Cuatro vientos por Alberto Ruz Buenfil



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EL SEÑOR SANTIAGO

CORREO


DE LOS

CUATRO VIENTOS


por Alberto Ruz Buenfil

Huehuecóyotl, otoño de 1994

Morelos, MÉXICO.
INDICE
CAPITULO PRIMERO: (1964) "TLATELOLCO: LA PLAZA DE LAS TRES

CULTURAS.” – p. 2


CAPITULO SEGUNDO: (1968) "2 DE OCTUBRE, NO SE OLVIDA"

pp. 14
CAPITULO TERCERO: (1985) "LOS TEMBLORES DEL 85'"

pp 29
CAPITULO CUARTO: (1988) "LA COYOLXAUHQUI ARTICULADA"

pp. 42
CAPITULO QUINTO: (1992) "SANTIAGO, SEÑOR DE LOS CUATRO

VIENTOS, ABRE EL CORAZÓN DE HISPANIA." pp. 56
CAPITULO SEXTO: (1994) “EL GIRO DEL CUADRANTE PARA LEVANTAR LOS ESTANDARTES REALES” pp. 72
CAPITULO SÉPTIMO: (1994-2000) "HACIA EL FIN DEL MILENIO"

pp. 88



CAPITULO PRIMERO
"TLATELOLCO: LA PLAZA DE LAS TRES CULTURAS"

(1964)


-"Pues no entiendo porqué tienes que aceptar esa chamba. Tu mismo dices que con el poco tiempo que te dan para entregarla no se puede hacer un trabajo serio como acostumbras. A menos que solamente lo estés haciendo por la lana…“
-"No te voy a permitir que me hables de esa manera, Paynal."
-"Otra vez con ese tonito de amenaza jefe, ya sabes que no te va y ni tu mismo te la crees… mucho menos yo. Solamente te estoy pidiendo que me expliques algo. Siempre me dijiste que lo que más te molestaba de trabajar para el gobierno era que te dieran órdenes estúpidas. Pues yo creo que lo que te piden ahora de reconstruir la plaza mayor de Tlatelolco en tres meses es una enorme estupidez..."
-"Eres el mismo pícaro hablador de la obra de Cervantes de siempre Paynal, sabes convencer a la gente. Sí, es una orden estúpida y sobre todo una política equivocada. Arqueología al vapor, para los turistas y para que algunos políticos se paren el cuello. Sabes que me molesta hacer esa obra, pero me molestaría aún más que la hiciera alguno de mis colegas más inescrupulosos."
-"Al menos no tendrás que cargar con la culpa por toda tu vida. Deja que sea un arqueólogo mercenario el que la dirija, ahí él con su karma."
-"Qué karma ni que ocho cuartos, se trata de hacer lo mejor que se pueda en estas circunstancias. Además, ya acepté hacerlo, ya no me puedo echar para atrás."
-"Pues de verdad que me decepcionas jefe. Siempre te he considerado una persona que actúa de acuerdo a sus ideales y aquí te veo hacer un compromiso medio transa. Lo siento, pero así la estoy viendo..."
-"Todavía estás joven Paynal, ya tendrás tiempo de darte cuenta que las cosas no son tan negro y blanco como siempre las ves. En toda decisión hay muchos matices que se te escapan. Y sí, también entra el plano económico. Tú y tu hermano ya están por entrar a la Universidad y cada vez es más caro mantenerlos..."
-"No te salgas por ahí jefe, no me vengas ahora con la excusa que estás aceptando la chamba por nosotros. De plano que si es así, prefiero que nos cortes el domingo pero que no te vendas por nada. Siempre me has dicho que no hay nada por lo que valga la pena vender las propias convicciones…”
-"Ahora sí te exijo que te calles Paynal. No voy a seguir discutiendo esto contigo. Es un asunto mío, ya lo hablé con tu madre y los dos decidimos que era necesario. Así que no te quiero oír decir otra palabra sobre Tlatelolco. Es un punto final..."
-"Pues yo creo que de Tlatelolco no se puede decir nunca la última palabra jefe, con todo respeto, pero te digo que en esa pinche plaza se siente muy mala vibración, y me duele que seas tú quien esté ahora a cargo de la reconstrucción de la parte arqueológica. . . ojala no te arrepientas nunca."
-"A ver, dame la mano, cómo cuando eras chico y jugábamos al ajedrez. Te enseñé a ser buen perdedor cada vez que te ganaba. Tienes razón, a mi tampoco me gusta lo que voy a hacer, pero a veces, a uno le toca hacer, quien sabe porqué, cosas de ese tipo. Chócala, esta vez ganaste tú y a mí me toca ser el perdedor. .. pero sigamos siendo cuates ¿no?
-"Sabes que te quiero y que hagas lo que hagas eso no cambiará para nada. Viene un abrazo y… termina ese pinche encargo lo mejor que puedas y aléjate pronto de ese sitio. Te digo que cada vez que vamos a Tlatelolco, hay algo que huele como a muerto, como si bajo las ruinas hubiera algo podrido, como si hubiera mucho dolor atrapado entre las piedras. Me da escalofríos tan sólo recordarlo."
Padre e hijo se dieron un caluroso apretón y un beso en cada mejilla como acostumbraban cuando dirimían alguna diferencia, antes de separarse e irse cada uno a sus ocupaciones. Paynal, un joven inquieto de dieciocho años, a la Preparatoria 5 de Coapa donde cursaba su último año de bachillerato y el Profesor Francisco Castro Ríos al Centro de Investigaciones del México Prehispánico que dirigía en la Universidad Nacional de Médico.
Camino al sur de la ciudad, el arqueólogo y su esposa Alicia Burgos, que a su vez era la secretaria administrativa del Centro, discutían sobre lo que habla sucedido en la mañana con su hijo mayor, Paynal. "Pues aunque ya tenga 18 anos, te digo que no tiene derecho a cuestionarte de esa manera. Eres demasiado suave con él y lo estás haciendo convertirse en un "rebelde sin causa", como el de la película que vimos la otra noche del tal James Dean," decía doña Alicia a su marido.

-"Pues yo creo que por lo contrario, tú eres demasiado exigente con ellos, especialmente con Luís, que tiene una sensibilidad artística muy grande..."
-"Pero que es terriblemente indisciplinado", repuso la mujer, comenzando a alterarse. "Y con Paynal, si no le pones un alto, acabará metiéndose en líos, te lo estoy advirtiendo desde ahora. Desde que lo sacaste del Liceo Francés y lo metiste a Coapa, ha dejado de de ser el estudiante modelo que era y se anda vistiendo y actuando como un pachuco. Mira nada mas el pelo que trae."
-"Ya sabes como son las modas Alicia, no hagas un drama de todo. Se le quitará en un par de anos cuando ya le agarre gusto a la carrera. Por cierto que quiero que conozca a las hijas del ingeniero Müller, están muy guapas y el padre podría comenzar a orientarlo en lo que es la Ingeniería Química".
-"Pero si ni siquiera sabes si a Paynal le va a gustar esa carrera Francisco, y ya estás haciendo planes para conseguirle prometida. Pareces uno de esos padres del siglo pasado que arreglaban hasta la boda de sus hijos. Y por el otro lado los consientes tanto que vas a ver qué, menuda sorpresa te van a dar cuando decidan ser como a veces ellos mismos dicen, unos "barrenderos bilingües".
-" Bueno, vamos a dejar de hablar de los hijos. ¿"Tú que crees de lo de Tlatelolco?".
-"Ya lo hablamos suficientemente" y nos habíamos puesto de acuerdo. Yo me ocuparé del Centro los meses que duren los trabajos, y la entrada de dinero extra la necesitamos para acabar la casa de Las Águilas. ¿No sé porqué vuelves a preguntármelo? A menos que lo que te dijo Paynal te esté influenciando…".
-"Bueno, no precisamente, pero la verdad es que también tiene algo de razón. Ni me gusta la premura de terminar los trabajos para la "inauguración oficial", ni tampoco me gusta mucho esa zona arqueológica. Hay algo raro en ella. Ni siquiera conozco mucho de lo que Tlatelolco era en la época prehispánica. No es mi área de especialidad, lo mío es el sureste, lo sabes."
-"Pues con más razón Francisco, tendrás que ponerte a estudiar de nuevo. Y ya llegamos al Centro. ¿Qué cosas tienes pendientes para hoy?"
-"Pues eso precisamente, estudiar qué era Tlatelolco. Y tú tienes que terminar el próximo número de la revista. ¿"Ya te entregaron todos los materiales? Estamos a fines del trimestre. ¡ya es tiempo de llevarlos a la imprenta!”
Metido entre sus libros. el arqueólogo tomaba notas que le sirvieran para situarse mejor en su futuro trabajo: "Tlatelolco era un barrio comercial de Tenochtitlán, en donde se encontraba el mercado más importante de la América prehispánica y probablemente del resto del mundo. El lugar se convirtió en un verdadero emporio interestatal manejado por los "pochtecas", los comerciantes, y que irradió por diversos rumbos hasta las fronteras de Guatemala y se cree que hasta Colombia. Tlatelolco o Xaltelolco viene de la palabra "tlateles", que significa montón de arena o de tierra y fue fundado por una de las dos facciones que surgieron del grupo de peregrinos nahua-chichimecas que vinieron desde Aztlán hasta las orillas de la laguna de Texcoco hacia el año 1253. La otra fueron los tenochcas."
Por días y noches, el arqueólogo Castro Ríos se encontró completamente sumergido en la lectura de un libro muy poco conocido que describía con minuciosidad. cómo había sido la organización política de los pueblos del Anáhuac escrito por el licenciado Ignacio Romero Vargas Yturbide. No recordaba bien cómo había caído ese texto en sus manos pero nunca se había dado el tiempo para leerlo.
Y ahora se presentaba la ocasión y el momento preciso para hacerlo. Necesitaba conocer más a fondo la historia del sitio en el que comenzaría a trabajar en pocas semanas. Tenía que empaparse de esa historia para poder saber cómo reconstruir la devastada zona arqueológica. Cualquier detalle podría ser de una importancia vital. "¿Porqué se habrían dividido los peregrinos al llegar al sitio elegido por sus dioses para erigir su nuevo imperio?" se preguntaba Francisco mientras buscaba en las páginas del manuscrito.
Unos capítulos adelante, la respuesta saltó a su vista: "Según la épica mexicana, el origen de la disputa fue la aparición de dos envoltorios que llegaron por vías misteriosas a manos de los peregrinos nahua-chichimecas y que consistían en una piedra preciosa y en dos leños para hacer fuego. Al consultársele al caudillo Huitzitón lo que había que hacer con las prendas divinas éste aconsejó a los ‘tenochcas' que tomaran los leños, y éstos, muy a su pesar tuvieron que dejar la posesión de la piedra preciosa a los ‘tlatelolcas’. Esta división simbólica implicó mas bien el principio de una disputa de origen religioso y económico entre los dos grupos."
Era como si la leyenda se tejiese sutilmente con la historia y diese motivo a la diferenciación de roles que los tenochcas y los tlatelolcas jugarían de ahí en adelante en la organización del Imperio Azteca. "Los primeros, guerreros unidos a la jerarquía sacerdotal imperante, posesionados por Huitzilopochtli estaban decididos a conquistar por cualquier medio su independencia y libertad. Los tlatelolcos, nobles y ricos, dispuestos a progresar con el trueque, lograron transformar su asiento en un emporio económico para Tenochtitlán, sede del comercio estatal e interestatal y asombro futuro de los europeos."
Mientras el arqueólogo se entregaba a su investigación, en la Prepa 5 de Coapa, su hijo mayor se enfrentaba a un veterano maestro de ética, Don Ricardo Montes Piedra, autor de varios tratados que eran los textos básicos para el bachillerato. "Paynal Castro Burgos, es inútil que trate de negarlo, usted es un agente comunista al servicio de la embajada rusa y la cubana. Se le ha visto en muchas ocasiones asistir a reuniones en esos sitios."
-"Pues con todo respeto señor, pero está usted equivocado. No soy agente de nadie y mis visitas a esos lugares obedecen al hecho de que mi padre ha sido invitado a varias celebraciones culturales de esos países, lo mismo que a los de Francia, Inglaterra, Líbano y Polonia. No soy comunista, pero si lo fuese tampoco seria asunto suyo. Tengo derecho a pensar como quiera, ¡estamos en un país libre!"
-"Se equivoca jovencito, México es un país guadalupano democrático donde no aceptamos las ideologías perniciosas, subversivas y extranjeras."
-"Pues quisiera saber cuales ideas son extranjeras y cuales no, ya que en la cultura hoy en día todo se encuentra completamente mezclado... Y en cuanto a perniciosas, usted que es del Opus Dei seguramente clasifica cualquier cosa que no esté en el Nuevo Testamento como herejía. Sus clases de ética más parecen los dogmas de un catequismo obsoleto y medieval...!"
-"¡Le ordeno que se salga inmediatamente del salón y ya daré cuenta de su pésimo comportamiento a la dirección de la escuela. Comunista, rojillo, fuera de mi vista!!."
-"¡Con mucho gusto "maestro", es una buena lección de valores éticos y de respeto la que nos está dando a todos, ya parece que nos encontramos de nuevo en los tiempos de la Inquisición! Con gusto me presentaré a un consejo universitario para discutir mi caso y por testigos tengo todos mis compañeros tanto de su parcialidad como de su dogmatismo!!."
-"¡Fuera, fuera!!," terminó gritando rojo de ira el rubicundo profesor Montes Piedra, quien diez días más tarde caía víctima de un ataque de apoplejía quedando semiparalizado por el resto del año escolar. "¿Qué le hiciste Paynal?, ¿le hiciste alguna brujería?", le preguntó entonces Chava, su mejor amigo al enterarse toda la clase en voz del suplente de la desgracia acontecida al maestro titular. "Pues ya no lo veremos por el resto del año, su propia inflexibilidad lo llevó a paralizarse, no es cosa de brujería o de mal de ojo, cada quien cosecha la que siembra”, repuso tranquilo el joven preparatoriano.
Sin embargo, las voces siguieron corriendo entre los demás alumnos: "Ese Paynal tiene unos poderes medio cabrones", decían algunos, "Yo creo que más bien tiene los tanates en su lugar y no tiene miedo de decir lo que piensa", replicaban sus amigos que lo conocían mejor. "No es la primera vez que le para los tacos a algún profe que se quiere pasa de vara, lo mismo pasó en la clase de contabilidad con ese ruco Mercenario que lo quiso tronar sólo porque le caía gordo. . . ¡no se vale!"
-" Tu hijo ha tenido de nuevo problemas en la Prepa, te aseguro que lo estás echando a perder consintiéndolo tanto," le dijo Alicia a su marido esa noche antes de dormirse.
-"Ahora es solamente "mi hijo" ¿no?, ¿y ahora porqué?", le contestó Francisco, un poco molesto de tener que estar defendiendo a cada rato a Paynal.
-"Pues según él, porque su maestro de ética es muy mocho y lo traía de barquito todo el tiempo desde que se enteró que no era católico".
-"Pues ya sabíamos desde que decidimos no crecer a los hijos con una educación religiosa que tarde o temprano ellos tendrían que defender sus ideas como nosotros lo tuvimos que hacer en nuestra época. Ya tendrá Paynal también que enfrentar sus propios retos en esta vida."
-“Eso dices ahora Francisco, ¿a ver que dices cuando te diga que lo reprobaron y tenga que repetir el año?", insistió Alicia.
-"Tampoco exageres mujer. En casi todas las materias va muy bien, y varios de sus maestros lo aprecian mucho y lo apoyan en su formación. Mira a su maestra de historia de México y al de dialéctica, siempre lo andan invitando a dar charlas y a escribir ensayos. Paynal ha sido generalmente un buen alumno y no creo que esta vez vaya a fallar."

-"Como de costumbre, acabas siempre justificándolo por ser tu primogénito, pero no te olvides que tienes dos hijos y que Luisito necesita más atención tuya, lo veo medio aislado y su cuarto es siempre un desorden completo. Pero pasando a otro tema, ¿cómo van tus investigaciones sobre Tlatelolco?"
-"Fíjate que descubrí una cosa muy interesante. ¿Te acuerdas hace 18 años cuando nació Paynal que no sabíamos cómo llamarlo?"
-"¿Cómo crees que se me iba a olvidar, fue el tío Juan el que nos aconsejó que le pusiéramos así, pero nunca nos dijo de dónde había sacado ese nombre tan raro. Que ya llegaría momento oportuno en que lo sabríamos. ¿Porqué la pregunta?"
-“Pues sucede que el locochón de tu tío Juan, el famoso tío "conchero" le escogió un nombre precisamente relacionado con la historia de Tlatelolco, ¿qué te parece?" contestó Francisco, aumentando la curiosidad de su esposa.
-"No me digas! ¿Y de qué manera?", repuso intrigada.
-"Resulta que Paynal es el nombre del dios náhuatl del Correo...?"
-"¿'Del qué?"
-"Del correo mujer, pero no del cartero ni de la oficina de correos. El Correo en tiempos prehispánicos era un oficio de una gran importancia ya que servía para intercomunicar a nivel diplomático y comercial a las diferentes naciones. Los pochtecas que fungían como Correos eran algo así como unos embajadores de cada señorío. "
-"¿Los pochtecas?, ¿y quienes eran esos?."
-"Los comerciantes, los mercaderes que recorrían el país en busca de noticias, llevando mensajes, levantando cartas geográficas y realizando misiones políticas, religiosas y militares. Personajes muy respetados y no como ahora que ser comerciante es casi sinónimo de ladrón."
-"Entonces ¿quien era ese tal Paynal?", volvió a preguntar Alicia a su marido, al que le brillaban los ojos cuando hablaba del pasado de los pueblos de México.
-"Pues creo que era algo así como el "Correo de los Cuatro vientos" del que cantan en sus alabanzas precisamente los concheros cuando van a Tlatelolco... "
-"Pero si le llaman así al Señor Santiago, ese santo al cuál le está dedicada la iglesia de Tlatelolco, ¿no te acuerdas Francisco cuando fuimos hace unos años con la Mesa de Danza conchera del tío Juan un 25 o un 26 de Julio?"
-Sabes que todo lo conchero nunca me ha atraído mucho Alicia. Para mi solamente se trata de una moda sincrética muy vinculada con el cristianismo. . . y no le veo todavía su parte indígena. Sin embargo me parece interesante que detrás Señor Santiago se encuentre agazapado un dios antiguo, y que ese precisamente sea Paynal. Por alguna razón desconocida le pusimos así a nuestro hijo, ¿no crees?”
-"Pues la verdad que todavía no sé muy bien porqué acabamos aceptando que el tío lo bautizara a la manera conchera en su Oratorio. Mira todos los problemas y burlas que ha tenido el pobre con ese nombre tan exótico, le hubiéramos puesto Panchito, como tú...”
Muy a menudo los nombres no tienen ningún significado. Antes, los sacerdotes consultaban sus calendarios sagrados para determinar cómo llamar a los recién nacidos. No se ponían nombres al capricho. A lo mejor Paynal tiene alguna misión especial en su vida como nos decía el tío Juan antes de morir. Quizás no estaba tan loco como pensábamos. Pero ya la vida nos lo dirá más tarde, ahora vamos a dormimos. Mañana voy a ver a la gente del Instituto de

Antropología para lo del inicio de los trabajos… Descansa bien mi amor .“
Pocas semanas más tarde, Castro Ríos se encontraba en una plaza en medio del barrio de Tlatelolco rodeada de grandes edificios multifamiliares, dirigiendo a una cuadrilla de más de doscientos peones y albañiles. Sobre la avenida de Niño Perdido se alineaban una docena de camiones con materiales, cemento, cal, arena, grava y piedras.
El director del Instituto le habla dicho antes de firmar el contrato: “Todo tiene que estar listo para la inauguración en tres meses. El Secretario de Educación y probablemente el Señor Presidente Díaz Ordaz van a estar presentes, no nos puedes fallar Francisco. Mi carrera depende de ello... y la tuya también. Tienes todo el apoyo que necesites.”
Una vez que despejemos todos los escombros, vamos a ver que queda que nos pueda servir como base para comenzar la reconstrucción Segovia. Usted estará a cargo del equipo A, Saenz del B. Cada uno de ustedes háganme un reporte diario de los avances y si aparece cualquier cosa interesante avísenme de inmediato. Yo me ocuparé sobre todo de la planeación del conjunto y de ir checando el avance de los trabajos y mi cuñado Javier se ocupará del trato con los albañiles. Y ahora, si no hay alguna pregunta, adelante!!! Con estas escuetas palabras el arqueólogo se puso como es su costumbre, a dar el ejemplo poniendo él mismo las manos en la masa.”
Los jefes pochtecas a cargo del gran mercado de Tlatelolco vivían ricamente vestidos y sus residencias eran muy suntuosas. Los presidía un Consejo de los pochtecatlatoque, hombres y mujeres de edad que concertaban las operaciones mercantiles y patrocinaban los viajes a otras regiones. El mercado estaba dividido en secciones en las que operaban distintos gremios de artesanos o toltecas y frente al mercado existía un tecpan, palacio donde se impartía la justicia. Un Consejo de cinco jueces, los Mixcoa tlaylotla regían el tianquiztli. Tenían sus propias prisiones y plena facultad para ejecutar sus sentencias.
Tenían los pochtecas almacenes en común para depositar las mercancías. Cuando los europeos llegaron, quedaron asombrados por la riqueza, orden, extensión y disposición

del “tianquiztli”, y Hernán Cortés, que nunca se perdía en cálculos consideró dicho mercado mayor que cualquier otro mercado europeo de su tiempo y afirmó que diariamente concurrían a la plaza no menos de sesenta mil almas...”
Con estos y otros numerosos datos tomados de sus notas Castro Ríos había construido una maqueta, y con los restos de edificios prehispánicos que habían aparecido después de la limpieza de la zona, iba poco a poco completando su “rompecabezas”. -“Aquí debe de haber estado el gran teocalli religioso”, se decía a si mismo mientras trabajaba, -“estos dos deben de ser el cuicalli, la casa del canto y el mixcoacalli, la casa del viento. Las escuelas, los calmecac y los calpullis convergían en el teocalli y en el tecpan, el palacio de gobierno donde vivían las autoridades. Y el Templo Mayor seguramente está debajo de la Iglesia de Santiago y esa no la podemos tocar.”
Recorriendo la plaza, el arqueólogo iba identificando, de acuerdo a los códices Mendocino y a las crónicas Mexicana de Tezozomoc y la Mexicayotl, el telpuchcalli donde se adiestraba a los jóvenes, los tzompantlis para las ofrendas a la guerra donde habían aparecido 170 calaveras con perforaciones hechas por armas blancas; el templo de los guerreros águilas y el otro, el de los señores tigres. Y varias plataformas circulares para un uso desconocido.
-“Mire Don Francisco, ésta pirámide tiene una serie de glifos calendáricos, seguramente estaba dedicada a la astronomía y al estudio del tonalpohualli”, le indicó entusiasmado el joven arqueólogo Segovia a su jefe mientras despejaba una cala.
-“Han aparecido en la parte más profunda restos de molcajetes, jarros, ollas, asas y figurillas de barro muy burdo, color café oscuro, con formas fitomórficas, plantas de

tepalcates negros Don Francisco. Estamos hablando de una época entre el 1337 y el 1473 de acuerdo a las pruebas de carbón 14”, aseveró Segovia mostrándole una canasta llena de piezas.
-“Sí Segovia, sus. datos concuerdan con los que tenemos de los códices García Granados, Cozcatzin, Ixtlixóchitl y las crónicas de Tezozómoc”, contestó Castro Ríos. “Es la época del apogeo de la cultura Tlatelolca desde su fundación hasta su primera gran destrucción a manos de sus vecinos los tenochcas. Tuvieron un siglo y medio de grandeza guiados por cuatro caciques o tlatoanis pero en 1473 el último de ellos, Moquihuix tuvo la mala idea de enfrentarse a Axcayacátl, que provocó su muerte y el inicio del vasallaje tlatelolca al gran imperio de Tenochtitlan,” concluyó el arqueólogo..
-“En las partes superiores de la cala hemos encontrado mucha pedacería de barro vidriado blanco y crema, tazas y platos, y dos candeleros de porcelana, seguramente pertenecen a una etapa posterior Don Francisco, y se encuentran muy calcinados, como si hubiesen estado en un incendio”, continuó informándole Segovia.
-“Estamos hablando de la fase colonial”, respondió el jefe de las obras. “No olvide que cuando la mayor parte de estos templos fueron abandonados y destruidos entre 1522 y 1524, las órdenes de los castellanos fueron terminantes, acabar con todo vestigio de la cultura ‘pagana’ en nombre de la civilización. Mire aquí esta crónica que apareció en el manuscrito “Anales de la Conquista de Tlatelolco”: “Al entrar los jefes españoles y sus aliados invasores tlaxcaltecas, en Tlatilulca, todo fue muy triste, muy de llorarse lo que había- solamente apestaba, solamente las calles estaban llenas de sangre, solamente se meneaban los gusanos amontonados. Y sus jacales fueron abiertos a golpes y todo sucumbió, vanos fueron los esfuerzos por detenerlos.
Los trabajos avanzaban con gran rapidez y poco a poco, los que días antes eran diseños en papel o estructuras de cartón en miniatura en la maqueta, iban apareciendo después como los edificios y templos de la plaza de Tlatelolco a su escala original. El incansable Castro Ríos numeraba las piedras tal y como aparecían al retirar la tierra, tomaba fotografías, calculaba los ángulos de caída de muros y escaleras, proyectaba la reconstrucción y daba órdenes para mantener a los equipos de trabajo en turnos de día y de noche.
Muchas veces no regresaba a su casa en varios días y dormía en el improvisado y rudimentario campamento que el INAH había construido para los arqueólogos y los materiales. El sitio parecía un verdadero hormiguero en ebullición todo el tiempo. Los fines de semana también eran de trabajo y en algunas ocasiones Alicia y sus hijos llegaron a Tlatelolco para saludar y dar ánimos a su padre y para mirar los avances de la reconstrucción de la zona. El centro ceremonial parecía ir despertando de un largo sueño, y con él afloraban fantasmas y memorias dormidas en el sitio por muchos siglos.
En una de esas ocasiones, mientras Luís y Alicia se habían quedado, ella platicando con uno de los guardianes del sitio y el chico embelesado frente a una figura de piedra, que se esforzaba reproducir en su cuaderno de dibujo. Paynal y su padre recorrieron la plaza monumental hasta llegar a un edificio circular muy particular en la parte posterior de la Iglesia de Santiago de Tlatelolco.
-“Entonces qué Paynal, ¿ya me perdonaste por hacer este trabajo?, ¿no te parece importante que sea tu padre el que lo esté realizando?”, le preguntó Francisco con cariñosa ironía pasándole el brazo sobre los hombros al joven como acostumbraba hacerlo, una vez que estuvieron solos.
-“Mira jefe, si quieres que te diga lo que siento, no me andes cotorreando. Claro que respeto lo que haces, pero no me gustan las razones que te empujaron a hacerlo. No tiene caso volver a discutirlo, ya lo estás haciendo de todas formas. Más bien te quena contar algo y no quería que lo oyera mi jefa...“
-“Ya sabes que no me gustan los secretos en la casa. ¿En qué te metiste ahora?”
-“No se trata de nada serio, más bien algo que me trae medio sacado de onda. Tuve un sueño. Más bien una pesadilla. La noche después de la útima vez en que estuvimos aquí...”
-“¿Sigues con tus presentimientos Paynal?”
-“No te burles jefe. Me desperté sudando y muy angustiado. Soñé que me perseguían precisamente aquí en ésta plaza. Venía vestido con ropas de algodón, como las de los aztecas

y que cientos de gentes corrían detrás de mí. Y después, que me metían a un templo donde se encontraban una serie de personajes muy raros, como sacerdotes...Y uno de ellos me lanzaba un dardo y me atravesaba el pecho... Yo caía, aunque no sentía nada y parecía que me había muerto, podía observar lo que pasaba. Mi cuerpo estaba tirado y los sacerdotes me sacaban el corazón y se lo repartían entre sí para comérselo. Yo era como una estatua de pan, no me salía sangre ni me dolía nada. Y el resto de mi cuerpo se lo repartían en pedazos a los guerreros que estaban afuera del templo.”
-“¿De dónde sacaste esa historia mi hijo?, ¿has estado leyendo libros sobre la historia antigua de México? preguntó el padre, conmovido por la visible inquietud que el joven estaba experimentando.
-“Para nada jefe, ya sabes que lo que me interesa es lo que está pasando ahorita, la revolución Cubana, el Ché, Camilo Torres, Fidel, lo de antes no me llama la atención. Como tú has dicho muchas veces, “con un arqueólogo en la familia basta y sobra”. No tengo idea de lo que significa esa pesadilla, pero me dejó muy alterado.”
-“Mira hijo, lo que me acabas de contar es una ceremonia que se realizaba hace muchos siglos, precisamente en éste lugar que se llamaba Ipayna Huiztilopochtli, y que era exactamente como me la relataste. Era un ritual dedicado al dios guerrero Huiztilopochtli, el colibrí zurdo, y que concluía justamente con el sacrificio de la imagen de un joven llamado como tú.. . “
-“¡¡¡Qué estás diciendo jefe!!! Mira que no es ninguna broma, me desperté con una taquicardia fortísima y sudando helado… y ahora tu me cuentas tus chistecitos…
-“Escucha Paynal, no había tenido tiempo de decírtelo pero hace muy pocas semanas descubrí en un libro que el nombre Paynal correspondía a un dios antiguo, precisamente a un

dios de este lugar, el señor de los pochtecas, el mensajero divino, el Correo de los Cuatro Vientos.”
-“Entonces lo que soñé...” interrumpió el joven, preocupado.
-“Parece como si te hubieras conectado con una memoria muy antigua... Un arquetipo, y que estuvieras recordando algo que en efecto pasó aquí hace siglos. Pero es imposible, eso no tiene ninguna explicación lógica. Seguramente lo leíste y no te acuerdas o quizá oíste a alguien mencionarlo.”
-“Para nada jefe. Estoy seguro. Lo soñé y no sé que quiere decir. Solamente que me confirma esas vibraciones tan raras que siempre siento al llegar a Tlatelolco. ¿Porqué se les ocurrió ponerme Paynal?, ¿porqué no me pusieron un nombre común y corriente del calendario...? “
- “Fue tu tío abuelo Juan quien te llamó así. Ya sabes cuál, el viejito que conociste antes de que se muriera hace algunos años, ese que dirigía a un grupo de danzantes, ¿te acuerdas?”
-“Claro que me acuerdo, ¿pero entonces ahora ni siquiera puedo ir a preguntarle porqué me puso así? ¿Qué buena onda no? ... ¡¿y ahora qué hago con mis sueños?!”
-“Lo siento hijo. A lo mejor tienes que ir al psicoanálisis para que te los interpreten. La verdad es que yo no puedo decirte más, no porque no quiera sino porque no sé qué más decirte. Ya sabes que yo soy un científico, y además, como tú dices, bastante “cuadrado” ¿no? No creo que tengas que preocuparte demasiado. Ya se te pasarán esos sueños. ¿Por cierto, cómo vas en la Prepa?”
Un par de meses más tarde, en la fecha indicada por el Instituto, la zona arqueológica de Tlatelolco estaba lista para ser inaugurada como parte integral del super-proyecto de la Plaza de las Tres Culturas.
El nuevo presidente de la república Gustavo Díaz; el Secretario de Educación; los directores del INAH, de Monumentos Prehispánicos y de Bellas Artes; los arquitectos Mario Pani y Ricardo Robina, responsables de la reconstrucción de la Iglesia de Santiago, el Colegio de la Cruz y el Tecpan de Tlatelolco y del nuevo edificio de Relaciones Exteriores y todas las autoridades oficiales estaban ya reunidas delante del listón rojo que se había colocado a la entrada del pasillo de piedra volcánica que conducía al interior de la zona arqueológica. Centenares de gentes, invitados, vecinos y curiosos estaban ya reunidos. Una doble hilera de policías vigilaban a la multitud y la prensa estaba tratando de lograr alguna exclusiva o de entrevistar a cualquiera de las personalidades más conocidas que se hablan dado cita esa mañana en el viejo barrio de Tenochtitlan.
Frente a la iglesia, discretamente, un pequeño grupo de concheros se preparaban para realizar sus danzas. Dos mujeres trataban de prender sus incensarios, unos hombres se ataban sus correas de ayoyotes en los pies y colocaban las plumas sobre sus penachos, y otros, los más viejos afinaban sus pequeñas guitarras de concha de armadillo mientras los más fuertes cargaban sus tambores-huehuetls y sus teponaztlis. Sus trajes eran una mezcla de trapos y telas de colores y blancas, cintas rojas, indumentarias modernas y pieles o imitación de pieles de animales. Casi todos traían en la mano algún tipo de sonaja de latón o sus maracas.
Y justo en el momento en el que iban a iniciarse los discursos para la apertura del centro se oyeron las impresionantes caracolas del grupo de concheros, como si la ceremonia oficial se estuviese complementando paralelamente con un antiguo ritual “de tradición”.
Nervioso, el jefe de los trabajos arqueológicos, Castro Ríos aprovechó la confusión del momento para susurrarle al oído a su esposa: -“En buena hora se les ocurre a esos concheros venir a hacer sus danzas. A ver si no me meten en líos, y me fuerzan a llamar a la policía para obligarles a que paren. Les mandé a decir con uno de los guardianes que estaba prohibido hacer, ceremonias en las zonas federales bajo la protección del INAH pero dijeron que solamente obedecían las órdenes del Señor Santiago del Correo de los Cuatro Vientos, y que él les había hecho saber que tenían que cumplir con esta obligación. Están completamente locos.”
-“ Y me parece que reconocí a algunos de los danzantes de la Mesa del tío Juan, a lo mejor son ellos..”
-“Si puedes, discretamente, date una vuelta y si son ellos trata de razonar con sus capitanes o quien los esté dirigiendo, el director del Instituto me está echando unas miradas que matan... y ahora tengo que irme para allá con los meros meros...”
-“Pues yo tampoco puedo despegarme de aquí, ya están llegando también las señoras de los peces gordos y ahora tengo que aguantarlas. No sabes cómo odio este tipo de comedias. Va a llegar el momento en que no vuelva a pararme en ninguno de tus cócteles ni recepciones…”
Mientras este diálogo se daba entre sus padres, atraído por una fuerza invisible Paynal se fue alejando de la multitud que trataba de seguir el paso de los funcionarios entre los cuales ahora se había incorporado su padre, y se fue dirigiendo hacia el sitio donde danzaban los concheros. Su mirada estaba clavada en el estandarte que llevaba uno de los danzantes.
Al acercarse suficientemente para ver los detalles, Paynal se dio cuenta que lo que tanto atraía su atención era un lienzo luído y desteñido de color azul con una figura central bordada en hilos de oro que representaba a un personaje de identidad equívoca, ya que tanto parecía un santo de la iglesia católica como una de las imágenes de los códices de los dioses antiguos mexicas. El personaje traía en la mano izquierda un arma, entre espada y lanza con punta de obsidiana, que su padre le había dicho se llamaba un macuahuitl, y en la derecha una especie de báculo o bastón de madera que tenía en su empuñadura una cabeza de águila y que estaba completamente tallado.
A pesar de que había otras figuras bordadas en el estandarte era sobre todo el bastón el que llamaba poderosamente la atención del joven Paynal, a tal punto que en un momento en el que la danza se detuvo una mujer de edad, pequeñita pero que denotaba una gran fortaleza se le acercó y le preguntó mirándolo fijamente a los ojos: -“¿Cómo te llamas hijito?” -“Me pusieron Paynal, pero no sé realmente por qué”. contestó el joven mirando con igual intensidad a la mujer. “¿Eres tú el hijo de Alicia, la sobrina de Juan Axotécatl…? -”Sí, mi madre se llama así y tenía un tío conchero que se llamaba Juan, pero que ya murió.
Con una sonrisa de cariño y de complicidad, la mujer puso entonces sus manos arrugadas sobre los hombros del joven y saludándole al estilo conchero inclinándose hacia él dos veces y llevando sus manos unidas al corazón de ambos, para terminar besando las de él, le dijo: -“Bienvenido m’hijo, sólo tú faltabas en ésta importante celebración. Ahora sí todo está completo. Tu papá hizo lo que tenía qué hacer, y algún día a ti te tocará hacer lo tuyo… Y ahora, ven conmigo para que te sahumen, todo el que entra al circulo de danza debe ser purificado.” Y dirigiéndose a una de las dos mujeres o malinches que traían el copal, la anciana señaló a Paynal y dio instrucciones para que lo recibieran como se requería en la tradición.
Regresando a su sitio, Doña Guadalupe, que era el nombre de la capitana del grupo conchero le dijo al joven al pasar a su lado: “Venme a ver al Oratorio cuando quieras, ahí te estaré esperando. No te preocupes por tus sueños, ya tendrás tiempo para comprenderlos. Las cosas suceden, siempre en su momento preciso…. salúdame a tu mamacita y dile que le envía esta cera su comadrita Guadalupe. ¡Que el Señor y la Virgencita te bendigan Paynal!,

-¡El es Dios!”
Enmudeciendo de golpe, el joven se encontró de repente con una gran vela en las manos y con mil preguntas en la mente. No le había dicho nada a esa mujer, a quien ni siquiera conocía, de sus sueños, ¿cómo lo habría adivinado?; ¿porqué le decía comadre a su madre?; ¿qué era lo que le había tocado hacer a su padre y qué le tocarla a él hacer algún día?.

En medio de la confusión de sentimientos que lo dejaron medio atolondrado Paynal oyó de repente el sonido de los caracoles, el rasgar de las cuerdas de las conchas, el ritmo de los huéhuetls y de los ayoyotes. Y de la voz colectiva de las dos docenas de gargantas desafinadas de concheros surgió entonces el siguiente canto o alabanza:
Que Viva, que Viva

El Señor Santiago

Que Viva, que Viva

El Señor Santiago
Porque él es el Correo

Porque él es el Correo

de los Cuatro Vientos”


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