De Alonso Fructus Sanctorum y Quinta Parte del Flos Sanctorum (1594),de Villegas



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[1] Eva, la muger primera, vido el árbol vedado, parecióle bien la fruta, llegó el demonio y terceó de mala, comió della y persuadió a Adam que hiziese lo mismo, de donde resultó daño grandíssimo en ellos y en sus descendientes. Es del Génesis, capítulo tercero.
[2] Dina, hija de Jacob, imitando a su primera madre, Eva, que el ir a ver la fruta del árbol vedado le fue dañoso, assí a ella querer ver las mugeres de la ciudad de Siquem, estando cerca della su padre y hermanos aposentados. /(341v)/ Viéndola el príncipe, hijo del rey Emor, llevóla contra su voluntad a su casa, y hízole fuerça. De donde resultó que él fue muerto de los hermanos de Dina, y la ciudad destruida. Refiérese en el capítulo treinta y cuatro del Génesis.
[3] La ama de Josef no se contentó con mostrarse deshonesta, solicitándole a mal, sino que, viéndose desechada y que no correspondía con su voluntad, le levantó testimonio y hizo poner en la cárcel, como parece en el capítulo treinta y nueve del Génesis.
[4] Dalila fue molesta a Sansón por muchos días, no dándole reposo, porque le declarasse en qué consistía su fortaleza. Mostróse indignada, y parecía salírsele la alma hasta que le descubrió el secreto, que era en los cabellos de su cabeça. Y como ella lo entendió, procuró de cortárselos, teniéndole dormido, por donde vino a que le cegaron los filisteos, y al cabo perdió la vida. Es del capítulo diez y seis de los Juezes.
[5] Jezabel, muger del rey Acab, viendo a su marido triste por desseo de la viña de Nabot, y sabiendo que él no quería vendérsela ni trocársela, dio traça como se levantasse contra él un testimonio, por donde fue apedreado y su viña confiscada. Refiérese en el Tercero Libro de los Reyes, capítulo veinte y uno.
[6] Herodías procurava la muerte del Gran Baptista, porque reprehendía a Herodes el cometer con ella adulterio, y de aquí vino que aconsejó a su hija que pidiesse antes su cabeça, que la mitad del reino de Herodes. Y escrívelo San Marcos, capítulo sexto.
[7] Exemplos notables ay en las Divinas Letras de mugeres que se señalaron en particulares virtudes. Entre las cuales pone San Pablo, escriviendo a los | Hebreos, en el capítulo onze, a Raab, que oyendo dezir de los exploradores de Josué, que los buscavan por mandado del rey de Jericó para matarlos, esondiólos en su casa, librándolos de aquel peligro. Y loa su fe el Apóstol en este hecho, y refiérese en el capítulo segundo del Libro de Josué.
[8] Rut Moabitide hizo compañía a su suegra Noemí, siendo muerto su marido, y le dixo:

-Al Dios que adoras, adoro; el pueblo que tuvieres por tuyo, tendré yo por mío.

Y con esto dexó su tierra y fuese a la estraña con ella, siendo ambas la mejor semilla de suegra y nuera de aquel tiempo, y fuera bien que se estendiera por todo el Mundo. Y por lo que Rut hizo, le dio las gracias Booz, que después fue su marido, diziéndole cuando la vido andar espigando en su campo, conociendo quién era:

-Dios te dé entero premio, a quien ocurriste, y cuyo fabor procuraste, por lo que con tu suegra Noemí has hecho.

Es del capítulo primero y segundo.
[9] Michol, hija de Saúl y muger de David, se mostró fuerte y valerosa en que, sabiendo que buscavan al marido por parte del padre para darle la muerte, hizo una figura de hombre que puso en su cama para entretener a los mensajeros, viéndole de lexos, y diziéndoles que se detuviessen, que se avía sentido mal dispuesto, y entretanto le descolgó por una ventana, y se libró de la muerte. Como parece en el Primero de los Reyes, capítulo diez y nueve.
[10] Abigail, muger prudentíssima, estando cierta de que su marido Nabal avía dado mala respuesta a los mensajeros de David, que venían a que los proveyessen con algún refresco de comida, estando en grave necessidad de /(342r)/ hambre, tomando una buena provisión, fue a buscar a David, y hallóle que venía con ánimo de matar a Nabal y destruir su casa. Mas ella fue valerosa, que le aplacó y estorvó aquel daño. Y refiérese en el Primero de los Reyes, capítulo veinte y cinco.

[11] La viuda Saretana, en diversas cosas mostró su valor y virtud. Creyó al profeta Elías en lo que parecía aver grande dificultad, por lo cual no le faltó harina ni óleo en todo el tiempo de la hambre en Israel, que fueron tres años y medio. Es del Tercero de los Reyes, capítulo diez y siete.


[12] La renovación del Mundo y resurrección de los cuerpos confessava y creía firmemente, con mostrarse fuerte y valerosa, aquella admirable muger hebrea, madre de siete hijos, a los cuales vido atormentar cruelmente en un día, y los animava a padecer la muerte por la Ley de Dios. Y refiérese en el Segundo Libro de los Macabeos, capítulo siete.
[13] También son alabadas de piadosas las mugeres en la Sagrada Escritura, como pareció en las parteras de Egipto. Y una hija del mismo Faraón, viendo a Moisés que le avían echado sus padres en una cesta en el río, por temor del rey, compadeciéndose dél, dixo:

-Éste deve ser hijo de algún hebreo;

y adoptóle por suyo. Refiérese en el capítulo segundo del Éxodo.
[14] Una muger sumnamítide, mostrándose piadosa con el profeta Eliseo, le adereçó un aposento en su casa, donde le hospedava, passando por allí diversas vezes, y desta piedad suya llevó el premio con darle Dios un hijo por oración del profeta, y después, aviéndosele muerto, resucitándole. Es del Cuarto de los Reyes, capítulo cuarto.
[15] Atalia, muger crudelíssima, qui- tó | la vida a todos los descendientes de la sangre real, y Josabet, hija del rey Joram, guardó a Joás uno dellos, mostrándose con él piadosa, y vino después a ser rey. Dízese en el Cuarto de los Reyes, capítulo onze.
[16] Compadeciéndose de los hebreos la reina Esther, púsose a grande peligro con el rey Asuero, entrándole a hablar, no obstante que iva contra un mandato suyo, en que ponía pena de la vida a quien entrasse donde él estava no siendo llamado. Entró la reina, y fue su total remedio. Como parece en su Libro, capítulo cuarto y quinto.
[17] Acerca del misterio de la Encarnación del Hijo de Dios, fueron más prontas a creerle mugeres que hombres. Porque Zacarías, padre del Gran Baptista, fue notado de incrédulo del Angel San Gabriel, anunciándole la Concepción de su hijo, y a bueltas, la Encarnación del Salvador del Mundo, y su muger Isabel, al contrario, creyó este misterio, pues luego que la Sagrada Madre de Dios la visitó, exclamó diziendo:

-Bendita tú, Señora, porque creíste.

Y la misma Virgen fue alabada porque creyó al mismo Angel San Gabriel cuando le dixo que concebiría del Espíritu Santo. Y refiérelo San Lucas, capítulo primero. La piedad también desta Señora fue grandíssima, como se vido en querer hallarse en las Bodas de Caná, siendo gente pobre, y faltando el vino, sin ser rogada de alguno, sino de su voluntad, por remediar aquella falta, dixo a su Soberano Hijo:

-Faltado ha el vino.

Y fue parte para que se remediasse. Y puede assí mismo verse su largueza en que, aviendo recebido de los Magos oro, encienso y mirra, que le ofrecieron, después, en su Purificación, a los cuarenta días /(342v)/ de su parto ofreció ofrenda de pobre, por donde se presume que avía ya repartido largamente a pobres la mayor parte dello. Es de San Juan, capítulo segundo, y de San Lucas, también capítulo segundo. Fuerte y valerosa se mostró assí mismo la Madre de Dios, sufriendo el gozo que recibió en la Encarnación de su Soberano Hijo, en su Nacimiento, en la Adoración de los Magos, en su criança, predicación y milagros, y en su Resurrección, y lo mismo en llevar pacientemente el dolor intentíssimo que sufrió en su Passión y Muerte. Refiérelo San Lucas, desde el principio hasta el fin de su Evangelio.
[18] También se mostró valerosa y fuerte María Magdalena, estando presente a la Muerte y Passión de su dulce Maestro Jesucristo, y en ir por dos vezes al sepulcro el día tercero. Y aunque se fueron de allí San Pedro y San Juan, aviendo ido a ver lo que ella les dixo, de que no estava el cuerpo en el sepulcro, ella permanecía en aquel sitio, haziéndola atrevida y osada el amor. Llorava no viendo a su Maestro, y al mismo, que se le apareció en | traje de hortelano, dixo:

-Si tú me le llevaste, dime adónde.

Y hasta que le vido y conoció, no sossegó punto. Es de San Juan, capítulo diez y nueve, y veinte.
[19] Blasfemavan de los milagros que hazía Jesucristo los escribas y fariseos, y una devota muger levantó la boz en alabança suya, y dixo:

-Bendito el vientre donde estuviste y la leche que mamaste.

Es de San Lucas, capítulo onze.
[20] Estimó en más el Hijo de Dios dos monedas baxas que ofreció una pobre biuda en el Templo, que otros grandes dones que ofrecían ricos, porque ella, de lo poco que tenía dio, y en más estima Dios la voluntad de la buena obra, que la cuantidad. Es de San Lucas, capítulo veinte y uno.
[21] Por las muchas limosnas y obras de piedad que hazía Tabita, una piadosa muger, especialmente a biudas, siendo muerta, rogaron éstas a San Pedro llorando que fuesse a donde estava su cuerpo. Y movido de sus lágrimas, fue allá, púsose de rodillas, hizo oración a Dios, y resuscitó. Es del Libro de los Hechos Apostólicos, capítulo nono.
Hasta aquí es de la Divina Escritura. |

[EJEMPLOS CRISTIANOS]

[1] San Hierónimo, escriviendo a Leta, dize: «Una señora muy noble, llamada Pretexta, por mandado de su marido Hiemecio, que era tío de la santa virgen Eustoquio, procurava mucho de vestir y ataviar profanamente a la misma Eustoquio, de peinarle y enrubiarle los cabellos, queriendo por este medio mudar el santo propósito de la virgen, y el desseo de Paula, su madre. Y cierta noche le apareció una persona terrible, y con rostro feroz y airado, le dixo:

-¿Cómo as tenido atrevimiento con essas manos sacrílegas | tocar los cabellos de la virgen? Las cuales, por este pecado, se te secarán si perseverares en tal maldad, y dentro de cinco meses morirás y te condenarás, perdiendo marido, hijos, y tu alma.

Todo ello se cumplió assí, y la muerte acelerada descubrió la falta de penitencia. Y desta manera toma Dios vengança de los profanadores de su templo, y assí defiende las perlas preciosas de las donzellas castas». Lo dicho es de San Hierónimo.
[2] En la Vida de Pedro Ermitaño escrive San Teodoreto que fue a verle /(343r)/ su propria madre del Teodoreto, siendo donzella. Iva galana y afeitado su rostro, aunque tenía un ojo malo, y pretendía que la sanasse, haziendo oración por ella. El santo ermitaño quiso sanarla primero la alma que el cuerpo, y assí la començó a hablar:

-Dime, señora, si un famoso pintor huviesse hecho una imagen muy prima y perfeta, en la cual otro aprendiz pusiesse falta y quisiesse enmendarla echándole borrones, ¿no se enojaría y tendría por agraviado el tal pintor? Claro está que sí. Pues esto hazes tú, que no te contenta la figura que puso Dios en ti, siendo tan buen artífice, sino que la quieres enmendar poniendo sobre ella matizes y afeites, que no son sino borrones con que afeas tu imagen.

Estas razones hizieron tanta impressión en aquella muger, dize el mismo San Teodoreto, que se enmendó en aquel particular y quedó muy prendada en el amor de Dios, y con esto, haziendo la Cruz el ermitaño sobre el ojo enfermo, la dexó sana.
[3] Andrés, obispo de Fundi, en Italia, era varón de inculpables costumbres; en especial, resplandecía en él la virtud de la castidad. Tenía en su casa una monja, de cuya vida inculpable estava bien enterado, siendo esto la causa por que, sin género de escrúpulo, la tuviesse donde él residía y habitava. Mas el antiguo enemigo del linaje humano, el demonio, halló por aquí entrada para hazerle guerra y tentarle, porque la hermosura de su rostro se le iva imprimiendo en la alma, de que resultavan algunos pensamientos lascivos. Sucedió que, viniendo un judío de la provincia de Campania a Roma, y llegando cerca de la ciudad de Fundi, sobrevino la noche, y no hallando dónde recogerse en poblado, viendo | cerca un templo de Apolo, ídolo de gentiles, entróse en él, con determinación de passar allí la noche. Mas, sintiendo desde a poco que estuvo dentro algunos temores ocasionados de aquel sacrílego lugar, aunque no creía el misterio de la Santíssima Cruz, signóse con ella, como avía visto signar a los cristianos. Y a la media noche, estando despierto, haziéndole el temor huir el sueño, vido entrar un acompañamiento y escuadrón de demonios, delante de un príncipe dellos, a quien todos respetavan. El cual, assentándose en un lugar eminente, començó a tomar cuenta de los hechos que cada uno de aquellos infernales espíritus avían hecho. Todos davan de sí razón, refiriendo males y daños gravíssimos que avían perpetrado, especialmente tentando a personas de buen crédito y reputación, que es lo que ellos en más estiman, si alcançan de alguno victoria. Llegó entre otros uno, y declaró que avía tomado muy a cargo de hazer caer en culpa carnal a Andrés, obispo de Fundi, con ocasión de la monja que tenía en su casa, y que ya andava ocupado en imaginaciones sensuales, y cerca de caer en tentación culpable. Oyendo esto el demonio presidente, y viendo la grande ganancia que se hazía en la caída de hombre tan eminente y principal, mostró señales de contento, y acarició aquel demonio, el cual añadió y dixo:

-El negocio ha llegado a este punto, que el día passado a hora de Vísperas, con grande gusto y contento del obispo, dio una palmada blandamente a la monja en las espaldas.

Oído esto por el príncipe infernal, muy más agradado de lo que aquel demonio avía hecho, encareciendo su obra y levantándola sumamente, le encargó que persistiesse /(343v)/ en lo començado, y que si alcançava victoria del obispo, le concedería palma y corona entre todos los demás tentadores. Con esto, mandó que se advirtiesse si alguno avía oído lo tratado en aquella junta. El judío, que muy despierto y alerto lo avía oído y visto, estava como muerto de miedo, y su temor creció más, oyendo dezir que se buscasse si estava allí presente. Y siendo visto por los demonios exploradores, muy admirándose, dixeron:

-¡Oh! ¡Oh! ¿Qué es esto? ¿Echáis de ver que está el vaso vacío y signado?

Con esto desapareció aquella caterva de demonios, y el judío, cobrando aliento, siendo de día fue al obispo, y hallándole en su iglesia, apartóle a un cabo y preguntóle si sentía en sí alguna tentación. Negava el obispo con vergüença tenerla. Añadió el judío:

-¿No as puesto los ojos lascivamente en una monja?

Todavía el obispo lo negava, y el judío prosiguió diziendo:

-¿Por qué lo niegas? Ayer tarde, ¿no le diste blandamente una palmada en las espaldas?

No pudo negar la verdad el obispo, y assí, muy confuso y avergonçado, confessó lo que antes negava. El judío le descubrió todo lo que avía visto y oído en la junta de demonios, por lo cual el obispo Andrés, muy confuso, se derribó en tierra y hizo oración con lágrimas y contrición grande, y levantado della despidió de su servicio y echó de su casa, no sólo a la monja, sino a otras mugeres que estavan con ella, y en el templo de Apolo edificó una Iglesia de San Andrés Apóstol. Y al judío que le avía sido ocasión de todo esto, le reduxo a la Fe y baptizó, y assí, este infiel, que procuró la salud espiritual agena, halló la propria, y Dios Omnipotente concedió Vida Eterna al que procuró que otro viviesse buena vida. | Lo dicho es de San Gregorio, libro tercero de sus Diálogos, capítulo séptimo.
[4] Cerca de la ciudad de Cesarea de Palestina, en un monte habitavan algunos monges solitarios, y entre ellos Martiniano, el cual de diez y ocho años dexó la ciudad, y avía permanecido en soledad veinte y cinco, viviendo angelical vida, por donde vino a ser favorecido de Dios, dándole gracia de lançar demonios de cuerpos de hombres, y sanarlos de diversas enfermedades, y su fama bolava por todas partes. Sucedió que, estando hablando de su santidad unos hombres en la ciudad de Cesarea, passó acaso una muger mundana, y conociendo al de que hablavan, instigada por el demonio, llegóse a ellos, y díxoles:

-¿Qué es lo que os admira en esse hombre, que como bestia salvaje se ha ido al desierto y encerrado en una cueva? Cierto es que si no ay fuego, que no arderá el heno. En el desierto no vee mugeres, y no viéndolas, possible es que sea casto. Dexadme que yo me vea con él y le hable, y si no mudare propósito, yo quedaré por de mal juizio.

Esto dixo aquella muger. Fuese a su casa y vistióse un vestido de saco, ciñóse una soga, tomó un bordón, y con unos vestidos ricos y preciosos encubiertos se fue a la ermita de Martiniano, llegando a ella al tiempo que anochecía. Llamó, hizo algunos fingimientos, recelándose de ser comida de fieras, de modo que Martiniano, muy confuso y lleno de temor, aviendo primero hecho oración a Dios, abrió la puerta y diole lugar a que entrasse. Hizo lumbre, por ser tiempo de frío, en que se calentasse, púsole allí algunos dátiles que comiesse, diziéndole que mirasse por sí, y que como viniesse el día fuese /(344r)/ en paz su camino. Y hecho esto, entróse en un apartado que tenía la celda, donde dixo algunos salmos, y recostóse en la tierra, como era su costumbre, a dormir. Mas el demonio le atormentó con imaginaciones carnales malíssimas, teniéndole desvelado toda la noche con grande tormento suyo. Venida la mañana, levantóse para echar de su celda la muger. Ella se avía adornado con los adereços que truxo encubiertos, y viéndola él, no conociéndola, preguntóle:

-¿Quién eres tú? ¿Cómo entraste aquí?

Ella respondió:

-Yo soy, señor mío, la muger que acogiste ayer tarde aquí.

-¿Pues por qué mudaste -dixo el santo- el vestido despreciado con que ayer te vi, en el sobervio con que oy te veo?

Ella replicó:

-Yo, señor mío, soy de Cesarea, y por aver oído dezir de ti que eres de linda presencia y de hermoso parecer, mi coraçón se abrasava en desseo de verte. A esto fue mi venida, y he padecido mucho trabajo, lo cual doy por bien empleado, pues te he visto. Quiero aora, señor mío, que me digas qué pretendes en hazer vida de tanta aspereza. ¿A qué propósito ayuno tan largo? ¿Por ventura la Ley de Dios veda el comer y bever, veda el matrimonio? El Apóstol San Pablo, escriviendo a los Hebreos, ¿no dize que son honorables las bodas, y sin mácula el lecho de los casados? ¿Cuál de los Patriarcas, si bien se considera, no fue casado? Enoch, que vive oy, casado fue; Abraham, tan amado de Dios, tres mugeres tuvo, Isaac, una, y Jacob, dos hermanas y dos concubinas, con quien también se casó; Moisés y David, casados fueron. A ninguno déstos le fue estorvo el matrimonio para entrar en el Cielo.

Esto dixo aquella muger instigada del demonio, junto con asirle las manos, con que pu- do | vencerle, de manera que vino a dezir:

-Si me casasse contigo, ¿con qué tengo de sustentarte, que soy pobre?

La engañosa muger respondió:

-Señor mío, de esso ningún cuidado tengas, goze yo de ti, que casa tengo, y oro y plata en grande abundancia, possessiones con esclavos y esclavas, de lo cual todo te haré señor, y no es mucho que dé esto todo a quien he dado mi coraçón.

Este golpe fue tan poderoso que Martiniano se rindió, y tratava cómo se haría el pecado. Dixo a la muger:

-Espera un poco, veré si viene alguna persona, y ya que el pecado no se puede encubrir a Dios, deve encubrirse a las gentes, para que no se escandalizen y se les dé mal exemplo.

Salió de su celda Martiniano, y púsose a mirar si subía gente al monte, y miróle Dios con ojos piadosos. Diole un impulso vehemente, para que advirtiesse por qué y a quién ofendía. Bolvió a la ermita, y tomando un haz de sarmientos, púsole fuego, y levantándose la llama, descalços los pies, se puso en medio della, adonde no sólo los pies, sino parte de su cuerpo se començó a quemar, y muy llagado salió de allí. Y habló consigo, diziendo:

-¿Qué es esto, Martiniano? Bueno te ha parado este fuego con ser breve el tiempo que as estado en él. Si piensas sufrir el del Infierno, que es eterno y comparado éste con él es como pintado, huélgate con aquella muger, que el proprio camino es para ir allá.

Esto dixo, y de nuevo tornó a entrar en el fuego, quedando tan abrasado, que saliendo dél, sin poderse tener en los pies, cayó en el suelo, començando a gemir y llorar, pidiendo a Dios perdón por el pecado que en su coraçón avía ya cometido, pues a Él ninguna cosa se le encubría. Todo esto vido la muger, y tocándole Dios el coraçón, /(344v)/ desnudándose los vestidos profanos, los echó en el fuego, y vestida del sayal que allí truxo, se derribó en presencia de Martiniano derramando arroyos de lágrimas, diziendo:

-Perdóname, siervo de Dios, que soy una miserable pecadora. Ruega a Dios por mí, y entiende que no tengo de bolver a la ciudad. El demonio procuró que yo te hiziesse guerra, yo procuraré hazérsela a él con el favor de Jesucristo, mi Señor.

Derramava de nuevo lágrimas, pidiendo a Martiniano que le dixesse adónde iría que pudiesse hazer penitencia de sus pecados. Él le dixo que se fuesse a la ciudad santa de Jerusalem y que preguntasse por una donzella llamada Paulina, que avía fundado un monasterio, que la hablasse y de su parte, para que la recibiesse en él. Y assí lo hizo, y por doze años vivió santamente. Llamávase Zoe, y acabó bien. Martiniano estuvo siete meses en sana de las llagas que le hizo el fuego, púsose a considerar el peligro en que le avía puesto aquella muger, parecióle que le convenía irse a parte donde otra alguna no pudiesse llegar. Hizo oración a Dios, y al tiempo que se iva de la celda, dávale grita el diablo, llamándole «pies quemados», y que iva corriendo. Añadía:

-Huyes, Martiniano. Pues a dondequiera que vayas iré contigo y te perseguiré.

El santo le dixo:

-Miserable, calla, que desta vez no tienes que alabarte, pues te quité las armas con que pensaste vencerme. La muger que truxiste para mi destruición será tu confusión.

Llegó al mar y vídose con un marinero temeroso de Dios, y concertándose con él, le puso en una roca bien dentro del mar, proveyéndole de hojas de palma para que allí hiziesse espuertas, y por ellas le traía a tiempos provisión de comida y agua. Quiso | el marinero traerle madera con que fabricasse una choça en que se defendiesse del sol y de la pluvia, y no lo consintió; antes, sin defensa alguna passava allí su vida, abrasándole el Sol del verano y consumiéndole el frío del invierno. Todo lo sufría Martiniano de buena gana por parecerle que estava allí seguro de tentaciones de mugeres, que las temía más que al demonio. Sucedió que un día vido venir un navío, y llegando cerca de la roca, levantóse un viento grande que le hundió. Y de los que venían en él, una hermosa donzella asida de una tabla llegó a la roca, y viendo en ella a Martiniano, pidióle por el Señor a quien servía en aquella aspereza, se doliesse della, y la ayudasse a salir del mar. Martiniano, visto que no tenía remedio de otra parte, diole la mano y subióla en la peña, sonriéndose por ver que era éste trato del demonio. Cuando la tuvo consigo, viéndola que era muy hermosa, díxole:

-El heno y el fuego no pueden tener buena compañía. Quédate aquí, muger. Pan y agua tienes hasta que venga un marinero que suele visitarme y proveerme. Como él sea venido, en su barca puedes salir a tierra.

Hizo una devota oración pidiendo a Dios le favoreciesse en lo que pretendía hazer, y con moción suya, signándose con la Señal de la Cruz, se lançó en el mar. La muger quedó en la roca hasta que el marinero vino, con el cual se concertó que le truxesse lo que a Martiniano traía, y ella trabajaría de manos. Llamávase Fotina, estuvo allí seis años y murió en el Señor. Luego pues, que Martiniano se echó en el mar, proveyó Dios de dos delfines que le sacaron a tierra, y allí dio gracias a Dios por el peligro de que le avía librado, y dixo:

-¿Qué es esto? ¿Ni en /(345r)/ el desierto me ha de dexar Satanás? ¿Ni en el mar tengo de estar seguro? Bien será hazer lo que Cristo aconseja en su Evangelio: «Si os persiguieren en una ciudad, huid a otra». Ea, pues, Martiniano, huye la tentación porque no se apodere de ti, y te derrible y atropelle.

Determinóse de andar siempre peregrino. No llevava consigo cosa alguna de lo necessario para la vida humana. Donde le tomava la noche, allí parava. Si era en poblado buscava algún varón pío que le diesse un breve sustento; si en los campos, raízes de árboles o yervas silvestres eran su comida. No faltava en su oración, como cuando estava en el desierto o en la roca. Desta manera anduvo dos años, y al cabo se halló en Atenas, aviendo visto ciento y sesenta y cuatro ciudades. Y sabiendo por revelación que se le llegava su muerte, entró en una iglesia, habló con cierto obispo a quien Dios avía descubierto quién Martiniano era, comunicó con él su vida, confessándose, y recibió el Divino Sacramento, y en presencia del obispo, haziendo la Señal de la Cruz y diziendo: «En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu», dio su alma a Dios. Su cuerpo fue sepultado como de santo. Dízelo Simeón Metafraste en su Vida, la cual está más copiosa en la Primera Parte del Flos Sanctorum, entre los Santos extravagantes.

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