Curso de virtudes morales moral sexual curso 2009 notas introductorias I



Descargar 365.07 Kb.
Página1/23
Fecha de conversión28.02.2018
Tamaño365.07 Kb.
  1   2   3   4   5   6   7   8   9   ...   23


CURSO DE VIRTUDES MORALES

MORAL SEXUAL

CURSO 2009

NOTAS INTRODUCTORIAS I


Pbro. Gustavo Irrazábal




1 Aproximación al misterio de la sexualidad humana 1

1.1 El temor a la sexualidad 1

1.2 La atracción por la sexualidad 1

1.3 La Iglesia ante la sexualidad 2



2 El dato biológico 3

2.1 Significado y límites del dato biológico 3

2.2 El sexo biológico humano 4

3 Aportes de la psicología 5

3.1 Etapas de la evolución psico-sexual según S. Freud 5

3.2 Etapas del desarrollo de la personalidad según E. Ericsson 7

3.3 Esquema comparativo 9

3.4 Etapas de la evolución psico-sexual según Lacan 10

3.5 Conclusiones 11

3.6 La sexualidad como comportamiento simbólico 12

3.7 Los problemas sexuales. Conductas compulsivas 12



4 Otras aproximaciones desde las ciencias 13

4.1 Antropología cultural 14

4.2 El análisis socio-cultural 14

5 La reflexión filosófica 16

5.1 La relación sexualidad – persona 16

5.2 El significado inter-personal 16

5.3 El placer sexual 17

5.4 El pudor 18

5.5 La dimensión socio-política 18

5.6 Apertura a la trascendencia 19

6 La sexualidad en la Biblia 20

6.1 Una radical secularización 20

6.2 Una nueva comprensión religiosa 21

6.3 La sexualidad en el NT. Sexualidad pascual 22



7 La reflexión teológica 23

8 El camino de la normativa moral 25

8.1 La ética sexual en la Biblia 25

8.2 El desarrollo de la tradición eclesial 26

9 Teología moral y sexualidad 28

9.1 Criterio de valoración moral de la conducta sexual 28

9.2 Los pecados sexuales 30

10 El matrimonio 32

Los fines del matrimonio. Historia de la doctrina 32

Excursus: diferencia entre significados de la sexualidad y fines del matrimonio 33

Anticoncepción. Humanae Vitae 34

La indisolubilidad matrimonial 41

Situaciones irregulares 45



11 La masturbación adolescente 49

Los dinamismos de la adolescencia y autoerotismo 49

Criterios para la valoración del comportamiento masturbatorio 50

Perspectivas pedagógico-pastorales 53



12 La homosexualidad 53

Concepto 54

Tipos de homosexualidad 54

Origen 55

Carácter defensivo de las relaciones homosexuales 55

Fundamentación bíblica 56

Valoración moral objetiva 56

Aspectos jurídicos 58

Cuidado pastoral 59

13 Relaciones prematrimoniales 60

Argumentación tradicional y nuevos cuestionamientos 60

Valoración ética 61

Valoración de los llamados “actos parciales” 65

Perspectivas pedagógico-pastorales 66




MORAL SEXUAL

Notas introductorias


Partimos de una concepción de la moral como un proyecto de vida, es decir, como el desafío de integrar las diferentes tendencias de nuestra naturaleza de modo de orientarlas hacia nuestra realización plena en cuanto personas. Debemos preguntarnos, pues, qué función y significado adquiere nuestra sexualidad en dicho proyecto.

1Aproximación al misterio de la sexualidad humana


Comenzamos por una aproximación fenomenológica: cómo se nos manifiesta, o, lo que es igual, cómo percibimos espontáneamente la sexualidad. A continuación, intentaremos una primera definición conceptual.

La sexualidad es un fenómeno que entra en la categoría de misterio: produce en nosotros dos reacciones opuestas, el temor y la fascinación1.


1.1El temor a la sexualidad


Desde siempre la sexualidad ha sido percibida como una realidad poderosa y, por eso mismo, peligrosa. Ese temor se ha expresado, a nivel religioso, en la categoría de tabú: aquello que inspira temor es rodeado de prohibiciones cuya trasgresión produce una «mancha» o «impureza» y genera una sanción automática (pensemos en las prohibiciones vinculadas a la sangre en el Levítico).

En el pensamiento antiguo, esta actitud negativa se expresó en el rigorismo (por ejemplo, en los estoicos, los maniqueos, ciertas corrientes cristianas influidas por ellos). Frente al ideal de la razón y del espíritu, la sexualidad representa el reclamo del cuerpo y de la materia, que priva al hombre de su verdadera dignidad. Es clara la antropología dualista, en sentido espiritualista, que funda esta visión.


1.2La atracción por la sexualidad


En el ámbito religioso, la tendencia opuesta en relación a la sexualidad se manifiesta en el mito: la sexualidad se atribuye a los dioses, como modo de reconciliarse con ella. El hombre, en su actividad sexual, imita a los dioses, comulga con ellos, participa de su actividad fecundante (pensemos en el culto cananeo de la fecundidad).

En el ámbito secular, esta actitud es prolongada a través del hedonismo contemporáneo. La sexualidad es una realidad inofensiva, que no debe ser sometida a otra norma que no sea la de su libre disfrute, so pena de provocar represión y neurosis (W. Reich). Subyace aquí también de una antropología dualista, esta vez de tipo materialista.

No podemos dejar de pensar en el influjo que tiene la vida contemporánea en la visión hedonista de la sexualidad. El hombre que durante todo el día vive oprimido por los mecanismos de la sociedad (que le impone lo que ha de hacer, lo que ha de pensar, lo que ha de consumir, etc.), busca en la actividad sexual un desahogo y una liberación (cfr. Marcusse, El hombre unidimensional2)

1.3La Iglesia ante la sexualidad


En ambos casos, nos hemos encontrado ante un dualismo antropológico, para el cual el sexo es una realidad puramente biológica, temida por los espiritualistas o aceptada sin reservas por los naturalistas. Frente a ellos ¿cuál ha sido la posición de la Iglesia?

Contra ambos dualismos, la Iglesia ha sostenido una antropología unitaria (pensemos en el dogma de la resurrección de la carne). En el contexto de esta visión del hombre, la sexualidad es buena por ser obra de Dios (contra el espiritualismo); pero es una fuerza ambigua a causa de nuestra condición pecadora (contra el naturalismo).

Sin embargo, desde el punto de vista histórico, se ve con claridad la influencia del pesimismo de la cultura griega en relación a este tema (por ejemplo, la preferencia de la virginidad como «castidad perfecta» sobre el matrimonio, como «castidad imperfecta»; lo mismo puede decirse del concepto de «uso del matrimonio»).

En el ámbito de la educación, ello se tradujo sea en un fomento involuntario del erotismo, (exacerbado a través de los silencios, las cosas dichas a medias, es decir, la dialéctica «visto – no visto»), sea en un espiritualismo exagerado que favorece la represión en vez de la integración.

Esta ambigüedad histórica de la Iglesia en relación a la sexualidad humana nos hace comprender la necesidad de realizar un esfuerzo permanente de profundización en sus fundamentos antropológicos en orden a alcanzar una comprensión cada vez más adecuada de un misterio que resiste toda pretensión de objetivación exhaustiva.

Primera parte: Antropología y sexualidad


La antropología sexual, en su tarea de individualizar las estructuras básicas de la sexualidad, no puede prescindir del aporte de las ciencias humanas (biología, sociología, psicología profunda, antropología cultural, etc.), cuyos aportes debe releer y repensar en una perspectiva de conjunto, con el fin de lograr una aproximación fenomenológica comprensiva al misterio de la sexualidad.

Según la Declaración Persona humana3, n.1:

“La persona humana, según los datos de la ciencia contemporánea, está de tal manera marcada por la sexualidad, que ésta es parte principal entre los factores que caracterizan la vida de los hombres. A la verdad, en el sexo radican las notas características que constituyen a las personas, como hombres y mujeres en el plano biológico, psicológico y espiritual, teniendo así mucha parte en su evolución individual y en su inserción en la sociedad.”4

Frente a la visión más tradicional de la sexualidad, reducida a la dimensión genital, este concepto, al tiempo que abarca las raíces biológicas (sexo cromosómico, gonádico, morfológico), tiene presente cómo aquélla permea la totalidad de la persona (plano psicológico y espiritual). Incluso trasciende al individuo para adquirir una dimensión social (el tema de la diferencia de roles sociales, que si bien tiene connotaciones culturales e históricas, no por ello es menos necesaria).

Debemos diferenciar, entonces, entre:

a) Sexualidad general: es todo el complejo de elementos y factores, desde los biológicos hasta aquellos psicológicos y espirituales, que hacen de un individuo humano una persona sexuada, es decir, de sexo masculino o femenino. Es la sexualidad en su conjunto, como dimensión de la persona, uno de los constitutivos de la persona humana concreta.

b) Sexualidad genital: alude a la base biológica y reproductora del sexo, y al ejercicio de los órganos correspondientes.

Esta pluridimensionalidad del fenómeno de la sexualidad hace necesaria una aproximación interdisciplinar a sus diversas dimensiones, construcción que constituye una legítima e ineliminable precomprensión de la palabra de Dios.

La perspectiva de esta exposición acerca de la sexualidad será de carácter hermenéutico, en el sentido de que tomaremos como punto de partida la comprensión que el hombre tiene de sí como ser sexuado, y desde ella interpelaremos la palabra de Dios y la tradición eclesial. De esta “fusión de horizontes” surgirán las líneas de un proyecto capaz de interpretar correctamente las exigencias de la sexualidad humana, y de fundar indicaciones operativas para valorar éticamente las conductas en este ámbito5.

  1   2   3   4   5   6   7   8   9   ...   23


La base de datos está protegida por derechos de autor ©bazica.org 2016
enviar mensaje

    Página principal