Con María anunciemos la alegría del Evangelio



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31 de julio 2014
VIRGEN SANTA DE HUACHANA

Con María anunciemos la alegría del Evangelio”





Queridos peregrinos de Huachana:

Otro año la Virgen nos vuelve a convocar en su casa, bajo su manto verde, capaz de albergar y recibir a tantos peregrinos venidos de todos lados. Este santuario, emplazado en medio del monte santiagueño, se transforma en signo bien claro de lo que es la Iglesia, esa casa de puertas abiertas para recibir a todos y hacerlos sentir protagonistas, acogidos cálidamente en el vientre de María. En Ella nos sentimos reconocidos, amados singularmente, protegidos y hermanados con el prójimo. En Ella nos podemos empezar a mirar con ojos nuevos y establecer vínculos nuevos. En Ella recibimos el aliento vital para retomar con más fuerza nuestra misión de cada día.

En comunión con la Iglesia universal, la fiesta de este año nos invita a que con María anunciemos la alegría del Evangelio. El nuevo impulso que hemos recibido del Espíritu Santo, en estos últimos meses, a partir de la llegada del Papa Francisco, nos ha renovado a todos en la alegría que brota de la fe. Sin duda, podemos afirmar junto a nuestro querido Papa, que lo mejor que nos ha pasado en la vida es haber recibido la alegría de la fe. Esa fe que le da un color distinto a toda nuestra existencia. Esa fe que nos hace mirar con esperanza el presente a veces triste, dominado por la angustia de no llegar a fin de mes, la inseguridad, la crisis de vínculos profundos y de desentendimiento a todo nivel: familiar, comunitario, político y social. Esa fe nos hace soñar con un futuro mejor para nuestro pueblo y nos hace reconocer, en nuestra memoria agradecida, los pasos de Dios, descubriendo su ternura y su amor fiel, aún en medio de tantos cambios y dificultades.

Hablar de la alegría, tal vez le pueda parecer a más de uno, algo de otro mundo, como una palabra ingenua, propia de quien “no tiene los pies sobre la tierra”, o de alguien que vive de “ilusiones”. Sin embargo, muy en lo profundo de nuestro interior, descubrimos esa luz que le da sentido a todo y que nos provoca una gran paz y un profundo gozo: la de sabernos hijos amados de Dios y de la Virgen. Por eso venimos a Huachana, porque nos moviliza esa alegría, esa esperanza, esa fuerza oculta que viene del Espíritu Santo. Alegría que se comparte en los cantos, en el peregrinar juntos, en el agitar nuestras banderas, en hacer fiesta porque Dios está con nosotros y nos acompaña en la presencia maternal de María. Alegría que se hace silencio orante, frente a la Virgen, con nuestra vela encendida, signo de esa fe que hemos recibido gratuitamente en el bautismo y que no queremos que se nos apague nunca. Alegría que se vuelca por escrito en los cuadernos de intenciones del santuario, donde ofrecemos nuestra vida y la de todos los que llevamos en el corazón. Alegría que comunicamos a nuestros hijos al bautizarlos y al presentárselos a la Virgen. Alegría que estalla en los cohetes, bombas y que danza al ritmo de violines, bombos y acordeones, junto al vivar de los jinetes. Alegría que vence todo sacrificio e incomodidad para poder estar nuevamente en Huachana, para celebrar nuestra fe. Alegría que se expresa en la ofrenda generosa, como signo de nuestra gratitud y entrega a Dios, por todo el bien que nos ha hecho. Alegría que nos hace compartir esta peregrinación junto a nuestros vecinos, familias y seres queridos. Alegría que desea ser comunicada al volver a nuestros hogares, llevando algún recuerdo bendecido de este paso por el santuario. Alegría de saber que no estamos solos, sino que somos un pueblo peregrino que celebra la fiesta de la fe, junto a muchas personas, que ahora las reconocemos como hermanos.

Bien sabemos, por propia experiencia, que la alegría desbordante no puede ser guardada por mucho tiempo en el corazón, necesita salir afuera, manifestarse, comunicarse, expandirse. Es lo que hicieron los primeros hombres y mujeres que se encontraron con Jesús, que lo conocieron y lo siguieron. No pudieron guardar por mucho tiempo esta buena noticia, sino que necesitaron contarla, compartirla con otros. Y así fue naciendo la Iglesia, la comunidad de los que se encuentran con Jesús y lo tienen como sentido de sus vidas. La comunidad de discípulos misioneros que siguen y anuncian a sus hermanos a Jesús, el Hijo de Dios, que murió y resucitó para salvarnos y que nos invita a ser comunidad, a vivir el amor en gestos concretos de cercanía y encuentro. Eso significa la palabra Evangelio: la Buena Noticia. Hoy también, parecería algo contracorriente anunciar esta Buena Noticia, en medio de tantas malas que inundan nuestros medios de (in)comunicación. Por eso, si nosotros no lo hacemos, ¿quién lo hará por nosotros? ¿Cómo nos podríamos dar el lujo de dejar a este mundo huérfano de esta Buena Noticia? Hoy, más que nunca, nuestros vecinos, nuestras familias, nuestro mundo necesita este anuncio de parte nuestra. Excusas siempre podremos encontrar: ¿seré yo el indicado?, ¿no tendré que prepararme un poco más?, ¿me creerán a mí?, ¿no me rechazarán? Todos estos interrogantes, y tantos otros más, también estuvieron en el corazón de muchos misioneros y en el de nuestros antepasados. Sin embargo, la alegría de esta Buena Noticia pudo más que tantas trabas y “razonamientos humanos” y se aventuraron en la loca osadía de continuar con esta cadena de testigos de Jesús y de su Evangelio. Gracias a ellos nos ha llegado la fe. Gracias a su audacia, hoy estamos aquí, en Huachana, porque nos han contagiado este cariño a la Virgen. Seguramente, gracias a muchos de nosotros, estarán en unos años (o tal vez ya están hoy aquí en esta fiesta) muchos hermanos a quienes les hemos transmitido el Evangelio, por quienes hemos rezado aquí, a quienes les hemos llevado alguna estampa. Por eso, en Huachana, junto a María, renovamos nuestro amor a Jesús, nos volvemos a encontrar con Él y nos dejamos encontrar por Él. En Huachana, volvemos a sentir la frescura del agua bendita que roció nuestras frentes el día de nuestro bautismo, el aceite que corrió por nuestras cabezas, ungiéndonos otros Cristos, el calor de la llamita que se encendió en manos de nuestros padrinos. Y nos volvemos a reconocer hijos de Dios, con todo lo que ello implica, volvemos a entusiasmarnos con el don de la fe, que se hace alegría, buena noticia, don para compartir.

Y escuchando ahora la voz de nuestro buen Jesús, a través de nuestro Papa Francisco, nos acompañan tres certezas. La primera: que todos los bautizados somos misioneros, todos somos agentes de evangelización. Por tanto, todos estamos llamados a anunciar la alegría del Evangelio, cada uno desde el lugar valioso que Dios nos ha confiado en este mundo: mi familia, el trabajo, mis vecinos, mi comunidad. La segunda: la vida se acrecienta dándola y se debilita en el aislamiento y la comodidad. Es decir, cuánto más salgamos de nosotros mismos al encuentro del prójimo para compartirle esta vida de Dios, tanto más vida tendremos y tanto más felices seremos. Basta mirar el rostro triste de tantos hermanos que acumulan para sí mismos y viven como si ellos solos existieran. Como contraste, podemos reconocer el rostro sereno y feliz de tantas abuelas, madres, catequistas y personas de bien, que, como Jesús, han pasado por este mundo haciendo el bien, olvidándose de ellos mismos. La última certeza: como Jesús estamos llamados a ir hacia las periferias, es decir, a aquellos que más lo necesitan, a los que tal vez “nadie elegiría” para estar con ellos: los pobres, ancianos, enfermos, drogadictos, alcohólicos, personas con discapacidad, enfermos psiquiátricos, etc. Y así podríamos seguir alargando esta lista de sobrantes del sistema, ya no marginados, como dirá el Papa, sino aquellos que ni siguiera están en el margen, sino fuera del sistema, aquellos olvidados que Dios no olvida. Ir hacia ellos, a su encuentro, para descubrir el rostro de Cristo (Mt 25,40) y los rasgos y facciones de su Madre María, en sus corazones heridos.

El desafío es grande, pero no estamos solos. Contamos con la mano de María, que nos sostiene para salir con Ella y vivir así nuestro compromiso bautismal de ser misioneros. Ella nos impulsa a encontrarnos en comunidad con otros hermanos, para que no seamos francotiradores, sino comunidad discípula misionera que se lanza a la periferia. No hay tiempo que perder. No ganamos nada con el lamento estéril, con la nostalgia de que todo tiempo pasado fue mejor, con nuestras críticas e “internismos”. Eso nos quita tiempo y energía para la misión, para el compromiso y vamos dejando para mañana, lo que podemos y debemos hacer hoy.

Estas puertas abiertas que encontramos en Huachana, como en nuestros ranchos del monte, son para entrar, pero también para salir, para anunciar, para arriesgar. Que nada nos detenga, que nada nos demore, que nada nos frene. Como María que atravesó valles y montañas, con el Tesoro de Jesús en su vientre, para llevar la alegría a su prima Isabel y hacer saltar de alegría al hijo de sus entrañas (Lc 1,39-45), regalando la esperanza perdida, la alegría de la salvación, la mejor de las noticias, y por ello, la Buena Noticia.



Sacerdotes, Hermanas y Laicos del Santuario de Huachana
Algunas noticias de Huachana para compartir…

    • A principios de este año 2014, la Virgen ha salido de peregrinación misionera por algunas comunidades de la Provincia de Salta. De esta manera, María fue recibida con profunda alegría y devoción por los pobladores de El Tala, Metán, El Galpón y Rosario de la Frontera, y de muchas otras pequeñas poblaciones y barriadas vecinas.

    • En la Capilla San Cayetano de la Pquia de Fátima de Metán, la Virgen de Huachana ha sido elegida co-patrona de esta comunidad y será entronizada para su fiesta patronal.

    • En mayo de este año, también la Virgen ha visitado Garmendia, Burruyacu y otras localidades de esta zona de Tucumán, caminando con sus hijos que con tanta fiesta la han recibido.

    • Otra linda noticia fue la visita realizada en febrero al Papa Francisco, que recibió unas estampas de regalo de la Virgen de Huachana y la donación que nos hizo de su solideo (el gorrito blanco), que ha sido entronizado en nuestro santuario, como signo de comunión y consagración de nuestro Pastor, al cuidado de nuestra Madre.

    • Por último, les contamos que a partir de marzo de este año, están viviendo en nuestra parroquia, de la que depende nuestro Santuario, dos hermanas religiosas de la Congregación Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús, que colaboran en la atención pastoral de las comunidades de Santos Lugares y parajes vecinos y en el cuidado pastoral del santuario de Nuestra Madre y de sus peregrinos.

    • Gracias al esfuerzo y colaboración de muchos peregrinos hemos podido dar pasos muy importantes en la construcción del Templo Nuevo. Les decimos de todo corazón: ¡GRACIAS!

(foto templo nuevo, últimos avances, bajar de la web, )


Aún queda mucho por hacer, por eso, CONTAMOS CON TU AYUDA para SEGUIR LEVANTANDO Y CONSTRUYENDO LA CASA DE NUESTRA MADRE. Ayudanos a difundir esta obra para seguir con este proyecto. Muchas gracias.
HIMNO DE HUACHANA


Virgen Santa de Huachana,

Madre de nuestro Señor,

tus devotos peregrinos

piden hoy tu bendición.
En el monte santiagueño

eres símbolo de fe,

oh Señora de Huachana

reina en tu pueblo fiel.


Dios te hizo Inmaculada

y en tu seno se encarnó,

diste al mundo a Jesucristo,

nuestro hermano y Salvador.

Eres prenda de esperanza

de consuelo en nuestra cruz,

te pedimos Virgencita

que nos lleves a Jesús.


Desde lejos hoy venimos

tus bondades a cantar,

que tu luz nos encamine

Mensajera de la paz.


En Huachana tiene trono

de promesa y oración,

como Madre de la Iglesia

nos proteges con amor.





Para más información del Santuario de Huachana, comunicate al (03855) 15404740 (sólo para llamadas): Pquia del Santo Cristo, (Santos Lugares). O escribinos a nuestra dirección de mail: santuariodehuachana@yahoo.com.ar. También puedes consultar nuestra página web: www.santuariodehuachana.org O puedes seguir nuestras actividades y dejar tus comentarios en Facebook Santuario de Huachana

La Virgen de Huachana te espera durante el año
El último sábado de cada mes te esperamos para compartir la misa a las 18 hs en Huachana donde rezaremos por tus intenciones y la de todos los peregrinos, también tendremos la celebración de los Bautismos en la misma celebración de la Misa.
2014

-Sábado 30 de agosto: Misa por los niños y embarazadas, uniéndonos a la fiesta de San Ramón Nonato, bendeciremos a los niños y a las mujeres embarazadas. También a las familias que deseen ser padres y aún no pueden.

-Sábado 27 de septiembre: Misa por los adolescentes y jóvenes. En el mes de la Biblia, bendeciremos las Biblias que cada uno lleve a la misa.

-Sábado 25 de octubre: Misa por la Patria y por nuestros gobernantes.

-Sábado 29 de noviembre: Misa por los difuntos, rezaremos por nuestros difuntos.

-Sábado 27 de diciembre: Misa por las familias. Daremos gracias a Dios y a la Virgen por el año vivido. Adoraremos al Niño Dios y bendeciremos a todas las familias presentes.


2015

-Sábado 31 de enero: Misa por la paz del mundo.

-Sábado 28 de febrero: Misa por el trabajo, con bendición de las manos y de los instrumentos de trabajo que llevemos a la misa.

-Sábado 28 de marzo: Misa de Sábado de Ramos. Bendeciremos los ramos que traigamos para iniciar la Semana Santa. Habrá confesiones 2 horas antes de la Misa.

-Sábado 25 de abril: Misa de Pascua. Renovaremos las promesas y compromisos asumidos el día de nuestro Bautismo. Bendeciremos a los padrinos de Bautismo. Invitamos especialmente a todos los que han sido bautizados en Huachana, junto a sus padres y padrinos.

-Sábado 30 de mayo: Misa por los ancianos y enfermos. Aquellos que deseen podrán recibir el Sacramento de la Unción de los enfermos.



-Sábado 27 de junio: Misa por la Iglesia, pediremos por los laicos, las vocaciones sacerdotales y religiosas y pediremos por nuestro Papa y sus intenciones.
Oración a la Virgen de Huachana: María, Madre de Jesús, te invocamos hoy en la lengua de nuestros padres con el dulce nombre de VIRGEN DE HUACHANA. Tú que fuiste pobre y humilde ruega por nosotros ante el Señor, para que crezca nuestra fe, amemos a todos como hermanos y seamos cristianos de verdad. Escúchanos Señora en nuestras necesidades y así nos alegraremos siempre de pertenecer a la familia de Dios. Amén.

PARA VIVIR MEJOR LA MISA DE LA MANO DE MARÍA

  • Canta con mucha fuerza y alegría, expresando el gozo de celebrar nuestra fe

  • Escucha con atención cada palabra y únete a ella, como si brotaran de tus propios labios

  • Mira el rostro de los que tienes al lado y agradece a Dios el tenerlos como hermanos, parte de esta familia que es la Iglesia, con quienes vamos a compartir la Cena del Señor

  • Sigue cada parte de la Misa:

  1. Traza con devoción sobre tu cuerpo, la señal de la Cruz, signo de la fe recibida en el bautismo, bendice a Dios por tus mayores que te la han transmitido.

  2. Pide perdón con sinceridad de tus pecados, sabiendo que Dios es misericordioso y no se cansa nunca de perdonarnos.

  3. Escucha con atención la Palabra de Dios. Es el mismo Dios el que nos habla, dándole luz y sentido a nuestras vidas, interpelándonos a vivir mejor.

  4. Únete a las intenciones del mundo entero, de los más necesitados y pide también por los tuyos.

  5. Junto al pan y al vino, ofrécele tu vida a Dios, tu trabajo, tus penas y alegrías, tu familia, tu pueblo, todo lo que haces y eres, para que Dios los transforme, junto a las ofrendas que se ofrecen en el altar.

  6. Dale gracias a Dios por todos sus dones: la vida, la fe, la salud, la familia, el poder estar en Huachana, todas las maravillas que ha obrado en ti.

  7. Mira en silencio el pan que se convierte en el Cuerpo de Cristo y el vino en su Sangre, y déjate amar por Jesús que da la vida por ti.

  8. Reza por el mundo entero, por los peregrinos y siéntete en profunda comunión con Jesús, la Virgen, los santos y tus seres queridos difuntos.

  9. Reza el Padre nuestro con profunda alegría de saberte hijo de Dios y hermano de tu prójimo.

  10. Dale la paz al que tienes al lado, como signo sincero de tu deseo de perdonar y de reconciliarte con los que te han lastimado.

  11. Acércate a recibir el Cuerpo de Cristo, y permanece en profunda comunión con Él y tus hermanos, dándole gracias por este don de su amor.

  12. Con un corazón nuevo, recibe la misión que Dios te encomienda, de llevar la alegría de este Encuentro a tu vida cotidiana, donde Dios te envía.


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