Curas guerrilleros josé María Álvarez. Miembro del Foro ggl



Descargar 36.35 Kb.
Fecha de conversión14.01.2019
Tamaño36.35 Kb.

CURAS GUERRILLEROS

José María Álvarez. Miembro del Foro GGL


Imagen que el cine creo de Julio II, el Papa Guerrero



Una mirada a la historia

Gaspar García Laviana fue un cura guerrillero. En aquellos años, pongamos entre 1960-90, hubo también otros que asumieron ese mismo compromiso. Al intentar hacer una reflexión sobre el hecho de que un sacerdote llegue a tomar las armas para entrar en un combate donde hay muertes a un lado y otro, lo primero que se me ocurre es echar una mirada a la historia para ver si esta opción fue algo muy aislado ocurrido sólo en este momento o si por el contrario hubo otros clérigos que también tomaron las armas en el pasado.

Repasando mis parcos conocimientos históricos, los primeros curas con armas que recuerdo no son guerrilleros, sino más bien guerreros, que no es lo mismo. Me vienen a la memoria aquellos obispos que ya en el medievo empuñan la espada para defender sus posesiones o agrandarlas.

Yendo a los libros de historia nos encontramos con algunos nombres que destacan de manera especial entre todos los “obispos guerreros”: Odo, que lo fue de Bayeux, sobre el que hay abundante información de sus hazañas bélicas. Se dice de él que fue el primer obispo guerrero. Vivió entre 1036 y 1097. Adémar de Monteil, obispo de Le Puy entre1077-1098, que fue nombrado por el Papa Urbano II delegado apostólico de la Primera Cruzada, dedicándose con ahínco a la recaudación de dinero y a organizar un ejército; el poderosísimo Anthony Bek, obispo de Durham (1245-1311), cuya conducta fue más propia de un señor feudal que de un obispo pastor. Participó en varias acciones guerreras entre las cuales la toma de los castillos de Dirleton, Tantallon y Dalhouise, fortalezas ocupadas por tropas escocesas.

Si entramos en el tema de Papas implicados en guerras vemos que hay varios que lo estuvieron directa o indirectamente. Julio II es el considerado como prototipo de Papa Guerrero (1443-1513). Fue apellidado también el Terrible, debido a su gran fuerza física y fuerte carácter. Durante sus diez años de papado se mostró como un hombre de acción preocupado fundamentalmente por los asuntos temporales. En numerosas ocasiones combatió junto a sus tropas “armado hasta los dientes”. Quería hacer de la Santa Sede la primera potencia de la península italiana.

Las mismas “Cruzadas” eran guerras donde “en nombre de Dios” se mataba con el fin de conquistar los Santos Lugares, aunque también había a la par fines económicos y políticos. Las Bulas fueron utilizadas para sacar el dinero necesario para mantener estas luchas, en ocasiones muy sangrientas. Hubo nada menos que nueve Cruzadas que mantuvieron este clima de “Guerra Santa” durante casi doscientos años, pues se datan entre 1096 y 1272. En las Cruzadas lucharon santos como San Luis de Francia, que participó en dos de ellas, que seguro le valió para aumentar su fama de santidad. Y hablando de santos que empuñaron las armas se puede recordar, como uno más, el típico ejemplo de Santa Juana de Arco.

En esta mirada a la historia no podemos pasar por alto la existencia en la Iglesia de las Órdenes Militares. “Fueron instituciones religioso-militares creadas en el contexto de las Cruzadas como sociedades de caballeros cristianos (miles Christi), inicialmente para la defensa de los Santos Lugares (Templarios, Hospitalarios y del Santo Sepulcro) y luego aplicadas a la propagación o la defensa de la fe cristiana, ya fuera en Tierra Santa o en otros lugares, contra los musulmanes (como las órdenes militares españolas durante la Reconquista), contra los paganos (como la Orden Teutónica en el Báltico) o contra cristianos heréticos (como las militia Christi que combatían a los albigenses). Los caballeros de las órdenes militares estaban sometidos a los votos canónicos de las órdenes religiosas, siendo mitad monjes, mitad soldados. Posteriormente muchas órdenes se secularizaron.” Estos pocos datos recogidos de la historia son suficientes para ver la conjunción que hubo entre lo religioso y lo militar, que se veía no sólo natural, sino promovida o animada por la misma Iglesia.

Las Guerras de Religión. Específicamente se llaman así a las que se produjeron en Francia (1562-1598) entre católicos y hugonotes (calvinistas). Se destaca en ellas la Masacre de la Noche de San Bartolomé. La matanza se inició en la madrugada del 24 de agosto de 1572, día de San Bartolomé, y continuó varios días. De París se extiende más tarde a Orleans, Lyon, Burdeos, etc. 2.000 hugonotes murieron en París y unos 10.000 en toda Francia. En estas guerras se mata por defender posturas religiosas. También reciben este calificativo otras guerras que se producen en Europa por tener, al menos en apariencia, matiz religioso.

Pensando sobre este tema también recuerdo, ¿quién no?, aquí en España al cura Merino, participando, al igual que el fraile Asensio Nebot en las guerrillas que lucharon contra los franceses que invadieron el territorio español (1808-1814). Jerónimo Merino creó él mismo el regimiento de húsares de Burgos. Se trataba de una lucha de guerrillas y también popular: nuestra Guerra de la Independencia. España había sido invadida por Francia y había que expulsar a los invasores y reponer en el trono al rey depuesto Fernando VII. Un objetivo eminentemente político que, una vez alcanzado, de poco le serviría al pueblo. Es elocuente lo que dice en sus memorias el mariscal francés Suchet: “Campesinos, propietarios, padres de familia, sacerdotes y frailes, abandonaron sus ocupaciones sin dudarlo … con el fin de engrosar las bandas formadas contra nosotros”.

La Guerra Civil Española (1936-1939), que fue un levantamiento en contra de la República, el régimen legalmente constituido, recibió el nombre de Cruzada con el fin de declarar aquella guerra como justa y santa no sólo en sus orígenes sino también en los resultados posteriores: la larga dictadura franquista. Todas las muertes de guerra y posguerra fueron cubiertas por este santo palio eclesiástico.

Los curas guerrilleros modernos

Después de esta mirada por alto a la historia recogiendo algunos datos relacionados con la participación de sacerdotes (curas, obispos y papas) en guerras que evidentemente conllevaban todas ellas violencia y muertes, vamos a entrar, ya en los años 1960-90, en el tema de los Curas Guerrilleros modernos, que empuñaron las armas y entraron en guerra por motivos bien distintos.

Esta dura decisión que tomaron algunos clérigos estuvo condicionada, por una parte, por el contexto económico, social y político en que vivían los parroquianos a los que fueron enviados a servir pastoralmente y, por otra, por el nuevo modo de ver la evangelización: tanto la figura del misionero, como el mensaje cristiano, se entendían ahora de diferente manera a como se había entendido en el pasado, debido ello al impacto del Concilio Vaticano II y a la Teología de la Liberación que estaba surgiendo entonces. Las conclusiones del episcopado latinoamericano en su Asamblea de Medellín (Colombia) en el año 1968 reflejan estos importantes cambios producidos en la Iglesia, en este caso muy concretamente en la de Latinoamericana.

La situación socio-económica

Los mismos obispos latinoamericanos en su documento de Medellín hablan de la situación en que vivían las gentes de sus países que era “de subdesarrollo, delatada por fenómenos masivos de marginalidad, alienación y pobreza”; “la gran mayoría del pueblo latinoamericano” vive en un “contexto de pobreza y aún de miseria”. Ven “formas de opresión de grupos y sectores dominantes”, “desigualdades excesivas entre ricos y pobres, entre poderosos y débiles”. Incluyen también entre los males que aquejan a la población las deficiencias de la administración judicial que a menudo ocasionan “serios males”. El episcopado latinoamericano denuncia en el documento en repetidas ocasiones esta lamentable e irritante situación social que sufrían sus pueblos.

Los prelados dejan bien claro que en estas circunstancias no se puede decir que haya paz, pues ella no consiste sólo en que no haya ejércitos en lucha. Los que están sufriendo explotación, opresión y represión viven en estado de violencia continua, y por consiguiente en estado de guerra. Es necesario “crear un orden social justo, sin el cual la paz es ilusoria”, y ello “es una tarea eminentemente cristiana”. Así pues, están invitando ellos mismos a que todos los fieles participen en una deconstrucción de la sociedad.

Piden los obispos “solidaridad con los pobres, a la que la caridad nos lleva. Esta solidaridad significa hacer nuestros sus problemas y sus luchas, saber hablar por ellos”. Es este un lenguaje sencillo, directo y muy claro. Los pobres saben mucho de buenas palabras y pocos hechos para ayudarles a salir de su situación, que a veces es de esclavitud real que necesita de liberación. Es en este contexto en el que hay que entender la Teología de la Liberación, que es parte del ideario que asumen los curas-guerrilleros, al igual que otros seglares cristianos que se integran en los movimientos de liberación nacionales. Hubo muchos que no estuvieron en el Frente pero ayudaron todo lo que pudieron en retaguardia. Estaban en la misma lucha, pero de modo diferente.



Situación política: dictaduras militares, abiertas o encubiertas

Es evidente que la situación socio-económica descrita anteriormente no existiría durante mucho tiempo si no hubiera habido unas fuerzas represoras de cualquier movimiento social de protesta o de liberación que surgiera. Además de las clases medias y las profesiones liberales, estuvieron también al servicio de los ricos (grandes terratenientes o multinacionales) las Fuerzas Armadas del Estado. No hace falta decir que los más importantes militares formaban también parte de las élites del poder económico.

Citemos escuetamente los gobiernos militares de aquella época. En Argentina entre los años 1966-1973 gobiernan militares y también entre 1976-1982: Videla, Viola…; Uruguay (1973-1984): Juan María Burdaberry; Chile (1973-1990): Augusto Pinochet; Bolivia (1971-78): Hugo Banzer; Paraguay (1954-1989): Alfredo Stroessner; República Dominicana (1930-1961): Rafael Trujillo; Perú (1968-1975): Juan Velasco Alvarado; Ecuador (1972-1976): Guillermo Rodríguez; Colombia (1953-1957): Gustavo Rojas Pinilla; Brasil (1964-1985); Venezuela (1953-58): Marco Pérez Jiménez; Panamá: Omar Torrijo, Manuel Noriega; Guatemala: el general José Efraín Rios Montt fue presidente de hecho entre 1982-1983 llegando a esa posición después de dar un golpe de Estado; Cuba: venía rigiéndose por la Constitución de 1940, pero en el año 1952 se hace con el poder, mediante golpe militar, Fulgencio Batista. En el año 1959 triunfa la Revolución Cubana y termina haciéndose con el poder Fidel Castro. Nicaragua (1936-1956…): Anastasio Somoza. Esta familia dominará en Nicaragua hasta el triunfo del FSLN en el año 1979.

Así pues, dentro de este contexto social, económico y político descrito tenemos que situar a Nicaragua, cuyo primer dictador, Anastasio Somoza García, se enfrenta a la creciente oposición de obreros, campesinos y estudiantes ya en los años 1940. Para lograr el objetivo de subyugarles “llevó adelante una fuerte represión, a través de un impresionante incremento de los miembros de las fuerzas policiales y militares, la creación de numerosas cárceles, la persecución, los secuestros y la aplicación de torturas por parte de la Guardia Nacional”. La familia Somoza controlará el poder directamente o a través de otros hasta el año 1979, cuando triunfa la revolución sandinista.

Este puede ser el resumen de la situación a la que llega Nicaragua bajo el imperio familiar de los Somoza: “La mayoría de las empresas del Estado, como los ferrocarriles o compañías de electricidad y hasta los capitales públicos, estaban dirigidos por los parientes del dictador. Eso desató desigualdades económicas y la absoluta pobreza en la que se encontraba la inmensa mayoría de la población aumentaba año con año. El gobierno somocista, apoyado por unos pocos propietarios de tierras y empresarios nicaragüenses y por las empresas norteamericanas, no daba respuesta a los problemas sociales, como el hambre, el analfabetismo y los bajos salarios de los trabajadores”.

Todas las dictaduras en Latinoamérica nacían con parecidos fines, recurrían también a semejantes métodos de control y conllevaban las mismas desastrosas consecuencias para las clases populares, empobrecidas hasta límites inhumanos.



Coherencia.

Además de la situación en que vivían los empobrecidos y el nuevo modo de entender la evangelización, hay una razón más que explica el hecho de que hubiera algunos curas que llegaran al extremo de la lucha armada. Al predicar el mensaje cristiano en términos de liberación y hablar de la necesaria transformación estructural de la sociedad para cambiar las condiciones de vida del pueblo, los sacerdotes instaban a los cristianos a asumir un compromiso de acción eficaz, que de verdad condujese al cambio en un corto plazo, pues la situación a veces era dramática. Siendo como era la represión tan brutal y el sometimiento tan doloroso, algunos pensaron que la única salida posible de liberación era la lucha armada. Esta llamada que hacían los curas al compromiso temporal fue escuchada y seguida por algunos fieles que tomaron la decisión de pasar a formar parte de las organizaciones guerrilleras. Algunos sacerdotes, tal como Gaspar, al ver a sus gentes asumir decisión tan arriesgada, se vieron ellos también obligados a seguir el mismo camino.



CAMILO TORRES

El primer cura guerrillero fue el colombiano CAMILO TORRES, sacerdote diocesano, que murió en su primer combate el año 1966, a los 37 años. Coincide su muerte con el año en el que termina sus estudios y comienza su actividad pastoral Gaspar, quien doce años después también caerá en combate a la misma edad que Camilo.

Camilo Torres Restrepo nace en una familia de clase media. Después de ordenarse sacerdote hace estudios de sociología en la Universidad de Lovaina. En París, según W.J. Broderick, toma contacto con “grupos cristianos que colaboraban clandestinamente en la lucha por la independencia de Argelia contra el poderío francés. Fue allí donde Camilo descubrió que era posible forjar un matrimonio entre cristianismo y las convicciones de la gente que tomaban las armas por la causa de la liberación”.



Michilini, COMANDANTES GERMAN, CAMILO Y GASPAR

Otro hecho que influye en quienes ven posible cambiar la sociedad a través de la lucha armada es el resultado obtenido en Cuba por los revolucionarios comandados por Fidel Castro. Este triunfo será referencia en toda Latinoamérica para construir una nueva sociedad.

Al principio Camilo Torres se dedica a la acción social y a propagar sus ideas desde sus cargos en el Instituto de Reforma Agraria, siendo profesor en la Universidad Nacional y capellán universitario. Pero cuando se conoce la radicalidad de su postura, el cardenal arzobispo de Bogotá lo retira de su capellanía y de sus clases en la Universidad Nacional. También se le boicotea la escuela que él había fundado en Yopal para la formación de jóvenes llaneros. Se le acusa de ser “un peligroso comunista”.

Así las cosas, Camilo comienza a contactar con la guerrilla colombiana: las FARC y el ELN. Él intentará un amplio movimiento político, el Frente Unido. En octubre de 1965 entra en el ELN y dos meses más tarde Camilo anuncia su presencia en las filas guerrilleras desde donde llama a todos los colombianos a participar en una guerra total contra el poder del Estado. El 15 de febrero de 1966 muere en su primera acción militar: un enfrentamiento con una patrulla del Ejército Nacional.



Curas guerrilleros españoles

Del mismo modo que Ché Guevara se convirtiera en un icono guerrillero laico, Camilo Torres fue ejemplo para algunos católicos y concretamente para algunos curas españoles que, movidos por parecidas inquietudes, siguieron sus pasos. Se puede decir que, relativamente, la presencia de sacerdotes españoles en las guerrillas colombianas fue en estos momentos “numerosa e importante”.

Si tenemos en cuenta los informes secretos del ejército colombiano hay que pensar que había como una docena de curas españoles vinculados de una manera u otra a las guerrillas, pero no siempre estos informes son de fiar, pues podrían ser calificados de “guerrilleros” cualquier opositor al régimen. Estos son los nombres que dan: José Luis Vecina, Vicente Ordanza, José Luis Amo, Juan José Galán, Miguel Nevado, Vicente Tonicheli, Luis de Llanos, Miguel Linares, Alfredo de la Fuente Recio, Manuel Pérez, Domingo Laín y José Jiménez, destacando entre ellos estos tres últimos. Todos se vincularon, al igual que Camilo Torres, al ELN. Domingo Laín estuvo como asesor del Estado Mayor de esta facción, cuyo primer comandante era entonces Fabio Vázquez. Precisamente al huir éste a Cuba, ocupará su puesto Manuel Pérez (Poliarco), siendo el Comandante Mayor durante 24 años. También el informe militar da una lista de 19 clérigos colombianos que trabajan o colaboran con el ELN o con las FARC.

CONCLUSIÓN

El tema de fondo que quiero plantear en esta reflexión es el siguiente: ¿Qué pensar de un cura como Gaspar que toma las armas para participar en una guerra de guerrilla donde necesariamente hay muertes de por medio?

Lo primero que hay que tener en cuenta es que a la reflexión moral cristiana que se haga al respecto no puede afectarle que sean curas o no los que entran a luchar en una determinada guerrilla. El serlo, o no, es irrelevante, no es algo que pueda condicionar ni sustancial ni accidentalmente este acto moralmente. Gaspar es un cristiano más como el resto de seglares de esta fe que entraron en guerra contra la ya larga y ominosa dictadura de la familia Somoza en Nicaragua. El cura en cuanto tal no ha hecho ningún voto especial al respecto.

He querido resaltar que él no ha sido el único sacerdote en tomar esa decisión tan importante de empuñar las armas e ir a combatir al frente. Por aquellos años lo hicieron otros sacerdotes en parecidas circunstancias: existía una situación de sufrimiento popular generalizado, un pueblo explotado y oprimido. El motivo de su decisión era el mismo: conseguir la liberación de quienes vivían en una situación injusta y pudiesen así disfrutar de una paz a la que todos tienen derecho. ¿Es que el fin justifica los medios? En general habrá que decir que no, pero en ocasiones sí el fin puede justificar los medios. El fin y el punto de partida, que es la agresión que se está sufriendo. Las dos circunstancias unidas puede legitimar el empleo de la violencia, si no queda otra solución razonable. El fin de la defensa de la propia vida es doctrina común que es legítima. Las Cruzadas, que hubo en el espacio de casi dos siglos (1096 y 1272) se justificaban, y hay quien las justifica hoy, por el fin que aparentemente tenían. Se veía bien, y algunos las ven bien hoy, luchar para hacerse con los Santos Lugares. La Guerra Civil española, siendo un levantamiento contra la República democráticamente establecida, se santificó calificándola de Cruzada, a pesar del elevado número de muertos que hubo. Durante mucho tiempo fueron muchísimos los que compartieron esta ideología. Seguro que también hoy hay quienes aplauden aquella postura de la Iglesia. ¿Por qué, me pregunto yo, a algunos les cuesta entender y respetar, no digo aprobar o compartir, la opción de unas personas que toman las armas para defender a los empobrecidos? Parece que están tocados por la propaganda ideológica que siempre se utilizó de llamar “comunistas” a todos los defensores de los pobres para poner enfrente a ellos a todos los creyentes, debido al carácter ateo del marxismo dialectico que inspira la ideología comunista.

Yo creo que todos y siempre debemos ser pacifistas, pero hemos de serlo ya desde el primer momento en que comienzan las guerras, que no suele ser cuando se empuñan las armas. Antes está “la causa de guerra”. Algunas guerras las empiezan quienes pagan salarios de miseria, quienes arrebatan las tierras a los campesinos, quienes amañan las leyes para poder expropiar, quienes quitan las libertades a la gente para impedir que puedan defenderse…. El siguiente momento de guerra es de autodefensa, a la que todos tenemos derecho, cuando no hay otro medio de volver a la paz inicial. Gaspar no sólo se solidarizó con los violentados, sino que él mismo fue perseguido y privado de derechos y libertades. Participó en la guerrilla en defensa propia y de sus hermanos los nicaragüenses.

Otro aspecto moral de este tema era la doctrina bastante común que justifica la muerte del tirano. Las dictaduras militares de esta época condujeron a situaciones a veces más duras aún que las producidas por las tiranías. Los curas guerrilleros de los que estamos hablando participaron en guerras de liberación de pueblos que estaban explotados y oprimidos, empobrecidos y masacrados por dictaduras inmisericordes que abundaban, como hemos visto, en Latinoamérica. La guerrilla implicaba una violencia grave contra una minoría protegida por las Fuerzas del Estado y Leyes represivas, pero era una respuesta a una anterior violencia, también grave, que ejercía un puñado de gente en contra de una mayoría popular totalmente desprotegida. Este es el verdadero contexto en el que hay que encuadrar tanto a los curas-guerrilleros modernos, como a los seglares cristianos, a la hora de emitir un juicio moral sobre su decisión de tomar las armas.



Por otra parte, yo creo que los que más tienen que decir sobre este tema son aquellos que vivían en tales condiciones de miseria que conmovieron el corazón de unos buenos curas que toman la decisión de defenderlos poniendo en peligro su vida. Los testimonios de esas gentes no son de condena sino de sumo agradecimiento. En general, la gente sencilla, normalmente sin pre-juicios, se expresa de ese modo. Los juicios morales de despacho son irrelevantes.


La base de datos está protegida por derechos de autor ©bazica.org 2016
enviar mensaje

    Página principal