Conceptos generales sobre manejo de maleza en sistemas de labranza de conservacion



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CONCEPTOS GENERALES SOBRE MANEJO DE MALEZA EN SISTEMAS DE LABRANZA DE CONSERVACION
Enrique Rosales Robles

Campo Experimental Río Bravo, CIRNE-INIFAP.




INTRODUCCION

Desde el inicio de la agricultura los productores han luchado por eliminar a las plantas diferentes al cultivo en explotación (Chandler and Cooke, 1992). La definición más común de mala hierba es aquella planta que crece en un lugar donde no es deseada y que interfiere con los intereses del hombre (Anderson, 1996). Al conjunto de malas hierbas en un área se le denomina maleza. Dentro de la maleza que se asocia a un cultivo deben considerarse tanto a las especies silvestres, así como a los cultivos voluntarios indeseables. Así pues, tanto una planta de sorgo como un quelite son una mala hierba en un campo de maíz.


La presencia constante de la maleza en los agroecosistemas contrasta con la ocurrencia casual de insectos plaga y los agentes causales de enfermedades. Las malas hierbas compiten con los cultivos por factores básicos para el desarrollo como luz, agua y nutrimentos y reducen significativamente su rendimiento y la calidad de los productos cosechados, por lo que el control de maleza es una parte esencial en la producción de cultivos. El manejo de las poblaciones de maleza es una de las prácticas más antiguas en la agricultura, sin embargo, en muchas ocasiones no se le otorga la importancia debida. Se estima que la interferencia de maleza causa una disminución del 10% de la producción agrícola mundial y puede llegar a un 25% en países en desarrollo (Zimdahl, 1993).
El desarrollo de sistemas mecanizados de labranza significó un gran impulso a la agricultura extensiva y disminuyó las horas-hombre requeridas en la producción de cultivos. No obstante sus ventajas, el laboreo excesivo del suelo ha causado serios problemas de erosión en algunas áreas agrícolas. A partir de la década de los 60´s el desarrollo de herbicidas orgánicos impulsó la creación de sistemas de labranza adecuados para la conservación del suelo y agua. El término labranza de conservación es usado para definir cualquier sistema de labranza que deja al menos 30% de la superficie del suelo cubierta con residuos de plantas después de la cosecha del cultivo. En estos sistemas de labranza, el manejo de las poblaciones de maleza cambia drásticamente al reducirse el laboreo del suelo e incrementarse la dependencia del uso de herbicidas. La dificultad de obtener un manejo eficiente y económico de maleza es uno de los principales obstáculos en la adopción de los sistemas de labranza de conservación (Buhler, 1998).


BIOLOGIA Y ECOLOGIA DE LA MALEZA

Se estima que de las 250,000 especies vegetales existentes en el mundo, aproximadamente 250 se consideran como las principales malas hierbas en la agricultura y de éstas, 76 se han clasificado como las “peores malas hierbas del mundo” (Holm et al., 1977). Es importante señalar que el 70% de las principales malas hierbas están comprendidas en sólo 12 familias botánicas, entre las que destacan las gramíneas y las compuestas.


El manejo de maleza debe considerar la biología y la ecología de las plantas, ya que la maleza y los cultivos interactúan en los agroecosistemas (Bridges, 1995). Desde un punto de vista ecológico, las malas hierbas son plantas que están adaptadas al disturbio causado en la producción de cultivos y en muchos casos su supervivencia y diseminación dependen del hombre. Adicionalmente, las malas hierbas presentan características que le permiten reprimir o desplazar a los cultivos. Entre las características de la mala hierba “ideal” se pueden mencionar (Baker, 1974):

Germinación de semillas en diversos ambientes.

Semillas con latencia y gran longevidad.

Rápido crecimiento entre la fase vegetativa y reproductiva.

Producción continua de semilla mientras las condiciones de crecimiento lo permitan.

Autocompatibilidad, sin ser completamente autógama o apomíctica.

Si es de polinización cruzada, requiere sólo de viento o agentes no especializados.

Alta producción de semilla en ambientes favorables.

Producción de semilla en una amplia gama de condiciones ambientales.

Dispersión de semillas tanto en corta como en larga distancia.

Si es perenne, con tasa de reproducción vegetativa alta a través de rizomas, estolones y otros órganos.

Habilidad para competir con otras especies vegetales.



Alelopatía, es decir producción y liberación al medio ambiente de inhibidores de otras plantas.
Se considera que la alta capacidad reproductiva, la longevidad y latencia de semillas en el suelo y la reproducción vegetativa, son las características más comunes de las principales malas hierbas. Es importante considerar que el control de maleza en cultivos agrícolas debe entenderse como un sistema de manejo de las poblaciones actuales y futuras de estas especies. Se ha determinado que solamente de 2 a 10% de la población total de semillas en el suelo germina y emerge en un año y el resto del banco de semillas permanece en latencia (Zimdahl, 1993). Al respecto, se estima que en suelos agrícolas el banco de semillas en la capa arable del suelo varía de 200 a 137,000 semillas por metro cuadrado (Forcella et al., 1993). Por lo tanto, cualquier medida de control ejercida sobre la maleza, emergida o por emerger, afectará solamente a esta pequeña proporción de la población potencial y el resto se establecerá en el futuro.
Algunos ejemplos de malas hierbas con una alta producción de semillas son el zacate Johnson Sorghum halepense (L.) Pers y el quelite Amaranthus spp., los cuales pueden producir hasta 80,000 y 100,000 semillas por planta, respectivamente, en un período de desarrollo. En cuanto a la longevidad de semillas de maleza, se ha determinado que algunas especies como la correhuela perenne Convolvulus arvensis L. puede sobrevivir por más de 50 años en el suelo, el polocote o girasol silvestre Helianthus annuus L. ocho años, la lengua de vaca Rumex crispus L. 39 años y el quelite 10 años. Debido a lo anterior, el conocimiento de la ecología de la maleza es indispensable en la planeación de sistemas de manejo de maleza en cualquier cultivo y sistema de labranza (Anderson, 1996).

EFECTO DE LOS SISTEMAS DE LABRANZA SOBRE LAS POBLACIONES DE MALEZA
Las malas hierbas presentes en un terreno agrícola reflejan las prácticas de manejo utilizadas en ciclos anteriores. Las prácticas de producción ejercen una presión de selección en las comunidades de maleza y crean condiciones que favorecen o afectan a diferentes especies. Las malas hierbas que se presentan en la agricultura son especies que se benefician del disturbio continuo característico de la mayoría de los terrenos agrícolas. Entre las principales prácticas de producción que influyen en las poblaciones de maleza se incluye a la labranza, el riego y la fertilización (Bridges, 1995).
La labranza es considerado un factor determinante en el establecimiento de comunidades de maleza. La labranza primaria o preparación de la cama de siembra reduce las densidades de maleza anual al eliminar a las plántulas en proceso de emergencia. La labranza primaria altera las características de la superficie del suelo y afecta la germinación de las semillas de maleza al reducir la cobertura del suelo por residuos vegetales y afectar en consecuencia la temperatura y humedad del mismo. Además durante la preparación del suelo se altera la distribución de las semillas en el suelo. Los requerimientos para la germinación varían entre las especies de maleza y son un mecanismo que regulan las poblaciones de maleza en los terrenos (Buhler, 1998).
El cambio de labranza convencional a labranza de conservación representa un cambio en las prácticas efectuadas en la producción agrícola y altera las condiciones para el establecimiento de la maleza. La dificultad de obtener un manejo eficiente y económico de maleza es uno de los principales obstáculos en la adopción de los sistemas de labranza de conservación (Wicks et al., 1994). Una vez establecido el cultivo, por lo general sólo existen dos opciones para el control de maleza, el control mecánico y el control químico. Debido a que en los sistemas de labranza de conservación el control mecánico de maleza es reducido para la conservación del suelo, el manejo de maleza es comumente difícil y altamente dependiente de la aplicación de herbicidas. El reto en estos sistemas de producción es el control eficiente de maleza con uso mínimo de herbicidas y labranza. Uno de los primeros pasos para lograr este objetivo es entender y predecir la respuesta de las poblaciones de maleza a los sistemas de labranza de conservación (Buhler, 1998).

Maleza anual

En sistemas de labranza de conservación se han observado patrones específicos en la dinámica de poblaciones de maleza. En malas hierbas anuales de verano se reporta un incremento en las poblaciones de zacates anuales como los zacates cola de zorra Setaria spp. y una disminución significativa de las malas hierbas de hoja ancha de semilla grande como son el chayotillo Xanthium pensylvanicum L. y la malva Abutilon theophrasti Medic. Este cambio está relacionado con la posición de las semillas de maleza en el suelo (Yenish et al., 1992). En la maleza de hoja ancha de semilla pequeña, como los quelites y los chuales Chenopodium spp., no se ha detectado una respuesta consistente a la reducción de la labranza (Buhler, 1998).


Por otra parte, algunas especies anuales de invierno que son eliminadas con la labranza primaria se incrementan rápidamente al eliminar estas operaciones en sistemas de labranza de conservación. La cola de caballo Conyza canadensis es un ejemplo de este tipo de maleza. En este caso es necesario el uso de implementos de labranza superficial o bien el uso de herbicidas para el control de dichas especies (Bruce and Kells, 1990).

Maleza anual

En sistemas de labranza de conservación se han observado patrones específicos en la dinámica de poblaciones de maleza. En malas hierbas anuales de verano se reporta un incremento en las poblaciones de zacates anuales como los zacates cola de zorra Setaria spp. y una disminución significativa de las malas hierbas de hoja ancha de semilla grande como son el chayotillo Xanthium pensylvanicum L. y la malva Abutilon theophrasti Medic. Este cambio está relacionado con la posición de las semillas de maleza en el suelo (Yenish et al., 1992). En la maleza de hoja ancha de semilla pequeña, como los quelites y los chuales Chenopodium spp., no se ha detectado una respuesta consistente a la reducción de la labranza (Buhler, 1998).


Cuadro 1. Efecto de dos sistemas de labranza en la distribución y germinación de semillas de maleza en diferentes estratos de suelo.


Estrato de suelo (cm)

Labranza Convencional

Labranza Cero


Miles/m3


% del total

% germinación


Miles/m3


% del total

% germinación

0-1

78

20.3

19

785

67.0

22

1-3

53

13.8

20

200

17.1

17

3-6

48

12.5

23

66

5.6

17

6-9

59

15.4

28

50

4.2

16

9-14

73

19.1

34

36

3.1

16

14-19

72

18.8

38

34

2.9

17

Total

383







1171







Adaptado de Yenish et al., 1992


Maleza perenne

El cambio más importante asociado con los patrones de disturbio de los sistemas de labranza de conservación es un marcado incremento en las especies de maleza perenne. Esto se debe a que al reducir las labores de labranza primaria hay una mayor sobrevivencia de especies perennes y una mayor producción de órganos de reproducción vegetativa, como rizomas, estolones y bulbos. Además, la acción de los herbicidas es menor en maleza perenne bien establecida (Triplett, 1985).


Entre las especies perennes que son favorecidas por los sistemas de labranza de conservación se pueden mencionar al trompillo Solanum elaeagnifolium Cav., la correhuela perenne, el zacate Johnson y la gramilla Cynodon dactylon (L.) Pers. Sin embargo, se reconoce que los zacates perennes constituyen el principal problema de maleza en la adopción de sistemas de labranza de conservación. Este aumento en especies perennes demanda que algunas medidas de control integrado sean ejecutadas para evitar la reducción de rendimiento de los cultivos y aumento en los costos de producción. La combinación de rotación de cultivos, uso de herbicidas sistémicos, como el glifosato, y el paso de implementos para impedir la formación de nuevos órganos vegetativos debe ser considerados cuando la maleza perenne es un problema (Buhler, 1998).
Los cambios hacia zacates anuales y perennes en sistemas de labranza de conservación, principalmente labranza cero, son de suma importancia para la producción de sorgo. En este cultivo la aplicación de herbicidas post-emergentes es practicamente imposible, ya que no existen productos que controlen zacates y sean selectivos al sorgo.


DAÑOS OCASIONADOS POR LA MALEZA

Al conjunto de daños causados por la maleza a los cultivos se les denomina interferencia. Estos daños pueden clasificarse en daños directos e indirectos de acuerdo a su naturaleza.



Daños directos

Son los daños que afectan a la economía del productor. Los daños directos incluyen tanto las pérdidas de rendimiento como el costo de la cosecha y la calidad del producto cosechado (Radosevich et al., 1997). Las pérdidas de rendimiento son ocasionadas principalmente por la competencia entre maleza y cultivo por luz, agua y nutriementos, factores básicos para el desarrollo de las plantas.


Competencia por luz. La competencia por luz es el factor más crítico que afecta la sobrevivencia de plantas en comunidades mixtas. Cuando una planta sombrea a otra, la planta sombreada no cuenta con la energía necesaria para la producción de carbohidratos y la transpiración. Esto resulta en una reducción del crecimiento tanto de la parte aérea como de las raíces.
La competencia por luz con la maleza es de suma importancia en el desarrollo de los cultivos. Se ha establecido que en comunidades mixtas de quelites y sorgo, sin limitantes de agua o nutrientes, la presencia de 1, 4 y 12 plantas de quelite por metro cuadrado, redujo la absorción de luz fotosintéticamente activa en 21, 29 y 51%, respectivamente, con relación al sorgo sin presencia de quelites. Esto trajo como consecuencia una reducción similar en el área foliar del sorgo y finalmente en el peso de sus panojas (Graham et al., 1988).
Competencia por agua. La competencia por agua es otro de los factores básicos en el desarrollo de la maleza y los cultivos. En condiciones de temporal las malas hierbas que producen una mayor biomasa con un consumo limitado de agua son más competitivas (Shipley and Wiese, 1969). No obstante, existen algunas especies que debido a su extenso sistema radical pueden absorber agua a mayores profundidades de suelo, como es el caso de la correhuela perenne (Swan, 1980). Otras especies de maleza, como el chayotillo, tienen un crecimiento de raíces en etapas tempranas de su desarrollo mayor que el del sorgo y ésto las hace más competitivas (Wiese and Vandiver, 1970). Una planta de chayotillo sin competencia puede extraer agua hasta de 1.2 m de profundidad en el suelo en un radio de 1.8 m (Davis et al., 1965).
El requerimiento de agua, expresado en gramos de agua para producir un gramo de materia seca, varía entre las especies de plantas. Una planta de sorgo requiere 304 g, el maíz 349 g, el trigo 507 g, el quelite 305 g, el girasol silvestre 623 g y la altamisa Ambrosia artemisiifolia 912 g (Black et al., 1969). En el caso del girasol silvestre, su alto consumo de agua, más del doble que el del sorgo y casi 80% más que el del maíz, aunado a su gran porte y producción de biomasa, lo hacen una de las principales malas hierbas en estos cultivos.
Competencia por nutrimentos. Las plantas tienen diferentes necesidades de nutrimentos para su crecimiento y por lo general, las especies de maleza tienen un mayor consumo de nutrimentos que los cultivos. En estudios llevados a cabo en temporal, se determinó que el quelite requirió 96, 8 y 282 kg/ha de nitrógeno (N), fósforo (P) y potasio (K), respectivamente, para producir 6250 kg/ha de materia seca. La hierba rodadora Salsola iberica requirió 160, 14 y 410 kg/ha de N, P y K para producir 4144 kg/ha de materia seca. El sorgo requirió solamente 93, 15 y 104 kg/ha de N, P y K para producir 6857 kg/ha de materia seca (Shipley and Wiese, 1969). En el caso de maíz, en el Cuadro 2 se presenta la composición química de una planta de maíz y de algunas malas hierbas frecuentes en este cultivo. Se puede observar que en promedio las malas hierbas contienen el doble de nitrógeno, 1.6 veces el contenido de fósforo, 3.7 veces el contenido de potasio, 6.9 veces el contenido de calcio y 3.3 veces el contenido de magnesio, que el presentado por el maíz. Lo anterior pone de manifiesto el alto consumo de nutrimentos por la maleza y la consecuente competencia con el cultivo.

Daños indirectos

Son los daños causados por la presencia de maleza que no afectan economicamente al productor en forma directa o a corto plazo. Sin embargo, constituyen un serio problema a largo plazo. (Aldrich and Kremer, 1997). Uno de los principales daños indirectos de la maleza es la mayor incidencia de insectos y patógenos que las utilizan como hospederas alternantes.Además, en este tipo de daños se pueden considerar la interferencia de maleza en lotes de producción de semilla de plantas cultivadas, la dificultad en el manejo y distribución del agua de riego y la depreciación de los lotes agrícolas infestados con maleza.


Cuadro 2. Composición química del maíz y algunas malas hierbas frecuentes en este cultivo.

Especie
Porcentaje en base a materia seca

Nitrógeno

Fósforo

Potasio

Calcio

Magnesio


Maíz

Zea mays L.

1.20

0.21

1.19

0.18

0.15

Quelite

Amaranthus spp.

2.61

0.40

3.86

1.63

0.44

Chual

Chenopodium sp.

2.59

0.37

4.34

1.46

0.54

Verdolaga

Portulaca oleracea L.


2.39

0.30

7.31

1.51

0.64

Altamisa

Ambrosia artemisiifolia

2.43

0.32

3.06

1.38

0.29

Zacate cangrejo

Digitaria sanguinalis


2.00

0.36

3.48

0.27

0.54

Adaptado de Klingman y Ashton, 1975


PERIODO CRITICO DE COMPETENCIA

Como resultado de la competencia de la maleza el desarrollo y rendimiento de los cultivos se reduce. La intesidad de la competencia entre maleza y cultivo depende de factores como especies de maleza y cultivo presentes, densidad de población del cultivo y la maleza, época de emergencia de la maleza, sistema de siembra, condición de humedad, nivel de fertilidad del suelo, duración del período de competencia, entre otros (Radosevich et al., 1997). En general, la competencia es más crítica durante la primera parte del desarrollo vegetativo del cultivo. Lo anterior ha dado como resultado la definición de este lapso como el período crítico de competencia (PCC), el tiempo máximo que el cultivo tolera la competencia de maleza sin reducciones significativas de su rendimiento y el tiempo mínimo de ausencia de maleza que requiere el cultivo para expresar su máximo rendimiento (Anderson, 1996). En este aspecto, se considera que las reducciones significativas o umbral económico ocurre cuando las pérdidas de rendimiento igualan al costo de control de maleza. Con fines prácticos se ha considerado un 5% de reducción de rendimiento como el umbral económico en maíz y otros cultivos anuales (Ghosheh et al., 1996).


En sorgo, el PCC se ha señalado como el 20% inicial de su ciclo de desarrollo (VanHeemst, 1985). Este período equivale a los primeros 20 a 30 días de desarrollo de la mayoría de los híbridos de sorgo para grano. En maíz la competencia de la maleza es también crítica en los primeros 20 a 30 días del desarrollo del cultivo (Tamayo, 1991). En la mayoría de las regiones productoras de maíz en México, la competencia de maleza durante los primeros 30 días del desarrollo del cultivo causa en promedio una reducción de 24% del rendimiento. En trigo la competencia de maleza ocasiona pérdidas de rendimiento de 25% si no se ejerce algún tipo de control en los primeros 50 días de su desarrollo y 59% si se permite la libre competencia de maleza durante todo el ciclo.


METODOS DE CONTROL DE MALEZA

Existen diferentes tipos de control de maleza que pueden ser agrupados en cinco métodos generales:



Control preventivo

Se refiere a las medidas tomadas para impedir la introducción, establecimiento y desarrollo de maleza en áreas no infestadas. Estas medidas incluyen: el uso de semilla certificada libre de maleza, la eliminación de maleza en canales de riego y caminos, la limpieza del equipo agrícola usado en áreas infestadas y el no permitir el acceso de ganado de zonas con altas poblaciones de maleza a áreas libres. El control legal es un control preventivo a nivel regional o nacional apoyado en leyes adecuadas para lograr su objetivo.



Control cultural

Incluye prácticas de manejo tales como la selección y rotación de cultivos, sistema y fecha de siembra entre otras, las cuales promueven un mejor desarrollo del cultivo para hacerlo más competitivo hacia la maleza. Una medida básica para el control de maleza es una población adecuada de plantas cultivadas. Las áreas del terreno con una baja población de plantas cultivadas son más susceptibles de infestarse con maleza. Lo anterior puede ser difícil de obtener en sistemas de labranza de conservación cuando no se usan los implementos adecuados durante la siembra. La rotación de cultivos es una medida básica de control cultural para evitar altas infestaciones de maleza. Un buen ejemplo de control cultural es el uso de cultivos de amplia cobertura como trigo, en rotación a cultivos de hilera como sorgo y maíz, para evitar altas poblaciones de zacate Johnson.


Dentro del control cultural de maleza también se puede incluír el uso de cultivos de cobertura viva, los cuales crecen asociados a un cultivo que es económicamente más importante. En la actualidad se investigan sistemas de cultivo que incluyen a maíz, soya y frijol como cultivo principal y algunos zacates y leguminosas como cultivos de cobertura viva. Dentro de las ventajas de este tipo de sistemas de cultivo se incluyen, además del control de maleza, la reducción de erosión, la estabilización de la materia orgánica del suelo, el mejoramiento de la estructura del suelo y la reducción de su compactación (Radosevich et al., 1997)

Control mecánico

Se refiere a las prácticas de control de maleza basadas en el uso de la fuerza física. El control mecánico incluye los deshierbes manuales con azadón o machete y el uso del fuego. En sistemas de labranza convencional el control mecánico de maleza incluye la labranza primaria o preparación del terreno mediante arado, subsuelo y rastra, y la labranza secundaria como la siembra y el paso de escardas. Los pasos de arado, subsuelo o rastra eliminan a la maleza establecida y en germinación. Además el sistema de siembra en húmedo o a "tierra venida" elimina la primera generación de maleza y permite establecer los cultivos en suelo sin maleza. Posteriormente el paso de escardas con cultivadora rotativa ("lilliston") o de picos ("sweeps"), eliminan a la maleza a la vez que ayudan al “aporque” del cultivo y facilitan la conducción del agua de riego. El número y época de las escardas depende de factores como presencia de maleza, humedad del suelo y disponibilidad de equipo. El paso de dos escardas o cultivos a los 15 a 20 días y 25 a 35 después de la emergencia del cultivo son una práctica común en muchas áreas productoras de maíz y sorgo en México (Castro, 1985). Es importante señalar que el control de maleza por medio de escardas es eficiente entre los surcos si se lleva a cabo oportunamente. No obstante la maleza que se establece en la hilera de plantas del cultivo sólo puede ser controlada por medio de escardas con cultivadoras rotativas en sus primeras etapas de desarrollo al cubrirlas con suelo.


En los sistemas de labranza de conservación, la labranza primaria es limitada o bien sustituída por la aplicación de herbicidas. Sin embargo, el paso de escardas puede realizarse con cultivadoras de picos que arrancan la maleza sin disturbar los residuos de cosecha que cubren el suelo. El uso de cultivadoras rotativas en labranza de conservación es limitado por los residuos de plantas en la superficie del suelo.

Control biológico

Consiste en la utilización de enemigos naturales ya sean animales superiores, insectos o patógenos, para el control de ciertas malas hierbas. El objetivo del control biológico es la disminución de las poblaciones de maleza a niveles que no causen daños económicos. En la actualidad se comercializan algunos compuestos a base de patógenos, principalmente hongos, llamados "bioherbicidas". Una de las principales desventajas del control biológico es que actúan sólo sobre una especie de maleza y por lo general las infestaciones de maleza en los cultivos incluyen varias especies.



Control químico

Se efectúa por medio del uso de productos químicos comunmente llamados herbicidas que inhiben el desarrollo o matan a las plantas indeseables. El uso de herbicidas debe efectuarse sólo cuando las otros métodos de control no son factibles de utilizarse o cuando su uso representa una ventaja económica para el productor.


El control químico requiere de conocimientos técnicos para la elección y aplicación eficiente y oportuna de un herbicida. El control químico tiene ventajas importantes sobre los otros métodos de control de maleza: oportunidad en el control maleza, pues la elimina antes de su emergencia o en sus primeras etapas de desarrollo; amplio espectro de control, es decir se pueden controlar varias especies con una sola aplicación de herbicida;.control de maleza perenne con reproducción vegetativa por medio de estolones, bulbos o rizomas; control residual de la maleza, ya que existen herbicidas capaces de controlar varias generaciones de maleza durante el desarrollo del cultivo.
El uso inapropiado de los herbicidas representa algunos riesgos a la agricultura. Sin embargo, todos estos daños son posibles de evitar con un buena selección y aplicación de estos productos y con el conocimiento de sus caraterísticas específicas. Algunos de los posibles riesgos por el uso inadecuado de herbicidas son: daños al cultivo en explotación por dosis excesiva o a cultivos vecinos por volatilización o acarreo por viento del herbicida; daños a cultivos sembrados en rotación por residuos de herbicidas en el suelo; cambios en el tipo de maleza por usar continuamente un herbicida; aparición de biotipos de malas hierbas resistentes a herbicidas.
Los sistemas de labranza de conservación requieren un uso más frecuente de los herbicidas principalmente al iniciar este sistema de producción de cultivos. Por lo anterior, es indispensable contar con información básica para la selección del herbicida adecuado a las condiciones prevalecientes y el uso futuro del lote a tratar.


CLASIFICACION DE HERBICIDAS

Es necesario conocer las características básicas de los herbicidas para identificar sus alcances y limitaciones. Los herbicidas pueden ser clasificados de acuerdo a su selectividad, tipo y modo de acción época de aplicación y familia química.


De acuerdo a su selectividad los herbicidas pueden ser clasificados como:

Selectivos: herbicidas que a ciertas dosis, formas y épocas de aplicación eliminan a algunas plantas sin dañar a otras.


No selectivos: aquellos herbicidas que ejercen su toxicidad sobre toda clase de vegetación y deben utilizarse en terrenos sin cultivo.
Por su tipo de acción los herbicidas pueden ser:

De contacto: herbicidas que eliminan sólo los tejidos con los que entran en contacto y tienen un transporte limitado dentro de la planta.


Sistémicos: herbicidas que se aplican al suelo o al follaje y son absorbidos y transportados a toda la planta incluyendo sus raíces y otros órganos subterráneos.
La clasificación de los herbicidas en familias químicas se basa en características químicas afines en los diferentes compuestos usados como herbicidas. En la actualidad existen alrededor de 140 herbicidas como ingrediente activo y más de 300 como herbicidas comerciales disponibles en el mercado (Ahrens, 1994). La presentación comercial de un herbicida consiste del ingrediente activo en un porcentaje conocido en formulaciones sólidas o en gramos por litro en formulaciones líquidas, además de un material inerte o disolvente y en algunas ocasiones coadyuvantes. Es importante conocer el ingrediente activo de un herbicida, ya que puede presentarse en forma comercial con varios nombres, tal es el caso del 2,4 -D amina que se comercializa con nombres como Hierbamina, Weedar 64, DMA 6M, Formula 48 y otros.
El modo de acción se define como la interacción bioquímica y fisiológica del herbicida con la planta. El conocimiento del modo de acción de un herbicida es importante en su selección y uso, ya que de éste dependen los síntomas mostrados y el tiempo necesario para el control de la maleza. Es necesario evitar el uso contínuo de herbicidas con el mismo modo de acción para evitar el desarrollo de resistencia de la maleza a los herbicidas


EFECTO DE LA LABRANZA DE CONSERVACION EN EL USO DE HERBICIDAS

Los herbicidas también pueden agruparse de acuerdo a su época de aplicación basada en el estado de desarrollo del cultivo y/o maleza. Los sistemas de labranza de conservación afectan la selección y el uso de herbicidas al promover la acumulación de residuos de cosecha en la superficie del suelo. A continuación se discuten estos efectos de acuerdo al tipo de herbicidas, en relación a su época de aplicación.




Herbicidas de presiembra foliares

En sistemas de labranza de conservación es común que la labranza primaria sea sustituída por la aplicación de herbicidas para el control de la maleza presente antes de la siembra de los cultivos. El glifosato, el paraquat, y el 2,4-D son los herbicidas comunenmente aplicados en esta época. Los primeros dos herbicidas no son selectivos y no dejan residuos en el suelo, lo que hace posible su uso sin afectar a los cultivos sembrados posteriormente. El paraquat es un herbicida de contacto y glifosato es sistémico. El 2,4-D tiene acción sistémica sobre maleza de hoja ancha tanto anual como perenne y no tiene efecto sobre zacates. Un programa frecuentemente usado en sistemas de labranza de conservación es la aplicación de glifosato durante el invierno para el control de maleza anual y perenne y posteriormente la aplicación de paraquat mezclado con herbicidas pre-emergentes al momento de la siembra (Reddy et al., 1999)




Herbicidas de presiembra al suelo

Estos herbicidas son aplicados antes de la siembra del cultivo. Los más comunes son los herbicidas que requieren incorporación mecánica al suelo para situarse a cierta profundidad y evitar su degradación por la luz o su volatilización. Por lo general son herbicidas con poca solubilidad en agua, por lo que la lluvia o riegos no los lixivian o mueven en el suelo. Este tipo de herbicidas afecta a las semillas de maleza al germinar o emerger sin afectar al cultivo, el cual debe ser sembrado por debajo de la capa de suelo donde se sitúa la mayor concentración del herbicida. La incorporación mecánica de los herbicidas se realiza por medio de un paso de rastra de discos o cultivadora rotativa y se logra una mejor distribución de los productos en suelo seco. Este tipo de herbicidas tiene un uso limitado en sistemas de labranza de conservación pues la incorporación mecánica afectaría la disposición de los residuos de cosecha sobre la superficie del suelo. Un buen ejemplo de este tipo de herbicidas es la trifluralina (Treflan o Tretox) de amplio uso en frijol y soya y el EPTC (Eptam) en maíz.



Herbicidas pre-emergentes

Son los herbicidas que se aplican después de la siembra, pero antes de que emerjan la maleza y el cultivo. Los herbicidas pre-emergentes requieren de un riego o precipitación para situarse en los primeros 5 cm de profundidad del suelo, de donde emerge la mayor parte de la semilla de maleza. Este tipo de herbicidas eliminan a las malas hierbas en germinación o recién emergidas, sin que ocurran daños por competencia al cultivo. Por lo general la semilla de los cultivos se sitúa por debajo de la zona de suelo con alta concentración de herbicida y la selectividad al cultivo puede ser tanto física como fisiológica. Los herbicidas pre-emergentes presentan una gran interacción con algunas características del suelo como son: textura, pH y materia orgánica que pueden afectar la cantidad de herbicida disponible en el suelo para controlar la maleza. Por lo general la dosis de este tipo de herbicidas se ajusta según el tipo de suelo y materia orgánica, requiriendo una mayor dosis en suelos arcillosos y con alto contenido de materia orgánica (Anderson, 1996).


En sistemas de labranza de conservación el uso de herbicidas pre-emergentes puede ser afectado porque los residuos de cosecha interceptan la aspersión de los herbicidas. En este caso el grado de control de maleza con herbicidas pre-emergentes está influenciado por la ocurrencia oportuna de lluvias para lavar los herbicidas de los residuos y ubicarlos en el suelo, ya que en este tipo de sistemas de labranza la incorporación mecánica no es factible. La elección de los herbicidas pre-emergentes a aplicar dependerá de las especies de maleza observadas en ciclos anteriores, de las características del suelo y la rotación de cultivos. Los herbicidas pre-emergentes asemejan a un seguro contra la infestación de maleza. Sin embargo, ningún herbicida controla a todas las especies de maleza por lo que se deberá revisar su etiqueta para conocer sus alcances y limitaciones. Por lo anterior es común el uso de mezclas de herbicidas para ampliar su espectro de control.


Herbicidas post-emergentes

Es común que después de las aplicaciones de herbicidas de presiembra (PSI) y pre-emergencia (PRE) se presenten fallas en el control debido a la presión de altas poblaciones de maleza, factores climáticos que limitan su acción y por fallas en su aplicación. Debido a esto, es común que se requiera la aplicación de herbicidas post-emergentes (POST) para eliminar la maleza que haya escapado y evitar su competencia con los cultivos y producción de semilla. Es importante señalar que la aplicación de herbicidas POST debe realizarse sobre maleza en sus primeros estados de desarrollo (5 cm de altura) cuando es más susceptible a los herbicidas y su competencia con el cultivo es mínima.


Los herbicidas POST pueden ser más económicos para el productor al utilizarse sólo donde se presenta la maleza. La actividad de los herbicidas POST depende de factores como su grupo químico, especies de maleza presentes y condiciones de clima como velocidad del viento, temperatura del aire, humedad relativa y presencia de lluvia. Estos factores determinarán un cubrimiento uniforme de la aspersión sobre la maleza y su posterior absorción. Obviamente el cubrimiento adecuado de la maleza es más crítico con el uso de herbicidas POST de contacto que con los de acción sistémica. Las condiciones óptimas para lograr un buen control de maleza con los herbicidas POST son: maleza en sus primeras etapas de desarrollo y en crecimiento activo, temperatura del aire de 25 a 30º C, humedad relativa mayor de 60%, buena humedad del suelo y ausencia de lluvias por 4 a 6 horas después de la aplicación (Buhler, 1998).
Por otra parte, la mayoría de los herbicidas POST requieren del uso de coadyuvantes para maximizar sus efectos. Los coadyuvantes pueden estar incluídos en la formulación comercial del herbicida o bien se requiere agregarlos a la solución asperjada. La acción básica de los coadyuvantes es aumentar la superficie de contacto entre el herbicida y el follaje de la maleza al disminuír la tensión superficial de la solución herbicida, aumentar el tiempo que la solución permanece en fase líquida sobre las hojas y finalmente aumentar la penetración. El uso de los coadyuvantes adquiere mayor importancia cuando las condiciones ambientales promueven una rápida desecación de la solución herbicida o bien un aumento de las ceras cuticulares de las hojas. En todos los casos, el uso de los coadyuvantes en la solución herbicida-agua deberá hacerse de acuerdo a las especificaciones de la etiqueta del herbicida utilizado.
En sistemas de labranza de conservación, el uso de herbicidas POST es más común que los herbicidas PRE debido a la presencia de los residuos de cosecha sobre el suelo que afectan su acción. Sin embargo, la presencia de residuos en el suelo puede afectar también la acción de los herbicidas POST, principalmenete los que tienen acción de contacto. Finalmente, ningún herbicida controla a todas las malas hierbas y es común que debido al espectro de acción de los herbicidas POST se requiera el uso de mezclas, o aplicaciones secuenciales de herbicidas de acuerdo a la maleza presente.
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