De Alonso Fructus Sanctorum y Quinta Parte del Flos Sanctorum (1594),de Villegas



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[5] Hugón, obispo de Grenoble, en Francia, en confessiones de mugeres tenía grande cautela, no oyéndolas en rincones ni lugares escuros, sino donde pudiesse ser visto de muchos, y aunque ponía diligencia en oír sus culpas y entenderlas, mas apartava dellas su vista. Y en esto de no mirar a mugeres fue siempre recatado, que | viniendo a tratar con él negocios de importancia algunas señoras de mucho lustre, nunca las miró a los rostros. Y assí, no avía en todo su obispado muger a quien conociesse de vista, excepto una vieja que servía en su casa, porque dezía que con dificultad dexaría de tener malos pensamientos quien no fuesse diligente en refrenar los ojos, pues entra, como dize Jeremías, por ellos la muerte diversas vezes. Y que no sólo de mugeres se ha de apartar la vista, sino también de hombres deshonestos, porque assí como el que pone los ojos en un hombre airado parece que toma ira, y el que mira al que está triste, se entristece, assí, de mirar a un deshonesto, parece que se pega su deshonestidad. Y tiene harto quehazer un hombre en vencer sus proprias passiones, sin encargarse de las agenas, y querer guerrear con ellas. El mismo que escrivió su Vida, que fue Guidón Quinto, prior de la Cartuxa, por mandado del Papa Inocencio Segundo, dize que hablando con él su madre, y preguntándole si avía podido quitarle algunas vejezes que tenía, respondió:

-Ni aun miré si era vieja o moça.

También vino una señora principal a tratar con él cierto negocio importante, y aviendo estado algunas hora hablándole, cuando fue ida, dixéronle sus familiares, siendo personas de mucha virtud las que traía siempre consigo, si avía reprehendido a aquella muger el afeitarse el rostro con grande excesso, dando que murmurar a todos los que la miravan. Él respondió:

-Verdaderamente que no la miré el rostro, ni vi si venía afeitada.

Por exemplo maravilloso puede escrivirse que fuesse obispo Hugón sobre cincuenta años, y que por ser hombre /(345v)/ de muchas letras y santo, ocurrían a él a tratar negocios de sus consciencias diversas mugeres, y que a ninguna conociesse el rostro, sino a la que servía en su casa. Refiérelo Surio, tomo segundo.
[6] Marcio, solitario en Campania, avía determinado de no mirar a muger alguna. Y no lo hazía por tener en poco y menospreciar su estado, sino por escusar la tentación y vicio que resulta a las vezes de su vista. Oyó esto cierta muger, y con atrevimiento y osadía loca fue a su celda y púsose a una ventana della. El santo monge, que de lexos avía visto el vestido de la muger, derribóse en tierra, juntando sus ojos y boca con ella, y assí estuvo orando todo el tiempo que la muger se detuvo en su ventanilla, hasta que, cansándose ella, tuvo por bien de irse y dexarle. Mas deste atrevimiento llevó castigo del Cielo, porque el mismo día murió repentina y subitánea muerte, y fue indicio de la ofensa que hizo a Dios en afligir su siervo con aquel su loco atrevimiento. Es de San Gregorio, en el tercero libro de sus Diálogos, capítulo diez y seis.
[7] Crióse en el desierto y en religión desde que se apartó de los pechos de su ama, un moço, y siendo de quinze años, llevóle una vez su abad a la ciudad. Donde, viendo en una calle que estavan bailando ciertas mugeres, preguntó al abad qué era aquello. Respondióle que ánades. Buelto al monasterio, estava triste. El abad le preguntó la causa de su tristeza, y con qué se alegraría. Respondió él, con toda la sinceridad possible, que con las ánades que vido en la ciudad. El abad habló con los monges, y díxoles:

-Considerando, hijos míos, atentamente cuán peligrosa sea la vista de las mugeres, | pues este moço, que nunca vido algunas dellas, criado en el desierto entre religiosos, de averlas una vez visto se estava abrasando en concupiscencia; David, que puso libremente los ojos en una muger, y cometió adulterio y homicidio; ¿quién habrá que presuma de sí que puede verlas y comunicarlas frecuentemente sin daño?

Bien parecido es a lo que se dize de cierto rey, que le nació un hijo, y echando juizio algunos astrólogos en su nacimiento (aunque con vanidad y falsamente, por ser negocio reprovado), dixéronle que si en diez años veía la luz del Sol, moriría. Él, por les dar crédito, hízole criar dentro de una cueva. Y passado este tiempo, salió el moço, y admirávase de todo lo que veía. Vido mugeres galanas y preguntó qué cosa eran. Y con malicia respondieron que eran demonios, que llevavan almas al Infierno para ser atormentadas con fuego. Estando después en la presencia del rey, su padre, y preguntándole que de lo que avía visto, qué era lo que mejor le parecía y agradava más, él respondió que los demonios que llevavan almas al Infierno. Véase la fuerça que haze la vista de mugeres. Lo dicho se refiere en el Promptuario de exemplos.
[8] Puso los ojos una muger en cierto clérigo gentilhombre y dispuesto, y con ellos le entregó su coraçón; era de linaje y muy rica. Buscó medios como tratarle, y al cabo le ofreció su persona, con el señorío y mando de toda su hazienda, y todo lo menospreció el buen clérigo. Y porque diversas vezes la despidió de sí con mucha afrenta, buscó testigos falsos y acusó al inocente sacerdote delante de juez competente, el cual le puso en una torre alta por prisión. Y no contenta con esto, buscó la infernal /(346r)/ muger modo como secretamente verse con él, y allí menos el nuevo Josef consintió con su desseo, sino que resistió valerosamente a sus pretensiones torpes. Ella, más indignada y ya determinada de le hazer morir, no quiso salir de allí del modo que entró, sino aguardó el día para ser vista del proprio juez, a quien dixo que por ser aquel hombre hechizero y encantador, la avía traído allí desde su casa por arte del diablo. La aparencia del hecho hizo que se creyesse, y assí el santo y ya mártir en la voluntad, para serlo en el hecho y obra, fue entregado al braço seglar, para que como hechizero fuesse quemado. Estando en el palo y començando a arder la leña, oyeron que en boz alta rezava la oración de la Ave María. Llegó un pariente de la mala muger, indignado contra él, y tomó un palo ardiendo, diziendo:

-Yo le quitaré de la boca las oraciones.

Y púsosele dentro della, con que espiró. Quedaron allí sus huessos sin ser quemados, y sepultándolos, hazía Dios muchos milagros en el lugar donde estavan. Es del Promptuario de exemplos.
[9] Una muger que avía vivido deshonestamente cayó enferma, y estando cercana a la muerte, fue arrebatada en espíritu y puesta delante de un juez riguroso. Donde, siendo acusada de graves delitos, ella levantó las manos pidiendo misericordia. El juez, compadeciéndose della, díxole:

-¿Qué me pides? Dame un dedo, que yo te daré la mano (Fue dezirle: «Dame palabra de la enmienda, que yo te daré mi gracia»).

Bolvió en su sentido y refirió lo que avía visto a una noble matrona, la cual le dixo:

-Harto as sido amonestada. Enmienda tu vida.

Quedó sana, y el temor la dexó, dexándola la enfermedad, de modo que bolvió a lo passa- do. | Y assí, a la amenaza se siguió el açote, porque cayó de nuevo enferma, y padeció graves tormentos. Vino a morir, y estando su cuerpo amortajado, començaron a su puerta dos grandes perros a morderse, y juntándose allí otros muchos perros, entraron de tropel donde estava el cuerpo, y començaron a despedazarle, y fue necessario llegarse mucha gente a defenderle y echarlos de allí, para que no se le comiessen. Sepultaron el cuerpo, bolvieron los perros y desenterráronle, y acabáronsele de comer. Lo que su miserable alma padecía entretanto, también se dexa entender que sería mucho, pues el cuerpo era assí tratado. Lo dicho se refiere en el Promptuario de exemplos.
[10] Vivían dos casados nobles y ricos sin hijos; pidieron a Dios les diesse uno, ofreciéndosele con voto de servicio. Tuvieron uno, y de pequeño le pusieron en un monasterio, donde se crió y hizo professión a su tiempo y vivía santamente. Los padres se exercitavan en dar largas limosnas. Y aunque después que tuvieron el hijo propusieron de vivir castamente, la muger quebrantó este propósito, y la ley del matrimonio, de modo que por dos vezes concibió y parió dos hijos, a los cuales luego que nacían quitava la vida, por encubrir sus adulterios con las gentes, creyendo que con Dios los tenía perdonados por las limosnas que hazía solamente, sin tener dolor dellos ni confessarlos, en lo cual murió impenitente y se condenó. Hazía por ella oración su hijo, y dezía Missas. Al cual ella se apareció ardiendo su cuerpo en vivas llamas, y rodeada de dos dragones que le ceñían el cuerpo, y tenían las bocas aferradas a sus pechos. Preguntóle el /(346v)/ hijo, harto afligido de verla assí, por su estado, y respondióle que era condenada para siempre, porque confiada solamente en sus limosnas, sin confessión ni dolor de sus pecados salió desta vida. Preguntóle qué dragones eran los que tenía ceñidos a su cuerpo, y dixo ser pena de aver muerto dos hijos, a los cuales devía criança y dar sustento de sus pechos. Es del Promptuario.
[11] Concibió una muger que tenía buena fama, y por encubrir su pecado procuró matar al niño que estava animado en sus entrañas, y añadiendo a un mal otro, cayó enferma. No quiso confessar este pecado, condenóse y aparecióse después a una parienta suya, sierva de Dios, y traía en sus manos un niño ardiendo. Preguntada la ocasión, dixo:

-Por el infante animado que maté en mi vientre, se me ha dado por parte de castigo que traya una figura suya siempre ardiendo en mis manos. Y si deste pecado yo me confessara, aunque gravíssimo, alcançara dél perdón.

Y colígese deste exemplo, y es verdad | católica, que los pecados que no se descubren en este Mundo por la Confessión Sacramental, en el otro se pagan con confessión penal. Es del Promptuario de exemplos.
[12] Un usurero, casado con cierta muger de linaje, estando enfermo, confessóle un fraile de Menores y mandóle restituir grande parte de su hazienda. Y por dezir que lo haría, y creer que lo cumpliría, estando cercano a la muerte, absolvióse. Sabido por la muger, lamentóse en su presencia, y díxole tales razones, que le hizo revocar el testamento. Tornó el fraile a visitarle, y sabiendo lo que passava, y viendo que no le podía traer a lo bueno, díxole:

-Pues tú revocaste lo que tenías bien ordenado, yo también, de parte de Dios, reboco la absolución que te di de tus pecados.

Y dicho esto, entró un cuerbo donde estava el miserable usurero, y aserrando con él, le quitó la vida. Refiérese en la Segunda Parte de las Crónicas de los Menores, libro cuarto, capítulo segundo. |

EXEMPLOS ESTRANGEROS

[1] Salieron los escitas a una guerra en tierra distante, donde se detuvieron veinte y ocho años, y volviendo a sus casas, hallaron que las mugeres, cansadas de esperarlos, se avían casado con los esclavos que dexaron para guarda y servicio dellas; los cuales se pusieron en armas contra sus señores, y se defendían bien. No faltó quien dixo a los demás:

-Éstos no temen nuestras armas. Tome cada uno de nosotros un açote, y viéndolos, y acordándose que los solíamos açotar, temernos han.

Házenlo assí, y viendo los açotes los esclavos, con grande miedo huye- ron, | por donde los escitas cobraron mugeres y ropa. Dízelo Heródoto, libro 4.
[2] Cleobulo, referido por Diógenes Laercio, dize que es cosa dañosa dezir palabras de loa y amorosas a mugeres estando solas, porque se entonan oyéndolas, y lo mismo reprehenderlas en público y oyéndolo otros, porque lo sienten mucho.
Pudiéranse poner en este Discurso exemplos notables de mugeres valerosas, assí en virtudes, como en hechos hazañosos, y remítense a otros Discursos proprios de tales hechos y virtudes.
Fin del Discurso de Mugeres. /(347r)/

DISCURSO CINCUENTA Y SEIS. DE NOBLEZA

Para entrar en el Discurso de Nobleza se advierta que es Dios buen amigo, que remedia nuestras necessidades y suple nuestras faltas. No mira tanto a nuestras manos para ver qué le damos, ni a los ojos para ver si le miramos, ni a la boca para ver qué le dezimos, como al coraçón, para ver si le amamos. Dize la Escritura que miró Dios a Abel y a sus dones; primero que a sus dones miró a Abel, que se los ofrecía, y porque estava en su gracia y era su amigo, le agradaron los dones. Al contrario de Caín, que menospreció su ofrenda por no darle gusto la persona. También no pesquisa si es hijo de noble, de ilustre, de sangre real, no mira quién ha sido; sólo quiere ver qué tal ha de ser. No pregunta de adónde viene, sino adónde va. No se desprecia Dios de tener por amigo a Lázaro, plagado, a Magdalena, pecadora, a Mateo, arrendador, a la Samaritana, adúltera, a la cananea, pagana, a Simón, que era leproso, y a Dismas, que fue ladrón. Este Discurso trata de Nobleza, la cual, según sentencia de Platón, procede de cuatro partes: la primera, de los que nacieron de padres ilustres, buenos y justos; la segunda, de los que tuvieron padres poderosos, como príncipes y reyes; la tercera, de los que son, o por fama, o por opinión, celebrados, o por | hechos notables en la guerra y aver ganado coronas de vencimiento; la cuarta y más prestante, cuando uno, no por ageno valor o virtud, sino por averlo ganado por sí, es tenido por noble.

[EJEMPLOS DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS]

[1] Por aver hecho Saúl agravio a algunos de los que llamavan gabaonitas, como parece en el Segundo Libro de los Reyes, capítulo veinte y uno, siendo muerto para que aquel daño se satisfiziesse, tomó Dios castigo en el pueblo hebreo, quitándoles la agua del Cielo, por donde vinieron a pedecer hambre. Consultó David, que tenía ya el reino, aquel caso con Dios, Nuestro Señor, y fuele mandado que pusiesse en palos a algunos del linaje de Saúl, pues ya él era muerto, para satisfazer por las muertes que injustamente avía dado a los gabaonitas, y David mandó poner en siete cruzes a siete de aquel linaje. Vínoles a éstos semejante daño por ser nobles y de linaje real, pues perdieron las vidas por esta ocasión, y assí, la nobleza, aunque es bien de naturaleza, no siempre es provechosa y haze bien al que la tiene, y por lo mismo no deven tanto gloriarse con ella como algunos se glorian.
[2] Los dos primeros reyes de Israel fueron Saúl y David. A David le llamaron del ganado para ungirle por rey, y Saúl, saliendo a buscar unas asnas que se avían perdido a su padre Cis, fue ungido y señalado para ser rey, como lo fue. En ambos començó la nobleza, y refiérese en el Primero Libro de los Reyes, capítulo 9 y 10.
Lo dicho se coligió de la Divina Escritura. |

[EJEMPLOS CRISTIANOS]

[1] Alabando un orador al rey don Alonso de Nápoles de mucha nobleza, porque era hijo de rey, nieto de rey, hermano de rey, y él rey, díxole:

-De ninguna cosa yo tan poco me precio como de lo que tú en tanto estimas y precias. Porque essa loa no es mía, sino de mis mayores, los cuales con jus- ticia, | con moderación, y con virtud excelente ganaron los reinos; y a sus sucessores los reinos son carga, y seríales honra si no tanto por testamento de los passados, como por virtud propria, los posseyessen.

Dízelo Panormitano en el libro segundo de los Hechos del mismo rey don Alonso. |

EXEMPLOS ESTRANGEROS

[1] Licurgo, legislador de los lacedemonios, desseando que sus ciudadanos se exercitassen en obras virtuosas, teniéndolos un día juntos, les dixo:

-Ninguna cosa, o ciudadanos, nos aprovechará la nobleza y el linaje de Hércules, de donde descendimos, si no procuramos con todas nuestras fuerças hazer obras semejantes a las que él hizo, por donde alcançó renombre en el Mundo de valiente y justo, y assí, toda la vida nos exercitemos en cosas justas y honestas.

Halló camino el varón ingenioso con razones filosóficas, como pusiesse delante de los ojos una imagen de virtud, porque más penetran los ánimos y más mueven las cosas que se veen que las que se oyen. Y lo que Licurgo hizo en la ciudad con sus ciudadanos, deve hazer cualquier padre de familias en su casa, y cualquiera que tiene súbdi- tos | con ellos. Dízelo Plutarco, In Laconicis.
[2] Los egipcios, griegos, escitas, persas y lidos, a todos los oficiales tenían por ignobles, y a todos los que exercitavan la milicia, por nobles. Dízelo Alexandre de Alexandro, libro quinto, capítulo diez y ocho.
[3] El emperador Nerva, como entendiesse que le andavan por matar y quitar el imperio, llevó al Capitolio a Trajano, haziéndole príncipe, y luego en el Senado le nombró César. Culpávanle algunos porque, teniendo deudos y naturales de Italia, les anteponía el que era estranjero y español, no aviendo tenido otro de semejante tierra en aquel estado. Él dixo que la virtud se devía anteponer a la nobleza romana. Dízelo Xifilino, en la Vida de Nerva, y Fulgoso, libro octavo, capítulo diez y seis.
Fin del Discurso de Nobleza. |

DISCURSO CINCUENTA Y SIETE. DE OBEDIENCIA

Iva Gedeón a la batalla contra los madianitas, como parece en el capítulo séptimo del Libro de los Juezes, y estando apurado su | exército, y con poca gente, mandóles que hiziessen todos lo que viessen hazer a él, y assí lo hizieron. Quebró él su cántaro, ellos también. Sacó su hacha encendida, ellos también. Y por serle tan obedientes, ganaron la victoria junta- mente /(348r)/ con él. Cristo, Salvador Nuestro, esto pide, lo que Él hizo. Él que quisiere victoria de sus enemigos obedezca a Cristo, mire lo que Él hizo, y hágalo, que esso le manda que haga. En este Discurso se verán exemplos de Obediencia y castigos de Desobediencia.

[EJEMPLOS DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS]

[1] Queriendo Dios que el hombre viviesse en obediencia, aun en el estado de la inocencia, luego que le formó, le puso precepto, vedándole la comida de cierto árbol, y porque fue desobediente, castigó con severidad. Echóle del Paraíso, sujeto a muerte y a otros muchos trabajos y miserias, comprehendiéndole a él y a toda su posteridad. Es del Génesis, capítulo tercero.
[2] Abraham, por obedecer a Dios, dexó la patria, su casa y parientes, circuncidándose a sí y a todos los varones de su casa. Puso a Isaac, su hijo, a quien amava tiernamente, el cuchillo a la garganta para degollarle, y hiziéralo si Dios, que se lo avía mandado, no lo estorvara. No dixo: «En Isaac, Señor, me avéis prometido grande generación, ¿pues por qué me mandáis que muera?». No dixo: «¿Cómo se compadece que el padre ensangriente sus manos en la sangre de su hijo?». A todo calló, y procuró cumplir lo que Dios le mandava como buen obediente, y enséñanos en esto que no se ha de argüir el mandato de los superiores, sino de cumplir. Y es del capítulo doze del Génesis, y de los siguientes.
[3] Al rey Saúl le fue mandado de parte de Dios que destruyesse el reino de Amalec. Perdonó al rey Agag, y por castigo de su desobediencia perdió el reino. No se cumple con la ley si queda algo por hazer, y a quien Saúl perdonó, Samuel degolló, para enseñar que la crueldad es piedad cuando se haze lo que Dios manda. Es del Primero de los Reyes , capítulo quinze. |
[4] Al rey Acab habló un profeta de parte de Dios; reprehendióle ásperamente, porque aviendo vencido a los de Siria, dexó libre a su rey Benadab, siendo digno de muerte, y entre otras palabras, le dixo:

-Será tu alma por su alma, y tu pueblo por su pueblo.

Que fue dezirle: «Porque le perdonaste la vida, perderás la tuya, y tu pueblo padecerá, porque el suyo no padeció». Es del Tercero de los Reyes, capítulo 20. Y en el mismo lugar se dize de un profeta, que pidió a otro de parte de Dios que le hiriesse, y porque no lo hizo, le amenazó que sería muerto de un león, y assí se cumplió. Díxolo a otro, y hirióle, y éste vivió. Y de aquí se infiere que es grave pecado, por querer mostrarse alguno piadoso, desobedecer a Dios. Adviértelo Marulo, libro cuarto.
[5] Jehú, rey de Israel, porque cumplió el mandato de Dios de que destruyesse la casa del mal rey Acab, mereció oír:

-Tus hijos reinarán en Israel hasta la cuarta generación.



Y assí sucedió, de modo que fue su obediencia provechosa a sus hijos y descendientes. Es del Cuarto de los Reyes, capítulo dézimo.
[6] Amasías, rey de Judá, teniendo hecho un campo copiosíssimo contra los de Siria, por el dicho de un profeta, que le habló de parte de Dios, despidió cien mil soldados de las Diez Tribus, y con solos treinta mil de la Tribu de Judá acometió al enemigo y le venció, y fuera él vencido con la una y otra gente si desobedeciera. Y vídose en que, quedando sobervio con esta victoria, como menospreciasse otro mandato que le truxo el mismo profeta, en otra jornada que hizo contra el rey Joás de Israel, fue vencido y preso, y conoció cuánto le aprovechó primero el obedecer, pues tanto el no obedecer después le dañó. Es del Segundo del Paralipomenon, capítulo 25. /(348v)/
[7] Los recabitas eran obedientíssimos a los preceptos de Jonadab, su padre, y por mandárselo él, no bevían vino, no edificavan casas, ni sembravan pan, ni plantavan viñas, sino que andavan peregrinando, viviendo en tabernáculos o tiendas de campo. Y si éstos cumplían mandatos tan dificultosos por ser de su padre, cuánto es digno de reprehensión el que los mandatos de Dios, muy más fáciles, los menosprecia. Miró Dios la obediencia destos recabitas a su padre, y la desobediencia de los judíos a sus mandamientos, e increpando por un profeta la inobediencia déstos, amenazólos con captividad, y promete a los otros que siempre estarían en su presencia, sirviendo algunos dellos de ministros en el templo. Y si assí remunera Dios a quien obedece a su padre, cuánto más remunerará a los que obedecen al mismo Dios. Es de la Profecía de Jeremías , en el capítulo treinta y cinco.
[8] El mismo Jesucristo, Salvador Nuestro, nos dio exemplo de obediencia. De quien dize San Lucas, capítulo segundo, que estava obediente a Josef y a la Sagrada Virgen. Y San Pablo, escriviendo a los Filipenses, dize que se hizo obediente hasta la muerte, y muerte de Cruz. Por San Juan, capítulo cuarto, hablando de sí el Hijo de Dios, dize: «Mi manjar es hazer la voluntad del que me embió»; y en otra parte: «No quiero -dize- mi voluntad, sino la de mi Padre, que me embió»; y en otra: «Descendí del Cielo, no para hazer mi voluntad, sino la del que me embió». Y hablando con el Padre en el huerto, dixo: «No lo que yo quiero, sino lo que Tú quieres se haga». Esto todo dixo para que entendamos que la voluntad divina se ha de preferir a la humana, y a los afectos de la carne, los del espíritu. |
[9] Grande fue la obediencia de los Apóstoles. No avían visto hazer milagros, ni les avían prometido el Reino de los Cielos; en el punto que los llamó, dexando todas las cosas, le siguieron, y de tal suerte se juntaron con su Magestad, que ninguna adversidad o persecución fue parte para dexarle y apartarse dél por mucho tiempo, porque el que una vez gusta de veras cuán suave es el Señor, todas las demás suavidades menosprecia fácilmente. Ni fue pequeña señal de obediencia cuando en el desierto, estando assentados cinco mil hombres, mandó darles de comer cinco panes de cebada y dos peces, que era todo lo que todos tenían, y sin guardar cosa para sí, le obedecieron, sin dezir: «Poco es para tantos. Comerán cinco dellos, los demás burlarán de nosotros»; sin alegar: «Y cuando lo diéremos, ¿qué será de nosotros? Que éstos perezcan, tienen su merecido en salir al desierto sin provisión. Y no perezcamos nosotros, dando lo que traíamos, que aunque poco, bastará hasta buscar más de otra parte». Nada desto dixeron, sino que obedecieron, y por ser obedientes, mucho más recibieron. Lo que dieron fue cinco panes, y recibieron doze espuertas de pan. Después, embiándolos a predicar, y avisándolos que padecerían cárceles, tormentos, y la muerte, nada les espantó, ni cosa alguna bastó para dexar de obedecer, porque en toda la Tierra se oyó su boz y predicación, y cuando los amenazavan con cárceles y tormentos, dezía el Apóstol San Pedro en nombre de todos:

-Conviene que obedezcamos más a Dios que a los hombres.

Y en particular, el mismo San Pedro se mostró obedientíssimo, cuando por humildad se estrañava de que Cristo le lavasse los pies. Visto que porfiava y /(349r)/ le amenazava, se rindió luego, diziendo:

-Señor, pies, manos y cabeça.

Y danos documento que cualquiera cosa que nuestros superiores nos mandaren, sin averiguar causas o motivos, obedezcamos.

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