía, en la que el presidente, personificando a Cristo Maestro, explica y aplica a la comunidad la Palabra que se acaba de proclamar,

- La plegaria eucarística, en la que en nombre de todos bendice a Dios, hace memoria y ofrece el sacrificio pascual de Cristo e invoca la venida del Espíritu sobre los dones y la comunidad;

- hay otras oraciones en las que también actúa como presidente la colecta, la conclusión de la oración universal, la oración sobre las ofrendas y la poscomunión;

- también en el saludo inicial y en la bendición final; en nombre de Cristo recibe y despide a la comunidad.
A veces se habrá de “celebrante”. Costumbre que data de la Edad Media, en la que se tendió a dar al sacerdote una importancia casi exclusiva. Hoy volvemos al vocabulario que utilizaba en los tiempos antiguos: el sacerdote no es el único que celebra, sino que él celebra como presidente. Es un bautizado como los demás, pero ha recibido la misión de manifestar la presencia de Cristo como cabeza de su cuerpo.

Esta función es importante, puesto que nos muestra claramente que todo lo que vivimos en esta asamblea es un don de Dios, algo que recibimos y que no podemos obtener por nosotros mismos, especialmente por lo que respecta a la Eucaristía: Es Jesús quien se da.


Las distintas funciones que se dan en la asamblea ayudan también a que ésta sea una imagen y manifestación de la Iglesia.

5. ¿Realmente es tan importante ir a misa?


Impresiona ver con qué insistencia la Iglesia, a lo largo de los siglos, ha acentuado la importancia de la reunión eucarística de los domingos.
Cuando enseñes, obispo, exhorta al pueblo, y persuádele de reunirse en la Iglesia. Que no falte, que sea fiel a reunirse y que nadie disminuya la Iglesia no yendo y privando al cuerpo de Cristo de uno de sus miembros... No os menospreciéis a vosotros mismo y no privéis a nuestro Señor de sus miembros; no desgarréis ni despresiéis a su cuerpo; no pongáis vuestros asuntos temporales por encima de la Palabra de Dios, sino por el contrario, en el día del Señor abandonadlo todo y corred aprisa a vuestras Iglesias. ¿Que excusa tendrá ante el Señor el que ese día no participa de la asamblea para escuchar la palabra de salvación y nutrirse del alimento divino que permanece eternamente” (Didascalia de los Apóstoles, II, 59).
Demasiado a menudo se ha creído que el deber de cada uno era ir a misa sin importarle si allí iba o no a encontrarse con otros cristianos.
6. ¿No es la comunión un encuentro personal con Dios? ¿Para qué entonces, todos esos ritos que la acompañan? ¿No bastaría la consagración para hacerla posible?
La eucaristía es una sobremesa. Así lo hizo Jesús. Así eran las eucaristías de los primeros cristianos. La mesa es el símbolo de la amistad, de la vida de iglesia, en la que Jesús está rodeado de amigos en torno a la mesa. Una mesa sin lujos, sencilla, noble, de madera, limpia. No hacen falta adorno. Sólo nosotros, nuestra alegria, nuestra disponibilidad.

Toda la vida es comunión. Cumulamos de manera particular pero no solos. La Eucaristía la hacemos entre todos, vosotros y yo. Todos formamos el Cuerpo de Cristo.



Antes se iba a la comunión para comulgar con Jesús; ahora hemos de ir a la comunión para que Él nos enseñe a comulgar con vosotros.

Antes nuestra preocupación era como acercarnos a Jesús; ahora vamos a Jesús para pedirle que nos acerquemos los unos a los otros.


La base de datos está protegida por derechos de autor ©bazica.org 2016
enviar mensaje

    Página principal