Cristianos en el mundo proyecto marco de pastoral de juventud comision episcopal de apostolado seglar



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Comisión Episcopal de Apostolado Seglar

Departamento de Juventud




JOVENES EN LA IGLESIA,
CRISTIANOS EN EL MUNDO

PROYECTO MARCO DE PASTORAL DE JUVENTUD

COMISION EPISCOPAL DE APOSTOLADO SEGLAR

SIGLAS


AA Concilio Vaticano II, APOSTOLICAM ACTUOSITATEM (1965).
AG Concilio Vaticano II, AD GENTES (1965).
CA Juan Pablo II, Encíclica, CENTESIMUS ANNUS (1991).
CC Conferencia Episcopal Española, Comisión de Enseñanza y Catequesis, LA CATEQUESIS DE LA COMUNIDAD (1983)
CLIM Conferencia Episcopal Española, LOS CRISTIANOS LAICOS, IGLESIA EN EL MUNDO (1991).
CT Juan Pablo II, Exh. Ap. CATECHESI TRADENDAE (1979).
CVP Conferencia Episcopal Española, Instrucción CATOLICOS EN LA VIDA PUBLICA (1986).
ChL Juan Pablo II, Exh. Ap. CHRISTIFIDELES LAICI (1988).
EN Pablo VI, Exh. Ap. EVANGELII NUNTIANDI (1975).
GS Concilio Vaticano II, GAUDIUM ET SPES (1965).
LG Concilio Vaticano II, LUMEN GENTIUM (1964).
OPJ Conferencia Episcopal Española, ORIENTACIONES SOBRE PASTORAL DE JUVENTUD,(1991).
RH Juan Pablo II, Encíclica REDEMPTOR HOMINIS (1979).
RM Juan Pablo II, Encíclica REDEMPTORIS MISSIO (1990).
SC Concilio Vaticano II, SACROSANCTUM CONCILIUM (1963).
SRS Juan Pablo II, SOLLICITUDO REI SOCIALIS (1987).
TDV Conferencia Episcopal Española, TESTIGOS DEL DIOS VIVO (1985).

PRESENTACION


La tarea evangelizadora del mundo juvenil es hermosa, retadora y desbordante, por los innumerables desafíos que los jóvenes reciben de la sociedad y ellos presentan a la Iglesia.


A esta tarea queremos contribuir. Como sabéis, la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar ha acompañado el caminar de la pastoral de juventud en España, durante estos últimos años. En este camino, los obispos hemos conocido logros y dificultades pastora­les, hemos compartido las preocupaciones y deseos de los animadores y de los jóvenes, y hemos escuchado la llamada del Buen Pastor. Las "Orientaciones sobre Pastoral de Juventud", y este "Proyecto-marco de Pastoral de Juventud", que presentamos, tienen mucho que ver con este "conversar por el camino".
"Jóvenes en la Iglesia, cristianos en el mundo". Este es el deseo que nos anima, la meta que os proponemos a los jóvenes cristianos de los diferentes grupos, comunidades y movimientos.
"Jóvenes en la Iglesia". La Iglesia se renueva en vosotros los jóvenes, en quienes contempla su propia juventud. Vosotros sois motivo de esperanza "porque sois fuertes y la Palabra de Dios habita en vosotros", porque sois una de la energías más nobles y vitales que la Iglesia tiene. A la vez, en la Iglesia reside la fuerza capaz de renovar constantemente vuestras vidas.
Esta situación de los jóvenes en la Iglesia es una llamada al compromiso, al protagonismo. Pues, dentro de la comunidad cristia­na, los jóvenes habéis de ser "sujetos activos, protago­nistas de la evangelización y artífices de la renovación social".
"Cristianos en el mundo". La Iglesia se ha propuesto un gran reto: la nueva evangelización. Estamos en una nueva etapa de la historia, con una nueva cultura. Esta nueva etapa cultural nos exige vivir el Evangelio con otras formas y nos exige una mayor autenticidad que brota de la fidelidad a Jesucristo, el Señor.
Esta nueva evangelización es tarea de toda la comunidad cristia­na: niños, jóvenes y adultos; sacerdotes, religiosos y laicos. Sin embargo, son los jóvenes los que más posibilidades tienen por su capacidad de adaptación a lo nuevo y de vivir en la esperanza del futuro.
Os invitamos a que seáis entre vuestros compañeros los primeros y naturales evangelizadores. La comunidad no convoca para sacar a los jóvenes del mundo, sino para que estén en el mundo y den fruto.

Una vez más, queremos agradecer a los animadores de pastoral de juventud, -adultos y jóvenes, sacerdotes, religiosos y laicos- su dedicación a este ministerio eclesial. Lo hacemos, en concreto, en nombre de los obispos de la CEAS. Vuestra tarea es necesaria y la realizais en nombre de toda la comunidad.


Confiamos a María, "la maestra más segura por los caminos humanos", nuestro trabajo, y esperamos que el Señor bendiga y dé un "nuevo vigor" a la generosidad y esfuerzos de cuantos trabajan en este campo tan esperanzador para el futuro de la Iglesia.

Victorio Oliver Ob. Javier Azagra Ob.


Presidente de CEAS Subcomisión de Juventud


INTRODUCCION

MOTIVACION

En el mes de noviembre de 1991 los obispos españoles ofrecie­ron a la comunidad cristiana un documento titulado "Orien­taciones sobre pastoral de juventud". En él se determina lo siguiente: "La Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, en colaboración con la de Enseñanza y Catequesis y Seminarios y Universidades, elaborará el Proyecto marco de Pastoral que desarrolle estas Orientaciones"1.


El proyecto que aquí presentamos es consecuencia del trabajo realizado durante los años de existencia de la Subco­misión de Juventud, creada en 1979. Estos años han servido para articular la pastoral de juventud en torno a las delegaciones y coordinado­ras de pastoral en cada una de nuestras diócesis y para crear un estilo común de trabajo -no uniformidad-, siguiendo unas opciones pastorales que se reflejaron en el libro "Una experien­cia de pastoral juvenil" y que después han sido recogidas en las Orienta­ciones de la Conferencia Episco­pal.
La finalidad de este documento es animar la pasto­ral de juventud que se desarrolla en cada una de las comunida­des cristia­nas y facilitar la comunicación y el diálogo entre las diversas comunida­des, grupos y movimientos. "Las diócesis, las parroquias, las comunidades y grupos eclesiales unan sus esfuerzos para realizar una pastoral de conjunto que dé a la juventud católica un nuevo dinamismo apostólico para edificar la civilización del amor"2.
En medio de las dificultades propias de toda actividad apostóli­ca, la pastoral de juventud es una realidad gozosa en gran parte de nuestra Iglesia: son muchos los grupos parro­quia­les, movimientos, asociaciones que se hacen presentes en la vida de los jóvenes. Sin embargo es preciso, de cara a una mayor dedicación misionera, dotar a toda esta realidad de los mecanis­mos que, acrecentando la dimensión eclesial de los grupos,

impulsen su dinamismo apostólico.



CONTENIDO

Dentro de la complejidad de la pastoral de juventud tanto por los ámbitos en los que se trabaja: familia, colegios, parro­quias, movimientos, etc. como por las innumerables iniciativas y experien­cias que se dan en cada ámbito ya sea en el nivel de la forma­ción escolar como en las celebraciones, catequesis, encuentros, se nos invita a todos a reflexionar en profundidad sobre la situación que vivimos y a mirar el futuro en clave comunitaria, corresponsable y misionera.


El futuro es esperanzador, pero nos exige trabajar sin complejos y con madurez cristiana. La evangelización de los jóvenes es tarea que compete a toda la comunidad cristiana según el servicio o función que le corresponde a cada uno en la Iglesia de Jesucristo.
Este proyecto no es algo cerrado, sino que marca unas grandes líneas de actuación pastoral abiertas a todos para que todos podamos sentirnos Iglesia y juntos vayamos construyendo el Reino de Dios entre los jóvenes de hoy, en una sociedad que necesita escuchar la Buena Nueva de Jesucristo muerto y resu­cita­do. No se trata de uniformar formas de pensar o de actuar, sino de enrique­cerse mutuamente con las distintas formas, iniciativas y espiritua­lidades dentro de la gran comunión misionera que es la Iglesia.
La comunión eclesial es un don, reflejo en el tiempo, como nos dice la "Christifideles Laici", de la eterna e inefa­ble comunión de amor de Dios Uno y Trino. La conciencia de este don debe ir acompañada de un fuerte sentido de responsabilidad. Ser responsa­bles del don de la comunión significa, antes que nada, estar decididos a vencer toda tentación de división y de contraposición que insidie la vida y el empeño apostólico de los cristianos. La vida de comunión eclesial será así un signo para el mundo y una fuerza atractiva que conduzca a creer en Cristo: "... que ellos también sean uno en nosotros..." (Jn 17, 21). De esta manera la comunión se abre a la misión, haciéndose ella misma misión3.

DESARROLLO

La pastoral de Juventud exige claridad y lucidez en tres aspectos fundamentales de todo proyecto, aspectos que hemos tenido muy en cuenta a la hora de elaborar este trabajo4.

En primer lugar, el punto de partida, la situación con­creta de los jóvenes a los que nos dirigimos en nuestra acción evangelizado­ra.
En segundo lugar, el punto de llegada, el objetivo final del proceso pastoral que iniciamos con estos jóvenes.

En tercer lugar, el itinerario educativo, que puede enlazar coherentemente el punto de partida con el objetivo al que se pretende llegar.


Pues bien, teniendo en cuenta estas consideraciones y siguiendo un método bastante habitual, esbozamos, ante todo un diagnóstico de la situación juvenil, que por otra parte no quiere ser sociológico, ni pretende cerrarse a variadas interpretaciones que se puedan hacer de la juventud de hoy.

Tras el diagnóstico, abordaremos un discernimiento cris­tia­no. Este se abrirá con una reflexión sobre el núcleo cen­tral de nuestra fe, la persona de Jesucristo y su mensaje, para continuar con una reflexión sobre la Iglesia desde una perspecti­va que nos parece fundamental en la vida cristiana de los jóvenes: la de la adhesión a la Iglesia, como referencia comunita­ria.

Diagnóstico y discernimiento desembocan en un Proyecto Educativo de cara a la evangelización de los jóvenes hoy y aquí. Un proyecto que quiere clarificar los compromisos y las opciones pastorales que están en el fondo de la propuesta, para, de esta forma, vincularnos al trabajo que se viene realizando en los últimos años desde la C.E.A.S., a través de la Subcomisión de Juventud y que poco a poco está dando frutos abundantes. Y en segundo lugar desemboca en la descripción del Proceso Educativo en sus diversas fases y distintos momen­tos, además de presentar­nos un Esquema de Plan de Actuación, a modo de orienta­ción. Para terminar hemos considerado necesario hablar de los instrumentos que han de servirnos para llevar este proyecto a buen puerto, nos referimos a la Pedagogía Pastoral y a la Metodología Activa que hemos de emplear en nuestro trabajo.
El motivo del escrito nos insinúa su finalidad. Suscitar un verdadero testimonio de fe, anunciando a Jesucristo con obras y palabras; de tal forma que los jóvenes, que en gran número viven en la indiferencia religiosa, encuentren en la comunidad cristiana un ámbito de referencia vital, al cual adherirse para vivir la expe­riencia de la entrañable misericordia de Dios Padre; descubran en Jesucristo la plenitud de sentido de la vida y la verdad que nos hace libres y capaces de ser artífices de la "civilización del amor", cuyo gran programa está trazado en la doctrina social de la Iglesia, que recientemente ha recordado la encíclica Centesimus Annus; y trabajen generosamente para construir una sociedad que se distinga por la búsqueda cons­tante de la justicia, la concordia, la solidaridad y la paz5.
Los destinatarios del "Proyecto" son varios: en primer lugar los jóvenes cristianos que están implicados en las distintas realidades de la pastoral de juventud, a ellos les corresponde y de hecho son los primeros protagonistas; en segundo lugar a todos los animadores de pastoral de juventud, jóvenes y adultos, laicos, reli­giosos y sacerdotes; por último, a las diversas comunidades cristianas, parroquias, movi­mientos y asociaciones. Pues "la preocu­pación por la pastoral de juventud y, en general, la evangelización de los jóvenes ha de animar el dinamismo misionero de todas las comunida­des cristianas y ha de estimular la conversión de sus miembros, para hacerse creíbles ante quienes necesitan y exigen la máxima convicción y coherencia"6.

I PARTE
EL PUNTO DE PARTIDA:

LA SITUACION CONCRETA DE CADA JOVEN

Como queda reflejado en las "Orientaciones sobre Pastoral de Juventud", "la pastoral de juventud tiene como destinatario al joven en su situación concreta. Para que la pastoral de juventud sea auténticamente evangelizadora ha de ser oferta de sentido, adecuada a la concreta y diversa situación de los jóvenes, tanto por los ambientes como por sus ocupaciones"7.


La evangelización es una propuesta, no una imposición y, precisamente por esto, nunca puede estar al margen del momento histórico, de la situación real y de las vicisitudes sociales que el hombre vive.
En el caso que nos ocupa, la pastoral con jóvenes, es preciso llevar a la praxis lo que teóricamente todos conoce­mos. No existe la juventud, sino jóvenes distintos y de ahí la necesidad de una pastoral diversi­ficada, diferenciada, en la que recojamos y respondamos a las diversas situaciones en las que se encuentran los jóvenes. No podemos hacer idénticas las actuacio­nes y los itinera­rios pastorales con jóvenes de diversos tipos de cultura, educa­ción, situación personal o ambiental, familiar, económica y laboral, de integra­ción social o religiosa.
No pretendemos, aquí y ahora, hacer un análisis sociológi­co, ni psicológico de la realidad de los jóvenes, sino que, de manera sencilla, sometemos a la consideración de los animadores de pastoral, algunos valores, problemas, rasgos y característi­cas que puedan ayudar a los diversos grupos a hacer sus pro­pios análisis de los ambientes en los que trabajan.
1. LOS JOVENES Y LA SOCIEDAD
Los jóvenes, obviamente, son parte de la sociedad. Hemos de huir de separar y considerar ajeno el mundo de los jóvenes al mundo de los adultos o de considerar a los jóvenes como portado­res de valores totalmente diferentes a los que viven los adultos.
Por otra parte, los jóvenes son portadores de la capaci­dad que las sociedad tiene para renovarse y apostar por los cambios que son necesarios para que surja una cultura verdade­ramente humana. Una sociedad sin jóvenes se condena a renun­ciar a lo nuevo que hace deseable el futuro.
La cultura se renueva en la medida en que los nuevos proble­mas, que se plantean en la vida de una sociedad, exigen cambios en la forma de situarse ante la realidad. La sociedad actual tiene serios problemas que repercuten de una forma decisiva en los jóvenes. Entre estos problemas podemos seña­lar:
- Organización de la economía y racionalización de la producción y el trabajo. Los avances tecnológicos han hecho necesaria una mayor especialización de los trabajadores y una disminución de los puestos de trabajo. Consecuencia de esto y de la reestructuración de la industria y de la agricultura es el alto número de desemplea­dos que existen en España y la prolifera­ción de los contratos temporales. Esto repercute de forma especial en los jóvenes, fundamentalmente entre los de un nivel social y cultural inferior.
- Crisis del sistema educativo. La desmotivación, la falta de relación entre lo que se aprende en las aulas y el mercado de trabajo, los cambios en los planes de estudio, entre otros factores, han provocado un alto índice de fracaso escolar en los diversos niveles educati­vos. Hecho que incide de forma especial entre las capas sociales más pobres. De la misma forma los estudios, necesariamen­te técnicos y especializados, han perdido la dimen­sión humanista de la cultura, creando esto dificultades para enjuiciar crítica­mente la realidad y tomar partido.
- Cambios en la realidad familiar: matrimonio y relación entre padres e hijos. Los cambios sociales, culturales y económicos han hecho variar los comportamientos familiares. Son muchas las dificultades que encuentran los jóvenes para formar sus propias familias, se prolonga cada vez más la estancia en el domicilio de los padres. Aunque no se producen enfrentamientos entre padres e hijos, no siempre se da la comunicación necesaria. Por otra parte, la nueva forma de entender la sexualidad en una educación afectivo-sexual que separa los procesos biofísicos de la sexualidad humana del resto de la persona, la permisividad moral y la inestabilidad de muchos matrimonios dificultan la maduración psicoafectiva de los jóvenes.
- La ausencia de cauces asociativos. Se percibe en los análisis sociales un aumento de la presencia del Estado en la vida de los individuos y una disminución del tejido social asociativo. Esto es preocupante por la desprotección en la que queda el individuo ante el Estado. Entre los jóvenes también se percibe un escaso interés por lo asociativo, siendo muy pocos los que están asociados en España. No obstante, hay jóvenes que están presentes en organiza­ciones sociales, cultu­rales, políticas y religiosas y que aportan su esfuerzo y entusiasmo.
Estos problemas y otros muchos que no citamos, hacen que el tiempo en que vivimos sea considerado como tiempo de tran­sición, caracterizado, por tanto, por planteamientos ambiva­lentes y contradictorios. Las transformaciones profundas en la humanidad revelan por una parte, lo inadecuado de las culturas tradiciona­les y, por otra, la necesidad imperiosa de nuevos proyectos de vida humana.
2. RASGOS CULTURALES QUE PUEDEN DIFICULTAR LA ACEPTACION DEL COMPROMISO CRISTIANO
En nuestra situación sociocultural se dan unos rasgos suficiente­mente marcados que pueden hacer difícil la compren­sión y aceptación del mensaje cristiano. Entre otros señalamos los siguientes:
- La crisis de las utopías y la resignación a vivir en la cotidianidad sin plantearse las cuestiones del sentido de la propia vida y del mundo.
- El consumismo y hedonismo como formas de vivir la propia existencia sin una clara referencia a la situación de los demás.
- La libertad personal entendida como valor absolu­to, sin referencia a la verdad y a valores objetivos. Las antropo­lo­gías dominantes han polarizado la atención en la autono­mía de la persona, con sus posibilidades, libertades, espontaneida­des, deseos y capacidad de autorrealización. El sujeto humano aparece como un individuo fragamentado en su existencia y en la conciencia que tiene de sí mismo. Los jóvenes, aunque inconscientemente, experimentan cada día su fascinación.
Esto conlleva la necesidad, por parte del cristiano que se propone evangelizar, de dar un testimonio claro de la propia identidad y del sentido de la propia vida.
3. VALORES QUE FACILITAN LA COMPRENSION DEL MENSAJE EVANGELI­CO
Se perciben en los jóvenes unos ideales y valores que son motivo y signos reales de esperanza. Entre otros estos:
Un auténtico deseo de cambio y de búsqueda de una socie­dad mejor.
Una persistente lucha por implantar valores como la solidari­dad, amistad, pluralismo, respeto, paz, justicia...
Una gran sensibilidad ante las injusticias y la violación de los derechos humanos.
La defensa radical de la verdad y la aversión ante los conven­cionalismos, la mentira y la hipocresía.
El talante alegre y festivo ante la vida.
La importancia que se da al testimonio más que a las palabras y a las creencias.
4. LA RELIGIOSIDAD DE LOS JOVENES
En nuestra sociedad secularizada se comprueban los siguien­tes rasgos con respecto a la religiosidad de los jóvenes.
El 70% de los jóvenes españoles se considera católico y sin embargo no se consideran en un alto porcentaje ligados a las normas eclesiásticas. Por otra parte, lo religioso no ocupa un lugar impor­tante entre los valores determinantes a la hora de optar por la profesión o por el matrimonio.
Los sacramentos son valorados, en un alto porcentaje, como acontecimientos sociales.
La imagen de la Iglesia aparece como puramente ritual, ajena a los verdaderos problemas de los jóvenes, impasible a los sufri­mien­tos de los individuos, etc. Esta imagen, aunque no se corres­pon­da con la realidad, distorsiona su adhesión a la comunidad cris­tiana.
5. LOS JOVENES CRISTIANOS INTEGRADOS EN LA COMUNIDAD
Estos jóvenes constituyen propiamente la juventud de la Iglesia y en ellos ésta tiene la oportunidad de renovarse, conducida por el Espíritu Santo.
En ellos se percibe una ilusión grande por vivir, por profundi­zar en el misterio cristiano y de asumir compromisos y su protago­nismo dentro de la comunidad cristiana.
De la misma forma, con frecuencia coincide una gran ilusión por seguir a Jesús y su estilo de vida con la dificul­tad de sentirse dentro de la Iglesia. En este sentido, es fundamental el papel del grupo a través del cual viven el sentido comunita­rio.
A la vez, se manifiesta una cierta falta de capacidad para evangelizar en los ambientes en los que se desenvuelve la vida ordinaria de cada uno. Una descoordinación pastoral entre los diversos grupos y una tendencia en los grupos de jóvenes a conver­tirse en comunidades juveniles de carácter espiritualista y aislados de la vida social.
6. CONCLUSION
A lo largo de este capítulo hemos ido dando algunos rasgos de la situación de los jóvenes en nuestra sociedad. Es cada diócesis y cada comunidad la que ha de hacer el análisis de su propia situación, acercándose a la propia realidad con un verdadero espíritu misionero. Teniendo en cuenta la diver­sidad de situaciones en las que se encuentran los jóvenes: trabajadores y en paro, estudiantes y marginados, cercanos y alejados de la comunidad. Todos son llamados al encuentro con Cristo y a ninguno puede faltarle la llamada de la Iglesia.

II PARTE
EL PUNTO DE LLEGADA, LOS OBJETIVOS:

INTEGRACION FE-VIDA EN LA COMUNIDAD CRISTIA­NA

"Es evidente que el objetivo fundamental del itinerario de la evangelización y educación en la fe de los jóvenes, es que el joven descubra en Cristo la plenitud de sentido y el sentido de la totalidad de su vida, y busque la más plena identificación con El, con todas sus implicaciones, santidad de vida, la vida según el Espíritu, la configuración con Cristo. Por ello toda pastoral con jóvenes ha de proponer y animar el encuentro personal y comunitario del joven con Cristo vivo que es, al mismo tiempo, el origen y el camino de este proceso. Ha de impulsar y además facilitar la participa­ción en la vida de la comunidad y ha de promover y acompañar su compromiso en la acción evangelizadora de la Iglesia a favor del hombre y de la sociedad"8.


La juventud es un momento en el que el proyecto de vida se plantea como algo necesario. Cuando no es posible realizar este proyecto, acontece una frustración vital, el "sin sentido" de la vida.
Para elaborar este proyecto hay que considerar los valores, los modelos, las ofertas que presenta el ambiente en el que se vive, la sociedad, las instituciones. Hoy día estas ofertas son enormemente plurales y muchas de ellas contradic­to­rias.
Como veíamos en el punto de partida, los jóvenes de hoy necesitan ver planteamientos claros y vitales para sumarse a un proyecto. Proyecto que permita la búsqueda de la felicidad que ha perseguido siempre el hombre. Su proyecto será creyen­te en la medida en que la fe sea percibida como un camino hacia la felici­dad, como dinamizadora y potenciadora de la vida. Y no como algo que disminuya o aminore las posibilidades de ésta.
La pastoral de juventud tiene, por eso, una clara dimensión educa­tiva que comporta una atención especial al crecimiento per­sonal y armónico de todas las potencialidades que el joven lleva dentro de sí: razón, afectividad, deseo de absoluto; una atención a su dimensión social, cultivando actitudes de soli­daridad y de diálogo, y estimulando un compromiso por la justicia y por una sociedad de talla humana; una preocupación por la dimensión cultural pues la evangelización no es añadir un conocimiento religioso junto a contenidos que le resultan extraños, sino plantear una acción que "alcanza y transforma los criterios de juicio, los valores determinantes, los puntos de interés, las líneas de pensamiento, las fuentes inspirado­ras y los modelos vitales"9.
La unificación de la vida del cristiano es producto de la opción por la persona y el mensaje de Jesús. Por lo tanto, la pastoral ha de posibilitar que el joven realice su vida desde la fe y descubra en ella el núcleo central de máximo valor a partir del cual pueda plantearse y vivir toda su existencia, e integrase plenamente en la comunidad cristiana según su propia vocación y ministerio.
Así pues, la identidad cristiana afecta al ser mismo de la persona, y abarca todos los aspectos de la vida sin dejar parte de esta al margen de los planteamientos del evangelio. De ahí la necesidad de permanecer en una continua conversión.
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