De Alonso Fructus Sanctorum y Quinta Parte del Flos Sanctorum (1594),de Villegas



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[26] Tenía por discípulo cierto abad a un escriviente llamado Marcos, cuya obediencia era grande, y por lo mismo le amava sobre todos los otros monges, de lo cual algunos de los mo- ços | tenían embidia. Y entendido por los ancianos, procurando la paz del convento, hablaron al abad, diziéndole que en favorecer a Marcos se moderasse, porque otros monges de su edad no se escandalizassen. El abad, sin responderles, sabiendo bien quién andava en semejantes tratos, fue con los ancianos mano a mano, y llamávalos de sus celdas, y llevándolos todos juntos, llegaron a la celda de Marcos. Llamóle por su nombre, salió luego, y el abad entró en ella, y tomando el cuaderno en que estava escriviendo, vido que la letra que hazía cuando oyó la boz del abad no estava acabada, sino que dexó de formar la media por ir a la obediencia. Lo cual visto por los ancianos, dixeron:

-Con justa causa, padre abad, amas a Marcos más que a todos, porque Dios le ama por su obediencia, y todos es razón que le amemos y estimemos en mucho.

Es del Promptuario de exemplos.
[27] En tiempo del emperador Juliano Apóstata cobrava en la provincia de Toscana todo el dinero devido al fisco y renta del emperador un hombre llamado Eustasio. Sucedióle hazer un camino, y dexó a guardar a su muger lo que tenía cobrado, que era grande cuantía. Ella, por temor no se lo hurtassen, hizo un hoyo en cierto lugar de su casa, y enterrólo allí. Vino a que ella murió de repente, sin poder dar noticia dónde avía puesto el dinero. Bolvió el marido, y sintió mucho la muerte de su muger, y también por no saber del dinero. Vídose en peligro de ser preso y muerto por ello, con graves tormentos que se presumía le darían, pareciéndole al cruel y acelerado emperador que se le quería alçar con ello, y que era malicia. No tuvo remedio, sino ir a San Donato, /(353r)/ que a la sazón era obispo de Arezo, y después fue mártir de Jesucristo. Contóle su trabajo. Dolióse dél, y fue en su compañía al sepulcro donde estava Eufrosina, que assí se llamava su muger. Hizo San Donato oración a Nuestro Señor, y luego, en boz alta y oyéndolo mucha gente, dixo:

-Eufrosina, dinos dónde dexaste el dinero.

Respondió:

-Dentro del sepulcro.

Y señaló el lugar donde le hallarían. Y assí fue, que cabando donde la boz dixo, lo hallaron. Razón sería que los vivos se muestren obedientes, pues los muertos les dan exemplo para que lo sean. Refiérese en la Vida de San Donato, y están los autores della en la Primera Parte del Flos Sanctorum.
[28] Espiridón, natural de la isla de Cipro, primero fue casado y tuvo una hija, que se llamó Irene, y después fue obispo en Tremitunte. Murió la hija, y una muger fue al santo obispo y díxole que le avía dado a guardar cierto vestido de brocado, que le rogava se le bolviesse, y no hallándose en toda la casa, afligíase la muger grandemente. San Espiridón fue al sepulcro de Irene y llamóla por su nombre. Ella respondió y dixo:

-¿Qué me quieres, señor padre?

-Que declares -replicó el santo- dónde pusiste el vestido que se te encomendó.

Irene señaló el lugar donde estava. Espiridón dixo:

-Descansa, hija.

Y buelto a su casa, hallóle donde le dixo, y entrególe a la muger que le pedía. Es de Simeón Metafraste.


[29] Severo, obispo de Rávena, fue casado antes, y tuvo una hija llamada Inocencia. Avía primero muerto su madre, quiso que la sepultassen con ella. Y abierto el sepulcro, habló Severo a su muger difunta, y díxole:

-Ea, Vicen- cia | (que éste era su nombre), dad lugar en esse sepulcro a la que le tuvo en vuestras entrañas.

Dicho esto, por sí mismo se apartó a un lado el cuerpo de la madre, y dio lugar a la hija. Es de Laurencio Surio, tomo primero.
[30] Radegunde, muger que fue de Clotario, rey de Francia, con su licencia se entró monja en un monasterio de la ciudad de Poitiers, y recibió el hábito de manos de Medardo, obispo de Noyon, y hazía vida santíssima. Sucedió que truxo al monasterio un carpintero a su muger, que estava endemoniada, para que rogassen por ella a Dios que sanasse. Estuvo allí algunos días, y la abadessa dixo como burlando a Radegunde:

-Si dentro de tres días esta muger no sana, cierto que os tengo de excomulgar, madre y señora.

Oído esto por la sierva de Dios, Radegunde, muy afligida, hizo con tanta instancia oración a Dios, que al segundo día salió della el demonio, dando grandes aullidos, y la llevó sana su marido. También, como se secasse un laurel, que por orden de la abadessa se avía trespuesto, dixo a la santa:

-Si no hazéis que este árbol torne a reverdecer, yo mandaré que no os den comida alguna.

Esto le dixo assí mismo burlando, mas tomólo ella tan de veras, que por medio de su oración, el árbol, que estava perdido, se reparó y reverdeció. Semejantes maravillas haze la obediencia. Es de Surio, tomo cuarto.
[31] Cutberto, de nación inglés, antes que fuesse obispo lindisfarnese, hazía vida de monge solitario en una isla llamada Farne, donde sembró cebada un año, y con grande fertilidad llegó hasta que estava para cogerse. Mas vinieron muchas aves y comíansela. El /(353v)/ siervo de Dios, viéndolo, díxoles:

-¿Por qué os coméis la semilla que no sembrastes? ¿Por ventura tenéis más necessidad della que yo? Si es que Dios os manda que os lo comáis, sea en buena hora, mas siendo de otra suerte, id a buscar otro pasto, que déste tengo yo necessidad.

Acabando de dezir estas palabras, todas las aves se fueron, sin venir más allí a hazer daño. Tenía el siervo de Dios cubierta parte de su celda con heno. Vido un día que dos cuerbos se lo llevavan para hazer nido; amenazólos con la mano que se fuessen de allí, y ellos no le obedecieron, por lo cual les dixo:

-Yo os mando en nombre de Jesucristo que os vais desta isla.

Ellos se fueron, y al tercero día bolvió el uno, y estando cabando el siervo de Dios, púsose a sus pies, y estendidas las alas, baxó a la tierra su cabeça como pidiéndole perdón. Cutberto, viendo su humildad, le perdonó, y dio licencia que bolviesse a la isla. Fue haziendo mucho regozijo a llamar al otro, y los dos bolvieron al santo, trayéndole media empeña de puerco, como por satisfación de su desobediencia. Y Cutberto la guardó, y mostró a algunos monges después, para que alabassen al Señor y aprendiessen a ser obedientes y humildes en aquella ave, presumptuosa y sobervia. Es de Beda, y refiérelo Surio, tomo segundo.
[32] Equicio Abad, en la provincia de Valeria edificó diversos monasterios, assí de varones como de mugeres, y en uno déstos, entrando una monja en la huerta, puso los ojos en una lechuga, y como si fuera cosa de más precio y de mayor deleite, desseóla, y sin pedir licencia a su abadessa, ni echarle la bendición, como era cos- tumbre | en aquella casa, comió della. Y permitiéndolo Dios, dio lugar a que el demonio se apoderasse della, y cayendo en tierra, dio muestra de que estava endemoniada. Avisaron al santo varón Equicio, para que con sus oraciones la favoreciesse. El siervo de Dios entró en la huerta donde la enferma estava, y el demonio començó, hablando con él, a desculparse, diziendo:

-¿Yo qué hize? Assentado estava sobre la lechuga; vino ella y mordióme.

El santo abad, con indignación y imperio, le mandó se fuesse y la dexasse, y él obedeció sin más la atormentar. Lo dicho es de San Gregorio en sus Diálogos. Y passa adelante diziendo de Equicio que fue famoso en diversas virtudes, y particularmente en obediencia. No tenía órdenes sacros, apareciósele de noche un ángel en traje de mancebo hermosíssimo, el cual le tocó su lengua con una lanceta, y díxole:

-Puesto he las palabras de Dios en tu lengua. Predica en todas partes.

Hazíalo assí el siervo de Dios, con grande aprovechamiento de las almas. Llegó la fama a Roma de cómo predicava, y no faltaron maliciosos que fueron al Sumo Pontífice que era a la sazón, y dixéronle:

-¿Quién es este rústico que se atreve a predicar y usurpa la autoridad devida a esta Apostólica Silla, siendo ignorante y sin letras? Embía, señor, quien le traiga aquí, para que entienda el mal que haze, y que merece castigo.

El Pontífice embió a Juliano, que fue después obispo sabiniense, para que se viesse con él, y con mucho comedimiento, sin injuriarle, sino honrándole, le truxesse a Roma. Juliano fue con este orden al monasterio, y preguntando por el abad, fuele dicho que estava en el valle, /(354r)/ abaxo del monasterio, segando heno. Tenía Juliano un criado sobervio y mal acondicionado. Embióle para que le llamasse. Fue el criado muy arrogante, con propósito de hazerle venir por fuerça, y llegando al valle, vido algunos hombres segando. Preguntó por Equicio, mostráronsele, y viéndole de lexos, començó a temblar, y con mucho temor y reverencia se derribó delante dél. Tomóle las rodillas y besóselas. Díxole como su señor le aguardava. El siervo de Dios le habló amorosamente, diole una manada de heno, diziendo que llevasse aquello, que comiessen las cavalgaduras que avían traído, que luego iva él, como acabasse un poco que le quedava de su jornal. Estava desengañado Juliano en que tardasse tanto su criado, viéndole venir cargado de heno, y muy airado, dixo:

-¿Qué es esto? Yo a que me truxesses un hombre te embié, y no por heno.

Respondió el criado:

-El hombre que buscas viene luego aquí.

Pareció Equicio con un calçado de siega, y su hoz al hombro. Viéndole Juliano de lexos con semejante traje, túvole en poco, y pensava cómo le hablaría con menosprecio, mas en llegando cerca el santo, començó a estremecerse con un temor tan grande, que con dificultad pudo dezir a qué iva. Al cabo, muy humilde se derribó a sus pies, pidiéndole que rogasse a Dios por él, y declarándole como el Sumo Pontífice Romano y padre suyo tenía mucho desseo de verle, y que él venía a llevarle. Equicio se mostró muy alegre, y dio muchas gracias a Dios, Nuestro Señor, en que su Vicario en la Tierra, el Sumo Pontífice, le visitasse. Llamó luego a los monges, y mandóles que aparejassen cavalgaduras, | porque en la misma hora se avía de partir, como buen obediente. Juliano dixo que no podía caminar aquel día por venir muy quebrantado del camino. Equicio replicó:

-Pena me da, hijo, de oír esso, porque si oy no salimos de aquí, ya mañana no iremos.

Quedaron aquel día en el monasterio, por quererlo assí Juliano, y a la alba del siguiente día, llegó por la posta un mensajero con una carta a Juliano del Papa, por la cual le mandava que no sacasse al siervo de Dios de su monasterio, y era la causa que la misma noche en que salió de Roma, avía tenido el Pontífice una visión, la cual no poco le atemorizó, siendo reprehendido en ello porque inquietava al siervo de Dios, y assí embiava a que se quedasse y rogasse por él en sus oraciones. Visto y oído esto por el santo abad, mostrando mucha pena, dixo:

-¿Yo no te avisé ayer que si luego no nos partíamos, que cessaría nuestra ida, y que yo no visitaría al Sumo Pontífice Romano?

Hasta aquí es de San Gregorio.
[33] Eufrasia, monja santíssima, siendo embidiada del demonio, hazíala cruda guerra con tentaciones interiores, las cuales ella vencía afligiendo su carne con ayunos y asperezas. Y visto que la guerra no cessava, dio parte de su trabajo a la madre abadessa, por ser assí costumbre en aquella congregación. La prudente muger, para provarla y sanarla, le mandó que passasse mucha cantidad de piedras de un lugar a otro, donde parecía estarían mejor. Hízolo assí Eufrasia, y siendo algunas tan grandes que pedían fuerças de dos personas para mudarlas, ella, sin dezir que le ayudassen, por sí misma las llevó, no remitiendo por esto algo de sus ayunos. /(354v)/ Otro día le dixo la abadessa:

-¡Oh, qué mal lo miramos, hija, que las piedras están aquí desacomodadas, y será necessario que las tornes a donde primero estavan!



Ella, con rostro muy alegre, hizo lo que le era mandado, cantando Salmos de David que tenía de memoria. No faltavan hermanas que burlassen della, mas otras alabavan su obediencia. Refiérelo Surio, tomo segundo.
[34] Teodora Alexandrina estava en hábito de monge en un monasterio, y crecía cada día más en el servicio de Dios. El abad, cierto de su santidad, quiso que fuessen otros certificados della, y para esto, como estuviesse cerca del monasterio una laguna, en la cual hazía su habitación un cocodrilo y salía della con daño notable de los caminantes, por donde el prefecto de Alexandría, llamado Gregorio, avía puesto guardas allí cerca para que avisassen deste daño y se escusassen muertes; el abad mandó a Teodora que truxesse un cántaro de agua de aquella laguna. Ella, obediente, fue por él, y aunque las guardas se pusieron de por medio, avisándole del cocodrilo, ella dixo que la obediencia le mandava ir a la laguna, que no podía escusarlo. Dexáronla, y llegando cerca, vieron que la bestia asió della y la llevó a la agua. Visto por ella que no le hazía daño, hinchió su cántaro de agua, y la misma bestia la bolvió a tierra. Estando fuera, púsose la santa a mirarle, y reprehendióle por las muertes que avía hecho. ¡Oh, cosa admirable, que luego quedó allí muerto el cocodrilo y Teodora bolvió a su monasterio, con grande opinión de santidad, adquirida por la obediencia! Es de Simeón Metafraste. |
[35] San Antonio, fraile menor, nacido en Lisboa de Portugal, y llamado comúnmente de Padua, desseando padecer martirio por Cristo, passó en Africa con designo de predicar en Marruecos o en otra ciudad de moros el Evangelio del mismo Jesucristo, Dios y Señor Nuestro, lo cual hazía sumamente bien, por ser gran teólogo y gran santo. Mas fue contra la voluntad de Dios, porque estuvo todo un invierno enfermo en un pueblo de cristianos, y por cobrar salud tornó a embarcarse para España con intento de ir a su tierra. Mas por contrarios vientos que se levantaron, aportó el navío en Sicilia, donde, sabiendo que el Padre San Francisco celebrava Capítulo General en Assis, ciudad de Italia, aunque del todo no estava sano de su enfermedad, procuró hallarse con él. Hecho el capítulo, y bolviendo los frailes a sus monasterios, no se halló quién quisiesse llevar consigo a San Antonio, porque no conociéndole, y viéndole malsano, parecíales inútil y sin ningún provecho. El mismo pidió a un Ministro de la provincia de Romania, llamado Gracián, que le llevasse consigo con licencia del Ministro General. Vista por él su humildad, hízolo assí. Y estando en aquella tierra, fue por morador a un cierto monasterio que estava en un desierto llamado el Monte de Paulo, y allí, como ermitaño y solitario estuvo algunos días sin dar muestra que supiesse ningunas letras, sino ocupado en oración y meditación. Sucedió que fue por mandado de su guardián con él y con algunos otros religiosos a la ciudad de Forlivio para recebir Ordenes. Juntáronse en el camino con algunos otros frailes del Orden de Predi- cadores, /(355r)/ y llegando a una posada, y comiendo juntos, trataron que el uno dellos predicasse y dixesse algunas cosas de Dios para edificación de todos. Los Predicadores se escusaron diziendo que no se atrevían sin primero estudiar lo que avían de dezir, y visto que ninguno salía a quererlo hazer, el guardián, que se llamava Antonio, le mandó que dixesse allí lo que Dios le inspirasse. Esto dixo porque no tenía entendido dél que sabía letras algunas, si ya no fuesse lo que tocava a rezar sus horas, porque en el monasterio donde avía estado, su exercicio ordinario era en la cozina, fregar los platos y escudillas, barrer y limpiar las celdas de otros religiosos, y toda la casa. Escusávase Antonio cuanto podía, diziendo a su mayor que ya sabía él en lo que se avía exercitado en el convento, que no le mandasse tal cosa delante de gente tan sabia y exercitada en letras. El guardián, porfiando que tenía de dezir alguna cosa, se lo mandó por santa obediencia. Oído esto por Antonio, obedeció, y al principio començó a dezir algunas razones comunes, y las palabras con que las dezía, no muy cortadas en lenguaje de Italia, que para él era nuevo. Mas por ser la voluntad de Dios que no estuviesse más tiempo escondida la luz de su doctrina, visto que ni desta manera el guardián le mandava callar, entrando en calor, dixo tales cosas, tan subidas y delicadas, y con tanto ornato y elegancia de palabras, que los presentes quedaron admirados, y mucho más por ver en él tantas letras como mostró en el processo de su sermón, sin tener entendido dél sino que era idiota y estraño de todas esciencias. Dezían que nunca tan alto y tan fundado ser- món | avían oído en su vida, y no poco los edificó ver al que lo predicava tan humilde y que tanto tiempo huviesse estado sirviendo en ministerios humildes y baxos. Dio el guardián noticia desto a su Ministro Provincial, y él le mandó que de allí adelante predicasse en público, el cual oficio exercitó maravillosamente y con grande provecho de las almas. Refiérelo Laurencio Surio, tomo tercero.
[36] Embió el abad Paulo a Juan, discípulo suyo, para ministerio del convento a cierta parte, y aviendo de passar por un desierto donde a tiempos parecía una fiera leona que matava a los que podía aver a las uñas, el monge Juan advirtió deste inconveniente a su abad, mas díxole como por donaire:

-Si encontrares a la leona, lleva un cordel y tráela contigo atada.

Fue el monge, y no se olvidó del cordel. Aviendo hecho lo que le fue mandado, y siendo de buelta, encontró con la leona, que vino a él bramando por tragársele. No la tuvo miedo, antes le salió al encuentro por asirla. Mas ella, perdiendo su ferocidad y convirtiéndola en temor, se huyó de sus manos. El monge Juan la siguió, diziendo:

-Mi abad me mandó que te atasse con este cordel y te llevasse al convento; no huyas.

Detúvose la leona, y luego llegó el monge. Atóla con el cordel, y venía guiándola, y ella, siguiéndole camino del monasterio. Y como se detuviesse, estava el abad muy cuidadoso por él, y viéndole venir con la leona atada, admiróse grandemente y dio muchas gracias a Dios. Llegó Juan, y dixo:

-He aquí, padre abad; traigo ligada la leona como me mandaste.

Mas queriéndole humillar el abad Pau- lo, /(355v)/ díxole:

-Como eres un insensato, as traído essa bestia insensata, la cual en el convento nos será de ningún fruto. Por tanto, suéltala y déxala ir libre a donde vino.



Esto es del Vitis Patrum, y refiérese en el Promptuario de exemplos.
[37] Paulo Monje, llamado «el Simple», discípulo del gran Antonio, como por ignorancia hiziesse una pregunta, si los profetas fueron primero que Cristo o después, fuele mandado callar, y por tres años no habló palabra, aunque obedecía en cuanto le era mandado, como sacar agua, regar la casa, descoser y coser hábitos, y cosas semejantes. No mirava tanto que era todo de poco momento, como de que le era mandado lo hiziesse. Es de Paladio en su Lausiaca.
[38] Albino, que después fue obispo de la ciudad de Angers, que es en Francia, siendo moço estava en un monasterio, y fue por mandado de su abad cierto camino, y sucediendo repentinamente un turbión de viento y agua, entróse en una venta, donde también se recogieron otros por defenderse de la tempestad. La cual arrebató el tejado, y quedaron todos sin reparo. Fue cosa notable que los demás se mojaron hasta calarse los vestidos, sin que la agua le tocasse. Admirávanse de verle, y oyendo dezir que iva camino por mandado de su abad, atribuyeron el milagro al mérito de la obediencia. ¡Oh, maravillosa virtud, a la cual el animado elemento tanto la reverenció, que no osó tocarla! Dízelo Gregorio Turonense, De Gloria Confessorum , capítulo noventa y seis. Y refiérelo Surio, tomo segundo.
[39] Gulielmo, Duque de Aquitania y de Provença, y después monge, era tan humilde, que ningún oficio del con- vento | recusava como se lo mandasse su abad, y dándole cargo del pan del convento, siendo cerca de la hora de comer, él encendió el horno, y estando bien caliente, con una pala de hierro llegó la lumbre a una parte, y faltándole con qué barrerle para poner el pan, confiado de que era aquélla obediencia, saltó dentro, y con el escapulario barrió el horno, y estando limpio, puso dentro el pan, y cosido lo llevó a buen tiempo para que comiesse el convento, sin daño alguno de su persona ni del hábito, para que se entendiesse cuánto vale la obediencia, que en los peligros está segura, y en las cosas baxas muestra su grandeza. Avía Gulielmo, de Duque de Aquitania y Provença, héchose fraile, y hízole la obediencia hornero. Mas de hornero monge fue hecho perpetuo posseedor del Reino de los Cielos, mayor que los reyes de la Tierra, y igual a los ángeles celestiales. Dízelo Teobaldo, y refiérelo Laurencio Surio, tomo primero.
[40] Gallo, discípulo de San Columbano Abad, y Hildeboldo Diácono, aviendo sacado peces con una red de cierto río, estando lexos de poblado, tratavan de assarlos haziendo lumbre, y llegó a donde estavan un osso de estraña grandeza. Espantóse el diácono, mas Gallo, el monge, le mandó que cortasse leña y la echasse en el fuego, y él obedeció. Esto se escrive para confusión de los que no obedecen a sus perlados, viendo que las fieras del campo obedecen a lo que los santos les mandan. Dízelo Sigeberto, De Viris Illustribus, capítulo sesenta y uno.
[41] En el monasterio donde estava San Hierónimo, y le edificó en Betleem, estava un león a quien el mismo /(356r)/ santo sacó una espina que se le avía atravessado en la mano, el cual llevava a pacer un jumento de la misma casa haziendo la guarda. Y estando durmiendo el león, lleváronse la bestia ciertos arrieros, por donde, creyendo que él se le avía comido, hazíanle que sirviesse de todo lo que servía el asno, assí de traer leña, como de otras cosas, y él obedecía en todo. Hasta que, viendo el jumento, que bolvía con otras bestias cargadas, dio el león en la rueca, y espantados los arrieros, llevólo de tropel al monasterio. Fueron allí los dueños, y reprehendidos de los monges por el hurto de su jumento, ellos se contentaron con sus bestias, y dieron la carga que traía el jumento por el agravio que avían hecho a los religiosos. Y puede verse en este exemplo cómo los brutos obedecen a los mandatos de los ancianos, y el hombre, que usa de razón, se pone a contradezir a sus mayores a las vezes, y merece el que en esto es culpado de ser tenido por más irracional en este punto que las bestias.
[42] Un religioso llamado Meingotz, senzillo y santo hombre, cayó enfermo al tiempo que el abad de su monasterio iva a un Capítulo General. Visitóle y díxole:

-Hermano Meingotz, no te mueras, sino espera a que yo buelva.

Díxole esto para entretenerle y probar su senzillez. Respondió el enfermo:

-Haré, padre, lo que dizes, cuanto en mí fuere.

-No ha de ser assí -replicó el abad-, sino que yo te lo mando en obediencia.

Fue al Capítulo, y al tiempo que bolvía, llegando a la puerta del monasterio, oyó que tañían a que el convento se juntasse para la muerte de un monge. Preguntó al portero quién era el que estava acabando, y dixo:

-Nues- tro | hermano Meingotz es el que se muere.

El abad añadió:

-Pues yo tenía necessidad de hablarle.

Fue con presteza a la enfermería, y en entrando en ella, espiró el monge.

Llegó a él y llamóle en boz alta, y no respondiendo, tornava a llamarle por su nombre. El prior dixo:

-No se fatigue, padre abad, que sin duda ya a espirado.

El abad se reclinó a su oreja y le dixo:

-Yo te avía mandado que no muriesses hasta que yo fuesse de buelta, y aora te mando que me respondas.

A esta palabra, como despertando de un grave sueño, el muerto abrió los ojos, y gimió, diziendo:

-¡Oh, padre! ¿Y qué as hecho? Bien estava yo ¿A qué me llamaste?

-¿Y adónde estavas? -preguntó el abad.

Respondió Meingotz:

-En el Paraíso tenía ya silla, y como me llamaste, llegó a mí Isinhardo, que fue aquí sacristán, y murió días ha, y estorvó que no me assentasse, diziendo: «No te assentarás en ella, porque veniste aquí contra la obediencia del abad; buelve a él». Y assí buelvo, aunque me fue prometido que la silla me estará guardada, cerca de Isinhardo, el cual vi en grande gloria y magestad.

Lo dicho es del Promptuario de exemplos.


[43] Predicava la Cruzada Jacobo de Vitríaco, cardenal y legado del Papa en Flandes, contra los hereges albigenses, y en el camino vídose con Fulcón de Gandavo, gran teólogo. Rogóle que fuesse con él y le ayudasse en aquel ministerio de predicar. No lo hizo. Mandóselo en virtud de santa obediencia, con el poder que tenía de legado, y puso por terceros a algunos amigos de Fulcón para que aceptasse aquella obediencia, y nada pudo con él a que lo hiziesse. De lo cual muy sentido el cardenal, /(366v)/ díxole:

-Bien pudiera por vuestra inobediencia excomulgaros y privaros de todo beneficio eclesiástico, y no lo hago por no parecer que pongo gravamen tan duro en persona de tanto merecimiento, mas yo ruego a Dios, que sabe y conoce los coraçones, que os haga inábil, no sólo para esto que yo os he pedido, sino también para cualquiera otra cosa.

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