De Alonso Fructus Sanctorum y Quinta Parte del Flos Sanctorum (1594),de Villegas



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[2] De Moisés se dize en el capítulo catorze del Deuteronomio que murió y fue sepultado en un valle en tierra de Moab, y no se descubrió su sepulcro, ni se supo donde estava, hasta el presente día. Y es dezir, que aún hasta oy no se ha descubierto. Y de que persona tan eminente por la comunicación que tenía con Dios, y estimación con su pueblo, se enterrasse en valle, denota que cuanto uno es mayor, más se deve humillar, especialmente en la muerte, que haze igual /(330r)/ al siervo con el Señor, al pobre con el rico, al que sabe poco con el que sabe mucho; a todos los lleva por un rasero. Y el dezir que no se sabe de su sepulcro, es para consuelo de los que no tienen en sus sepulcros mármoles labrados con epitafios y letreros que señalan sus nombres y apellidos, con los cargos y dignidades que tuvieron, para que otros los conozcan muertos, como a la verdad, algunos dellos no se conocieron a sí mismos viviendo, procurando más la gloria vana que la virtud. Refiérelo Marulo, libro quinto.
[3] Del santo varón y amigo de Dios, Tobías, se dize en el capítulo cuarto de su Libro que, estando cercano a la muerte a su parecer, dio algunos santos documentos a su hijo, para que, hablando con uno, todos lo tomen para sí:

-Honra -dize- a Dios; reverencia a tus padres; da limosna; apártate de vicios; paga liberalmente tus deudas; a ninguno tratarás de la manera que tú no querrías ser tratado; aprovéchate de los consejos de los sabios; bendize siempre a Dios y pídele que guíe tus caminos.



Esto se dize más a la larga en aquel Libro. Abréviase aquí, y pónese para que los padres aprendan a dar semejantes preceptos a sus hijos, y no se fatiguen mucho si no pueden dexarles muchas riquezas.
[4] Job, santo Patriarca, venció con paciencia todas sus adversidades y trabajos, considerando que se avían de acabar presto, pues su vida, a su parecer, no podía durar mucho. Y assí dezía en el capítulo catorze: «Breves son los días del hombre. Mi espíritu se enflaqueze, y mis días se abrevian. No me queda qué esperar, sino la sepultura. Esto sé, que tengo de parar en muer- te, | que es cosa propria y señalada a todos los que viven. El hombre nace de muger, vive poco tiempo, y esso, lleno de miserias». David, en el Salmo treinta y ocho , dezía: «Dame, Señor, que yo entienda el número de mis días, para que vea lo que me falta. A mis días pusiste número cierto. El hombre, para tu imagen, es como cosa imaginada, y de balde se fatiga por ser y valer; atesora riquezas y no sabe para quién». Salomón, su hijo, en el Eclesiastés , capítulo primero, dize que este Mundo es vanidad de vanidades, por razón de acabarse su autoridad y fausto con la muerte.
[5] En el sepulcro donde estava sepultado el profeta Eliseo, echando el cuerpo de un defunto, resuscitó, y de aquí se infiere que deven ser tenidas en mucho las reliquias de los santos, reverenciadas y acatadas, pues ay en ellas tanta virtud, que juntándose a ellas, a las vezes resuscitan muertos. Es del Cuarto de los Reyes, capítulo treze.
[6] El santo rey Ezequías, estando enfermo, recibió un recaudo de parte de Dios que le hazía cierto de su muerte. Oído por él, lloró y hizo oración a Dios, y por su magestad le fueron añadidos quinze años de vida, tornando otro recaudo del mismo Señor, que le dixo: «Oí tu oración, vi tus lágrimas, y quiero sanarte; y al tercero día subirás al templo, con quinze años más de vida». De donde somos enseñados que tenemos grande necessidad de oración y lágrimas cuando llegare la muerte, para que, alcançando entero perdón de los pecados, nos sean añadidos años de vida, y no los que se han de acabar, sino los que durarán con la Eternidad. Es del Cuarto de los Reyes, capítulo veinte. /(330v)/
[7] Fuente es, y origen de toda virtud, Jesucristo, Nuestro Señor, el cual, viviendo, nos enseñó cómo avemos de vivir, y muriendo, cómo devemos morir. Murió por darnos vida y enseñarnos que no rehusemos de morir, si fuere necessario, por la vida de las almas de nuestros próximos. Rogó por sus enemigos para que perdonemos a los que nos ofenden. Encomendó al Padre su alma, porque muriendo encomendemos a Dios la nuestra, aviéndola recebido dél. Quiso ser sepultado en ageno sepulcro, para que no nos aflijamos mucho si no tuviéremos sepultura propria. Fue embuelto en sábana limpia y ungido con ungüentos olorosos, para demostrar que salen felizmente del Mundo los que llevan pureza de coraçón y ungüentos olorosos de virtudes. Resuscitó al tercero día, y subió a los Cielos a los cua- renta, | para que tengamos fe de que nosotros también resuscitaremos, y que subiremos al Cielo, si fuéremos hallados tales a la fin, cuales por su exemplo nos enseñó que devíamos ser.
[8] Los Apóstoles y mártires, muriendo por la justicia, por la verdad y por Cristo, afirmavan ser prestantíssimo género de muerte, como ellos lo provaron, y aunque no a todos los cristianos les sucede esto, mas deven tener un propósito firme, que si les cayere la suerte, padecerán lo mismo de buena gana, diziendo con el Apóstol San Pablo, y se refiere en el Libro de los Hechos Apostólicos, capítulo veinte y uno: «No sólo ser preso, sino morir en Jerusalem por el nombre de mi Señor Jesucristo, lo tendré a buena dicha».
Lo dicho se colige de la Divina Escritura. |

[EJEMPLOS CRISTIANOS]

[1] El autor del libro llamado Fasciculus temporum , poco después del principio, hablando de Matusalem, dize que siendo de quinientos y cinco años, le dixo el Señor:

-Edifica casa en que vivas, que te quedan casi otros quinientos años de vida.

Y respondió:

-Para tan poco tiempo, no quiero, Señor, ponerme en esse cuidado de edificar casa, que debaxo de árboles y en cuevas passaré, como hasta aquí he hecho.


[2] San Juan Damasceno, en un Sermón del Tránsito de la Virgen , dize que estando cercana a él esta Señora, tuvo dél revelación, trayéndole la nueva el ángel San Gabriel. Ella la oyó y recibió grande contento, por esperar presto ver a su querido Hijo. San Dionisio, en el Libro de los Nombres Divinos, capítulo 3, dize que, pidiéndolo la mis- ma | Virgen, se hallaron presentes a su tránsito los Apóstoles, porque quiso el Señor, que avía puesto por uno de sus Diez Mandamientos el de honrar a los padres, honrar a la Virgen Benditíssima, su Madre, al tiempo de su muerte, ordenando como todos los Apóstoles, que andavan divididos por el Mundo predicando su Evangelio, se hallassen presentes a ella, viniendo en tiempo brevíssimo por ministerio de ángeles, o por medio ordinario, como otras vezes acostumbravan de venir a Jerusalem a verse y comunicarse unos con otros, y tomar refrezco del Cielo con la vista y trato de la Madre de Dios. También dize el Damasceno que baxaron almas de muchos Patriarcas y millares de ángeles. Y esto es certíssimo, pues dize San Lucas que baxaron algunos dellos a llevar al seno de Abraham la alma del men- digo /(331r)/ Lázaro; razón era que baxassen millares dellos a acompañar a la Virgen, entrando en el Cielo en cuerpo y alma. Nizéforo Calixto, libro segundo, capítulo veinte y uno, dize que mandó a San Juan Evangelista que diesse dos túnicas o sayas que tenía a dos biudas vezinas suyas, por benevolencia, aviendo recebido dellas obras de caridad, que fue como un hazer testamento de su hazienda, y la que era Reina del Cielo no se halló a esta hora con otras riquezas y preseas en el suelo. Juvenal, arçobispo de Jerusalem, dize que al tiempo que la Sagrada Virgen espiró, se oyeron cantos de ángeles, y que se prosiguió la música y melodía hasta que el cuerpo santo fue llevado por los Apóstoles, que también cantavan con bozes acompañadas de lágrimas y sospiros, a Getsemaní, y allí puesto en un sepulcro. Ni por estar el santo cuerpo sepultado cessó la angelical melodía, antes se oyeron cantar himnos celestiales por tres días continuos, y passados éstos, no se oyó más. Y porque llegando a esta sazón el Apóstol Santo Tomé, y pedir a los demás Apóstoles se abriesse el sepulcro para ver y reverenciar el santo cuerpo, concediendo con su petición, abrióse el sepulcro, y no pareció el cuerpo santo. Estavan allí los lienços en que fue embuelto, y salía un olor suavíssimo y de gran recreo, y otra cosa alguna no fue vista. Quedaron los Apóstoles admirados de ver semejante acaescimiento, y vinieron a este parecer todos, y afirmaron que el Señor, que avía tomado carne della y héchose hombre en sus entrañas, quiso prevenirla, resuscitándola antes de la Universal Resurrección, y trasladarla en cuerpo y alma a los Cielos. |
[3] El Evangelista San Juan, siendo de noventa y nueve años, tuvo revelación de su muerte. Llamó a sus discípulos, subiólos a un monte en el cual estava una iglesia, dedicada y hecha en el nombre del mismo Evangelista San Juan aún siendo vivo, y se conservó hasta en tiempo del Metafraste, que escrive esto, y él dize averla visto; allí mandó que le abriessen una sepultura. Quitóse algunas de sus ropas y su calçado, y entró vivo en ella, llorándole sus discípulos. Vino de lo alto un grande resplandor y claridad, que les cercó a la redonda. Quedaron los presentes como fuera de sí de espanto. Cuando tornaron en acuerdo, no vieron a San Juan, sino la sepultura cubierta de tierra, y que estava como bullendo, y echava de sí un licor maravilloso, con que muchos enfermos sanaron. Éste fue su tránsito, y afirman San Hierónimo y Beda que su muerte fue sin dolor, y su cuerpo, libre de corrupción, donde vienen a dezir Santo Tomás, Nizéforo, Pedro Damián Cardenal y otros autores graves, que en cuerpo y alma, después de aver sido muerto y resuscitado, subió a los Cielos.
[4] María Magdalena, entendiendo que se le acabava la vida, no quiso dexarla sin que primero recibiesse del obispo Maximino la Sagrada Comunión, y delante el altar se humilló en tierra y espiró. Su cuerpo quedó con grande fragancia y suavidad, la alma fue llevada al Cielo, y por los trabajos continuos que sufrió en Tierra, gozó de la felicidad y descanso perpetuo. Y la que le labó los pies a Cristo con lágrimas, aora en su presencia se goza sin fin. Es de su Vida, véase la Primera Parte del Flos Sanctorum. /(331v)/
[5] Santa Marta, su hermana, aviéndosele revelado el fin de su vida, un año antes padeció fiebres gravíssimas. Llegando la hora, mandó acender algunas luzes, y pidió a las monjas de su monasterio que estavan con ella que tuviessen oración, y a la media noche, las luzes se apagaron con un viento vehemente, y aparecieron diversas formas de demonios. Hizo oración la santa, y baxó del Cielo su hermana Santa María Magdalena, que hizo huir los demonios, acendió las luzes y consolóla. Apareciósele Jesucristo, y llamóla que se fuesse con él. Ella se hizo sacar a donde viesse el Cielo, y poner una Cruz cerca de sí, y que le leyessen la Passión según el Evangelista San Lucas. Y al tiempo que se dixo en ella: «En tus manos, Padre, encomiendo mi espíritu», dio su alma. De modo que no menos estava solícita por ir a Cristo, que lo andava cuando le hospedó en la Tierra. Refiérelo Marulo, libro quinto.
[6] Estando para morir San Hierónimo, hízose poner en la tierra y vestir el saco que traía de ordinario. Llamó a sus discípulos y exortólos al servicio de Dios. Recibió el Santíssimo Sacramento, poniéndose de rodillas y derramando muchas lágrimas con grande reverencia. Estendióse luego en la tierra, su rostro en el Cielo, levantadas las manos. Dixo luego el Cántico de Simeón, y acabado, resplandeció cerca dél una luz del Cielo. Algunos de los presentes vieron ángeles que le llamavan a la Bienaventurança, y con esto, la luz desapareció, y él dio su espíritu, quedando su cuerpo dando de sí olor suavíssimo, y en diversas partes se vieron testigos ciertos de su gloria. Nosotros imitemos su humildad en la muerte, pues no somos dignos de tan grande santidad en la vida. Es de Eusebio, y re- fiérelo | Marulo, libro quinto.
[7] Eusebio Cremonense, discípulo del mismo San Hierónimo, como viniesse a morir poco después de la muerte del glorioso Doctor, hizo los mismos actos de humildad, y llegada la hora, levantó la cabeça y mirava con los ojos espantados a una y otra parte, y con boz alterada y descompuesta, dixo:

-¡No haré tal, no haré tal! ¡Esso es mentira, mentís!

Con esto baxó la cabeça, y llegó su rostro a la tierra, como escondiéndose, y dava bozes temblando:

-¡Ayudadme, hermanos! ¡Ayudadme, no perezca!

Los que estavan presentes, tristes y temerosos, preguntávanle:

-¿Qué has padre? ¿Qué te temes?

Él respondió:

-¿Y no veis una caterva de demonios que se ha juntado aquí para mi daño? Y el que es más espantable que todos me provoca a que diga blasfemias y aprueve heregías, y su vista es de suerte que no oso mirarle.

Pusiéronse en oración los presentes, y huyeron los demonios. Apareciósele el bienaventurado San Hierónimo, y esforçóle a no tener temor. Eusebio se consoló tanto y se recreo con su vista, que con quietud grande dio su alma. Ninguno, porque vea descomponerse o mos trarse congoxado al que muere, juzgue siniestramente, pues Eusebio Cremonense, varón de grandes prendas, se vido en tal aprieto, que se juzgara por mucho mal si no se declarara todo el hecho. Dízelo San Augustín en la Epístola dozientas y seis, capítulo tercero.
[8] A San Pablo, primer ermitaño, vido San Antonio Abad que espiró, estando su cuerpo de la manera que le tenía cuando orava. Y el mismo abad San Antonio, de sí mismo /(332r)/ declaró mucho antes el día que murió. Y llegada la hora, dio a algunos de sus monges que estavan con él muchas amonestaciones, y mandóles que le enterrassen donde nadie supiesse el lugar cierto, por no ser reverenciado de los hombres, queriendo en la muerte guardar la humildad de que tanto se preció en la vida. Refiérelo Marulo, libro quinto.
[9] Hilarión Abad escrivió a su discípulo Hesiquio Monge una carta como testamento, en que le dexava todas sus riquezas, que eran un libro de los Evangelios, su túnica, su cugulla de saco o sayal, y su capa. Y como se juntassen a su muerte algunos monges, mandóles que en siendo muerto, ni un punto le detuviessen sin sepultar, sino que luego le cubriessen de tierra. Y estando en lo último, abrió los ojos y dixo:

-¿Qué temes de salir, alma mía? Setenta años has servido al Señor, ¿y temes la muerte?

Y con estas palabras, espiró.

Sepultáronle luego, y fue primero la nueva a la ciudad de que estava sepultado, que muerto. Es de su Vida, capítulo diez y siete.


[10] Juan, anacoreta de Egipto, varón santíssimo y esclarecido con espíritu profético, viendo que se moría, por tres días estuvo sin dexarse ver de persona alguna, para mejor contemplar en Dios, a Quien se partía. Passados los tres días, poniéndose de rodillas, dio la alma. Es del De Vitis Patrum.
[11] Honofre, en un desierto de Egipto muy apartado hazía su vida, sin tratar con hombres. Gastáronsele los vestidos, y quedó desnudo. Fue visto de Pafuncio Abad, y declaróle su nombre y vida, y díxole que le avía Dios traído allí para que diesse sepultura a su cuerpo. Dio la alma, y vídola Pafuncio ser llevada de ángeles al Cielo, | quedando su cuerpo en la tierra, dando de sí un suavíssimo olor. Quiso sepultarle, y no tenía con qué cavar la tierra, mas llegaron dos leones, que con sus uñas hizieron la sepultura. Cubrió con su palio el cuerpo del santo, y púsole en la hoya, cubriéndole de tierra, y en sepultándole, su celda se hundió, y una palma que estava cerca fue arrancada de raíz, como dedignándose de servir a otro hombre, aviendo servido al que fue tan santo. Si a Honofre le fue tan magnífica la muerte, ¿qué tan gloriosa le será en el Cielo su vida? Es del De Vitis Patrum.
[12] San Ambrosio, arçobispo de Milán, ilustre en santidad y doctrina, llegándose su hora recibió la Sagrada Comunión, y luego estendió los braços y inclinó la cabeça, y orando en boz baxa, dio la alma, teniendo la figura para salir al encuentro a Cristo, que tuvo su Magestad cuando padeció por nosotros en la Cruz. Es de San Paulino, en su Vida.
[13] Estando el bienaventurado San Augustín enfermo de muerte con una grande fiebre, hizo que le escriviessen de letra grande los siete Salmos de la Penitencia , y que se los fixassen en la pared. Leíalos muchas vezes, y derramava copia de lágrimas. No dava lugar a que entrasse persona alguna en su aposento, sino el médico y Discóforo, criado suyo de poca edad, por no apartar la consideración de los bienes del Cielo que esperava gozar. Recibió la Sagrada Comunión, y dixo:

-Ninguno, por santo que sea, deve salir deste Mundo sin Confessión y Comunión. El no confessarse es arrogancia, y el no comulgar, inobediencia.

Con esto, dio su alma. Y dízelo Posidonio, en su Vida.
[14] San Benedicto Abad, viéndose cercano a la muerte, seis días antes /(332v)/ mandó que le abriessen la sepultura. Y llegando la hora, hízose llevar a un oratorio, y levantadas las manos al Cielo y encomendándose a Dios, rodeado de sus discípulos, dio la alma, el mismo día que antes avía señalado. Vieron unos monges de su Orden cierto camino o sendero que subía de la Tierra al Cielo, entapizado y adornado de luminarias como estrellas, y oyeron una boz que dixo que se aderezava para la subida al Cielo de San Benedicto. ¡Qué tal sería la gloria que iva a gozar, siendo tal el camino! Es de San Gregorio, libro segundo de sus Diálogos, capítulo treinta y siete.
[15] Adilón, abad cluniacense, estando enfermo vido al demonio en espantable figura, mas el poco caso que hizo dél, y lo poco que le temió, le echó de allí. Y con buen semblante y grande confiança esperó su hora, a quien el demonio no pudo espantar, ni la muerte pudo atemorizar. Dízelo Hugón Cluniacense.
[16] Como se llegasse la hora de su muerte a Probo, obispo de Reate, estando con él un moço de poca edad, vido entrar en aquel aposento dos venerable varones vestidos de blanco, y los rostros resplandecientes. Quedó espantado y dava bozes, preguntándoles quién eran. Asossególe el santo obispo Probo, diziendo que eran San Juvenal y San Eleuterio, mártires de Cristo. No se detuvo allí, sino fue por la casa dando cuenta de lo que avía visto, y viniendo con él al aposento otros criados y gente, hallaron que el obispo avía espirado, sin estar allí otra persona, y no dudaron sino que avía ido a gozar de los Bienes Eternos con aquellos dos santos. Digno de compañía de mártires, quien padeció enfermedad muy penosa con grande pacien- cia. | Es de San Gregorio, en el libro cuarto de sus Diálogos, capítulo diez y nueve.
[17] Viniendo a visitar al abad Estéfano, varón de santa vida, estando cercano a la muerte, ciertas personas, y entrando en su aposento, salieron con grande temor. Y fue el caso que algunos dellos vieron entrar ángeles resplandecientes, y que se llegavan al enfermo. Los que los vieron, huyeron, y los que no los vieron, de ver a los otros huir, también les hizieron compañía. Y aviéndose apaciguado, bolvieron al aposento y hallaron difunto al santo abad. Es de San Gregorio, libro cuarto de los Diálogos, capítulo diez y nueve.
[18] Antonio, monge en el monasterio de San Gregorio en Roma, oyó un día cierta boz, que le dixo:

-Aparéjate, que as de caminar, que el Señor lo manda.

Respondió:

-No sé cómo camine, que me falta provisión.

Replicó la boz que si temía sus pecados, entendiesse que ya le eran perdonados.

Quedó el monge confuso, no entendiendo el fin de aquellas razones. Y la siguiente noche, estando durmiendo le dieron el mismo aviso, y entendió que le hablavan de la muerte. Y al quinto día le dio una fiebre mortal, y dio su alma tan dichosa como alegremente. Es del mismo libro de San Gregorio, capítulo cuarenta y siete.


[19] Merulo, monge en el mismo monasterio, adornado de vida santíssima, vido en sueños una guirnalda de flores odoríferas y muy hermosas, que baxava del Cielo y se le ponía en la cabeça. Diole luego una grave enfermedad, y con singular alegría espiró. Passados quinze años, abriéndose el sepulcro por mandado de Pedro Abad, salió dél un suavíssimo olor, y desto se /(333r)/ entendió la verdad de su sueño. El que quisiere morir tan felizmente como murió Merulo, deve vivir como él vivió. No puede ser mala la muerte de quien fue la vida buena y santa. Es del mismo San Gregorio.
[20] Ursino, presbítero de Nursia, estando a la muerte despidió estas palabras:

-A muy buen tiempo venistes, señores míos, y hágoos gracias porque me avéis hecho dignos de vuestra vista, siendo yo siervo vuestro.

Luego, como si fuera llamado por ellos, dixo:

-Ya voy, ya voy.

Y siendo preguntado qué veía y con quién hablava, respondió:

-¿Cómo? ¿Y no véis a los Apóstoles San Pedro y San Pablo, que entraron aquí aora?

Y como tornasse a dezir que ya iva, dio la alma. Esto suele acaescer a los que vivieron piadosamente, que en la hora de la muerte veen algunos santos con quien tuvieron devoción en la vida, para quitarles el temor de la muerte eterna, y siendo con tal visita consolados, no sientan demasiado las algaxas de la partida. Es del mismo libro, capítulo onze.
[21] Serbulo, paralítico, cuando dava los postreros bostezos, estando rezando salmos allí con algunos religiosos y él ayudándoles como podía, dixo:

-¡Callad, callad! ¿No oís los cánticos dulces que resuenan en el Cielo?

Y como levantasse los ojos y estuviesse atentíssimo a lo que dezía que oía, acabó la vida. Y el cuerpo, entretanto que le davan sepultura, dio de sí suavíssima fragancia. ¡Oh dichoso y desseado fin! Al cual concurrieron dos señales certíssimas de su Bienaventurança: en el Cielo, música de ángeles, y en el suelo, olor suavíssima. Es también de San Gregorio, capítulo catorze del mismo libro cuarto de sus Diálogos.
[22] A Trasila, tía de San Gregorio, | estando durmiendo se le apareció San Félix Papa, que le mostró una silla de grande riqueza y resplandor, y díxole:

-Ven, que esta silla es tuya.

Otro día cayó enferma, y llegando a lo último vido a Cristo, y a los que estavan presentes, dixo:

-Apartáos, apartáos, dad lugar, que viene mi Señor Jesucristo.

Y assí, con ansia grande de irse con el que veía, espiró. Y siguióse un olor tan maravilloso, que hizo grande fe de aver estado allí el Salvador, y que se fue con Él. Dízelo assí mismo San Gregorio, libro cuarto de los Diálogos , capítulo diez y seis. Podemos dezir desta santa muger que no temió la muerte por ver al que la destruyó.
[23] María Egipcíaca, aviendo recebido la Sagrada Comunión de mano del sacerdote Zozimas, recogiéndose al desierto, espiró. Y hallando allí su cuerpo difunto, Zozimas vido escrito en la tierra: «Da sepultura, o Zozimas, al cuerpo de María, y cubre la tierra en la tierra, y ruega por mí». Vino un león que cabó la sepultura donde fue sepultada. Es del De Vitis Patrum.
[24] Cercano estava a la muerte el bienaventurado San Martín, y viéndose rodeado de sus discípulos, y que le lloravan, dixo:

-Ni temo el morir, porque soy siervo de un piadosíssimo Señor, ni recuso el vivir, si os soy a vosotros, hijos míos, de provecho.

Estava recostado sobre un cilicio y ceniza, y dezía que era propria cama aquélla para morir el cristiano. Levantava las manos al Cielo y hazía oración. Vido al demonio, mas fue su alma, luego que se apartó del cuerpo, llevada de ángeles, cuya música fue de muchos oída. Subió tan glorioso a la inmortalidad, cuanto humilmente acabó su vida mortal. Es de Severo Sulpicio en su Vida, cerca del fin. /(333v)/
[25] Cutberto, primero monge y después obispo, tuvo revelación de su muerte, que sería desde a un año. Descubriólo a un grande amigo suyo sacerdote, llamado Herbeto, el cual no queriendo apartarse del amigo ni en la muerte, rogóle que pidiesse a Dios le acompañasse en aquella jornada. Ambos lo pidieron a Dios, y fuele concedido al obispo, el cual habló con el sacerdote, y díxole:

-Herbeto, el Señor ha cumplido tu desseo. Aparéjate, porque comigo as de morir.



Y fue assí, que cumpliéndose el año, aunque estavan en diversos lugares, el mismo día señalado murieron ambos, y sus almas juntas subieron al Cielo. Grande caridad, dessear morir con el amigo, y mayor felicidad, de alcançar lo que se dessea. Dízelo Beda en su Historia, libro cuarto, capítulo veinte y nueve.
[26] El mismo Venerable Beda Presbítero, rebelándoselo el Señor, entendió que al quincuagésimo día moriría. Cumplióse el término el día de la Ascensión. Assistía a las Vísperas en su coro, con su convento, y sin enfermedad, sino estando en su silla, en pie, sustentado con sus cobdos. Como se acabaron las Vísperas, se le acabó la vida. Y sintióse un olor suavíssimo, y fue testimonio que en el día en que Cristo subió a los Cielos, dexando Beda la Tierra, fue a ser morador en la Gloria. Refiérelo Marulo, libro quinto.
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