De Alonso Fructus Sanctorum y Quinta Parte del Flos Sanctorum (1594),de Villegas



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[32] Por la provincia de Lucania, en Italia, lleva su corriente un río llamado Anser, el cual, creciendo muy a menudo, dañava los campos cercanos, haziendo mucho mal y causando mucha pérdida en sus moradores. Procuravan con excessivos gastos divertir y echar por otra parte la furia de la agua, y era todo en vano. Advertido por Frigidiano, obispo en aquella provincia, varón santo, púsose en oración fervorosíssima, y por virtud della hizo esto, que tomó un arado, y por donde le pareció que la corriente del río iría bien y sin hazer daño, iva hendiendo la tierra, començando desde el mismo río. El cual, llevado de la fuerça de la oración del santo, iva siguiéndole, hasta que vido el admirable perlado que bastava lo hecho. Y assí, en adelante, siguió aquella propria corriente y se escusó el daño de la pobre y afligida gente de su ribera. Dízelo San Gregorio, libro tercero de sus Diálogos, capítulo nono.
[33] Estando San Gregorio, antes que fuesse Papa, en un monasterio de San Benedicto, donde fue monge, padecía enfermedad de estómago, y apretóle tanto que temió de morir. Erale necessario comer de a poco a poco tiempo. Llegó el Sábado, Víspera de Pascua de Espíritu Santo, en el cual se ayuna de obligación, y en su tiempo dize que ayunavan hasta los niños de poca edad, y visto que élo no ayunava ni podía, diole tanta pena esto como la enfermedad. Hallóse a la sazón en aquel moansterio un varón de mucha santidad, y era fama que avía Dios hecho por él algunos milagros; llamávase Eleuterio. La | necessidad le hizo procurar este remedio, que le llamó San Gregorio y se encerró con él en un oratorio. Rogóle que hiziesse oración y le alcançasse de Dios que pudiesse ayunar aquel día. Eleuterio lo hizo, y su oración fue tan eficaz, que lo alcançó; porque, aviendo estado de rodillas algún tanto, y derramando algunas lágrimas el santo viejo, levantado della, sintió San Gregorio en su estómago tanta fuerça, que totalmente le quitó de la memoria la enfermedad y hambre. Admirávase considerando cómo estava y cómo avía estado. Acordávase de aver estado enfermo, y no sentía en sí reliquias de la enfermedad. Entretúvose el santo en negocios de govierno del convento hasta la tarde sin comer, y hallóse con tantas fuerças, que no sólo aquel día hizo su ayuno, sino que le parecía, aunque se detuviesse otro sin comer, no tenía necessidad de comida. Y con esto entendió quién fuesse aquel santo varón Eleuterio y la fuerça de su oración. Refiérelo el mismo San Gregorio, en el tercero libro de sus Diálogos, capítulo treinta y tres.
[34] Trasilla, virgen santa, tía de San Gregorio Papa, siendo muerta y queriendo amortajar su cuerpo, fue visto los cobdos y rodillas con callos como de camello, y descubrióse por estas señales el cuidado grande que tuvo en vida de exercitarse en la oración. Con esto se conserva la virginidad, y con esto se va al tálamo del Celestial Esposo. Dízelo San Gregorio, libro cuarto de sus Diálogos, capítulo diez y seis, y en la Homilia Tercera sobre los Evangelios.
[35] Era costumbre de los monges antiguos, assí los que vivían solitarios en el desierto, como los que estavan juntos en congregación, de trabajar de /(368v)/ manos, y érales conveniente, porque ni se ocupavan en dezir Missa, siendo de ordinario legos los más dellos, ni en oír confessiones, por lo mismo que no eran sacerdotes y estar lexos de poblado, junto con que, faltando limosnas particulares, sustentávanse con lo que trabajavan. Pues en un monasterio déstos, que estava en el monte Sinaí, donde era abad Silvano, llegó un día cierto monge estrangero por huésped, y viendo que trabajavan los monges, dixo con mucha gravedad e insolencia:

-¿Para qué, hermanos, os ocupáis en procurar el manjar que perece? María escogió la mejor parte.

Entendió el abad Silvano el humor del monge. Llamó a Zacarías, discípulo suyo, y mandóle que le diesse unas Horas en que rezasse, y que le llevasse a una celda vazía. Hízolo assí, y a la hora de nona estava muy atento si sonava campana que llamasse a comer, o si veía venir alguno de parte del abad que le llamasse. Y porque no vido ni oyó cosa que le acordasse que comían en aquella casa, fue a donde estava el abad, y preguntóle:

-Dígame, padre, ¿an comido oy los monges en esta casa?

Respondió que sí.

-Pues, ¿por qué -dize- no me llamastes?

El abad respondió:

-Tenémoste por espiritual, y que no tienes necessidad de comida. Nosotros, por ser flacos y estar necessitados a comer, trabajamos de manos para tener qué. Tú as escogido la mejor parte, rezas todo el día, y por esso no tienes necessidad de manjar corporal.

El estrangero cayó en la cuenta de su engaño, y dixo:

-Perdóname, padre, por lo que dixe, que lo acertado es lo que aquí se haze.

Silvano replicó luego:

-Importante es Marta a María, necessidad tiene della, y por Marta es alabada María.

Es del Promptua- rio | de exemplos.
[36] Visitó un ermitaño a otro para conferir con él negocios tocantes a su alma. Adereçó luego una olla de lentejas el que estava en la celda, para regalar a su huésped cuando huviessen comunicádose. Platicaron entre sí diversas cosas y parecióles que era bien, antes que comiessen, cumplir con el oficio divino y rezar sus Horas y otras oraciones. Començaron el Salterio y acabáronle, leyeron dos Profetas, y en esto no sólo se les passó el día, sino también la noche. Tornaron a hablar de Dios y de su Gloria, siendo ya otro día, y llegó la hora de nona, en que el estrangero se despidió y bolvió a su celda. El otro echó de ver que su olla estava sin averse tocado a ella. Entristecióse, y dixo:

-¡Ay, pobre de mí! ¿Y cómo nos olvidamos de comer?

Olvidáronse de la refección corporal, ocupados y entretenidos en la espiritual. Refiérese en el Promptuario de exemplos.

[37] Juntáronse cuatro ermitaños, y tratavan entre sí qué virtud tenía cada uno por más propria y de que más se preciava. El primero dixo que la humildad le parecía muy bien, y que por ser humilde y alcançar esta virtud, desseava ser tenido por el peor hombre del Mundo. El segundo declaró que el ser paciente y sufridor de injurias era su designo y desseo. El tercero afirmó, su gusto sumo era oír hablar de Dios. Y el cuarto cerróse en que a él la oración le era gustosíssima. Pusiéronse todos cuatro de rodillas, y pidieron a Dios les declarasse cuál de ellos le era más acepto en su pretensión, y oyeron una boz, que dizo:

-El primero me a hallado, el segundo me tiene, el tercero me ha ligado consigo, y el cuarto me lleva donde quiere.

Es del /(369r)/ Promptuario de exemplos.


[38] Llegó a la celda del abad Macario el demonio siendo de noche, y llamó, diziendo:

-Levántate, Macario, y vamos a Maitines con los monges.

Entendió que era el demonio el que llamava, y díxole:

-¡Oh, mentiroso, enemigo de verdad! ¿Y qué tienes tú con los Maitines?

-Y aora sabes, Macario -replicó Satanás- que muy de ordinario vamos a Maitines cuando se juntan eclesiásticos a los dezir. Ven y verás lo que passa.

-Confúndate Dios, inmundo espíritu -dixo el abad;



y buelto a la oración, pidió a Dios le declarasse si era verdad lo de que se gloriava el demonio. Fue a la congregación y donde estavan los monges, y allí tornó a pedir a Dios le mostrasse aquel misterio, y vido por todo el coro unos mochachos negros que discurrían de unas partes en otras como bolando, burlándose con los monges. Llegavan a uno y poníanle los dedos en los ojos, y luego dava cabeçadas y se dormía. A otro le tocavan en la boca, y todo era bozezar y desperezarse. Acabados los Maitines, teniendo oración mental los monges, uno de los negrillos, vistiéndose de muger, se presentava a los ojos de uno. A otro se mostrava en figura de albañil, con todos los instrumentos para edificar una celda, y todo aquello que se les representava a la vista eran imaginaciones que tenían en la oración. Sucedía también llegar con estas musarañas a otros monges, los cuales los lançavan de sí con mucho enojo y furia, y ivan los pobres diablos rodando, descalabrándose y dándose a la rabia, porque éstos con diligencia despedían de sí semejantes imaginaciones. A otros era al contrario, que se les subían sobre las espaldas y hazían allí juegos | y regozijos. Viendo todo esto el santo abad Macario, gimió, y derramando lágrimas, dixo con David: «Levántate, Señor, y sean confundidos tus enemigos, y huigan de tu presencia, porque nuestra alma está llena de ilusiones.». Acabada la oración, examinó Macario a cada monge en particular, y averiguó averles sucedido lo que avía visto, y confessavan que en su coraçón sintieron lo que él les argüía, y quedaron enterados que el dormirse, el tener distraciones o malos pensamientos en la oración, viene del demonio, y que puede el que ora, favorecido de Dios, resistiendo a las tentaciones, echar de sí con mal a los demonios. Es del De Vitis Patrum.
[39] Era tentado grandemente un monge de sueño cuando assistía a las Horas con el convento, y ni él por sí, ni aprovechándose de los consejos de su confessor, eran parte para vencer esta tentación. Al cabo, aprovechóse desta cautela: mandóle el confessor en penitencia, que hiziesse por dormirse cuando entrasse en el coro a rezar con el convento, teniendo cuidado de rezar por sí antes o después sus horas. Fue cosa cierta, que desde que le dieron por penitencia, y él la aceptó, de dormirse en las Horas y Oficios Divinos, no se durmió más, ni nunca más el demonio le truxo tal tentación. Refiérese en el Promptuario de exemplos.
[40] Halláronse en una propria cama, en cierto viaje, tres moços. Vino grande tempestad y terremoto. El uno dellos, que estava en medio, levantóse y púsose de rodillas a hazer oración. Los otros dos se burlavan dél, llamándole cobarde. Cayó un rayo, y quedando sin daño el que orava, los dos /(369v)/ que estavan en la cama y mofavan dél, fueron quemados. Es del Promptuario.
[41] Paulo, padre de quinientos monges en Africa, todos los días desde que hizo vida monástica, antes de ocuparse en otra cosa, rezava trezientas oraciones de rodillas, y contávalas por unas piedrecicas menudas que traía en el seno (no se avía en su tiempo començado a rezar por cuentas). Es de la Historia Tripartita, libro octavo, capítulo primero.
[42] Estéfano, presbítero constantinopolitano, tenía costumbre de rezar cada noche todo el Salterio. Sucedía algunas vezes que, de quebrantado del sueño, le interrumpía, y teniendo cuenta donde dexava, dormía un poco y proseguíale. Mas fue amonestado del Apóstol San Pedro que no hiziesse aquella pausa, sino que agradaría más a Nuestro Señor si de una vez le prosiguía todo, como lo hizo. Y afírmalo Nizéforo, libro veinte y dos.
[43] Martín, monge vituricense, haziendo cierto camino, y ocurriendo el día del domingo, llegó a un pueblo y fue a oír Missa a la iglesia, y por no perder ocasión en el negocio que tratava, antes que la Missa se acabasse, salió de la iglesia, y subió en su cavallo, aunque no pudo moverle de un lugar. Pensó cuál sería la ocasión, descendió dél, bolvió a entrar en la iglesia, y acabó de oír la Missa. Tornó a subir en su cavallo, y fue con tan buen passo, que llegó a tiempo a donde llevava su camino, y acabó su negocio muy a su gusto, sin averle hecho falta lo que se detuvo en oír Missa. Dízelo Marco Marulo, libro segundo.
[44] Amón, abad egipcio, por medio de su oración hizo que rebentasse un terrible dragón que matava hombres y bestias. Y a cierto moço que | avía muerto, con su pestífero resuello resuscitó. A uno dio vida, y a otro, muerte, porque quien mata, digno es de muerte, y el que es muerto sin culpa merece que se tenga dél piedad. Dízelo Marulo, libro segundo.
[45] Rofilo Popiliense y Mercurial Libense, obispos, a un grande y terrible dragón que destruía y matava ganados y hombres, sin que él se defendiesse, le ligaron con sus estolas, y trayéndole a un profundo poço, le derribaron en él, para no salir más, y dexaron sobre la boca letras que lo declaravan, y por muchos años se leyeron allí. Fue fruto de la oración. Y dízelo Marulo, libro segundo.
[46] Severiano, abad en Panonia, como se padeciesse grande hambre en un lugar llamado Fabiano, que está en la ribera del Danubio, y era la causa que, estando el río elado, no podían navegarle los navíos que acostumbravan llevar bastimento al pueblo, hizo oración por esta necessidad, y de improviso se deshizo el hielo, y los navíos, que aguardavan ocasión, passaron, y siguióse abundancia. El mismo Severiano, como destruyessen los campos cercanos al castillo Cucullo grandes exércitos de langostas, el santo abad hizo que se juntassen los vezinos de aquella comarca, y que fuessen juntamente con él a la iglesia, y todos hiziessen devota oración, pidiendo a Dios remediasse aquella necessidad. Hízose assí, y luego tomó buelo toda aquella tempestad y se fue de allí. Excepto que, porque no pareciesse que fue acaso, en un pago de cierto villano que no quiso ir a la iglesia a rezar, siendo llamado con los demás, quedó cubierto de langosta y destruido, dañándole tanto a aquel hombre particular el no hazer oración, como aprovechó /(370r)/ a todos los otros el hazerla. Es de Surio, tomo primero.
[47] Romualdo, abad e instituidor del Orden Camalduense, como entrasse en un navío en Parencio, puerto de Liburnia, y se levantasse tempestad, llegaron a término que cuantos ivan en él desconfiavan de las vidas. Hizo oración, y assosegóse luego el mar, porque le oyó el que manda a los vientos y al mar, y le obedecen. Dízelo Pedro Damián Cardenal, y refiérelo Surio, tomo tercero.
[48] Germano, obispo antisiodorense, caminando por el mar a Bretaña en compañía de Lobo, obispo trecasino, con intento de extirpar algunas heregías que se levantavan en aquel reino, y remediar semejante daño, sucedió tormenta, y puso el navío a punto de hundirse. Hizo oración el santo obispo, levantó las manos al Cielo, y la tormenta cessó, y su viaje se hizo prósperamente. Es de Henrico Monge, y refiérelo Marco Marulo, libro segundo.
[49] Faustino Siracusano, pretendiendo prenderle y martirizarle Estradicón, prefecto de Mecina, entró en una barca por mandado de un ángel, y huyó aquella persecución. Embió el tirano gente que le prendiesse, y llegando cerca, hizo Faustino oración, y la barca contraria se detuvo, de suerte que ni con velas, ni con remos, pudo ser movida de un lugar. Y assí, dexando en calma a sus contrarios, él llegó a Regio en salvamento. De allí fue a la ciudad Tabritana, que es en Calabria, y assentó por criado de Balzanio, hombre rico y hazendado, aunque idólatra. Fue su intento dar a pobres el salario de su servicio, y el cargo que le dio fue que apacentasse sus cava- llos. | Passado algún tiempo, Balzanio vino a ver sus cavallos, y hallándolos flacos, pareciéndole que tenía la culpa Faustino, con grande cólera y enojo fue a él. Mas, como el santo tuviesse licencia de Dios para huir, acogióse a sus pies, y huyendo el uno, y siguiéndole el otro, llegaron al río Motabro. Vídose en aprieto Faustino, mas ocurrió al remedio de la oración, y con ella pudo tanto que, hiriendo con una vara el río, se dividió, y él passó de la otra parte, tornándose a juntar las aguas. Balzanio quedó espantado de ver tal maravilla, dio bozes a Faustino, assegurándole y rogándole que hiziesse como también él passasse el río. Tornó a herir Faustino, y Balzanio passó por él, y por este milagro se convirtió y hizo cristiano. De manera que Faustino se libró de la muerte orando, y dio vida al que le perseguía. Y pareció en algo a Moisés cuando huía de los egipcios, aunque ay disparidad en que Faraón justamente por su dureza pereció, y Balzanio por su llaneza fue libre, porque ya el Hijo de Dios avía venido para salvar al Mundo, y no para destruirle, según dize San Juan en el capítulo tercero. Lo dicho es de Lipomano, y refiérelo Marulo, libro segundo.
[50] Faro, obispo maldense, estando riberas de un caudaloso río, vido hundirse un navío con la gente que tenía dentro. Diole pena grandíssima, derribóse en tierra, hizo devota oración a Dios, Nuestro Señor, y fue de tanta eficacia, que el navío tornó a parecer, y sin peligrar persona de las que en él venían, salió libre a la ribera. Semejante caso le sucedió al Apóstol San Pablo, y dízelo él mismo, escriviendo a los de Corinto: /(370v)/ «Tres vezes -dize- padecí naufragio; noche y día estuve en el profundo del mar». Es de Laurencio Surio, tomo quinto.
[51] Hor, abad en Nitria, no avía estudiado ni sabía leer. Diéronle un libro, hizo oración, y leía en él, y entendíale maravillosamente, y valióle tanto una hora de oración, como a otros valen muchos años de estudio. Refiérelo Marulo, libro segundo.
[52] También ay exemplos de lo que es verdad católica, que las oraciones de los vivos aprovechan a los ya difuntos. El Papa Benedicto Octavo, después de su muerte, se apareció a Juan, obispo portuense, y le dixo que le aprovechavan mucho las oraciones de Adilón, abad cluniacense, y que estava en penas de Purgatorio todavía. Lo cual sabido por el abad, hizo con mayor cuidado oración por él, y mandó a sus monges que hiziessen lo mismo, y no passó mucho tiempo que el mismo Benedicto, rodeado de un grande resplandor, fue visto, primero, de Edelberto Monge, y después, del propio Adilón, a quien dio las gracias, afirmando que por sus oraciones y las de sus monges era trasladado del Purgatorio a la Gloria de los Bienaventurados. Y dízelo Pedro Damián Cardenal, y refiérelo Laurencio Surio en el primer tomo. San Antonio de Florencia, en la Segunda Parte, afirma que este mismo Abad Adilón, por revelación que tuvo del Cielo, començó a celebrar aniversario por los difuntos el día siguiente al de Todos Santos, y que, pareciendo bien, fue de unos en otros celebrado, hasta que toda la Universal Iglesia Católica lo recibió, y mandó celebrarse generalmente. Refiérelo Marulo, libro | segundo.
[53] Arnulfo, obispo de Tours, vido llevar la alma de cierto hombre, que acabava de espirar, acompañada de demonios al Infierno. Postróse en el suelo, hizo oración por ella, y fue libre de aquel peligro. Y su vida, de grande penitencia en adelante, dio testimonio deste caso. Aunque yo aviso que nadie se dexe morir en pecado mortal, confiado que saldrá algún Arnulfo que ruegue por él, porque puede hallarse burlado. Y en el caso propuesto, aunque lo dize Gregorio Turonense, y refiere Marco Marulo, fue possible ser visión imaginaria, y que no del todo aquel hombre huviesse despedido la alma de su cuerpo, sino que se le representasse assí para enmienda suya y escarmiento de otros.
[54] Malaquías Cenerot, obispo de Hibernia, cuya Vida escrivió San Bernardo, siendo muerta su hermana, dezía Missa cada día por ella, y como dexasse de hazer esto treinta días por tener algunas graves ocupaciones, apareciósele una noche quexándose de su olvido, que la avía dexado ayuna treinta días; rogóle que favoreciesse su necessidad. Por esta visión, con mayor cuidado tornó a celebrar cada día por ella, y vídola, primero, que estava a la puerta de la iglesia, después, que entrava en ella, y al cabo, junto al altar, en compañía de un ilustre coro de gente, todos vestidos de blanco. Y tuvo indicio de aquí, que por sus continuos sacrificios y ruegos más presto avía salido de las penas de Purgatorio y ido a la compañía de los santos. Y assí, la oración hecha por los difuntos, como las demás obras buenas, es su comida, con /(371r)/ que, refocilados, más presto salen de penas de Purgatorio. Lo dicho es de San Bernardo, y refiérelo Surio, tomo sexto.
[55] Gerardo, hombre de gran linaje y muy rico, viendo cierta donzella, hija de un criado suyo, y obligado a servirle como esclavo, enamoróse della, y aunque anduvo algún tiempo luchando el temor de ofender a Dios con el deleite, ya queriendo, ya no queriendo, al fin se determinó en lo peor, de hazerla venir a su casa con mal intento. Embió por ella, y entretanto que venía, púsose a orar, y detúvose algún tanto en la oración. Cuyo efecto fue de suerte que, estando en su presencia, le pareció muy fea, tanto que preguntó a sus padres si era su hija la que él antes avía visto. Y certificado que era ella, como la tuviesse por feíssima, bolvió en sí, y sin tocarla, teniendo dolor de su mal intento, con grande dote la bolvió a sus padres, dándole entera libertad, y vivió en adelante con mayor recato. Al cabo, se entró monge, y hizo santa vida. Todo le vino por medio de la oración. Es de Marulo, libro segundo.
[56] En un camino que hizo San Bernardo, iva tratando con sus monges de la instabilidad del coraçón humano en la oración, que nunca para, sino siempre anda vagueando de unas cosas en otras. Oyólo un rústico que se avía juntado con ellos y contradíxolo, afirmando de sí que cuando rezava, nunca se distraía, sino siempre tenía su pensamiento en la oración, por mucho tiempo que en ella se detuviesse. El santo, para convencerle de que se engañava, le dixo:

-Pues, con que digas verdad, yo te daré esta mula en que voy si dixeres una vez la oración del Pater Noster, sin pen- sar | en otra cosa de lo que fueres rezando.

Aceptó el partido el rústico de buena gana, y ya tenía por suya a la mula. Començó a dezirle, y no avía llegado a la mitad, cuando le vino un importuno pensamiento, si le avía de dar la silla con la mula. Púsole en punto de pararse y preguntarlo, como lo confessó luego, con el engaño que avía tenido, y dio crédito a lo que el santo dezía de la inquietud del coraçón humano. Es de su Vida, referida por Laurencio Surio, tomo cuarto.
[57] Isaac, monge natural de Siria, vino a Italia a la ciudad de Espoleto. Entró en una igelsia, y rogó a los que la guardavan y tenían a su cargo que le diessen licencia para hazer en ella oración. Púsose de rodillas, y perseveró orando aquel día y la noche. Lo mismo hizo el siguiente, con la noche; vino el día tercero, y todavía estava puesto en oración. Visto esto por uno de los que guardavan el templo, aunque pudiera y deviera dello edificarse, començó con espíritu hinchado y con mucha sobervia a dezirle palabras villanas y afrentosas, llamándole engañador, fingido, que por ser tenido por santo avía estado tres días en oración. Y no contento con palabras, fue a él, y diole una bofetada en el rostro, y compelíale a salir de la iglesia; todo por mostrarse zeloso del servicio de Dios y religión. Mas, permitiéndolo su Magestad para castigo de su pecado, apoderóse dél el demonio, y derribóle a los pies del siervo de Dios, atormentándole terriblemente, y dava bozes, diziendo:

-!Isaac me atormenta! ¡Isaac me tiene aquí derribado y puede de aquí echarme!

El varón santo, oyendo y viendo esto, derribóse sobre el /(371v)/ cuerpo atormentado de aquel miserable, hizo oración por él, y fue libre del demonio. Es de Surio, tomo segundo.
[58] Estevan, fundador del Orden Grandimontese, fue hombre de mucha oración. Sin las Horas Canónicas, rezava cada día muchas devociones, y hazía innumerables humillaciones, hasta besar la tierra, de modo que tenía las rodillas con muchos callos, a modo de camello, mostrando siempre que tenía cuidado de la salud de las almas de próximos, librando por medio de su cuidadosa diligencia y fervorosa oración muchas personas de los lazos del demonio. Y vídose esto ser assí en un cavallero exercitado en la milicia, que avía cometido un grave pecado, el cual, viniendo en compañía de otros a visitarle, cuando se despidía dél, díxole:

-Ruégote, siervo de Dios, que no hagas por mí oración, porque estoy en un pecado tan a mi gusto, que no me parece possible dexarle ni aborrecerle, y temo que si ruegas a Dios por mí, abré de aborrecerle y dexarle; y por el tanto, yo te suplico que ruegues a Dios en tus oraciones por otros que te lo demandan, y de mí no te acuerdes.



Dicho esto, fuese el cavallero muy contento, por estarlo tanto en aquel pecado, que temía, sin pedirlo él, ni quererlo, que Estevan avía de ser medio para que le dexasse, y con esto se assegurava. Quedó el siervo de Dios tristíssimo, considerando la ceguedad de aquel hombre. Congregó capítulo a sus monges y refirióles aquel caso, derramando tantas lágrimas, que con dificultad podía pronunciar las palabras. Exortóles a que hiziessen por él oración. Y hecha, bolvió el cavallero trocado en tanta manera, que con señales exteriores de grandíssimo dolor | confessó su culpa, y hizo della penitencia. Es de Vicencio Valvacense, y refiérelo San Antonio de Florencia.
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