De Alonso Fructus Sanctorum y Quinta Parte del Flos Sanctorum (1594),de Villegas



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[27] San Paulino, obispo de Nola, el aposento en que estava al tiempo que espiró se estremeció con grande ruido, de suerte que puso temor a los presentes, y presumióse ser la ocasión el baxar muchos espíritus celestiales para recebir la alma del difunto. Digno de tal acompañamiento en la muerte, el que en vida todo lo que posseía dava | a pobres, y faltándole que dar, se dio a sí por esclavo, redimiendo el hijo de una viuda. Con razón se goza aora entre ángeles, el que tanto amó a los hombres. Es de San Gregorio, en el libro tercero de sus Diálogos, capítulo primero.
[28] Germano, obispo parisiense, tenía escrito sobre su lecho: «Al quinto de las calendas de junio» (que es dezir, en veinte y ocho días de mayo). Nadie sabía el misterio desta escritura, hasta que el mismo día murió. ¿Qué es esto, sino que son dignos de saber el día de su muerte los que están siempre aparejados para morir? Es de Fortunato, y refiérelo Surio, tomo tercero.
[29] San Amador, obispo antisiodorense, que siendo primero casado conservó virginidad, tuvo revelación del día de su muerte, y llegado aquél, fuese a la iglesia; assentóse en su silla, hizo un maravilloso sermón al pueblo, y acabóle con su vida. Vídose levantar de su cuerpo una paloma, que boló en alto, y fue señal de su puridad virginal y del merecimiento de su santidad. Es de la Vida de San Germán.
[30] A Ivón Presbítero, siéndole revelada su muerte estando enfermo, no dexó sus ayunos y abstinencias, recibió el Cuerpo de Nuestro Señor Jesucristo, y estando sus ojos fixos todo el día y la noche en la imagen de un Crucifixo, orando, al esclarecer de otro día dio la alma. Porque meditava los tormentos y muerte del Salvador con grande ternura y regalo, mereció que a la hora de su Santa Resurrección le viesse assentado a la diestra del Padre y le gozasse eternamente. Es de Surio, tomo tercero.
[31] Hombrebueno Cremonense, claro en santidad, estando oyendo Missa de rodillas, espiró, y nadie de los que /(334r)/ estavan presentes juzgaran dél que estava muerto, hasta que, leyéndose el Evangelio, como él no se levantasse en pie, llegaron a él y viéronle difunto. ¡Oh dichoso varón, que tuvo por testigos de su Bienaventurança el lugar, el tiempo, la postura, a lo cual puede añadirse muchos milagros que hizo de enfermos y endemoniados, que llegaron con devoción a visitar sus santas reliquias y quedaron sanos! Refiérelo Marulo, libro quinto.
[32] San Juan Elemosinario, Patriarca de Alexandría, para acordarse siempre de la muerte, mandó començar a labrar un sepulcro. Dexó la obra començada, y dio cargo a uno de los oficiales que tuviesse cuidado de venir a dezirle los días de fiesta, en especial cuando estava comiendo y tenía combidados:

-Mirad, señor, que vuestra sepultura no se acaba; mandad que se acabe, que no sabéis cuando la abréis menester.

Quien tanta memoria tenía de la muerte, vino bien que la tuviesse tan santa como la tuvo. Es de Simeón Metafraste.
[33] San Babonio, del linaje de los reyes de Francia, primero casado, y muerta su muger, hízole sacerdote San Amando, obispo de Ganda, vivío en un desierto, y era su aposento lo hueco de una haya, y siendo seguido de muchos que desseavan imitar su santidad, fue a ser monge en un monasterio en Ganda, y el abad Floreberto, varón de santa vida, le recibió muy bien. Labróle una celda en lugar apartado del concurso del convento, donde vivía santamente, y passado algún tiempo, quiso morir al Mundo y sepultar su cuerpo en vida. Para lo cual hizo una cueva pequeña o sepultura, y alcançada licencia de San Amando y de su abad, señaló día, y venido, hizo que se jun- tasse | el clero, y con Cruz y encienso, y todo lo demás acostumbrado en los entierros, fue llevado y puesto en la sepultura; y esto sucedió en nueve días de noviembre del año de Cristo de seiscientos y veinte y nueve. Quedó allí el santo varón como en seguro puerto, con admiración de todo el mundo, y no faltando lágrimas de muchos, que le lloraron como si de veras fuera muerto. Su exercicio era meditar en Dios, hazer oración y derramar lágrimas. Comía al día medio pan, polvoreado con ceniza, y bevía un poco de agua, y dormía lo que era necessario para no morir, y esto sobre la tierra, reclinada su cabeça en una piedra. No le faltaron aquí luchas con el demonio, que visiblemente se le aparecía, y ya con torbellinos, ya con bozes y gritos, ya con fuegos infernales, parecía quererle allí acabar la vida, y hazíalo porque sacasse un pie del sepulcro, lo cual tuviera por insigne victoria, y nunca lo alcançó. Antes, llegándose al siervo de Dios su muerte, consolóle Dios con la presencia de un ángel, que en figura de paloma estuvo con él una noche, y dexó el sepulcro lleno de celestial olor y fragancia. Diole una grave enfermedad; hizo venir allí un sacerdote, grande amigo suyo, llamado Domlino, y comunicó con él su consciencia, confessándose y recibiendo los Divinos Sacramentos de Eucaristía y Extrema Unción. Llegó su hora, y vido innumerables ángeles, y con su vista se recreó grandemente. Despidióse de los monges y pueblo que estava presente; dixo luego en boz alta:

-Cristo viene, sal alma mía a recebirle.

Y con esto espiró. Es de Surio, tomo cuarto.
[34] Apolo Abad tenía una celda donde, sin salir della, passava su vida en re- ligión, /(334v)/ cerca de la cual estava un hermano suyo, en una labrança propria, donde tenía un otro hermano enterrado en cierta ermita. Sucedió que se le entró un buey al labrador acaso en un lugar cenagoso, y no podía él solo sacarle. Ocurrió a Apolo y significóle su necessidad. Díxole:

-¿Por qué no fuiste al otro hermano, pues estava más cerca?

Respondió el rústico:

-Porque ha ya quinze años que está muerto.

-Pues yo ha veinte años que lo estoy -replicó Apolo.

Y avía este tiempo que era religioso y se tenía por muerto al mundo. Es de Casiano, Colación veinte y cuatro, capítulo nono.


[35] A Silvano, obispo nazaretano, apareciéndosele San Hierónimo, preguntóle si quería que le pidiesse de Dios algunas cosas. Él respondió que le llevasse desta vida, y assí se cumplió. Procuren los muy amadores de vivir sustentar la salud con diversos medicamentos, y a costa de sus patrimonios adelantar algún poco la vida, que muchos siervos de Dios ay que dessean la muerte para començar a vivir eternamente. Es de San Augustín, en la Epístola dozientas y seis, capítulo quinto.
[36] Columbano Monge, discípulo del abad Columbano, como estuviesse enfermo de una grave fiebre, apareciósele un varón de grande autoridad, que le dixo:

-Las oraciones y lágrimas de tu abad son causa de que no mueras.

El monge pidió al santo que cessasse de la oración, para que fuesse libre de la cárcel del cuerpo, porque entendía que avía de ser llevado a la Eterna Bienaventurança. Dexó la oración San Columbano, recibió el Santíssimo Sacramento el monge y murió, siendo llevada su alma al Cielo, donde tanto avía desseado. ¡Oh verdaderamente di- chosa | en la presencia de Dios la muerte de los santos, porque si no fuesse preciosa, no se dessearía tanto! Es de Marulo, libro quinto.
[37] En el desierto llamado Cotulas estava un santo viejo ermitaño, gastando su vida en oración y ayuno. Y viniendo por allí un exército de paganos sarracenos, viéndole uno dellos, levantó el braço con la espada desnuda para matarle. El ermitaño levantó la boz, y dixo mirando al Cielo:

-Señor mío Jesucristo, hágase tu voluntad.

Y al mismo punto, se abrió la tierra y tragó al homicida, y el ermitaño quedó libre. Es del Prado Espiritual, capítulo noventa y nueve.
[38] Fue acusado delante de Genadio, Patriarca de Constantinopla, un lector llamado Carisio, que servía en la iglesia de San Eleuterio, de graves delictos, como homicidios y hechizerías. Mandóle llamar a su presencia, y hízole una grave reprehensión, y no bastando esto para su enmienda, privóle de su oficio y excomulgóle. Y como ni esto le hiziesse mejor, sino que palabras y açotes eran de ningún momento con él, mandó Genadio a su apocrisario que dixesse en la iglesia del Santo Mártir Eleuterio con boz alta:

-Carisio, soldado tuyo, o santo de Dios, es grande pecador. Enmiéndale o quítale la vida.

Hizo el apocrisario lo que le era mandado, porque llegó al sepulcro del mártir que estava en el altar, y levantando la mano, díxole:

-El Patriarca Genadio te advierte, santo mártir de Dios Eleuterio, por mí, pecador, su apocrisario y nuncio, que tu soldado Carisio peca mucho. O le enmienda, porque en la Tierra no ay fuerças que puedan hazerlo, o le quita la vida.

Fue hallado en la mañana Carisio, autor de maldades, muerto. Es del /(335r)/ Prado Espiritual, capítulo ciento y cuarenta y cinco.
[39] El abad Alexandre Cílico, después de aver muchos años vivido santamente en los desiertos del Jordán, ya muy viejo recogióse en el monasterio de Eugenio, cerca de Betleem. Y estando cercano a la muerte, sobre tres meses de enfermedad, fue gravemente tentado del demonio, y atormentávale su cuerpo. Mas el santo viejo, que sólo era señor de su boz en lo exterior, díxole:

-A la tarde as venido, miserable. No es grande cosa lo que hazes, pues estoy sin fuerças en este lecho. Y en lo mismo muestras que es grande tu flaqueza, porque si fueras valiente, cincuenta o sesenta años ha avías de llegar, y yo te hiziera conocer con el favor de Cristo, mi Dios, quién yo era, y quién tú eras, haziéndote abaxar el cuello y dexándote vencido y confuso. Y assí, aora si en mí tienes poder, no es la ocasión ser el tuyo grande, sino el mío estar falto y no tener ya fuerças corporales. Doy gracias a Jesucristo, a quien pronto veré, y en su presencia acusaré la injuria que me hazes y manifiesto agravio, en que después de tantos trabajos y fatigas, estando cercano a la muerte, me acometas y hagas guerra.

Esto dezía aquella alma santa, y al dézimo día, con toda quietud y sossiego, boló al Señor. Es del Prado Espiritual, capítulo ciento y ochenta y dos.
[40] En la provincia de Valeria, que es en Italia, en cierto valle estava una iglesia de la Madre de Dios, de la cual era rector y cura Severo, varón de vida admirable. Cayó enfermo un padre de familias, su parroquiano, y viéndose cercano a la muerte, embióle a llamar para confessarse y recebir los Sacramentos de Comunión y Extre- ma | Unción. Estava en una viña, cultivándola, y dixo al mensajero:

-Id adelante, que yo voy luego.

Y no obstante esto, detúvose algún tanto hasta acabar lo que hazía, que era poco, y fue luego a casa del enfermo, y en el camino bolvió el mensajero, diziendo:

-¿Por qué, padre, te tardaste, que ya es difunto?

Oído esto por Severo, sintiólo grandemente. Enternecióse, derramó lágrimas y confessava que avía sido causa de su muerte. Prosiguió su camino y entró donde estava el cuerpo difunto, y viéndole, refrescó sus lágrimas y llanto, afligiéndose sobremanera por avérsele muerto aquel feligrés sin confessión. Detúvose en esto mucho tiempo, y siempre aumentando su sentimiento, hasta venir a darse con la cabeça golpes en el suelo. En esto, el muerto dio muestras de vida, y en efeto resuscitó. Los que estavan presentes, visto el milagro, derramavan lágrimas de alegría. Preguntáronle qué avía sido dél, y respondió:

-Unos hombres negros y muy feos, que echavan fuego por sus bocas y narizes, me llevavan por un lugar muy escuro. Mas púsose en contrario dellos un varón resplandeciente, que dixo: «Dexadle, y buelva a donde vino, porque Severo Sacerdote llora, y el Señor se le ha concedido a sus lágrimas».

Levantóse de tierra Severo y confessó al resuscitado, y impúsole la penitencia que avía de hazer, en la cual permaneció ocho días, y al cabo dellos, muy alegre, dio su alma a Dios. Escrive este acaescimiento San Gregorio, en el libro primero de sus Diálogos, capítulo doze.
[41] En tierra de Nursia tenía cargo de cierta iglesia un sacerdote, llamado Ursino, el cual, primero que se ordenasse, era casado, y ordenado, tenía a su muger por hermana, y aunque como a hermana la amasse, teníala como /(335v)/ a enemiga, y nunca se hallava con ella a solas, ni en su aposento sin gente, porque es proprio de santos que se abstienen de lo lícito, por no caer en lo ilícito. Assí Ursino, aun de la vista lícita de la que avía sido su muger se abstenía y la evitava, por no caer en lo ilícito de tratar con ella, como antes que se ordenasse, siéndole vedado después que se ordenó. Y aviendo vivido en estado de sacerdote cuarenta años, cayó enfermo, y llegó a estar casi sin sentido. Hallóse allí la que avía sido su muger, y teniéndole ya por muerto, llegó su oído junto a las narizes para ver si tenía anhélito, o si del todo era muerto. Sintiólo Ursino, y con boz quebrantada y que con dificultad la formava, dixo:

-Apártate allá, muger, que aún queda alguna centella. No es bien que la paja esté junto al fuego.

Apartóse la muger, y cobrando esfuerço el santo varón, dixo con mayor boz:

-Bien vengan mis señores, que a tan pequeño siervo vuestro os dignastes de visitar. Ya voy, ya voy. Yo os doy gracias, yo os doy gracias.

Preguntáronle los que estavan presentes que con quién hablava, y él dixo:

-¿No veis a los Santos Apóstoles Pedro y Paulo?

Tornó a dezir: «Ya voy, ya voy»; y con esto dio su alma. Dízelo San Gregorio, en el cuarto libro de sus Diálogos, capítulo onze. Y dize que muchas vezes sucede hallarse santos a la muerte de algunos justos, y pone en el capítulo treze otro exemplo a este propósito, de Gala, hija de Símaco Patricio, que de un año de casamiento se le murió el marido, y no quiso más bolver a casarse, sino que se dedicó a Dios, y entró monja, con ser moça, hermosa, y muy rica, y aun afirmándola médicos, sobreviniéndole enfermedad de fuego que le cercava su cuerpo, que | si no se casava le nacerían barbas como a varón, y ninguna cosa déstas fue parte, sino que se encerró en el convento y religión, donde vivió santamente. Llegóse el fin de sus días, y de un cancro que le nació en el pecho vino a morir, y poco antes que muriesse vido al Apóstol San Pedro, cuya vista, sin turbarla, fue ocasión de mucho consuelo. Preguntóle si le eran perdonados sus pecados, y respondióle que sí. Rogóle que alcançasse de Dios que muriesse junto con ella otra monja, que amava tiernamente. San Pedro le respondió que otra moriría el mismo día que ella muriesse, y la que dezía, al día trigéssimo. El Apóstol se fue, y Gala refirió esto a la abadessa, y pasados tres días murió ella y otra monja, y a los treinta, la que avía pedido que fuesse con ella, en lo cual se verificó ser cierta la vista del Santo Apóstol.
[42] Un heredero de cierto señor de vassallos dexó el siglo y entróse monge. Sabido por el padre, con grande ira, acompañado de criados fue al monasterio. Habló al abad, amenazóle que si no le dava su hijo, pondría fuego a la casa. El abad y los monges dixeron al novicio, temiendo el furor del tirano:

-Sabe que si no dexas el hábito y buelves al siglo, tu padre nos destruirá la casa.

El moço respondió:

-No temáis, padres míos, dadme lugar que yo le hable.

Salió a él, y viéndole el padre con un hábito pobre, cortado el cabello, y todo mal aliñado, apenas le conoció, y con dolor y quebranto cayó en tierra. Cuando cobró aliento, dixo al hijo:

-¿Por qué lo as hecho assí? Buelve a casa, mira que as de ser heredero de todo mi estado.

El hijo respondió:

-Padre señor, en tu señorío y tierra ay una ley y costumbre peligrosa, por lo cual forçado, salí della.

El padre /(336r)/ dixo:

-Toda costumbre y ley dexo a tu arbitrio, para que hagas como te pareciere. Dime qué costumbre es essa, que yo quiero luego quitarla.

La costmbre y ley es que tan presto se muere el moço como el viejo. En tanto que esta ley estuviere en pie, yo no saldré con vida deste monasterio. Y si me prometes que seré tu heredero, como no esté cierto que viviré más días que tú, pues tan presto muere el hijo como el padre, y al contrario, no me haze fuerça para que dexe lo que he escogido, que tan bien me está.

El padre, muy enternecido, dixo:

-La ley de que hablas, hijo, no es en mi mano mudarla, y assí, entendiendo que estás en lo cierto, no sólo quiero que por mí dexes el hábito, sino yo, por lo que he oído, recebirle.

Dio orden en su estado, y hízose monge con el hijo. Lo dicho es del Promptuario de exemplos.


[43] Cierto letrado, leyendo una vez en el Génesis que vivió Adam novecientos y treinta años, y que murió, que vivió Set ochocientos y siete, y murió, y assí otros Patriarcas, espantado y compungido, dixo:

-Dios mío, ¿y todos mueren, y aun los que vivieron tantos años? ¿Qué haremos, pues también nosotros avemos de morir?

De aquí tomó ocasión para dexa el mundo y entrarse fraile en el Orden de Predicadores, donde resplandeció en vida y doctrina. Es del Promptuario.
[44] No deve quedar en olvido otro exemplo de San Hilarión, a quien amenazando ciertos ladrones de que le querían matar, y visto que mostrava poco sentimiento, dixéronle:

-¿Y no temes la muerte?

Respondió:

-El que está aparejado a morir, poco teme la muerte.



¿Qué soldado o qué capitán, hallándose en tan manifiesto peligro, no temería? Y un soldado de Cristo desarmado y | desnudo, entre tantos armados y que le amenazavan muerte no temió, antes mostró más esfuerço a recebirla, que sus enemigos a dársela, y assí, al que pensavan robar y matar, llenos de espanto le dexaron. Es de San Hierónimo en su Vida. Y también consta de muchos mártires que quisieron poner fin a la vida, padeciendo graves martirios, ofreciéndose de su voluntad a los tiranos y perseguidores, como pudieran evitarlo escondiéndose, y temían más el ser dexados libres, que el ser muertos.
[45] Santa Praxede, donzella romana, como repartiesse grandes riquezas que tenía a pobres, desseando verse con Quien le era la ocasión de hazer esto, tuvo prolixa oración, pidiendo que la llevasse desta vida, y alcançólo. Cosa maravillosa, que suele ser la muerte terror y espanto a varones robustos, y a una delicada donzella le fue agradable, y la desseó. Es de Adón en su Martirologio.
[46] Sabina Virgen hizo oración postrada en tierra delante del sepulcro de Sabino Mártir, hermano suyo, y lo que pidió fue que se le acabasse la vida. No se dolía de la muerte del hermano, sino que desseava seguirle, estando cierta que gozaría de la vista de Dios. A aquellos es la muerte grave y terrible, que dessean las cosas de la Tierra, y no a aquellos cuya conversación es en el Cielo, y que muriendo passan a la Eternidad. Es de Marulo, libro quinto.
[47] San Juan Clímaco, capítulo siete, escrive de un religioso llamado Estéfano, que aviendo vivido en soledad cuarenta años, haziendo áspera penitencia, vino a morir, y estando en el artículo de la muerte acostado en el suelo, bolvía la cabeça a unas partes y /(336v)/ otras con grande ceño y pesadumbre, y dezía unas vezes: «Assí es cierto, mas por esso ayuné tantos años»; otras vezes dezía: «No es assí, cierto que mentís»; y otras: «Con razón me acusáis, no tengo qué dezir sino que es Dios misericordioso». Esto dezía aquel siervo de Dios, y si el que estuvo cuarenta años en soledad haziendo penitencia, le pedían tan estrecha cuenta, ¿de mí, miserable, qué será? Si aquél no tenía qué responder algunas vezes, yo ¿qué responderé? Si a aquél acusavan lo que no avía hecho, a mí, que tanto he hecho, ¿qué me acusarán?
[48] El glorioso Santo Domingo, fundador del Orden de Predicadores, el día último de su vida, por no morir sin testamento, mandó a sus frailes por claúsula dél, la caridad, la humildad y la voluntaria pobreza. ¡Oh bendito santo, que partiéndose desta vida no tuvo qué dexar a los suyos, sino exemplos de virtudes, de las cuales, quien fuere heredero, también lo será del Reino de los Cielos! Dízelo Garçón, en su Vida.
[49] Del Patriarca San Francisco leemos que a la hora de su tránsito se hizo poner desnudo sobre la desnuda tierra, bendixo a sus frailes, recibió los Sacramentos, y murió desnudo y humillado hasta la tierra. Abundava en riquezas celestiales, y fue sublimado en los Cielos, y juntado inseparablemente al Serafín, cuyas señales y llagas tuvo en su cuerpo. Es de San Buenaventura, en su Vida, capítulo treze.
[50] San Antonio, español nacido en Lisboa y muerto en Padua, donde es tenido su cuerpo en grande reverencia, estando cercano a la muerte, apareciéronsele Cristo y su Sagrada Madre. A su vista se regozijó sumamente, y començó a dezir aquel Himno | de la Virgen, que comiença: O Gloriosa Domina, excelsa supra sydera, & c.. Y cantándole en boz alta, acabado el Himno, se le acabó la vida, y començó a vivir otra bienaventurada y que no tiene fin. Dízelo San Antonio de Florencia, en su Tercera Parte.
[51] San Luis de Francia fue con grande aparato de guerra a la conquista de Tierra Santa, y en el camino, estando en Africa, cayó enfermo. Dio grandes documentos a su hijo, mandóse poner sobre un saco y ceniza, estendió los braços, y dio la alma. Con esta humildad dexó el reino terreno y fue a reinar con Cristo en el Cielo. Quiso ganar la Jerusalem terrenal, y posseyó la Celestial, menospreció las cosas caducas y perecederas y fue a posseer las que son eternas, y el gozarlas será eterno. Es de Marulo, libro quinto.
[52] Vino a la ciudad de Teópolo un abad llamado Tomás, que avía sido lugarteniente del obispo en Apamia, y estando allí algunos días, cayó enfermo y murió en el templo de Santa Eufemia, en Dafne. Los clérigos de aquella iglesia enterráronle como peregrino en un lugar común, donde se enterravan peregrinos. El día siguiente pusieron en el mismo sepulcro el cuerpo de una muger. Esto era a dos horas del día, y a las seis, que es al mediodía, la tierra despidió de sí a la muger. Admiráronse los que vieron este caso, y siendo tarde, tornaron a sepultarla en el mismo sepulcro, y el siguiente día hallaron el cuerpo sobre la tierra, el cual sepultaron en otra parte. Desde a pocos días, enterraron otra muger sobre el mismo abad Tomás, sin considerar que no consentía semejante compañía el santo varón, y assí la tierra la echó de sí. Y desta vez echa- ron /(337r)/ de ver lo mal que estava con las mugeres aquel santo varón, que no las consentía cerca de sí. Fueron con esto al Patriarca Donio, el cual, juntando toda la ciudad, con velas encendidas, en processión fueron a Dafne, y cantando los clérigos salmos, llevaron las reliquias del santo abad Tomás dentro de la ciudad, y sepultáronlas en un cemiterio, donde estavan muchos cuerpos de mártires sepultados, y sobre él erigieron altar y fabricaron capilla. Es del Prado Espiritual , capítulo 88.
[53] Don Gonçalo Ruiz de Toledo, cavallero de claro linaje, señor de vasallos, y de vida muy santa, porque su exercicio era edificar templos y hazer grandes limosnas, llegó su muerte y fue llevado su cuerpo a sepultar a la iglesia de Santo Tomé, que es parroquia de las principales de Toledo, y la de más vezinos, la cual fue fabricada por él; y estando su cuerpo en medio de la iglesia puesto, acompañándole todos los nobles de la ciudad, aviendo los clérigos dicho el Oficio de Difuntos, y queriendo llevar el cuerpo a la sepultura, vieron todos los presentes visiblemente descendir de lo alto a los gloriosos santos San Estevan y San Augustín, con figura y traje que de todos fueron conocidos. Llegaron a donde estava el cuerpo, y lleváronle a la sepultura, donde, en presencia de los que allí se hallaron, aunque llenos de espanto y admiración, diziendo en lenguaje de España: «Tal galardón recibe el que a Dios y a sus santos sirve», luego desaparecieron, quedando la iglesia llena de fragancia y olor celestial. Sucedió esto en nueve de deziembre, año de mil y trezientos y veinte y tres. En la Tercera Parte se puso la Vida deste cavallero, y allí se dixo de dónde se coligió, que fue de algunos memoria- les | y escrituras antiguas.
[54] Elisabet, viuda, que se tuvo por más dichosa en ser sierva del Rey Celestial, que hija de rey temporal, estando enferma de fiebre, bolviéndose a la pared vido una hermosa avecica que cantava suavíssimamente. Parecióle oír cantos de ángeles en el Cielo, donde esperava ir presto. Començó ella a cantar, y muy alegre esperava la muerte. Vido cerca de sí al demonio, y con imperio le hizo huir. Vido luego a Cristo, del cual era llamada al tálamo de la Gloria. Murió, y su cuerpo despidió de sí un maravilloso olor. Es de Marulo, libro quinto.
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