Congreso alas costa Rica 2015. A realizarse del 29 de noviembre al 4 de diciembre del 2015



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Congreso ALAS Costa Rica 2015. A realizarse del 29 de noviembre al 4 de diciembre del 2015. Mesa temática de trabajo Nro. 8: "Desigualdad, vulnerabilidad y exclusión social".

Leandro Basanta: Maestrando en ‘Investigación en Ciencias Sociales’, Facultad de Ciencias Sociales de la UBA. Lic. en Sociología por la Universidad de Buenos Aires. Correo electrónico: leandrobc@hotmail.com

Título: “La revista ‘La Nación’ y las clases sociales altas de la Argentina. Un acercamiento hacia sus hábitos y consumos (1974-2009)”

Sin dudas, la tradición sociológica basada en la estratificación social a la hora de abordar las desigualdades sociales, luego de décadas de olvido, ha vuelto a hacerse cada vez más presente en nuestro país y en la región en los últimos años (Filgueira, 2001). La composición de sus clases sociales y las relaciones que se establecen entre las mismas requiere hoy día una minuciosa indagación para comprender varias aristas de cada grupo en particular. Analizadas desde la matriz sociológica, estas investigaciones traen consigo la necesidad de actualizar la definición de clases sociales y, en el caso de este trabajo, de las ‘clases sociales altas’. Mientras ya han sido señaladas las dificultades metodológicas para analizar los límites y características socioeconómicas de estos grupos (Heredia, 2013; Piketty, 2014; Heredia y Benza, en evaluación), exceptuando los estudios en sociología de la educación (Gessaghi, 2013; Ziegler, 2004) y sociología urbana (Svampa, 2001; Mazzeo, 2012), existen pocas investigaciones destinadas a comprender los consumos, modos de vida y hábitos de las clases sociales altas, como así también sus transformaciones a lo largo del tiempo.

A partir del relevamiento de la revista La Nación (entre 1974 y 2009), nos proponemos identificar algunos sentidos relevantes en torno al comportamiento de las clases altas. Es decir, a través de un abordaje de estrategia mixta (cuanti/cuali), intentaremos sintetizar las formas de representación de las clases altas y medias altas en las últimas cuatro décadas. Básicamente intentaremos responder a los siguientes interrogantes: ¿Cómo se construye el “nosotros” y el “otro” en esta publicación? ¿Qué sujetos, hábitos, regiones y preferencias se destacan y valoran a lo largo del tiempo? ¿Cómo se define material y culturalmente la pertenencia al grupo social interpelado por la revista?

Si bien los hábitos/estilos de vida de las clases suelen estudiarse a través de encuestas y entrevistas en profundidad a sus miembros, las publicaciones que les están destinadas constituyen a la vez instancias de descripción y prescripción de los comportamientos valorados dentro de un grupo social. La riqueza que nos provee la revista permitirá comprender varias aristas sobre las clases sociales altas: Cómo consideran y abordan las problemáticas sociales, cuáles son los sentidos que se le otorgan al cuerpo humano y qué concepciones relacionales entre los géneros se promueven aquí. En definitiva, qué condiciones son necesarias para cumplir el ‘deber ser’ de la distinción social y así pertenecer a las ‘clases altas’ de la Argentina según la revista La Nación.



Palabras Clave: Clases sociales altas, distinción, revistas de elite.

Introducción

La presente ponencia se inscribe en un proyecto de tesis de Maestría1 en curso, haciendo hincapié en la compleja problemática de la desigualdad social. Dentro de ella, nuestro propósito consiste en profundizar la comprensión socio-cultural de una parte del conjunto social que ha quedado ciertamente relegada en los trabajos de estratificación social: las clases sociales altas y medias altas argentinas. Varias fueron y son las dimensiones que se han tenido en cuenta para definirlas. El capital económico, es sin lugar a dudas una de las dimensiones más significativas sobre la pertenencia o exclusión hacia estos grupos sociales. Es relevante remarcar las limitaciones planteadas por los ingresos relevados a través de encuestas de hogares en el análisis desarrollado por Piketty (2014) sobre la evolución del capital en el siglo XXI. Mientras la posición de la fracción 99-100 (‘las clases sociales altas’), depende sobre todo de los retornos y posesión del capital, la posición de las “clases medias altas” (ubicadas en el segmento 90-98) depende principalmente de los movimientos de compresión y expansión de las jerarquías salariales. Las redes de relaciones o ‘contactos’ desplegados (el ‘capital social’) habilita el acceso a oportunidades consideradas preciadas en una sociedad, facilitando la adquisición de recursos materiales y simbólicos. Su contracara es la consecuente clausura o cierre social hacia ‘otros’ sujetos, que no suelen frecuentar esos espacios de relaciones. El capital social que acumula una persona inmersa en un grupo, es una propiedad fundamental a la hora de acceder y permanecer en los escalafones más altos de una sociedad. El mismo tiene relación directa con el reconocimiento simbólico y el prestigio social de una parte considerable de la sociedad hacia estos grupos. Si bien pareciera haber sido más significativo el prestigio en el período de las familias tradicionales y sus portadores de apellidos (Losada, 2008). La posesión del capital acumulado educativo y cultural también suele ser otra de las dimensiones a tener en cuenta a la hora de pertenecer a las clases sociales distinguidas.

Es necesario remarcar que los estudios de sociología económica, cultural y demográfica han evidenciado, cada una desde sus perspectivas, ciertos estilos de vida de las clases sociales altas y medias altas desde mediados de los años 1960 y 1970 (De Imaz, 1959, 1964; Gayol, 2001; Svampa, 2001; Torrado, 2007). Poco sabemos, sin embargo, sobre sus posibles transformaciones en las últimas décadas. Los estudios desarrollados desde estas aristas documentan la creciente privatización económica en los modos de vida de las clases altas, desde un incremento del consumo destinado al ‘lujo’, la exuberancia y la opulencia, hasta la importancia creciente de lo personal como lugar de inversión de tiempo, esfuerzo y dinero. Si efectivamente se han forjado nuevos estilos de vida en estos grupos sociales, queda entonces por examinar minuciosamente cómo fue su evolución en las últimas décadas.

Este trabajo se propone un aporte desde una mirada socio-cultural, retomando la riqueza de las investigaciones anteriores. Las revistas de interés general son espacios de descripción y prescripción de comportamientos sociales valorados (Cosse, 2014: 35). A partir de allí, se emprenderá un análisis en donde se buscará la comprensión de algunas dimensiones que conformen los estilos de vida de las clases sociales altas y medias altas, utilizando como objeto de investigación las representaciones emitidas por la revista ‘La Nación’ (1974-2009). El análisis de la misma a partir de 1974 se justifica por la decisión de tomar como punto de partida un año donde todavía se registra el modelo de industrialización por sustitución de importaciones (ISI) desarrollado en la Argentina (Torrado, 2007: 38). Posteriormente, hacia fines de la década del 70’, las nuevas políticas económicas alentadas por lo que algunos especialistas definieran como el ‘modelo aperturista’ (Torrado, 2007:50) comenzarían a dar lugar al proceso conocido posteriormente como ‘globalización’. Otros autores posmodernos plantean a partir de allí un cambio en los patrones de subjetivación, estableciendo nuevos comportamientos relacionados con novedosas prácticas de consumo, en gran parte motorizadas por la búsqueda de felicidad (Bauman, 2007: 58).

Los estilos de vida de los sujetos son concebidos por Bourdieu (2012: 305) como la puesta en ejercicio de prácticas sociales, materiales y simbólicas, adquiridas a través del paso del tiempo. Según el autor, cada agente ocupa una posición de clase en la estructura social. Allí, se combinan herencias provenientes de las experiencias primarias con esquemas de pensamiento y acción (habitus) que van forjándose al calor de la práctica y el aprendizaje, generando estilos de vida particulares al mundo social donde uno se desarrolle. Por lo tanto, los estilos de vida se conciben como diferentes sistemas de propiedades donde se expresan diferentes sistemas de disposiciones. Es decir, recursos de diversa índole con que cuentan los sujetos en su trayectoria social y diferentes habilidades en las que utilizan sus recursos acumulados. Con una gran particularidad: los estilos de vida son construcciones histórico-sociales que pueden ir variando dependiendo la trayectoria social del sujeto.

Respecto a la metodología implementada, establecimos una estrategia de abordaje mixta: (Cuantitativa/Cualitativa). A partir de un relevamiento de la revista La Nación entre 1974 y 2009, realizamos una muestra del universo total y unificamos los criterios analíticos. Esta decisión metodológica de obtener una muestra de la revista distribuida a lo largo de 35 años (1974, 1980, 1986, 1990 y 2009) se llevó a cabo a partir de la imposibilidad de analizar la totalidad del universo. Dentro de cada año electo, se tomaron las revistas de los meses de abril o mayo y octubre o noviembre, dependiendo la disponibilidad de las fuentes secundarias. Esta decisión fue tomada a partir de una necesidad de evitar efervescencias sociales y estados de ánimo coyunturales que suelen darse los finales de cada año (más específicamente el mes de diciembre) y los comienzos de cada año (febrero y marzo, con el inicio de las actividades laborales y educativas).

Se aplicó la técnica de recuento de frecuencias de notas y publicidades basado en el supuesto de que a mayor frecuencia de mención (de las variables que tengan en cuenta los estilos de vida representados por la revista), mayor intensidad e importancia del tema. El análisis de contenido, como técnica principal, se propuso realizar un sistema de significaciones de los textos mediante un análisis que dé cuenta cuáles son los significados más relevantes y sustanciosos para contribuir a la comprensión de los estilos de vida de las clases altas. En efecto, la construcción de interrogantes en árboles conceptuales y la clasificación de las notas dentro de las mismas, ha permitido la informatización en el proceso de la información. También debe remarcarse que a partir de la riqueza de las notas se crearon conceptos que las reflejaban. En su recorrido diacrónico, las notas se incluyeron en categorías de análisis que respondían a las mismas.

Historia y tradición. La revista la Nación y su función social

Los estilos de vida de las clases sociales altas argentinas, a principios del siglo XX (Losada, 2008), se traducían principalmente en un deslumbramiento por el viejo continente. Allí mismo, la elegancia y sofisticación valorada en las prácticas sociales de la aristocracia europea, se combinaban con una intensa atracción por su historia antigua, sedimentadas en tradiciones vinculadas a un pasado remoto, trascendente y ‘heroico’, que servían como argumentaciones para las posiciones distinguidas que ostentaban en aquel momento. El progreso tecnológico (de nuevas prácticas de aseo personal, incorporación de la electricidad, sistemas de calefacción y agua caliente), importado principalmente de París y Londres, sumado a las construcciones arquitectónicas y decorativas donde predominaba el confort residencial francés, fueron forjando paulatinamente nuevas formas de intimidad en los círculos de las clases distinguidas argentinas. De esta manera, la exclusividad descansaba en varias aristas. Las disposiciones de los capitales culturales, económicos y sociales regían como símbolo de status y refinamiento entre los círculos de poder. La distinción por lo tanto, poseía una intrínseca relación con el proceso extranjerizante por medio del cual se replicaban las formas y sentidos sociales del gusto desplegados en la vieja Europa.

Algunos soportes de prensa, al representar características de vida de ciertos grupos sociales, nos permiten analizar rasgos comunes y repetitivos vinculados a los estilos de vida que desarrollan (Gayol, 2001:187). Los discursos sociales aparecen materializados en soportes que determinan las condiciones de su circulación. La escritura de la prensa es un discurso más que se encuentra dentro de un ‘campo discursivo’, es decir, un espacio de continuo intercambio a lo largo del tiempo. Desde un análisis lexicológico (Verón, 1996:2) la descripción de un tipo de soporte supone el retrato de sus dimensiones, estrategias y variaciones a lo largo de un proceso discursivo de análisis. Las coberturas de la prensa funcionan como indudables cajas de resonancia, brindando una amplia información que va desde acontecimientos que se consideran significativos, hasta comportamientos y hábitos de los grupos que se proponen representar.

Las publicaciones gráficas referidas a nuestros grupos de interés, presentan al diario ‘La Nación’ (fundado por el político-estadista, militar, escritor y ex-presidente argentino Bartolomé Mitre) como una cita ineludible asociada a las clases sociales altas y medias altas argentinas. La familia Mitre desde sus comienzos fue portadora de su distinguido capital económico y, principalmente, de su prestigioso capital cultural (Losada 2008:15). El diario, desde su nacimiento el 4 de enero de 1870, fue un soporte material y cultural para las clases sociales altas porteñas de la época, describiendo públicamente el lujo, el prestigio y el refinamiento social de la Belle époque. Dicha prensa funcionó como juez y parte de las clases altas a la hora de brindar un canal de información sobre el mundo de la high life. Como característica explícita desde sus comienzos, vale remarcar, el diario asumió una clara postura ideológica de corte liberal-conservador (Sidicaro, 1993).

La revista ‘La Nación’ (de secuencia semanal dentro del diario), realizó especial hincapié en las representaciones de la vida familiar y social de estos grupos, cooperando en una imagen pública vinculada a ciertos criterios de vida que partían de hábitos y comportamientos destacados por la revista (Losada, 2008: 296). Aun siendo elegida por diferentes públicos sociales, la revista ha sido señalada por diversas investigaciones como un soporte dirigido desde su edición hacia las clases sociales altas y medias altas de nuestro país, como así también escogida principalmente por estas últimas (Mediamap, 2007:221; Heredia, 2011). Este vínculo de fidelidad, convierte a la edición dominical en una de ‘las revistas de elite’ por excelencia. Las diversas representaciones de los estilos de vida que destacó la revista, sirvieron para describir y enfatizar ciertas preferencias de los grupos sociales citados, funcionando a la vez como expresión y medio educador de la élite (Sidicaro, 1993: 7-11). Las disposiciones estéticas (Bourdieu, 2012) vinculadas a las decoraciones de los hogares, los aspectos culinarios, las actividades recreativas culturales y la prominencia por ciertos personajes, son algunas de las preferencias representadas y difundidas por la revista. Estas disposiciones poseen consecuencias descriptivas y prescriptivas en nuestros grupos de interés, como así también sirven de pautas y criterios de vida para miembros de otros sectores que aspiran a reproducir ‘el deber ser’ de las clases distinguidas (Losada, 2008: 295).

Las clases altas según la revista

Nosotros y ellos

Las notas de la revista, vinculada con los sujetos que la producen, el contenido de sus producciones y el pensamiento ideológico que entreveran, son un instrumento significativo a la hora de analizar continuidades sobre características ligadas a un ‘nosotros’, como así también sus posibles líneas de ruptura. Estas últimas podrían situarse en la conformación de una otredad, un ‘ellos’ que promueve la revista. Las problemáticas sociales analizadas a lo largo del período recortado, permiten ser un recurso que potencia sustantivamente las categorías anteriores. Entre ambas se observa cuáles son las afinidades y distancias que se van entretejiendo en la revista a lo largo del tiempo.

De esta manera durante el período de análisis, los problemas sociales suelen presentarse como situaciones preocupantes pero ajenas a la pertenencia de un ‘nosotros’. Suelen exhibirse como problemas externos a los estilos de vida de las clases sociales altas y medias altas. Los inconvenientes sociales se presentan en la revista como dificultades vinculadas a problemas ‘técnicos’. Estos últimos, a lo largo del período, se relacionan entre otras cuestiones con gestiones estatales deficitarias, ausencia de mano de obra especializada sobre temas específicos y deficiencias en la producción industrial. Tal es el caso ejemplificador de una nota principal en 1974, donde se presentaba la preocupación por un problema social de la siguiente manera:

‘La integración del indio’. El caso de 150.00 aborígenes Indígenas 'puros', diseminados por todo el territorio, viven en una situación de marginalidad económica, social, política y cultural. La solución de problema requiere una planificación integral que resulta impostergable. (…) Si se piensa que todo aborigen es argentino, en un estricto concepto de justicia social y cristiana se debe admitir que tiene iguales derechos que el resto de los habitantes del país y en consecuencia debe ser integrado a nuestra cultura nacional (La Nación, 17/11/1974).

Las desigualdades sociales tienden a ser concebidas a lo largo del análisis como problemas de cálculo (de corte técnico). Las propuestas de la revista para lograr eventuales soluciones se cimientan en desarrollos tecnológicos vinculados a una administración pública eficiente, que logre terminar con las problemáticas coyunturales:

‘Población y Alimentos’, los dos términos de la ecuación del Hambre (…) Para que la humanidad alcance el estado de abundancia (…) (se hacen necesarios) la estabilidad de las cifras de población, la desaparición de las regiones subdesarrolladas, y la eliminación de rivalidades entre naciones o ideologías con su secuela de guerra. Por supuesto, la técnica puede contribuir a solucionar estos males, pero es la voluntad del hombre el principal motor para lograrlo (La Nación, 05/05/1974).

Hacia 1980, se puede observar el predominio de una ideología ‘liberal’ plasmada en la revista, referida con énfasis sobre la forma de abordar ciertos problemas sociales. Se afirma entonces cierta postura biologicista sobre lo social, donde personajes de origen extranjero transmiten sus opiniones argumentando sus causas:

‘¿Somos Todos Iguales?’. Un grupo de periodistas franceses realizaron algunas de estas preguntas a Albert Jacquard, quien enseña genética de las poblaciones en París y en Ginebra: ¿La desigualdad es una fatalidad biológica?, ¿Existen genes de la inteligencia? (…) El entrevistado insiste en la interacción ‘genética-medio ambiente’ como aquella de la que se nutre la inteligencia de cada individuo y en la preponderancia del medio en la conformación de las potencialidades de los sujetos (La Nación, 18/05/1980).

No todos los “otros” son sujetos de compasión llamados a la intervención técnica. La valoración positiva de la revista hacia los estilos de vida foráneos (principalmente europeos) es un elemento de importancia referido a la constitución de un ‘nosotros’. La relación con el viejo continente comprende esferas propias de una constitución de identidad cuyo componente extranjero se expresa en forma nítida Así entre otras, lo sintetizó una nota a una turista extranjera que visitó el país en 1980: “Siempre encontré extraño que al hablar con la gente de aquí casi todos pusiesen empeño en recalcar su ascendencia extranjera” (La Nación, 05/05/1974). En sintonía con lo anterior, Henri Christian Giraud, filósofo francés de la Universidad de Nanterre, mencionaba que:

‘La Argentina sigue despertando la curiosidad de los europeos, particularmente de los franceses. Muchos de ellos llegan hasta Buenos Aires en busca del exotismo ‘latinoamericano’ y descubren, como siempre, que ‘esto es Europa’. Luego visitan el interior y encuentran algo de lo que originariamente buscaban” (La Nación, 14/10/1990).

Si bien ciertos registros están directamente relacionados con un contexto económico-político específico, la práctica frecuente de realizar viajes al exterior (preferentemente Europa y EE.UU.), podría evaluarse como un elemento más que constituye al ‘nosotros’ de la revista y que comienza a generalizarse con la adopción de medidas económicas implementadas por la dictadura militar de 1976-1983. La periodista M. Ruiz Guiñazú, columnista de la revista en los 80’, describía a los argentinos como poseedores de un creciente interés por la compra productos más baratos y novedosos que los hechos en el país, refiriéndose a los argentinos que viajaban por turismo al exterior. A su vez, señalaba que los demás aspectos involucrados en un viaje quedaban subsumidos al interés prioritario de comprar productos en el país de destino y traerlos de regreso a modo de trofeo de viaje. Se lograba visualizar al mérito como un valor constitutivo del ‘nosotros’, propio de: ‘la monotonía agobiante y sacrificada, basada en el ahorro, que identifica como propia de las generaciones previas de argentinos’ (La Nación, 04/05/1980).

La meritocracia y la tradición en la composición del nosotros en la evolución del tiempo analizado, se entretejió lentamente con la idea de ‘libertad’. En un contexto dictatorial como el caso anterior, más vinculado a lo económico y en un contexto democrático como el siguiente ejemplo, más vinculado a lo político. Este elemento comenzaba a manifestarse de la mano de una creciente incorporación de productos, personajes y tendencias estadounidenses al interior de la revista:

‘Alina Diaconu’: Entrevista a la escritora argentina (por adopción) censurada por la dictadura militar, merecedora de la Faja de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores (1978), Premio Nacional de Literatura (1979-1982), obtuvo una Beca Fullbright, en el marco del International Writing Program, donde compartió ‘la censura en la literatura durante el gobierno militar y la diáspora de los escritores”. (…) De su paso por los Estado Unidos valora ‘la libertad que existe en ese país’ porque ‘nosotros arrastramos todavía una suerte de reminiscencia persecutoria y ver que todas las opiniones son aceptadas, que toda idea estrafalaria es posible, es francamente estremecedor. Yo quisiera que en la Argentina llegáramos a eso’ (La Nación, 27/04/1986).

Aun así, a partir de 1990 podría decirse que convivieron al menos dos formas referidas a la dimensión del ‘Nosotros’: La primera vinculada con los valores de la tradición, el mérito y la libertad, promovida por referentes argentinos ligados a la literatura. Victoria Ocampo y Jorge Luis Borges fueron fiel y vivo reflejo de esta expresión. Por otra parte, un incipiente plano relacionado con cierta reivindicación latinoamericana, propuso re-pensar la relación de América Latina con el continente Europeo. He aquí una nota que refleja una leve tendencia creciente en la revista en aquella época:

‘Miguel Rojas Mix’: abogado, escritor e historiador chileno radicado en París, posee interés por descubrir ‘las verdaderas relaciones entre América Latina y España, y América Latina y Europa’. Afirma que su libro ‘América imaginaria’: nació como producto de una terrible bronca por la imagen que se tiene del latinoamericano en Europa. Imagen de un hombre flojo, corrompido, perteneciente a una sociedad que no ama el trabajo, imagen que, según Mix, se ha internalizado en América Latina. Este autor también afirma que los eventos conmemorativos del Quinto Centenario del Descubrimiento de América (…) son ‘momento ideal para modificar las relaciones entre España y el desconocimiento de América en España’ (La Nación, 20/05/1990).

Pudimos observar, describiendo algunos de sus componentes y modificaciones a lo largo del tiempo recortado, de qué forma se constituye el ‘nosotros’ en la revista La Nación. Algunos personajes han sido ligados en este recorrido bajo cierta identificación con el viejo continente y EE.UU, en la primera y segunda etapa de la revista respectivamente. A esta dimensión debe sumársele el valor del mérito individual como medio virtuoso para concretar ciertos fines propuestos dentro de una ideología liberal que respete las libertades individuales.

Por otra parte, la revista estableció un contrapunto necesario en el que apoyarse para la constitución identitaria de un nosotros: la conformación de un ellos. En principio, este segundo concepto podría desdoblarse de la siguiente manera. El primero concebido como un modelo a seguir para las clases sociales altas y medias altas representadas por la revista, a partir de arquetipos extranjeros ligados a los países de Europa y a Estados Unidos, principalmente. El segundo ubicado en una posición social inferior concebida como una preocupación social que debería resolverse mediante herramientas y procedimientos técnicos. Por último y en base a esta reflexión final, es conveniente preguntarse ¿Hasta qué punto no se ha desplazado la barrera del ellos ligado al arquetipo extranjero como un componente más que constituye al nosotros de la revista?

Los del ‘Norte’

Uno de los mayores antecedentes de nuestro trabajo, sin lugar a dudas, es la investigación realizada por José Luis De Imaz sobre la clase alta de Buenos Aires (1962). El autor focalizó su atención en comprender, a partir de una centena de encuestas auto-administradas, qué tipo de comportamientos y modos de vida llevaba a cabo en la cotidianeidad este grupo social. El origen familiar, los barrios donde asentaron sus viviendas, sus ocupaciones laborales, las relaciones sociales desplegadas, sus percepciones sobre las clases sociales, el nivel de estudios alcanzados y las instituciones que frecuentaban fueron importantes dimensiones analizadas por el autor.

Tanto Losada (2008) en su análisis de comienzos del siglo XX, como De Imaz (1962) en sus estudios de los 50’ y 60’, y Heredia (2011), insistieron en la significativa asociación entre las clases sociales altas y la región denominada Corredor Norte. El análisis de la revista, a lo largo de todo el período estudiado, viene a confirmar esta asociación. Con la finalidad de describir las regiones con las que se relacionan, observamos una identificación principal con la Ciudad de Buenos Aires en el período de recorte analizado, y más específicamente, con su ‘zona norte’. Realizamos una muestra en la que seleccionamos, a partir de sus notas y publicidades emitidas, lugares físicos mencionados por la revista. La gran mayoría se vinculó con lugares característicos de la city porteña, especialmente sus espacios de sociabilidad, relacionados a diversos servicios recreativos y culturales.

Desde 1974, los teatros, las galerías de arte y decoración, los hoteles, las tiendas de venta de artículos de colección (como joyas y relojes de alta gama) y las tiendas de indumentaria, fueron los lugares predilectos en las emisiones de la revista. Los barrios de Retiro, Recoleta y San Nicolás fueron las regiones que más se destacaron: El Teatro Colón, bastión del arte tradicional de la belle époque (Losada, 2008), fue el lugar cultural principal para la revista a lo largo del análisis. El Teatro Regina, el Museo Nacional de Bellas Artes y las Galerías Pacífico, sumados al ‘Bar Plaza Hotel’ de la zona de Retiro, fueron los espacios culturales, recreativos y sociales citados con mayor frecuencia en sus notas. En menor medida, fueron relevantes los barrios de Monserrat y San Telmo. En este último, a diferencia de las otras regiones, se destacaban espacios de socialización ‘pública’ (como la ‘Plaza Dorrego’ y la ‘Plaza de Mayo`).

En 1980, las zonas de Retiro, Recoleta y San Nicolás mantuvieron la misma presencia en relación al período anterior, sumándose a la lista el ‘Teatro Nacional Cervantes’ de la calle Libertad, el ‘Auditorio Buenos Aires’ de la Av. Pueyrredón y el estadio cerrado ‘Luna Park’ sobre la Avenida Madero. Se debe remarcar que, levemente, comenzaban a citarse algunas referencias a teatros de otras provincias, tales como el "Teatro Libertador General San Martín", de la provincia de Córdoba.

En 1986 el ‘Centro Cultural San Martín’ de la Avenida Corrientes, los estudios de arte del ‘Edificio Crucero’ en la calle Florida y las reuniones sociales empresariales en el ‘Alvear Palace Hotel’ de la Avenida Alvear, remarcaban la prevalencia de los espacios de sociabilidad en los barrios mencionados. Se agregaban a la lista el mítico barrio de Palermo que, con intensa presencia, era citado por la revista con notas dedicadas exclusivamente al predio de la Sociedad Rural, el Hipódromo Argentino, el Zoológico y las canchas deportivas de polo que alberga aún hoy en su barrio.

En 1990, si bien se mantuvieron las referencias hacia los barrios citados anteriormente (con menciones hacia el Centro Cultural Recoleta, la Galería Van Riel de la calle Juncal en el barrio de Retiro, la galería Álvaro Castagnino, el Museo “Isaac Fernández Blanco" de la Suipacha y el Hotel Alvear entre otros), comenzaban a destacarse en las notas y publicidades los nuevos lugares de socialización y consumo a gran escala: los ‘Shoppings’. El Alto Palermo Shopping de la calle Arenales y la Av. Coronel Díaz (donde décadas anteriores había funcionado la fábrica de cerveza ‘Palermo’) o el Nuevo Centro Shopping de Córdoba, fueron algunos de los nuevos espacios mencionados por la revista.

En el año 2009, en materia de servicios recreativos y culturales (ligado a ofertas de museos, espectáculos musicales, de danza y culturales), hubo literalmente un ‘boom’ de ofertas de espacios artísticos destacados por la revista. Basta con observar el Cuadro de relevamiento en el que nos propusimos contabilizar la cantidad de Servicios Recreativos y Culturales citados por la revista según el año analizado de la misma, observando el incremento en la oferta de este rubro a lo largo de los años, lo que permite hipotetizar un aumento en su interés y consumo de las clases sociales altas y medias altas:



Cuadro Nro. 1.: Servicios Recreativos y Culturales destacados por la revista ‘La Nación’ según el año relevado.

Años

Servicios recreativos y culturales

%

1974

46

17,29%

1980

46

17,29%

1986

35

13,16%

1990

34

12,78%

2009

105

39,47%

Total

266

100,00%
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