Dad palabra al dolor: el dolor que no habla gime en el corazón hasta que lo rompe



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"Dad palabra al dolor: el dolor que no habla gime en el corazón
hasta que lo rompe” Shakespeare



Año 1 nº 6 [diciembre de 2001]





Especial de fin de año


Año 1 nº 6 [diciembre de 2001]

Edición de fin de año





Editorial: Al gran pueblo argentino, salud!



La leyenda: tradiciones de navidad



El poema: Abstinencia de vos (tríptico…) [de SoLCiTo]



El pensador: José Hernández



Desde el autor: Hans Chirstian Handersen



La frase



Del dicho al hecho: “Marcharse a la francesa”



Vida de perros: La diosa que se enamoró



El personaje: Luis F. Iglesias, el maestro innovador



La Fotografía: La reconquista



Cancionero: Himno Nacional Argentino (versión original)



El origen de los apellidos: García



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Editorial
Al gran pueblo argentino, salud!

“La victoria al guerrero argentino

con sus alas brillantes cubrió,

y azorado a su vista el tirano

con infamia a la fuga se dio;

sus banderas, sus armas se rinden

por trofeos a la libertad,

y sobre alas de gloria alza el pueblo

trono digno a su gran majestad”
Fragmento del Himno Nacional Argentino

Hay sucesos en la vida de un pueblo que imprimen un nuevo rumbo a la historia, me refiero a esos hechos que unen a la multitud convirtiéndola en protagonista de un país del que se creía espectadora.

Los ciclos históricos anunciaban este movimiento, esta conjunción de voluntades que nacería de las entrañas del pueblo, para fundirse en el imaginario colectivo y dar solidez a las generaciones subsiguientes.

Este ciclo revivió las luchas populares con un ímpetu arrollador.

Los acontecimientos del 19 y 20 de diciembre en Argentina representan el poder de estos movimientos de masas y nos hacen comprender varias cosas:

Por un lado que en la nueva era, los lideres son anónimos y se vinculan más con el imaginario popular que con una figura de carne y hueso. El héroe sacrificado es un desconocido, puede ser estudiante, desempleado o poeta… pero simboliza al ídolo que, sin saberlo, se convierte en hacedor y protector de una causa popular. El héroe no es protagonista porque decida serlo, las circunstancias lo llevan a inmolarse por la idea.

Por otro lado, se comprende que en democracia, legalidad y legitimidad son dos cosas bien distintas. Este nuevo despertar del pueblo debería ser tomado con seriedad por la dirigencia política argentina, porque vino para quedarse; hoy no alcanza haber accedido al poder por el voto popular, la acción cotidiana debe reforzar la confianza, para que esa legalidad se complemente con la legitimidad necesaria para gobernar.

¿Qué fue lo que pasó el 19? Mientras un montón de inadaptados saqueaba supermercados y negocios en general por puro oportunismo o pagados por algún grupo con intereses específicos; otro conjunto de personas con urgencias reales, no tuvo más remedio que humillarse robando lo que no puede comprar. Lo que se olvidó de mostrar la tele –buscando el provecho del ranting- es lo que pasaba más tarde, en los barrios y en las villas, entre la gente que había recurrido al saqueo como última medida. Los que habían podido llevarse carne o los que optaron por la verdura o la leche, intercambiaban sus productos… Ulteriormente a la violencia y la bronca: vino el trueque, aquella forma arcaica que se usaba cuando no había moneda. También es cierto que muchos indigentes no salieron a robarle a otros y se quedaron en casa, con su apetito.

Pero la noticia siempre viene por el otro lado: los pibes robándose televisores o heladeras comerciales… eso no es hambre señores, eso es delincuencia con total impunidad. Sin embargo, la Argentina no quería eso, y salió a defender los comercios de su barrio, de los ladrones; mientras la policía se esforzaba en despejar la plaza de Mayo, del pueblo que se manifestaba pacíficamente.

¿Es correcto saquear supermercados? No, no lo es. ¿Es correcto llevar a un pueblo al extremo del hambre y obligarlo a realizar actos criminales? No, tampoco lo es. Por eso más allá de echarle la culpa a los buitres, a los supermercados, a los empresarios o a los delincuentes; el gobierno debería analizar la viga en su propio ojo, y hacerse cargo de su inoperancia y desmanejo; de su falta de previsión social y del olvido autista de las urgencias de su gente. Ahora, si el gobierno no desea auto-observarse, es deber del pueblo hacerle ver que está equivocado. Siempre dentro de la ley.

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