De Alonso Fructus Sanctorum y Quinta Parte del Flos Sanctorum (1594),de Villegas



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[9] Arnoldo, obispo aretino, tomó un cáliz de plata de cierto monasterio y, siendo requerido que le bolviesse, no quiso. Ni fue parte cierta visión, de que le vieron en un lago con dos etíopes o negros que le davan a bever piedra çufre en el cáliz; antes, sin hazer caso desto, estando diziendo gracias y donaires con sus criados, sintió que le dieron un golpe grande en la cabeça y murió de repente. Dízelo Pedro Damián, cardenal, en una carta que escrivió a Desiderio Abad, y está en el tomo séptimo de Surio. También lo afirma Pedro Cluniacense.
[10] San Teodoreto, en su Historia religiosa , en la Vida de Simeón Ermitaño , escrive de un labrador que, no contentándose con el trigo de su cosecha, passó a casa de un su vezino y hurtóle algunas gabillas o manadas de trigo, y trúxolas a su era. Mas el Señor, que aborrece el hurto y la avaricia, embió un rayo que le abrasó lo que hurtó y lo que tenía proprio. Viéndose perdido y que no le quedava remedio aquel año de trigo, fue a Simeón Solitario y con lágrimas le refirió su desgracia, y que estava para desesperar, aunque calló su hurto. Mas, siéndole todo manifiesto al santo viejo, díxole que era castigo de su hurto y que, si le dava palabra de que bolvería a su dueño lo que le tomó, él se ofrecía de alcançar de Nuestro Señor le fuesse buelto su trigo. Prometió de hazerlo a la hora y, con esto, buelto a su labrança, halló el trigo de la manera que estava antes que cayesse el rayo. De lo cual muy gozoso bolvió luego su hurto y, publicándose el caso, puso temor a todos sus vezinos para no caer en caso semejante, y respetaron a Simeón como a santo.
[11] Enterrando a Santa Gúdula y poniéndole muchas joyas de oro y piedras en su cuerpo, abrió de noche el sepulcro un ladrón y quitóle las joyas, de las cuales dio parte a una hija suya. Ésta, siendo vista y conocidas las joyas de un obispo hermano de la santa, maldixo al ladrón y a toda su posteridad por aquel sacrilegio, y cayóle de suerte que cuantos en aquel lina- je | nacían eran coxos o mancos. Avían enterrado a esta santa en la ciudad de Ham, en un templo, junto al que nació de repente un álamo que siempre estava verde. Trasladaron el cuerpo a otro templo de la ciudad Mortzelanense, y el siguiente día de cuando el cuerpo fue allí puesto vieron que se avía venido allí también el álamo, y estava tan firme como de muchos años. Esto fue dicho al emperador Carlomagno; fue a verlo, y admirado del milagro, hizo donación al templo de la villa de Ham, donde primero estuvo. Refiérelo Surio, tomo primero.
[12] En Maguncia, ciudad principal de Alemaña, en el año del Señor de novecientos y setenta, uvo un arçobispo que se llamó Hato, hombre muy avariento. Dezía mal de los pobres, perseguíalos, juzgando que era gente inútil y muy molesta. Sucedió gran hambre; venían a él los pobres, aunque le conocían por duro y sin caridad forçados de la necessidad, sabiendo que tenía trigo en cantidad y dineros. Sinificávanle su miseria, y todo sin provecho. Viéndose molestado dellos, hizo juntar algunos centenares en ciertas casas de paja que le avían servido de graneros y estavan vazías, diziendo que los quería proveer de trigo, y, teniéndolos dentro, hízoles pegar fuego y fueron quemados, diziendo el mal hombre que a los ricos avía librado de molestia y a los mismos pobres de vivir muriendo de hambre, y hecho bien a todos. Mas castigóle Dios, levantando contra él una tempestad grande de ratones que se le comían vivo. Entróse en una torre que tenía riberas del río Rin, y allí subieron y se le comieron, no dexando escudo de sus armas puestas en paredes y ventanas que no royeron. Y en los libros y papeles en que estava escrito su nombre, los royan y quitavan de allí. Escrive esto Genebrardo en su Cronología, y afírmanlo graves autores.
[13] Popiel, rey de Polonia, era avariento sumamente. Cargava a sus vassallos de excessivos tributos. No se dolía de los pobres, antes los afligía y maltratava. Dezía /(31r)/ muchas vezes firmando alguna cosa: «Comido sea yo de ratones si no es esto verdad». Y por justo juizio de Dios sucedió assí, que se le comieron ratones sin poderle defender dellos todo su reino. Esto sucedió año de trecientos y cuarenta y cuatro, según afirma Navelero, volumen segundo, Generación treinta y seis.
[14] En el monasterio Vacelense estava a guardar una grande suma de dinero de un usurero ya difunto. Vino a aquel convento un santo monge llamado Vualtero y, estando haziendo oración donde el dinero se guardava, vido assentado sobre ello al diablo. Espantóse y signóse con la señal de la Cruz. Preguntó luego al demonio, y díxole:

-¿Qué hazes aquí, y qué aguardas, enemigo del humanal linaje?

Respondió:

-Con mucha razón y justicia estoy aquí assentado, guardando lo que es mío.

Dio aviso desto al abad, el cual sin detenimiento embió fuera de casa el dinero, porque también saliesse della el diablo. Refiérese en el libro segundo De Apibus, capítulo veinte y seis.
[15] San Leonardo, francés y discípulo de San Remigio, no quiso aceptar dones de grande estima que le ofrecía su rey, aviendo librado a la reina, su muger, de un dificultoso parto, de que los presentes desconfiavan, dado por escusa que no tenía dello necessidad y assí no lo quería recebir, y que si algún tiempo estuviesse necessitado esperava en la divina bondad que no le faltaría, pues dio palabra que se procurasse primero el Reino de Dios y que todo se les daría de añadidura. Dízelo Jacobo Januense en su Vida, y refiérelo Marulo, libro primero.
[16] Fray Juan Garay, fraile menor, después de aver vivido muchos años en el orden perfeta y santamente, con licencia de sus perlados se apartó en una montaña llamada Onor de Sedaño, donde bivió casi cinco años en una pobre ermita, cubierto de un muy áspero y vil hábito, y descalço. Su cama era unos pocos de sermientos, su cabeçera, un madero, su comer, duro pan puesto en agua con hierbas crudas. | Los que le veían hazer esta vida honrávanle como a santo. Venían de muchos pueblos a le visitar y traíanle grandes regalos, los cuales él mandava vender a un moço que tenía, para pedir limosna, y guardava el dinero. Estava muy viejo, y tan gastado que no tenía sino el pellejo sobre los huessos. Fue un día hallado ahogado muerto junto a su cama, denegrido y con la boca y rostro torçido, tan feo que ponía temor a quien le mirava. Y sacando los sarmientos en que dormía hallaron debaxo una olla llena de dinero, por el cual pecado de proprietario fue entendido de todos que avía muerto tan desventurada muerte, después de tantos años de religión y vida penitente. Refiérese en la tercera parte de las Crónicas de San Francisco , libro octavo, capítulo cuarenta.
[17] Estando enfermo y cercano a la muerte un logrero, dezíale el confessor que si no hazía tres cosas que se condenaría sin remedio, y eran éstas: confessar sus culpas, tener dolor dellas y restituir lo mal ganado conforme a su possibilidad. Él respondió:

-Las dos primeras de confessarme y pesarme de mis culpas yo lo haré, mas lo tercero no sé cómo sea, que quedaré yo pobre y mis hijos a pedir por Dios.

Replicava el confessor:

-Pues tened por cierto que os condenaréis si no lo hazéis.

-Y ¿quién lo dize esso?- añadió el logrero.

-La Escritura -dixo el confessor-, y todos los doctores sagrados.

-Pues yo quiero ver esta vez cómo esso sea verdad- replicó el logrero, y con esto dio la alma a los demonios.

Es del Promptuario de exemplos.


[18] El autor del libro De Apibus dize que en el año de mil y dozientos y treinta y ocho uvo en París diversas juntas de letrados, en que se halló Guillelmo, obispo de la misma ciudad, hombre de grandes letras, experiencia y vida, sobre si era lícito y sin pecado que una persona tuviesse muchos beneficios eclesiásticos, bastándole uno dellos para el sustento según su decencia y estado. En lo que se determinaron fue no ser lícito, sino que contra conciencia se tenían muchos beneficios por /(31v)/ una sola persona, bastándole uno para su estado y decencia. Hallóse en estas congregaciones y juntas Filipo, cancelario de París, y contradixo el parecer de aquellos letrados, porque tenía él muchos beneficios. Cayó enfermo, visitóle el mismo obispo Guillelmo y exortóle a que dexasse los beneficios que tenía, quedándose con solo uno. Mas él, pertinazmente, dixo que no los dexaría, antes quería ver la verdad de aquella cuestión y disputa, si teniendo él diversos beneficios se salvava. Murióse, y dize este autor que se apareció después al mismo obispo y le dixo que se avía condenado.

Trae otro semejante exemplo de un clérigo, grande letrado, a cuya muerte se halló presente el mismo autor del libro alegado, a quien unos llaman Tomás de Cantiprado, otros Juan y otros Guillelmo. Dize, pues, que le exortó a que resinasse los beneficios, que tenía más de uno, y que no lo pudo acabar con él. Sólo dixo esta palabra:

-Rogad a Dios que me dé gana hazerlo.

Murió luego, y estando un monge muy turbado y escandalizado cómo si era pecado mortal tener muchos beneficios, bastando uno para el devido sustento y estado, un tan letrado quisiesse morir sin dexarlos, y que se le apareció el muerto y declaró que se avía condenado.

Dize más, que estando para morir Jacobo de Vitriaco, obispo de Ancona y cardenal de Roma, insigne letrado, siéndole preguntada esta dificultad, respondió:

-Cercano estoy a la muerte, y digo que es pecado mortal, a quien le basta para su decente sustento un beneficio eclesiástico, tener más.

Otros graves autores refieren en el lugar alegado, que es en el De Apibus, libro primero, capítulo diez y nueve.
[19] En Alexandría se dize que están los huessos del profeta Hieremías, llevados allí de Egipto por Alexandre, fundador de aquella ciudad, y puestos en un templo venerable llamado Tetrafilo. Aquí llegó al punto de mediodía el autor del libro llamado Prado Espiritual con Sofronio, grande amigo suyo, y vieron tres ciegos que estavan hablando entre sí. Llega- ron | sosegadamente por oír su plática y sacar della algún provecho espiritual, y oyeron que el uno preguntava al otro el modo como avía cegado, y respondió:

-Siendo moço y teniendo por oficio el de marinero, partiendo de Africa, repentinamente perdí la vista. Mas, y tú, ¿cómo cegaste?

Respondió:

-Hazía vidro, y de estar continuamente cerca del fuego vine a quedar ciego.

Estos dos preguntaron al otro el modo como avía cegado, y respondió:

-Diréos ciertamente la verdad. Siendo moço aborrecía el trabajo, y andando holgaçán di en vicios carnales, y, faltándome lo necessario para la vida, comencé a hurtar. Donde un día, aviendo cometido grandes pecados, vi llevar a enterrar un difunto, adornado de ricos adereços, conforme a la costumbre de la tierra. Seguí el entierro y, visto dónde quedava el muerto -que fue a las espaldas de la iglesia de San Juan, en una cueva-, yo aguardé a que los oficios se acabassen y, acabados y siendo noche, entré en la cueva y desnudé el cuerpo, y carguéme de su rico adereço. Salía de la cueva rico de despojos, mas mi mala consciencia me incitó a que bolviesse y le desnudasse la camisa, que sola le avía dexado. Llegué al cuerpo y comencé a quitársela, mas el muerto levantó el medio cuerpo y, echándome sus manos a los ojos, me los sacó ambos. Yo, miserable, dexando todo lo que le avía quitado, con grande afán y peligro salí del monumento. Veis aquí de la manera como quedé ciego y sin vista.

Esto todo oyeron Sofronio y el autor dicho, a quien haziendo señas el mismo Sofronio que se fuessen de allí, díxole:

-Verdaderamente, abad Juan, oy no tenemos más que estudiar. Bastantemente en lo que avemos oído podemos ser edificados y assí con este fin lo escrivimos, para que se entienda que ninguno puede hazer mal que se encubra de los ojos de Dios.


[20] El emperador Constante Tercero, hijo de Constancio y nieto de Focas, todos emperadores de Constantinopla, passó con gente de guerra de Grecia a Roma, en la cual recibido de paz, en término de /32r/ cinco días robó la ciudad, sin dexar lugar sagrado o profano, llevándose estatuas, colosos, antiguallas y otros ornamentos de precio y estima que tenían los romanos. Dexó hecho más daño en ella que en muchas entradas y sacos que hizieron en ella gente bárbara diversas vezes avían hecho. Passó con el robo a Sicilia, donde trató con rigor a los naturales, pidiéndoles pechos y tributos tan excessivos que para pagallos algunos vendieron y hizieron esclavos a sus proprios hijos. Degeneró del todo de sus mayores, que procuraron adornar la ciudad de Roma con lo que él llevó della, trayéndolo de partes muy remotas a grandes despensas y costas, y junto con esto, dando a los naturales dineros y provisión para el sustento de la vida, por hazerse gratos a ellos y bien quistos. Ni se fue el sacrílego constante sin castigo de tantas insolencias y cosas mal hechas, porque en Sicilia, revelándose contra él sus soldados, le mataron, y de todo cuanto llevava robado se apoderaron sarracenos, que se hallaron en la misma isla en la ciudad de Palermo, y con ello se passaron a Africa. Y sucedióle lo que sucede de ordinario a los avarientos codiciosos, que vienen a ser señores de lo que tienen mal allegado los que menos se pensavan, y assí, quedando la infamia y pecado con el que lo robó, el provecho dello le goza otro, por juizio recto de Dios. Lo dicho es de Fulgoso, libro nono.
[21] Rodolfo, emperador de Alemaña, fue amicíssimo de oro, en tanto grado que hizo libres muchas ciudades de Italia que eran sujetas al Imperio porque se compraron a dinero. Quiso tener su hazienda no tanto en raízes como en muebles, pareciéndole mejor poco, como fuesse oro con afrenta, que mucho, no siendo semejante metal, con honra. Es de Fulgoso, libro nono.
[22] Don Pedro, llamado El Cruel, rey de Castilla, hizo un hecho en que se dificulta en qué pecó más, o en avaricia o en crueldad. Vino a favorecerse dél un rey moro de Granada contra otro que le tiranizava el reino, y truxo consigo grandes te- soros. | El rey don Pedro le hizo alancear, y ayudó él a tirarle las lanças, y assí le quitó la vida y quedó con el oro. Y acumulóse esto para con Dios al processo de su muerte, que fue a puñaladas por su proprio hermano. Refiérese en su Crónica, y tráelo Fulgoso, libro nono.
[23] Ariberto dio batalla al duque de Baviera, que duró hasta que vino la noche y los despartió, sin averiguarse quién quedó por vencedor o vencido. Y no assegurándose Ariberto, tomando grande cantidad de oro, huyó camino de Francia; donde, yendo a passar el río Ticino nadando, con el peso del oro se hundió y ahogó. Dízelo Guido en el De exemplos. Quien quisiere saber más deste cuento, pregúntelo a quien le sepa dar razón dél más que yo, porque Guido, de quien yo lo tomé, a tiempos se precia de vizcaíno en ser corto de razones.
[24] Estando la ciudad de Preneste cercada y los de dentro en grande aprieto, padeciendo mucha hambre, un hombre avía caçado un ratón. Comprósele otro por docientos reales, y el que le compró con él remedió su vida, y el que le vendió murió de hambre. Dízelo Dominico Brusón. Y refiere a Estrabón, que escrive de la ciudad de Casilino que, en otro cerco, uno de los cercados vendió a otro por dozientos dracmas o reales un celemín de salvado, con el cual se libró de muerte el comprador, y el vendedor murió de hambre. La avaricia fue causa de la muerte de ambos.
[25] Haalón Tártaro, año de mil y dozientos y setenta, conquistó la Persia y ganó a Babilonia de Siria, que se llama Baldac. Halló allí un sacerdote que avía allegado grandes riquezas. Mandóle encerrar con todo ello en una fortaleza y que no le diessen de comer hasta que muriesse, porque no se dixesse que murió de pobre. Refiere lo dicho el autor de la Historia Pontifical.
[26] El obispo de Comenge en sus Diálogos escrive de un señor de título en España que, estando a punto de morir, bolvió el rostro a un hijo que heredava su estado y /32v/ díxole:

-Yo te mando que a tales religiosos restituyas tal y tal lugar que yo he posseído, porque son suyos, mas si tú lo hizieres serás un grande necio.

El mismo dize que cuando el rico está para morir todos hazen con él lo que los bueitres en cuerpo muerto: unos piden libertad, otros, hazienda, unos, remissiones de deudas, otros, rentas, unos, mandas, otros, descargos. La mu- ger | pide la dote, la hija, el quinto, el hijo, el mayorazgo o mejora, las hermanas, remedio, la alma pide penitencia, el cuerpo, salud, los pensamientos, quietud, las culpas, perdón, los delitos, contrición, y los demonios, justicia.

EXEMPLOS ESTRANGEROS

[1] Tolomeo, rey de Cipro, allegó grandes tesoros, haziendo agravios y desafueros a sus súditos. Levantósele guerra y, viéndose apretado, cargó de todo su oro en un navío, con designio que si se viesse en peligro echarlo en el mar y a sí mismo tras ello. Llegó el peligro, abrió sus arcas y, viendo el oro, rompiéronsele las entrañas, no tuvo coraçón. Dio otras traças en sus negocios y sucedió que fue preso, y en premio de su prisión llevó su enemigo sus tesoros. Dízelo Valerio Máximo, libro nono, y añade que este miserable no fue señor de sus riquezas, antes ellas le tenían a él por esclavo.
[2] Perseo, rey de Macedonia, siendo vencido de Paulo Emilio, iva huyendo con poca gente que le seguía. Eran éstos algunos cretenses, a los cuales avía prometido grandes dones; dioles ciertos vasos de oro y lleváronle al lugar seguro. Prometióles mucho dinero si le bolvían sus vasos; bolviéronselos y no dio el dinero, por lo cual le dexaron, y quedó sin quien le defendiesse con grandes riquezas. Viéndose con solos sus criados huyó a Samotracia, donde fue preso de Emilio con todas sus riquezas y llevado a Roma captivo. Mereció perder el reino y el todo por averlo estimado en más que la gente de guerra que pudiera defenderle, y aun sustentarle en su estado. Dízelo Fulgoso, libro nono.

[3] Venció Pompeyo a Tigranes, rey de Armenia, y restituyóle el reino, dándole libertad. Vino a los reales donde Pompeyo estava a verle y recibióle con grande | honra, combidándole a cenar consigo. Después de cenar repartió el rey joyas riquíssimas y dones de gran precio, assí al Pompeyo como a sus capitanes y soldados, y todos por su liberalidad se le aficionaron y acariciaron. Supo Pompeyo que tenía un hijo que esperava heredar sus estados; embióle a rogar que cenasse con él otra noche. Respondió el hijo que no quería cenar de tanta costa como le avía salido a su padre. Enojóse el Pompeyo y llevóle contra su voluntad a Roma, y entró con él en triunfo, que fue grande afrenta para el moço, y sucedióle de ser avariento que, por no dar algunas joyas, como hizo su padre, no quiso aceptar la cena de Pompeyo, y por lo mismo perdió las esperanças del reino y la libertad. Es de Fulgoso, libro nono.


[4] El emperador Tiberio era avariento; escrivióle Lentulo Patricio que se avía sentido malo y hecho testamento, y que le dexava por heredero. Sabido por Tiberio, y que iva convalesciendo de la enfermedad, embió a que le matassen por gozar de la herencia. También mató a Lépida, muger muy rica, sin otra causa más de que dexava su hazienda a Quirino, hombre assí mismo bien rico, y esperava el emperador que en recompensa desta obra le avía de hazer el Quirino su heredero. Y, si lo hiziera, fuera possible que también le matara como a Lentulo. Fuele quitado el reino de los partos a Bono, su rey natural; vínose a Roma con grandes tesoros. Supo esto Tiberio y dio orden como muriesse por quedarse con todo. Y si hizo /33r/ semejantes sinjusticias el que era señor de la mayor parte del mundo por ser avariento, véase la sed deste vicio qué tal sea, pues nada le harta. Es de Fulgoso, libro nono.
[5] Calígula Emperador, después de aver consumido las riquezas y tesoros del Imperio en luxurias y deshonestidades, dio en ser avariento. Y al principio, o que por ruegos, o que por amenazas, al que sabía que estava enfermo, si era rico, procurava que hiziesse testamento y que le dexasse por heredero, y, hecho esto, aguardávale un poco a que se muriesse, y si veía que se tardava o que convalecía, hazíale matar y quedava con la herencia. Creciendo su famélico desseo de riquezas, hizo dentro de su palacio una casa de mugeres perdidas, que por ganancia torpe davan sus cuerpos, y llevava Calígula parte de aquel interés, que era la cosa más vil que pudiera hazer un hombre baxo y sin honra, y todo era fomentado y ocasionado por la avaricia. Es de Fulgoso, libro nono.
[6] Cómodo Emperador llevó su insaciable codicia por otro camino, y era que, como se lo pagassen, dava licencia para que matasse uno a su enemigo sin castigo. Todas y cualesquier culpas que un hombre cometiesse, por dinero le eran perdonadas. Las sentencias que tenía, primero las ponía en almoneda, y como mercaduría se pregonavan, y al que más dava estava cierto que tendría lo que desseava. Dízelo Fulgoso, libro nono.
[7] Galva, procónsul en España, siendo emperador de Roma Nerón, como le ofreciesse la provincia de Tarragona por mostrársele grata y aficionada una corona de oro, diziendo los embaxadores que la traían que pesava quinze libras de oro, hízola él pesar y, visto que faltavan tres libras, embió a que se las diessen de por sí, como si por obligación se las devieran. Es de Fulgoso, libro nono.
[8] El emperador Vespasiano, aunque se trae por exemplo de algunas virtudes mo- rales, | también fue tocado de avaricia. Culpávanle sus amigos porque embiava por ministros del Imperio y oficiales de la Justicia a diversas provincias hombres codiciosos, y que por interés se hazían agravios a los pueblos. Él respondía que se aprovechava dellos como de esponjas, que chupavan la sangre en los lugares de sus comissiones y venían a Roma cargados de dinero; poníanles luego delante dél acusaciones y, hallándoles culpados, quedávase con todo. Su hijo Tito le dixo una vez que parecía mal el aver echado pecho en Roma sobre los lugares de immundicia, mandando que pagasse tanto el que se aprovechasse dellos. Divertió Vespasiano la plática y desde a poco mostróle sobre una mesa cierta suma de dinero, y díxole que le oliesse. Tito lo olió, y dixo que no sentía olor alguno que tuviesse aquel dinero. Replicó el padre:

-Pues sabe, hijo, que es de la renta de lo que dizes.



No advirtió este pagano que por estar la avaricia juntada a aquel dinero, aunque a las narizes no dio mal olor, dávalo a la fama, que con este vicio de avariento que tuvo afeó muchas cosas que se vieron en él de buen emperador. Es de Fulgoso, libro nono.
[9] En el cerco que tuvo Tito en Jerusalem, como durasse mucho tiempo y en la ciudad se padeciesse cruel hambre, salían della algunos judíos traspassados y passavan al real de los romanos. Los cuales fueron avisados que se comían las monedas de oro, tomando este medio para guardarlas dellos de traerlas dentro de sus cuerpos, y después, passada la primera vista, las expelían con el estiércol y se aprovechavan dellas. Los romanos, codiciosos, no queriendo esperar el tiempo que podía aquella miserable gente detenerse sin expeler el dinero con el estiércol, los matavan y abrían por medio, buscándoles el dinero. Y en dos días se hallaron por esta ocasión muertos dos mil judíos, hasta que, sabido por Tito, lo vedó con grandes penas. Refiérelo Fulgoso, libro nono. /33v/
[10] Ganando el mismo Tito después de largo cerco a Jerusalem, entrando en la ciudad los romanos, pusieron fuego al templo estando dentro algunos judíos, de los cuales uno, llamado Argorio, muy rico, púsose a una ventana y llamó a cierto soldado romano que se dezía Lucio, y díxole que le recogiesse y le hazía su heredero. El otro, muy codicioso, hizo testigos, púsose a recogerle; el judío llevava consigo mucho oro, de modo que su peso era grande, y assí dio sobre él tal judiada, que el romano quedó muerto y él con vida. Dízelo Josefo, De Bello Judaico, libro sexto.
[11] En Mitilene estava un sacerdote de Baco llamado Macareo, cuya vista y conversación le hazía estimado y respetado. Residía de ordinario en el templo de aquel ídolo y, como su sacerdote, tenía en su casa particular altar, donde también le ofrecía víctimas, y en ella estava su muger con dos hijos pequeños. Sucedió que un estrangero, fiándose dél, diole a guardar una buena cantidad de oro, lo cual él escondió en un hoyo que hizo en el templo. Passado algún tiempo bolvió por allí el estrangero y pidióle su oro; llevóle al templo como para dárselo y allí alevosamente le mató, echando el cuerpo en el hoyo donde estava el oro, que sacó de allí y llevó a su casa muy contento, pareciéndole que assí como a los hombres avía sido oculto aquel negocio, assí lo sería a | Dios. Mas engañóse, porque desde a pocos días, estando entretenido en el templo en un solemne sacrificio, sus dos hijos, jugando en casa como niños y queriendo hazer lo que veían a su padre, el uno puso su cabeça en el altar que allí estava, y el otro con assegur afilada le dio un golpe que, aunque no fue con mucha fuerça, le mató. Viéronlo algunos criados, dieron vozes, alborotóse la casa, salió la madre desvalida al ruido, y, viendo el un hijo muerto y el otro con la assegur en la mano sangrienta, arrebatada de ira, con un leño encendido que quitó de junto al altar hirió al hijo, de suerte que le mató. Fue la nueva desto al padre, dexó su sacrificio y bolvió a la casa, donde, viendo sus dos hijos muertos y oyendo dezir que la madre avía muerto al uno, con la misma indignación que ella mató al hijo, tomando el propio tizón la mató. Fue preso y atormentado; confessó la muerte que dio al estrangero por codicia de quedarse con el oro, y en el mismo tormento murió. Lo dicho refiere Eliano, De varia historia, libro treze. San Pablo dize que los que quieren ser ricos caen en el lazo del diablo; assí hizo éste.
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