De Alonso Fructus Sanctorum y Quinta Parte del Flos Sanctorum (1594),de Villegas



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Assí nosotros, aunque alguna cosa muy pedida y muy desseada no la alcançáremos, no dexemos de pedir, por- que | suele el Señor diferir el dar, para que, perseverando en pedirle, lo conceda con mayor aumento. Es de San Mateo, capítulo quinze.
[20] San Lucas, en el capítulo diez y ocho, dize que entraron en el templo de Jerusalem a orar un fariseo y un publicano. Éste, en la oración se mostró sobervio, y aquél, humilde. Salió el humilde justificado, y el sobervio, menospreciado y declarado por vano.
[21] Los Apóstoles, después de la subida a los Cielos del Hijo de Dios, bolvieron a Jerusalem, y recogidos en el cenáculo, como San Lucas escrive en el Libro de los Hechos Apostólicos, capítulo segundo, estavan unánimes perseverando en oración con algunas santas mugeres y con la Madre de Dios; descendió el Espíritu Santo en lenguas de fuego, y los llenó de sus dones, para que se entienda que, perseverando en oración, favorece el Divino Espíritu con su gracia.
[22] San Pedro y San Juan subían al templo a hora de nona a tener oración, y pidiéndoles limosna un tullido de ambas piernas, por ella le dieron salud. Y dásenos en esto documento que junto con la oración hagamos obras de misericordia, porque, como amonesta el Eclesiástico, capítulo treinta y cinco, nadie deve parecer delante de Nuestro Señor Dios mambacío. Refiérelo San Lucas en los Hechos Apostólicos, capítulo tercero. Otros milagros hizo el Apóstol San Pedro por medio de la oración. Dio salud a Eneas, que estava paralítico. A Dorcas, muger limosnera, ya muerta, resuscitó, y aun su sombra dava salud. Y el mismo San Pedro, estando preso en la cárcel ligado con dos cadenas, cercado de guardas, hizo oración por él la Iglesia y fue libre, baxando del Cielo un ángel que le sacó de la /(364v)/ cárcel. Y refiérese en el mismo Libro, capítulo doze.
[23] San Pablo, vaso de elección, a Elimas Mago, que perseguía a los católicos, le castigó con ceguedad por tiempo limitado, dio salud a un coxo de su nacimiento, lançó un espíritu fitónico o adivino de una muger, restituyó la vida a Eutico. Sus paños de rostro y ceñidores, llevados a los enfermos, los sanavan, y lançavan demonios de cuerpos humanos. Siendo él mordido de una vívora, no sintió daño. Estas maravillas hazía San Pablo por medio de la oración, como parece en el Libro de los Hechos Apostólicos, capítulo treze, y diez y seis.
[24] Una oración que grandemente agrada a Dios Nuestro Señor es la que nos enseñó el mismo Jesucristo, y lo refiere San Mateo en el capítulo sexto. «Assí -dize- avéis de orar: Padre Nuestro que estás en los Cielos (si Nuestro Padre está en el Cielo, como lo está, razón es que nosotros, hijos suyos, procuremos lo que está en alto, las cosas del Cielo, y no lo que es proprio de la Tierra), santificado sea tu nombre (de tal manera que ninguna cosa tengamos por más santa ni de más estima), venga tu Reino (no reine en nosotros el pecado), hágase tu voluntad en la Tierra como se haze en el Cielo (porque el que hiziere la voluntad de Dios vivirá para siempre), nuestro pan cotidiano dánosle oy (pan que descendió del Cielo, nuestro, porque fue ofrecido por nosotros, cotidiano, porque Cristo ayer fue, oy es, y siempre será nuestro Dios y Señor), dánosle oy (dánosle siempre, y nunca seamos apartados dél, porque cuantas vezes nos apartamos, tantas estropeçamos y caemos, en daño nuestro notable), y perdónanos nuestras deudas como per- donamos a nuestros deudores (a la traça que con nuestros próximos hiziéremos, haz, Señor, en nosotros; nosotros perdonamos, perdónanos Tú, Señor), y no nos dexes caer en tentación (no des, Señor, lugar a que seamos tentados sobre nuestras fuerças, sino que con la tentación venga favor de tu parte y gracia con que salgamos gananciosos), y líbranos del mal (para que sin temor seamos libres del poder de nuestros enemigos y te sirvamos en santidad y justicia, todo el tiempo de nuestra vida)». También nos enseñó Cristo el modo de orar, pues señalan los Evangelistas que orava, ya postrado en tierra, ya de rodillas, ya levantando los ojos al Cielo. También señaló el lugar de la oración, cuando dixo por San Mateo, capítulo veinte y uno: «Mi casa, casa es de oración». Casa de Dios es la iglesia, y el proprio lugar para orar, por estar allí el Santíssimo Sacramento, reliquias y imágenes de santos, y ser el lugar santo, aunque se puede orar en casa, como declaró el Señor por el mismo San Mateo, capítulo 6: «Cuando orares, entra en tu recogimiento y cierra la puerta». Negocio es la oración que quiere recogimiento. El tiempo de la oración, por exemplo de Cristo, es todo tiempo. Por San Lucas lo dixo en el capítulo veinte y uno: «En todo tiempo orad». Y assí, algunas vezes tuvo oración el Redemptor sobre tarde, ya toda la noche, ya por la mañana. De la frecuencia dio assí mismo documento, cuando en el huerto dize San Lucas en el capítulo veinte y dos, que puesto en agonía orava prolíxamente, no breve, ni corto, sino a la larga. Y la importancia de que sea la oración prolixa diolo a entender su Magestad, por el mismo Evangelista San Lucas, capítulo onze, en aquel símile del que /(365r)/ venía de noche a pedir a su amigo tres panes, y por ser porfiado los alcançó. Assí dize que porfiemos en pe- dir | a Dios, que sin ninguna duda nos concederá todo lo que le pediremos.
Lo dicho se colige de la Sagrada Escritura. |
[EJEMPLOS CRISTIANOS]

[1] Graves autores afirman de la Virgen Sacratíssima, Nuestra Señora, que aviendo sido dexada de edad de tres años en el templo, luego que fue en él presentada, desde la mañana hasta hora de tercia gastava en oración, y desde tercia a nona en trabajar de manos. Comía luego, y después de comer, hasta vísperas rebolvía los libros de la Sagrada Escritura. Con estos diversos exercicios, sirviendo a Dios, adornó tanto su alma de virtudes, y en tanto grado, que sola ella mereció ser escogida para Madre de Dios, permaneciendo Virgen. Con lo cual, esta Soberana Princesa, assí como exemplo de vírgines en humildad, en virginidad, y en todas las demás virtudes, assí lo es en repartir bien el tiempo, que ni siempre actualmente oren, ni siempre trabajen de manos, ni siempre se ocupen en lección, sino que siempre hagan esto todo, y nunca aya tiempo ocioso. Porque como dize el Eclesiástico, capítulo treinta y tres: «Muchos males enseñó la ociosidad». Refiérelo Marulo, libro segundo.


[2] San Juan Evangelista, discípulo muy amado de Cristo, bolviendo del destierro de Patmos a Efeso, resuscitó a Drusiana, que la llevavan ya en las andas a la sepultura, y libre se bolvió a casa. Convirtió en oro ramas de árboles, y guijarros del mar, en piedras preciosas. Y porque no pareciesse que era esto codicia de riquezas, las tornó a su primero ser. Derribó por los cimientos el templo de Diana en Efeso, bevió veneno sin daño, y a los que avía muerto, revocó a la vida. | Y para todo esto, el medio que tuvo fue la oración. Dízelo Abdías en su Vida.
[3] San Mateo, Apóstol y Evangelista, resuscitó a Egipo, hijo del rey de Etiopía, y libróle de la muerte y del demonio, porque creyó en Cristo y dexó la adoración de los ídolos, baptizándose. El medio fue la oración. Refiérelo Abdías.
[4] San Judas Tadeo curó de elefancia a Abagaro, rey de los medos, y creyendo en Cristo, le baptizó. Y quedó sano el cuerpo de enfermedad, y la alma, de errores. Dízelo Eusebio.
[5] San Andrés Apóstol, invocado en su favor de cierto hombre llamado Nicolao, combatido del vicio deshonesto, y en que estropeçava muchas vezes, le valió para ser libre dé, y vivir casto toda la vida. Dízelo Abdías en la Vida deste santo Apóstol.
[6] San Bartolomé hizo libres del demonio a muchos atormentados dél por su oración, y sanó una hija del rey Polemo de Indias, que estava lunática y sin perfeto juizio. Dízelo Abdías.
[7] Santiago, hijo de Zebedeo, patrón de España, siendo mandado degollar por orden del rey Herodes Agripa, en el camino, con su oración dio salud a un paralítico. Y teniendo ya cuchillo a la garganta, rogó por otro enfermo y le alcançó salud. La caridad verdadera hazía lo uno y lo otro, que se doliesse de la miseria del próximo y que no temiesse morir por Cristo. Es de Abdías.
[8] San Bernabé Apóstol, residiendo en la isla de Cipro, llevándole diver- sos /(365v)/ enfermos y tocándolos con el Evangelio de San Mateo, que traía escrito de su mano, sanavan, haziendo oración al que adorava por Dios, y cuya Fe y Evangelio predicava. Es de Abdías.
[9] Santa Marta, huéspeda de Cristo, cien vezes al día, y ciento de noche, tenía costumbre de hazer oración de rodillas, y adorava al que reinava en el Cielo, aviéndole recebido por huésped en su casa. Y no era ya menos solícita suplicándole, que lo fue antes ministrándole. Es de Marco Marulo, libro segundo.

[10] Bárbara, donzella santíssima, iva huyendo de su cruel padre por un monte. Hizo oración a Dios, y la piedra en que estava se levantó, y la hizo pared y defendió por aquella vez, aunque el endiablado padre de nuevo tornó a perseguirla, hasta que la halló y quitó la vida. El padre persigue a Bárbara, las piedras la defienden, y al nombre de Cristo se ablandan, y el infiel hombre se endurece. Refiérelo Surio, tomo tercero.


[11] Teodora Romana, muger de Sisinio, por sus oraciones alcançó de Dios la conversión de su marido, que era infiel. Apareciósele el Apóstol San Pedro estando orando, y declaróle como Dios le avía concedido aquella conversión, y cumplióse lo que dize el Apóstol en la Primera a los de Corinto, en el capítulo séptimo, que el varón infiel viene a dexar su error, y salvarse por la muger fiel. No acometió este hecho la santa matrona por razones y argumentos, porque siendo el hombre arriscado, antes le irritara desta suerte que le aplacara; callando, hizo oración a Dios, y el lobo se bolvió cordero, y los caminos ásperos y llenos de malezas se convirtieron en o- tros | apacibles y llanos. Refiérese en la Vida de Alexandre Papa, escrita por Surio, tomo tercero.
[12] Máximo, monge, que fue después obispo fegiense, saliendo de su monasterio, que era cerca del mar, fuese a la ribera a tener allí oración. Vido llegar un navío y salir dél gente, que llegó a le hablar, y como cosa conocida, hiziéronle grande acatamiento. Començaron a engrandecerle y levantar hasta las nubes sus loores, y que su fama avía llegado a Siria, donde muchos desseavan verle, y que si quería ir allá sería ocasión de la salud de muchos, y que ellos le llevarían, siendo su voluntad hazer aquel viaje, y que tendrían por buena dicha para sí el llevarle ellos. Con esto pretendía el demonio estorvarle de orar, y hazerle caer en alguna vanagloria, mas, entendido por el siervo de Dios, sin hazer caso de lo que le dezían, se puso a orar, y en el punto desapareció navío y gente dél. Dízelo Gregorio Turonense, De Gloria Confessorum , libro secundo.
[13] Apolonio Abad imitava a San Bartolomé en hazer oración al día cien vezes, y otras tantas de noche, puesto de rodillas. Es del De Vitis Patrum.
[14] A San Antonio Abad le dexava el sol, dándole en las espaldas orando, y salía por la mañana y dávale en los ojos, sin aver mudado el puesto de la oración. No sé cuál sea más para admirar, o el estar tanto tiempo un cuerpo sin moverse, o el orar con tanta continuación. Ambas a dos cosas son dificultosas, mas el temor del Infierno y el amor de Cristo vencen toda dificultad. Es de San Atanasio, en la Vida del mismo San Antonio Abad.
[15] El gran Basilio, tomando amistad con un solitario de Siria llamado Efrén, /(366r)/ sentía mucho no poder comunicarse con él, porque el ermitaño sabía sólo la lengua de Siria e ignorava la griega. Hizo el santo perlado oración por él, y quedó doctíssimo en griego. Y cumplióse lo que dixo Cristo, y refiere San Marcos, capítulo diez y seis, que el que creyere hablará diversas lenguas. Es de Amfiloquio, en la Vida de San Basilio.
[16] San Martín, obispo de Tours, andando a visitar su obispado, y llegando a cierto pueblo, siendo tiempo de invierno, hiziéronle el aposento en la sacristía de la iglesia; pusiéronle allí una cama y un brasero de lumbre. El santo se acostó, y por no tener costumbre de dormir sino en el suelo, el regalo no acostumbrado le dava pena. Quiso apartar la ropa de sí, y echóla acaso sobre el brasero. Quedó dormido, y començóse a quemar la ropa y el aposento. Andava ya la llama por alto cuando San Martín despertó. Ocurrió a la puerta y no pudo abrirla, con la turbación que tenía. Estavan de fuera sus clérigos y frailes muy alborotados y tristes, no sabiendo cómo remediar aquel daño, el cual fue luego por ellos sentido, estando aposentados cerca. En fin acordó el santo perlado de acogerse al remedio general para todos los peligros. Púsose en oración, y fue medio para que el fuego se apagasse y él quedasse libre. El mismo San Martín, algunas vezes se ocupava en obras de manos, y a tal sazón, también exercitava la lengua estando orando, y cumplía lo que dize San Pablo escriviendo a los de Tesalónica, en la Primera Carta , en el capítulo quinto: «Orad sin intermissión; en todo tiempo y en todo lugar podéis hazer altar portátil y orar». Después, estando cercano a la muerte, fríos sus miembros, y su cuer- po | sin movimiento alguno, los labios no cessavan de moverse, ni él de orar, hasta que juntamente acabó la oración con la vida. Dízelo en lo que dél escrivió Severo Sulpicio.
[17] Bonifacio, monge y después obispo, todos los días rezava duplicado el oficio divino en común con los monges cuando él lo era, y con el clero, siendo obispo, y después en particular, por sí, añadiendo muchas devotas oraciones monásticas y canónicas. Descendió a la Inferior Misia, y predicó a Cristo, y convirtió a la Fe y baptizó al rey de los rutenos, y al cabo fue martirizado. Es de Surio.
[18] Juan, Patriarca de Alexandría, diziendo un día Missa, vido que en acabando el Evangelio, muchos se ivan de la iglesia. Él, de la manera que estava revestido, dexó el altar, y fuese tras ellos, diziendo:

-Donde van las ovejas, conviene que vaya el pastor.



Con esto que hizo los avergonçó, de suerte que nunca más salieron de la iglesia hasta que, acabada la Missa, les echava su bendicion. Refiérelo Marulo, libro segundo.
[19] Servacio Trayetense, obispo, estando orando, aparecióse sobre su cabeça un rayo de fuego, que se levantó en alto y boló al Cielo. Diose a entender el ferbor de su oración en la figura de fuego, y la pureza de la vida en el resplandor, y en el subir en alto, la alteza de sus méritos. Dízelo Gregorio Turonense, libro segundo, capítulo treze.
[20] Filiberto, abad rotomagense, estando en la iglesia orando, sus ojos parecieron como dos estrellas, para dar a entender que los que oran con humildad y atención, sus ojos son iluminados con luz del Espíritu Santo, para nunca dormir en muerte, ni que /(366v)/ pueda dezir el enemigo: «Prevalecido he contra él». Es de Laurencio Surio, tomo cuarto.
[21] Postumio Abad, en tanto grado estava enseñado a orar, que ninguna flaqueza del cuerpo podía enflaquezer la alma. Estando enfermo, y no pudiendo levantarse a orar de rodillas, orava echado en la cama. Creció la enfermedad, y privóle de la habla. Vídose que movía los labios, y que callando, orava. Apartóse la alma del cuerpo, y no dexó la oración primero que dexasse el cuerpo. Recibiéronle orando los ángeles, y presentáronle en el Cielo al Señor, para que gozasse viendo que avía alcançado la Bienaventurança que pidió siempre. Es del De Vitis Patrum.
[22] Moisés Abad, casi toda la noche passava en oración, y por vencer el sueño poníase en pie, y echava de sí ilusiones del demonio, que estando echado, con figuras deshonestas le provocavan a cosas ilícitas. Alcançó a ver por experiencia de cuánto momento era el precepto de Cristo que dize: «Velad y orad, porque no entréis en tentación». Es de la Historia Tripartita, libro octavo, capítulo primero.
[23] Juan, abad en la Tebaida Superior, dentro de una cueva, al pie de un monte, estuvo tres años en pie sin asentarse, por orar no menos de lo que deseava, pues echado, más presto le venciera el sueño. No dava lugar a que se durmiesse el trabajo de estar en pie, el cual se aliviava con el gusto de la oración. Al milagro de estar en pie sin dormir se añadió otro: que en los tres años no gustó manjar alguno. Recebía los domingos el Santíssimo Sacramento de la Eucaristía, el cual, juntamente, le era manjar de la alma y sustento del cuerpo. Dízelo Paladio en | su Historia, capítulo sesenta y uno.
[24] Sisinio, discípulo del abad Elpidio, después de aver estado siete años en su escuela, fuese a un monumento de piedra algo grande, y dentro dél estuvo por tres años orando, siempre en pie, sin que en este tiempo se assentasse o se echasse, o saliesse de allí. No sé de qué aya mayor ocasión de admirarse, o el aposento, que si para sepulcro era grande, mas para morada era pequeño, o el estar tanto tiempo en pie, o el orar siempre. Todo es dificultoso y duro, aunque el cansancio del cuerpo, el ánimo, puesto en Dios, sentíale poco; y el que con tanta perseverancia orava, más estava en el Cielo que en el sepulcro. Es de Paladio, capítulo ciento y nueve.
[25] Aunque no lo dizen las Divinas Letras , mas afírmanlo graves autores, y refiérelo Marulo, libro segundo, de San Bartolomé Apóstol, que cien vezes al día y cien vezes a la noche tenía oración de rodillas. Y Santiago el Menor, la costumbre de orar le avía hecho que sus rodillas pareciessen de camello, con callos. Y si desta manera oravan los que estavan confirmados en gracia y llenos de Espíritu Santo, ¿qué sería bien que hiziéssemos nosotros, que acumulamos unos pecados a otros, provocando la divina justicia, con más submissión de orar el que más culpas ha cometido?
[26] Refirió el abad Ireneo de un santo viejo ermitaño, que vido al demonio una noche que llevava diversos instrumentos rústicos, como açadones, almocraces, rastrillos, podones y cestos de mimbres. Preguntóle:

-¿Adónde y para qué llevas esta munición?

Respondió:

-Al monasterio, para que los monges, ya tomando uno, ya otro, se ocupen y olviden de la /(367r)/ oración, y se hagan negligentes.

Es del Prado Espiritual, capítulo cincuenta y cinco.
[27] Cerca de Tesalónica vivía un santo abad llamado Adas, y tenía por celda lo hueco de un plátano, donde hizo una ventana, y de allí hablava con los que le venían a visitar. Sucedió que, viniendo gente bárbara, y haziendo grande daño en la tierra, passaron cerca de donde el monge Adas estava, y visto por un bárbaro, sacó la espada y levantó el braço para matarle. Mas quedóle el braço hierto y sin poderle menear. Lo cual visto de los otros bárbaros, quedaron admirados, y rogaron al santo viejo que curasse aquel hombre. Hizo por él oración, y fue de tanta eficacia, que le sanó, y se fueron en paz. Es del Prado Espiritual , capítulo setenta.
[28] En el monasterio del abad Teognosto estava un santo monge ya viejo trabajando de manos un día, y haziendo cestas de mimbres, y juntamente rezava el Salterio. Tomó el demonio forma de niño etíope, y entrando por una ventana, començó a saltar y dançar en su presencia. El monge no hazía caso dél, ni le mirava, prosiguiendo en su exercicio. Dezíale el negrillo:

-Viejo, ¿no danço y salto bien?

No le respondía. Añadió el demonio:

-¿Cómo? ¿Que no te agrada mi dança?

Y no dándole respuesta, dixo:

-¿Piensas, maldito viejo, que hazes una cosa grande? Pues sabe que as errado el Salmo sesenta y cinco, y sesenta y seis.

Oído esto por el monge, muy confuso se postró de rodillas, pidiendo a Dios perdón de aquella falta. Es del Prado Espiritual, capítulo ciento y sesenta.
[29] Era costumbre entre los monges escitiotas, a la cosecha del pan, alqui- larse | y ir a segar, y de la ganancia remediavan algunas necessidades corporales. Fue entre otros David Egipcio, ya viejo en edad, y un día, en el rigor de la siesta, recogióse a una choça hasta que se mitigó algo el ardor del Sol. Estando allí, llegó el labrador que le avía alquilado, y viéndole assentado a la sombra, díxole con grande ira:

-¿Por qué, viejo, no siegas? ¿Sabes cómo tengo de pagarte jornal?

-Assí es verdad -respondió David-; mas, porque es la siesta, y los granos de las espigas se despajan y caen en tierra, por escusar tu daño estoy un poco esperando a que passe el ardor del Sol.

Dixo el labrador:

-Levántate y trabaja, y árdase todo.

David replicó a esto:

-¿Y quieres que se arda todo?

-Sí -dixo el labrador con grande ira.

Levantóse el viejo, y luego començó a arder el campo. Visto por el dueño, corrió a los otros monges y rogóles que hablassen al viejo para que hiziesse oración a Dios y cessasse el incendio de sus miesses. Llegaron a él, y postrados en tierra, le pidieron hiziesse cómo cessasse el fuego. Respondió él:

-¿No veis, hermanos, que él mismo pidió que ardiesse?

Con todo esso, los monges le replicavan que se doliesse de aquel daño, que a todos cabría parte. David, convencido de sus ruegos, fue a ponerse en el lugar medio entre lo que ardía y estava sin arder, hizo oración, y apagóse el fuego, quedando libre la otra parte dél. Esto es del Prado Espiritual, capítulo ciento y ochenta y tres.
[30] En uno de doze monasterios que edificó San Benedicto, y los visitava de ordinario, estava un monge mal sufrido al tiempo que residían los demás en el oficio divino y oración, porque, perseverando los otros, él la dexava y se iva, y andava vagueando en vani- dades. /(367v)/ Era reprehendido de su superior, y no enmendándose, fue llevado en presencia de San Benedicto, a otro monasterio, donde se hallava a la sazón, el cual también le reprehendió con aspereza de palabras. Mas, aunque propuso de enmendarse, la enmienda fue de dos días, porque al tercero hizo lo que antes hazía. Avisaron desto a San Benedicto, y él dixo que iría a aquel monasterio y lo remediaría. Fue a él, y hallóse en la oración con los monges, y estando en ella, vido que un moçuelo negro tirava del hábito del monge y le sacava de la oración. Habló el santo con el abad, que se llamava Pompeyano, y con Mauro, discípulo del mismo San Benedicto, y díxoles:

-¿Avéis visto quién saca de la oración a aquel monge?

Ellos respondieron que no.

-Pues pidamos a Dios que lo veáis.

Perseveraron dos días todos tres en esta petición, y después dellos, vido San Mauro lo que avía visto su padre San Benedicto, aunque Pompeyano, el abad, no lo vido. Aguardó el santo a que otro día el monge, tentado, dexasse la oración, salió a él, llevóle a su celda y hízole dar una buena disciplina de varillas, con que se remedió aquel daño, porque el demonio, como si fuera él el afrentado, le dexó en adelante. Es lo dicho de San Gregorio, libro segundo de sus Diálogos, capítulo cuarto.
[31] Tenía San Benedicto una hermana llamada Escolástica, la cual se dedicó a Dios y hizo monja desde su niñez. Visitávala el santo una vez en el año, y ella salía de su monasterio a una granja dél. Estuvieron en una visita déstas hablando en Dios todo el día, y venida la noche, cenaron juntos. Pidióle la santa hermana que no fuesse de allí, sino que prosiguiesse su plática, | gustando sumamente de oírle, porque el santo sabía bien hablar en aquella materia. Respondióle:

-Sabe, hermana, que en manera alguna quedaré noche fuera de mi convento.

Oyendo esta razón Santa Escolástica, juntando las manos, declinó sobre ellas la cabeça, haziendo oración a Dios. Estava el cielo sereno, sin parecer nuve alguna, y en levantando la cabeça la santa, repentinamente vino una terrible tempestad con truenos y relámpagos, y cayó tanta agua, que ni San Benedicto, ni otros monges que avían acompañádole, pudieron mudarse de donde estavan. Avía derramado la santa monja algunas lágrimas en la mesa, y fueron ocasión que la serenidad del aire se convirtiesse en mucha agua. El santo patriarca, que vido no ser possible bolver al monasterio con tanta agua, truenos y relámpagos, entendiendo la causa de aquella súbita mutación, dixo:

-Perdónate, Dios, hermana, ¿qué es lo que as hecho?

La santa respondió:

-Roguéte a ti, y no me oíste; rogué a Dios, y oyóme. Por tanto, si te es possible dexarme, buélvete a tu monasterio.



Desta manera quedó San Benedicto forçado con su hermana, y toda la noche se les fue en hablar de la Bienaventurança y Gloria Celestial. El siguiente día, Santa Escolástica se entró en su convento, y San benedicto bolvió a su monasterio, donde, estando en su celda el día tercero deste acaecimiento, vido la alma de su hermana en forma de paloma que subía al Cielo. Gozóse sumamente, dio cuenta dello a sus monges, y mandóles que fuessen por el cuerpo de la hermana y le truxessen a su monasterio, sepultándole en el sepulcro que tenía para sí, queriendo que estuviessen juntos los cuerpos de los que siempre tuvieron uni- das /(368r)/ sus almas. Lo dicho es de San Gregorio en el libro segundo de sus Diálogos, capítulo treinta y tres, y treinta y cuatro.
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